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La salida por TSA había sido todo un evento para el grupo de Jóvenes debido a las largas filas por ser víspera de Navidad.
Se encontraban muertos de la risa mientras miraban a un furioso Archie caminar descalzo, con la correa en una de las manos, los zapatos en la otra y la maleta medio abierta a un futuro novio se le había ocurrido traer consigo varios artículos de metal, que al cruzar por los rayos x del departamento de inmigración y aduanas hicieron sonar las alarmas y el protocolo de seguridad se activó.
Archie fue separado y llevándole a un lado, procedieron a revisarle por completo su equipaje y pertenecías a vista de todos los que pasaban por el lugar.
La mesa se llenó de cremas masculinas para el cuidado de la piel, ropa de exclusivas marcas y otros elementos que hicieron a más de uno voltear a ver todo aquello esparcido fuera de la maleta del castaño.
Los encargados de seguridad trataban de no dejar salir de sus labios las risas que luchaban con emanar a la luz al ver todo lo que el joven llevaba consigo.
Annie observaba con pena a su futuro esposo, mientras Stear, Patty, Luisa, Neil, Elisa y Candy morían de las risas por las caras que hacía Archie. El más joven de los oficiales tomó varios envases de cremas y protectores solares que pasaban el límite del tamaño permitido y los tiró a bote de la basura mientras el joven castaño le miraba incrédulo por dicha acción.
Otra de las damas encargadas tomó con sus manos enguantadas una máquina para masajes que continuaba vibrando y cuya forma muy particular hizo que la misma se sonrojara.
Habían hecho una fila de más de media hora, solo para poder pasar por las máquinas de verificación de infrarrojos del aeropuerto, y ahora tenían que esperar porque el aspirante a modelo de la revista GQ no había aprendido a viajar sencillo y seguir las normas.
— Te dije que prepararas tu equipaje mejor, cuñado. —Comentó Patty risueña, entretanto, se quitaba los lentes para secar las lágrimas que caían por la risa, mientras el joven entraba todo de vuelta a la maleta. Archie odiaba ver su ropa desorganizada y estrujada, esa era parte de su personalidad y nadie osaba con cambiar o tocar sus cosas.
— Debiste ver tu cara cuando te separaron a un lado. Ja ja ja —exclamó Candy al dejar salir una carcajada que llamó la mirada de varios que al igual que ellos se dirigían al avión que los llevaría a su destino:
Las Vegas.
Luego de sacar cuentas y analizar los planes a futuro, los jóvenes, Archie y Annie, habían decidido que lo mejor era casarse en ese lugar.
Solo con sus amigos, ya que sus padres estaban fuera del país y su tío les alcanzaría más caminaban riendo y haciendo chistes a costa del joven castaño que aún no superaba la vergüenza que había pasado.
«¿Qué de mal tenía el cuidarse un poco más que los demás? ¿Acaso un hombre no debía proteger su piel?», pensó mientras molesto seguía agarrado de la mano de Annie.
Ella le miró y le sonrió a medias, temía dejar salir la carcajada. No iba a herirlo, amaba cada manía del joven y sobre todo el poder compartir cosas que con otro jamás podría hacer, pues ella era al igual que el muy, pero que muy cuidadosa con su piel y ropas.
Neil colocó su mano en el pequeño vientre de su esposa y sonrió al sentir la patada que este le daba, estaba seguro de que su hijo sería el jefe de la futura pandilla.
El moreno se convertiría próximamente padre, siendo el primero del grupo y eso le llenaba de orgullo.
— Hasta Neil Jr se ríe de ti primo. —comentó Luisa entre risa. Su abultado vientre la hacía verse aún más hermosa, la maternidad le había caído muy bien y esto era algo que disfrutaba su esposo.— No es gracioso.— Añadió con voz molesta el Archie.— La próxima vez deja que Annie te prepare el equipaje y listo. —Sugirió la rubia pecosa, quien aún no paraba de reír.— Eso nunca. —Arremetió molesto mientras tiraba al suelo los caros zapatos de vestir y comenzaba a colocárselos.— Miren chicos, ahí viene mi boleto a la fortuna. —comentó Elisa haciendo que todos volteasen y vieran a un castaño elegantemente vestido, saliendo del TSA Pre-check. Mejor conocido como la zona VIP, donde se pasaba aduana sin tener que quitarte nada y con menos verificación que los demás.
Jamás un Granchester haría fila.
Su mejor amigo y casi hermano había decidido casarse con su novia de 2 años, y lógico que le acompañaría.
