Hay reviews del capítulo 112 que no he respondido, soy consciente de ello. No sé cuántas veces he dicho que respondería las reviews, pero cada vez soy más un desastre. Lo siento por eso chicos. De momento me centraré en responder las reviews anónimas y cuando despierte, intentaré no faltar a mi palabra por una vez. ¡Aquí vamos!

Hex: Gracias, gracias…
¡Me alegro que la gente lo haya logrado entender! ¡Esperemos a los siguientes capítulos para ver el desenlace de este arco!

Deluxe: ¡Me alegra saber que fue algo inesperado y bien fundamentado! Sí, podrías llamar a Lillie la Shikamaru de esta historia. Es un título que no le queda mal XD
Espero que puedas considerar a este un capítulo épico :D

Anansi: ¡Espero que sea lo suficientemente épico como para que el momento en sí vuelva a ponerte los pelos de punta!
¡Gracias!

Invitadazo: Quiero ver cuánto tiempo más podrás seguir con las variaciones de tu nombre XD
Bueno, la historia tiene ya sus buenos tres añitos. Es cierto que soy la historia más reciente entre el top, pues todas las demás tienen cuatro o más años, pero también soy la historia que más palabras tiene y con bastante diferencia XD Recuerdo al chico que me acosó… Fue un capítulo bastante interesante de la historia XD
Me alegra que a todos los que comentaron les haya gustado el capítulo. Al parecer la idea de Lillie y el plan que se me ocurrió para compensar lo roto que está Necrozma haya sido algo natural y bien fundamentado :D
Lamento no haberlo hecho del todo entendible en la explicación de Solgaleo. Intentaré mejorar esos detalles.
F por Paku…
Por lo que parece, así será. Tal vez duré otros dos o tres capítulos.

Usuarix: Oye, pues estaría chistoso que alguien lo hiciera para hacer la broma XD

Guest: Thanks a lot!
I worked a lot on the story and I'm so glad to know that it's really grown a lot since its creation.
I hope you still like the chapters until we get to the end of the story!

¡Sin nada más que decir, pasen a leer, por favor!


—Así que aquí estabas, Red…

El joven castaño levantó la mirada y pudo verlo. El profesor Oak estaba parado a un lado suyo, con un gesto serio.

—Creí que me había escondido bien— murmuró, sonriendo levemente.

—Y lo hiciste. De no ser por tu Growlithe, no te habría encontrado— le respondió, cruzándose de brazos—. Este es un buen lugar. El rancho es tan grande que ni siquiera lo conozco a la perfección.

Ketchum asintió, viendo hacia el frente. Desde esa gran montaña podía ver parte del bosque, de la pradera y del enorme lago que había dentro de la propiedad de Oak.

—¿Sigues molesto por tu derrota en la Liga de Campeones, Red?— preguntó Samuel, sin dejar de mirar hacia el nocturno paisaje.

—¿Quién se lo dijo?— preguntó el joven. No estaba sorprendido, pues ya se imaginaba que su madre o Ash lo habrían comentado.

—Tracey me contó que, según Delia, has estado bastante reservado desde que volviste a pueblo Paleta. El resto lo intuí por mí mismo— respondió el investigador, esta vez volteando a verlo—. ¿Acerté?

Red dio una pequeña cabeceada.

—Completamente…— dijo, mirando hacia el cielo— Siento que ya he llegado a mi límite, profesor… Últimamente no dejo de sentir que incluso el más pequeño paso se siente como caminar sobre vidrio… No importa que tan fuerte me haga, siempre habrá alguien mejor que yo. No importa si soy el Campeón de Kanto, en el mundo siempre habrá alguien más fuerte… ¿De verdad puedo ser alguien recordado en este mundo lleno de entrenadores Pokémon? ¿Hay forma alguna de que alguien como yo, que es solo una persona entre las millones que hay, sea el mejor?... ¿Puedo llegar?... ¿A la tan anhelada cima?...

Oak lo miró fijamente y luego, miró hacia las hermosas estrellas.

—Esa es una pregunta que solo puedes responderte tú, Red. Todos los seres vivos tenemos un límite para las cosas que podemos hacer; para lo mucho que podemos crecer, pero está en cada uno descubrir dónde está ese límite— le dijo Samuel, dejando caer los brazos a los costados—. Tienes dieciocho años, Red. Eres realmente joven y eres tan fuerte que das miedo. Puedo decir sin ningún rastro de duda, que ni en mis mejores días sería capaz de seguirte el ritmo. Puedes seguir siendo tan fuerte como ahora, siendo temido por este anciano, o puedes avanzar y hacer que incluso Steven tiemble de los nervios al pensar en que volverá a enfrentarte.

Red frunció el ceño.

—Voy a proponerle matrimonio a Yellow— dijo de pronto, sobresaltando a Oak, quien se quedó perplejo al escuchar la repentina noticia.

Antes de poder hablar, Ketchum se puso de pie.

—Este patético hombre que duda de sus habilidades no merece a una mujer tan buena como ella— aseguró, con el rostro lleno de determinación—. Quiero que él me tema, profesor Oak. Quiero que todos los Campeones del mundo tiemblen al escuchar el nombre de Red Ketchum y que sepan que, cuando me desafíen, tendrán el combate más difícil de sus vidas. ¡Derrotaré a Steven en seis meses, cuando volvamos a enfrentarnos en la Liga de Campeones y entonces le pediré a Yellow que sea mi esposa! ¡Luego de eso, venceré a Cynthia y tomaré el puesto como el entrenador más fuerte del mundo y le dedicaré esa victoria a mi futuro hijo!

Oak se esforzó al máximo por alejar la sorpresa y luego, le sonrió.

—Lo harás, muchacho, de eso estoy seguro. Solamente esmérate en no dejar de esforzarte. Aunque los pasos que des de ahora en adelante se sientan como caminar sobre vidrio, si lo haces lentamente podrás aprender a tolerar y vivir con ese dolor hasta que se vuelva parte de ti.

El rostro de Red se relajó y luego, sonrió.

—Usted siempre ha visto por Ash y por mí, profesor… ¿Por qué? No somos sus nietos y ni siquiera estamos relacionados por la sangre, entonces… ¿por qué?

Samuel no pudo evitar verse un poco sorprendido por la pregunta, pero siempre supo que en algún momento se la harían.

—Conocí a tu abuelo cuando era joven. Al padre de Delia— eso no sorprendió mucho a Red, pues no le parecía extraño que la gente de pueblo Paleta se conociera entre sí—. Solíamos competir entre nosotros cuando éramos jóvenes, tratando de ver quien era mejor entrenador, pero pronto nuestros mundos se distanciaron. Me convertí en Campeón de Kanto y tras años intentándolo, él no fue capaz de ganar un solo torneo oficial. Antes de darnos cuenta, ambos estábamos casados y teníamos hijos, pero él no quería dejar atrás ese sueño frustrado y por todos los medios, siguió intentándolo, incluso si eso significaba dejar que su hija creciera sin una figura paterna.

Red había escuchado parte de esa historia una vez, pero Delia solo había mencionado que el hombre había sido un entrenador Pokémon en el pasado.

—A pesar de que siguió intentándolo, nunca lo consiguió y antes de darse cuenta, cayó terriblemente enfermo. Estaba en su lecho de muerte, sin siquiera haber envejecido realmente y con una hija de apenas dieciséis años. Delia tenía todos los motivos del mundo para odiar a su padre, pero a diferencia de su madre, ella nunca lo hizo— Oak cerró los ojos—. Aun sabiendo que la habían abandonado y que las había dejado a su suerte, Delia lloró por la muerte de su padre… Y luego, nacieron ustedes. Tú y luego Ash.

—Y entonces papá…

Oak asintió.

—Kazuya sabía la historia de Delia, pues ella se la había contado. Tu abuela incluso le advirtió que, en el instante en el que se atreviera a intentar dejarlos, se preparara para nunca volver… Él dijo que lo había entendido y al principio lo hizo. Estoy seguro de que tu padre hizo el mejor esfuerzo posible por mantenerse fiel a su palabra, pero el nacimiento de Ash fue demasiada presión para él. Era un espíritu libre, que quería viajar por el mundo sin restricciones. Un hijo estaba bien, pero dos… Supongo que consideró que era demasiada carga; que estaba atado y por ello, hizo lo que hizo— Oak volteó a ver con cuidado a Red, viendo si tal vez había hablado demasiado.

—Lo sé— dijo el primogénito, haciendo que Samuel se sorprendiera.

—Cuando tenía ocho años y mi abuela falleció, ella me lo dijo todo. Me dio la carta que papá le dejó a mamá— los puños de Ketchum se apretaron—. "No puedo con toda esta presión, Delia. Entiendo tu pasado y realmente lo siento, pero decidir formar una familia fue un error. Perdóname".

Samuel sintió como se le apretaba el corazón. En su vida había visto a Red con una expresión así.

