Entre diablos...
Capítulo 1-la historia de Lavinia
La vio una tarde en la vieja librería del centro del pueblo; ella buscaba algún libro de historias de miedo que de verdad fuera bueno; tenía rato pensando, sin decidirse entre Bierce o Derleth, cuando sintió que alguien pasaba detrás de ella, volteó más por costumbre que por verdadero interés y se encontró con unos ojos azules profundos que la miraban. La mujer era alta, de hermoso y pálido rostro enmarcado por el pelo lacio y casi azul de tan negro; su ropa era negra también, y debajo de esta, adivinó un cuerpo perfecto; grandes senos, cintura estrecha, pero no mucho, y unas caderas rotundas, las piernas firmes se iban estrechando hasta llegar a unos pies calzados en zapatos cerrados de tacón de charol negro. Era perfecta.
la chica sintió esa mirada hasta el alma y un silencio espeso invadió el lugar hasta que escuchó su voz
— yo te recomiendo a Bierce, Derleth es un poco más difícil de digerir —
y después de dejarla congelada con una sonrisa, se dio la vuelta y se alejó por el mismo pasillo; la jovencita la miró irse siguiendo su movimiento de caderas, que era un poema.
Todo lo que sucedió después pasó como entre brumas hasta el momento de llegar a su casa, pues apenas al entrar, ya escuchaba la voz de su madre
— ¿eres tú Lavinia? ¿Dónde estabas jovencita? —
— perdón mamá, fui a la librería, necesitaba un manual para la escuela —
miente la chica, haciendo un gesto de disgusto; ella odia ese nombre, la bautizaron así para congraciarse con una tía abuela que ella jamás conoció, esperando algo de su gran riqueza, lo cual consiguieron; prefiere el otro, que es más sencillo: Cecilia, que aunque es el de su madre, es más normal; y no es que la odie, porque su madre no es mala, solo es muy conservadora, pero hay ciertas actitudes que le parecen mucho muy pasadas de moda, hasta de uno o dos siglos atrás. Mientras piensa en esto, sube a su habitación y se tumba en su cama hojeando el libro y pensando en esos ojos azules.
Lavinia se levanta por la mañana en cuanto el despertador da las primeras campanadas, en realidad no durmió demasiado pues entre la lectura y un extraño sueño azul, no hubo mucho descanso; pero ahora hay que levantarse, darse un baño rápido, ponerse el uniforme escolar y bajar a desayunar; nada muy pesado, solo algo de leche y cereal, y después subir al auto para que el chofer la lleve a la escuela; sus padres se levantan más tarde y ella lo agradece, no quiere tener que escuchar a su madre quejarse todo el tiempo o ver a su padre escondido detrás del periódico, fingiendo que se interesa en las noticias mientras la ignora; eso es algo que no le gusta y en ocasiones hasta la deprime; sabe que solo están juntos por el dinero y por ella; no son malos y la quieren cada uno a su manera, pero es difícil vivir en una casa donde antes que una palabra amable o amorosa hay un gruñido. Por eso ama la escuela, ahí donde es ella y nada más, no le importa no ser la más popular o la más bonita; Lavinia desaparece y solo Cecilia vive entre esas paredes de color crema y la multitud de adolescentes ruidosos; ella es una persona casi invisible que se pierde entre la masa de jóvenes que entran a la escuela esa mañana, al parecer este día será de recuerdos porque apenas al entrar, le viene a la memoria su primer día ahí.
