ACTO I: INFANCIA

Escena 6: Deja Vu

Rockstar se dirigió al fondo del almacén para dejar los barriles que cargaba en sus brazos, mientras en su cabeza llevaba una caja. El rostro le sudaba debido al esfuerzo, ya que llevaba haciendo eso toda la mañana, pero por lo menos ya estaban cerca de terminar.

El hombre dejó las cosas donde le habían sido indicadas y luego se dirigió a la entrada de la bodega.

- 24...- dijo la persona encargada del lugar, anotando la información de almacenamiento y el contenido cuidadosamente- son suficientes por hoy. Sólo acomode los sacos de alli- dijo apuntando unas dos docenas de sacos cerca de la entrada. Rockstar frunció el ceño.

- ¿En serio debo seguir tus órdenes?- se quejó, aunque ya se estaba moviendo para hacer lo indicado. La otra persona silbo mientras se sentaba en el barril donde antes había estado de pie.

- Usted está cas-castigado por no avi-sar que me fui- dijo ella silbado y balanceando sus pies- yo estoy castigada por irme, pero como no puedo car-gar cosas, me dejaron a cargo de us-ted.

Rockstar sabía que Ler le estaba sacando la lengua y riendose de el aún cuando estaba de espaldas, pero no dijo nada porque no quería complicar más las cosas. Se arrepentía de no haber detenido a la mocosa el día en que se escapó con el mocoso. Ya casi llevaba una semana trabajando en el almacén por dichas acciones y lo peor es que la había tenido a ella como jefa.

La niña era un demonio que amaba el orden y el control. El almacén se había convertido en su territorio y ella en una dictadora cruel. Asumió el cargo con algo de nervios el primer día y a la siguiente hora todos estaban trabajando como si fuese Benn dando órdenes enojado, e incluso más rápido.

Shanks llegó a ver la situación el segundo día después de quejas continuas, pero no tuvo el valor de detener a la niña que con una libreta regalada por Benn y unos lentes comprados por el mismo, daba órdenes a diestra y siniestra sobre un barril. El sabía que era su naturaleza de dragón actuando, que ella amaba ser superior y por ello dejó sufrir a Rockstar y sus hombres unos días más, sabía que sus impulsos estaban controlados allí.

Pero ya no la aguantaban.

El pobre Rockstar continuó, pues era el único disponible ese día ya que los demás estaban ocupados con otras tareas, hasta que la puerta se abrió y por allí entró Shanks. El lo miró con esperanza y ruego, su Capitán solo se rió.

- Arcoiris, ven- llamó Shanks al pequeño dragón dictador, que se bajó de un salto del barril y caminó hacia el hombre con emoción. El la había evitado los últimos días y ella ya lo extrañaba- ¿Porqué siento que para ti este no fue un castigo?

- Si lo fue- aclaró ella, golpeando su pie con impaciencia en el suelo, porque el hombre no la había cargado en sus brazos cuando se acercó- no me dejó ver a Luffy, no me dejó verlo a usted!

El corazón del Capitán se derritió un poco con el gesto y las palabras de la niña, y mientras la observaba detenidamente, notó la emoción y anhelo brillando en sus ojos oscuros, normalmente cargados de la neblina tóxica de su naturaleza. Extendió sus brazos y casi por inercia, la pequeña saltó hacia el, quien la tomó en brazos.

- ¿Por eso te las arreglaste para no dejar en paz a los demás?- preguntó el mayor, tocandole la nariz roja por la exposición al sol aunque bastante helada, mientras le sonreía. Las mejillas de Ler se pusieron aún más coloradas mientras miraba a otro lado.

- Solo hice lo que te-tenia que hacer- dijo con firmeza, volviendo a sacarle la lengua a Rockstar que ahora le devolvía el gesto.

Aquella facilidad para controlar personas y no inmutarse por su tamaño y género le sería de mucha ayuda en la Marina en el futuro, una habilidad que era más bien talento, y le ayudó a sobrevivir en un mundo de hombres.

- No te ordené ser una dictadora.

