"—¡Claro que nos volveremos a reunir, [...] será el día en que los diarios me proclamen como el Rey de los Piratas, solo entonces podré volver a reaparecer por el East Blue a buscarte. Y mi primer destino será Cocoyashi.
Directo, infalible y puro. Así es cómo Nami recordaría a Monkey D. Luffy hasta su próximo reencuentro."
TRAICIÓN PLANIFICADA
CAPÍTULO 28: BUSTER CALL
Nami se precipitó por la ladera del Gran Volcán como una condenada fugitiva dejando atrás a aquel chico con sombrero de paja y lo que eso implicaba. Aferrándose al deseo de vivir que Luffy le había devuelto, avanzó decidida a zancadas sobre la grava volcánica con las lágrimas dejándole ver poco o nada por donde pisaba, y aunque doliera, aquello era una maldita metáfora que definiría la vida que le esperaba.
Cuando llegó por fin a lo que era el pie del volcán asfixiada de la carrera que había hecho, el panorama que le esperaba allí abajo fue tan devastador que pudo sentir en su piel el terror de un ave acorralada: una hilera de imponentes buques de la Marina se avistaba en el horizonte al igual que le avisó Luffy, y claramente sería cuestión de poco tiempo que la Buster Call arrasara con la isla. Ella, aunque ya iba mentalizada, no hubiera esperado que la Marina acudiese tan rápido.
Cuán aterrada se sentía que empezó a considerar la idea de rendirse antes que afrontar semejante masacre. En su cabeza esta idea se hacía cada vez más real y dura.
Pero por enésima vez se hizo fuerte y corrió a sacar a Vivi del Thousand Sunny antes que dejarse paralizar por el miedo.
—¡VIVI, TIENES QUE SALIR DE AQUÍ! —aporreaba la puerta del acuario —No hay tiempo, por favor, por favor...
La princesa no ignoró a la hermana pequeña de Nojiko, pues el enorme pánico que su voz le transmitía no era normal. ¿Algo tan gordo estaba sucediendo allá fuera para que una mujer como lo era Nami quien se había dejado conocer de específica manera sonara así de... de asustada? Por ese motivo decidió seguirla y dejar atrás el lugar donde anteriormente los Mugiwaras le habían pedido que permaneciera por su seguridad.
Ya escondidas tras las rocas de la playa, al ver a lo lejos el "castigo divino" que se avecinaba, Vivi entendió que había hecho bien en seguirla.
—Gracias, Nami-san... —se volteó —¡Oh, no, tu hombro...!
—Ah, sí... Mi herida debió de abrirse cuando corría hacia aquí.
—Estás perdiendo mucha sangre...
La pelirroja quiso decirle que estaba bien, que no se preocupara. Ya se consideraba un milagro en sí que su hombro perforado no se hubiera desprendido después de haber sufrido el ataque de luz del almirante Kizaru. Lo importante era que en ese momento aunque su salud peligraba no se encontraba sola. Estaban juntas en esa pesadilla y lo agradecía, sin embargo eso no era suficiente para hacerle olvidar el cansancio, la adrenalina y sobre todo la responsabilidad que cargaba por la magnitud del desafío. Era una montaña rusa de emociones que empujaba a la pobre a los límites de cualquier humano, solo rezaba por que Vivi no volviera a insistir en su salud ya que poco podían hacer. Nami se negaba a mostrarle debilidad, pensó que si su muerte llegaba a ocurrir, iba a ser muy patético ¿verdad? No podía caer allí después de haberse atribuido a esta chica como su responsabilidad y de haberle prometido a Luffy protegerla... Si tan solo tuviera un poco más de fuerzas, le sería más fácil cumplir con lo que juró en el Gran Volcán. La pérdida de concentración por el cansancio le dificultaba trazar un plan para escapar de aquella amenaza que parecía insuperable.
En ese momento de crisis, la sorprendió un hilo fino de sangre deslizarse de su nariz. Nami se asustó. Su pobre corazón empezó latirle con fuerza, a hostigarla desde el interior. ¿Acaso le estaba llegando la hora? ¿Era el castigo de correr como una loca cuando ya se encontraba en las últimas?
Su respiración agitada le hizo sudar.
No quería morir ahí, no quería...
—¿Estás bien, Nami-san? Estás temblando...
