Capítulo 14

Ingenuidad

Takeru estaba ansioso por regresar los libros que había utilizado para estudiar y aprobar los exámenes finales. Deshacerse de estos significaba que estaba un paso más libre de responsabilidades y podría ir a visitar a Yusaku ahora que se venía el Bon Odori.

Le preocupaba un poco el clima, el cielo estaba nublado pero ya habían predicho que habría sol en toda la semana. Sea como sea, ni la peor tormenta lo detendría de ver a su mejor amigo.

Entrando a la biblioteca firmó el registro de regreso y le indicaron los estantes en que tenía que colocar cada libro. Llegando al último libro este casi se le resbala de los dedos, de hecho, se le cayó encima de un pie por estar tan distraído. —¡Mierda!—gritó entre dientes.

Sufrió tanto por su dolorido pie que tardó en levantar el libro, un desconocido ya lo estaba ayudando de antemano. Sus delgadas manos delinearon delicadamente la gruesa tapa del libro que le entregaron con gentileza.

Takeru iba a levantar su mirada para agradecerle al joven, sin embargo, sus ojos se clavaron en el tatuaje rojizo en su tabaquera anatómica y si bien no reconoció el significado de aquello enseguida, su memoria le disparó los pocos escenarios en que ese símbolo se vio involucrado y todos lo llevaban a una sola agrupación.

Hanoi.

Ahora sí, alzó la mirada pero no para ver al hombre con gentileza sino con discordia. Los celestinos orbes del sujeto eran filosos, no de una manera desagradable, al menos no si Takeru estuviera tranquilo con su presencia. Aquellos ojos le hicieron deducir un solo nombre.

Quería vomitar, estaba mareado pero…

La ira le pudo más.

Si piensas golpearme, hay otras maneras de hacerlo, Homura Takeru.

A Takeru se le partieron los labios, no dijo nada, apenas rechinó los dientes y su puño quedó suspendido en el aire. ¿Por qué se detuvo?

No quería darle la razón, pero no era sensato causar estragos aquí y ahora.

Kogami Ryoken, el líder de los Hanoi conocido como Revolver en VRAINS…

el hombre que le arruinó su vida tenía razón.

No quiero saber nada contigo, por tu culpa Flame… ¡Por tu culpa…!

Se negaba rotundamente a seguir cualquier consejo que alguien como él le diera, por lo que lo tomó del cuello de la camisa y lo empujó contra uno de los estantes, causando que varios libros cayeran. Una serie de 'shhh' apareció de fondo, algunos se acercaron a pispar pero nadie los separó.

¿Crees que esta sea la manera de recuperarlo? ¿Volviste a tocar tu disco de duelos?

A Takeru se le cerró la garganta. Estampar su puño en su rostro de niño bonito no iba a servir de nada, sólo regresar a ese pasado que no quería tocar porque Flame lo sacó de ese abismo, pero tampoco quería tocar su disco de duelos porque Flame ocupaba ese aparato y tenerlo vacío era muy doloroso. El deck Salamangreat era de ambos, no era suyo. Se sentiría horrible usarlo si Flame no estaba ahí para verlo.

Aunque siempre llevaba encima su deck, porque era la única manera de creer que Flame y sus padres lo acompañaban.

Takeru se derrumbó en el suelo, soltando a Ryoken. Patéticamente para él, acabó llorando sobre sus pies. —¿Por qué me haces esto justo ahora? ¿Por qué?

Ryoken frunció los labios, tardó bastante en responderle a Takeru. —Porque tenemos un duelo pendiente. Hay asuntos que deben cerrarse.

Ryoken también necesitaba cerrar su capítulo con Takeru.

Sin embargo, en el instante en que Takeru alzó su mirada llorosa, levantándose del suelo, no supo que estaba abriendo un nuevo capítulo con él. De pronto encontrándose ambos sentados en una mesa privada, teniendo el duelo que tanto se debieron; lejos del mundo digital, de los espectadores, sólo con las cargas emocionales de las que poco a poco se fueron despojando.

El incidente con Yusaku fue hace tan sólo unas semanas. Ya no tenían que hacer malabares para forzarlo a comer e incluso Yusaku mismo se volvió más activo en la casa, ayudando a la abuela de Takeru con los deberes del hogar pero algo que no podía hacer y a lo que se negaba rotundamente era a salir de la casa.

Takeru realmente quería llevar a Yusaku a conocer el pueblo. Tenía que obligarse a aceptar que Yusaku no estaba bien, que había vivido una situación que le dejó un trauma muy intenso y por culpa del sujeto que le cortó la garganta ahora se encuentra en pánico absoluto con la simple idea de salir.

