Notas Iniciales: Mi primer fanchild, es la primera vez que creo uno, siempre estoy pensando en padres o hermanos de los personajes canon, nunca fanchild. ¡Estoy nerviosa! Y, por supuesto, una aparición especial de Archie Fog no podía faltar.
Advertencias: Mentes rotas.
El silencio de Ezran Graves.
Han estado sucediendo cosas extrañas en el pueblo de Whispering Firs, desde testimonios paranormales, desapariciones inexplicables, ataques de un animal extraño y el descubrimiento de una nueva epidemia que, discrepante de las comunes enfermedades con virus letales, las personas quedan en estado de coma sin razón aparente. El desastre de acontecimientos dio inicio de forma tan abrupta que ni siquiera los mejores investigadores y detectives enviados por el gobierno han conseguido develar su origen. Al principio se creía que todo era causa de alguna secta peligrosa que debió asentarse en secreto entre los habitantes; no sería el primer caso para los pueblos pequeños como aquel: apartados de la civilización moderna, partiendo de las creencias susceptibles entre pueblerinos de fácil sugestión.
Pero no habían ocurrido mudanzas recientes, cada uno de los habitantes que la componían tenían mucho tiempo instalados en los afueras y cercanías sin mostrar algún comportamiento cuestionable, digno de sospechas.
Sin embargo, el oficial George creía haber encontrado una conexión invaluable, y esa era el chico de tez pálida y ojos grises con aspecto moribundo que permanecía inerte recargado en el faro de la cancha de básquet bol. Lo veía desde la ventana de la directiva, tratando de descifrar cómo alguien de su edad lucía tan desinteresado de su entorno, mirando a la nada como en estado catatónico, hecho que brindaba ironía a su apellido. El hombre no pensaría que él estaba vivo sino tuviera un ojo de águila que le permitiese captar los detalles como la leve respiración de ese niño o el movimiento breve de sus dedos entrelazados, gesto por el que se preguntó si rezaba.
—Lamento la demora, oficial. —La voz de la directora lo distrajo de su actividad—. No han respondido al teléfono por más que los llamamos, y eso es raro ya que son padres en demasía sobreprotectores, nunca se pierden cualquier cosa que tenga que ver con su adorado hijo.
— ¿Y eso usted diría que es un comportamiento común?
—Bueno, cuando entrevisté a la señora Graves la primera vez, me dijo que Ezran es delicado de salud desde su nacimiento, por ello había estado insegura sobre inscribirlo en la escuela pública. Y me aseguró continuaría estudiando en casa de no ser por las insistencias de su marido.
—Tengo entendido que ellos adoptaron antes de tenerlo a él.
—Sí, al joven Archie —puntualizó la mujer con un asentimiento de cabeza—. Le pedí a mi secretario que intentara comunicarse con él, ya que es quien suele venir a recogerlo cuando sus padres están muy ocupados. Es joven y enérgico, estoy segura que vendrá de inmediato.
— ¿Qué me puede contar sobre Ezran Graves mientras tanto?
—Nada salvo que es un niño muy callado, tanto que no le dirige la palabra a los demás fuera de clase, no sin haber recibido el permiso directo de su familia. Eso le ha complicado crear lazos sociales. Académicamente es un niño dentro de los estándares, ni muy tonto ni muy ingenioso.
— ¿Tiene problemas directos con sus compañeros por eso? Un chico tan apartado como él y sin habilidades de comunicación voluntarios podría sufrir acoso.
—Sorprendentemente sus compañeros le temen.
— ¿Cómo es eso?
—El único drama en el que se vio involucrado fue de un grupo de chicos que intentaron jugarle una broma en los baños. Ya sabe, típico de niños que esparcen rumores sobre alguien muerto en el cubículo del fondo. Ellos lo encerraron solo y lo dejaron ahí hasta que una de sus compañeras avisó a uno de los docentes. Los niños se quedaron esperando, ansiosos por ver si habían logrado hacerlo llorar, pero cuando salió fue como si nada hubiese pasado. No los miró, simplemente caminó hacia el salón para tomar la clase.
— ¿Quiere decir que no hubo ninguna reacción de su parte?
—Ni una. Tampoco había marcas de lágrimas en su rostro. Supongo que no es un niño que se sugestione por historias de fantasmas.
—Curioso, a su edad los niños al menos poseen una fobia o dos.
—Eso fue lo que todos pensamos, así que para intentar hacerlo hablar al respecto, su maestra realizó una actividad con esta temática en el salón un día. Lo peor es que su respuesta fue en demasía desconcertante.
— ¿Qué dijo?
—Dijo que él le temía a los ojos.
— ¿Ojos?
—Es extraño, ¿cierto? Tenerle fobia a los ojos rojos en brumas negras flotantes.
— ¿…Tiene una idea de lo que eso significa?
—No. Su maestra también estaba intrigada, por eso trató ahondar en ello, pero entre más hablaba, lo que decía tenía menos sentido. Es decir, ¿por qué debía tener relación una bruma negra flotante con ojos? ¿Y por qué una bruma negra por sí misma no le causaría miedo sino tuviera ojos? Sin mencionar que ese miedo desaparecía cuando decía la "palabra mágica".