—La abuela me dijo que, como yo era el hombre de la casa, sería mi deber echar a patadas al bueno para nada de mi padre si alguna vez decidía regresar. La abuela sabía mejor que nadie de lo bondadosa que es mamá y sabía que ella habría intentado perdonarlo a pesar de todo el sufrimiento por el que la había hecho pasar— Red sonrió—. Dijo que si yo crecía para convertirme en un hombre como papá, ella misma se manifestaría en este mundo para darme una paliza.

Samuel se le quedó viendo y luego, miró hacia el cielo.

Transmitirle tu rencor a tus nietos de esa manera… Tal vez no fue una buena idea, Hana…— volteó a ver a Red una vez más, pues sabía que todo lo que le estaba contando, debía hacerlo viéndolo a los ojos— Aunque tu madre nunca lo demostró, estoy seguro de que sufrió por la partida de su marido. Ella sabía que sus hijos tendrían que sufrir lo mismo por lo que había pasado en su niñez y gran parte de su juventud… y yo fui un testigo silencioso de ese sufrimiento.

Red abrió la boca, pero la cerró inmediatamente después. Sentía que eso era algo que el profesor Oak realmente quería decir.

—Pude haber hecho entrar en razón a tu abuelo o hacer algo para ayudarlo a acercarse a su sueño. Tal vez pude haber apoyado a tu madre cuando solo eran ella y su madre contra la vida… Pero no lo hice, muchacho— Samuel miró su mano—. ¿Era justo, entonces? ¿Era justo que mi hijo y mis nietos crecieran con todas las comodidades mientras que una joven madre y sus dos hijos tenían que esforzarse por superar la adversidad completamente solos, solo porque había hombres que no querían hacerse cargo de sus responsabilidades?... Para mí, un hombre que lo tiene todo, la respuesta era obvia— cerró su puño— Tal vez nunca debí haberme entrometido en la vida de Delia o en la de ustedes dos, pero me guío un sentido de la justicia que a día de hoy, no soy capaz de comprender… Sigo sin saber cómo es que esa sensación que tuve, la cual me dijo que debía hacer algo, me llevó a una de las mejores decisiones que he tomado en la vida.

Red se sobresaltó un poco al escuchar eso y se quedó boquiabierto.

Oak le sonrió.

—No son solo unos chicos del pueblo, ni siquiera los veo como "los nietos de un viejo rival". A estas alturas de la vida, al verte entrar en la adultez y al ver a Ash crecer cada vez más, de verdad puedo sentirme orgulloso. Puedo saber que, aunque no son mis nietos, de verdad puedo sentir genuino orgullo por los logros de ambos— puso las manos sobre los hombros de Red—. Me sentí triste cuando Ash derrotó a Gary en la Liga de Johto, pero también me sentí feliz por ver lo mucho que estaba creciendo por su cuenta. A Daisy y a Gary y a ti y a Ash, a los cuatro los veo por igual y cualquier día estaría más que dispuesto a hacer todo en cuanto esté en mi poder para ayudarlos.

Red bajó la mirada y no mucho después, la subió.

—Desde hace años, para Ash y para mí, Kazuya Ketchum es solo un nombre del pasado. El nombre de una persona que nada tiene que ver con nosotros— le sonrió al profesor—. Para él y para mí, usted es como nuestro padre.

Samuel sonrió también.

—Tu madre dijo que tenía una sorpresa para ti. No deberíamos hacerla esperar— le dijo Oak, haciendo que Red comenzara a caminar.

—Profesor…

—¿Qué pasa?

—¿Estaría dispuesto a ser mi padrino de bodas?

—Por supuesto que sí, muchacho.


—¡Profesor, ¿es consciente de lo que va a pasarle si lo hace?! ¡Tendría que destruir los químicos usted mismo y si lo hace, la explosión sería inmediata! ¡No tendría el más mínimo tiempo para…!

—Soy consciente, Wicke— Oak evaluó sus alrededores y de nuevo, pensó en que era la mejor opción—. Cientos de personas han perdido la vida el día de hoy. Si mi muerte hace que esos cientos no pasen a miles o a millones, entonces con eso estará bien… Hagamos que mi muerte sea la última— dijo Samuel. Sus Pokémon voltearon a verlo con gran frustración, así como el resto de personas que estaban con él.

—A-Aunque usted logre hacer explotar los químicos, los Ultraentes nos perseguirían sin dudarlo un solo segundo. Ellos elegirían perseguir a la mayoría… ¡Necesitaría algo que distrajera a los Ultraentes mientras escapamos y usted destruye los químicos y no hay nada como eso! ¡Por favor, deseche esa idea, profeso…!

—Entonces permítanme hacer de distracción— escucharon hablar a Hala por la radio. En todo el mundo, bocas se abrieron por la sorpresa—. Mi pueblo está muriendo y si con este plan puedo evitar una muerte más… Entonces que así sea.

—¡K-Kahuna Hala, no puede estar hablando en serio!— escucharon gritar a Wicke.

Nanu sujetó con fuerza a Hala.

—¿Qué… diablos estás… diciendo?...— le preguntó, con un rostro que mostraba un inmenso terror— ¡¿Qué hay de… Hau?!

Acerola ni siquiera sabía cómo reaccionar.

Hala frunció el ceño y luego, sonrió.

—Dices eso, pero harías lo mismo en mi lugar, ¿verdad, Nanu?— le preguntó— Si estuvieras en mi lugar y este plan aumentara las posibilidades de que Acerola viviera, entonces elegirías lo mismo que yo, ¿verdad?

Malíe no podía decírselo. No podía decirle que tenía toda la razón.

—Como Kahuna y como abuelo, es mi obligación entregarme en cuerpo y alma por ver a mi pueblo y a mi nieto vivir un día más— le aseguró Mahalo, haciendo que Acerola sujetara a Nanu—. Yo vi a mi hijo convertirse en un hombre y vi a mi nieto crecer. Quiero que tengas la misma dicha que yo, Nanu; estoy seguro de que la vida quiere lo mismo que yo y por ello, te dio esa herida… para que escapes de este lugar y vivas.

—¡No bromees…, anciano! ¡Tú tienes que…!

—¡ACEROLA!— escucharon gritar con fuerza por la radio. Era la desesperada voz de Hau, la cual hizo que Tapu, Malíe y Mahalo voltearan con rapidez— ¡Por favor, por favor, por favor!... ¡No permitas que mi abuelo haga eso! ¡N-No dejes que…!

De pronto, Acerola sintió una presión aplastante sobre sus hombros. Sintió como las lágrimas se formaban en sus ojos y pronto pensó en todas las opciones posibles.

—H-Hau, yo… El tío Nanu está herido y tengo que… Si no me lo llevo pronto, entonces él…— empezó a balbucear, completamente nerviosa. Con su padre desangrándose en sus brazos y Hau rogándole porque no abandonara a Hala, se sentía entre la espada y la pared.

—Ve, Acerola— le dijo Hala, poniéndole una mano en el hombro a la joven—. Hasta el fin de los días, aprovecha el tiempo que pases con él.

Acerola frunció el ceño con impotencia y tristeza, dejando salir más lágrimas.

—¡S-Sí!...— dijo, volteando a ver rápidamente a Gengar, quien lo comprendió— ¡Por favor, lleva a papá tan gentilmente como puedas, Gengar!— le pidió, haciendo que el tipo Fantasma, quien acababa de debilitar a dos Xurkitree, cargara al Kahuna de Ula-Ula.

—¡Elio, dile a Pidgeot que venga por Acerola!— pidió Hala por la radio. Tras unos segundos, recibió una respuesta.

—¡A-A la orden!... Pero señor, usted también…

—Lo siento, Elio. Los Mahalo somos particularmente tercos— le dijo, dejando salir una pequeña risa.

—¡Abuelo, escúchame, por favor!— le pidió Hau. Solo con oír su voz, podían sentir el pánico que recorría su ser— ¡Y-Yo… incluso si sigo vivo, no sabré que hacer! ¡Te necesito, abuelo, no puedes dejarme! ¡Y-Yo…! ¡Por favor, abuelo! ¡No puedo perderte a ti también!

Hala frunció el ceño y con fuerza, apretó los puños.

—Hau…

—No tiene que hacer esto, Kahuna Hala— le dijo Oak, volteando a verlo fijamente—. No tiene por qué tomar parte de mis decisiones…

El rey negó con la cabeza.

—Usted también está en mi posición, ¿verdad, profesor?— le preguntó— Tengo entendido que tiene un nieto. Estoy seguro de que, al igual que yo, querría verlo crecer y aun así, ha elegido este camino.

Samuel cerró los ojos.

—Está en lo correcto— respondió, haciendo lo posible por no perder la compostura.

Si Samuel Oak estaba dispuesto a hacer el sacrificio posible, era para asegurarse de dejar un mundo en el que sus nietos pudieran vivir. No quería dejar ese mundo sin ver a Red convertirse en el número uno, o a Gary convertido en toda una eminencia de la investigación, trabajando codo a codo con Daisy. Estaba seguro de que era cuestión de unos meses para que Ash se convirtiera en un Campeón igual de respetado que su hermano y él se lo perdería… al menos en vida.