- Organicé la bo-dega de su barco mejor de lo que nunca nadie lo había hecho- Ler le reclamó, con las cejas fruncidas- ahora tiene el carga-men-to para varios viajes y aún le queda espacio...- la niña guardó silencio mientras observaba a Shanks, su expresión cayó y su voz se volvió un murmullo- ¿Porqué me asignó espe-específica-mente esta tarea, Capitán?

Shanks le dió una mirada a Rockstar para que saliera del lugar, el otro se apresuró porque para el era el final de una tiranía y porque el capitán parecía demasiado serio.

- Vamos a hacer un viaje en unos días- le explicó con suavidad mientras la dejaba en el suelo. La respiración de la niña se cortó y su pecho se apretó - y sabes que no podemos llevarte con noso...

- Lo sé. Usted me lo dejó claro cuando me res-cato- ella se volteó y se tapó la cara- sabía que viajar con usted era tem-poral, pero no creí que...que se iría tan pronto.

- Solo es un pequeño viaje, Ler- Shanks no sabía porque estaba explicandose, quizá por las lágrimas que veía en los ojos de la pequeña y que se negaba a soltar- volveremos en unos días.

- ¿Y cuando no vuelvan?- El pelirrojo respiró hondo ante el veneno en el tono de la niña, tan cargado que le estremeció el cuerpo- usted no tiene obligación con-conmigo pero...pero...

Shanks se arrodilló para limpiar las lágrimas en las mejillas de la pequeña, esas que ahora se le escapaban de los ojitos brillantes que se veían un poco extraños, pero a él no le importó.

-Luffy estaba feliz de quedarse unos días contigo- el hombre le sonrió mientras sus pulgares le acariciaban las mejillas a la niña- bueno, primero pasó horas pidiendo que nos lo lleváramos también pero luego dijo que estaba bien si te quedabas con el. ¿Sabias que vive solo?

Ler se convertiría en una manipuladora y mentirosa maestra, una capaz de hacer caer hasta a los más grandes, pero en aquel momento ella era débil, era como arcilla en las manos del pirata porque después de todo, era el hombre que le había salvado la vida y la había tratado como persona.

- Si...- dijo sorbiendo por la nariz.

- Debe ser triste estar siempre solo.

- Muy triste...- confirmo ella con los labios temblando, no solo porque el hombre fuese a irse, si no por pensar en el pequeño Luffy estando tan solo como se sentía ella antes-...¿cuantos días serán?- terminó preguntando en un murmullo algo resignado.

- Menos de una semana.

- ¡Una semana!- la niña volvió a alzar la voz, llevándose las manos a la cabeza. Estuvo a punto de reclamar otra vez, pero pensando en Luffy y que había estado lejos de el casi el mismo tiempo cedió, aunque mantuvo su postura molesta- esta bien, esta bien. ¿Me traerá algo?

Shanks sonrió ampliamente y le desordeno los cortos rizos en su cabeza y luego se puso de pie, extendiéndole la mano a la niña para salir de allí.

- Sabes que si - respondió cuando ella le tomó la mano- además te dejaré algo de dinero, se que sabes como administrarlo- Benn le había enseñado a manejar las finanzas de forma inteligente- pero escondelo de Luffy, probablemente te lo quite para comprar comida- ella asentía a cada indicación mientras salían del lugar - pídele lo que quieras de comer a Makino, yo pagaré cuando vuelva. Si alguien te molesta o el abuelo de Luffy vuelve, reportaselo a Makino o el alcalde.

Shanks siguió dándole indicaciones mientras el corazón de Ler se hacía chiquito frente a la realidad inminente. Esta vez volvería, quien sabe cuando dejaría de hacerlo.


Luffy se rascó la cabeza viendo a los hombres salir y entrar en su cabaña mientras el y Ler se encontraban sentados en una roca, algo alejados.

- ¿Por qué tienen que hacer eso?- preguntó el niño, mordiendo el sándwich que Makino les había preparado. De hecho estaba comiéndose el de Ler porque el suyo no había podido llenarle.

- El Capitán dijo que tu cabaña no es segura- explicó la niña, tomando de su juguito mientras jugaba con sus pies que colgaban de la roca- y tenían que hacerme un cuarto.