—Palabra mágica que no compartió, asumo. Así que desde ese momento los alumnos le tuvieron miedo.
—Así es.
— ¿Hay algo más?
—Me temo que no, no hay nada más resaltable en él, en general es un chico como cualquier otro. Le gusta dibujar conejos, jugar a la pelota y las figuras de madera.
—Ya veo. ¿Y la gargantilla en su cuello?
—Archie dijo que es algo que usaba su madre cuando era joven, así que Ezran decidió usarlo y es algo que le gusta mucho, no permite que nadie toque su tesoro porque entonces se pone a gritar.
—…Entiendo. —El oficial se recargó en el respaldo de su silla de manera distraída mientras miraba la silueta del niño en cuestión que no se había movido del mismo lugar, aunque ahora podía decir que estaba mostrando interés en el partido de futbol infantil—. ¿No le parece raro que un niño de esa edad vista siempre como si estuviera en un funeral?
—Es un rasgo familiar, supongo.
— ¿Qué quiere decir con-?
El oficial de policía fue interrumpido con el sonido de la puerta al ser abierta de golpe, revelando así a un joven de no más de veinte años con cabello castaño oscuro, ojos anaranjados y vestimentas oscuras, en ese instante el policía supo a qué se refería la directora con rasgo familiar.
—Vine corriendo cuando dijeron que era un asunto importante, ¿dónde está mi hermanito?
—Afuera. No hemos podido traerlo a la oficina.
— ¿Salió huyendo otra vez? —Archie contuvo la risa de manera jovial, un intenso contraste con la personalidad del pequeño Graves—. Ese niño se tomó muy enserio eso de alejarse de los extraños.
—Archie, te presento al oficial George, es a quien le gustaría hablar con tu hermano.
—Mucho gusto.
—Un placer. —El castaño correspondió al apretón de manos del oficial con expresión confundida—. ¿De qué se trata? ¿Por qué alguien de las fuerzas querría hablar con mi hermano?
—Verá, joven Graves…
—Llámeme Archie, por favor.
—…Archie. El motivo de mi interés en tu hermano es que ha habido testimonios sobre la presencia de un niño con sus características en zonas de investigación. Debo suponer que estás enterado de todo lo que ha estado pasando en el pueblo.
—Sí, he visto las noticias y escuchado chismes en el barrio pero… ¿un niño con las características de mi hermano? Qué raro, mi hermanito no sale por sí sólo, mis padres se pondrían histéricos. Y además, ¿por qué sería relevante en sus datos?
—No te preocupes por favor, no es mi intención inculpar a un menor, he entrevistado a otros niños también, es mera política.
—Política —repitió Archie incrédulo, el policía hizo uso de su mejor expresión serena para eludir su rápido escrutinio.
—Así es, es algo que tiene a mi escuadrón molesto, no creemos que se trate de tu hermano, pero nos gustaría saber un poco de su rutina únicamente para descartarlo de una vez por todas y desviar nuestra mira a los verdaderos sospechosos.
—…Entiendo.
Por lo que el oficial George rescataba de la sonrisa de Archie, es que sabía eliminar cualquier rastro de nerviosismo que normalmente mostraban los familiares de un sospechoso, casi parecía acostumbrado pero también era posible que no tuviera nada que temer al respecto. Despidiéndose de la directora, ambos salieron afuera para ir en busca del más joven de los Graves, el cual rompió su actitud enajenada en cuanto notó a Archie, aferrándose a su holgada chamarra.
—Archie, tengo hambre, aliméntame —casi demandó. La voz del chico era baja y profunda, sorprendió al oficial y por algún motivo pensó que se ajustaba a su apariencia
— ¿Eh? ¿No acabas de comer? Se supone que estás en hora de receso.
—La comida de papá no tiene sabor. Aliméntame o serás el alimento.
Las amenazas de Ezran se convirtieron en hechos cuando le dio un mordisco a la manga de la chamarra de Archie, quien de inmediato se quejó y empezó a sacudirse los dientes del chiquillo que se aferraban a la tela como si tuviera la intención de rasgarla aunque fuera imposible. Por un momento al oficial George le pareció ver unos molares afilados en la dentadura del niño pero supuso fue su imaginación en cuanto el joven Archie se soltó para sacar de mala gana un envoltorio de los bolsillos.
— ¡Está bien, está bien! No quería darte mis galletas con chispas de chocolate pero aquí tienes. Más vale que las disfrutes, pequeña mierda, porque eran mi bocadillo de regreso al deber. —Con una sonrisa de victoria el niño destapó su premio y comenzó a masticar mientras Archie le compartía una sonrisa nerviosa al oficial, quien no pudo evitar considerar interesante el modo tan rudo en que se trataban—. Ezran, te presento al señor George. Quiere que le hables sobre tu día.
—Hola, Ezran.
El comportamiento del niño retornó al de antes en un santiamén cuando el policía entró en su campo de visión, seguía comiendo pero no de manera descuidada, esta vez masticaba lento y con los labios sellados, acercando la galleta a su boca con tanto cuidado que George no podía evitar desviar su atención hacia sus inquietantes ojos grises. Al verlos tan de cerca, casi parecían los de un cadáver. El chico contestó sus preguntas de manera breve, a veces mirando hacia Archie para buscar su aprobación antes de responder, algo que pudo considerar sospechoso si no fuera por lo que la directora le había contado antes de la llegada de Archie Graves.