Lo que le aliviaba a Takeru era tener a Yusaku en casa y que él se sintiera en su hogar, incluso fantaseó que esto durara un año o unos meses. Era agradable tener a Yusaku cerca y le daba la oportunidad de conocerlo mejor, sin guerras que interrumpan sus conversaciones.

—Hoy tienes tu chequeo con el doctor. No te preocupes por nada, yo te acompañaré.

Takeru se sentía fuerte; sentía que tenía que serlo y que Yusaku ya no era el héroe que todo lo podía hacer, sino su héroe que necesitaba apoyarse en los demás.

Takeru quería ser su pilar y le hacía sentir bien que Yusaku dependiera de él de esa manera, aunque sea por un rato.

Yusaku estaba sentado en el sillón, literalmente mirando a la pared. Negó con la cabeza ante el ofrecimiento de Takeru.

—Yusaku, es la tercera vez que lo pospones, no puedes quedarte mudo toda la vida.—insistió Takeru, sintiéndose culpable por estar forzando demasiado. No podía presionar a Yusaku a superar su trauma, era un camino demasiado personal.

Yusaku tomó la tableta y empezó a escribir.

Kiku te invitó a salir. Puedo ir por mi cuenta.

Takeru se ruborizó. —¿¡Acaso lees mis mensajes!?

Claro que los lee. Takeru todavía no era muy amigo de la tecnología por lo que casi siempre le delegaba su teléfono a Yusaku.

—Como sea, eso dices ahora pero luego me entero que no fuiste.—dijo rascándose la nuca, sonando un poco fastidiado.

Yusaku negó con la cabeza y escribió nuevamente.

Si regresas y sigo aquí, puedes llevarme a rastras tú mismo.

Takeru no pudo evitar reír ante la forma en que Yusaku le ofreció aquello. —Bien, es un trato. Prométeme que no te enfadas.

Takeru extendió su meñique y Yusaku enlazó su meñique con el ajeno para cerrar la promesa. Una leve sonrisa surcó los labios de Yusaku.

—Te traeré helado, puede que te ayude con tu garganta.

Yusaku le brindó una última sonrisa antes de que Takeru finalmente se ocupara de sí mismo y saliera con su amiga.

Yusaku estuvo semanas compartiendo techo con Takeru y le hacía sentir bastante culpable ver el tipo de vida que Takeru llevaba y que él se la estuviera arrebatando. Takeru se preocupaba mucho por él y se olvidaba de sí mismo.

Era injusto.

Yusaku se estaba obligando a recuperarse o aunque sea ser la menor carga posible para Takeru. Realmente quería disfrutar de las salidas que Takeru le ofrecía pero el pánico ataba su cuello cada vez que pensaba en cruzar la puerta.

No quería verlo.

No quería tener que decir una palabra.

No quería seguir con esto.

Necesitaba estar en suspenso, pero el mensaje de texto que Takeru recibió fue la carga que acabó con su calma. Lo eliminó antes de que Takeru fuera a leerlo pero era un mensaje Ignis decodificado, sólo tenía escrito el nombre de Takeru pero si Takeru lo veía su curiosidad iba a aumentar y acabaría descubriendo que se trataba de Ai.

Tenía que tratarse de él porque no había otro Ignis vivo.

Se suponía que era esperanzador para Yusaku saber que Ai estaba tratando de comunicarse, sin embargo, no quiso indagar en ese asunto.

No quería lidiar con Ai ahora.

—Me alegra que hayas aceptado salir, es una pena que Fujiki-kun no pueda acompañarnos. ¡Quería conocerlo!

Kiku era su mejor compañera en los momentos más difíciles, desde que regresó a su pueblo que trataba de compartir más recuerdos agradables con ella en vez de forzarla a ser su terapeuta cada vez que él se encontraba estresado. Kiku siempre tuvo iniciativa cuando se trataba de salidas y planes, pero a Takeru todavía le costaba llevarlo a cabo. Claro que si tenía que planear algo con Yusaku lo intentaría de la misma manera que Kiku intentaba con él, pero sabía lo que era sentirse presionado y por tal razón dejó que Yusaku se tomara el tiempo que necesitara para descansar de la vida real.

—Lo importante es que está un poco mejor, ¿verdad?

—Sí—asintió Takeru mientras le daba una probada pensativa a su helado. No quería ninguna salida agitadora, sólo necesitaba tomar aire fresco y Kiku sabía perfectamente cómo relajarlo. A veces deseaba ser esa clase de amigo para Yusaku.—Está muy bueno, deberíamos llevarle un poco a Yusaku.

—¡Sí! Dicen que puede ser un buen remedio.—contestó Kiku con entusiasmo. Aunque no tenía idea ni de cómo se veía Yusaku excepto por un par de fotos, Kiku lo trataba como si fuese su amigo también—Verás que pronto se sentirá mucho mejor y podremos salir los tres juntos.