Los hombres habían hecho algunas cercas y reforzado la entrada del lugar. En el interior no sólo remordelaron el cuarto de Luffy, si no que tiraron una pared para hacerle un cuarto a Ler y compraron más cosas para los niños en la casa. Algunos tripulantes se burlaron del Capitán por asumir tantos gastos para la comodidad de la niña, pero a Shanks no le importó y ya que tenía el visto bueno de Benn - quien de hecho había dado muchas ideas- remodelaron toda la cabaña.

- ¿Crees que tu abue-lito lo note?- preguntó Ler, volteando hacia Luffy que acariciaba su estómago.

- Nah, es muy despitado- respondió el, restandole importancia y aunque Ler quiso opinar que quizá aquello era de familia, no dijo nada.

Continuaron hablando un largo rato mientras observaban a los hombres trabajar en la cabaña, hasta que Benn Beckham llamó a Ler y se la llevó un poco lejos de allí.

- ¿Cuánto dinero te dio Shanks?- le preguntó el hombre en voz baja, observando a todos lados para asegurarse que nadie los escuchaba. Se agachó a la altura de Ler, alejando su cigarrillo para que el humo no molestase a la niña cuando se acercó a susurrarle la cantidad en el oído. El hizo una mueca - guarda este aparte, es para emergencia- le dijo dándole una bolsita café, su gesto fue rápido- y no le digas que te lo di.

Ler sonrió de esa forma que le hacía dudar al hombre que tuviese sangre de dragón: chiquita, apenada e infantil y con las mejillas rojas como tomate, mientras se guardaba la bolsa dentro de los bolsillos de su overol. Benn le devolvió la sonrisa y se levantó para sacudirle el cabello mientras se alejaba.

Luffy entonces se asomó desde detrás de los árboles y se acercó a Ler.

- ¿Es comida?- preguntó interesado, ella negó- entonces no me importa.

La niña se echó a reir mientras corrían devuelta a la cabaña, para seguir viendo a los demás trabajar.


Luffy se arrepintió de su decisión de dejar a Ler dormir en la cabaña con el porque después de la primera noche, descubrió que la niña tenía pesadillas y lloraba mucho. El trató de no darle importancia ya que tenía el sueño pesado, pero el ruido que hacía era suficiente como para que el se tuviese que levantarse a golpearla con una almohada y la hiciese reaccionar.

Shanks ya le había advertido que debía se precavido con Ler y que la razón para reforzar las salidas no solo era el bloquear el acceso de extraños a la vivienda, si no también el evitar la salida de la niña ya que tenía una especie de sonambulismo. Y aunque el no entendía a qué se refería, si que entendió que los hábitos de sueño de su amiga no eran normales.

Después de todo, los huérfanos del destino siempre compartieron varias características similares...como los malos hábitos de sueño.

Luffy se levantó la segunda noche cuando escuchó a Ler tratando de abrir la puerta de la entrada y mientras se refregaba los ojos, fue por un vaso de agua a la mini cocina y luego de llenarlo, se lo tiró en la cabeza a Ler.

Ler se volteó furiosa, como si nunca hubiese estado durmiendo.

- ¿¡Pero que te pasa!?- le gritó tomándolo del cuello. Luffy le devolvió el gesto y ambos comenzaron a ahorcarse mutuamente como la primera noche.

¿En serio a nadie se le ocurrió que no era tan buena idea el dejar a dos niños como ellos sin supervision?

- ¡Estabas intentado salir otra vez!- Le gritó el, empujándolo contra la puerta y sin soltarla. Ler frunció el ceño, pensando en la pesadilla que había estado teniendo, notando ahora que sus ojos ardían y que si no se dio cuenta que habia estado llorando era porque Luffy le había mojado antes - el Capitán dijo que no te dejase salir!

Ler soltó a Luffy y le dió unos manotazos hasta que el la soltó a ella.

- Lo siento- se disculpó sin saber que más decir, sintiéndose apenada porque le gustaba estar con Luffy pero dudaba que el la comprendiera como lo hacía Shanks- no me gusta dormir en la oscuridad, no me gusta dormir sola y...

