Eyes boring a way through me

Paralyze, controlling completely

Now there is a fire in me

A fire that burns…

La intensidad de la música se elevó a la estratósfera. Franz Ferdinand sonaba a todo volumen desde su reproductor de música, una de las muy pocas pertenencias que pudo traer de la Tierra. Podía considerarse anticuado para ese mundo mágico, pero le tenía demasiado aprecio como para reemplazarlo.

No podía vivir sin su playlist, eligiendo para esa tarde una mezcla de brit rock que iba desde Pink Floyd y The Police hasta Muse y Arctic Monkeys. Así amenizaba su práctica en el lago Rocaluz. En esta ocasión Damian prefirió activar el poder interno del mandoble, cuya hoja brillaba y desprendía un aura carmesí. Así era capaz de absorber el calor ambiental y aumentar su poder. Era día libre en Fontana Roja, uno de temperaturas bastante elevadas, y lo estaba aprovechando desde temprano en la mañana para descansar de la estresante rutina de estudiante y poner todas las ideas en orden.

La imagen de Musa tomada de la mano de Riven volvía de vez en cuando a golpear su moral y autoestima, sin entender la razón. No creía que fuese un enamoramiento repentino ante el aislamiento prolongado en la mansión del buró. Vió mujeres ahí. Asistentes, oficiales de comunicación, agentes de campo, y jamás pasó por una faceta así. ¡Ni siquiera con Bloom, que tan compasiva fue con él! Conocer a alguien cuyos poderes eran tan similares a los suyos causó toda una revolución, pero no sintió alguna atracción hacia ella. Como mucho le veía como una especie de hermana, entre mil comillas. No tenía sentido. A Musa solo le conocía de su encuentro en el lago y de verle de reojo con su novio en esas semanas. De buenas, de malas, con una sonrisa brillante y dulce o con sus facciones apagadas por el dolor o la frustración. La escuchó cantar una vez y hablar/discutir con Riven, y ya. Quería darle una respuesta a todo ese rompecabezas diabólico pero lo único que conseguía era una jaqueca gratuita.

El calor en sus manos y en la hoja fue creciendo más y más, hasta tal punto que tuvo que disipar toda la energía acumulada mediante un corte veloz al aire. Del metal se desprendió una llamarada que ganó altura hasta esfumarse sin causar daño alguno. Tan concentrado estaba en su ensimismamiento que se desconectó de todo lo demás, incluso de la propia música que acompañaba el momento. Y una vez más el destino lo pilló por sorpresa.

— Qué música tan inusual. — Exclamó una voz familiar que le causó un susto inmediato. La espada escapó de sus manos, voló un par de metros y se clavó en la tierra, con su nervioso portador pensando en si debía saltar al lago y esconderse. Era ella.

Aprovechando las temperaturas elevadas decidió llevar un outfit distinto compuesto de un short ajustado que cubría sus muslos y con estampado de flor en el lado izquierdo, unas botas de plataforma, un sostén deportivo que hacía juego con una chaqueta y una visera. El azul y el celeste servían de colores principales, mientras que el rosa era el secundario, remarcando todavía más sus encantos físicos.

Él, en cambio, con su camiseta verde de manga corta, jeans elastizados, cabello desaliñado y pies desnudos no podía verse más ordinario. Y la música no ayudaba en nada a amenizar el momento. Curiosamente se oía Starlight, de Muse.

—¿Te asusté? Lo siento, pero esta música tan intensa me atrajo. No lo pude evitar. — dijo el hada con un brillo curioso después de señalar el dispositivo. La música sacaba su lado más extrovertido. No reconocía la voz ni la banda pero admitía que poseía una intensidad vibrante.