Archie le había pedido ser el padrino y aunque el castaño ofreció su avión privado para el viaje, el futuro esposo le había pedido, por esta vez, fuesen en vuelo comercial, ya que las chicas compraron con mucho esfuerzo dichos boletos.
Archie prefirió no contarle de la lastimosa situación económica de su prometida y mejor amiga. Temía que se sintieran humilladas si el castaño hiciese un comentario fuera de la primera vez que la rubia viajaba lejos de New York y saber qué, gracias al fruto de un año de esfuerzo; había logrado hacer que su sueño se hiciera realidad: subir a un avión, aunque no fuese el viaje que ella deseaba, por lo menos era algo.
"Algún día iría a Londres" siempre les decía y ellos sonreían al ver el brillo en los ojos de la y Annie, ambas habían salido de un orfanato, nunca fueron adoptadas y al llegar a la edad de 18 años tuvieron que dejar aquel lugar que conocían como su hogar.
Juntas se habían establecido en un pequeño departamento en la ciudad de los rascacielos, lograron trabajar y la rubia pudo entrar en la carrera de publicidad, donde hace dos años se había graduado y laboraba en una revista para mascotas muy cerca de su nuevo hogar. La paga no era muy buena, pero podía ayudar a desarrollar el deseo a los animales atreves de las campañas que realizaba. En especial para los niños de la comunidad. Había logrado ver frutos en su trabajo de los cuales se sentía muy orgullosa.
Annie laboraba de recepcionista para uno los bancos más importantes de Manhattan y fue allí donde conoció al gerente de operaciones e hijo de unos de los dueños, Archival Cornwell. Fue amor a primera vista y luego de un corto noviazgo, por fin le pedía ser su no era la típica mujer que soñaba con una boda grande y de cuentos de hadas, ella buscaba la estabilidad económica que le brindaba su prometido.
No es que no lo amaba, era que bastantes penurias había pasado, como para esperar por una gran boda y derrochar dinero en vanidades que llenarían las bocas de los demás, no la de volteo la mirada en el momento en que esos ojos zafiro, con quien tanto soñaba desde la primera vez que lo vio, se cruzaron con los suyos, ella odiaba la arrogancia y la prepotencia de aquel hombre y peor aún el que fuese tan apuesto que le pareciera casi de mentira.
Cualquier ropa que vestía se ceñía a ese duro y musculoso cuerpo como si fuese un guante hecho a mano. No existía fémina que, al pasarle por el lado, pudiese disimular y le mirara de forma seductora.
Ella había luchado desde aquella tarde de invierno en que le conoció junto al grupo de jóvenes, por no demostrar lo que sentía por él. Solo Annie sabia su gran secreto y ella se lo llevaría a la tumba.
Sabía que la diferencia en la clase social era del cielo a la tierra y que el joven podía tener a cualquier mujer a sus pies. Menos a ella, pues para él, no existía.
Ya lo había visto en más de una ocasión con diversas modelos hermosas y de voluptuosas bellezas, la cuales se brindaban al hombre sin ninguna vergüenza.
En el tiempo que llevaba compartiendo con Annie y su novio, el siempre estaba alrededor de ellos y nunca le había brindado tan siquiera una mirada.
Así que suspiró nuevamente resignándose a solo verlo de lejos, volteó a otro lado y dejó a Elisa hacer su magia con aquel engreído.
La pelirroja estaba acostumbrada a estar detrás de él cada vez que compartían y el simplemente le sonreía y jugaba con ella como si fuese un gatito o mejor dicho gatita y él su amo.
— Buenos días. — saluda el castaño al grupo mientras se acerca a Archie y le ofrece un abrazo. — Un inglés llegando tarde. —comenta Stair al estar frente a Terrence y saluda cordialmente. Se consideraban más que amigos, desde niños compartían y habiendo establecido lazos muy fuertes.
— Tenía que firmar unos contratos antes de salir. —le explicó un poco avergonzado por la tardanza.
— Hermano, estamos aquí para celebrar la boda de este. —Arremetió Neil, quien saluda al castaño y le da una sonrisa cómplice. — Así que cero trabajo.— Trataré; sin embargo, no te aseguro nada. —añadió sonriendo de lado y por un segundo Candy sintió que el corazón se había detenido.
— Hola Terrence, y a mí, ¿No me saludas? —La chillona voz hizo que el grupo de hombres se alejara y le diera paso a la joven pelirroja, quien se acercaba contoneando sus caderas de forma extremadamente subjetiva.