Y entonces, lo escucharon gritar a él.

—¡REEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEED!


El mayor de los Ketchum escuchó ese llamado y su interior se sacudió. Sus ojos se entrecerraron y luego, dejó salir un quejido.

Comenzó a correr hacia donde estaba el profesor Oak, a toda velocidad.

—¡Espera! ¡Vamos contigo!— gritó Zoe, corriendo detrás de él. Darius y los Naganadel, así como Poipole, los siguieron.

Red comenzó a abrirse paso entre los Ultraentes. Uno a uno, iba derribándolos, escuchando por la radio como el profesor Oak y Hala se ponían de acuerdo para llevar a cabo ese suicidio doble. Red, sintiendo como sus ojos ardían, apresuró el paso.

Seguro que podría convencerlo de que habría otra manera. Solo derrotar a Necrozma antes de que pudiera curarse… No tenían por qué hacer eso; no era necesario.

Si lo veía a él, estaba seguro de que lo haría vacilar. El corazón de Oak se ablandaría al verlo y su determinación flaquearía, haciéndolo abandonar aquel estúpido plan.

No podía permitir que Samuel Oak muriera en ese lugar.

Todavía no le había demostrado que él era el entrenador más fuerte del mundo.

Todavía no le había presentado a su bisnieta.

Todavía no había visto a Gary convertirse en un investigador hecho y derecho, así como Daisy.

Todavía no había visto el potencial máximo de Ash.

No podía morir. El profesor Oak definitivamente no podía morir.

Y fue ese único pensamiento el que le permitió llegar hasta ahí, abriéndose paso entre los ataques y explosiones provocados por la Unidad Ultra y los Ultraentes.

Vio que el profesor Oak reparó en su presencia y sintió alegría al ver esos ojos. Los ojos de una persona que no estaba completamente segura de su decisión; los ojos de alguien que podría cambiar de parecer con las palabras adecuadas.

Y entonces, la expresión en esos ojos cambió.

Fue ese único pensamiento el que lo hizo ignorar casi todo su entorno y en una guerra, eso es lo equivalente a la muerte.

Antes de darse cuenta, alguien lo había empujado con fuerza y entonces, el tiempo se hizo lento. Vio a Zoe, quien acababa de lanzarse hacia él con los brazos de frente, alejándolo de la cabeza de un Blacephalon que se acercaba.

Vio la sonrisa en el rostro de la sargenta y entonces, una explosión.

Red salió volando hacia atrás, con todo su cuerpo ardiendo por el fuego del estallido. Su costado chocó contra el edificio principal del Paraíso Aether y cayó pesadamente al suelo.

El Campeón de Kanto escuchó los gritos de Oak y los gritos de sus propios Pokémon, quienes corrían rápidamente hacia él.

Darius, por otra parte, se quedó helado. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el pequeño cuerpo de Zoe, el cual estaba volando hacia una dirección mientras que uno de sus brazos salía disparado hacia el lado contrario.

—¡ZOOOOEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!— gritó con fuerza.

Durante toda su vida, Darius había sido un hombre de pocas palabras. Alguien que nunca elevaba la voz más de lo debido, a excepción de cuando realmente era requerido y siendo él un militar, tampoco era extraño escucharlo gritar, pero ese grito… ese grito que desgarró su garganta y penetró los tímpanos de todos los que lo escucharon… Ese grito era distinto.

Darius corrió hacia su compañera a toda velocidad, siendo protegido por los Naganadel, quienes abrieron un camino para él.

El subteniente tomó el cuerpo de Zoe entre sus brazos y con todo el miedo del mundo, hizo girar su rostro.

En la guerra y en la vida, no todos tienen el honor de morir de forma heroica, pero hay unos pocos que sí.

En la guerra y en la vida, no todos podían decir unas últimas palabras antes de irse.

La muerte era así. Sin pleno aviso y de porrazo, llegaba.

Aquel Blacephalon se había suicidado para tratar de llevarse a uno de los enemigos que había en el lugar, considerando su vida como la de un simple peón y lo había logrado.

Se había llevado a una persona y había dejado seriamente herida a la otra, pero al contrario que a Blacephalon, nadie consideraba a Zoe como un peón.

Si le preguntabas a cualquier compañero suyo, ellos te responderían sin dudar que la sargenta Zoe era una líder, una compañera y una amiga que siempre estaba ahí para apoyar a sus camaradas.

Y hasta el final, Zoe se había mantenido fiel a su naturaleza.

Darius se quedó en completo silencio por unos segundos y entonces, se puso de pie, con su compañera en brazos.

Con una mirada apagada, vio el cuerpo sin vida de la mujer que había sido su compañera. Vio su quemado rostro, quedando solo intactos sus ojos, los cuales habían sido protegidos por el visor que ahora se encontraba destruido en pedazos. El traje de la Unidad Ultra estaba casi completamente quemado, dejando al aire gran parte de la desnudez de la sargenta. Su cabello naranja y hermoso ahora estaba chamuscado y así como su brazo derecho, parte de su pierna izquierda había desaparecido.

Darius se giró hacia donde estaban Red y los otros y entonces, activó su comunicador.

—Aquí el subteniente Darius— dijo, estableciendo la señal con sus superiores.

—¡Repórtese, subteniente! ¡¿Qué está sucediendo en el Paraíso Aether?!— escuchó hablar a Siro.

—Uno de los líderes científicos de la humanidad ha decidido hacer estallar el Paraíso Aether para acabar con todos los Ultraentes del lugar— dijo, comenzando a avanzar—. Creen que así, Necrozma no recuperará fuerzas con el plan que ideó Lillie Aether. Imagino que ya todos están enterados de él.

—En efecto. Uno de los líderes de la humanidad se lo comunicó a uno de nuestros reclutas y en seguida se corrió la voz— afirmó Siro—. Ese plan que mencionan… Imagino que el líder científico no se salvará.

—Negativo, coronel— dijo Darius—. Por lo que parece, uno de sus monarcas también dará la vida.

—Ya veo… En ese caso, subteniente Darius, quiero que usted y la sargenta Zoe hagan lo que esté en sus posibilidades para apoyar el plan de esos líderes de la humanidad. Si necesitan huir…

—Eso no será necesario, coronel— interrumpió Darius—. La sargenta Zoe acaba de caer en batalla y yo planeo dar mi vida para terminar esta guerra y no creo ser la única persona que piense eso.

En ese mismo momento, cientos de voces se escucharon por los comunicadores. Era las voces de los reclutas de la Unidad Ultra que estaban en el lugar.

—Ya veo… En ese caso, les deseo suerte, soldados. Ha sido… un placer servir a su lado— escucharon decir a Siro, quien no pudo evitar dejar salir un poco de la frustración que parecía estar sintiendo.

Darius miró a Zoe, apagando su comunicador.

—Espérame, Zoe… Te alcanzaré en unos minutos…— murmuró, sonriéndole.

Los oídos de Red pitaban con fuerza. El estallido lo hizo perder la noción de las cosas y todo daba vueltas. Las voces que lo llamaban se escuchaban realmente lejanas y su mirada estaba borrosa, pero pudo alcanzar a verlos.

Vio esos ojos y sin poder evitarlo, dejó salir las lágrimas.

En toda su vida, nunca creyó que una mirada así de determinada pudiera hacerlo llorar.

—Profe… sor… Por… favor…— murmuró, tratando de extender un brazo hacia él. Samuel lo tomó de la mano y se la apretó.

—Adiós, muchacho. Estoy realmente orgulloso de haberte visto llegar hasta aquí— le dijo, volteando a ver a Charizard y a los demás Pokémon de Red. Todos le asintieron.

Saur sacó las Pokéballs de todos y sin dudarlo, entraron en ellas. Samuel las empacó en la mochila de Red, quien era sostenido por Char y entonces, le dio unas palmaditas al tipo Fuego.

Al mismo tiempo llegó el Pidgeot de Ash a recoger a Acerola, quien ya había guardado a sus Pokémon y a los de Nanu. La joven Tapu tenía la mirada fija en Zoe, quien estaba en los brazos del recién llegado Darius.

¡Desde ahora eres mi amiga! ¡Espero que me enseñes más de este deporte luego de que terminemos con todo esto!

Y ahora, su nueva amiga estaba muerta. Acerola, con la mirada completamente vacía, caminó hacia Pidgeot y con ayuda de Elio, subió al lomo del tipo Volador. Tal vez podrían alcanzar a Nanu si se apuraban, fue lo único que pudo alcanzar a pensar Acerola.

Ya no quería ver más muerte. Odiaba la guerra.

Elio, por otra parte, supo que había demasiado por lo que estar preocupado. Vio a Zoe, quien yacía muerta entre los brazos de Darius y sintió unas ganas inmensas de vomitar, recordando a la alegre mujer que en su día había conocido. Vio al lastimado Red Ketchum y quiso llamar a Ash para informarle tan pronto como fuese posible. Vio a Hala y vio al profesor Oak e instintivamente supo que esa sería la última vez que los vería a ambos.