No había nada raro en su modo de vida si debía decirlo, pero de alguna manera eso sólo incrementaba el interés del oficial hacia el pequeño, por lo que no pudo evitar quedarse en la escuela, incluso después de que Archie lo invitó acompañarlo a la salida.
Las clases terminaron para los niños, vio con curiosidad la avalancha que se formó en las puertas de entrada con todos esos padres de familia buscando a sus respectivos retoños. El oficial no perdió oportunidad en acercarse al auto hacia el que Ezran se dirigió esquivando a los otros con destreza. En el asiento del conductor de la camioneta familiar yacía el que supuso se trataba del padre del pequeño: Andrew Graves, quien bajó del vehículo sólo hasta que el niño estuvo a un metro de distancia y se arrodilló frente a él para revisarlo de pies a cabeza. El oficial vio a Ezran susurrar al oído de su padre mientras este terminaba de inspeccionarlo, gesto que no causó la menor reacción en la expresión estoica del señor Graves, como tampoco lo hizo el repentino abordaje del policía, ya que ni siquiera correspondió a su cordial sonrisa, sólo se puso de pie.
—Usted debe ser el señor Graves.
—Es correcto. ¿Quién es usted y a qué debo el placer? —Lo saludó con un apretón de manos sumamente firme, el oficial George no tardó en adivinar que era él quien llevaba la batuta de la familia; desprendía mucha seguridad. ¿O debería llamarlo "control"?
—Un trabajo que me ha estado volviendo loco. Entrevisté a su hijo durante el almuerzo y sentí curiosidad respecto a lo que se refería por cacería familiar.
—Es como debe suponerlo, tomo a mi esposa e hijos y los llevo a dar un recorrido por el bosque. En realidad no cazamos, ya que la cacería de animales está prohibida por esta zona.
—Por supuesto, no dudo de su honestidad, señor Graves.
—Sólo Andrew, por favor. El uso de "Señor" seguido de mi apellido me trae malos recuerdos.
—Oh, entiendo. Es intrigante, su hijo mayor me pidió lo mismo.
—Sí, Archie hubiera preferido conservar su apellido pero ya sabe cómo es el papeleo.
—Disculpe si parezco entrometido pero, ¿usted y su esposa tuvieron tantos problemas para la concepción que tomaron la decisión de adoptar? La directora me contó un poco sobre una aparente sobreprotección en el niño.
—A estas alturas no es un secreto para este pueblo que mi esposa sufrió varios abortos antes de Ezran, así que no podemos evitar ser muy sobreprotectores con él.
—Lamento mucho oír eso.
—Está bien, por eso estoy seguro que puede asumir que es difícil para nosotros incluso traerlo a la escuela, también por eso es que no solemos dejarlo salir de casa sino es bajo la protección de Archie o nuestra, una situación que no suele ser frecuente porque tampoco queremos arriesgarnos a que enferme, una fiebre en él sería peligrosa.
—Comprendo, entonces su delicada condición le impide salir mucho de casa —puntualizó el policía con interés.
—Cuando paseamos por el bosque lo hacemos cerca de la cabaña, así que tampoco lo exponemos a peligros que no podamos resolver en el momento.
—Oh, ¿viven en una cabaña en el bosque? ¿Hace cuánto?
—Bastante de hecho —Andrew hizo un gesto que le indicó al oficial estar removiendo sus neuronas para encontrar la memoria que necesitaba—, estábamos aquí antes de que Archie comenzara a cursar tercer grado de secundaria.
—Papá, tengo hambre —le llamó Ezran tirando de su camisa negra de manga larga, consiguiendo abrir los primeros botones inferiores. Andrew se giró hacia él y lo cargó sin dificultad para sostenerlo a la altura de su rostro. Viéndolos de esa manera el oficial notó el enorme parecido de ambos, el único contraste eran el color de sus iris, ¿su madre tendría los ojos grises o azules?
—Ahora vamos, ¿qué se te antoja?
—Carne —declaró con las pupilas dilatadas y su boca entreabierta respirando de manera agitada, casi babeando por la sola palabra. Fue impactante de ver para el oficial. El niño era como un depredador salvaje que no ha conseguido capturar una presa adecuada en semanas.
—Carne será. —Andrew incluso se mostró aburrido por la petición de su hijo—. Seguro que tu madre ya tiene preparado algo de esa deliciosa carne para ti en casa. Disculpe, oficial, si no le molesta me gustaría saciar el hambre de mi hijo.
—Adelante. Es un niño con mucho apetito, ¿no? A su hijo mayor le pidió lo mismo, será mejor que lo alimente antes de que intente morderlo a usted también —comentó George con una sonrisa divertida.
—Supongo que es la única señal que tenemos de que es un chico sano.
Al ver la sonrisa de Andrew por primera vez, el oficial pensó que se trataba de una familia común, así que no tuvo inconveniente en dejarlos marchar. Sin embargo, mientras observaba al vehículo alejarse por la carretera rural, no logró deshacerse de la expresión de aquel niño clavada en su memoria. Unos dientes que de la nada se veían afilados o planos, unos ojos que parecían vivos y de pronto muertos. Suponiendo que su debilidad se debiera a un problema en los genes de alguno de los padres, normal que tuviera actividades limitadas en comparación a otros niños. Aun así una corazonada en su pecho –persistente y seca– le impedía ignorar o descartar la existencia de esa familia, vibraba en su cerebro, generando malestar en su estómago.
