Los tres salieron de la biblioteca, todo estaba en una calma que solo auguraba lo peor para los presentes, un rayo cruzó de nuevo el cielo, acompañado de un trueno, las velas aún seguían encendidas iluminando por completo el castillo.
-¿Y ahora por dónde empezamos?- dijo Úrsula.
-Miraremos en las habitaciones, una a una, uno entrará mientras los otros dos esperan fuera, quien entre que deje la puerta abierta, por lo que pueda pasar.- ordenó Frollo.
Poco a poco fueron revisando las habitaciones, de nuevo, abrieron las puertas de algunas y las dejaron así para señalar que las habitaciones estaban vacías. Primero, Úrsula se introdujo de en la habitación de Maléfica, Frollo y Garfio se quedaron en los laterales de las puertas, apoyados en la pared en espera de alguna señal que indicase una pelea entre Úrsula y algún invitado no deseado escondido en algún lugar, pero la habitación estaba despejada, vacía, pasaron a la siguiente, y después a la siguiente, pero no había nada en ninguna de ellas, la mitad del pasillo estaba despejada.
-Esta vez entraré yo.- dijo Garfio a Úrsula.- Si te pasa algo nos quedaremos sin poder usar la magia.- El pirata se metió entonces en la habitación que decidieron revisar.
La puerta del dormitorio estaba decorada en la parte superior con un caldero, a sus lados emergían dos cuernos de tres puntas cortas. No hizo falta forzar la puerta, el dormitorio estaba abierto. La puerta chirrió con un ruido molesto y agudo y dejó entrar la poca luz del pasillo. La habitación era tétrica, las cortinas estaban raídas, casi no había lámparas y las que se veían estaban apagadas, un atril de piedra oscura sostenía un libro entreabierto, el capitán se acercó al atril, parecía una especie de enciclopedia, quizás el Rey del Mal lo había cogido de la biblioteca, pero de nuevo, la habitación estaba vacía. Rindiéndose en su búsqueda de pistas sobre lo que ocurría en el castillo se dispuso a dar la vuelta, no supo exactamente por qué, pero tuvo curiosidad por echar un vistazo en la habitación, rodeó la cama y se dirigió al otro extremo del colchón, entonces lo notó, una túnica roja, desteñida, raída y llena de polvo y cenizas estaba en el suelo. Garfio se acercó a la prenda, y levantó la tela provocando una nube de polvo, el Rey del Mal se había vaporizado.
-¿cómo demonios?- se dijo el capitán a sí mismo.
-¿estás bien James?- preguntó Úrsula.
-Sí, está despejado, buscad en las otras habitaciones, iré enseguida.-
-¿estás seguro?-
-No te preocupes, no pasará nada.-
-Sigamos revisando los dormitorios.- sugirió Frollo.-cuanto antes terminemos antes podremos buscar en otros sitios.-
Frollo fue el primero en alejarse, giró a la izquierda en uno de los pasillos, Úrsula giró a la derecha, el capitán por su parte se quedó donde estaba, vigilando las escaleras de vez en cuando, empezó a caminar a lo largo del pasillo, como un guardia de seguridad vigilaría un museo. El capitán ojeó de nuevo las puertas, tal vez deberían revisar los dormitorios que aún estaban cerrados. Se dirigió a una puerta con la silueta de una llama entre dos frascos rectangulares, la puerta estaba cerrada, pero no tenía puesto el cerrojo por lo que pudo entrar, la habitación estaba bastante ordenada, una mesa grande tenía encima varios frascos etiquetados con figuras de animales, todo esto sin embargo, se encontraba a oscuras y era difícil distinguirlo en la oscuridad. Pudo divisar una lámpara de pared en la oscuridad y se acercó a ella, la encendió y pudo ver con más claridad la estancia, un papel púrpura con decoración maya tapaba las paredes y unas cortinas lilas en los ventanales con balcón. Al capitán no le dio ni siquiera tiempo de reaccionar cuando a pocos segundos de encender la luz alguien le atacó por detrás, el pirata, basándose en la fuerza, dedujo que era un hombre, joven, mucho más que él y aproximadamente de su misma estatura. El capitán sintió que las cuerdas vocales le ardían, el brazo de aquel sujeto le aplastaba el cuello, Garfio reaccionó rápido, bajó su brazo izquierdo contra su contrincante, su garfio rozó la pierna de su enemigo, no lo inmovilizó, pero el rasguño provocado por el objeto metálico fue bastante grande, un gruñido de dolor confirmó la teoría del capitán, quien lo atacaba era un hombre, uno joven, le dio un codazo y se apartó de él intentando poner la mayor distancia de su asaltante, dándose la vuelta para verlo cara a el príncipe Felipe, el esposo de a princesa Aurora, vestía sus atuendos oscuros, con capa y sombrero rojos.