—Sí, estoy bien... —titubeó al tiempo que se limpiaba la nariz.
—No aguanto verte así. Voy a buscar a Chopper-kun —resurgió de las rocas cuando fue agarrada de la muñeca.
—Nos descubrirán. Vuelve a agacharte.
—¡No voy a quedarme a ver cómo te desangras sin hacer nada!
—Vivi, espera...
—¡No, suéltame! Ni siquiera tienes fuerza para retenerme.
—Te he dicho que estoy bien.
—¿Piensas que no lo veo, Nami? ¡Necesitas ayuda!
—¿Y A QUIÉN SE LA VAS A PEDIR? —cerró los ojos por la frustración —¡Estamos solas! Luffy y los otros están en el volcán moviendo cielo y tierra para darnos tiempo!
—¿¡Por qué harían eso cuando podemos huir todos juntos!?
—Son ellos el motivo de la Buster Call. No hay otra opción que dejarlos atrás y que cada uno mire por su bien.
—Entonces no debiste haber venido a por mí.
Nami relajó la mirada y una sonrisa torcida se le asomó en la cara:
—Ya veo, aún no confías en mí.
—¿Qué? No es eso. ¡Tu hermana Nojiko se sacrificó por mí!
—Sí ¿y qué?
—¡Pues que no quiero volver a ser una carga! ¿Por qué llegarías tan lejos por mí? Por favor, no quiero ponerte en peligro... ¡No hay nada que nos una!
—Conque es eso, aún te sientes culpable por lo que pasó. Escucha, es cierto que no somos cercanas y nos acabamos de conocer, ¿pero sabes? Quiero proteger algo por lo que mi hermana dio la vida. Eso es lo que nos une.
—Nami...
—Y al igual que Luffy, quiero que vuelvas a casa sana y salva, Nefertari Vivi —alzó la vista al cielo —Haré por ti lo que Luffy no puede.
Las dos mujeres subían la escalera del enorme buque con la cabeza gacha. El plan de última hora había funcionado: recurrieron a la posición de Vivi pues como personaje político era el único as bajo la manga que tenían para escapar de allí. Sin embargo, no podían celebrarlo, la tensión la sentían sobre ellas al igual que decenas de miradas de soldados.
—Su alteza, ponemos rumbo a Arabasta ya mismo.
—No espero menos, comandante —respondió la peliazul —Aún no puedo creer que fueran a bombardear sin asegurarse antes que yo no me encontrara aquí. ¿No está mi desaparición anunciada en los periódicos junto al nombre de la isla? ¿Qué dirá mi padre, el Rey Cobra, cuando se entere?
—Nos aseguraremos de recompensar a su reino.
—Nunca será suficiente. Otra cosa más —no dudó en pedirles más y más a esos tontos marines —Mi compañera necesita una habitación y el mejor médico de abordo.
La nombrada estaba orgullosa del talante envidiable de la heredera al trono, sin embargo se negó a lo referente a ella. No era el momento, ni se le pasaba por la cabeza ir a descansar en un camarote y perder de vista lo que tenía delante.
En unos segundos iban a abrir fuego contra Erlandia y Nami necesitaba estar presente.
Se quedó en la popa cuando notó que el barco empezaba a virar para volver al océano. Al mismo tiempo, más embarcaciones idénticas arribaban. La costa se había convertido en una pasarela de barcos siendo el suyo el que se abría paso por el medio. Y mientras avanzaban en dirección contraria a los demás, soldados de la flota se asomaban por la borda sin entender por qué había un barco que rompía la formación.
Tal vez lo que más les sorprendía era ver a las dos muchachas en la popa con rostros de dolor.
A Nami le daba una tristeza inmensa ser consciente de que más pronto que tarde iba ver con sus propios ojos lo que significaba una Buster Call.
Se cruzó de brazos y enterró las uñas en su piel por la impotencia.
—Nami-san, ¿estás segura de que quieres verlo?
—Es lo único que pido.
—En ese caso me quedaré a tu lado.
Al primer cañonazo, la mente de Nami se quedó en blanco.
