Una noche, mientras recogía la mesa de un cliente, un hombre francés ebrio me confundió con una espía alemana. Entre balbuceos incoherentes y miradas paranoicas, se lanzó hacia mí con la firme intención de hacerme daño. Mi grito ahogado apenas alertó a los demás en el bullicioso cabaret y me encontré atrapada en una lucha desesperada por mi vida.

A pesar del bullicio del cabaret y que mi grito de terror apenas saliera de mi garganta, Lysandra llegó en un instante, lanzando al hombre al otro lado del salón con un simple y elegante manotazo, esta vez su ayuda tomó la forma de una oscura transición hacia algo más allá de la comprensión humana.

Ahora sus ojos, más rojos que nunca, me miraban fijamente, ofreciendo una elección inesperada.

-Tu vida está a punto de acabar, Morgana, pero puedo darte la oportunidad de una nueva existencia, a cambio, deberás aceptar mi don.

Confundida y desesperada por escapar de un destino trágico, asentí tímidamente, sin saber que mi decisión me llevaría a una vida llena de intrigas y peligros aún mayores de los que había vivido en mis 20 primaveras.