La niña era todo alegría, empezaba la secundaria y también comenzaba a ser realmente independiente, su madre ya no la llevaría ni iría por ella a la escuela, podría ir y venir "sola", tendría amigos sin esperar una "inspección aprobatoria" por parte de sus padres y, apenas podía creerlo, la habían dejado ir "arreglada como ella quisiera". En esta escuela de gente rica, el reglamento con respecto al uniforme no era muy estricto: la falda tableada de "tejido escocés" negro con vivos rojos y azules hasta la rodilla (tal vez un centímetro más arriba), blusa blanca de manga larga y corbatín negro con vivos rojos (este solo se usaba el lunes, día de oración) y un suéter azul, el cual podía ser sustituido en verano por un chaleco del mismo color, aunque no fuera de punto, zapatos negros, de tacón no más alto de una pulgada y calcetas blancas a la mitad de la pantorrilla ; pero a este uniforme base se le podían añadir cosas, prendedores, moños, escudos, bordados, etc. etc. todo esto mientras no fueran muy escandalosos, incluso los alumnos podían usar algún tipo de calzado sport que no fueran exactamente zapatos de vestir (siempre y cuando correspondieran a su sexo), aunque, por supuesto, se daban algunas excepciones.
Así que, en ese primer día de clases, Lavinia llevaba todo lo antes descrito, solo que, para sentirse auténtica, llevaba algunas cosas que de inmediato hicieron que muchos, incluidos los maestros, voltearan a verla; de abajo hacia arriba, su atuendo se componía de: botines de vestir negros a media pantorrilla, con las cintas rojas y con calcetas reglamentarias; falda tableada hasta la rodilla (longitud correcta) y cinturón negro con una hebilla que llevaba el grabado de un diablo; llevaba el suéter del uniforme, pero debajo vestía un chaleco azul de raso con la espalda en satín negro y un dragón rojo bordado en ella; blusa blanca con las mangas recogidas hasta los codos, corbatín negro con vivos rojos, el cual tenía un pisa corbatas del mismo color, pero con un colgante rojo que también tenía la forma de un diablo; cargaba una mochila de piel negra muy poco femenina y con grandes hebillas plateadas en forma de cráneo; la chica iba sin maquillaje, regla de la escuela, y su cabello, negro y semi rizado, estaba recogido parcialmente en una coleta, un poco le caía sobre la frente y justo ahí, sobresalían dos puntitas rojas; Lavinia se había puesto dos cuernitos con pegamento de maquillaje, tratando de esconderlos entre su pelo, y apenas sobresalían, aunque para su desgracia, el color los hacía demasiado notorios. Caminó por los pasillos con paso seguro, haciendo que algunos la miraran y empezó a sonar un leve ruido de voces a sus espaldas, lo que la hizo sonreír; sentía que estaba haciendo un gran efecto en la escuela, y al llegar a los casilleros, miró de reojo; muchos la ignoraban, pero también había quienes la veían con cara de sorpresa; sonrió de nuevo y se quitó el suéter para meterlo al casillero, dejó algunos libros y después de cerrar el casillero, enfiló hacia su salón.
Dio un corto paseo por los pasillos de la escuela hasta llegar al aula; no conocía a nadie en esa escuela ya que era nueva y la mayoría de los alumnos eran los que llegaban de la primaria de la misma, pero su presencia fue todo menos ignorada, todos la vieron entrar en silencio y ella caminó hasta su asiento, situado al fondo del salón, en la esquina junto a la ventana; puso su mochila en el suelo, a un lado del pupitre y se sentó con las manos en la mesa; todos la miraron por un momento y ella les dio una sonrisa amable, pocos le correspondieron y solo una chica la saludó con la mano, ella devolvía el saludo, cuando llegó una mujer de edad mediana, vestida en un conjunto negro bastante discreto, entró apenas y levantó la mano hacia ella, llamándola; Lavinia se levantó y fue hasta allá y la mujer le indicó en voz baja que la siguiera. El trayecto fue algo largo, pasillos y escaleras hasta que llegaron a una oficina del otro lado del edificio, al entrar ya sabía que tal vez se había hecho notar demasiado, lo que se confirmó cuando una fría voz la llamó desde el cubículo interior
— pase, por favor —