Pero no había tiempo. Pidgeot tenía que despegar rápidamente y así lo hizo, no sin antes ver una última vez al profesor Oak. El tipo Volador derramó unas lágrimas, sabiendo que atrás dejaba a alguien que significaba mucho para su entrenador y para él. Voló junto a Charizard, ala a ala y se alejaron del lugar, evadiendo los ataques de los Ultraentes, quienes los dejaron escapar, pues eran la minoría.

Red, por otra parte, trató de extender su brazo.

Quería pedir disculpas. Quería disculparse con Zoe. Era por culpa de él que ella había muerto; si no se hubiera metido entre el ataque y él, ahora ella viviría.

Se había apresurado para tratar de alcanzar al profesor Oak y ella había muerto. Por su parte, Red no solo no había convencido al profesor, sino que incluso le había dado la determinación necesaria para tomar ese paso.

El rostro de Red Ketchum mostró un dolor enorme pero aunque el cuerpo le quemaba, era su corazón el que sufría más.

Ni siquiera había tenido la decencia de morir junto a ellos haciendo algo útil…

Darius, por otra parte, llegó junto al profesor y el Kahuna.

—Si queremos mantenerlos en el Paraíso Aether mientras hacemos que todo explote, entonces debemos llevarlos al interior del edificio, pero sin que lleguen al embarcadero— dijo Darius, viéndolos con seriedad—. Así no podrán ver a los barcos alejarse.

Ambos asintieron al mismo tiempo. Hala y Samuel todavía podían escuchar los gritos de Hau y Ash por la radio y, aunque habían decidido ignorarlos, cada uno de ellos dolía como si un cuchillo caliente se estuviese enterrando lentamente en sus corazones.

Escucharon a Darius dar una orden y, aunque no sabían dónde estaba su dispositivo de comunicación, poco les importó.

Vieron como los miembros de la Unidad Ultra entraban al interior del edificio a toda velocidad y ellos se apresuraron a hacer lo mismo.

—¡Vaya, profesor!— gritó Hala, señalando hacia el frente— ¡Nosotros impediremos que salgan de aquí!

—Fue un placer, señores— aseguró Oak, haciendo una rápida reverencia y entonces, corrió rápidamente hacia el ascensor.

Hala, con sus Pokémon junto a él, se preparó para la última pelea.

—Lo siento, chicos… Nunca les pregunté si estaban de acuerdo con mi egoísta decisión— murmuró Hala. Sus Pokémon asintieron de inmediato, demostrando que, aunque no les hubieran preguntado nada, ellos seguirían a su entrenador hasta el fin del mundo— Haberme encontrado con ustedes en esta vida… ¡Realmente me hace saber que nacer valió la pena! ¡VAMOS!

Darius miró a los Naganadel y Poipole. Los tres estaban devastados por la muerte de la pelirroja y no podían ocultarlo por mucho que trataran, mucho menos el más pequeño.

—Poipole— llamó, haciendo que el mencionado volteara a verlo—. Este mundo es hermoso y tú eres joven. Quiero que con tus propios ojos veas las sorpresas que esta dimensión esconde y que pintes cada una de ellas con tu alegría de siempre… Antes de que todo explote, huye y encuéntrate con el comandante Siro, pero hay un lugar al que realmente me gustaría que fueras… Hay un hombre llamado Ash Ketchum y a Zoe siempre le agradó. Estoy seguro de que se alegrará al conocerte y junto a él, podrás conocer el mundo.

El pequeño Ultraente no supo bien que decir. Volteó a ver a los Naganadel y le asintieron. Ellos sentían lo mismo que Darius. No querían que muriera.

Poipole bajó la mirada, indeciso.

—Pero hasta que el momento de la explosión llegue, por favor préstame tu fuerza un poco más, Poipole. Te mostraré lo que son los combates Pokémon.

Esta vez, el Ultraente asintió con un poco más de energía. Si se trataba de pelear, él pelearía junto a ellos.

Por Zoe.


El ascensor no tardó mucho en llegar al embarcadero, donde todos los barcos ya estaban preparados para zarpar. El primero en recibirlo fue Gabriel.

—¡Primo, por favor, piénsalo dos veces!— le pidió, desesperado— ¡Tienes una familia! ¡Tienes un hijo, nietos! ¡No puedes hacer esto, primo!

Samuel se le quedó viendo y cerró los ojos.

—Todas las personas que murieron el día de hoy también tenían familia— aseguró el profesor—. Mi vida no vale más que otras, primo. Si ellos se sacrificaron para salvar este mundo, es justo que yo también lo haga.

Gabriel levantó la mirada.

—¡Entonces hagámoslo juntos, primo!— le dijo, frunciendo el ceño— ¡Un último momento Oak! ¡Si los dos hacemos estallar los almacenes, entonces…!

Un fuerte coletazo en el estómago hizo que Gabriel perdiera el aliento y cayera inconsciente. El Charizard de Samuel volteó a verlo y este le asintió.

—Es cierto que mi vida no vale más que el resto, pero eso es a mi forma de ver las cosas. Si se trata de la vida de mis seres amados… Definitivamente valen más— murmuró, sujetando a Gabriel antes de que golpeara al suelo.

Comenzó a caminar hacia los barcos y unos reclutas de Aether corrieron hacia él para agarrar a Gabriel. Ambos vieron fijamente a Samuel Oak y entonces, hicieron una reverencia.

—¡GRACIAS POR TODO, SEÑOR!— gritaron con fuerza, dejando salir unas lágrimas.

El investigador les sonrió y entonces, se dirigió hacia Wicke.

—Tu tarjeta, por favor— le pidió, extendiendo la mano.

La mujer no parecía dispuesta a hacerlo, cosa que todos notaron.

—Por favor, Wicke. No quiero que la última imagen que tengan de mi los presentes sea la de un hombre que le arrebata cosas a una mujer indefensa.

La mujer cerró los ojos con frustración y entonces, le cedió la tarjeta.

—Fue inspirada enormemente por su trabajo, profesor…— le dijo, parándose firme y viéndolo a los ojos— Fue un gran honor… el que se aprendiera mi nombre…

Samuel también le sonrió a ella y justo cuando se dio media vuelta, alguien lo detuvo.

Miró hacia atrás, topándose con Elm y Sakuragi, quienes lo veían con ojos llenos de lágrimas. Ambos, al mismo tiempo, hicieron una enorme reverencia.

—¡POR TODO LO QUE NOS ENSEÑÓ…!

—¡… Y POR HACERNOS LOS HOMBRES QUE SOMOS AHORA…!

—¡MUCHAS GRACIAS!— gritaron al unísono, haciendo que Samuel se sintiera más conmovido que nunca.

—Cerise, Utsugi, ambos son grandes hombres. Sigan avanzando, descubran los secretos de este basto mundo y cuiden de sus familias, ¿de acuerdo?— les dijo, poniéndoles una mano a ambos en cada hombro.

Ambos asintieron, haciendo el mayor esfuerzo por dejar de llorar.

Una vez más, Oak se preparó para irse, pero de nuevo fue interrumpido.

—Gabriel tenía razón. Aunque hagas explotar uno solo de los almacenes, la explosión podría no ser lo suficientemente poderosa. Si los destruyes ambos, las probabilidades serán mayores— aseguró Rowan, poniéndose a su lado.

—Sajalín, tú tienes…

—Al igual que tú— interrumpió el hombre—. No pienses en tratar de hacerme cambiar de opinión.

—Te conozco desde hace décadas. Sé que nunca lo conseguiría— dijo Oak, viéndolo con una sonrisa.

—No eres el único que puede sacrificarse— le dijo, comenzando a caminar hacia el ascensor—. Conozco el camino, así que sígueme.

—Aunque también lo conozco…— Samuel dejó salir una risa, pero no avanzó. En su lugar, se les quedó viendo fijamente a sus Pokémon, quienes ya sabían por dónde iría todo. Rápidamente negaron— Quiero que cuiden a Gary y Daisy por mí; también a Yukinari.

Ese había sido un golpe crítico. Si los Pokémon de Samuel sentían devoción por otra persona que no fuera él, era por los descendientes de su entrenador.

Todos apretaron con fuerza las mandíbulas y lloraron, viéndose incapaces de evitarlo.

—Gracias por todos estos años— les dijo, haciéndolos regresar a todos de uno en uno, con excepción de un último: Gyarados—. Los Ultraentes no podrán seguirte por el mar. Despeja el camino y escóltalos a todos— le dijo, poniendo seis Pokéballs en el interior de su hocico. Lo acarició una última vez—. Ve, Gyarados. No te apartes de Gabriel.

El tipo Agua cerró con más fuerza los ojos y entre lágrimas, se lanzó al mar.

En el lugar, nadie pudo evitar llorar, a excepción de Sajalín. De uno en uno, subieron a los barcos y justo cuando zarparon, largas filas de reclutas y científicos se posicionaron en las cubiertas, todos haciendo un gran saludo militar en señal de despedida.

