Capítulo 13

"Cicatrices que no sanan"

¿Quieres que te lea un libro?

El triste silencio fue la respuesta a la pregunta del niño.

¿Quizás prefieres escuchar un poco de música? Eso podría aliviar lo solitario que se ve todo.—sintió que había hablado de más, su madre estaba pálida hacía rato, en cama y muy enferma. Desde esta mañana que se quedó a su lado luego de que su padre fuera a trabajar, ella se dedicaba a mirar al techo y no responder a nada de lo que le dijeran.

Estaba sintiéndose desesperado y aunque las palabras sobraban, no tenía idea de qué podía decir en una situación como esta. Quedarse en silencio sólo significaba que era un fracaso como hijo. Se le hizo un nudo en el pecho cuando su madre siguió sin decir palabra, lo único que quería era que al menos le gritara para que se callara, pero ni siquiera eso estaba ocurriendo. Había despertado con su madre viva; respirando y su corazón latiendo débilmente, pero parecía una flor marchitada en su jardín descuidado.

Desde que su madre se enfermó, las flores en el jardín comenzaban a morir, todo porque ella era la única que sabía cuidarlas bien.

Cuida bien de las flores, Ryoken—le pidió su madre, pero las flores murieron.

Así como ella la mañana siguiente.

Su padre estaba tan devastado que él no tuvo tiempo de llorarla, nunca lo tuvo. Después del funeral, su padre había comenzado un proyecto que lo dejaba sin descanso, le inspiraba la idea de un ser vivo que superara los límites de la humanidad: Una Inteligencia Artificial con libre albedrío.

Cuidó de su padre como no cuidó de su madre, ni del jardín. Trató lo mejor que pudo para mantener a su padre con vida cuando el virus lo infectó, incluso intentando heredar su lucha y la destrucción de aquel proyecto por el cual se esforzó tanto y derramó tantas lágrimas, intentó mantener viva la imágen de su padre con esa lucha y destrucción.

—Pero no pudiste mantener ninguna de esas promesas, ¿verdad, Revolver-sensei?

Una voz sardónica lo sacó de sus vivas memorias del pasado. No lograba reconocer dónde estaba hasta que vio el rostro del Ignis de Oscuridad mirándolo desde arriba. Revolver se dio cuenta que estaba en el suelo y probablemente había quedado inconsciente por un rato, el golpe del ataque directo hizo que se estampara contra la pared de un edificio y ahora estaba encima de sus ruinas. El escenario colorido de A.I. Land había desaparecido.

El daño en su cabeza no fue más fuerte que el de haber retrocedido más de diez años para recordar algo tan doloroso, algo que se había negado a recordar.

—¿Acaso te metiste en mis recuerdos?—masculló Revolver con cierta dificultad. Todo su cuerpo estaba dolorido.

—Claro, no podía perderme de algo tan divertido. Pensar que nacimos por la motivación de un hombre que perdió a su mujer amada. ¡Cuánta ironía en una sola historia! Nos crearon para matarnos, sólo porque querían que alguien más sintiera el dolor que ustedes sintieron. Bueno, que el Dr. Kogami sintió. Pues, ¡tú sólo fuiste un inútil que ni siquiera pudo mantener con vida unas estúpidas flores!

Ai había metido el dedo en la llaga, por eso, Revolver reaccionó sacando el arma que utilizó anteriormente y le disparó unas tres veces que Ai logró esquivar sin molestarse demasiado. Revolver podría seguir disparando sólo para sacarse la rabia pero no conseguiría nada con algo que ni siquiera mataría al Ignis.

Ai le quitó el arma de las manos y la observó de arriba abajo. —Podrías lastimar a alguien con esto, mejor me deshago de ella. Me imagino que no tienes más copias.

Revolver no contestó. Ai sonrió. —Claro que no me lo dirías, pero es ridículo que la razón sea porque en realidad no tienes más copias que esta. Si la modifico podría matarnos perfectamente, déjame hacerle una pequeña actualización para ti.

