MEJORES amigos por siempre.
Earthbound/Mother 2 Fic.
Sinopsis: Porky Minch, antes conocido como Pokey, recuerda la última vez que Ness lo vio como un amigo, antes de como un enemigo durante su aventura. Esto ocurre unos dos meses antes de Earthbound/Mother 2 y los personajes no me pertenecen, sólo a Nintendo y a Shigesato Itoi. Este es un AU (Universo Alternativo en español.) Qué no tiene nada que ver con el canon de EB/M2, y tampoco mi AU personal, sólo lo he escrito para esta historia en particular.
Anochecía y dos pequeños de 13 años estaban en el patio trasero de los Minch, familia que era conocida por ser la más horrible de todo Onett, nadie les hablaba ni menos podían soportarlos, sólo sus vecinos tenían una relación algo tensa entre ellos y se llevaban lo suficientemente bien para no mudarse de allí en un buen tiempo. Cosa que no coincidía si veías más de cerca las cosas, los hijos de estos eran como uña y mugre, y eso incluye a los hermanos mayores, tantos años siendo mejores amigos motivo a uno de ellos a hacer un regalo, de poco valor monetario pero mucho valor emocional.
- ¿Por qué me das esto? - Dijo un rubio regordete, arrugando la nariz con incertidumbre, realmente era su primera vez recibiendo un regalo de un amigo o más en concreto, de un amigo real. - Acaso, ¿Te estás burlando de mí Ness? - Completamente confundido por su regalo apretó los dientes para contener las lágrimas, ¿Si quiera él merecía algo como esto?
- Pokey, ¡Te obsequio porqué eres mi mejor amigo tonto! - Rodo los ojos un azabache de gorra roja, remarcando la obviedad de todo el asunto, y posteriormente sonrió. - Sé qué no es mucho, pero esto representa todos nuestros momentos juntos. - Dijo entusiasmado, era un juguete que tenía desde hace muy pequeño, y con el cual Pokey y él jugaban todas las tardes, incluso llego a aprender trucos con el pequeño aparato sólo para él.
Pokey estaba completamente inmóvil, no sabía que hacer o decir, ¿Debería agradecerle? ¿Debe rechazarlo? De nuevo, ¿Él merecía esto? Él rubio trago saliva y observo más detenidamente el juguete que él azabache le ofrece entre sus morenas manos. Era un pequeño Yo-yo, rojo, algo gastado, y aún funcional que le estaba ofreciendo tiernamente con una sonrisa de oreja a oreja, el mismo que había traído consigo la vez que se conocieron, el mismo tonto juguete que tomo tanto tiempo dominar y conservar... El mismo juguete, que Ness le ofrecía ahora.
Él ojiazul no podía dejar de temblar, seguía con preguntas, estaba inquieto, y completamente destrozado, Ness amablemente extendió aún más el juguete hacía su mejor amigo y rio.
- ¡No tengo todo el día! ¿Podrías tomarlo? ¿Por favor? Quiero realmente regalártelo, así si nos separamos... Podrás recordarme. - Dijo con una voz calmada y algo somnolienta, Ness siempre había sido algo dormilón y realmente quería volver a casa y darse una siesta, pero a la vez estaba impaciente por una respuesta de su amigo, estaba matándolo.
Silencio, ninguno de ellos se atrevía a romper el silencio entre los dos, pero no era incómodo, era extrañamente acogedor gracias a la sonrisa reconfortante que tenía Ness en ese momento. Él azabache conocía tan bien a él rubio que intuía que iba a decir exactamente después del silencio y qué haría igualmente, estaba preparado y nada de eso iba a cambiarlo.
- Esto es basura. - Dijo de repente él ojiazul. A pesar de que él de ojos zafiro sabía que ocurriría no podía dejar escapar una sonrisa aún más grande y malévola. - Al igual que tú Ness. ¿Sabes qué sería el mejor regalo para mí? ¡Qué dejarás de ser un sentimental de mierda! Dios eres tan... ¡Dramático! - Él rubio confeso pellizcando el puente de su nariz con desesperación, él pelinegro estallo en carcajadas y al fin él rubio tomo el obsequio con mala gana.
