[A la mañana siguiente]
"¡Sal de la cama ahora mismo!"
Yamato levantó su dedo hacia sus labios para conseguir que Kento que se callara.
"Mira, ya sabía que ibas a venir. Por favor, no hagas tanto ruido, no quiero despertarla." Yamato salió de la cama y envolvió los cobertores cuidadosamente alrededor de Mimi.
Kento suspiró y lo arrastró hasta la terraza.
"¿Crees que hablo sólo porque me gusta el sonido de mi voz? Lo que estás haciendo es peligroso."
Yamato miró hacia abajo y se metió las manos en los bolsillos. "No me importa. Ella ha encontrado su verdadero propósito, así que hice lo que tenía que hacer. Ahora quiero hacer lo que yo quiero hacer. Mimi lo es todo para mí, y no importa lo que me suceda por amarla, quiero saber que hice al menos una cosa en este mundo sin arrepentirme. ¿Es eso mucho pedir?"
Kento se agarró la cabeza y gruñó con frustración.
"Vas a hacerle daño. Eso es lo que estoy tratando de decirte. Si quieres evitar hacerlo, ve allí y dile ahora mismo que estabas bromeando. No me importa lo que digas, pero haz algo."
Yamato negó con la cabeza y miró hacia otro lado. No quería oír nada de eso.
"No voy a hacer eso, así que puedes dejarlo así." Yamato se dio la vuelta y caminó sin decirle nada más a Kento.
Kento se frotó la frente y cerró los ojos.
'Estoy tratando de convencerte porque no sé lo que está pasando. Estás más alto e incluso estás desprendiendo calor corporal. Maldita sea, ¿por qué no escuchas?', pensó.
Miró al interior mientras Yamato despertaba a Mimi. La mirada pura de amor en su rostro fue suficiente para asegurarle a Kento que Yamato no se iba a dar por vencido.
"Buenos días, amor."
Mimi sonrió y entrelazó sus brazos en el cuello de Yamato.
"Hmm, buenos días. Estás caliente."
Yamato envolvió sus brazos alrededor de su cintura devolviendo el abrazo.
"Eso es porque te estuve abrazando toda la noche. ¿Estás lista para la actuación de esta noche?"
Mimi asintió feliz y bostezó mientras soltaba a Yamato.
"Va a asistir una cazatalentos esta noche, lo cual me tiene súper nerviosa."
Yamato rio y le revolvió el cabello.
"Todo el mundo ama oírte cantar. Esto no va a ser diferente. Sólo da lo mejor como siempre lo haces y voy a estar justo allí mirándote." La besó en los labios y sonrió.
Mimi se sonrojó y se levantó de la cama, haciendo su camino hacia el baño.
"Bueno, oírte decir eso me da todo el valor que puedo necesitar. Gracias Yamato." Sonrió una vez más antes de desaparecer en el cuarto de baño.
El rubio sonrió y se sentó en la cama. Mirando alrededor de la habitación, se dio cuenta que las cosas estaban un poco borrosas. Se frotó los ojos un poco antes de que su visión volviera a la normalidad.
"Hm, es como si usara gafas de aumento." Se encogió de hombros y volvió a esperar calmadamente a Mimi.
[Más tarde esa noche]
"¡Yamato nunca adivinarás lo que pasó!"
Él sonrió ante la expresión emocionada en el rostro de Mimi. "La cazatalentos te dio su tarjeta y te pidió que se reunieran el próximo mes." La sonrisa de Mimi se desvaneció en un puchero mientras golpeaba a Yamato en el brazo.
"¿Tienes que hacer eso todo el tiempo? Siempre arruinando la sorpresa."
El rubio sonrió y la acercó en un abrazo.
"Felicidades, amor. ¿Vas a llamar?"
Mimi sonrió y asintió. "Quiero hablar con papá primero. Si habla en serio en cuanto a mí, entonces tendrá que haber un cambio en cuanto a mis estudios superiores. ¿Qué crees que debo hacer?" Mimi subió a su auto y se abrochó el cinturón de seguridad mientras esperaba la respuesta de Yamato.
