El primero fue Roderich, aunque ahora siente vergüenza y jamás lo contó. Le había gustado ese niño grande porque tocaba bonito el piano aunque luego la hizo llorar por gritarle cuando quiso intentar tocar su piano. Ella y su hermana tenían como seis años entonces, él diez, su abuelo tuvo la brillante idea de llevarlas donde una amiga y pedirle a su hijo que las cuidara mientras ¨hablaban¨.

Hacían esas visitas como una vez a la semana. Luego de un mes, Roderich al menos toleró a Felicia viviendo en su hogar, pero a ella seguía hablándole grosero y tratándola de tonta, de inútil.

El segundo fue un chico no tradicionalmente atractivo, un socio de negocios de sus padres. Se llamaba Sadik y en realidad le dio mucho miedo al inicio, pero fue más valiente a sus diez años y lo insultó cuando él comenzó a preguntarle muchas cosas a la vez, como si quisiera que fueran amigos. A él le pareció divertido, aunque le pidió más respeto porque sus padres son muy serios. Peor que Roderich. Sin embargo, su hermana que era igual de salvaje que ella, a ella no le dijo nada cuando lo atacaba, literalmente lo atacaba, el preadolescente hasta le dio consejos de cómo golpear.

El tercero se llamaba Heracles. Era un vecino que vivía cerca de la casa de campo de sus padres donde pasaban el verano, lo dejaban salir a pasear solo. Él y Chiara se llevaban de las mil maravillas, era un chico tranquilo, tan tranquilo que por más que ella se enojara a él no le molestaba, con él pudo dejar de ser así durante un tiempo, la gente ignoraba que su personalidad era para defenderse y en cambio con él no necesitaba de esos ataques, él era agradable, siempre llevaba algunos libros parecidos a los que su abuelo leía cuando no estaba ocupado yendo a casinos y otros sitios más dudosos. El niño de mirada adormilada tenía un gato que ella no acariciaba porque no le caía muy bien, hasta que llegó Felicia y ganó su corazón con una lata de atún y también el del chico de doce años porque le gustaban los gatos y a los gatos les gustaba Felicia más que Chiara.

El cuarto y que pensó que no ocurriría porque su hermana siempre había ignorado sus insinuaciones desde los trece, fue Gilbert. A los dieciséis el que más le costó, pues le había tomado cariño de todo el rato que pasaban juntos desde que entraron al instituto a los doce, se habían vuelto como amigos a pesar de no buscarlo, él era quien había estado en varios de sus peores momentos, así que fue su amor de la adolescencia durante algunos años hasta que Felicia y él se besaron en una fiesta y decidieron empezar a salir. A Chiara le costó, pero siguió adelante.

El quinto y es uno de los que jamás admitirá: Ludwig. Pensó que estaba mal de la cabeza o desesperada para enamorarse del hermano de otro chico que le gustaba, pero en ese momento podía decir que tenían cosas en común. No eran personas que pudieran hacer amigos con una sonrisa. Por un momento tuvo esperanzas, pensando que como jamás se confesó a Gilbert no sería tan incómodo para ninguno. No es que pudiera procesar bien esos sentimientos que tuvo, pero de nuevo, Felicia salió finalmente con él -porque a Ludwig también le gustaba- haciendo a varios amigos felices porque sabían del enamoramiento y dejando a Gilbert dolido -era la segunda vez que algo así le pasaba con una chica diferente-, siendo quizás un motivo para mudarse lejos de su familia apenas se volvió mayor de edad.

Cuando Chiara pensó que finalmente Felicia había elegido el chico correcto, su hermanita la sorprendió rompiendo con su novio al cabo de un año.

Esa fue la relación más larga que tuvo. De nuevo no duró mucho.

Las relaciones de Felicia no duraban mucho. Y aun así más chicos seguían tras ella.

Harpía, zorra, puta, eso y más pensaban las chicas que no eran amigas o que fingían serlo. Eso y más quería gritarle Chiara en la cara. Especialmente en esos dos últimos casos. Por culpa de ella había perdido una buena amistad, por culpa de ella había desistido de considerar los sentimientos por alguien que nunca pensó como una opción.

Pero hubo alguien más justo cuando pensó que todo había terminado.

El sexto fue un supuesto amigo de la infancia que se encontró con Chiara primero. Apenas lo recordaba, al parecer era demasiado pequeña para recordarlo. Su hermana no estaba en ese momento, de compras con su abuelo, así que durante unas horas Chiara tuvo a Antonio solo para ella y rememorar momentos de la infancia que a ella le parecieron vergonzosos porque se parecían a cosas que decían sus padres de ella y su hermana de bebés.

Entonces, Felicia apareció cargada de bolsas de ropa de marca y riendo. Fue como si los supuestos sentimientos que había demostrado por Chiara se esfumaran, ahora tenía solo ojos para su hermana.

Lloró hasta quedarse sin lágrimas. Se mudó de la mansión de su abuelo sin explicarles bien la razón y sin siquiera asegurarse financieramente para pagar los costos de los años que quedaban de carrera.

Simplemente, no quería vivir más a la sombra de su hermana.


Me acordé sobre esa película donde hay una mujer que planea bodas y luego su hermana perfecta (?) está por casarse con el que le gustaba y ella lo arruina. No me acuerdo del título, ni mucho más que eso -y me da paja buscar- pero básicamente me inspiró en esta historia aunque no es tan igual.