Lavinia entró caminando despacio y se encontró con un despacho más amplio de lo que hubiera creído; estaba alfombrado en color tabaco, con libreros en las paredes llenos de trofeos, premios y reconocimientos, casi todos académicos; frente a ella estaba un ventanal que iluminaba la estancia y también estaba un gran escritorio, detrás de este había una silueta que al principio no pudo distinguir bien debido a la luz, y de nuevo escuchó la voz que la llamara
— siéntese, señorita De la Mothe; supongo que se preguntará por qué la he llamado... — antes de que la chica conteste, la persona frente a ella continúa —... sé que es nueva en nuestra institución y creo que ciertas indicaciones acerca del uniforme no fueron claras o fueron mal interpretadas por usted; es verdad que no somos muy estrictos en cuanto al mismo, pero esperamos que los estudiantes no sobrepasen ciertos límites. Así que, por esta vez, solo voy a hacerle un llamado de atención verbal, nada de reportes o llamar a sus padres...— Lavinia palidece ante esta insinuación —... por lo que espero que haga caso a lo que voy a decirle: ese tipo de cinturones quedan prohibidos, al igual que el chaleco y el pisa corbatas, ¿entendido?, ciertas imágenes no van de acuerdo con los ideales de esta escuela, y por favor, quítese esos cuernos —
Lavinia asiente en silencio y se queda ahí sentada, esperando el permiso para irse, el cual no tarda en ser otorgado; entonces se levanta y sale del despacho, donde la mujer que la llevara ha estado esperándola todo el tiempo; cuando van por el pasillo le habla
— no te espantes, la subdirectora no es mala, solo que quiere que se respeten los reglamentos lo mejor posible; te acompañaré a los casilleros y de ahí a tu salón, las clases ya empezaron y necesitas permiso para entrar después de la campana —
al llegar a los casilleros, Lavinia dejó todo lo prohibido, se bajó las mangas de la blusa y se puso el suéter, después, se dejó conducir al salón en silencio, apenas escuchó la disculpa que dieron por ella en la puerta y caminó cabizbaja hasta su asiento; a pesar de estar en clase, muchos cuchichearon y rieron por lo bajo, y la chica se sintió más sola que nunca. Así fue como Lavinia Cecilia De la Mothe, dejó de parecer un diablito para ser invisible otra vez.
O eso es lo que pensaba; cuando llegó un descanso entre clases, todos salieron excepto ella, no estaba de humor para salir o comer o algo; su intento de ser alguien diferente a la niña unidimensional que era en casa había fracasado y no tenía idea de que hacer, al menos la llamada de atención solo fue verbal y no llamaron a su madre; si ella la hubiera visto usando las cosas "prohibidas" la encerraría en casa estudiando ahí o la mandaría a un internado. Le había costado mucho trabajo conseguir todos los accesorios que lucía en la mañana, sin hablar del trabajo de estar escondiéndolos hasta que subió al coche que la llevaba y lo difícil que fue ponérselos antes de bajar; todo para que la hicieran quitárselos casi de inmediato. Empezaba a cambiar la tristeza por la furia cuando una voz la hizo levantar la vista, sentada en el pupitre delante de ella había una chica
— oye ¿no vas a comer nada?, el receso casi acaba —
la miraba con unos grandes ojos color oliva y una sonrisa traviesa y brillante; era bonita, morena clara de tipo latino, de pelo castaño muy claro o rubio muy obscuro, atado en una cola de caballo; la reconoció como la chica que la saludó en la mañana y hasta entonces fue que se tranquilizó
— la verdad es que no tengo mucha hambre, me enojó que no pudiera quedarme con mis cosas —
— ¿te las quitaron? vaya, la maestra Hunt viene con todo este año, ¿y no te las devolverá? —
— bueno, no me las quitó, pero tuve que quitármelas y no puedo llevarlas en la escuela —
— caray, y los cuernos se te veían bien jajajaja... hola, soy Lupe Santiago-Loud ¿y tú? —
— Lav... *ejem*... perdón, Cecilia, Cecilia De la Mothe, mucho gusto —
— ¿De la Mothe? ¿cómo Antoine De la Mothe, el fundador de Detroit? —
— se supone que es mi tátara tátara abuelo o algo así, solo que mi familia fue la menos afortunada económicamente hablando, apenas hace poco es que tenemos dinero —
— vaya, vaya, ¿entonces estoy hablando con una descendiente de la vieja nobleza francesa de la región? esto sí es algo nuevo —
