-Entonces todo esto es más grande de lo que pensábamos.- dijo Úrsula reflexionando sobre las palabras del fallecido capitán.
El sonido de unos pasos se escucharon en uno de los laterales por uno de los pasillos que llevaban a la planta principal.
-Vamos, antes de que se escape, si está solo entre dos podemos reducirlo.- dijo Frollo levantándose y corriendo tras el sonido de esos pasos que parecían una manifestación fantasmal de algún alma en pena.
Úrsula se dispuso a seguirlo, pero algo pasó en el piso principal que la hizo quedarse quieta, reconoció ese ruido, la puerta principal se estaba abriendo, caminó rápidamente por otro de los pasillos hasta acabar frente a un tramo de escaleras, cubierto con una alfombra roja, a los pies de la escalera estaba el gran recibidor principal, decorado con muebles, el enorme portón estaba abierto y alguien, una figura alta y esbelta se asomó por los portones entreabiertos.
Cuando entró y cerró la puerta tras de sí la bruja del mar pudo distinguirla mejor.
-¿Hola?- preguntó la recién llegada.
La luz de las velas permitían verla con detalle, una joven esbelta, alta, delgada, su rasgo más característico era una melena espesa y negra de pelo recogido con un pañuelo rosa, una blusa blanca era ajustada por un corsé azul y sus piernas eran tapadas por una falda morada, sus pies iban descalzos y sus pulseras y pendientes dorados brillaban con la luz de las velas.
-¿Febo?- preguntó la mujer.- ¿Febo estás aquí?- La muchacha se dirigió a la puerta de la biblioteca, abrió, pero al no encontrar a nadie dentro cerró de nuevo la puerta.
Cuando Úrsula vio que Esmeralda se dirigía de nuevo a las escaleras y salió corriendo en busca del Ministro de Justicia, sus pasos llamaron la atención de la gitana, quien dirigió sus ojos verdes hacia el pasillo de la planta superior.
-¿Hola?- dijo agarrándose a la barandilla de las escaleras para subir, su otra mano recogió un poco su falda morada para no tropezarse al subir los escalones con sus pies descalzos.
Cuando llegó al pasillo superior casi se cae por las escaleras por la visión que tenía delante de ella, sobre un charco de sangre estaba uno de los villanos, vestía un abrigo y sombrero rojos y su camisa estaba manchada de sangre. Había llegado tarde.
-Santo cielo...- dijo la mujer acercándose al capitán y levándose un susto que la hizo caer sobre su trasero al descubrir que el villano seguía con vida.-¿Puedes oírme?-
-Sí...- dijo Garfio en un tono débil, dirigiendo sus ojos para ver mejor a la mujer.- ¿qué demonios haces tú aquí? ¿Eres una heroína no?, ¿o tal vez una princesa?-
-Busco a los héroes que han entrado aquí, debo detenerlos.-
-Creo que llegas un poco tarde para eso...- el capitán presionó más su mano contra la herida de su pecho al notar que la sangre brotaba de nuevo.
-Déjame ayudarte.- dijo la gitana intentando retirar la mano del pirata de la herida, pero él la apartó las manos con su garfio.
-No merece la pena.- tosió un poco más de sangre.
El pirata miró atentamente el aspecto de la mujer, centrando su mirada en los ojos de la joven.
-De casualidad ¿no serás Esmeralda?- dijo débilmente, estaba claro que le quedaba poco de vida.
-¿cómo sabes mi nombre?-
-El Ministro te describió hace mucho tiempo, supongo que tus ojos son el motivo de tu nombre.-
-En realidad es debido a la herencia de mi madre, me dejó un collar con una esmeralda que colgaba de él.- ella lo miró apenada, no podía hacer nada por él.
-¿sabes si hay alguien más aún vivo?-
-El Ministro... y Úrsula... ella es...-
-La bruja del mar, lo sé, ¿por dónde han huido?- El capitán levantó su mano y señaló el pasillo por el que Úrsula había huido. -Debo detenerlos, pero antes tengo que curarte, ¿tenéis algo cerca que pudiera usar para...?- intentó preguntar la gitana, pero Garfio negó con la cabeza.
-No serviría de nada, ya no me queda tiempo, pero un par de villanos aún están vivos.-
-¿Dónde puedo encontrarlos?- preguntó la zíngara, pero el capitán ya no respondió, estaba muerto.
Esmeralda se levantó y corrió en la dirección que el capitán pirata la había indicado anteriormente, corriendo lo más deprisa que la permitían sus pies descalzos, esperaba llegar a tiempo.