—¿No vas a despedirte?...— preguntó Cedric, volteando a ver a Sycamore, quien lloraba en silencio.

—Al profesor Rowan jamás le gustaron ese tipo de cosas…— murmuró, haciendo el mejor esfuerzo posible por contenerse. Atrás dejaba al hombre que le había dado un rumbo a su descarrilada vida.

Al final, tanto Oak como Rowan desaparecieron de la vista de todos, descendiendo por el ascensor.

En uno de los barcos, Burnet recientemente había dejado de escuchar los desesperados gritos de Ash y entonces, pudo romper en llanto.


Había sido solo cuestión de tiempo. Realmente solo había sido cuestión de unos minutos para que las cosas se tornaran de esa manera.

En un entorno tan cerrado como ese, no habían tenido más opción que desplazarse hacia otros lugares, como la mansión Aether y la Reserva, así como los largos pasillos del lugar, en los cuales había maquinaria de todo tipo.

A los Ultraentes le importaba en lo más mínimo el perder la vida si con eso podían matarlos a ellos y eso dejaba en claro que ni siquiera eran conscientes de que los barcos que contenían a la mayor parte de personas ahora se alejaban rápidamente del Paraíso Aether.

Hala había terminado de secarse las lágrimas producidas por la pérdida de su Poliwrath, quien había sido tomado desprevenido por el ataque de un Kartana.

En su mente, solamente pudo pensar que no tardarían mucho en reunirse. Sabiendo que pronto estarían juntos de nuevo, dejaron atrás el cuerpo de su gran compañero y amigo.

Hola, pequeño… ¿Estás perdido? A los de tu especie les gusta más el agua dulce, ¿verdad? Y no hay ni un lago o río cerca de aquí.

El Bewear de Hala detuvo a un Pheromosa y en ese momento, un Buzzwole lo golpeó por el costado izquierdo, haciéndolo retroceder un poco. Todos los demás Pokémon se lanzaron a ayudarlo, logrando alejar con éxito a los tipo Bicho pero al mismo tiempo, fueron rociados por el ácido de varios Nihilego y posteriormente impactados por el Rayo de varios Xurkitree, así como varias explosiones creadas por distintos Celesteela.

Eran Pokémon viejos que luchaban contra hordas y hordas de enemigos más mortales que cualquier Pokémon. Era evidente que eso iba a suceder.

Hala trató de ayudarlos, pero justo en ese momento, sintió como caía al suelo. Cuando miró hacia sus piernas, pudo ver que una de ellas le había sido separada del cuerpo por un limpio corte.

Un Kartana, supo de inmediato.

Un humano en medio de toda esa carnicería… Era obvio que terminaría así.

Como pudo, Hala se puso de pie y aunque solo tenía una pierna, mantuvo el equilibrio con ella.

—Soy el Kahuna de Melemele— dijo, abriendo los ojos—. Requerirán más que eso para acabar conmigo.

El Hariyama de Hala atrapó entre sus palmas al Kartana, haciendo que se aturdiera por el Sorpresa y entonces, con sus grandes extremidades, comenzó a utilizar Combate cercano hasta dejarlo en el piso.

Primeape sujetó al debilitado Kartana y lo usó para recibir la patada de un Pheromosa, cuya pierna se partió a la mitad por el increíble filo del Ultraente.

Con una de sus grandes tenazas, Crabominable utilizó Martillo hielo, mandando a volar a ese mismo Pheromosa y derribando del cielo a un Nihilego.

Machamp, quien forcejeaba contra un Buzzwole, aprovechó esto para estrellar a su oponente contra el recién debilitado tipo Roca, estrellándolos a ambos contra el suelo y luego, conectando una poderosa ráfaga de Puño fuego.

Bewear por otra parte, sujetó las extremidades de Xurkitree, las cuales trataban de atrapar a Machamp e hizo girar al Ultraente a toda velocidad, lanzándolo en contra de un Celesteela.

Y entonces, el pelaje de Bewear se llenó del corrosivo ácido de Nihilego, haciéndolo retorcerse por la quemadura. Trató de cubrirse, pero la fuerte explosión de un Blacephalon lo hizo caer al suelo con pesadez.

Sus compañeros trataron de ayudarlo, pero no pudieron lograrlo. Los Ultraentes le bloquearon el paso mientras que muchos otros encerraban a Bewear, lanzando contra él todo tipo de ataques y luego de casi un minuto, se dispersaron, dejando ver el cuerpo sin vida del Pokémon.

De inmediato, las lágrimas cayeron por las mejillas de Hala Mahalo y sin perder tiempo, las limpió.

¡Por fin te atrapé…! ¡Un Stufful! ¡Realmente me diste pelea, chico!

—¡Resistan hasta que todo salte por los aires!— gritó Hala, apresurándose a avanzar entre saltos pero entonces, un latigazo lo derribó al suelo, haciéndolo caer sobre su propia sangre, la cual iba acumulándose debajo de él.

Machamp rápidamente llegó a su rescate, aplastando con sus fuertes brazos la cabeza de Xurkitree y luego, tratando de ayudar a su entrenador solo que en ese momento, un aguijón o más bien, tres aguijones, lo atravesaron por los costados y la espalda.

Hala vio con la boca abierta como su Pokémon le sonreía una última vez antes de que sus músculos comenzaran a desaparecer y su piel a perder todo brillo, así como sus ojos.

¡Te tengo echado el ojo desde hace semanas! ¡Si te derroto en un concurso de flexiones, te convertirás en mi Pokémon y si no te derroto, solo tendré que vencerte en un combate Pokémon! ¡¿Estás preparado, Machop?!

Con fuerza y rapidez, Primeape cortó los cuerpos de los Buzzwole con el Kartana que ahora usaba como espada. El filo del Ultraente se quedó atorado contra los músculos de uno de los tipo Bicho, quien parecía ser el más fuerte de los tres asesinos de Machamp.

A Primeape poco le importó, pues soltó rápidamente a Kartana, dejándolo incrustado en el Buzzwole y como una fiera acribilló al enemigo con Avalancha. Tomó una de las piedras antes de que golpeara al bicho y con fuerza y rabia, la encajó en su ojo, haciéndolo caer de espaldas.

Primeape bufó con fuerza y entonces, fue atrapado por unos ladrillos que lo aprisionaron. El Pokémon de Hala no tardó mucho en abrirse paso entre los diversos bloques que conformaban al Stakataka, haciendo polvo a todos los que podía y cuando logró escapar de un gran salto, un Celesteela lo interceptó en el aire. El tipo Lucha trató de liberarse conectando un Tajo cruzado, pero Celesteela frenó, mandándolo a volar hacia el frente.

Ahí, un Nihilego lo atrapó y pese al forcejeo de Primeape, este no lograba liberarse. Ácido por todas partes voló hacia el Pokémon, haciendo que su cólera aumentara.

Primeape logró liberarse y uno a uno, fue destruyendo a los Nihilego con sus propias manos, haciendo gala de una fuerza salvaje y descomunal. Aterrizó en el suelo con la respiración agitada y entonces, murió, víctima del cansancio, la corrosión y el esfuerzo.

Hala, quien apenas había tenido tiempo para llorar a Machamp, ahora debía llorar por Primeape, su fiero Pokémon.

¡CORRAN! ¡ESTE ESTÁ LOCO! ¡CORRAAAAAAAN!

Y entonces, Hala lo supo.

En ese momento; en ese lugar. Ellos iban a morir ahí, todos ellos.

Y sintió miedo.

No podía irse todavía… No sin antes hablar una última vez con él; con su muchacho. Se puso de pie y alzó la voz.

—¡RETIRADA!— le gritó a sus últimos dos Pokémon.

Hariyama corrió hacia Hala y sirvió para él como soporte, haciendo que pudiera caminar mejor. Pronto, ambos se dieron cuenta de que Crabominable no los estaba siguiendo.

Miraron hacia atrás, topándose con el cangrejo quien les decía con una sonrisa que se fueran. Estaba rodeado de Ultraentes y peleaba de forma brutal.

Fue hasta que vio como una de las tenazas de su Pokémon salía volando que decidió hacerle caso. Junto a Hariyama, huyeron hacia los pasillos del Paraíso Aether.

¡O-Oye, tranquilo, solo quería agarrar una baya!... ¡¿De verdad vamos a hacer esto?! ¡Entonces ven por mí!

Ambos se derrumbaron, jadeando.

Hala comenzó a sentirse mareado y supo que estaba a poco tiempo de perder la consciencia por la pérdida de sangre. Sacó su radio de inmediato, donde todavía gritaban su nombre.

—¡ABUE…!

—Hau, hijo…— dijo, sin evitar sonreír.

—¡ABUELO!— pudo escuchar la felicidad en la voz de Hau— ¡¿Dónde estás ahora?! ¡No siguieron con ese plan, ¿verdad?!