- No soy dramático, simplemente te apreció. Dios amigo, ¿Sabes cuánto significas para mí? Quiero decir, ¡Eres mi primer amigo de toda mi vida! Y bueno no gozamos de demasiados lujos, no te quejes. - Dijo sacándole la lengua, él rubio sólo rio un poco y le dio un pequeño golpe en el hombro.
- Ni qué fueras a irte mañana de mí vida o algo así, ¿Tienes una enfermedad terminal por comer basura? - Él pelinegro rodo los ojos y una risa sarcástica salió de sus labios.
- Ya quisieras hermano, lo único que tengo es mutismo selectivo.
- Vete de mi casa. - Ness accedió despidiéndose con la mano y yéndose rápidamente de la propiedad Minch, al poco tiempo un grito de su hermana pequeña Tracy se escuchó, dando bienvenida al azabache nuevamente a su hogar.
Pokey una vez más miro el objeto ahora en sus manos, y gruño hacía Ness por ser un tonto, no merecía ningún regalo de nadie y menos de un zopenco de gorra roja y ojos violetas. A pesar de eso entro en casa a hablar con Picky un rato antes de acostarse, y probablemente enfrentar su terrible realidad familiar.
Y eso era triste de recordar para él.
Todo lo qué Ness había sido para él, se había desmoronado por un ataque de celos, rencor y deseo de poder, si tan sólo hubiera mantenido su ego a raya… No hubiera perdido a su mejor amigo, ni mucho menos escapar a diferentes épocas en el tiempo para poder evitar lo inevitable.
El odio de Ness.
Jamás hubiera querido nada parecido, pero sus ojos desprendían rabia desde qué lo vio en la batalla de Giygas, eran tan frívolos, desprendían repudio y decepción hacía Pokey, él se sentía sucio de sólo pensar en sus acciones, pero ya estaba allí, sirviendo a Giygas y pretendiendo odiarlo todo este tiempo, de su bolsillo saco el pequeño yo-yo que le había obsequiado su amigo, dándole una certera sonrisa, casi estuvo por perderlo por un pequeño ladrón de rubio que estaba a punto de enfrentarle, por suerte, pudo rescatarlo antes de meterse en la capsula.
Pero, con lo anterior, nunca fue cierto, Ness, era probablemente una de las personas que más le importaron en su vida, a pesar de qué lo trataba mal, lo humillaba a veces o lo obligaba a hacer cosas qué realmente no quería, pero en el fondo, de verdad lo consideraba como una gran persona, pero nunca tuvo la consideración de hacerlo, su orgullo era mucho mayor.
Y por el mismo, había quedado varado en esta cueva, en la capsula absolutamente segura.
Se sentía miserable de nunca haberle dicho nada, claramente no podría ahora ni en un millón de años, Ness estaba absolutamente muerto ahora, escapo en los últimos minutos de la batalla de Giygas en el Distorsionador de fase del Dr. Andonuts, dejando a Ness y sus amigos a su suerte en aquella cueva al igual que recientemente, por no decir hace unos años, había pasado con él. Y aún era más imposible al estar encerrado en una capsula sin poder salir jamás, era su castigo y debía aceptarlo, no se arrepentía de lo que había causado, sin embargo, si de lo que pudo haber resuelto antes de irse.
Estaba completamente disgustado al si quiera tener recuerdos de todo lo sucedido en el pasado y ahora en el presente. Estaba dispuesto a dormir un poco en la capsula, pero una pequeña y fastidiosa voz interrumpió su intento de aliviar sus pensamientos, le daba miedo de sólo imaginar de quién se trataba.
— Hola. — Dijo la voz, no podía creérselo.
— ¿No qué deberías estar muerto? — Dijo con total repulsión, el aire se escapaba de sus pulmones.
— Lo estoy. — Respondió con simpleza y su extraña tranquilidad de siempre.
— Dios, ¿No puedo quedarme el resto de la eternidad sufriendo tranquilo? ¡Te felicito Ness! Como siempre eres él primero en arruinar mis planes como siempre. — El rubio con el pelo tapando sus ojos, rodo estos mismos, con el ceño fruncido, su contrario sólo se rio en respuesta. Una risa que no había escuchado en años y no deseaba hacerlo de nuevo en mucho tiempo. — Cállate, pareces un perro ahogándose con su propia saliva. ¿Qué haces aquí? — Dijo con aparente desinterés, aunque estaba expectante de cualquier signo de respuesta del pelinegro.