— es igual, ¿a quién le importa?; ser de una familia como la mía apesta —
— bueno, cuando eres heredera de la corona del taco y además pretendiente al ducado de la Lynnsagna, solo puedes codearte con lo mejor de lo mejor, "la creme de la creme" como dice mi abuelo —
ambas chicas se miran unos segundos para estallar en carcajadas, después de esto, suena la campana y todos empiezan a llegar poco a poco, Lupe se levanta de la silla y le tiende una servilleta con una bolita tibia y empanizada que huele muy bien
— tomad condesa De la Mothe, que bien que os hará falta para que no muráis de hambre,; al salir os invito a un refrigerio con las mis compañeras —
y haciendo una reverencia, se va a su lugar, donde otras dos o tres chicas hablan con ella; Lavinia se queda encantada, esta chica es genial y muy divertida; olfatea de nuevo el regalo y después lo muerde con precaución; el sabor es delicioso, la mezcla perfecta entre macarrones, queso, y una cobertura crocante de pan muy bien frita, ella no duda en echársela completa a la boca y perderse en ese delicioso sabor; cuando al fin lo traga, mira al lugar donde Lupe está sentada y se encuentra con su cara divertida, le hace una seña de que estaba delicioso, a lo que la chica Santiago responde levantando un pulgar. Las clases de este día no serán atendidas, ya que siempre es la misma cantaleta, hay que presentarse y después los maestros explican de que va a tratarse la clase, como calificaran y que esperan de los alumnos, ninguno va más allá de esto y Lavinia se perdería en el recuerdo de cómo es que fue tocada por el ángel de lo gótico.
Uno de tantos días en que su madre la llevaba al centro comercial para que la acompañara, la dejó vagar un rato mientras platicaba con una amiga, señoras snobs de altas aspiraciones, pero de bajos espíritus, y Lavinia se alejó un poco para encontrarse con un minúsculo local pintado de negro, por fuera solo había un aparador pequeñito que mostraba muchas cosas parecidas a lo que veía en Halloween, y ella se asomó curiosa, todo era obscuro y solo algunas luces que estaban enfocadas en maniquíes descabezados que vestían ropa negra muy rara; sonaba una música que parecía una mezcla de techno con el soundtrack de una película de terror muy vieja, revuelta con coros y una voz muy aguda cantando algo que ella no entendía, pero que sonaba demasiado bien; todo tenía un aire tenebroso, aunque, para su extrañeza, le gustaba; miró mejor la ropa para encontrarse con pantalones cargo con cintos en las piernas y parches de escocesa rojinegra; zapatos de plataforma muy alta o muy puntiagudos, con calaveritas y cadenas o botas pesadas con punta de metal y clavos pegados a ella; chamarras con estoperoles y montones de parches con cráneos y figuras aterradoras; playeras con escenas dantescas y palabras que apenas podían leerse; también vio un mostrador con joyería de todo tipo: anillos, aretes, pulseras, gargantillas y otras cosas que no identificaba, con pedrería muy vistosa o con las formas de calabazas, gatos, diablos y de nuevo las sempiternas calaveras. Pese a lo reducido del local, había un gran surtido de cosas y muchas le gustaron, era algo que jamás había visto y que le atraía la atención poderosamente; estaba distraída cuando escuchó una voz por sobre el mostrador, la niña brincó un poco y se encontró con una muy extraña pero sonriente cara; la dependienta tenía la cabeza semi rapada pero conservaba un mechón de cabello púrpura en la parte de atrás, sus orejas, nariz y boca lucían muchos accesorios como los que había visto en el mostrador y vestía una especie de bata de terciopelo negro ceñida a la cintura con un muy ancho cinturón con estoperoles
— ¡hola amiguita!, ¿te gusta algo? eres pequeña para ser una "goth girl", aunque bien podrías ser una "emo"—
Lavinia la miró sin atreverse a decir nada; sí le gustaban muchas cosas, pero de inmediato se dio cuenta de que jamás podría usar nada de eso; sus padres, en especial su madre, jamás permitirían que su hija se vistiera así, o escuchara esa música... esa música. Escuchó a su madre llamarla y después de sonreír tímidamente, echó a correr fuera del local, llevaba en la mente dos "palabras" que investigaría: "goth girl" y "emo".