—Podrías pasarte por casa, hace mucho que no vienes a cenar.

Kiku ladeó la cabeza, sus mechones lacios pintando sus hombros en la espera que ella formulaba una respuesta. —¿Tu abuela preparará el pescado al curry que tanto me gusta?

Antes de que Takeru pudiera responder seriamente, Kiku estiró una sonrisa amable y asintió ante la propuesta sin vacilar ni un poco. Takeru respiró aliviado, necesitaba tener a Kiku de vuelta.

Siguieron caminando por el muelle, terminando sus helados. Kiku siempre regresaba al asunto de los finales que Takeru logró rendir, pero él no quería pensar en eso ahora aunque era un logro que muchos le habían felicitado y él simplemente quiso barrer. El orgullo ya no formaba parte de nada de lo que hiciera.

No había logrado lo más importante que se propuso y jamás tendría la oportunidad de remediarlo: proteger a Flame.

Un joven pasó por al lado de Takeru, rozando su hombro. Takeru había estado tan sobreprotector estas últimas semanas que su ojo se agudizó al observar a cualquier desconocido que se le cruzara cerca mientras estaba con algún amigo o familiar, por lo que rápidamente pudo notar el llamativo aspecto y citadino del sujeto.

Llevaba una chaqueta de cuero, pantalones negros con borcegos, cinturones que nada sostenían, con tachas en donde el sol se reflejaba intensamente. Su cabello no iba a negar que era hermoso, pues, pocas veces podía ver un peinado tan uniforme con el rostro de la persona. Además, el color era de distintos tonos de carmesí y sus ojos ámbar dieron directo con los suyos lo cual lo estremeció acaloradamente.

El silbido de Kiku fue lo que lo sacó de su estupefacción. —Ese chico, era tan… ¡Tan guapo!—empezó a gimotear—¿¡Por qué todos los chicos guapos te miran a ti!? ¡Tenía un choker! ¡Un choker! ¡Y te miraba fijamente!—chillaba mientras sacudía a Takeru.

Takeru logró calmar su entusiasmo lo suficiente para que no lo continuara mareando con sus sacudidas. Se rascó el puente de su nariz recordando la apariencia que observó hacía unos minutos. —Bueno, es el único chico guapo del pueblo que vi.

Por lo menos, el único que cargaba con una apariencia tan llamativa para ser de este pueblo. Definitivamente venía de la ciudad.

—¡Hasta lo admites! ¡Espera a que Fujiki-kun se entere! ¡Le regresará la voz sólo para gritarte!

—No creo que eso suceda—comentó Takeru con cierta gracia al imaginarse la situación, si sólo eso hacía falta para que Yusaku se recuperara pues se entregaría al sacrificio. Sin embargo…—¡U-Un segundo! ¿¡Qué insinúas!? ¡Yusaku y yo no estamos saliendo!

Quizás lo había considerado alguna vez, pero apenas estaban funcionando como amigos. Habían pasado tantas cosas que ninguno de los dos tuvo tiempo de pensar en algo así. Si pensaba en salir con Yusaku era porque le gustó alguna vez de manera platónica, era una persona fuerte y admirable, además de lindo cuando mostraba su lado vulnerable como sucedió la otra noche. Ya no le atraía de la misma forma.

Tampoco podía decir que era guapo, quizás atractivo a primera vista. Si tuviera que pensar en alguien que podría quitarle el aire con sólo mirarlo, en su mente dibujaría unos ojos cristalinos y rasgados pertenecientes a una persona que le tiraba la realidad con una voz suave y más profunda que Yusaku, cabellos albinos y celestes, un pecho firme en el cual podría reposar con tal de sentirse seguro.

Mierda, cayendo en la consciencia de su imaginación se daba cuenta que estaba dibujando a Ryoken en su cabeza.

—¡Estás sonriendo! ¡A que estás pensando en un chico guapo!

No. No podía llamar a Ryoken guapo tampoco, pero definitivamente le despertaba sentimientos que Yusaku no.

En el desolado callejón teñido de naranja, Aoi había sido citada por Kogami Ryoken para encontrarse allí. Se habían encerrado en uno de los almacenes, Aoi no podía anticipar lo que el líder Hanoi esperaba de ella, aquello todavía le ponía los pelos de punta aunque se había entregado completamente a su palabra al aceptar estar a su lado.

Spectre también estaba con ella, ambos coincidían en dedicarse miradas de rechazo cada uno por un sentimiento en particular.

Para Aoi era extraño ver a los Hanoi en persona, tratar con ellos como quien trataba con un compañero de clase, aunque definitivamente su nivel intelectual no tenía nada que ver con sus compañeros. Spectre tenía la misma edad que ella, su mirada, aun así, cargaba con una madurez indescriptible.