Si tuvieran algo que esconder poseían la coartada perfecta incluso cuando vivían en una cabaña en el bosque. ¿Debería investigarlos más a fondo a pesar de ello? No era honesto tomar esa decisión sin una orden y por su cuenta, pero dudaba poder obtener el permiso sin pruebas más sólidas que sus presentimientos. Algo le decía que encontraría justificaciones convincentes si los revisaba en secreto por ahora.
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El viaje en coche desde la escuela al sitio donde residían era de una y media hora máximo, aunque resultaba alentador que hubiera servicio de autobús para realizar compras de emergencia cuando él hacía uso del auto y Ashley tenía el día libre. Resulta que a los pocos meses de haber arribado a este pueblo, la impetuosa muchacha de escasos talentos había encontrado su vocación en tejido de gancho, una campesina anciana que habían visto por ahí recogiendo leña un día se lo había mostrado, y pronto se convirtió en un trabajo que ella podía realizar desde casa para cuidar de sus hijos mientras Andrew se encargaba de los viajes constantes al pueblo y más allá. Fue una rutina difícil a la cual acostumbrarse pero había sido su mejor apuesta en el momento, por lo que tuvieron que acostumbrarse entre lágrimas de frustración a la vida campesina y a un grupo de personas que estaba constantemente encima de los nuevos residentes.
En el presente todo estaba relativamente en orden, así que Andrew no tenía nada de qué quejarse mientras acariciaba los cabellos negros de su pequeño, hijo de su carne y sangre; por el que su hermana había llorado tantas noches en su lucha por traerlo a la vida. Todavía le costaba creer que estaba ahí, cálido en sus manos. Para Andrew esto era una victoria con suerte y no había mayor felicidad que ésta a pesar de todos los sacrificios que tuvieron que hacerse en el proceso.
Estacionó el auto a un costado de la modesta cabaña, preparándose para ser recibido por Ashley que ya lo había estado esperando en los escalones de la puerta y quien no dudó ni un instante en saltarle encima en cuanto lo tuvo al alcance. Andrew la estrechó entre sus brazos con vigor, odiando cada minuto que pasaba lejos de ella. Simplemente acostumbrarse a la idea de dejarla sola tanto tiempo siempre representó la mayor tortura que trajo esta vida en los bosques, por suerte era una felicidad inmensa verla de nuevo y a salvo en el lugar que se convertiría en su refugio, y más adelante en su amado hogar.
—Sabes que no tienes que hacer esto cada vez, ¿verdad?
—Me aburría allá adentro, tampoco Archie ha regresado de su trabajo en equipo.
—Seguramente volverá en el último autobús.
—Si.
Los hermanos Graves, fugitivos asesinos de la ley que habían cometido crímenes imperdonables a lo largo de su travesía, se miraron tras romper ligeramente su fuerte abrazo y se besaron dulcemente en la boca. Sus labios se acoplaron y enseguida comenzaron a devorarse como si fuera la primera vez que lo hacían. Y es que nunca tendrían suficiente del otro sin importar las décadas que pasaran, las experiencias que fueran acumulándose o las peleas que libraran, continuarían deseando sus cuerpos. Siempre tendrían un sitio en sus mentes y corazones para respirar esas ansias perversas que alimentaban su lujuria cada ocasión, al menos hasta que la presencia de su hijo venía a interrumpir el hechizante momento.
—Mamá, ¿me preparaste carne?
— ¡Mi amor! —Ashley se soltó de Andrew y se inclinó de manera exagerada hacia Ezran a pesar de que el abrazo que le dio fue más cuidadoso, antes de iniciar una inspección de rutina y por fin comenzar a llenarlo de besos por toda la cara, todo esto sin causar alguna reacción en su pequeño protegido—. Claro que te preparé carne, justo como te gusta.
—Quiero.
—Sí, sí, ven aquí.
Ashley cargó a su hijo con un poco de dificultad y lo llevó al interior de la cabaña acompañada de Andrew. Más tarde en el comedor Ezran terminaba de comer a la mesa mientras los responsables de su vida tenían una larga sección de besos detrás de la puerta, buscando ahogar las ganas para resistir el tiempo que les tomaría enviar a su pequeño dormir. Pero entonces un pensamiento intrusivo interrumpió el calor que había estado nublando la mente del padre de familia.
—Un oficial ha ido a la escuela específicamente a interrogar a Ezran —susurró contra los labios ajenos con voz ronca.
— ¿Uh? —Ashley se esforzó en volver de su mareo de éxtasis para prestar la debida atención a las palabras de su esposo.
—No lo dijo pero estoy seguro que sospechan de nuestra familia, querrán invadir nuestra propiedad, así que lo mejor será que nos aseguremos de que no quede nada que pueda inculparnos sobre nuestro arduo trabajo.
—Carajo… creí que ya estábamos bien.