El arma brilló en una esfera reluciente y en pocos segundos cayó de regreso a la palma de Ai, quien le entregó el arma a Revolver. —Disparame en el cristal, soy todo tuyo, Revolver-sensei. ¡Mátame! ¡Por tu madre y tu padre! ¡Por el amor que sientes hacia ellos! ¡Mátame en nombre del amor!

Revolver sintió un nudo en su garganta, regresaba el subidón de furia que lo llenaba del deseo de asesinar al Ignis; la memoria de su padre; el recuerdo de todo lo que Ryoken no había llorado.

No sabía siquiera si la modificación de verdad lograría matar al Ignis de Oscuridad, pero no fue su momento para averiguarlo cuando dejó de apuntarle y decidió bajar el arma, mostrándose más derrotado que antes, aun así, intentó dedicarle su más intenso odio al Ignis que se burlaba de él.

Ai se carcajeaba, como un niño que no se cansaba de jugar al mismo juego. El Ignis comenzaba a sentir el disfrute de interactuar con el sufrimiento de los humanos, siempre lograban despertarle nuevas emociones. —El dolor por la muerte de un ser querido sólo trae más muerte, pero eso no me sucederá a mi. Yo traigo vida a partir de mi dolor.

—¿Qué hay de la vida de Playmaker?

—Ese fue un pequeño error, no volverá a ocurrir porque no lo he matado. Algún día nos volveremos a ver y le pediré perdón.—murmuró Ai, mirándose las uñas.

—¿Quién te dijo que todavía vive?

—Nadie. Lo sentí, si Playmaker muere lo sentiré en lo más profundo de mi corazón. ¡Y creo que tengo uno aunque esté hablando metafóricamente!

Esto último lo dijo de manera tal que parecía que nada le preocupaba, aunque cada vez que Yusaku salía en un tema de conversación Ai parecía estar a punto de romperse a pedazos, a Revolver no se le había escapado aquel punto débil.

No tuvo tiempo para explotarlo cuando el Ignis de Oscuridad ya se estaba desconectando. Lo último que le dijo a Revolver fue: —Quédate con mi pequeño regalo y asegúrate de usarlo bien.

Cuando Ai desapareció, otra persona se acercó a Revolver.

—Cuida que Playmaker no regrese a Den City. Yo me ocuparé de vigilar al Ignis de Oscuridad. Cuento contigo, Blue Girl.

La chica de cabello azulado con un traje blanquecino entero con líneas negras y capa bordeada con un oscuro azul se hincó delante del líder Hanoi y enseñó su rostro medio cubierto por una grisácea máscara. —Sí, Revolver-sama.

Yusaku había tenido una fiebre terrible la noche anterior, Takeru se había quedado sin dormir al cuidarlo. Se resistió de despertar a su abuela para pedirle ayuda, en soledad se tragó sus angustias y le pidió al alma de Flame que lo ayudara a sanar a Yusaku, quien estaba completamente fuera de sí. No podía hablar, así que Takeru no sabía lo que Yusaku necesitaba, apenas movía su boca para jadear débilmente, pero la palidez que llevaba no era normal y Takeru entró en un breve pánico pensando que estaba presenciando la pérdida de otro ser querido; que esta vez tampoco iba a poder protegerlo.

Sin embargo, Yusaku se quedó dormido durante el amanecer, Takeru no pegó pestaña hasta que el chico abrió sus ojos en la tarde. Su abuela le llevaba la comida al cuarto porque Takeru no se atrevía a separarse del lado de su amigo, aunque su fiebre había bajado considerablemente, necesitaba verlo abrir los ojos. Cuando lo hizo, el alma de Takeru regresó a su cuerpo, y el deseo de que Yusaku lograra responder a todas sus preguntas le estaba arrancando la piel, pero soportó su silencio y la incapacidad que tenía para escribir lo que podría decir en el momento en que despertó. Por lo menos, Yusaku tuvo la consideración de mover su cabeza para negar o asentir.

Estaba bien. Se sentía mucho mejor.