Los emos no la convencieron, los veía como niños delicados y quejumbrosos, cierta compulsión de autolesionarse le parecía estúpida y esa autocompasión que estaba siempre presente en su discurso le parecía falsa, cuando no hipócrita. Pero lo gótico era muy distinto; había muchas corrientes, desde el gótico clásico hasta el medieval o el rural, el gaélico o el escandinavo; el de américa y el europeo eran muy disímbolos, y todos tenían tipos de música y de vestuarios distintos; varios se basaban en corrientes culturales y épocas históricas diferentes y el darse cuenta de la bastedad de esa subcultura la dejó asombrada; y conforme más averiguaba más le gustaba, encontró listas de escritores que buscó de inmediato: desde los clásicos como Poe o Lovecraft, hasta autores de la corriente romántica como Horacio Quiroga o el naturalismo con Jack London; en realidad casi todo cabía literariamente si en la historia había un elemento obscuro, cruel o que citara al horror de alguna forma, incluso la poesía de Withman o de Nervo. Lavinia de inmediato comenzó a buscar a todos estos autores para "devorar" sus páginas y empaparse de esta subcultura tan nueva para ella. Su madre vio esta nueva afición por la literatura con agrado y le permitió hacerse de algunos títulos, aunque le fiscalizaba toda lectura, por lo que la chica tuvo que pasar muchos de ellos de contrabando, afortunadamente su habitación era el reducto mínimo e íntimo al que siempre tuvo derecho, por lo que una visita general bastaba a su madre para dejarla por la paz y técnicamente nunca entraba ahí. El cuarto comenzó a llenarse de literatura de casi todo tipo en tanto tuviera que ver con lo que Lavinia investigaba, luego vino la música, el rock sinfónico, los grupos dark y el goth rock, y aunque ciertas corrientes del mismo no la convencieron mucho, los escuchó hasta que fue escogiendo unos y otros, toda esta música iba llenando poco a poco su cabeza al mismo tiempo que la música barroca o la medieval; se volvió una esponja que se nutría de todo lo obscuro o subterráneo que encontraba, pero se dio cuenta que necesitaba una guía, algo más cercano que el internet, el problema era que estaba muy vigilada, hasta que entró a la secundaria.
En la escuela había algunas chicas y chicos que también gustaban de estas cosas, pero para ella era difícil acercarse, sobre todo porque la mayoría eran de grados superiores, cuando no de preparatoria, y se sentía intimidada solo de pensar en hablarles; afortunadamente Lupe y las otras amigas que hizo en el salón no la criticaban por esto, y aunque fueran un poco superficiales, entendían que a ella le gustaran cosas "distintas" en cuanto a música o moda se trataba; Lupe incluso pensaba que Lavinia podría llevarse muy bien con cierta tía suya. No es que Lavinia fuera rara, solo era un poco diferente, pero ¿qué adolescente no lo es? además, no era como si sacara ese lado "siniestro y tenebroso" en todos lados, y menos en la escuela, la experiencia no había sido buena; afortunadamente, algunos de ellos no la rechazaron; dejó de importarle ser popular o alguna de esas tonterías, teniendo a su pequeño grupo de amigos, era más que suficiente.
