Percy Jackson, pertenece a Rick Riordan.

Corrige tus errores y sonríe al futuro.

23: Miedo en el corazón del enemigo.

Gracias a mis palabras, Clarisse, Thalía, Nyssa, Atenea y yo, enfrentaríamos a White y a su grupito.

Mientras tanto, les entregamos a Luke, Annabeth y Grace, el Vellocino Dorado, para llevarlo al Campamento.

— ¿Ahora qué sigue? —Preguntó Nyssa.

—Ahora… esperamos a que White y su grupito, vengan a por nosotras. —dije sonriente —Mataré a la mayoría. Vayan a sus camarotes, Papá debe de habernos dejado ropa "especial". —hice comillas con los dedos, se miraron unas a otras e hicieron lo que les dije, yo misma fui a buscar mi ropa y nos reunimos en la proa del barco.

— ¿Por qué quieres, que nos vistamos así? —Preguntó Atenea, sonrojada. Se veía malditamente sexy.

—Porque White no es otra cosa, que un Luke malvado 2.0 y vendrá a esta misma playa. Va a encontrarnos, nos va a pedir el Vellocino.

—El cual ya se encuentra muy lejos, Penny —me recordó Nyssa.

Yo asentí. —Vamos a matar a tantos Mestizos y monstruos como podamos, vamos a darle problemas al ejército del viejo y en diciembre, Thalía concretará la profecía. Me haré cargo de eso.

—Un caballo de Troya —dijeron Clarisse y Atenea sonrientes. Yo asentí, mientras descendíamos del barco.

—Relájense, compren bloqueador solar, hagan lo que quieran, pero no bajen la guardia totalmente. —les dije —Ese idiota, llegará pronto.

Casi estaba dormida, cuando sentí una hoja, bajo mi barbilla. Miré hacía mi derecha y casi sonreí. White hizo justamente, lo que yo quería. Su barquito estaba reparado. —Eh, colega. Bienvenido a Estados Unidos. —Sus matones de siempre, aquellos dos osos gemelos, se materializaron a ambos lados. Uno sujetó a Annabeth y a Grover por el cuello de la camiseta. El otro intentó agarrar a Atenea, antes de fijarse en quién era y ella demostró porqué era una diosa de la guerra. O quizás, hubo un intercambio de papeles, entre Atenea y Minerva, quien mató a cinco de los hombres de Damian en un segundo.

—Si fueras más inteligente, White sabrías que, si no utilizas inmediatamente tu niebla, la gente empezará a hablar…y viendo que prácticamente, estás amenazando a una oficial de la Marina, serás acribillado por la policía local —en serio, eres tan idiota, que actúas altaneramente solo para no perder el respeto de los idiotas que te siguen como perros falderos. Sus matones de siempre, e incluso el oso restante, que pronto iba ser un regalo para Arty, se materializaron a ambos lados. Intentaron acercarse a donde estaba sentado, pero una leve advertencia del traidor hizo que recapacitaran y siguiesen mis pedidos.

—Penny, creo que aún no te has dado cuenta de la situación en la que te encuentras…tan solo debo empujar mi espada un poco más y estarás a mi merced.

—No soy Heterosexual, White. —dije yo calmada, antes de escuchar un rayo, todos miramos hacía nuestra derecha y allí estaba una Thalía cansada de los aliados de White, quien había arrojado un relámpago, para matar a seis de los hombres de White. Solo con mis manos, le agarré la muñeca a White y lo desarmé, antes de darle un golpe en el plexo solar y un golpe en el cuello, ahogándolo y haciendo que retrocediera —Mira en donde estás realmente parado, White. y delante de QUIENES estás parado. No somos las cazadoras, pero sabemos matar y castrar bastante bien. Tengo a una diosa de la guerra a mi lado, a una semidiosa de la guerra, a una hija de Hefesto y a una hija del rayo conmigo. Así que cuida tus palabras. —Cerrando mis ojos, me concentré y con un chasquido, hice que la calma del mar, quedara atrás y formé varias olas, todos los tripulantes del Amanecer de la Plaga, miraron con temor como el barco, parecía que iba a volcarse tarde o temprano.

White deambulaba junto al mar, soltaba maldiciones en griego antiguo y aferraba su espada con tal fuerza que los nudillos parecían a punto de estallarle. Algo muy malo de su parte si pensaba atacarme en este momento. Ese agarre le impedía tener la fluidez necesaria a la hora de pasar a la ofensiva.

Desenfundé rápidamente mis espadas, prácticamente, ni me vieron y en un segundo, White y sus compañeros, estaban entre furiosos y asustados, pues vi lo que ellos vieron: Las reparaciones en el barco, eran más bien precarias y podrían volver a perder el barco, si no actuaban rápidamente y se marchaban, pues eso era lo mejor que podían hacer, en lugar de enfrentarse a nosotras.

Ya fuera por el aura roja que rodeaba la lanza de Clarisse, quien estaba canalizando el poder de su padre.

Por como la espada de Nyssa parecía estar al rojo vivo.

Tal vez por percatarse de que estaban delante de una diosa de la guerra, como lo era Atenea.

O por mi poder desatado, que tarde o temprano, causaría que el barco de White fuera destruido.

Se marcharon con las manos vacías, sabiendo que tendrían más perdidas que ganancias, incluso si lograban adueñarse del Vellocino de Oro (que Castellan tenía en su poder y estaba fuera de su alcance), si es que yo causaba el hundimiento de su barco.

Nosotras hicimos lo mismo, por nuestro lado: Regresando al Campamento.