"Creo que deberías hacerlo. Quiero decir, no todos los días se le ofrece a alguien hacer algo que les gusta para vivir. Cualquiera que sea tu decisión, voy a apoyarte." Yamato puso su mano en el muslo de Mimi, frotándolo suavemente. Ella sonrió, pero apretó el manubrio más fuerte.
Su tiempo con Yamato iba a terminar pronto, lo que significaba que estaría sola una vez más.
-.-
"Mimi, ¿qué es esto?" Yamato levantó las cejas ante la caja que Mimi había puesto en su regazo.
Ella sonrió e hizo un gesto hacia la caja. "Ábrelo y verás."
Yamato suspiró y abrió la tapa de la caja de color celeste sólo para encontrar una camisa blanca nueva. Debajo de la camisa había un par de pantalones blancos y un chaleco de color marfil.
"¿Qué es esto?"
Mimi rio y se acercó más a él en la cama. "Es solo que quería regalarte algo. ¿Te gusta?"
Yamato sonrió y la acercó por la cintura. Bajando un poco la cabeza, enterró su rostro en el cuello de Mimi y besó suavemente.
"Gracias, cariño, esto significa mucho para mí. ¿Cómo puedo darte las gracias correctamente?" Dejó a un lado la caja y recostó a Mimi lentamente en la cama.
Ella se acercó y envolvió sus brazos alrededor de su cuello.
"Bésame hasta que pierda todos mis sentidos."
Yamato sonrió mientras cumplía la petición de Mimi.
Sus labios se unieron en un beso casto antes de convertirse en uno necesitado y apasionado. Ya que el tiempo juntos aparentemente se acortaba, ambos habían decidido no pensar en ello y vivir el presente. Pero a medida en que se volvía más íntimo, se volvía notablemente más difícil.
"Mimi, ¿esta noche podemos…?" Dejó besos desordenados por su cuello y su clavícula. Mimi gimió ligeramente cuando Yamato comenzó a bajar. En silencio, estaba sorprendida de que él aún tuviera apetito sexual a pesar de que estaba muerto.
"No creo que debamos hacerlo esta noche, Yamato. Todavía tengo que estudiar y…"
Yamato interrumpió con otro beso en los labios. "Sólo dime que estás nerviosa. Puedo esperar, ¿sabes?"
Mimi sonrió y asintió. Le encantaba cómo Yamato tenía la capacidad de comprenderla. "Iré a cambiarme para dormir. Espérame."
Yamato la soltó y se dio la vuelta. Observó a Mimi entrar al baño. Ella sonrió y se puso de espaldas.
"Sólo un tiempo más. No estoy pidiendo un para siempre." Su ruego silencioso era casi desesperado mientras dejaba que su mente vagara sobre el hecho de que los seis meses de él y Mimi se habían reducido a apenas cuatro semanas. Le dolía aún más el saber que lastimaría a Mimi al no estar allí para ella nunca más.
"Podrías detenerte. Es cierto que es algo tarde considerando que tu tiempo se está acabando, pero podrías intentarlo aún."
Yamato negó con la cabeza y cerró los ojos. "Eso sólo empeorará las cosas. Sólo voy a asegurarme de que ella sea feliz mientras pueda."
Kento frunció los labios, frustrado porque su primo seguía siendo tan terco.
"¿Y tú? ¿Y tu felicidad?"
Yamato sonrió, sintiendo una calma en él. "¿Qué pasa con eso? Su felicidad es lo único que me importa. Si está satisfecha, yo también." Despidió a Kento cuando Mimi salió del baño lista para acostarse.
"¿Estabas hablando solo?"
Yamato sonrió y negó con la cabeza. "No, sólo te estaba esperando."
Mimi se metió en la cama y Yamato procedió a abrazarla. "Buenas noches Yamato. Te amo."
Yamato sonrió y apretó con más fuerza la cintura de Mimi.
"Yo también te amo, bonita. Duerme bien, ¿sí?"
Mimi asintió y no pasó mucho tiempo antes de que se sumiera en un sueño profundo.