ese día en la escuela todo es como siempre, o más bien, casi como siempre; todas se fijan en que Lupe no está en su mejor día, está algo distraída y no muy animada; varias de ellas intentan averiguarlo, pero no obtendrán nada, Lupe solo dice que no ha dormido bien y nada más; pero a la hora de la salida se encuentran con una sorpresa que, de momento, las deja muy extrañadas: justo frente a la puerta, hay un auto clásico negro perfectamente bien conservado, y aunque es precioso, Lavinia no le hacía mucho caso hasta que algo le llamó la atención; sobre la capota del auto estaba sentada una mujer sacada de la portada de una revista de pin-up de los 50's: vestía unos jeans de corte pescador muy ajustados, una blusa negra sin mangas anudada arriba del ombligo y que apenas contenía el generoso busto; llevaba el pelo peinado a la moda de los 40's, con un crepé abultado al frente y liso detrás; sus ojos azules, casi violetas, destacaban tras unos minúsculos lentes circulares ahumados que bailaban en la punta de su nariz, y una sonrisa diabólica enmarcada en labial rojo fuego le adornaba el rostro, ¡estaba preciosa!, pero su corazón dio un vuelco cuando se dio cuenta de que la conocía, ¡era la mujer de la librería! Lavinia siente que le falta el aire mientras se pone roja, muy roja; las chicas contemplaban el cuadro con curiosidad y se congelaron cuando se escuchó una voz que llamaba a Lupe con un grito; desde dentro del auto, una mujer rubia la saludaba agitando la mano; la reclamada dio unos pasos al frente mientras la mujer de pelo negro se acercó rápidamente a ella y le pasó un brazo por encima, Lavinia no podía creerlo, ¡su amiga la conocía! y al parecer eran muy cercanas, escuchó apenas que le decían algo de una clase, pero todo fue muy rápido; la chica se quedó junto a las demás mientras la mujer y Lupe caminaban hacia el auto.
El regreso a casa fue lento, la única idea que De la Mothe tenía en la cabeza era esa nueva imagen de la mujer de la librería, era totalmente diferente a lo que ella recordaba, pero a la vez lucía muy bien, también ese look de pin up le sentaba de maravilla; Lavinia se sorprendió pensando en esos ojos azules y en la sonrisa de labios carnosos, invitantes... ¿p-por qué estaba pensando en eso?... y lo más preocupante ¿por qué de esa forma? el resto del camino fue muy largo para la adolescente. Ya en su habitación, las preguntas no dejaban de brotar de su contrariada mente; ¿le atraía? sí, definitivamente lo hacía, tenía un aire misterioso y magnético que la hacía no solo interesante sino que incluso hechizaba; pero entonces ¿le gustaba?... bueno, era una forma algo fuerte para llamarle a eso que sentía, aunque, no tenía nada de malo que le gustara, las dos veces que la vio se veía muy bien, peinada, perfectamente maquillada, pero sin exagerar, su sonrisa era fatal y su mirada... eso la preocupaba pero lo que más la confundió fue el salto que dio su corazón cuando la vio, ¿por qué...? la muchacha comenzó a temer que estaba enamorada.
La comida y el resto de la tarde lo pasó en silencio, afortunadamente, las tareas la distrajeron por un buen rato; ella estaba muy conflictuada por este descubrimiento, siempre pensó que con el tiempo conocería a un buen chico, se enamorarían y se casarían, o al menos ese era su recuerdo más inmediato, de cuando era una niña más pequeña, solo que hasta donde lograba recordar, nunca le gustó ningún chico, a veces tuvo preferencia por algún actor de cine o de televisión, pero si se ponía a analizar el asunto, no era por su rostro, los veía guapos pero no la atraían así; empezó a darse cuenta de que en las películas siempre estaba más al pendiente de las actrices, las miraba demasiado y se sentía culpable de algo, aunque no sabía de qué, entonces buscaba una contraparte para admirar y esa película la veía con el pretexto del actor o de la historia, pero en realidad había una mujer que le atraía en ella. Se sentía confundida, sus padres, sobre todo su madre, siempre hablaban de los matrimonios heterosexuales como la base de la sociedad y del país, veían con muy malos ojos a los homosexuales y los criticaban abiertamente, cuando no los insultaban; Lavinia creció creyendo todo eso hasta que... se encontró aquí, "enamorada" de esa mujer y con este conflicto metido hasta el fondo del cerebro.
.
.
.
.
.
.
.
Gracias por leer este fic.
Por favor comenten, sus comentarios me nutren.
¡POR PIEDAD, COMENTEN!