—¿Qué hacemos aquí?—preguntó Aoi tratando de no sonar demasiado perdida.

Spectre apretaba sus manos detrás de su espalda, masticando alguna que otra maldición para la chica. Antes de que pudiera contestar a su manera, Ryoken se le adelantó.

—Te enseñaremos a crear un campo aislado.

Ryoken posó sus manos en sus hombros, a la vista se notaban ligeras pero Aoi las sintió como una mochila llena de piedras. Luego de decir esto, Ryoken se alejó de ella y caminó los metros de distancia que Spectre mantenía e hizo lo mismo con él.

—Tengo que hacer un par de cosas, cuento contigo, Spectre.

Spectre asintió. —Siempre, aunque no pueda evitar discutir por qué ella tiene que formar parte de esto.—dijo hablando desde la envidia y la curiosidad. Ryoken no esperaba que la relación entre sus miembros remara con gusto, sino que los moviera el disgusto que comparten.

Ryoken suspiró y procedió a salir del almacén. Aoi tragó pesado al ver la sombra de Ryoken desaparecer del lugar, quedando ella sola con el Hanoi que ella más detestaba. Spectre se había quedado en su lugar, con su mano frotando su mentón mientras ella le devolvía el silencio con sus labios fruncidos y brazos cruzados, clavando sus uñas sobre su piel.

—Te informo que no nos une el amor sino el asco.

—Me quedó muy claro—respondió Aoi de forma tosca, a pesar de que Spectre la rechazaba de igual manera, su manera de dirigirse a ella siempre mantenía un tono amable.

El silencio se quebró con las suaves pisadas de los cómodos zapatos de Spectre, sus ojos no abandonaban a la chica, cual predador observando a su presa. No sería la primera vez que trabajaran juntos, pero era un hecho que estaban a solas dependiendo el uno del otro.

—Dicho esto, no me importan tus motivos, pero no puedo aceptar que un enemigo de Ryoken-sama de repente decida ser su aliado sin motivo aparente. ¿Es porque destrozaron tu orgullo?

—¿Qué demonios es un campo aislado?

Spectre rio levemente—Tenemos tiempo de sobra, Ryoken-sama no regresará pronto. ¿No quieres compartir tiempo de calidad conmigo?

—No me gusta desilusionarte, pero no.

Aoi derramó su sarcasmo.

—Suenas mucho más frustrada que la primera vez que hablamos. ¿Tanto odias al Ignis de Oscuridad por lo que te hizo que eres capaz de ir en contra de los deseos de Playmaker?

Aoi se mordió la lengua, clavando sus uñas con más fuerza—Sí. Ahora, ¿empezamos de una vez?

Spectre sabía que esa respuesta no era exactamente la verdadera, pero respondía de alguna manera a sus suposiciones. —Sí, empecemos.

Ai estaba molesto—No—estaba furioso. Flame desapareció, no había dejado ni su SOLtis desactivado en señal de que se estaba moviendo libremente por el mundo virtual. No, definitivamente usó su maldito libre albedrío para decidir salir por su cuenta al mundo real, a encontrarse con los humanos que fácilmente podrían secuestrarlo y hacer lo que quisieran con él. ¡Pero no! ¡Flame, el desconsiderado tenía que actuar por su cuenta!

Ahora Ai debía tomar ciertas medidas porque el resto de los Ignis—Windy—estaba preocupado por Flame.

—Podría intentar convencerlo—sugirió Lightning desde la comodidad de un sillón. Aqua sólo unía sus manos y parecía estar rezando algo, Earth miraba hacia la ventana y Windy estaba de insoportable queriendo salir a buscar a Flame. Al único al que le podía pedir un consejo era a Lightning.

Lightning se rehusaba rotundamente ante la idea de hacer que los Ignis salieran a conocer el mundo otra vez, aunque sabían cómo era en base a los recuerdos compartidos de Ai.

Ai confiaba en que no harían ninguna estupidez; Ai necesitaba confiar en sus hermanos Ignis para poder seguir adelante porque de todas maneras no podría mantenerlos encerrados por mucho tiempo.

—¿Tú? ¿Convencer a Windy? Si le pones un dedo encima me veré obligado a interferir—respondió Ai entre risitas que detrás ocultaban una idea macabra.

Lightning rio de vuelta, incrédulo de lo que Ai podría hacer, aun cuando varias veces había logrado obligarlo a degustar el miedo. Lightning hacía lo mejor que podía por resistirse a su vulnerabilidad y continuar subestimando a Ai hasta averiguar todo de lo que era capaz.

Entonces, Ai sacó lo que tomaba la forma de una pistola y clavó el cañón en su garganta, generando la primera sensación de ahogo. —Hice una copia de esta belleza. ¿Puedes adivinar cuántas copias cargo conmigo? Revolver-chan estaba convencido de que podría matarme con esto pero nunca lo averiguamos. ¿Podrías ser mi sujeto de pruebas, Lightning?—ronroneó en su oído.