[Dos semanas después]
Mimi se paró en el escenario, con el auditorio vacío. Yamato entró sin abrir la puerta, como de costumbre, y sonrió.
"¿Nerviosa?"
Mimi asintió y se pasó la mano por el cabello.
"Este año termino la preparatoria. Significa que me estoy haciendo más adulta."
Yamato sonrió y se detuvo frente a Mimi, atrapándola con ambos manos a los lados.
"¿Sabes? No importa la edad que tengas, siempre vas a ser hermosa para mí."
Mimi sonrió y presionó su frente contra la de Yamato.
"¿Vas a seguir cuidándome cuando estés allá arriba?"
Yamato asintió, dándole un beso en la punta de la nariz.
"Siempre. Te amo, Mimi."
Mimi se sonrojó como siempre lo hacía cuando Yamato le profesaba su amor.
"Te amo demasiado." Los dos compartieron un beso breve antes de que Mimi tuviera que salir y arreglarse para el show. Yamato tomó su asiento habitual en el último asiento del palco. A lo largo del espectáculo, se sintió conmovido por escuchar la voz melodiosa de Mimi bañando a la multitud. Definitivamente la imaginaba cantando delante de grandes audiencias por todo el mundo, haciendo que se enamoraran de ella.
Mimi sostuvo la última nota mientras los otros cantantes continuaban con el coro de la canción.
Cuando el show terminó, todo el mundo hizo una ovación de pie cuando los miembros en el escenario hicieron una reverencia. Mimi sonrió con orgullo mientras hacía contacto visual con Yamato, quien articuló un 'Te amo' cuando la miró.
Sin duda, el poder del amor tiene la capacidad de hacer cosas extrañas y maravillosas.
-.-
[Último día]
Diez en punto, y el único sonido que se oía en la habitación era el siniestro tic-tac del reloj sobre el escritorio de Mimi. Ella se estremeció y se acercó a Yamato que la estaba abrazando.
"Deberías dormir, cariño."
Mimi resopló, sacudiendo la cabeza en negación. Envolvió sus brazos alrededor de Yamato, apretándolo firmemente.
"Si me duermo ahora, terminaré sin ser capaz de decir adiós. Me odiaría para siempre."
Las lágrimas corrían ahora de manera constante por su cara, el dolor de la pérdida se sentía en sus huesos.
"Pero quiero verte dormir." Yamato le dio un suave beso en la sien, inhalando el dulce aroma de vainilla que parecía cubrir cada centímetro del cuerpo de Mimi.
"Hazme el amor, Yamato. Quiero que mi primera vez sea contigo; tiene que ser contigo." Se alejó un poco de los brazos de Yamato y agarró sus hombros con firmeza.
Un poco desconcertado, Yamato sostuvo su pequeña cintura y la miró a los ojos.
"Mimi, ¿estás segura?"
La castaña asintió mientras se inclinaba y comenzaba a besarle el cuello.
"Sí, muy segura. Hazme tuya, Yamato." Rápidamente desabrochando su pijama, Mimi la deslizó y la tiró al suelo, dejando que sus largos cabellos cayeran como cascada sobre sus desnudos pechos.
Yamato se colocó sobre ella. Con cuidado, colocó sus brazos sobre su cabeza antes de atacar sus labios en un beso largo y lujurioso. Mimi pasó las manos bajo la camisa del mayor, acariciando su abdomen.
El rubio se movió, sentándose sobre sus rodillas quitándose el chaleco y la camisa, su mirada nunca dejando a Mimi.
Sin esperar, Mimi se irguió también sobre sus rodillas, y puso sus brazos alrededor del cuello de Yamato, dejando besos por todo su pecho. El rubio enredó sus dedos en el cabello de Mimi mientras ella bajaba.
La castaña detuvo sus besos una vez que llegó a los pantalones de Yamato. Levantó la vista hacia él, pidiendo permiso en silencio para continuar. En respuesta, él desabrochó el botón de sus pantalones y bajó su cremallera. Mimi rápidamente bajó incluso la ropa interior revelando su erección. Agarrándose a sus caderas, Mimi besó la longitud de Yamato desde la base hasta la cima, poco a poco brindándole placer.
