Capítulo 5 Recuerdo

Basil se encontraba merodeando por Kokuyo Land observando como un grupo de personas derribaban una pared para hacer una ampliación de la abandonada aula de ciencias de aquella escuela.

Eran cerca de las tres, la hora de comer recién había terminado, usando su habitual atuendo y un casco azul de construcción, aquel muchacho se encontraba haciendo una especie de marco con sus dedos figurándose un imaginario escenario.

—Tendremos que resanar la pared—dijo un hombre mayor mientras los escombros levantaban considerables mareas de polvo.

Los ruidos de taladros, picos, palas, mezcla de construcción de cemento y concreto resonaban por todas partes, las personas iban y venían constantemente.

—Dígales a sus muchachos que pronto empezaremos con la segunda fase del proyecto en esta zona—ordeno Basil suspirando mientras daba media vuelta—Iré a mi oficina, tengo que revisar las estimaciones del personal de limpieza.

—Entendido.

—Muchas Gracias Tatsuhisa-dono.

Emprendiendo la marcha, Basil no dejaba de ver maravillado a sus alrededores como el personal de construcción hacia sus deberes, era una experiencia completamente grata de presenciar, las mezclas, los diseños, las pinturas, todo hecho para un bien mayor, el cual era brindar una educación de primera mano a las mentes jóvenes como el.

No conocía muy bien a Rokudo Mukuro, de hecho, hasta hace dos meses, no había intercambiado palabras con el, no obstante, sabía que le había juzgado mal, aquel hombre había demostrado un absoluto interés en la educación de personas adolescentes que hubieran errado en el camino correcto, había lucido afligido, lleno de un profundo arrepentimiento buscando redención para pagar por sus pecados pasados.

Algo completamente alejado de la realidad, Basil se había creído todas las mentiras sobre actuadas de aquel pelo piña, lo que Mukuro buscaba era simplemente crear un instituto que rivalizara con la escuela de Nanimori para joder a Hibari Kyoya.

Desde que tenía memoria, la arquitectura, le había interesado mucho, le sorprendía ver como un grupo de bocetos hechos a lápiz lograba avasallantes parajes llenos de enigmas demasiado complejos y que eran difíciles de percibir para el ojo humano a simple vista.

Una de sus construcciones favoritas; la cual recordaba con mucho cariño y nostalgia, era La Sagrada Familia, ubicada en la ciudad de Barcelona España.

Sonrió ante aquel involuntario recuerdo que había hecho eco en su memoria como si de apagadas y distantes voces se tratasen, las cuales le llamaban una y otra vez, una y otra vez.

La primera vez que Basil fue consciente de su propia existencia había sido a los seis años de edad, se encontraba completamente solo, hace dos días que habla sufrido un fuerte accidente que le había roto el brazo derecho, estaba acostado en una de las camillas de un modesto Orfanato cuyo insignificante nombre, le era tan indiferente como a adultos y niños normales con familia.

Al lado de donde estaba acostado, había una ventana que daba a uno de los jardines de aquel lugar, sin nada mejor que hacer decidió levantarse de la camilla y distraerse observando los rojizos rosales de la Señora Mcflander.

Se encontró con la peculiar vista de dos adolescentes riendo, los cuales hacían muecas estrambóticas imitando probablemente a uno de los instructores del Orfanato.

—¿Qué estas viendo?—pregunto una voz infantil con una evidente curiosidad

Basil no pudo evitar sobresaltarse al sentir aquella voz en su oído derecho.

—¡No hagas eso! ¡Me vas a dar un susto!—dijo Basil completamente alterado.

A su lado, un niño completamente igual a el reía con alegría.

—Vamos no seas tan tímido ¿Cómo esta tu brazo?—pregunto su hermano gemelo.

En aquellos momentos Basil se encontraba completamente desorientado, no recordaba como se había roto el brazo, sus pensamientos iban y venían en un mareo constante, no obstante, aquel niño que era completamente igual a el le inspiraba confianza y en cierta forma, calidez.

—Bien

—Que bueno, de verdad me alegro, estaba muy preocupado por ti, quise venir antes pero la Señora Winter no me dejaba pasar.

Basil no sabía quien era la señora Winter, sin embargo, dada la queja de su hermano gemelo, era obvio que estaba aquí sin permiso.

—¿Y bien? ¿Que te gustaría que te lea?—pregunto el niño lleno de una profunda ilusión enseñándole dos libros.

Basil algo mareado señaló el libro que el infante tenía en su mano derecha.

—Excelente elección a ver veamos….—dijo el pequeño abriendo el libro—Había una vez….

El olor a papel recién impreso le devolvió a la realidad, mirando las copias que señalaban una larga lista de personal, Basil se encontraba revisando la hora de llegada y la firma de dichos trabajadores, suspiró al ver tan considerable cantidad de papeleo, nadie en la Organización de su Maestro había querido tomar el encargo de Mukuro, solamente el se había mostrado voluntario, en parte por que quería volver a ver a Tsuna Sawada, aunque este último, por alguna extraña razón parecía evitarle.

¿Por qué le evitaba? El no lo sabia, tal vez el castaño estuviese ocupado, no creía que el le cayera mal, siempre se habían llevado bien, revisando el horario de llegada de los primeros cinco empleados, Basil suspiro y simplemente descartó aquel pensamiento irrelevante.

nota de autor:Digamos que me quise tomar la libertad de darle lore a Basil y Iemitsu, en realidad escribi toda una historia de origen sobre como se conocieron estos dos, pero es algo que pondré mas adelante ya que es una historía bastante larga y no quisiera agobiar a las que me lean una subtrama que bien podria dividir por partes para no perder tanto el rumbo de la trama principal, este pequeño recuerdo es parte de algo que va a repercutir y esperó que les guste