Lightning estaba frío, si los SOLtis pudieran sudar estaría sudando gotas congeladas, sus manos temblaban y apretaba su puño hasta empalidecer para no mostrar cualquier expresión de debilidad, porque sería lo único que podría denotar ahora.

De todas formas, no necesitaba hacer nada para que Ai lo leyera como a un disco rígido.

Ai tomó con delicadeza su temblorosa mano y acomodó sus dedos en el arma. —Sigo siendo un tonto por pedirte consejos, ¿no?—dijo Ai, alejándose de Lightning—Te la regalo, vigilarás a tus hermanos y te doy el placer de dispararles si se portan mal. ¡Confío en ti, Lightning!

—¡Pero yo…!

A Lightning se le cerró la garganta, antes de que Ai abandonara la habitación para proceder a sea la decisión que haya tomado, encontró las palabras que se perdieron en el aire y se trabaron en el camino de llegada, aun alcanzando los oídos de Ai.

Lightning no tenía idea de lo que iba a decir, estaba casi seguro de que aclararía que no quería ver a sus hermanos muertos, por algún motivo y ese sentimiento era muy ajeno a lo que él solía sentir originalmente.

Ai se volteó, acariciando el marco de la puerta, sonreía mientras lo miraba con algo que Lightning recibió como lástima.

—No pasa nada, yo tampoco quiero que mueran. No te lo perdonaría.

Ai siguió su camino al salón donde los Ignis se dispersaban pero continuaban unidos. Windy parecía estar a la espera de la decisión de Ai, pues este había bloqueado la puerta de salida y las ventanas. Windy no tenía el poder de antes para hackear lo que quisiera, así que estaba completamente entregado a las órdenes de Ai.

—¿Y bien? ¿Qué demonios vamos a hacer?

Windy fue el primero en preguntar. Ai recibió la mirada de todos sus hermanos presentes, nervioso como Lightning podría haber estado con la pistola en su mano, Ai dio el primer paso:

—Pueden salir a buscar a Flame. Estarán comunicados todo el tiempo, cada cinco minutos necesito un informe de su estadía, quien encuentre a Flame deberá avisarle al resto y todos regresarán aquí. Tienen absolutamente prohibido salir de la ciudad, no me importa si pasadas las cinco horas no encuentran a Flame.

—¿¡Cinco horas!? ¿¡Sólo eso!?—se quejó Windy—¿¡Quién se murió y te nombró mi jefe!?

Ai se carcajeó—¡Ustedes! ¡Y yo los traje de vuelta, mínimo me merezco ser líder aunque sea una vez!

—¡Pff! Me vale, aunque pasen cinco horas seguiré buscándolo, una vez que salga de aquí no tengo por qué obedecerte.

El Ignis de Oscuridad sonrió de lado, deseando que esas palabras tan irresponsables de Windy no lo preocuparan. —Como quieras.

Un bip resonó en la puerta luego de que Ai chasqueara sus dedos. Windy fue el primero en darse cuenta que se trataba de su permiso para salir y rápidamente corrió hacia ésta, desapareciendo de la vista de Ai. Earth miró a Ai, luego a Aqua, quien no se movía de su lugar.

—¿Vienes?—preguntó Earth a Aqua.

Aqua no contestó, seguía rezando.

—Oye, Aqua, ¿vas a quedarte?

A estas alturas Ai lo único que esperaba de Aqua era cualquier tipo de respuesta que sólo su silencio y quietud. Desde su fiebre, Aqua actuaba de forma depresiva, casi no hablaba y se la pasaba quieta en un lugar rezando una y otra vez.

Aqua abrió sus ojos, por un instante Ai pensó haber visto el rojo en su mirada, pero sólo había sido su imaginación llena de pánico. Aqua miraba fijamente a Ai mientras se levantaba y tomaba la mano de Earth para que la llevara consigo.

Ahora el lugar estaba vacío, sólo Ai y Lightning lo llenaban.

Lightning estaba cruzado de brazos, con el arma aún en la mano.

—No importa lo que hagas, nada será igual que antes. Tu destino ya está escrito, Ai.

—No quieras hacerte el interesante, no estoy de humor—gruñó Ai, apretándose el puente de su nariz.

Lightning no dijo nada, sólo caminó hacia la puerta. —¿Qué vas a hacer tú? ¿Nos esperarás?

Silencio.

Lightning anticipaba una mentira.

Ai mostró una sonrisa de oreja a oreja. —¡Por supuesto! ¿Qué más voy a hacer aquí?

Lightning no esperó a que Ai modificara su respuesta, se limitó a salir de ese lugar, alejarse de Ai por un rato.