—Siempre estamos en riesgo con lo que hacemos, Ashley. Y nuestro pequeño… debemos vigilarlo mejor. Las cadenas no bastan y la carne de ciervo se nos terminará pronto a este ritmo, él está cada vez más hambriento, los barrotes de su puerta no lo detendrán siempre.
—Quieres decir… —Una sonrisa trastornada se dibujó en los labios de Ashley, gesto que consiguió provocar una reacción en Andrew ligada a sus bajas pasiones—, ¿es tiempo de otra cacería?
—Me temo que sí… —dijo pero verdaderamente no lo lamentaba.
—Oh, Andrew, no sabes cuánto lo he extrañado.
Ashley se frotó contra él se forma necesitada, arrancándole un pesado jadeo, por lo que de inmediato se obligó controlar su propio cuerpo, estampando las manos en el muro tras su hermana menor con las delgadas muñecas de ella apresadas entre sus dedos.
—Contrólate. Ahora no, querida. Espera hasta que Ezran esté durmiendo.
—Pero… Andrew, por favor… lo necesito ahora…
—No. —Su respuesta fue contundente, incluso severa, lo que hizo a Ashley retorcerse contra la pared sin alivio, aunque Andrew la inmovilizó con su cuerpo un segundo más tarde, sólo para burlarse de ella y susurrarle al oído—. Voy a investigar a ese sujeto, así que necesitaré la ayuda de Archie, por eso quiero que tú te portes bien y te asegures de mantener a nuestro hijo alejado del pueblo, él te obedece sólo a ti, ¿recuerdas? Sé que lo harás bien.
—…De acuerdo, que sea lo que tú digas.
—Buena chica —murmuró depositando varias lamidas y mordiscos a lo largo del cuello de Ashley, haciéndola estremecerse y reír encantada por sus atenciones.
—No me trates así si no quieres tentar a la bestia, hermano. —Andrew se soltó a reír con la burla de su esposa y entonces se alejaron para mirarse con amor, justo a tiempo para que advirtieran los pasos de Ezran encaminándose hasta ellos tras empujar la puerta, sólo para detenerse a mirarlos con esos grandes ojos grises en medio de las sombras del pasillo.
—Todavía tengo hambre. Quiero más carne… ¿por favor?
—Por hoy es suficiente de carne, mi amor. ¿Qué te parece un poco de dulces en su lugar? Ven, vamos a buscarte algunos.
—Quiero las galletas que están en alto —dijo señalando dicho producto con el dedo.
—Esas son de Archie, mi vida. Lo siento, te buscaremos otra cosa.
Ashley se llevó a su hijo de la mano de vuelta a la cocina para hurgar entre los estantes, y Andrew los observó desde la puerta con genuino interés. Mirarlos desde esa perspectiva le resultaba cautivador porque engañaría la vista de cualquiera; sólo madre e hijo teniendo un momento cotidiano en casa, nadie pensaría en cuan especial era esa mujer de la que él se había hecho cargo desde el día que nació, o ese niño que fue dado a luz en circunstancias muy particulares. Nadie podría ver más allá de la imagen que ellos representaban, nadie más que los integrantes de esa familia. Aun así Andrew sonrió conmovido, pues era un hecho que él lo daría todo por ellos. Fue un juramento que se hizo a sí mismo cuando aceptó que no podría volver atrás bajo ninguna circunstancia, lo que no significaba que no podría emular algo de esa vida que había disfrutado antes de que todo sucediera.
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Un nuevo día de escuela, una abrupta desaparición, siendo esta vez la de un pequeño escolar de un grado muy inferior al de Ezran Graves. Sólo había dos escuelas primarias en ese pueblo, que además compartía terreno con los jóvenes de secundaria y preparatoria, separados únicamente por una reja de alambre. El oficial no entendía cómo se le había escapado de su vista pese al tiempo que tenía merodeando el lugar en busca de obtener más información sobre los Graves. El cuerpo del niño fue encontrado en circunstancias desafortunadas unos días más tarde; otro ataque del misterioso animal antes reportado que habitaba las zonas silvestres. ¿Habría manera de relacionarlo al descendiente de los Graves? Ese día el niño había vuelto a casa como siempre en el auto de su padre. Sin embargo, el oficial estaba convencido que había visto un rastro de sangre en su cuello. No podía aplazarlo más. Debía allanar la propiedad de los Graves, quizás encontraría algo importante; y con esa idea se puso en marcha.
Sabía por los docentes de la escuela que Ashley Graves pasaba gran parte del tiempo en casa, sólo en especificas ocasiones en que bajaba al pueblo para vender sus productos de tejido, dejaba el hogar solitario. Ellos no tenían mascotas que vigilaran la vivienda, así que el oficial George se dispuso revisarla mientras todos estuvieran fuera, pues la fortuna le sonrió al enterarse que incluso Archie estaría ocupado con algunos proyectos escolares.
Llegó hasta la dirección mencionada, admirando por un instante la agradable estructura de madera que yacía al centro de un radio bien podado, seguramente para brindar un terreno limpio donde Ezran Graves pudiera jugar los fines de semana. El entorno lo adornaban algunos tocones que servían como sillas ante una mesa de madera gruesa, junto a un pequeño sembradío de verduras. Mientras caminaba el hombre terminó encontrándose con algunos juguetes tirados aquí y allá antes de que alcanzara la puerta de entrada. Se sorprendió mucho al descubrir que no estaba cerrada con llave, un tirón y ya estaba en el interior.