— ¡Qué agresivo qué eres! No nos vemos en años y así me recibes, me imagino como tratarás a tus nuevos visitantes… — Respondió con un tono juguetón que fue respondido con un bufido de parte de su amigo, prosiguió al instante. — He venido a hacerte una visita. Te veías algo triste hermano.
— No me digas Sherlock, si no me lo decías no me enteraba, ¿Cómo más me voy a encontrar en una pocilga de capsula de la que no saldré nunca? Oh y oye lo más bueno, ¡Soy inmortal y no tendré escapatoria de esta cárcel! GENIAL. — Dijo dándose un face palm y Ness volvió a reír. Ahora miro atentamente al azabache esta vez.
Lucia igual que cuando lo vio por última vez, su cabello negro desordenado escapándose perezosamente de la gorra roja que lo mantenía encarcelado, sus ojos violetas penetrantes, y por supuesto, su característica camiseta de rayas azul y amarillo junto a sus preciados shorts cortos, una diferencia notable era que se veía un poco más decaído, con ojeras visibles y el brillo de sus ojos se había ido por completo, se veía extremadamente cansado, sumando que sus piernas eran nada más ni nada menos que una pequeña cola rara fantasmal, alas de Ángel, y una aureola.
— Sé que es duro, sólo de verte me advierte que no la has pasado demasiado bien aquí solo. — Dijo acercándose poco a poco a la capsula y examinándola por fuera.
— Tampoco veo que estés en tú mejor momento. — Alzo una ceja el rubio. — Te ves demacrado.
Ness sonrió con sarcasmo y alzo igualmente una ceja. — No creo que tú seas él más indicado para decirlo, ¡Eres un anciano! Y lo digo literalmente, ¿Qué te ocurrió?
Trago saliva, claramente tenía razón, su pelo era canoso y no podía moverse demasiado, sin dejar de lado el hecho de que tenía barba ahora. Todo esto se debió a los viajes en el tiempo, de tanto viajar su cuerpo se debilito y perdió toda juventud que pudo haber tenido, a pesar de tener sólo 14 años, ahora no era más que un viejo de 60 por lo menos en aspecto.
— Estoy mejor de lo que tú piensas ahora mismo. — Dijo completamente inexpresivo. — No estoy tosiendo como un demente, o lo más apropiado, como viejo fumeta con cáncer de pulmón.
— Eso parece, ya que, las apariencias engañan. — El ojiazul tenía ganas de darle un puñetazo por payaso, pero no podía de todas formas, así que pregunto lo más sensato en esta situación de reencuentro con tú amigo muerto.
— ¿Por qué moriste? — Dijo a secas, Ness se quedó mudo ante esto y sonrió.
Silencio. Tal como esa vez con el Yo-yo, esta vez él rompió el silencio.
— No creo que haya sido por la vejez, te ves aún muy joven. ¿Qué ocurrió? — Dijo jugando con sus dedos con algo de ansiedad encima.
Una vez más nada, sólo se escuchaba rebotar su voz por las paredes de la cueva en donde se encontraban, junto a gorgoteos lejanos, se estaba desesperando.
— Ness, responde ya. — Dijo exigente por una respuesta, nuevamente no hubo ninguna. — ¡Maldita sea háblame!
— ¿Me extrañaste? — Soltó de repente, se sentía tan furioso que siquiera quería responder a la pregunta.
— Claro que no. — Mintió. — Eres repugnante.
— Yo si lo hice Pokey. — La poca cordura que le quedaba estallo en miles de pedazos, ¿Qué diablos pasaba con él?
— No me digas así, ya no es mi nombre, soy Porky para ti.
— No te diré así. — Respondió el portante de PSI.
— No es que me digas así, es mi nombre. — Dijo tratando de no romper la capsula ahora mismo y estrangularlo.
— No lo es, jamás te diré de esa forma, con ese nombre te molestaban, prometí jamás romper la promesa, los amigos no se traicionan.
La promesa.
Esa promesa.
La que él jamás cumplió y a pesar de todo Ness aún era tan considerado para mantenerla a flote.
Definitivamente no merecía aquel regalo…
Porky perdió los estribos.