Ai desvaneció su sonrisa ni bien se quedó solo. Sus pies se movieron solos en dirección al armario donde guardaba a Roboppi y encendió a este.

—¡Buenas noches, amo! ¡Finalmente me necesita! ¿En qué puedo servirle?

—Nos vamos de viaje, Roboppi.

—¡Yupi! ¡Vamos a probar el tren!

Ai rodó los ojos—Claro que no necesitamos eso, podemos hacer algo mucho más rápido.

Yusaku estaba abrazado a sus piernas, hecho un ovillo en el sillón. Apenas se movió de su sitio desde que Takeru salió, cada tanto cambiaba de posición para dormir o sentarse, pero no cambió su rutina. No estaba existiendo.

Eso a la abuela de Takeru le fastidiaba horriblemente.

Pronto Yusaku sintió que algo impactaba sobre él, su garganta vibró dolorosamente con un quejido que logró emitir. El abuelo de Takeru reaccionó en honor a su esposa, le había lanzado un cojín sobre su cabeza para hacerlo reaccionar. Funcionó ya que Yusaku estaba dejando de tenerse lástima y comenzando a preocuparse por el enfado repentino del hombre.

La abuela de Takeru era una mujer amable, parecía que nada le caía mal, así que era la primera vez que lidiaba con el enfado de ambos y Yusaku deducía que tenían que estar demasiado hartos como para mostrarse así.

—Ya está oscureciendo, ¿no piensas hacer nada hasta que Takeru regrese?

Yusaku se limitó a parpadear, ni siquiera se molestó en escribir nada.

Realmente no sabía qué hacer, pero ¿cómo iba a explicar eso?

El hombre le extendió un papel con una dirección escrita. Yusaku la reconoció al instante y le causó un poco de gracia que en esta familia todos se manejaran con lápiz y papel cuando Yusaku tenía la dirección del médico en su teléfono.

De todas formas, lo recibió.

—Ni se te ocurra arrugarlo, tirarlo o dejarlo olvidado por ahí. ¿Cuánto tiempo piensas seguir actuando como un cobarde? Nada cambiará si sólo te quedas esperando.

Yusaku desvió su mirada avergonzado, dejando caer sus pies sobre el suelo.

El hombre jaló de su prenda para obligarlo a salir del sillón. Sinceramente, esa era la brusquedad que Yusaku necesitaba para motivarse a dejar de estar encerrado en sus cavilaciones.

Estaba mareado, desorientado pero era cierto que si continuaba yendo del sillón a la cama, no podría enfrentar a Ai y se volvería una carga pesada para Takeru y los demás. Estuvo pausado en el instante en que Ai le cortó la garganta, ese momento en el cual Daisuke dejó de existir y sus ojos finalmente miraban a Ai, uno lleno de desesperación y locura.

Ai era su responsabilidad y estaba suelto por ahí. No tenía por qué arrastrar a los demás a esto.

Se enderezó y con determinación asintió a las palabras del hombre, hizo una reverencia tanto a él como a su esposa para pedirles disculpas. Antes de volver a vacilar, tomó sus cosas y salió de la casa, aferrándose al papel encerrado en su mano.

Incluso si el médico le confirmaba que estaba recuperado, si le recetaba terapias diarias, el recuperar su voz era algo que Yusaku tenía que determinar por sí mismo. Se rehusaba a hablar, a moverse y escuchar a los demás preguntarle qué fue lo que pasó en el Bon Odori.

No quería decir que vio a Ai. No iba a decir que Ai intentó matarlo.

Jamás le daría a nadie ese gusto.

Él tampoco iba a aceptarlo así como así.

Era difícil para Yusaku recordar aquel instante y salir sin esperar a reencontrarse con Ai. No es como si no quisiera hacerlo, pero no sabía qué haría tanto Ai como él mismo cuando eso sucediera. ¿Qué tendría que hacer? ¿Qué debería hacer?

Ya se estaba alejando varios metros de la casa, caminaba anhelando un poco más de brisa que le arrebatara su sofoco. Era inevitable observar a la pequeña multitud de personas, algunas viajaban en bici, otras estaban trabajando y algunos jóvenes reían y conversaban con la jovialidad de su edad.

La edad que él cargaba. Se detuvo sobre sus pasos, sintiéndose más viejo que cualquiera. El problema no era que no tuviera amigos, no era que no se consideraba una persona normal, pero…

…no era una persona normal; no tenía una vida normal. ¿Cómo iba a disfrutar de la amistad, el amor y la juventud?

Estaba cansado.

Quizás, por ese cansancio era que no daba marcha atrás.

Definitivamente no la hubo ni bien entró al hospital. Una vez que saliera de ahí y pudiera hablar, comenzaría a buscar a Ai.