"Ungh…amor, no juegues."
Mimi sonrió mientras empezaba a lamer y acariciar a Yamato, haciéndolo gemir y empujar sus caderas hacia delante.
"Solo quiero hacerlo..." Usando una voz tan sensual que podría haberle hecho a cualquier persona experimentar un orgasmo instantáneo, Mimi lentamente engulló a Yamato. Envolvió su lengua alrededor de la parte inferior y comenzó a mover la cabeza a un ritmo más rápido.
Yamato empujó las caderas en su boca mientras sentía la necesidad de liberarse. Gimió el nombre de Mimi en silencio, jadeando en busca de aire.
"Justo así, cariño..."
Mimi fue más rápido llevándolo al borde del clímax antes de soltarlo.
"Recuéstate..." pidió la castaña, y Yamato besó a Mimi en los labios antes de cumplir el pedido.
Mimi procedió a quitarse los pantalones antes de terminar de quitar los de Yamato. Todavía en su ropa interior, ella se sentó a horcajadas sobre el mayor, colocando las manos en su pecho. Comenzó a restregar sus caderas contra él, consiguiendo fricción para ambos, gimiendo en sincronía.
Yamato levantó su mano y empezó a pellizcar los pezones de Mimi endureciéndolos.
Ella echó hacia atrás la cabeza y gimió su nombre, cerrando los ojos con fuerza.
"Te deseo tanto..."
Yamato sintió un impulso de adrenalina correr a través de él, nunca había estado tan excitado antes. Deslizó su mano en la ropa interior de Mimi y sintió su humedad, moviendo el dedo lentamente.
"Ungh…"
Al oír el gemido, Yamato fue con más eficacia y rapidez para llevar a Mimi al orgasmo. Y no pasó mucho antes de que se corriera sobre sus dedos.
Yamato sonrió y lamió sus dígitos mientras observaba a Mimi. "Quítate la ropa interior y gira."
Mimi se sonrojó un poco antes de levantarse y deslizar su ropa interior.
Se giró, con su trasero desnudo frente a Yamato, quien la sostuvo con cuidado, acariciando suavemente antes de separar más sus piernas para revelar la estrecha y virgen entrada de Mimi.
Procedió a empujar un dedo y Mimi gimió, moviéndose.
Yamato comenzó a mover el dedo rápidamente, añadiendo más dedos de vez en cuando. Suponiendo que estaba lista, sujetó las caderas de Mimi, consiguiendo que se volteara de nuevo hacia él.
Cuando lo hizo, Mimi se inclinó inmediatamente iniciando un beso fuerte. Cuando se separaron, ella no perdió el tiempo y lo recostó antes de colocarse encima de la erección de Yamato. El rubio prefería que fuera así, porque de ese modo ella estaría en control. Así que, la tomó de la cintura para ayudarla a bajar.
"Ungh…" la castaña gimió sintiendo que aquella delicada barrera en su interior se abría.
Totalmente dentro de Mimi, Yamato esperó un momento para que ella se acostumbrara a la invasión antes de comenzar a embestir. No se molestó en establecer un ritmo, demasiado encantado con la sensación de estar dentro de ella.
"Estás muy cálida y estrecha. Voy a hacerte sentir bien, Mimi…"
Manteniendo su promesa, Yamato embistió contra ella golpeando cierto lugar en su interior cada vez.
Mimi gimió el nombre de Yamato evitando gritar en voz alta.
El rubio rápidamente cambió sus posiciones, recostándola de espalda. Levantando sus piernas sobre sus hombros, Yamato salió de ella y la penetró de nuevo.
Mimi era un desastre gimiendo, moviendo la cabeza de lado a lado.
Yamato se inclinó y bajó la mano entre sus cuerpos, empezando a tocar con el pulgar el conjunto de nervios al mismo ritmo de sus embestidas.
"No puedo más, Yamato…ungh…" Mimi gimió una vez más antes de correrse.