El niño le rodó los ojos mientras bostezaba. - Deberías habérmelo dicho en lugar de no dejarme dormir- le reclamó tomándola de la mano sin quejarse de la frialdad de su piel. La niña lo dejó hacer con algo de curiosidad y pena, hasta que la arrastró a su cuarto y se subió en su cama, que era individual pero ya que ambos eran pequeños, cabían a la perfección- sube- le dijo haciéndose al rincón.

Los ojos de Ler se llenaron de más lágrimas mientras observaba como en la habitación de Luffy se colaba la luz de la luna en la ventana, a diferencia de la suya que era completamente cerrada por su propio bienestar. Y si bien el niño no era el Capitán, ella amaba su compañía también y el pensar en dormir a su lado le hacía sentir el corazón cálido aunque su cuerpo estuviese congeladose y aún temblando por el miedo que le causaban las pesadillas. Se subió a la cama con ayuda de Luffy y se recostó a su lado, observándolo.

Siempre le parecieron bonitos los ojos del niño aunque eran de un color común, pero eran tan grandes, brillantes y puros que le hacían sentir calma. Los ojos de Luffy le hacían sentir en casa aunque ella no tenía una, y aunque intentaban matarse el uno al otro tantas veces al día como fuese posible, siempre se sentía bien el mirarlo y más cuando sonreía.

Ler extendió su mano para tocar la de Luffy que estaba debajo de su cabeza y el niño se lo permitió aunque le causaba escalofríos que ella siempre estuviese tan helada. Poco a poco el sueño volvió a ellos y cerraron los ojos con tranquilidad al estar junto al otro, al reconocer el tacto y vibras del alma ajena. Durmieron con tanta tranquilidad que no despertaron en ningún momento en la noche y durante el resto de la semana se acostumbraron a dormir juntos.

Los niños crearon una especie de rutina que fue tan natural que ninguno pensó demasiado en ello, como si hubiese sido algo de siempre, destinado a ser siempre así.

Se despertaban juntos si es que Luffy no la pateaba durante la noche fuera de la cama. Se quitaban la cobija el uno al otro, peleaban por la almohada y muchas veces estaban tentados de ahogar al otro mientras dormía, pero extrañamente no podían desprenderse del otro, ni rechazarse. Estar juntos se sentía correcto.

Se levantaban somnolientos y malhumorados , pero sabiendo que en la noche estando completamente solos y alejados de todo, aun se tenían a ellos mismos. Ler buscaba la pequeña mano ajena cuando el pánico la invadía y Luffy, como el pequeño hombre de la casa, la apretaba para hacerle saber que estaba allí sin quejarse de su piel helada.

Ler obligaba a Luffy a cepillarse los dientes al despertar, al ir a dormir y después de cada comida, Luffy obligaba a Ler a comprarle postre en la panadería del pueblo con el dinero que los piratas le habían dado. Cuando no estaban en el bar comiendo salían a recorrer al pueblo, jugando a perseguirse o a molestar a alguien mas hasta que eran reprendidos.

Era la primera vez que tenían la compañía de alguien de su misma edad, que lejos de todo el mundo crudo y real de los adultos, entendía al otro y su deseo de reír, de jugar, de comportarse mal e irse a dormir cansados por carecer de responsabilidades aunque en el interior cada uno guardaba sus preocupaciones.

Ni siquiera Ler en el futuro entendería la mente de Luffy, pero sabía que de alguna manera su compañía durante su infancia le salvó de una tristeza que el niño en su momento no entendió. Y aunque Luffy se esforzaria siempre por entender a Ler tambien, nunca lo haría por completo, pero sabía que ella no quería ser entendida, solo aceptada.

A ninguno le importaba la sangre o el origen del otro, solo lo que sentían estando al lado del otro.

Para la noche del quinto día los niños incluso habian logrado un dia de ventas exitosas. Se pasaron todo el día pescando en el muelle abandonado y luego, cuando tuvieron una cantidad respetable, lo vendieron. Y aunque Luffy quería comerselo, Ler lo convenció de que comerían algo mejor después. Los pescadores del pueblo no se enojaron, por el contrario, les ayudaron con la venta.