Se sorprendió al ser recibido por un SOLtis y enterarse que a su alrededor habían más SOLtis. Cada uno cumplía una función distinta pero servían principalmente al hospital.

Yusaku no había presenciado mucha tecnología avanzada en este pueblo, así que no imaginó que se cruzaría con un SOLtis aquí.

—¡Amo Yusaku!

Un niño de cabellos celestes y anaranjados corrió hacia él y se aferró a su cintura como si lo conociera desde siempre. Vestía una bata blanquecina y zapatos de enfermero.

Su corazón se paralizó. ¿Por qué un niño lo llamaría de esa manera? ¿Cómo sabía su nombre?

El niño levantó su cabeza, enseñando una brillante luz en su cuello.

Era un SOLtis con forma de niño.

—Ahora que todos estamos juntos podremos ser una familia feliz de nuevo.

¿Todos? ¿De nuevo?

El niño parpadeó preocupado y ladeó su cabeza. Al segundo de ver la inquietud en el semblante de Yusaku, se dio un golpecito en la cabeza sacando su lengua. —¡Cierto! ¡Qué despistado soy! ¡No puede reconocerme ahora que soy más grande!—dijo con entusiasmo—¿No me veo genial? ¡Es mucho mejor que ese cuerpo pequeño que armó para mí!

Los labios de Yusaku se partieron buscando aunque sea susurrar el nombre del niño.

—...o…bo…ppi

Las letras se perdían con su aliento, su garganta comenzó a doler y picar, de pronto el frío dominaba sus músculos. Si tenía en cuenta que estaba hablando con Roboppi eso quería decir que Ai estaba en este lugar.

—A…i… A…i

Su saliva le sabía a metal, la sequía en su garganta no le estaba favoreciendo en nada. Pronunciar ese nombre otra vez lograba que su corazón bombeara con nerviosismo y expectativas.

Los médicos y SOLtis que pasaban a su lado no podían evitar empujarlo en el apuro. Yusaku escaneaba sus alrededores en busca de Ai. ¿Todavía usaba el SOLtis? ¿Estaría dentro de una computadora? ¿Dónde estaba?

Yusaku tenía la respuesta justo delante de él.

—¿Quiere ver al amo, amo Yusaku?

Los ojos de Yusaku cayeron ilusionados sobre Roboppi y asintió frenéticamente.

Roboppi estiró una sonrisa tranquila. —Me temo que no podrá ser. Entregueme al Ignis y podremos volver a casa.

Yusaku retrocedió unos pasos. ¿Ignis? ¿Cuál Ignis?

Yusaku cerró sus ojos, trató de concentrarse, de llamar a Ai mediante el Link Sense o aunque sea saber dónde estaba pero cada vez que intentaba hacerlo, su mente se dispersaba por varios sitios y una marea de sensaciones sacudía su cuerpo entero que sólo terminaba con ganas de vomitar

Era como si Ai estuviese dividido en varias partes.

Cayó de rodillas al suelo, sosteniendo su cuello vendado.

—Lo siento, amo Yusaku, no quería presionarlo.—dijo Roboppi con un tono de lástima, sus manitas tomaban los hombros de Yusaku—Volvamos a casa y podremos resolver esto, sé que después de lo que pasó ya no se atreverá a lastimar al amo, aunque el amo todavía no sepa eso.

Roboppi llevó sus manos a la venda y comenzó a deshacerla. Yusaku todavía procesaba todo lo que Roboppi decía.

Ser despojado de su venda hacía que se sintiera desnudo y vulnerable.

Roboppi trazó con su dedo la línea de su cicatriz. Aunque no dolía, Yusaku sintió un escalofrío cuando fue tocado.

—Se formó una cicatriz muy linda. Lastimó bastante a mi amo, pero él lo perdonará mientras recuerde lo que significa esa cicatriz.

La voz de Roboppi abandonó su inocencia desde el momento en que empezó a hablar. Sus pequeños dedos delinearon su cuello

—Así que, decida. ¿Qué va a hacer? ¿Seguirá huyendo o cumplirá con su deber?

Yusaku no podía formular una respuesta pero lo intentó. Sus labios le temblaban.

Takeru no sabía lo mucho que necesitaba estar fuera de casa con su única amiga y alejado de la preocupación que le significaba Yusaku hasta que se dio cuenta que estuvo bastantes horas con Kiku. Casi pisotea su cara que caída estaba por la vergüenza al entrar a su casa tan tarde con Kiku tomando su brazo.

En el momento en que cruzó la puerta miles de cavilaciones que involucraron a Yusaku comenzaron a brotar otra vez. ¿Estaría en el sillón? ¿Habrá dormido? ¿Comió? ¿Lo esperó? ¿Dijo algo? ¿Emitió algún sonido? ¿Decidió salir por su cuenta?