-¿qué demonios hace un príncipe como tú aquí dentro?-
-Nuestro trabajo, mantener el bien sobre el mal en las tierras mágicas.- El príncipe blandió su espada contra el capitán, quien rápidamente desenvainó la suya para disponerse a pelear.
-¿No está para eso este castillo y las tierras que lo rodean?- cuestionó el pirata antes de chocar el filo de su espada con el arma del príncipe.
-Yo solo cumplo órdenes.-
Ambos empezaron a luchar por el cuarto, saliendo inconscientemente del dormitorio para ingresar en el pasillo.
-¿Órdenes? ¿Órdenes de quién? Los villanos no salimos desde hace años de nuestra ciudad.- el capitán esquivó un ataque del príncipe.-Si ha pasado algo es al ratón a quien debéis dirigir vuestras molestias, no tomarla con nosotros.-
-No soy solo yo, todos decidimos que ha llegado la hora de que el bien triunfe sobre el mal...- sus espadas volvieron a chocar en el aire.- para siempre...- La espada de Garfio era rápida y ligera, pero Felipe tenía más fuerza, la espada del pirata se escapó de su única mano y entonces sintió como el príncipe le daba una patada en el estómago, empujándolo contra la pared, se dio un golpe en la cabeza que lo desorientó, veía borroso, aunque ese efecto se pasó rápidamente, cuando pudo ver claramente lo que ocurría, notó que Felipe aplastaba su estómago contra la pared con uno de sus pies y la punta de la espada del príncipe estaba frente a su gotas de sudor frío cayeron por la frente del pirata.
-Créeme, no es de mi gusto atacar a un hombre desarmado, pero son órdenes del ratón.-
-¿Mickey ha ordenado todo esto?-
-No merece la pena explicarlo, no vivirás lo suficiente como para contárselo a nadie.- Con estas últimas palabras, el príncipe Felipe alineó su espada con el centro del pecho del pirata, apuntando al corazón antes de mover la espada contra el cuerpo del villano.
Los gritos del capitán resonaron por todos los pasillos, llegando a oídos de Frollo y Úrsula, un escalofrío recorrió la espalda de ambos cuando se giraron en la dirección de la que provenía el grito. Se miraron por unos segundos antes de correr hacia el lugar del ruido. Ambos quedaron horrorizados al ver al capitán en ese estado, su camisa se había manchado completamente de sangre y su cabeza apoyada en la pared.
-¡James!- dijo Úrsula acercándose al capitán con la intención de revisar sus heridas.-Oh, Dios mío.- las manos de la bruja del mar se mancharon de sangre.
-¿Hay algo que puedas hacer, Úrsula?- preguntó el Ministro.
-No, la herida es muy grave, le atraviesa el corazón, mi magia es de un rango demasiado bajo como para curar una herida como esta.-
Garfio tosió y sus labios se mancharon de sangre.
-tenéis...- intentó decir.- Tenéis que... salir de aquí...-
-No podemos dejarte aquí así.- El pirata negó con la cabeza.
-Nos matan... porque… se lo han ordenado...- dijo Garfio con las pocas fuerzas que le quedaban.
-¿Ordenado? ¿Quién?- preguntó Frollo preocupado. Pero el capitán ya no respondió.
Los dos villanos que quedaban con vida se miraron apenados por la muerte de su compañero y confusos por sus últimas palabras.