—Lo siento, Hau… A Kukui y Lario diles que me siento realmente orgullosos de lo que han logrado… Por sí mismos, ellos lograron grandes cosas y aunque siempre me acreditan a mí, sé que no hice gran cosa… A Guzma, por favor, compréndelo… Fui un pésimo maestro con él y no hay día en el que no me arrepienta de no haberlo intentado más… Si lo hubiera comprendido mejor; escuchado más, entonces tal vez…

—… ¿Eh?...— la felicidad desapareció por completo, dando paso a la incredulidad— Abuelo, ¿de qué…?

—Te amo, hijo…— le dijo, con la voz quebrada— Cuando todo mi mundo fue oscuro, tú fuiste quien me dio luz… Creí que no tenía motivos para vivir, pues había perdido a mi esposa y luego a mi hijo, pero fue al verte a ti, que supe que definitivamente tenía que seguir adelante…

—¿Por qué estás hablando así?... ¡¿POR QUÉ HABLAS ASÍ, ABUELO?!

—El pueblo de Alola es tu familia, pero no por eso descuides a tu madre, a tu futura esposa o hijos. Dedicarse al trabajo está bien, pero no vivas para él toda tu vida. Disfruta las cosas buenas que tiene cada día y se agradecido por ellas. Céntrate en tus sueños y avanza hasta lograrlos. No dejes que la envidia o el enojo elijan por ti. Come bien y ejercítate; cuando eres viejo, es lo que más necesitas. Asegúrate de siempre hacer aquello que ames. No dejes de lado a tus amigos o a tus anhelos a la primera de cambio; un hombre determinado es tan importante como un hombre fuerte o inteligente, incluso más… y por sobretodo…

—¡BASTA! ¡BASTA, NO HABLES! ¡NO QUIERO ESCUCHAR MÁS!— gritó Hau con fuerza— ¡ESTÁS HABLANDO COMO SI FUERAS A MORIR, PERO NO VAS A MORIR, ABUELO! ¡¿QUÉ ESTÁ MAL CON…?!

—Recuerda que tienes personas que te aman, Hau… y personas que siempre te cuidaremos, sin importar lo lejos que estemos…

Hubo silencio en la línea de Hau y entonces, escuchó sollozos.

—No me dejes… Por favor, abuelo… No me dejes…

—Te amo, Hau. Eres mi más grande orgullo y adoración… La sangre… de mi sangre…— Hala empezó a ver borroso y sintió que perdía fuerzas.

—¡También te amo, abuelo! ¡Te amo como no tienes idea! ¡Por eso...!... ¿Abuelo?... ¡¿Abuelo?!... ¡ABUELO!

Hariyama vio la sonrisa que tenía en su rostro el inconsciente Hala e instintivamente, también sonrió. Sabía que su entrenador nunca más volvería a despertar y por ello, lo tocó con una de sus palmas por última vez.

¿¡De verdad es mi Pokémon, papá?! ¡Muchas gracias!... Hola, Makuhita, mi nombre es Hala Mahalo y a partir de hoy, tú y yo seremos los mejores amigos. ¡Convirtámonos juntos en grandes reyes, ¿sí?!

Se despidió de él y entonces, caminó hacia la salida.

Moriría peleando, justo como sus compañeros.

Apenas salió de esos pasillos, fue recibido por un poderoso Rayo.


¿Sabes qué quiero ser de grande, Darius?

Tú nunca vas a ser grande, Zoe. Tú siempre serás enana.

La pequeña niña rio con fuerza y luego, le dio una palmada en la espalda al joven Darius.

¡No de estatura, tonto! ¡De edad, de edad!— le aclaró, con una gran sonrisa.

No sé… ¿Qué quieres ser de grande, Zoe?— preguntó. Darius tenía la mirada puesta sobre un libro de electrónica.

¡Voy a unirme a la Unidad Ultra!— exclamó de pronto, haciendo que Darius levantara la mirada con rapidez— ¡Woah! ¡¿Qué hay con esa reacción?!

¿A la Unidad Ultra?... Sabes que ellos son los que darán sus vidas el día en el que ese monstruo del Refulgente despierte, ¿verdad?...— preguntó el niño. Zoe asintió.

Piénsalo, Darius. Nuestro mundo es así por culpa de ese monstruo. Si lo derrotamos, ¿no tendría que regresarnos la luz que nos quitó? ¡Es cuestión de lógica!— exclamó Zoe, con las manos en la cintura.

Darius bajó la mirada.

Cuando sea parte de la Unidad Ultra, les hablaré a todos sobre tus inventos y haré que te contraten como nuestro ingeniero personal, así que cuando seas rico, tendrás que darme parte de ese dinero, ¡¿entendido?!— Zoe lo señaló, guiñándole un ojo y sonriendo.

Darius dejó a un lado su libro y entonces, suspiró.

Para pertenecer a la Unidad Ultra, primero tienes que ser alta.

¡¿En serio?! ¡Entonces me aseguraré de comer bien!

También tienes que tener grandes pechos.

¡Eso te lo estás inventando!

—… No es cierto…

¡Sí es cierto!


¿Darius?...

Ah, Zoe… Que coincidencia encontrarnos aquí— dijo Darius, viéndola con aparente desinterés.

¡No, no, no! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Se suponía que tú serías ingeniero!— exclamó Zoe, señalándolo.

Estás haciendo mucho ruido. Todos nos están mirando.

¡Sí, pero…!

¡USTEDES! ¡Los reclutas de ahí, ¿qué creen que están haciendo?! ¡Fórmense ya, inútiles, el Mayor Siro va a hablarles!

Gracias, instructor.


¡Ahhhh!

Estás haciendo mucho ruido, Zoe. No seas descortés.

¡Teniente MirIa, ¿de verdad él es mi compañero?!— preguntó Zoe, realmente sorprendida.

La mujer asintió.

Si tienes algún problema con él, será mejor que lo dejes de lado. El soldado Darius es un ejemplo de dedicación, tal vez podría pegarte un poco de su seriedad, soldado Zoe— le dijo Miria, mirando hacia el cielo—. Están tardando…

¡No podía pedir un compañero mejor!— exclamó Zoe, extendiendo su puño hacia Darius— ¡A partir de hoy somos de nuevo el dúo dinámico en acción, ¿eh?!

Darius se le quedó viendo fijamente y luego, desvió la mirada.

Bueno, supongo que sí.

¡No seas tan seco, Darius!

Sé que dije que se llevaran bien, pero debería comportarse mejor frente a un superior, soldado Zoe.

¡Sí, teniente! ¡Me disculpo, teniente!— exclamó, llevándose la mano a la frente.


¿Cuánto tiempo llevamos siendo compañeros, Darius?— preguntó Zoe, sentada en lo alto de un rascacielos. Veía como su Naganadel jugaba con el de Darius y con Poipole.

Aléjate de la orilla, es peligroso— le dijo Darius, recargado contra una pared—. ¿Y a qué viene esa pregunta?

Quiero decir, hemos sido amigos desde que puedo recordarlo y a día de hoy, hay algo que todavía no entiendo…— murmuró, volteando a verlo con una sonrisa— ¿Por qué te uniste a la Unidad Ultra, Darius?

El hombre se le quedó viendo y luego, suspiró.

Para derrotar al Refulgente cuando resurja. Una vez que lo derrotaremos, dejaré la vida militar para siempre y me dedicaré a la ingeniería. Si no vencemos al Refulgente, entonces no podré construir cosas. Es así de simple.

Zoe entonces asintió con fuerza.

¡Te entiendo, te entiendo!— se acercó a él corriendo— ¡He leído que en otras dimensiones tienen una cosa llamada agricultura que solo es posible gracias a la luz del sol! ¡Cuando Ultrópolis recupere su luz, también dejaré de ser militar y me convertiré en una mujer que hace agricultura!

Se les dice agricultores.

¡¿Conoces a la gente que hace agricultura?!

Nos lo enseñaron en la escuela. Ultrópolis antes tenía agricultura.

¡Más razón para recuperar la luz!— exclamó, dándole un codazo— Cuando yo sea una agricultores y tú un ingeniero, entonces podrás hacer inventos para trabajar mi agricultura.

Darius se le quedó viendo fijamente.

El singular femenino de agricultores es agricultora.

¡Otra vez con las cosas complicadas!

Darius vio como Zoe reía a carcajadas y entonces, volteó la mirada. También sonrió.


—Te mentí, Zoe…— murmuró Darius, recargado contra un árbol. Uno de sus brazos había sido perforado por el aguijón de un Buzzwole y en su espalda el ácido de un Nihilego había corroído su piel. El tajo de un Kartana en su abdomen estaba haciendo que se desangrara rápidamente.

Había llegado hasta ese lugar. La reserva especial de Lusamine, donde humanos y Pokémon convivirían en una experiencia compartida, en ese lugar donde había conocido a Hau Mahalo y se había reencontrado con Ash Ketchum.

La vista al mar era preciosa, pero lo que había a su costado, no tanto.