Dudaba demasiado de esta última posibilidad, pero no iba a negar que Yusaku era una persona muy fuerte que no se dejaría caer por sus debilidades, aun así, estaba pasando por mucho estrés que en su mudez no quería contar. Aquello lograba que Takeru se sintiera impotente, consideraba que estaba dando lo mejor como su amigo pero Yusaku sólo continuaba poniéndole barreras que le impedían ser mucho mejor de lo que estaba dando.

Quería demostrarle a Yusaku que podía contar con él y sentir que Yusaku contaba con él. Jamás sucedió y perdió la esperanza de que algún día sucedería.

Inseguro, apretó la mano de Kiku, buscando un poco de confort.

Como si le leyera la mente, Kiku le sonrió con gentileza.

—Llegué. Abuelo, abuela, espero que no les moleste pero invité a Kiku a cenar.

Aun cuando Takeru le hablaba a sus abuelos apenas llegó, sus ojos danzaban por todos los rincones de la casa en busca de Yusaku. Kiku corrió a saludar a la abuela de Takeru y a ayudarla a terminar con la cena, mientras Takeru exploraba su casa como perro curioso.

—Si buscas a tu amigo, fue a hacerse el chequeo.—dijo su abuelo, sabiendo exactamente lo que le preocupaba a su nieto.

Takeru se volteó a mirarlo con estrellas en los ojos. Todo su rostro estaba iluminado con esperanza. —¿¡De verdad!? Entonces, no me esperen para cenar, voy a…

Antes de que Takeru se disparara fuera de la casa, su abuelo lo tomó por los hombros con firmeza. —Ni se te ocurra. Lavate la cara y prepárate para cenar.

Takeru partió sus labios para protestar, pero sabía que no tenía oportunidad. Era cierto que Yusaku no era estúpido, no necesitaba que Takeru se portara como su niñera las veinticuatro horas. Takeru quería vigilarlo de cerca mientras progresaba en su mejoría y si llegaba a tener una recaída, estar lo suficientemente presente como para sostenerlo.

Pero era mejor no estresarse por eso.

Subió a su cuarto y se cambió de ropa por una más cómoda y limpia. No pudo evitar aprovechar su privacidad para sonreír ante la noticia, estaba impaciente por volver a ver a Yusaku, saber que estaba mejor. Quizás de esa forma podría pasar más tiempo con él y recuperar los momentos perdidos.

La vibración de su teléfono le hizo saltar de susto. Apurado empezó a buscarlo entre su desorden, nunca le daba mucha importancia a punto tal que se acaba de dar cuenta que salió con Kiku sin llevar el teléfono encima. Seguía sin dominar esos aparatos, había aprendido un par de cosas cuando Flame…

—¡Te tengo!—tomó bruscamente el inquieto teléfono antes de terminar su pensamiento. El brusco sonido de algo pesado cayéndose le llamó la atención y olvidó la llamada que estaba recibiendo para rescatar el objeto caído.

Era el diario que le obsequió a Yusaku, si estaba sobre su cama junto a su teléfono, era porque Yusaku lo había estado usando. Eso causó que se sintiera todavía más feliz.

Torpemente al tomar el diario, este se abrió, enseñando unas páginas con letras rojas. Iba a ignorarlo porque espiar lo que Yusaku pensaba estaba mal, pero fue inevitable pispar algo que le llamó demasiado la atención.

Abrió el diario.

—¿¡Qué demo…!?

Su sangre estaba helada. Garabatos rojos y agresivos arrugaron las hojas del diario, letras encima de la otra. No eran sinogramas, sino dos letras que cualquiera entendería al leerlo a primera vista, pero que para Takeru tenía miles de significados preocupantes.

AiAiAiAiAiAi

Incesantes "Ai" sin ningún espacio que delatara que Yusaku estuvo en calma cuando lo escribió, aquello ocupaba como dos páginas y una última que tenía escrito un nombre, esta vez con más calma y en lapiz negro.

El timbre de su casa le hizo soltar el diario. Yusaku no tenía por qué tocar timbre pero probablemente lo haría, por lo que dejó el diario en un lugar no sospechoso y se apuró a bajar las escaleras, todavía sintiendo la amarga acidez de lo que acababa de leer.

¿Cuándo escribió eso? ¿Cuándo fue que Yusaku estaba tan roto?

Takeru llegó a la puerta en el momento justo para ver a Kiku abrirla y recibir a la persona que osaba visitarlos.

No era Yusaku.

—Buenas noches, disculpen la intromisión. Estoy buscando a un amigo…

Era un jóven alto, de apariencia un tanto llamativa.

—...mi nombre es Fujimoto Daisuke.

Takeru se estremeció. Ese nombre jamás lo escuchó, pero…

…lo leyó en el diario de Yusaku.