Y aunque terminaron apestando a pescado, Luffy estaba feliz con el dinero que Ler le dió para que guardase después de dividir las ganancias y comer un banquete en el bar de Makino.

Estaban tan cansados que al ir a dormir, no despertaron en toda la noche. Ler ya no tenía pesadillas al dormir al lado de Luffy, y al estar tan cansados y felices, nada ni nadie los pudo despertar esa noche. Pero cuando despertaron definitivamente no estaban en el cuarto del niño, ni en la cabaña, mucho menos en Foosha.

No tenían idea de donde estaban, pero si sabían que algo estaba mal.


Ler miró a su futuro compañero de escuadrón a los ojos mientras le daba codazos a Luffy para despertarlo, pero el niño no se movía. Lo más probable es que hubiese sido drogado al igual que ella durante la noche y al tener un sueño mucho más pesado que el de ella le había afectado más, de otra manera no podría explicar como se los habían llevado a ambos en medio de la noche.

- ¿Es usted un caballero de Dios o un Cipher Pol?- preguntó cuando sintió que la lengua le funcionaba lo suficiente para hablar. Reconocía a ambas entidades debido a que varios miembros de las mismas la cuidaron a ella por órdenes de su padre, o bien, los vio escoltando a algún noble en Tierra Santa. La persona frente a ella tenía una máscara puesta, así que se desencanto por la segunda opción- ¿Por qué lo trajeron a él?

Ler sabía que algo así podía pasar desde que escapó de Tierra Santa, le carcomio la cabeza cada día al viajar con Shanks, le causó malestar todas las noches que pasó en Foosha y por eso quizá no estaba sorprendida, pero si asustada. Mucho.

Tanto Benn como Shanks le explicaron los posibles escenarios a tomar en cuenta si el Gobierno Mundial o el padre de Ler descubrían su escondite, y aunque le advirtieron no oponerse y obedecer, ella se prometió que elegiría la muerte en lugar de regresar con su padre. Ella estaba bastante dispuesta a tomar las medidas necesarias, no solo porque le aterraba la idea de volver, si no porque en su interior sus instintos le gritaban que debía evitar a como de lugar estar al alcance de su padre, pero...No tomó en cuenta cuando había cambiado su vida desde entonces.

No tomó en cuenta que la encontrarían tan rápido, como si hubiesen sabido siempre donde estaba, y se la llevarían aprovechando que Shanks no estaba para protegerla.

Pero...

- Responda- exigió apretando los dientes, que ya habían comenzado a crecer otra vez. El hombre enmascarado no se inmutó en ningún momento.

¿Por qué trajeron a Luffy también? ¿En serio era necesario?

Obviamente Ler no sabía en aquel momento cuál era el peso de Luffy en la historia, en el destino del mundo. Si bien aún no era tan grande como el que tendría después, si era lo suficientemente importante como para que las órdenes fuesen el traerlo con ella también. Porque ninguno sabría si no hasta después, por revelaciones del mismísimo Shanks, que Ler nunca escapó de su padre.

Que el siempre la estuvo viendo.

Que el la dejó seguir su camino porque su destino era encontrar al resto de piezas que el necesitaba y ni sus increíbles ojos podrían encontrarlos, pero si podía encontrarlos ella.

Pero aún era una etapa muy temprana en su historia como para siquiera suponerlo.

Ler apretó sus muñecas amarradas, tratando de safarse sin éxito alguno. Le ardió allí donde las cuerdas la rozaban pero nada le molestaba más que notar al indefenso Luffy dormir tranquilo sin saber que estaba al merced de un asesino sanguinario del Gobierno.

Hombres crueles, sin corazón, independientes incluso a la Marina y que obedecían órdenes directas de gente como su padre, como los ancianos, lo Dragones Celestiales...tuvo que respiran hondo y rogar por sonar tal y como escuchaba a su padre hablar a otros.

