Capítulo 6 - ¿En qué demonios pensabas?
— T-Todo eso es fa-falso... (snif) (snif) yo... ¡yo me metí en la cama de mi tío y mi madre casi lo mata!... (sob) buuuuhhh... —
esta confesión deja estupefacta a Lavinia... ¡no puede ser posible! ¿de verdad su amiga se atrevió? pero, pero...
—pep-pero entonces tú... t-tú y é-él... —
— no, (snif) (snif)... yo... y-yo estaba tratando de seducirlo y... (snif) (sob)... él no me tocó ¿entiendes?... él me-me dijo que mamá iba a... iba a m-matarlo y... (snif) (snif)... ¡Lincoln no hizo nada!... buuuuaaaaahhh... (snif) é-él me estaba pro-protegiendo y-y mi madre es-estuvo a punto de matarlooohhh... buuuaaa-aaaahhh... —
esta corta revelación entre llanto y suspiros es apenas la punta del iceberg, pero Lavinia no necesita más, toma a Lupe por los hombros y la sacude mientras le habla en voz alta, casi gritando
— ¿PERO EN QUÉ DEMONIOS PENSABAS? ¡ERES UNA NIÑA!... ¡¿CÓMO CARAJOS IBA A ATREVERSE?!... ¡ESTAS COMPLETAMENTE LOCA! —
y de inmediato la abraza, Lupe sigue llorando aunque no entiende el actuar de su amiga y siente la fuerza con que Lavinia la aprieta, como no queriendo que se vaya, y al mismo tiempo, intentando ahogarla; la morena escucha a su amiga musitar algo
—... estás bien... estás bien... (snif) e-estás bien... —
Lupe se separa para verla a la cara, Lavinia llora y ambas se miran a los ojos, ambas saben que encontraron a la mejor amiga posible y una sonrisa se perfila en cada rostro.
La Santiago le contó todo a su amiga: cómo lo conoció y las sensaciones raras que, de inmediato, la invadieron; ciertos diálogos con sus tías, los días de estar mirando a su tío y tener esa cosquilla dentro, hasta que lo intentó; el fallo y el drama que terminó con el peliblanco en el hospital luchando por su vida. Lavinia no entendía mucho del cómo y el porqué de todo esto, pero Lupe no le contó ciertos secretos familiares que le parecían demasiado obscuros como para ser revelados.
Las chicas estuvieron toda la tarde platicando y poniéndose al día de varias otras cosas; Lupe le contó lo aburrida y triste que había estado después de todo el alboroto, su estadía en la casa Loud con sus abuelos y después en Detroit con su familia materna, el espanto que apenas la dejaba dormir, sus visitas a terapia y su miedo de encontrarse con su madre; por su parte, Lavinia le contó lo aburrida que había sido su vida en esos días hasta que se encontró con Lucy de nuevo... ¡Lucy! ¡se había olvidado de ella por completo!... la chica se levantó como impulsada por un resorte mientras hablaba y gesticulaba
— ¿Qué voy a hacer? me habló para verme justo hoy y... cuando te vi, me olvidé de todo... debe de estar furiosa... ¡va a odiarme!... —
Lupe la miraba con cara preocupada, no sabía cómo ayudarla porque ella misma no sabía de qué manera enfrentaría, no solo a Lucy, sino al resto de las hermanas de su madre; las chicas estaban tan ensimismadas en su plática y su encuentro, que no se dieron cuenta de que alguien las miraba; tras una curva del caprichoso caminito, a unos pocos metros de la pareja de amigas, un negro parasol de encaje escondía a Lucy Loud, quien seguía con interés todo lo que sucedía en aquella banca
— vaya, mi hija perdida se ha presentado al fin; es un alivio saber que está bien, que es lo más importante de todo; ya me encontraré con el pequeño demonio francés en otro momento... chau pequeñas —
y después de mirarlas de nuevo, se retira lo más discretamente posible.
Lavinia estaba confundida entre lo que Lupe le había contado y su olvido de la mujer a quien amaba, caminaba en círculos mientras hablaba sobre lo mala que era y de inmediato se sentaba para tomar a su amiga de las manos, pero antes de decir nada, se levantaba de nuevo y se recriminaba por su olvido; a la tercera vuelta, Lupe ya no la dejó levantarse
— "Lavs", por favor deja de moverte o vas a marearme; mira, si quieres puedes hablarle, no creo que vaya a enojarse... b-bueno, no lo sé de cierto, pero, ella no es así... ella... — la Santiago siente que su voz se quiebra un poco; es su tía Lucy, la mujer a quien más le debe después de su madre; la traicionó y se siente incapaz de estar frente a ella en lo que le resta de vida —... e-ella no se molestaría por algo tan pequeño, e-ella... —
y de nuevo suelta el llanto, Lavinia sabe que su amiga y Lucy tienen algún vínculo que va más allá de la simple relación familiar, pero no adivina que es, así que solo la consuela y le dice que hablará con ella en cuanto llegue a casa.
Las chicas se despidieron con la promesa de hablarse y estar en contacto de cualquier forma posible; cuando Bobby fue a recoger a su hija la encontró sonriente y muy tranquila, eso lo puso de muy buen humor y agradeció a Lavinia por ello, luego subieron al auto y condujo hasta dejar a De la Mothe en la puerta de su casa.
