Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.
Traducción del fic "Angel Wings" de JuggleGeese.
Portada de Portada de 柊華 (pixiv ID: 5111088)
Capítulo Uno
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Hanji gritó mientras golpeaba la mesa de madera con su puño para enunciar su punto de vista. Me senté, mientras agitaba mi taza de té negro, manteniéndome en silencio y pasando desapercibida. No creía que nuestro capitán nos permitiera unirnos al escuadrón de Hanji para capturar a un titán de quince metros en las afueras del distrito de Trost, pero ella estaba haciendo todo lo posible para convencernos.
—¡Cada avance que logremos salvará vidas! ¡Esta es la oportunidad más importante que tenemos desde que descubrimos el diario! —exclamaba mientras su cabello se movía violentamente y sus ojos se ensanchaban detrás de sus lentes. Se apoyó sobre el escritorio mirando a Levi, a Auruo (quien dormitaba), a Erd, a Gunter y finalmente a mí—. Eh Petra, apóyame —me suplicó.
—No es mi decisión, Hanji —le sonreí para alentarla. A decir verdad, no quería verme arrastrada a esto.
—¡Vamos,Levi! —suplicó de nuevo, volviéndose hacia la otra cabecera de la mesa, ocupada por el Capitán Levi. Él se encontraba de piernas cruzadas, sorbiendo su té sin mostrar el más mínimo interés. Cometí el error de mirarlo, y sus ojos se encontraron con los míos. Sonreí con timidez antes de apartar la mirada.
Para ser alguien que siempre estaba a su lado, era anormalmente tímida cuando se trataba de él.
Hanji siempre se daba cuenta de esas cosas que me pasaban. Bebí mi té en silencio.
—Ya sabes la respuesta, Hanji, ¿para qué pierdes tu tiempo? —le respondió arrastrando las palabras, como era su costumbre. Hanji se pasó las manos por su cabello.
—Levi, esto es importante —recalcó por enésima vez—. Además, ¿de qué te estoy privando? ¿De limpiar el cuartel? ¡¿Otra vez?! —Pude ver que se encontraba nerviosa, así que le di un pisótón a Auruo y este se despertó al instante.
—Ay, Petra, ¿me perdí de algo? —dijo mientras se limpiaba la nariz con esa ridícula servilleta que él insistía en llevar en su cuello. Pensaba que se veía igual a Levi, pero en realidad parecía un niño pequeño. Casí puse los ojos en blanco, algo no muy propio de mí.
Hanji resopló y luego levantó las manos al aire, en señal de derrota.
Era obvio que la reunión había terminado, pero parecía que Hanji esperaba a que hiciera algo.
Tragué saliva, con cuidado de no mirar a nadie a los ojos mientras me levantaba de mi asiento. Fui a abrazar a Hanji.
—Está bien, estoy segura de que funcionará —le susurré al oído. Ella me apretó contra sí y, antes de separarnos, le dediqué una sonrisa tranquilizadora. Miré a mi alrededor y vi que los demás miembros comenzaban a levantarse y Erd ya estaba de pie. Me incorporé y salí de prisa al corredor.
Me dirigía a mi habitación cuando escuché algo extraño.
Mis ojos apenas se estaban adaptando al pasillo oscuro, pero tenía la sensación de que algo andaba mal. ¿Era la temperatura? Ya estaba cerca de la puerta que conducía al exterior, al bosque y el campamento. Estuve a punto de dejarlo pasar como algo producto de mi imaginación, pero lo vuelvo a escuchar. Estaba de uniforme, pero no llevaba mis armas conmigo (obviamente), pero volví a escuchar ese sonido y me di cuenta de que no tenía tiempo para buscarlas.
¿Alguien estaba gimiendo? Era como si pidiera ayuda. Corrí hacia las puertas que conducían al patio, abrí la cerradura y el pestillo, y empujé para abrirlas de par en par.
El olor del bosque nocturno era frío y húmedo, un almizcle embriagador. Me encantaba sentir el aire fresco entrando al castillo, pero no me tomé el tiempo para saborearlo. Me precipité hacia el patio y noté que ninguna antorcha estaba encendida. Eran más de las diez y todo aquello me inquietaba. El viejo castillo siempre me ponía la piel de gallina, y más por la noche. Auruo siempre quería asustarme con historias de fantasmas mientras pretendía hacerse el valiente. Una vez se ofreció a dormir en mi habitación conmigo por si estaba asustada, ¡qué audacia la suya!
Aunque no me importaría tenerlo a mí lado ahora, ya que la más mínima luz del pasillo no llegaba tan lejos de mí. Mi corazón estaba acelerado, pero trataba de escuchar. Si algo andaba mal, tendría que alertar a los demás. ¡Si eran noticias de los muros, tendría que ser valiente para saber de qué se trataba!
Escuché el crujido de la grava detrás de mí y me giré sólo para enfrentarme a más oscuridad.
—¿Hay alguien allí? —llamé débilmente. Necesitaba lucir valiente, en caso de que esta fuera una broma de mal gusto—. Auruo, ¿eres tú? Si es así, te patearé tanto que no podrás cabalgar por una semana —La amenaza sonaba hueca a mis oídos. Di un paso más.
—¿Auruo? ¿Capitán Levi? —tragué—. ¿Hay alguien allí?
Sentí un susurro de aliento en mi cuello y, por un momento, me quedé congelada.
—Aquí, cariño —dijo una voz, con un fuerte acento que no pertenecía a nadie del equipo. El congelamiento que experimenté se disipó rápidamente, mientras reaccionaba de la única manera para lo que había sido entrenada: luchando. Le di un codazo en la zona de los riñones y me giré para darle una patada en el rostro. No sabía que eso me pondría en una peor posición.