—Tienes que comer—dijo la abuela de Takeru. Yusaku miró a Takeru y notó el brillo de las lágrimas a punto de derramarse de sus ojos, así que no vaciló al aceptar. La fiebre había logrado que perdiera muchísima energía por lo que alimentarse era necesario. Le sirvieron una sopa de arroz con pollo y diversas verduras, apenas pudo comer la mitad, se ocupó de beber el caldo pero no logró terminarlo. Con el tiempo se fue sintiendo mejor, le dieron medicinas y eso causó que se recompusiera. Tuvo la fuerza suficiente para darse un baño que Takeru insistió en prepararle, lo acompañó hasta la puerta sólo porque Yusaku le puso un límite.

Takeru se preocupaba demasiado por él, sinceramente, le hacía sentirse un poco culpable y no podía evitar considerarse una carga, por eso, cuando Takeru regresó al cuarto para cambiar las sábanas de Yusaku, se encontró con un mensaje escrito en la tableta que Shoichi le dio a Yusaku para comunicarse. El mensaje decía:

Duerme en tu cama mientras yo no estoy. Te ves terrible.

Takeru no pudo evitar soltar una avergonzada carcajada al leer aquel mensaje, decidió obedecer a la petición de Yusaku y se acostó a dormir luego de colocarle sábanas limpias.

El baño fue de todo menos relajante. Las intenciones de la familia de Takeru quedaban bastante claras cuando se dirigían hacia él, pero Yusaku no se sentía contenido de ninguna forma y era porque él mismo no estaba procesando del todo las personas que lo rodeaban cuando en su mente sólo podía reconocer a una sola persona, mejor dicho, a un Ignis. El nombre de Ai se escapaba de sus labios que apenas soltaban un aliento, no podía pronunciarlo ni emitir un sonido que se pareciera a su nombre, pero era lo mejor que podía suceder, porque Ai era un nombre prohibido desde lo que ocurrió y si llegaba a traer el tema a Takeru o alguien más, acabaría enloqueciendo. No tenía voz para explicar lo que vivió sin que salieran directo al prejuicio y aunque confiaba en que Takeru probablemente no saltaría a rápidas conclusiones, Yusaku se encontraba en un estado de incertidumbre en la que comenzaba a desconfiar de cualquiera, incluso de sí mismo.

La posibilidad de que Ai lo apuñalara con tanta crueldad jamás encabezó su lista, esto le causaba sentimientos que no podía reconocer, mucho menos cuando sentía un pitido constante en su oído, como si dentro de su cabeza tuviese un cable mal conectado. Dolía insoportablemente, se sentía como cuando fue su último duelo con Bohman, cada vez que Bohman activaba su habilidad, su Link Sense reaccionaba y era una tortura.

Estaba reviviendo esta tortura y no sabía lo que significaba. Trató de no pensar y enfocarse en el objetivo del baño que era relajarlo. Luego de salir de la tina se sentía un poco mejor, al menos no tenía la pesadez del sudor provocado por la fiebre, pero estaba mareado y débil.

Alzando la vista al espejo empañado, pasó su mano para limpiarlo sin recordar cuándo fue la última vez que vio su reflejo. Se sobresaltó por la persona que estaba allí, tardó bastante en darse cuenta de que se estaba viendo a sí mismo, podía darse la vuelta e ignorar su apariencia actual pero no era algo que sentía que debía hacer en ese instante, pues, él no estaba así por mérito propio.

Yusaku se llevó su mano a donde estaría su herida, luego a la cicatriz que había quedado por aquel primer corte histérico que le dieron. Si hubiese sido cualquier otra persona, si se hubiese tratado de cualquier delincuente quizás no tendría las ganas de vomitar que tenía ahora, no sentiría este retorcijón en su estómago que le pedía que gritara e hiciera pedazos su reflejo tampoco su pecho se estaría apretando tanto como puertas forzadas a cerrarse.

En vez de llorar, gritar o cometer cualquier acto que forzara su garganta, se limitó a tallarse el rostro, jalando de su cabello mojado esperando que el dolor lograra despertarlo de su pesadilla, pero tenía que abrir los ojos y despertarse a sí mismo del hecho de que Ai fue quien lo atacó y nadie más.