Había decenas de miembros de la Unidad Ultra muertos, así como decenas de Naganadel, entre ellos los de Zoe y Darius. Detrás de ellos había una gran cantidad de Ultraentes que también habían perecido en el combate.

Darius se quitó el visor. Era una lástima que en sus últimos momentos de vida no pudiera ver al resplandeciente sol, pero al menos era feliz viendo ese pequeño agujero en el cristal. Al menos él viviría...

Dejó salir un suspiro.

—Me preguntaste por qué entré… a la Unidad Ultra…— dijo, abrazando contra su cuerpo el cadáver de Zoe— Nunca pude decirte… que lo hice porque… quería estar contigo… Todo siempre se trató de ti; todo lo que hice fue por estar junto a ti aunque fuese un segundo más, Zoe… Porque desde que nos conocimos, yo siempre… siempre… te he amado…

Miró hacia el cielo y entonces, activó su comunicador.

—Aquí el subteniente… Darius…— dijo.

—¡¿Subteniente Darius?!— exclamó sorprendido Siro— ¡Sigue vivo!

—Solicito… permiso para morir, señor…— murmuró, sin darse cuenta de que sus ojos habían dejado de ver.

Hubo silencio por parte de Siro y entonces, habló.

—Permiso concedido, subteniente. Descanse.

—Gracias…, coronel…

Y así, Darius se fue.


Sonreíste…

Las personas suelen sonreír.

¡No, no, no! ¡Tú no sonríes nunca y ahora sonreíste! ¡Sonreíste, Darius! ¡¿Entiendes lo que eso significa?!— se acercó más a él— ¡¿Paso algo bueno?! ¡¿Alguna chica bonita abrió las piernas para ti?!

Eso es asqueroso, Zoe. No seas tan vulgar— le dijo, con una expresión de desagrado.

La pelirroja se rio.

¡Entonces dime lo que pasó!— le dijo, dándole una palmada en la espalda.

Darius dejó salir un suspiro.

Últimamente… Creo que de verdad me siento feliz de haberme unido a la Unidad Ultra— dijo, volteando a ver a Zoe—. ¿A esto se le llama enamorarse del oficio?

Una enorme sonrisa, así como un pequeño sonrojo, apareció en la cara de Zoe.

¡Me alegro mucho, Darius!

Él desvió la mirada.

Gracias.

Una vez más, no quería dejarla verlo sonreír.

Cuando tuvieran esas plantas, tal vez le permitiría de nuevo tener ese honor.


—Entonces aquí nos separamos— dijo Oak, viendo a Rowan fijamente. Ambos estaban frente a uno de los almacenes de químicos, lugar en el que Sajalín se quedaría. La puerta acababa de ser abierta.

—Nos vemos, viejo amigo— el investigador de Sinnoh extendió su mano hacia Oak—. Te veré en el otro lado.

Samuel tomó la mano de Rowan y lo acercó hacia él, envolviéndolo en un abrazo que lo tomó por sorpresa. Luego de unos segundos, correspondió el gesto.

—Hasta ahora, Sajalín— le dijo, dando media vuelta.

Rowan se le quedó viendo a Oak y entonces, entró al almacén.

Samuel comenzó a caminar por el largo pasillo, pensando en todo lo que había vivido hasta llegar a ese momento.

Miró hacia el techo, rememorando sus más grandes triunfos y antes que ser Campeón de Kanto o haber creado la Pokédex, lo primero que se le vino a la mente fue el haber guiado tantas vidas. Su hijo, Yukinari; sus nietos Daisy, Red, Gary y Ash; sus alumnos, Elm, Sakuragi, Tracey y muchos otros más…

Todos ellos eran personas sorprendentes, amadas por todos a su alrededor.

Se sintió feliz de haber vivido todos esos años. Más de seis décadas vividas y todas ellas habían sido increíbles.

Aunque si era honesto, le habría gustado vivir algunas más…

Finalmente, llegó a la puerta del otro almacén y pasó la tarjeta, obteniendo acceso inmediato. Sacó su radio mientras se adentraba al lugar.

—Ash, ¿me escuchas, muchacho?— preguntó, comenzando a examinar todo su entorno. Pudo ver los químicos protegidos y un panel de control al que se acercó.

—¡PROFESOR! ¡E-Estaba realmente preocupado! ¡No contestaba el llamado y Hala no responde desde hace unos pocos minutos y…!

—Quiero que me escuches, muchacho. No falta mucho para que todo este lugar vuele por los aires. Podrías considerar estas como mis últimas palabras— le dijo, comenzando a retirar las medidas de seguridad de una en una.

—N-No… ¿Y Red?... Yo estaba seguro de que él…

—Red fue herido por un Blacephalon. De no ser por tu amiga Zoe, él definitivamente no habría soportado la explosión.

—¡¿Q-Qué?! ¡¿Y están bien ambos?! ¡¿Red y Zoe están…?!

—Me temo que Zoe falleció en el acto, muchacho— dijo Samuel, frunciendo el ceño. Una mujer tan joven con toda una vida por delante…

—N-No puede… Zoe no… Pero Darius…, ella tiene a…

—Discúlpame, muchacho. No pude proteger a tus amigos y lo único que pude hacer por Red fue sacarlo de aquí. Eres tú con el único con quien puedo hablar ahora— dijo, sin dejar de avanzar entre los mecanismos de seguridad. Cada uno de ellos requería de una serie de pasos bastante complejos que esperaba, Sajalín también pudiera descifrar—. Si pudieras escuchar las últimas palabras que tengo que decir, entonces de verdad sería un consuelo para mí.

—N-No hable como si fuera a morir, profesor… Usted todavía no puede… Tiene a Gary, a Daisy, al señor Yukinari y…

—A ti y a Red, muchacho. Muy pronto nacerá Amber, pero me temo que no podré conocerla— Samuel secó el sudor de sus manos en su bata de laboratorio—. Primero que nada, me gustaría que cuando volvieras a ver a mi hijo y a los chicos, a Daisy y Gary, pudieras disculparte de mi parte. Voy a tener que dejarlos solos. También quiero pedirte disculpas a ti, muchacho; a ti y a Red. Me habría encantado verlos triunfar como entrenadores Pokémon y ver un último combate entre ustedes dos; un combate en el que se disputaran el puesto del más fuerte del mundo, pero me temo que eso no será en vida.

—¡No diga eso! ¡Debe haber otra manera de…!

—Aunque hubiera otra manera, muchacho, muchas vidas ya se han perdido por este plan mío. Personas decidieron darlo todo de sí para apoyar la estúpida idea de este senil anciano… Aunque hubiera otra manera, seguiría adelante con esta, para honrar a las personas que han fallecido aquí el día de hoy— aseguró Oak, llegando al último mecanismo de seguridad—. Por favor, Ash, da los siguientes mensajes. A Yukinari dile que sus hijos siempre estarán ahí para apoyarlo y cuidarlo cuando sea lo suficientemente viejo como para tener que andar en bastón; dile que recuerde siempre que los triunfos de los hijos van primero que los propios. A Daisy dile que logrará convertirse en una increíble científica; ella es lista y es perseverante, por lo que logrará destacar independientemente de donde esté o independientemente de lo que haga. A Gary dile que realmente me siento orgulloso de lo que logró como entrenador y de lo que está logrando ahora con el camino que eligió como investigador; puede que sea un Oak, pero el nombre que se está labrando en la comunidad es por méritos propios y por sus esfuerzos, que por mucho que se lo señalen, nunca olvide que el apellido no hace al hombre. A Tracey dile que realmente me alegro de haberlo tenido como ayudante; siempre le daba la vida que necesitaba el laboratorio y con él, cada día era como volver a ser un aprendiz. A Red dile que me disculpo de todo corazón; me habría encantado conocer a su hija y estar en primera fila cuando inevitablemente se corone como el más fuerte del mundo, pero me iré sabiendo que sin importar lo que suceda, él lo conseguirá… A ti, Ash, muchacho… Te pido perdón. Me iré justo antes de verte iniciar verdaderamente en el mundo de los combates. Verte coronado como Campeón, luchando en la Liga de Campeones y escalando cada escalón con la gran sonrisa que te caracteriza… De verdad me habría fascinado… Cenar una de las hamburguesas de Delia en compañía de ustedes mientras interrogamos con todo tipo de preguntas a la mujer que te robó el corazón… Al parecer es algo que no podré cumplir… y hablando de Delia, dile a esa mujer que me disculpo por haberle tendido la mano tan tarde. Si lo hubiera hecho antes, mi vida seguro que habría sido mejor.

Samuel deshabilitó el último mecanismo y entonces, caminó hacia los desprotegidos químicos.