Los cañones retumbaron con un estruendo ensordecedor, algunos proyectiles impactaron contra tierra y otros contra mar levantando lluvia marina. El cielo se oscureció por las explosiones y en las nubes se reflejaron colores tétricos como el rojo y el negro por el fuego y la pólvora, y mientras la destrucción se extendía sin piedad las llamas danzaban libres por la playa y la vegetación. Los buques más próximos a tierra se acercaron al límite de la orilla para conseguir con su armamentaria derribar el Gran Volcán; lugar donde se encontraban los Mugiwaras dando su vida contra Kizaru.
Y no paraban de aparecer más barcos de la Marina y rebasarles para sumarse a la Buster Call.
Nefertari Vivi no paraba de pensar en cómo la persona que tenía al lado se tenía que sentir de rota por dentro para llegar al extremo de no pestañear.
Lloraba al ver a la pelirroja sufrir en silencio, costaba ver a alguien como ella tan afectada. A estas alturas solo deseaba que todo diera su fin y velar por la felicidad de esa mujer.
—Lo amabas mucho ¿verdad que sí? —dijo Vivi entre lágrimas.
No era una pregunta, era una afirmación. El rostro apagado y serio de Nami con la mirada sumida en la silueta de la isla le hizo tragar saliva a la princesa.
Nami no era capaz de comunicar algo en esos momentos. Sus manos temblaban. En su interior sobrellevaba el proceso psicológico de que en alguna coordenada de Erlandia se quedaba el cuerpo de su hermana muerta y de su gente por no haberlos salvado a tiempo. No olvidaba tampoco la promesa de amor que la dejaría en vilo por quién sabe cuánto. ¿Años? ¿Décadas? Era una apuesta el uno por el otro, ahora todo dependía de lo que pasara ese día, de si Luffy y ella sobrevivían al mañana.
"—El día en que los diarios me proclamen como el Rey de los Piratas, solo entonces podré volver a reaparecer por el East Blue a buscarte."
—Y no dudo en que lo lograrás, Luffy.
El retumbar de los cañones continuaba sacudiendo el mar hasta que, de repente, se habían alejado tanto que Nami ya no lograba percibir ningún ruido ni forma.
Había anochecido y bajo el manto negro de la noche el barco seguía su curso. El médico marine de abordo le trató la herida del hombro, y cuando le comentó a la pelirroja que su condición no era para nada estable por la súbita pérdida de sangre, ella no se sorprendió. Solo podía alegrarse por que aquellos marines compraran la farsa de que era una prisionera al igual que Vivi, y que por eso se habían vuelto cercanas. Había sido una idea magistral. Tampoco fue difícil gracias a que su aspecto se asemejaba al de una víctima de una casa de subastas: herida y demacrada.
No se sentía orgullosa de haber acabado allí, no obstante en las últimas su instinto de supervivencia, lo más primario que tenemos, superó la paradoja de pedir ayuda a los mismos culpables de su situación.
Pero aún así... No iba a bajar la guardia, no estaba del todo segura en aquel barco y lo sabía.
—¿Aún sigues mirando el mar? Por la noche es peligroso estar aquí —se acercó Vivi por detrás.
—No quiero ir a dormir.
—¿Sigues preocupada por Luffy?
—No es por Luffy. Él encontrará la manera.
—Es cierto, se trata de Luffy —admiró a la pelirroja un segundo para luego bostezar —Ha sido un día muy duro, yo sí me retiraré a dormir.
—Tú ganas, te seguiré.
El camarote era estrecho y solo había una cama individual. La pelirroja no tardó en hacerse con una manta y tirarse al suelo abrazada a su arma; el Clima-Tact.
—¿Por qué no ocupamos también la otra habitación que nos han habilitado? De esta manera, ambas dormiremos en una cama.
—Vivi, será mejor no separarse.
—No hay de qué preocuparse; contamos con la escolta de un soldado en el pasillo todas las noches. ¿Quién nos atacaría a medianoche en medio del mar?
Se quedó en absoluto silencio al sentirse intimidada por la mirada de la gran Gata Ladrona.
—Si quieres afirmar que el cielo no es azul y es amarillo, adelante. Pero yo me quedo aquí.
—¿A qué viene esa actitud, Nami-san?
—Será porque hace unas horas ibas a ser subastada. Yo estuve en el público al punto de ver cómo ibas a ser vendida. Adivina qué samaritanos me rodeaban y te garantizo que estaban fuera de servicio.