Úrsula caminó un poco más despacio para recuperar el aliento y restablecer algo de fuerza antes de seguir corriendo, los tacones no eran un calzado adecuado para huir de un asesino. Sintió sus pies arder con el roce del cuero de los zapatos, sacó un poco los talones de aquellos zapatos blancos y vio unas heridas sangrantes, el cuero había rozado tanto su piel que había causado heridas en sus ó los zapatos a un lado, empezando a correr descalza, al menos era un alivio poder correr sin herirse la piel al hacerlo,Úrsula corría lo más deprisa que le permitían sus piernas humanas, pero aun así seguía escuchando pasos a su alrededor, quizá el asesino la había visto y la estaba persiguiendo, pero no se atrevió a darse la vuelta, eso supondría reducir la velocidad, frenar incluso, supondría su una figura frente a él en uno de los pasillos caminando lentamente frente a ella y que se dirigía a uno de los pasillos de la izquierda, la reconoció y desesperada por ayuda lo llamó.
-¡Frollo!-
El hombre se giró en dirección a la voz que lo llamaba, solo la vio a ella en uno de los pasillos con los que se cruzaba el otro corredor por el que él se movía.
-¡Úrsula! ¿Qué pasa?- preguntó.
Ella se paró en seco, apoyando las manos en sus rodillas levemente flexionadas hacia delante, con el torso inclinado mientras recuperaba el aliento.
-Es uno de tus héroes... ha entrado en la el castillo...-
-Solo quedamos nosotros.- Dijo Frollo.-Tenemos que salir de aquí, pedir ayuda a los villanos menores, quizá puedan ayudarnos. Nosotros dos solos no conseguiremos nada.-
-No, espera, he visto a Esmeralda entrar, por la puerta á buscando al capitán Febo... si los héroes están matando a sus villanos tú serás el siguiente, tienes que salir...-
Úrsula no pudo terminar la frase, un dolor punzante la atravesó el estómago, el filo de una espada estaba cubierto de sangre de un lado a otro de su cuerpo, la punta del arma rozaba la túnica negra del espada se retiró del cuerpo de la bruja del mar y la agonizante villana cayó de espaldas, dejando que su sangre se filtrara por el tejido de la alfombra del pasillo y permitiendo al Ministro ver al asesino de la única villana que sabía que quedaba con vida dentro del castillo.
-Febo...- dijo descubriendo a su antiguo capitán de al guardia con su espada cubierta de sangre.
-Volvemos a vernos, Ministro... o debería llamarte villano.-
-¿Qué haces aquí? Los héroes tenéis prohibido entrar en el reino de los villanos al igual que los villanos tenemos prohibido entrar en el reino de los héroes.-
-Algunos de nosotros no estamos de acuerdo en que se os reviviera para vivir aquí.Solo hacemos justicia, deberías saber de eso.-
-Has matado a una villana que no te correspondía, ella no formaba parte de nuestro mundo.-
Ambos quedaron en silencio por unos instantes, Frollo miraba la espada del capitán con nerviosismo, él tenía un puñal en su bolsillo, pero frente a una espada él estaba en desventaja.
-Sé que no puedes luchar, tienes el brazo herido.- se burló el capitán.- Fui yo quien te provocó ese corte.-
-Maldito idiota, no salgo del reino de los villanos desde hace treinta años, ¿y sin embargo tú vienes aquí a matarme con toda libertad?-
-Puedo hacerlo y lo haré, ¿quién va a impedírmelo?-
-¿Por qué? ¿Por qué habéis hecho esto?-
-Si quieres que te lo cuente no tengo problema en decírtelo, después de todo no hay nadie más a quien puedas avisar, tú eres el último que queda en el castillo.-
La espada del Febo se alineó con el torso del Ministro, él intentó atravesarlo, pero el juez esquivó la espada, aunque le provocó un corte profundo en el lateral izquierdo del estómago, los músculos le ardieron y notó un abundante y caliente reguero de sangre bajo la tela de su juez siseó entre dientes por el dolor y el ardor de su piel en la herida, pero se negó retorcerse de dolor delante de su enemigo.
-Cuando te mate habrá concluido el trabajo, los demás héroes ya están masacrando a los villanos menores del pueblo y a sus secuaces, me uniré a ellos y regresaremos con los demás al terminar, solo Mickey y los encargados de este trabajo conocemos la verdad y como los héroes no entran en el reino de los villanos nadie sabrá nunca lo que ha ocurrido.-
El capitán volvió a colocar su espada con la intención de atravesar al Ministro, esta vez en el estómago, pero entonces una voz tras él lo hizo parar en seco, una voz que reconoció y lo hizo congelarse por el miedo de que ella pudiera estar allí, la de su esposa, Esmeralda.