— ¡Tú tranquila! Solo estaba, ehm, calentando. — Literal y figurativamente. Tras cortar en seco la canción y guardar el reproductor en la mochila, hizo reaparecer el mandoble en sus manos mediante un sutil gesto. Quería envainarla y relajarse. Por fortuna, contaba con el aroma de la amena naturaleza y la brisa fresca proveniente del lago para evitar que el corazón se le saliese por la boca. — Lo que hice la otra vez fue algo tonto, yo…

— ¡No, no! Es lindo saber que a alguien le gustó lo que hago. — le interrumpió con amabilidad. Las melodías que componía eran lo más valioso que poseía, por encima de su propia persona. Y ese muchacho desconocido al que tanto le costaba el manejo de la espada se tomó unos momentos para aplaudirla. — Quería agradecerte por eso, y aprovechar la ocasión para presentarme.

Estiró su mano derecha, dejando la otra detrás de la espalda y diciendo su nombre con un tono tan dulce que podía derretir el corazón del ser más frío del universo. Él respondió con suma delicadeza el gesto, que no alargó más de lo debido.

— Soy Damian Miller, y no fue nada. Jamás escuché una voz como la tuya, te lo juro. En la Tierra hay cantantes fantásticos ¡muchísimos!, pero lo tuyo se sale de cualquier escala. — admitió tras tomar confianza. El canto de la chica de Melodía poseía una potencia y una expresividad tal que llegaba al alma. ¡Y apenas le escuchó unos pocos segundos! Damian estaba muy seguro del potencial que poseía. La propia Musa, no tanto. Las inseguridades internas evitaban que pudiese creer del todo en esas palabras y gestos, aún con toda la efusividad y buena intención que veía en ellos. Era una molestia permanente.

— Tu… espada, eso que haces. Bloom me contó que no es magia tradicional. — ahora apuntó a la vaina que contenía el mandoble, cambiando el rumbo de la conversación. El no dijo nada al respecto a pesar de la sorpresa.

— Ella dijo que encontraría el origen de esto. No sé cómo pero confío en ella al cien por ciento. Y para estar ocupado aquí me ayudó a entrar a Fontana Roja. Creí que seria mas sencillo...

El hada observó al contrario con curiosidad, notando su personalidad cordial y delicada, así como la manera en que esos ojos esmeralda reflejaban una chispa de intriga y confusión. Mientras tanto en la mente del joven Miller surgían pensamientos tumultuosos que intentaban comprender su extraña atracción por ella. Empatía básica, ¿no?

— No te va bien, ¿verdad? —preguntó con interés genuino a la vez que se sentaba en la hierba, invitándolo a unirse. Dudó antes de reposar a su lado, manteniendo en todo momento una prudencial distancia.

— Creo que solo aprobaré las asignaturas de gimnasia, y por muy poco. Lo demás… decir que estoy reprobado es ser generoso. ¡Son tantos temas! Historia, protocolos, leyes, estrategias, manejo de vehículos. Pasé de estar encerrado en una bonita mansión a ver gente de mil planetas distintos y toparme con hadas y ogros. A veces echo de menos cuando todo esto no era más que fantasía de libros.

La peliazul escuchó de boca de Stella que el terrícola no tuvo una crianza como la de Bloom. Que estuvo rodeado de espías y resguardado de la sociedad para evitar inconvenientes. No imaginaba que la raza humana fuese tan distinta a las sociedades de la dimensión mágica, pero quería comprenderlo, y ayudar.

—Entiendo cómo te sientes. La transición a un nuevo lugar puede ser abrumadora, especialmente cuando todo es tan diferente a lo que estás acostumbrado. — musitó con voz suave, colocando una mano reconfortante sobre el hombro ajeno. Ella también se sentía alienada en ocasiones, pero contaba con las Winx para ayudarla. — Cuando sientas la melodía de Magix y la aceptes en tu corazón, todo será más sencillo.

Dam imaginó que aquello era parte de una alegoría que no captaba del todo bien, pero aún así sirvió como bálsamo para su sobrecargada cabeza. Todos los problemas, una vez más, se fueron a un rincón muy escondido y oculto de su cabeza.