—Entonces, Ash… Este es el…

—¡GRACIAS! ¡MUCHAS GRACIAS, PROFESOR!— gritó con fuerza Ketchum— ¡Gracias por haberme entregado a mi mejor amigo! ¡Gracias por guiarme cuando me sentía perdido! ¡Gracias por hacerme volver a la realidad cuando estaba siendo un idiota! ¡Gracias por cuidar de todos mis Pokémon! ¡Gracias por siempre apoyar a mi familia! ¡Gracias por haber celebrado conmigo cada triunfo que tuve! ¡Gracias por hacerme ir a las mejores aventuras de mi vida! ¡Gracias por apoyar a mamá cuando nadie más lo hacía! ¡Y sobre todo…! ¡Por ser como un padre para Red y para mí!... ¡MUCHAS… GRACIAAAAAAAAAS!

Las lágrimas cayeron al suelo y entonces, Oak se pasó un dedo por los ojos, sonriendo.

—Gracias a ti también, Ash. Cuídate, hijo— le dijo. Sabía que líquidos romper para crear una explosión y sabía en qué momento hacerlo—. ¿Estás listo, Sajalín?

—A tu señal— respondió por la radio, sorprendiendo a todos los que lo escucharon.

Samuel tomó una bocanada de aire y los recordó a todos. No haría las paces con Agatha en ese mundo, supuso.

—Ahora.

El vidrio se rompió y en menos de un segundo, una poderosa explosión recorrió los laboratorios de Aether. La explosión golpeó las tuberías de gas, haciéndolas estallar y expandiendo todavía más la destrucción.

La roca, el metal, los árboles, los cristales y las plantas estallaron.

La mansión Aether desapareció completamente en cuestión de segundos, viéndose reducida a un montón de escombros que pasarían a flotar en el agua hasta que fueran retirados de ahí. Años y años de sufrimiento ahora estaban esparcidos por el agua.

Los cuerpos de Sajalín Rowan, Samuel Oak, Hala Mahalo, Zoe y Darius, así como los de los Pokémon, miembros de la Unidad Ultra y Ultraentes, fueron consumidos por el fuego.

De los miles de Ultraentes que había en ese lugar, solo cuatro quedaron vivos y tres de ellos murieron poco después por las quemaduras y las diversas heridas como contusiones y cortes.

La explosión había sido tan poderosa que se podía ver incluso a kilómetros de distancia.

Nanu, quien estaba ahora en uno de los barcos que habían huido de la Fundación Aether siendo atendido médicamente, miró hacia la gran explosión.

—Nos vemos en el otro mundo…, anciano…— murmuró, cerrando los ojos.

Si sientes dolor
mira hacia el cielo
y recuérdalos.

Samuel Oak: Muerto.

Sajalín Rowan: Muerto.

Hala Mahalo: Muerto.

Zoe: Muerta.

Darius: Muerto.

Red Ketchum: Fuera de combate.


Gary cayó de sentón al suelo. Nadie había apartado la mirada de él un solo segundo. Aunque Delia y Tracey querían sobreponer su preocupación por Gary ante el sufrimiento que sentían, no pudieron hacerlo mucho más.

Ambos se rompieron.

Tracey cayó de rodillas y luego, golpeó el suelo con fuerza y rabia, llorando de forma amarga. Delia, por otra parte, intentó descontroladamente el retirarse las lágrimas pero no lo consiguió y al final, se rindió, dándoles rienda suelta a sus sentimientos; un gran amigo y un padre había fallecido.

Yellow, por otra parte, lloraba en silencio. Era ella quien más podía controlarse al ser quien menos había conocido al profesor, pero no por ello le dolía menos. El hombre que había sido un ejemplo para su marido ahora estaba muerto.

Gary se quedó con la mirada perdida en el techo y antes de darse cuenta, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Un fuerte grito se escuchó en el laboratorio Sakuragi.

Al ver una escena así, todos terminaron llorando tarde o temprano.

Grandes figuras del mundo Pokémon han muerto, pero no fue en vano. El resultado de sus sacrificios es la esperanza de un nuevo mañana.

Descansen en paz sabiendo que lo han dado todo.


¡Hola a todos! Luego de más de dos semanas volví a actualizar. Este capítulo lo empecé a escribir como a las 5 de la tarde del día 30 de noviembre y terminé de escribirlo a las 3:30 de la mañana del día primero de diciembre… De verdad tenía ganas de escribir y ahora que soy libre del examen, podré hacerlo tanto como quiera.

¡Y hablando de diciembre! Es el mes del padoru, el último mes de este año de mierda y esperemos, el mes en el que saquen la vacuna contra el COVID o algo…

Hombre, el capítulo de hoy fue algo oscuro, ¿eh? Espero haber podido transmitir bien los sentimientos que quería transmitir con este capítulo. El profesor Oak murió, así como el profesor Rowan, Hala, Zoe y Darius…

Eran estas las muertes que se suponía, tenían que doler, así que si no lo conseguí, me considero un fracaso como autor XD

Hablando sobre el anime de Pokémon. El final del arco de la Negra noche pues oye, pudo ser mejor pero para estar condensado en solo cuatro episodios fue bastante mejor de lo esperado. Pudo ser mejor, pero definitivamente no fue malo. El capítulo de Mewtwo fue bastante entretenido. Me gustó ver todavía más la interacción de Ash y Go, así como el regreso de Mewtwo. Sobre este último capítulo, debo de decir que también me gustó. Era relleno, sí, pero oye, disfrute de este tipo de relleno; siento que exploraron un poquito más al personaje de Koharu, quien al parecer tendrá bastante participación dentro de dos semanas. Estoy emocionado :D

Por cierto, muchísimas gracias por los 315 favoritos que tiene la historia y los 303 follows que también tiene. ¡Estamos a solo 3 favoritos de ser la quinta historia con más favoritos de Fanfiction en habla hispana! Creo que es el lugar más alto que podremos aspirar ya que veo difícil alcanzar a Rebirth of Legend y completamente imposible el sobrepasar a El viaje de Ash y las novatas de Unova XD

Y ya pasando a la nueva sección…

Con eso de que tantos personajes murieron en el capítulo de hoy, estaba dudando entre los posibles candidatos para la sección de hoy, pero luego lo decidí casi de inmediato. Solo podía ser este hombre, quien ha deseado ver a su familia por tanto tiempo…


Despertó. Sentía la suavidad de un colchón y entonces, se reincorporó. Se suponía que no debía de sentir nada… Se suponía que estaba muerto…

Se levantó de la cama en la que estaba y entonces, caminó hacia la salida de su cuarto cuando de pronto, vio algo que lo hizo estremecer.

Regresó rápidamente hacia el espejo que acababa de pasar y lo vio. Se vio a sí mismo.

Su cabello antes canoso era ahora de un color verde oscuro. Su barriga había desaparecido, dando paso a un cuerpo musculoso, por no mencionar que las arrugas de su rostro habían desaparecido.

Se veía idéntico a cuando tenía veinte, casi treinta años…

Lo recordó.

Una enorme sonrisa apareció en su rostro y a toda velocidad, salió de esa habitación. Miró en la sala rápidamente y no los encontró, por lo que salió hacia el patio trasero, sin ser capaz de ver nada.

Volvió a entrar a la casa y entonces, revisó otro lugar.

En cuanto entró a la cocina, escuchó un pequeño estallido que lo sobresaltó y vio como el confeti caía sobre el piso.

—¡ALOLA!

En esa mesa, frente a un pastel de chocolate, estaban ellos dos.

Una bella mujer morena de corto cabello azabache y ojos marrones, quien rodeaba con un brazo la cintura de un adulto de cabello verde, ojos grisáceos y piel morena.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al volver a verlos y lentamente avanzó hacia ellos.

—¿Son ustedes?... ¿De verdad son ustedes?... Yo… ¿de verdad pude venir al mismo lugar?... ¿Esto es...?

—Tiempo sin vernos, papá— dijo Hal, sonriendo ampliamente—. ¿Hau te dio nuestro mensaje?

Y entonces, se derrumbó.

Hala rompió en llanto, siendo abrazado por su hijo y su mujer, quienes también dejaron salir las lágrimas.

La puerta se abrió, permitiéndoles el paso a todos los Pokémon de Hal y a los Pokémon de Hala. Al verlos, el llanto del ex Kahuna incrementó.

—¡Mi familia!... ¡Mi familia está aquí! ¡Hal, Aolani!— decía con inmensa felicidad, sin dejar de llorar.

—¡Levántate, papá! ¡Hay muchas cosas sobre las que tenemos que ponernos al corriente!— exclamó Hal, teniéndole una mano a su padre mientras se secaba las lágrimas.

Hala se puso de pie, sujetando la mano de su esposa.

—Una comida en familia, por primera vez…— le murmuró la señora Mahalo a su marido, quien al verla tan cerca de él, la abrazó con fuerza.

—Por primera vez… Comamos juntos…

Reunidas alrededor de un pastel de chocolate, la familia Mahalo se reúne por primera vez. Quien murió trayendo la vida a su hijo; quien murió protegiendo a su hijo y quien murió asegurando el futuro de su mundo.

Una familia llena de héroes.

La familia Mahalo y tal como dice su apellido, a ellos les damos las gracias.


¡Y pues terminé! ¡Nos leemos entonces, chicos!

¡Hasta otra!