— ¿Eres estúpido? — Al azabache no pareció importarle la ofensa. — Escúchame bien Ness, te odio, y siempre te odie, tenía envidia de ti y te traicione, ¡Te use! ¡Sí, como lo escuchas! ¡TE USE Y LO NUESTRO NUNCA FUE REAL! Por favor, vete de aquí y déjame solo, lo último que quería ver es tú cara. Si viniste por una disculpa, no la obtendrás.
Aún así Ness no dijo nada y se mantuvo sonriendo, para él rubio era de lo más irritante ver su sonrisa cuando lo que quería era destruirlo. Simplemente estallo en carcajadas.
— ¡HABLO EN SERIO NESS! ¡NO ME ARREPIENTO DE NADA DE LO QUE TE HICE! — Dijo con la voz flaqueando, sí se arrepentía, de verdad lo hacía…
— Soy psíquico, ¿Recuerdas? ¡Puedo leer tú mente! — Su risa se intensifico aún más, Porky quería era patearle el trasero. — ¡Mientes, si me extrañaste y te arrepientes de todo!
— ¿¡Qué he dicho de usar tus mugrosos poderes conmigo!? ¡Prometiste no hacerlo!
— Oh pensé romperla, quiero decir, ¡Tú hiciste lo mismo! — Paro de reír al ver el semblante serio de Porky cambiando a uno más melancólico.
— No me disculpare jamás contigo. Pero sí, me arrepiento de haberlo hecho. — Admitió suspirando.
— No te preocupes, yo te perdono. — Dijo sin pensar, Porky estaba aún más molesto.
— ¿Por qué? — Pregunto.
— ¿Mhm? — Ladeo la cabeza ante la pregunta, con sus alas se posiciono arriba de la capsula mirando la extensión de la cueva.
— ¿Por qué me perdonas?
Tarareo buscando una respuesta óptima que no hiciera enojar más al rubio. — Porqué… ¡Eres mi mejor amigo y jamás podría odiarte! Aunque lo intentará no podría, y juro que he intentado muchas veces odiarte, pero simplemente es imposible.
— Eso es tan asquerosamente dulce… No espere menos de ti. — Se gano una nueva risita de parte del de gorra roja nuevamente. — Ahora, ya que estás contestón, ¿Por qué moriste?
— No pudimos salir de la cueva del pasado. — Dijo Ness rápidamente, y suspiro a lo último. — Lo siento.
— ¿Qué?
— No pudimos. Después de que te fueras, todo colapso y quedamos entre los cimientos. Lo siento.
— ¿Tú y tus amigos murieron? — Asintió levemente el pelinegro. — Oh, no, yo lo siento.
— Está bien, no tienes por qué tener la culpa de todo esto. Digo, éramos unos pobres tontos, ¿Cómo pudiste haber sabido?
— Um. — Hizo una pequeña pausa antes de hablar. — Mandé una carta a tú casa después de irme de allí, y creí que la habías leído.
— ¿En serio? ¿Qué decía? — Dijo bastante intrigado.
— No demasiado, de hecho, ya no importa. — Ness hizo un puchero, seguía siendo tan inmaduro como siempre lo fue a pesar de haber estado muerto por años.
— ¡Bien! Me quedaré con la duda, pero la combatiré con otra. ¿Qué pasó con mi yo-yo?
— Oh, ¿Lo quieres de vuelta? — Dijo Porky sacándolo de su bolsillo, pasándoselo hasta que el cristal se lo permitió, Ness volvió a sonreír, pero está sonrisa era más grande que cualquier otra.
— No, es tuyo. — Dijo alejándose de su amigo.
— Yo no merezco esto. Es tuyo Ness.
— Pokey, lo mereces más que nadie, eres a la única persona que consideré algo más que un amigo, un hermano, por favor, quédatelo… Así podrás recordarme.
Dijo el pelinegro a punto de irse, Porky lo frenó.
— Ven a visitarme, por favor. — Dijo en un hilo de voz inaudible para cualquiera.
— Trataré.
Sin más nada que decir Ness desapareció, sin dejar rastro, Porky suspiro y volvió a mirar el juguete, ahora con una sonrisa.
Tal vez si lo merecía consigo después de todo.
Hacer cosas sentimentales se me da fatal y la escritura en general, perdón si esto está horrible y sin sentido, ¡Lo escribí para un público en específico que sabe el porqué de todos los acontecimientos!
Gracias por leer.