Sí, esa era Eliza Leagan, en especial cuando veía al castaño.— Por supuesto que sí. —la mujer le saluda con un leve beso en la mejilla mientras coloca una de sus manos sobre el fuerte pecho del hombre y de forma descarada le acaricia sin dejar de mirarlo a los ojos.
Ella disfrutaba del toque, mientras que Terry comenzó a retirarse de las garras de la mujer y pidiendo permiso se dirigió a la futura esposa y a muchacha le miró molesta, ella había tenido a sus pies incontables hombres y este la hacía a un lado como si apestara.
— Hermanita olvídate de él. —Comenta Neil. El joven sabía que al inglés no le gustaba Elisa y menos la forma tan descarada de actuar frente al grupo.
— Pues ya veremos lo que sucede ahora que estemos solos en Las Vegas. —Susurró volviendo la mirada al castaño, quien hablaba con Annie y Patty, esposa de Stair. El inglés caminó unos pasos y se dirigió a Lucia y a Candy, saludó a la rubia sin mucha algarabía y puso toda su atención a la futura madre.
— Me disculpo, voy por un café. —Hablo Candy mientras se alejaba al Starbucks más cercano, no le gustaba estar tan cerca del engreído, prefería divagar en la sala de espera que oler aquella fragancia que la hacía añorar, algo que jamás sucedería.— ¿Tú y Candy como que no se llevan bien? —Preguntó Neil mientras abrazaba la abultada cintura de su esposa.
— La verdad que no le he prestado atención. —Por primera vez volteó la mirada a verla. Allí, en la fila de la cafetería, la analizó de arriba abajo y recordó que siempre ella se alejaba. Pensaba era tímida, pero nunca que el no le era de su agrado.
Era la primera mujer que no le mostraba atención y menos deseos y eso le molestó.
— Quizás tus poderes con las féminas han disminuido y ella es inmune a tus encantos. — Bufó Neil riéndose de la expresión de Terrence antes aquel comentario. Lisa prefirió apartarse de aquella conversación que sabía no traería nada favorable al castaño.
— No me interesa atraer una mujer como ella. —Comentó en un tono serio y tosco.— ¿Bella, de buen cuerpo, trabajadora, noble y sincera? ¿A este tipo de mujer te refieres?. —le interrumpió Neil, quien desde que la conoció, y si no fuese por su esposa, le habría caído detrás a la rubia.
— Insípida. —contraatacó al darse cuenta de la mujer que nunca le prestaba atención. Ella siempre se mantenía lejos de él como si fuese la peste.
Sí, la había visto, pero nunca se fijó a observarla, era la hermana de su amiga y eso era sagrado, no mezclaba las relaciones amorosas con amistades o familia de sus conocidos.
De ahí que nunca le había hecho caso a las insinuaciones de Eliza, la hermana de su amigo era extremadamente descarada, pero el la mantenía a rayas en su agresivo coqueteo.
— No es el tipo que me gusta o me atraería. —mintió, porque por primera vez se daba cuenta de la belleza sin igual y de que nunca había visto a otra como ella. Terry comentó sin notar que a pocos pasos una rubia pecosa de ojos verdes escuchaba dicha conversación y que, con estas palabras, su corazón se rompía ante lo imposible que sería solo el pretender una mirada de él.
Respiro profundo y camino hacia Annie e intentó ignorar aquello que había escuchado y que sabía era la realidad de su vida. Él jamás la miraría como mujer.
– Aquí estás. —gritó Annie al verla.— Ven que ya vamos al área de espera. Las jóvenes comenzaron a caminar junto con el grupo, que ya adelantado llegaba a la puerta donde abordarían el avión.
Entre bromas y risas se reunieron a esperar, sin embargo, más de una vez Candy pudo notar que el castaño la miraba. Podía sentirse observada por él y por primera vez se sintió nerviosa de compartir junto al grupo.
– ¿Te pasa algo Candy? —preguntó la morena en casi un susurro al ver el estado de su amiga.– No, nada es... —pensó que si decía lo que sentía, su hermana la catalogaría como loca. – Es por él ¿Verdad? –la interrogó y ella se sonrojó al darse cuenta de que Annie realmente la conocía.
oOoOoHola bellezas, este cortito estaba escondido en mi celular desde hace un año atrás, cuando viajaba a Las Vegas y antes de subir al avión Alfonsina me dio la orden de que escribiera algo mientras estaba en el aire. Hace pocos meses volví a esta ciudad y en el avión decidí continuar la historia inspirada en una orden de la chicas de los labios rojos. Espero te guste Alfonsina... Besos de Nutella... Fantasia
Prometo terminarlo pronto, antes que me manden a hacer otro.