—Imposible.
—Exacto: marines de todos los rangos impacientes por pujar por ti —miró a la puerta —Por lo que prepárate para ir turnándonos todas las noches y que el hijo de puta que le toque vigilar no se atreva a cruzar la puerta.
No eran meras paranoias, estar vulnerable rodeada de hombres tan fuertes y en contacto con tanta corrupción nunca anticipaba algo bueno. La mayor estaba sorprendida por que la princesa de Arabasta se resistiera a volver al mundo real. Desde que pusieron un pie en aquel barco, la notaba confiada. Comprendía en parte su actitud relajada dada su posición, y también la buena relación que existía entre la Marina y la realeza. Sin embargo, según la información que manejaba, era una princesa excepcional que había luchado contra la corrupción en su país con la ayuda de Luffy y los demás. En otras palabras, alguien que conoció la doble cara de los altos mandos no podía permitirse confiarse a estas alturas; simplemente, no podía...
Sin más, sopló las velas y se pusieron a dormir.
Las horas sucedieron muy lentas y Nami de lo derrotada que estaba, en la misma esquina hecha un ovillo, cayó en un sueño breve.
Y cuando abrió los ojos y estos se acostumbraron a la oscuridad... la escena la despertó de golpe: dos soldados rasos, sobre el colchón, le tapaban la boca a la peliazul y la sujetaban de las muñecas para cometer la atrocidad ahí mismo. No debieron de percatarse que ella también se encontraba en el compartimiento siendo testigo de la antesala de la violación. La cólera se apoderó de la pelirroja quien al instante supo que debía actuar antes de que la situación empeorara.
—¡Por encima de mi cadáver!
Se lanzó con valentía: sin vacilar atacó con su Clima-Tact pillándolos a traición. Fue suficiente con un golpe gélido con el bastón para eliminar a uno de ellos, dejándolo inmóvil en el suelo.
El sonido de las olas era ensordecedor en aquel silencio. Con los ojos fijos en el soldado derrumbado, Nami sintió que el tiempo se detenía para ella. Su tubo que chorreaba sangre por un extremo temblaba en su mano marcando el punto de no retorno. ¿Lo había matado de verdad...? En medio de la incertidumbre, el otro se volvió con furia hacia ella.
—¿¡SABES LO QUE ACABAS DE HACER, MALDITA PERRA!? Cuando se enteren todos, desearás no haber nacido.
—¡No soy la única que ha cometido un delito aquí! Por eso... Por eso quiero proponerte un trato.
—¿Nami-san, qué haces...?
—Tranquila, Vivi. Espéranos afuera y no entres, oigas lo que oigas.
La puerta pareció abrirse después de media hora de espera -tiempo en el que Vivi solo pudo oír voces muy bajas, gemidos y gritos de dolor-. Y fue al levantar la vista y encontrarse con los ojos más vacíos que jamás había visto, cuando a Vivi se le partió el alma. Su rostro se descompuso al observar a su heroína con el torso desnudo y las pocas prendas de ropa que le quedaban rasgadas y manchadas de sangre. Un escalofrío de horror recorrió la espina dorsal de la princesa quien intentaba adivinar qué diablos había ocurrido allí dentro.
Corrió a cubrirla con su bata.
—¿QUÉ te ha hecho ese savaje? ¿¡Qué te ha hecho, Nami...!? —se obligó a calmarse cuando vio que caía de rodillas en sus brazos —Solo dime qué pacto habéis hecho.
—El único por el que es e pervertido bajaría la guardia.
—No puede ser... Oh, no Nami...
De pronto, pasos resonaron en el pasillo dejando a las dos estáticas: eran más tripulantes que se habían despertado después de tanto jaleo.
—¡Están viniendo! —se desesperó Vivi —Hay que contarles la verdad, lo entenderán.
—Acabo de cargarme a dos de sus hombres, ni siquiera les importó que estuvieras en esa isla antes de bombardearla. No creas que te escucharán ahora.
—Pero y si les digo que...
—De verdad, ¡basta! Intentaron abusar de mí y eso es LO ÚNICO que les vas a explicar ¿me oyes? —apretó los dientes —Mierda. Lo siento por dejarte sola antes de tiempo.
—¡No digas eso! Algo se nos tiene que ocu-...