¿Se habrían olvidado o el hecho de que estuvieran solos en medio de la nada con un par de vecinos a muchos kilómetros de distancia los había vuelto descuidados?
Como fuere le permitió al oficial registrar cada rincón de la casa, no hallando nada sospechoso, además de detalles personales curiosos como la fijación literaria de Andrew Graves sobre la poesía gótica, las piezas de tejido incompletos de Ashley Graves y la preferencia de Archie sobre las figuras de origami. La habitación de Ezran yacía en el segundo piso junto a la de su hermano mayor adoptivo y estaba lleno con dibujos de conejos pegados a la pared, todos clasificados con colores muy característicos: como un conejo anaranjado muy alto, seguido de un verde y un rosa, mismos que George afirmó como Archie y los señores Graves; aunque le intrigó un poco la elección del niño para representarse a sí mismo con negro, cuyo pelaje se mostraba distorsionado como si se tratara de una bruma, siendo mucho más inquietante que en lugar de sus ojos grises estos estuvieran pintados con un rojo muy brillante.
El oficial siguió echando un vistazo a estos dibujos por inercia, encontrándose con uno donde el conejo naranja proyectaba una larga sombra grisácea también con ojos y boca pero con una expresión espeluznante. Entonces lo vio sobre la cabecera de la cama, el dibujo de un conejo asomándose al borde de la hoja con una sonrisa de extremo a extremo que exhibía una larga hilera de colmillos mientras sus ojos rojos parecían escurrir hasta el borde, manchando a un puñado de conejos sin color en una hoja diferente en la parte inferior.
— ¿Qué carajo es esto? —susurró, incapaz de apartar la mirada hasta que un golpe en la ventana lo sobresaltó, volviéndolo testigo de una silueta del otro lado del cristal con barrotes, la cual no tardó en identificar como Ezran Graves, quien le dedicó una suave sonrisa antes de saltar al vacío.
Perturbado, El oficial corrió fuera de la cabaña para corroborar sus sospechas, pistola en mano lista para disparar a lo que sea que había visto afuera. Sin embargo, lo único que visualizó fue a la pequeña silueta corriendo hacia el bosque. Con el corazón palpitando desbocado corrió tras la criatura con la esperanza de alcanzarla rápidamente, lo cual sucedió luego de un par de minutos manteniendo el ritmo, encontrándola de espaldas a él, así que lo apuntó con el cañón de su pistola mientras se aproximaba con pasos calculadores llenos de precaución.
— ¿Ezran Graves? Creí que tus padres habían dicho que tenías prohibido salir de casa solo.
—No estoy solo —dijo dándose la vuelta para mostrarle su indiferencia—. Nunca estoy solo.
Eso le dio al oficial motivos suficientes para darse la vuelta pero fue demasiado tarde, ya que no había tardado en recibir el golpe de un bat de madera en la cabeza, el cual lo envió al suelo dejándolo aturdido. Archie Fog tomó esta oportunidad para tomar la pistola que el oficial había soltado y caído al suelo para apuntar la cabeza de quien lentamente volvía a incorporarse.
—Andrew tenía razón, usted no es un hombre muy ético. Supongo que un par de años en la cárcel no reforman una mierda a un ex ladrón, ¿eh? Aunque se lo agradecemos, si no hubiese venido por nosotros esto no habría sido tan fácil.
—Así que me han investigado también. Hay un secreto familiar que ocultar, ¿no? Dime, ¿tiene relación con todas las anormalidades que han estado ocurriendo en este pueblo?
— ¿No sabe usted eso? Porque si me pregunta, es imposible que nosotros dejemos a tantas personas en coma o que causemos ataques de algún animal si ni siquiera contamos con una granja. Nosotros somos inocentes, sólo nos estamos defendiendo de usted.
—Tus acciones revelan lo contrario e indican que es posible que sean culpables de todo.
— ¿Y qué si actúo solo y mis padres adoptivos no tienen idea de esto? Sin mencionar que es molesto tener a un acosador detrás todo el tiempo, es mejor deshacerse de él a la primera oportunidad.
—Si desaparezco mis superiores sabrán que ustedes son los causantes.
— ¿Sus superiores estuvieron de acuerdo en que viniera a nuestro hogar sin una orden? —El lenguaje corporal del oficial George cambió de forma sutil pero fue percibida por el joven adulto que sonrió con picardía—. Dudo que lo permitieran, especialmente cuando se supone que nadie estaría en casa. Se ha arriesgado mucho al venir aquí, ¿no le parece?
— ¡El pueblo lo sabrá!
—Nosotros tenemos más tiempo aquí, usted fue transferido hace menos de tres meses. Quién sabe, podría convertirse en la siguiente víctima de los fenómenos que dominan Whispering Firs.
El oficial George finalmente se puso de pie, llevándose una mano a la cabeza donde un moretón comenzaba a formarse, cuando intentó avanzar notó que algo se había incrustado en su pierna, así que lo inspeccionó para arrancarse una espina que enseguida hizo brotar un poco de sangre que manchó sus pantalones. Aquello tan insignificante tuvo una importante repercusión en el control de Ezran, quien observó la pequeña mancha de sangre con las pupilas dilatadas.