Ai era Daisuke. Siempre estuvo junto a Ai, pero Ai…

…estaba tan perdido como él ahora. Aun así, si lo único que buscaba era comprender el por qué de sus acciones, en este preciso instante, Yusaku no deseaba verle la cara, o al menos, la cara que llevaba ahora.

No quería ver a Ai.

Se tragó las angustias y vestido con ropa ligera salió del baño para regresar a la habitación donde Takeru todavía dormía profundamente. Dejó una nota de papel encima de su mensaje en la tableta pidiéndole que lo despertara cuando regresara, pero Yusaku hizo caso omiso a ese pedido porque se notaba lo mucho que Takeru necesitaba ese descanso y de todas formas, Yusaku no quería ver a nadie.

Sentado en el escritorio, miró hacia la ventana para no tener que abrir la libreta en blanco que Takeru le había obsequiado. Todavía no tenía nada para decir, a nadie, ni siquiera a sí mismo, por lo que el no tener una voz que lo sostenga resultaba bastante conveniente para su salud mental. Aun así, cuanto más pensaba en lo ocurrido y más se preguntaba cosas, su mano se movió involuntariamente con el bolígrafo y el papel.

Ai regresó con su familia todavía oculta en el apartamento, agradecía regresar y que todo estuviera en orden. Mantuvo apagado a Roboppi porque no se sentía seguro al dejarlo solo con ellos, así como tampoco se sentía seguro de dejar solos a los Ignis, siempre vivía con el temor de abrir la puerta y encontrarse con una nueva desgracia pero sorprendentemente todo estaba en orden a pesar del resumen que Lightning le había dado, quien reposaba en su cama, abrazándose a sus rodillas y encerrando sus desnudos y huesudos pies.

—Así que Aqua tuvo como una especie de fiebre.

—Un sobrecalentamiento, ni se te ocurra tratarnos como si fuésemos humanos sólo porque nos vemos como tales.—regañó Lightning, causando que Ai riera.

—Sea como sea, lograste resolverlo todo como el líder que solías ser.—Ai se sentó a su lado, mostrando una sonrisa de oreja a oreja, acercó su mano hacia la cabeza de Lightning para darle un mimo—Ese es mi…

Pero Lightning retrocedió y mostró una expresión que Ai jamás podía haber adivinado que vería en Lightning. Sólo para probar su teoría, intentó acercar su mano una vez más para recibir un golpe que lo alejara completamente.

Lightning apartó su mano como si el que Ai lo tocara fuese a quemarlo vivo. Ai se carcajeó a pesar de su sorpresa.

—¿Tienes miedo? No sé si decir que eso es raro en ti.

Lightning siempre fue miedoso y todo lo que hizo nació a partir de un miedo que afectaba a su ego, pero este temor era diferente. Lightning de verdad se estaba mostrando más vulnerable que antes.

—¡Por supuesto que tengo miedo, idiota! ¡Te vas sin decir nada! ¡Me dejas con estos inútiles y con…!—suspiró, dejando de gritar—...esto.—Abrió sus brazos, mostrándose a sí mismo.

—¿Esto?

—Nada.

Lightning no sabía realmente cuál era su problema, pero sabía que tenía que ver con los sentimientos que resultaban cada vez más intensos, los que hacían que se preocupara demasiado por la vida de los demás, especialmente por la de Ai.

Ai rio una vez más, rompiendo distancia con Lightning para abrazarlo de manera sofocante. —Todo me está saliendo muy bien, Lightning—susurró Ai—Todos me temen, incluso tú.

Esa declaración estremeció terriblemente al Ignis de Luz y se alivió de que Ai fuese el primero en soltarlo porque estaba a punto de empujar al de Oscuridad.

—Pero por más que me pese, tú eres de mi familia y estás cambiando, así que deja de ser tan asustadizo conmigo porque nunca le haría daño a las personas que más amo.—acarició su mejilla.

Lightning estaba paralizado por un instante, sin saber cómo procesar la forma en que Ai lo tocaba y las intenciones detrás de sus palabras. Sabía que Ai era tan débil como para cortarse un brazo antes que ponerle una mano encima al resto, pero Ai estuvo cediendo a muchos impulsos que sus sentimientos le provocaban agresivamente.

