Capítulo Uno:

Todavía recuerdo la primera vez que la vi, entre un sinfín de personas que se arremolinaban sobre ella festejando su advenimiento. Arriba de un llamativo carro alegórico inspirado en la catedral de San Basilio, con una plataforma envuelta en papeles de colores metálicos, tanto bermellón como dorado, que era arrastrada por seis caballos hannoverianos peinados. Un montón de serpentinas pululaban cerca de su área, bailando al son de la brisa más engreída, así como también se enredaban entre ella y el público en una danza helicoidal fantasmagórica. El trombón y el tambor se erguían como los principales instrumentos musicales que acompañaban su presencia, siendo finamente acompasados por el quisquilloso resoplar de las flautas y flautines en una orquesta ceremonial que le daba la bienvenida. Una bienvenida rebosante de expectación y locura, que explotó aún más, al verla salir de entre las gruesas cortinas de jacquar rojas. Siendo su primer paso, el que provocó en la gente un alarido tan intenso que estremeció mi alma hasta el punto de estrujarla dentro de mi cuerpo. La garganta se me llenó de lágrimas, y aunque por fuera no hacía más que sonreír, por dentro tenía unas incontrolables ganas de llorar.

No sabía cómo explicar lo que me pasaba. Ni entendía como algo que desconocía por completo podía llenarme de tanta ilusión, no obstante, me mantuve a la espera de poder verla, analizando meticulosamente cada detalle que la envolvía, por más minúsculo que éste fuese. Por ejemplo, cuando su zapato de charol se mostró por primera vez, un haz de luz se reflejó en él, encandilando a los cercanos. Cuando sus manos pálidas tomaron las cortinas, atizándolas con fuerza hacia atrás, la melodía de los instrumentos se hizo más penetrante. Y cuando su perfecto chaqué azul marino se expuso ante el público, una parvada de pájaros silvestres salió volando en todas direcciones, desplegando sus coloridas alas a lo largo del alto cielo en un espectáculo onírico imperdible que parecía llamar a la fantasía tocando su puerta despreocupadamente. Justo como lo hacía ella a la hora de mostrarse, colocando sus manos en lo alto y acrecentando en su rostro una sonrisa que nublaba la vista.

El desfile se detuvo.

Aunque no porque éste hubiese finalizado. Únicamente había llegado a su lugar de destino, en medio de la plaza principal de la ciudad, y ahora todo el mundo aguardaba en riguroso silencio la primera demostración de su mítico don, del cual yo ya había escuchado hablar, incrédula, dado lo inverosímil de su naturaleza.

La expectación se me hizo abrumadora.

Ella tomó asiento sobre un trono impecablemente confeccionado sobre la plataforma alegórica, acomodó su pie derecho sobre su rodilla izquierda y con sus dedos ornamentados en joyas, llamó a la primera persona que sus ojos azules destellantes visualizaron. Una mujer anciana con aspecto harapiento y descuidado que lloraba lágrimas de felicidad.

No la ayudó a subir, pero sí le ofreció tomar su lugar en el trono, arrodillándose frente a ella. Se presentó como Diana Cavendish, una persona común y corriente que a lo largo de los años había aprendido a ver a través de las cosas. Si colocabas tres cajas frente a ella y en una de esas cajas escondías un tesoro, sin decirle nada, ella sabría exactamente cuál elegir. Si habías decidido robar unas monedas de oro y esconderlas entre los girones de tu vestido, ella sabría exactamente dónde encontrarlas. Y si habías decidido serle infiel a tu marido y ocultar la verdad en lo más profundo de tu corazón, ella sabría exactamente con quien habías cometido el adulterio. Ninguna verdad evidente se le escapaba, ni siquiera aquellas que se habían quedado dormidas en el tiempo. Don que le valió para hacerse inmundamente rica a costa de los sueños y ambiciones ajenas.

¡Como sea!

Las opiniones personales no vienen al caso. Y mi predisposición para ser testigo de su gran proeza no estaba ligada a la cantidad de dinero que ésta pudiese generar, ni mucho menos a la cantidad de personas que la aborrecían o amaban por esta misma razón. Honestamente, lo único que buscaba era obtener la certeza de que algo tan magnífico como un superpoder podría llegar a ser plausible de conseguir para el ser humano: El superpoder de la clarividencia.

Por esto mismo, le pedí a mis pensamientos que bajaran de la nube en donde se encontraban y volvieran a tomar atención, concentrando mis ojos en aquel ser superior que profesaba divinidad hereje. Diana se puso de pie otra vez y yo me asomé por encima de la valla peatonal. Ella sacó un pañuelo de seda roja del interior de su chaqueta azul marino y lo sacudió lo suficiente como para hacer carcajear a la multitud. Luego, se lo tendió a la anciana todavía sentada en el trono y solicitó:

- Véndame los ojos una vez te de la señal.

Entonces chispeó los dedos dos veces, haciendo que una pareja de hombres enmascarados se acercara a ella cargando un pesado cofre de madera, similar al de los cuentos de piratas, el cual al ser abandonado sobre la plataforma generó un gran eco que retumbó en mis oídos. Ella se hincó sobre sus talones y agradeció la gentil cooperación de ambos verdugos, retirando una reluciente cadena desde su cuello que sostenía la llave con la cual lo abriría. Asumo que mi expectación ascendió a niveles extraterrenales para ese entonces, haciendo a mi cuerpo inclinarse todavía más sobre la valla. Dos gomas opacas, una venda, un lente de soldador, un pasamontañas con parches cosidos en los huecos y un saco pequeño fue todo lo que sustrajo de él, colocándoselos a medida que los sacaba, sin ningún tipo de dificultad.

- Muy bien, asistenta. Ahora es tu turno. Procura colocar el pañuelo donde más seguridad te dé. Cerciorándote de que no haré ningún tipo de trampa – Declaró, arrodillándose frente al trono, pero de cara al público – Aunque sugiero no envolverla alrededor de mi cuello. No es la primera vez que tengo que aclararlo.

Todo el mundo rió. Y la anciana obedeció a su demanda, posicionando el pañuelo de seda justo por encima de sus ojos, otra vez. Dando inicio al espectáculo de "magia" más increíble que haya visto en mi vida.


Hace un tiempo me prometí subir toda historia que creara, aunque no fuese a continuarla.

Veamos que sucede con esta.

Saludos.