Y le propiné la patada en el rostro, convenientemente bajo debido a que el hombre estaba doblado de dolor, pero sentí dos brazos que me atajaban por detrás. ¡¿Eran dos?!
El segundo hombre me sacaba más de una cabeza y pesaba al menos 50 kilogramos más. No podía librarme de esta situación con fuerza bruta. En cambio, le di una patada y hice que cargara con mi peso antes de morder salvajemente su brazo. Él gruñó, pero no me soltó.
—Es una luchadora; supongo que por eso fue escogida por el mismísimo Levi el Grande —dijo sarcástico. Por un momento, me detuve. ¿Sabían quién era yo? Desde luego, sabían quién era Levi, por lo que supuse que era un ataque hacia él. Comenzaba a tener miedo en serio.
El hombre que me sostenía puso una mano en mi boca y comenzó a arrastrarme hacia las sombras, pasando por los establos. Pateé y me revolví de su agarre, pero fue inútil. Comencé a llorar a pesar de mí misma, pero sólo hizo que luchara aún más.
—¡Qué perra! —dijo el hombre, que me arrojó al suelo, y el otro al que le di una patada en el rostro se acercó, con un puño cerrado, con el que me golpeó en el rostro antes de que pudiera gritar por ayuda.
El puñetazo empujó mi cabeza hacia atrás, haciendo que viera estrellas y me ahogara en la bilis por el dolor. Rápidamente me autoevalué y, notando que no había mordido mi lengua por accidente... grité.
El tipo grande me aplicó una llave en la cabeza mientras luchaba por respirar a pesar del río de sangre que brotaba de mi nariz. Sabía cómo luchar aún con dolor, (si algo me enseñó el cuerpo de cadetes fue a ser más resistente) pero las fuerzas me abandonaban y mis patadas se volvían más débiles. Liberarme parecía cada vez más improbable.
—Tenemos que subirla a uno de los caballos, pero tiene que estar viva —le dijo a su compañero. Pude sentir cómo la presión sobre mi brazo disminuía y volví a estar a punto de desmayarme.
—Aquí, ayúdame a subirla —exigió con brusquedad el tipo que me sostenía.
Y escuché algo: era casi imperceptible, más que un ratón.
—Oye, ¿qué fue eso? —preguntó el otro hombre mientras se daba vuelta. Y así, sin más, quedó tirado en el suelo con una bota presionando su cabeza contra la grava.
—¿Qué está pasando aquí? —era una voz fría y serena. La emoción irradiaba de esas palabras y podía asegurar lo enojado que estaba Levi. Sentí un alivio increíble al escucharlo y las lágrimas brotaron de mis ojos.
—Le-vi —murmuré. El bastardo casi había aplastado mi garganta, ya que apenas podía hablar. Quise zafarme para ir hacia Levi, pero el otro hombre todavía me aferraba con fuerza. Sentí un movimiento y, cuando sentí la punta de un cuchillo contra mi cuello, supe exactamente lo que el idiota planeaba hacer.
—Déjala ir —se dejó escuchar la peligrosa orden de Levi mientras avanzaba.
—¡N-no te acerques! —gritó el hombre—. ¡La-la mataré, lo juro! —Podía notar cómo sudaba contra mí, pero todo lo que podía sentir era ese cuchillo y todo lo que podía ver era Levi. Se pasó una mano por los cabellos, aparentando indiferencia, pero sabía que no era así.
—No la lastimarás porque te mataré —afirmó con total naturalidad—. Y si la sueltas, sólo te lastimaré, pero no te mataré.
—¡Atrás! —Una pequeña gota de sangre brotó de mi cuello.
Y eso fue todo. Levi había tenido suficiente.
Hizo contacto visual conmigo y entendí lo suficiente como para agacharme mientras pateaba la cabeza del tipo. La fuerza del impacto me arrojó lejos, mientras tosía hasta poder respirar con normalidad.
Levi saltó sobre mí para poder agarrar al hombre y golpear su cabeza contra el suelo: una y otra vez.
—Levi... detente —le pedí con dificultad.
Sin ningún cuidado, él dejó caer inconsciente al hombre, quien posiblemente ya estaba muerto.
Se volvió hacia mí y me arrojé a sus brazos, llorando.
No esperaba que me abrazara, pero ahora no quiero dejarlo ir por nada del mundo. Lloré un poco sobre su hombro mientras él acariciaba mis cabellos. Sentía su increíble calidez mientras me abrazaba y cuán humano era él en realidad. Sentí mi rostro caliente mientras me alejaba y agachaba la mirada, avergonzada de mi debilidad.
Sentí sus fuertes dedos levantar mi barbilla para poder mirarme el rostro. Sus ojos azul plateado, parecidos a los de un gato, se veían grises a la luz mientras me miraba fijamente y examinaba cuidadosamente mis heridas. Sentí sus dedos como si fueran el roce del viento, apenas acariciando mi nariz cubierta de sangre y mi ojo hinchado. Sentí la calidez de su aliento como la belleza de un día de verano, y me sentí segura. Me atreví a mirarlo a los ojos mientras él colocaba un mechón de cabello detrás de mi oreja. Había demasiada emoción en esos ojos, para alguien que afirmaba no sentir nada, lo cual era sorprendente para mí: sentía mucho más que cualquier persona que hubiera conocido.
—Levi —su nombre salió de mis labios en un susurro... un secreto.
—Petra —respondió él, con voz baja y cargada.
Intenté decir algo más, de verdad. Intenté disculparme por ser imprudente y no ser lo suficientemente fuerte para luchar por mi cuenta. Intenté decir algo —cualquier cosa— pero antes de poder hacerlo, me besó.
Y todo lo que pude hacer fue corresponderle el beso.
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