- Hice una pregunta y le ordeno me sea contestada- su acento y firmeza eran los que se esperaba de ella, sin la tartamudez, sin la debilidad. Con esa oscuridad, desdén y superioridad que sus iguales tenían y que el mundo odiaba, pero que hizo al hombre enmascarado estremecer- ¿Por qué este niño está aquí?

Monkey D. Luffy no era cualquier niño, no lo era para Ler ni para el mundo, pero entre menos relevancia tuviese a los ojos de los demás, más probabilidades tenía de sobrevivir.

- Órdenes de los ancianos- dijo el hombre con voz molesta, como si no hubiese querido contestar pero había sido educado de esa manera, había sido formado para obedecer a los dragones como ella aunque fuesen defectuosos, aunque fuesen el objetivo.

Ler frunció las cejas. No pensaba que iba a funcionar su orden y porque funcionase sabía que no debía abusar ya que el agente de Cipher Pol solo la reconoció como dragón, no es que tuviese poder de control mental o algo por el estilo. Respondió porque podía no porque estuviese obligado, pero el origen de Ler fue el que lo llevó a responder, así que no es como que pudiese pedirle que lo liberaran.

- ¿Y cuales fueron esas órdenes?- se atrevió a tratar pero esta vez no funcionó ni aunque fue igual de firme y autoritaria como la vez anterior. Ler supuso que la orden directa del superior del hombre incluía no revelar la naturaleza de la misión.

Luffy murmuró unas cosas mientras se removia inquieto pero no se despertó. Ella lo miró con atención asegurándose que estaba bien dormido como para no tener que preocuparse porque la odiara cuando se diese cuenta que aquella situación era su culpa.

Aun así, dudaba que pudiesen salir de esa...Dudaba que alguien los buscase, que se diese cuenta que faltaban...quizá Shanks...pero el no estaba.

- No voy a volver. Prefiero morir- declaró decidida.

- Servirá de cualquier forma - el hombre se acercó para levantarla desde donde la habían lanzado con Luffy, apartándola del niño y cargándola sin delicadeza alguna. Ella tuvo la sensación de que había algo detrás de esa declaración, la querían de vuelta, eso era evidente, pero daba igual si estaba viva o muerta.

Su padre había dicho que ya casi estaba lista la noche en la que huyó, pero, ¿Lista para que? ¿Qué podía ser aquello que les serviría con ella viva o aún si solo fuese un cuerpo?

La cabeza comenzó a dolerle mientras pensaba, analizando a su padre y todas sus acciones, recordando cada palabra y orden, cada momento en que el se acercó a ella. Tenía los vellos de punta y quería vomitar, pero no sabía si era por el miedo o por la forma en que la cargaban, sacándola de la habitación y llevándola lejos de Luffy. En su preocupación se le pasaron muchas cosas por alto, pero cuando entraron en otra habitación donde había una mesa e instrumentos médicos, algo se iluminó dentro de ella.

La noche del ataque a Tierra Santa iban a hacerle algo, querían algo de ella.

¿Su padre la tuvo y preparó solo para eso? ¿Qué quería de ella? ¿En verdad le daba igual matarla para tenerlo?

Ler pataleo cuando el hombre se acercó a la puerta. Se movió como una salvaje, aterrada, no por la posibilidad de morir, si no por no escapar del destino que su padre había elegido para ella, de servir como herramienta para cuales fueran sus fines, que nunca eran buenos.

Tenía miedo, estaba aterrada y segura de que se había orinado en los pantalones. Le dolía la garganta y se dio cuenta que era porque estaba gritando y aunque lo intentó no pudo soltarse.

Necesitaba ayuda, necesitaba a alguien, ella no podía sola.

No quería morir, no así. Y no quería que a Luffy lo alcanzara el mismo destino o el que hubiesen elegido los de arriba para el.

No...No...

Pero solo era una niña, solo eran unos niños...Nadie sabría si su historia terminaba esa noche.


Shanks supo que algo estaba mal desde antes de estar a una distancia cercana a la isla. No le dió importancia a la razón, solo lo sabía y sabía también que tenía que ver con los niños. Se inclinaría más a que había pasado algo por culpa de Ler, pero debía darle su mérito a Luffy, teniendo más que claro que el niño no la dejaría atrás mientras pudiese así que seguramente deberían estar juntos.