No pudo terminar la oración, pues a sus espaldas la abrupta aparición de diez soldados le cortó el habla a la chica.
Todo fue muy rápido: arrestaron a Nami como la mayor criminal vista, se la llevaron con lo poco que vestía. No supo adónde. Antes de eso Vivi gritó, gritó hasta dejarse la voz como una completa histérica en el intento de impedir que le arrebataran a su amiga de su lado, aunque la respuesta que recibió fue una bofetada y un empujón tal como si olvidaran por completo de quien era ella.
Allí en el suelo, la princesa se quedó en estado de shock. Nami tenía razón: nadie la escucharía...
Y más grave aún, se repetía por segunda vez la misma tragedia que tanto temía: se convertía de nuevo en el artífice de la desgracia de otro por dejarse proteger. Más miserable se sintió al recordar una y otra vez que se trataba, ni más ni menos, que de la hermana pequeña de Nojiko.
Dentro de las celdas frías del buque de la armada, el aire pesado y gélido se adentraba en mis huesos.
El suelo, impasible y helado, transmitía una frialdad que penetraba la poca carne que me quedaba, mientras que el eco de pasos de los vigilantes resonaban en mi cabeza. ¿Había algo más molesto que aquellos grilletes oxidados estrujando mis muñecas?
Había perdido la cuenta de cuántas semanas incluso meses habían pasado; de por dónde se podía encontrar el barco navegando y de qué había ocurrido con Nefertari Vivi. No era difícil adivinar que le tenían prohibido venir a visitarme.
Madije en voz baja como de costumbre. Me pregunté si algún día me sacarían de allí o por lo contrario ese iba a ser mi final. Había salido del fuego para caer en las brasas, pues si la Nami de dos años atrás se enteraba de cómo había terminado allí atrapada y más importante: QUÉ había dejado que me hicieran por poner a salvo a otra mujer que no era Nojiko ni yo misma, sé que mi yo del pasado no me lo perdonaba. Desde que la cerda de Carina me había traicionado en busca de su libertad, procuré en no empatizar con ninguna mujer para no ser utilizada como solución a sus problemas.
Y aquí se encontraba mi yo del presente contradiciendo todo lo que un día me dije, y preguntándome si aguantaría un día más sin comer.
—Si me vieras ahora ¿aún me querrías a tu lado, Luffy?
Una risa irónica escapó de mis labios pastosos. En aquel delirio las lágrimas amenazaron con desbordarme. Era un monólogo que se repetía constantemente por el daño psicológico que me provocaba ver lo esqueléticas que estaban mis piernas y el color amarillo enfermo que habían adoptado. No quería saber cómo se vería entonces mi cara... El simple hecho de imaginarme a un Luffy con una expresión de rechazo y compasión hacia mí era un miedo que me atenazaba. Sabía que si eso llegaba a suceder acabaría por destrozarme entera, y antes que eso se hiciera realidad, prefería pudrirme allí mismo, olvidada por él y por todos. Sería la manera de preservar mi antiguo aspecto en sus memorias.
Aunque, ¿de qué me preocupaba...? ¿Él siquiera se molestaría en acordarse de mí después de tantos meses? Me culpé por ponerlo en duda, aunque sabía que era por el hambre y el frío.
También tenía curiosidad de si Carina seguiría con ellos como navegante, o bien, se había cansado y los había abandonado a su suerte como siempre hacía.
Y Vivi, ¿dónde se encontraría esta chica, en Arabasta o seguiría en el barco?
Y para finalizar, Eustass Kid..., ese ser tan ruin. ¿Habría logrado escapar de Erlandia? No es que me importara, resultaba que cuando venían a visitarme a la celda los monstruos de la oscuridad -así es como los acabé nombrando-, los momentos más dolorosos con Kid revivían en mi piel.
Era inútil preguntarme por la vida de los demás cuando yo me encontraba más muerta que viva, además de todas estas preguntas sabía que de ninguna iba a tener respuesta. Era cierto que torturarme con ellas era el mal menor de estar reclusa. Formularme preguntas se había convertido en mi único entretenimiento y había una de la que yo me consideraba esclava y era la siguiente:
¿Alguien se acordaba de mí sin contar a los soldados que me visitaban para desahogarse conmigo?
CONTINUARÁ