Yamato sintió los músculos contraerse alrededor de él, induciendo un orgasmo. Liberándose largo y fuerte dentro de Mimi, él continuó empujando hasta que estuvo completamente vacío antes de suavemente retirarse de ella y recostarse a su lado.
Mimi cerró los ojos, acurrucándose en los brazos de Yamato.
"Te amo demasiado, Yamato. Por favor, no me dejes." Envolvió sus brazos alrededor de la cintura del rubio, quien respiró profundamente.
"Te amo demasiado, más de lo que nunca seré capaz de expresar." La besó suavemente en los labios. Mimi abrió la boca dejando que sus lenguas se encontraran.
"No te vayas, por favor, por favor..." Su llanto era desesperado, mientras murmuraba en el beso.
Yamato le secó las lágrimas, mientras se alejaba. "Me gustaría poder quedarme. Me gustaría de verdad." Vacilante miró el reloj que decía once y media. Los ojos de Mimi se cerraron cuando el sueño empezó a apoderarse de ella.
"No quiero dormir, Yamato. No quiero decir adiós."
Yamato la tranquilizó pasando su mano de arriba hacia abajo por su espalda. "No luches contra el cansancio. Te despertaré antes de tiempo."
Mimi hizo un puchero y hundió la cabeza en su pecho. Antes de quedarse dormida, le susurró "No te vayas" por última vez.
Yamato suspiró y la mantuvo apretada a su cuerpo.
Cerró los ojos, reflexionando sobre cómo en un principio, lo único que le importaba era conseguir sus alas. Nunca se había preocupado por el hecho de que estaba muerto. Después de su funeral, ni siquiera pensó en su familia, solo pensaba que esto sería lo mejor. Pero ahora, la idea misma de sus alas lo asustaba más allá de lo que pensaba.
Bajó la mirada hacia Mimi sintiéndose bendecido por haber llegado a estar con ella. Todavía quedaban muchas cosas que no habían hecho y vivido juntos, pero aun así estaba agradecido por ser capaz de amarla en primer lugar.
"Tú eres el verdadero ángel, Mimi. Prometo que nos volveremos a ver pronto. Te amo Mimi Tachikawa, con todo mi corazón." Inclinó la cabeza un poco, y la besó castamente en los labios. Cuando se alejó miró el reloj que estaba ahora sólo a un minuto de las doce.
Cuando por fin fueron las doce, no hubo ningún destello de luz o un ser mítico para darle a Yamato sus alas.
En lugar de eso, sintió una necesidad urgente de dormir. Sin control, sus ojos se cerraron conduciéndolo a un sueño profundo.
-.-
"Yamato, Yamato, despierta, que vamos a llegar tarde." Yamato alejó de un manotazo la mano que continuaba golpeando su hombro.
"Vete, Yuu. ¡Necesito diez minutos más!"
Espera, ¿Yuu?
Yamato inmediatamente se sentó y miró a su alrededor.
No estaba en la habitación de Mimi, sino en la habitación de su amigo. Se miró a sí mismo, ahora llevaba una camiseta negra y pantalones color gris.
"¿Qué está pasando?" Se levantó de la cama y se acercó al calendario de la pared; era el 19 de enero, el día después de su muerte. "¿De verdad es 19 de enero?"
Yuu suspiró y agarró su bolso. "Sí, hoy es realmente 19 de enero. Mira, puedes llegar tarde si quieres, pero yo piro. Ah, y asegúrate de llamar a tu mamá porque estaba preocupada de que huyeras en medio de la noche."
Dejó a un Yamato estupefacto y solo en la habitación.
El rubio levantó una mano a su pecho, y tan claro como el día, sintió un latido fuerte y constante.
"No, no, yo no estoy vivo. Morí ayer por la noche y se supone que han pasado seis meses." Empezó a caminar de un lado a otro por la habitación, antes de que se detuviera; algo aún más grande que el hecho de que estaba vivo y respirando el día después de que se suponía que debía estar muerto pasó por su mente.
"Oh, Dios mío, ¿significa que los últimos seis meses con Mimi fueron un sueño?"
Bueno, alguien tenía serias explicaciones que dar.