Esto causó que Lightning sonriera—¿Por qué debería creerte? Después de todo, apuñalaste a tu amado origen.

Lightning estuvo a punto de soltar una carcajada cruel pero Ai le apretó la mandíbula. —Creeme así como yo te creí a ti.

Dicho esto, Lightning guardó silencio luego de ser empujado contra el respaldo de la cama. Hubo un largo e incómodo silencio, Lightning llegó a pensar que su oportunidad para seguirle dirigiendo la palabra a Ai se había perdido completamente, además de concluir que no podía predecir las acciones de ningún Ignis ahora y eso provocaba que se sintiera más vulnerable aún.

Entonces, Ai habló otra vez:

—¿Dónde está Flame?

Creía que todo estaba en orden, pero se había equivocado.

—¿Yusaku?—lo llamó un adormilado Takeru, quien iba a saltar de la cama al darse cuenta que había dormido más de lo esperado, pero se encontró con que no tenía una almohada pegada al pecho sino a Yusaku acurrucado a su lado con marcas secas de lágrimas recorriendo sus mejillas. Nunca había visto a Yusaku de esta forma tan vulnerable, de hecho, Yusaku nunca demostró emoción alguna que lo obligara a apoyarse en otra persona, siempre lidió con sus emociones él solo, y Takeru no podía evitar preguntarse que tan solo se sentía Yusaku como para aferrarse a él de esta manera y haber llorado con el riesgo de ser visto.

Takeru no sabía qué hacer, ni cómo responder, se sentía aliviado de que Yusaku lo encontrara como alguien digno de confianza para dormir a su lado así, pero deseaba que no lo demostrara por un motivo tan deprimente, sea cual sea.

Sin voz, sin nada escrito, sólo con su lenguaje corporal, Yusaku le estaba gritando que se sentía solo y que necesitaba urgentemente que lo sostuvieran porque estaba a punto de quebrarse. El deseo de abrazarlo con fuerza y jamás soltarlo fue el primer pensamiento que le nació a Takeru pero que mantuvo para sus adentros porque no sabía si era lo que Yusaku realmente quería. No sabía si aceptaría un acto que podía considerarse nacido de la lástima.

Por eso, se quedó quieto, mirándolo respirar, como en el hospital. Esta vez estaba seguro de que abriría los ojos, quería estar seguro de eso porque no tenía a Flame para respaldarlo en la información que su incertidumbre le quitaba.

Takeru se sentía culpable. Estuvo ausente y constantemente se preguntaba qué hubiera pasado si jamás se hubiese marchado o si hubiese logrado ir al festival con él.

Sacudió la cabeza. Flame le diría que estaba cavilando demasiado en algo innecesario, ahora mismo estaba presente y ahora mismo podía hacer algo por Yusaku, aunque fuera darle el espacio que necesitaba o el confort que pudiera llegar a pedirle.

Su teléfono vibró repentinamente, estaba sobre el escritorio, lejos de la mano de Takeru para que lo alcanzara. Tendría que pasar por encima de Yusaku para atenderlo y nadie era tan importante como la persona que se acurrucaba a él ahora.

Yusaku se sobresaltó, la vibración del teléfono fue suave como para que eso lo despertara pero aun así lo consiguió, probablemente Yusaku estaba demasiado alerta como para dormir profundamente. Despertó asustado, temblaba y se agitaba. ¿Fue una pesadilla? ¿Fue el brusco ruido del teléfono? ¿Qué estaba pasando por la mente de Yusaku?

El teléfono vibró otra vez y Yusaku se removió sobre la cama.

—¿Yusaku? Deja que apague mi teléfono.

Yusaku respondió atrincherándose en el pecho de Takeru, agarrando sus prendas buscando evitar que Takeru se moviera un poco más.

Takeru se ruborizó ligeramente, comprendiendo el mensaje o pensando que lo comprendía.

Takeru creía que Yusaku temía que lo dejara solo al alejarse de él.

En realidad…

…Yusaku no quería que Takeru abriera su teléfono, porque podía sentir que no había recibido ningún mensaje de texto, sino un mensaje de un Ignis.

Un mensaje de Ai.