—Carne…
—Oye. —La voz de su hermano mayor lo tensó—. Recuerda lo que dijo mamá, debes portarte bien para que esto no escale, ¿entendiste?
—Pero tengo hambre…
—Comerás en cuanto terminemos.
—Quiero comer ahora.
—Ezran, no. ¡No! —exclamó cuando lo vio correr hacia el policía y abalanzarse contra él como si fuera una bestia—. ¡Niño malo! ¡Detente!
George esquivó la violenta embestida y la tomó como oportunidad para correr en dirección contraria, adentrándose mucho más al bosque sin dejar de ser perseguido por aquel chiquillo, bastándole un vistazo a su rostro deformado en una mueca monstruosa para saber que no era humano, por lo tanto no estaba seguro si sería capaz de hacerle frente sin un arma. Mientras corría y escuchaba a Archie llamar a su hermano pequeño, el oficial supo que no iba a dispararle o llamaría la atención, pues aunque estuvieran a mitad del bosque el sonido era muy reconocido, sin mencionar que seguro no quería lastimar al menor de los Graves que corría tras de él con una velocidad impropia de un niño de esa edad; un movimiento en falso bastaría para que consiguiera alcanzarlo. Archie se cansó demasiado rápido, así que se sostuvo de las rodillas, lo que le permitió darse cuenta que el sol ya se ponía entre las ramas de los árboles, lo que le hizo sonreír con malicia, irguiéndose para gritar al oficial que se alejaba de la zona segura.
— ¡Si es inteligente volverá a la cabaña conmigo! ¡Debe saber que no soy el único hermano mayor de Ezran!
Sin saber a lo que se refería la lejana voz de Archie, el oficial buscó entre la maleza cualquier palo que pudiera servir para oponer resistencia a las intenciones nada salubres del chico-demonio que lo perseguía. Aunque de un momento a otro dejó de escuchar sus pasos tras él, más no se detuvo a comprobarlo, prefiriendo seguir hasta que sus piernas cedieron y terminó tropezando con un grupo de piedras enterradas en la tierra. El golpe no fue gran cosa pero le inquietó mucho el mortal silencio que de pronto lo abordó, el entorno no se sentía natural y el ambiente estaba increíblemente pesado por encima de su agitado aliento. Juraba que no era capaz de escuchar su propia respiración. Pudo pensar que esto se debía a que el niño demoniaco lo estaba cazando, de no ser por el horrido chillido que de un momento a otro resonó por el lugar.
Al mirar a su costado se dio cuenta de una extraña masa sangrienta en el suelo con restos deformes de fetos y algo más cercano a niños y niñas arrastrándose hacia él, los cuales estiraban sus dispares brazos en un intento por alcanzarlo.
Aterrorizado se levantó del suelo, echando a correr sin importarle más lastimarse por las ramas que se interpusieron en su camino. No daba crédito a lo que estaba sucediendo. ¿Qué era ese bosque? Esa y más preguntas invadieron su cabeza mientras trataba de elegir el camino más adecuado por el cual ir en busca de la carretera donde tenía estacionado su auto. Fue un verdadero infortunio que al siguiente instante algo se clavara en su cuello, lo que lo hizo caer sin fuerzas de vuelta a la tierra. Lloró y se retorció impotente con la sensación de hormigueo en todo su cuerpo, hasta que Andrew y Ashley Graves emergieron de las sombras, siendo esta última quien portaba un rifle primitivo de cazador en las manos.
—Te dije que todo este tiempo sola me había ayudado mejorar mi puntería —comentó ella con una sonrisa engreída hacia su acompañante.
—Estoy impresionado. Realmente eres el mejor modelo de esposa que alguien como yo hubiese deseado —la elogió él inclinándose hacia su hermana para darle un beso rápido en los labios y al siguiente momento ocuparse de la tarea precediéndoles.
—Tendremos que agradecerles a nuestros hijos no nacidos por hacerlo enloquecer, ha hecho más sencillo el sedarlo de un disparo. ¿Qué opinas de una ofrenda de frutas e incienso? Como los antiguos nativos de este pueblo hacían, con sus brujerías y eso.
—También está el tema de que ayudaron calmar a Ezran, de no ser por ellos él habría hecho el alma para tu amigo demonio se esfumara antes de sacrificarlo.
—No te preocupes, me encargaré de castigarlo más tarde.
Andrew terminó de atar al oficial de policía con una cuerda larga y con moderada facilidad lo cargó en su hombro para llevarlo en su camino de regreso a la cabaña donde sus hijos ya los esperaban con los primeros pasos del tradicional ritual demoniaco montados en la parte trasera de su hogar que servía de almacén en invierno.
— ¡Bienvenidos! —les recibió Archie con entusiasmo mientras que el más pequeño bajaba la mirada avergonzado por su actuar y temiendo a una reprimenda. Cuando sus padres estuvieron cerca, Ashley se arrodilló para revisarlo de pies a cabeza de manera minuciosa.
—No me hice daño —aseguró con cierto nivel de timidez. Ashley le sonrió.