—V-vaya… Gracias, de verdad. Acabas de hacer que todo se vea un poco más sencillo. — respondió con sinceridad en la voz y gratitud en los ojos, conteniendo las ansias de inclinar la cabeza y sentir la tersa piel de los dedos femeninos.

— Oh, y cuando tengas problemas con la escuela, puedes contar conmigo. Alfea y Fontana Roja comparten algunas asignaturas, ¿lo sabes? — y ella era una estudiante modelo. No superaba a Tecna (hazaña virtualmente imposible) pero sus calificaciones eran envidiables. — Podríamos estudiar juntos, de vez en cuando. Es que mis días ya son muy apretados.

— ¿Estás segura? No quiero ser una molestia ni que uses tu tiempo libre para… — Otra vez rió la peliazul, cubriéndose los labios con la mano y cerrando esos delgados y tiernos ojitos. Podía jurar Damian que el corazón se le detuvo por medio segundo.

— ¡No digas eso! Eso también me ayudará a mí. Y, además, no lo haré gratis. — se atrevió el hada a recoger la mochila del terrícola y colocarla en el regazo, revisando lo que llevaba adentro. Aquello lo dejó paralizado de asombro. — A cambio, me tienes que enseñar un poco de la música de la Tierra.

La talentosa estudiante sostuvo el reproductor entre dos dedos, pequeño y anticuado para los estándares mágico-tecnológicos de la dimensión. Damian se lo quitó con extremo cuidado, como si su vida dependiera de ese artefacto.

— Yo, uhm, no suelo compartir lo que escucho, es algo que guardo para mí mismo. Seguro lo entiendes y… — la frase se cortó cuando los orbes esmeralda se enfocaron de pleno en su rostro esculpido por los mismos dioses, de pómulos delicados y altos que invitaban a mimar con besos y caricias. Los ojos, profundos y brillantes como el océano en una noche de luna llena, provocaron mil emociones diversas en su confundida cabeza. Su cabello azulado y sedoso, aún atado en dos coletas, dejaban caer finas ondas que se movían por el viento, danzando al ritmo de una melodía invisible. Era la chica perfecta. — … p-pero puedo hacer una excepción.

Aún no lo sabía, pero esa sería una de las muchas excepciones que haría gustoso por Musa.


Regresó eufórico a Fontana Roja. Y mareado, y con náuseas. Tanto nerviosismo acumulado pasó factura. Por suerte su compañero de cuarto no se encontraba ahí, lo que le permitió preparar con calma el té de la tarde. Era gracioso que tuviese más charla y cercanía con Helia que con Kai, a quien veía todos los días. El hijo de los dueños de una importante compañía de Zenith no veía como prioridad conocer al bicho raro de la Tierra.

Pero había alguien con mucho más interés en él que aquel muchacho, o que cualquier otra persona en Magix. Estando fuera del área de la escuela de especialistas, una pequeña sonda esférica escaneaba cada paso y movimiento del entusiasmado terrícola, que solo podía pensar en hablar con Helia sobre el bonito encuentro con Musa. Ni bien detectó la poderosa energía del mandoble dio por acabado su trabajo, volviéndose invisible y elevándose a toda velocidad. Lo único que dejó detrás suyo fue un suave zumbido.


#USER: ¡HOLA DE NUEVO! Debo admitir que cada vez me cuesta mas avanzar con la historia pero, al mismo tiempo, tengo mas ganas de escribir y desarrollarla.

Seguramente tarde un poco mas en sacar los siguientes capítulos, seguramente también me enfoque en corregir o mejorar cosillas de los anteriores que no me convencen del todo. Pero seran detalles menores, nada muy importante. Cualquier consejo sera muy bien recibido porque quiero aprender a hacer esto bien, que guste, sea entendible y entretenga. Dicho todo, muchísimas gracias por todo 3