Aquello significa que no sólo era un problema, eran varios.

Respiró hondo y recordó el rostro de ambos infantes, dándole mil vueltas al asunto mientras Benn esperaba sus indicaciones porque al ver su aspecto pensativo y preocupado supuso que algo andaba mal también.

Lo pensó y pensó. Muy en el fondo no quería hacerlo, pero tenía que. Desde que se involucró con Ler al rescatarla en su caída de Mariejoa, desde que conoció a Luffy en Foosha, toda su vida y sus esquemas habían cambiado.

Entonces decidió actuar.


Ler no espero que Luffy entrase en la habitación y comenzará a gritar. Ella no entendió si estaba llorando, gritando o riendo, pero el niño tenía la cara roja mientras le pedía al hombre que la soltara, su voz sonando tan alto y agudo que sus tímpanos vibraban de dolor.

El hombre enmascarado probablemente había visto muchas cosas, pero no aquello, así que titubeo un momento y ella se rió por los nervios y lo caótico del asunto, con una carcajada tan alta que solo le daba más ridiculez al asunto.

Si Luffy había despertado y logrado desatarse, podría haber corrido, haberse escondido o escapado, pero en su lugar estaba allí, estaba tratando de ayudarla. A ella, a quien a penas conocía, quien valía más muerta que viva, que no merecía nada...Pero así era Luffy, porque siempre sería así. Un entrometido con un corazón demasiado bueno, un corazón que la amaba incondicionalmente.

-¡ Sueltala!- gritó el niño antes de lanzarse contra el hombre, que lo detuvo con una mano tomándolo del cuello. Luffy comenzó a patalear desesperado, superado por la fuerza del hombre, pero ante la casi nula distracción, que después de todo era distracción, Ler se safo lo suficiente como para caer en el suelo usando su propio peso.

Pudo correr, Ler podía hacerlo pero Luffy no había corrido y ella no pensó si quiera un segundo en hacerlo, así que para bien o para mal, compartirían el mismo destino.

- ¡Suéltalo!- le gritó ella esta vez, tan furiosa que temblaba, tomando con sus manos un bisturí. Y siendo tan pequeña y con Luffy meneandose en todas direcciones, solo alcanzo a apuñalar los pies del hombre, que le dio una patada para sacársela de encima, pero ella se aferró.

Luffy logró morderlo, Ler apuñalo su pie una y otra vez aunque todo fuese inútil.

Ella sabía que el hombre podía matarlos en cualquier momento con una mano, pero supuso que había una especie de necesidad anterior a sus muertes, debía haber un "algo" que hacer antes de acabar con sus vidas, pero no se contenía en hacerles daño. No cuando estrelló a Luffy contra la pared al punto de dejarlo inconsciente y con la cabeza sangrando y a ella la pisoteo en el suelo, golpeando su estómago una y otra vez.

Ler dejó caer el bisturí y se arrastró hacia Luffy. Cada patada o pisoteada la alejaba de el, le dolía y le hacía ver luces, pero ella no dejó de intentarlo. Escuchaba al hombre decir algo, pero ella estaba enfocada en el niño. Se escuchó a sí misma decir el nombre de el, llamarlo en jadeos desesperados porque no le quedaba aire. Estiró su mano, intentó alcanzarlo pero al final, la bota del hombre, bastante destrozada y con la sangre de las puñaladas que ella proporcionó, le piso la cabeza y la clavó en el piso.

Ler respiró hondo sin dejar de mirar a Luffy, llorando, queriendo tomarle el pulso y limpiarle el rostro, sintiendo la angustia de otra vida en la cual tampoco pudo llegar a él. Era un maldito deja vu pesadillesco que ardía.

-Perdóname...- dijo una vez más, con un hilo de voz, antes de que sus ojos se cerraran por el cansancio, el dolor y por la presión sobre su cráneo. Sintió que le exprimian la vida hasta que la oscuridad nuevamente la envolvió.

Y no hubo más dolor, ni angustia, ni presión.

No hubo nada.