—Muy bien, pero la próxima vez será mejor que obedezcas a tu hermano, no olvides que él es responsable de ti cuando ni tu padre ni yo estamos. Además, casi te comes al que te dará un pase al ser que te ha mantenido sano. Un alma humana es valiosa, ¿comprendes? Ya te lo he dicho.
Con un tímido asentimiento, Erzan dejó que su madre lo guiara al círculo que Andrew ya había trazado con la sangre del tipo semi-inconsciente, quien lo recibió con la misma sonrisa amorosa que le dedicó su madre antes de apartarse para observar cómo se desarrollaba todo junto a Archie, quien había empezado a juguetear con el bat sobre su hombro. Ashley encendió las velas y comenzó a llamar al demonio en tanto el oficial George despertaba nuevamente para observar la escena, entrando en pánico en cuando la oscura habitación fue sumergida en una densidad carmín que trajo la sobrecogedora presencia de una criatura el triple de impactante que Erzan, cuyo cuerpo lucía como una bruma y poseía una gran cantidad de ojos rojos conformándolo. Brillantes, vivos, que respondieron sus dudas sobre el motivo del miedo de Ezran Graves, quien miró al demonio con aprehensión.
—Wow, eres más grande que la última vez que nos vimos —comentó Ashley con una sonrisa jovial que la hacía lucir siete años atrás en el tiempo.
— ¿CuÁL eS tU pEtiCIón, ALmA dE AlqUitRáN?
—Lo de siempre, toma el alma de ese idiota cuando quieras.
El demonio lo hizo, estirando una especie de brazos con largas garras hacia el cuerpo atado y tendido en el suelo del policía, quien después de sufrir una dolorosa extracción de alma golpeó la cabeza inerte en el piso, totalmente en coma. Archie se estremeció, simplemente no se acostumbraba a esa vista sin importar el paso de los años, Andrew lo entendió, así que le dio unas palmadas en el hombro para calmarlo. El demonio se volvió a su invocadora humana más fiel.
—DeJA aL chICo AcerCArSe a mÍ.
Ashley empujó suavemente a su hijo, quien un tanto inseguro hizo caso a la indicación de colocarse delante del ser infernal, el cual extendió su brazo hacia su cabeza después de pedirle recitar la palabra mágica que constaba de un idioma extraño, cosa que Ezran hizo, entonces el demonio posó la palma en su frente para depositar en su cuerpo una generosa cantidad de energía oscura que provocó una reacción inmediata en él, obligándolo gruñir, mostrar garras y colmillos antes de volver a un estado más natural, pues incluso sus ojos grises que por un instante que volvieron completamente negros descendieron del púrpura al rojo y finalmente al gris.
— ¿Cómo te sientes, mi amor? —inquirió Ashley a su hijo para verificar su estado como hacía siempre.
—El hambre desapareció.
—Perfecto —celebró besándole la frente y la mejilla para vergüenza del niño.
—Te VEré OtrA vez, ALmA dE AlqUitRáN. —El demonio se giró brevemente hacia sus demás espectadores—. AdIÓs, ALmA pOdrIDa y ALmA dIVidIDa.
—Cuídate, extraño —Archie correspondió a la despedida—. Mi mellizo envía saludos.
—Bye, supongo —dijo Andrew aspirando distraídamente su cigarrillo, y enseguida la entidad se desvaneció en el aire, llevándose la ambientación escarlata consigo.
—Bien, ahora viene la parte tediosa —dijo Archie sonriendo a su padre adoptivo.
—Ni tanto —espetó Andrew—. Sólo hay que llevarlo a su auto y que se quede ahí hasta que alguien lo encuentre o debamos reportarlo nosotros mismos en la mañana, ya que no pasan muchas personas por estos lares.
— ¿Sabes al menos dónde estacionó su auto?
—Lo averiguaremos —afirmó emprendiendo marcha a la carretera. Archie resopló pero acompañó a Andrew de todos modos en tanto Ashley y Ezran se dedicaban a limpiar la zona del ritual.
— ¿Sabes, mamá? Mis hermanos creen que soy muy afortunado de estar aquí.
— ¿Si? —Ashley le dedicó a su hijo una sonrisa enternecida.
—Cuando me dijeron que cuidarían de mí desde el limbo, no pensé hablaban en serio. Pero hoy pude verlos, ellos no lucen tan bien como yo pero puedo saber quién es quién y qué son. Mi hermanita más mayor fue quien me dijo que no le causara problemas a Archie, por eso volví con él. Perdóname, mamá. Te prometo que me portaré mejor.
—Sé que lo harás. —Ashley corrió abrazar a su hijo con efusividad, besándolo tantas veces que el chico finalmente reaccionó echándose a reír por las cosquillas que tales acciones le provocaban, pues una vez más volvía a sentir, percibir las emociones y expresarlas. Ya quería que su papá y su hermano volvieran para que juntos jugaran a las escondidas dentro de casa.
Fin.
Notas Finales: ¿Qué les pareció? Esta no podía ser una familia muy normal cuando los padres son directamente hermanos, así que… esto surgió de mis delirios por verlos felices casados, al menos así no podré deprimirme si esta retorcida historia termina en tragedia, cosa de la que tampoco me quejaría la verdad, jaja.