La señora De la Mothe apenas notó que su hija hubiera llegado a casa, no era hora de la cena aún y la dejó subir sin apenas preguntarle cómo le había ido, Lavinia se apresuró a subir y encerrarse en su habitación, luego sacó su celular y marcó un número con dedos temblorosos; esperó ansiosa mientras el tono de llamada sonaba dos, tres y hasta cuatro veces, cuando estaba a punto de colgar, una voz aterciopelada la hizo saltar
— hola pequeña, perdón por la espera, estaba terminando unos pendientes y no tenía el cel a la mano, dime ¿te divertiste con Lupe? bueno, creo que no me hablabas para eso ¿verdad?... — la jovencita no atinaba a decir nada mientras pensaba sorprendida en cómo diablos se había enterado, ¿las habría visto acaso? —... la verdad ya tenía un plan infalible para que pudieras salir, pero un momento antes de llegar a tu casa vi a algunas personitas y preferí no molestarlas, a fin de cuentas creo que necesitabas verla a ella mucho más que a mí... —
¡no, no!... p-por favor no diga eso... yo... per-perdón, en cuanto la vi me olvidé de todo, pep-pero... es que... e-ella...— Lavinia no puede decirle a Lucy nada de lo que pasó con su amiga — es algo privado y... —
— no te preocupes mi niña, se todo lo que pasó con Lupe y con mi hermano... yo estuve ahí y fue algo horrible... — dice la mujer bajando la voz — y a pesar de todo lo que hizo, Lupe ya está perdonada; ella es solo una chiquilla tonta que quiso jugar juegos de adultos... pero no hablemos de eso, creo que las tres hemos sufrido bastante por ello; en fin, te buscaré después para que me devuelvas mi pañuelo, gracias por la llamada, hasta luego —
De la Mothe bajó el teléfono despacio, se sentía culpable, no importaba lo que le hubiera dicho Lucy, ella se había olvidado de su cita, ¡de una cita con la mujer de quien estaba enamorada!; a estas alturas Lavinia ya no se cuestionaba nada, estaba segura de que le gustaba esa mujer y estaba decidida a llegar lo más lejos posible con ella; y aunque no perdía de vista que aquella era una mujer mayor mientras que ella era solo una niña, la ilusión del primer amor la hacía tener grandes esperanzas al respecto; Lavinia salió de su ensoñación cuando la llamaron a cenar, y se bajó de su "nube borrascosa" (con Lucy definitivamente no eran nubes color de rosa) obedeciendo al llamado.
Los siguientes días no hubo gran cosa en la escuela, las clases eran un poco más ligeras entre las chicas, y aunque se divertían, claro que sentían que alguien les hacía falta, no hubieran querido admitirlo, pero Lupe era el alma del grupo; pero después de verla estaban más tranquilas, podían comunicarse con ella más o menos seguido y recuperada su líder, seguían siendo la pandilla de siempre.
Cierto día, después de clases, acordaron ir al centro comercial, un poco a vaguear, un poco a des-estresarse; acababan de pasar unos exámenes y tuvieron la presión extra de tener que estudiar sin la ayuda de su líder, pero les fue medianamente bien, ninguna de ellas reprobó materias, y aunque algunas calificaciones fueron peligrosamente bajas, no hubo pérdidas que lamentar; así, las alegres chicas pactaron su paseo vespertino, y después de que Lavinia obtuviera un permiso a base de muchos ruegos, se encaminaron hacia allá. El mall hervía de gente, aunque se notaba que había más jóvenes, seguramente todos tuvieron la idea de relajarse en ese lugar, por lo que había una gran algarabía, las chicas no estaban muy contentas por ello pero se conformaron; fueron a comer chatarra, luego a los videojuegos y estuvieron curioseando diversas tiendas entre pasillos; cuando daban un rodeo, yendo a una boutique, Lavinia se topó con un localito que conocía bien, era aquel donde conoció las sub-culturas "dark" y "gótica", de inmediato entró en él y comenzó a ver toda la mercancía, en realidad no sabía si compraría algo, pero ahora iba "sola" y llevaba dinero; miró un rack de discos a un costado y de inmediato fue allá; las otras chicas entraron tras ella y pese al descontrol momentáneo, ellas también se pusieron a ver la mercancía; Lavinia miraba los discos cuando una voz la hizo respingar
— hola niña mía, ¿ves algo que te agrade? si te esfuerzas lo suficiente, puedes lograr un buen descuento, jajajajaja... —
al levantar la cara, se encontró frente a frente con los ojos azul profundo de Lucy Loud, quien la miraba fijamente al mismo tiempo que una sonrisa se formaba en sus labios; la chica no recordaba haberla visto tan cerca y estuvo a punto de caer por la emoción, sus piernas temblaban y apenas lograba sostenerse en ellas; ahora podía ver claramente todos los rasgos de esa persona tan amada y deseada: el pelo negro azulado, recogido con una pañoleta en un moño por sobre la cabeza; esos ojos de un color más índigo que cielo, profundas lagunas de agua quieta donde ella añoraba perderse; la nariz de línea elegante y fina, y la boca regular, de labios carnosos pintados de rojo cereza; sus dientes, perlas apenas visibles en esa sonrisa reprimida, se le antojaban para tocarlos con la lengua, y ese perfume... Lavinia sudaba solo de pensar en todo esto y Lucy hacía más amplia su sonrisa mientras de su garganta escapaba una risita que daba escalofríos
— se-señorita Lucy... —balbuceó la jovencita con algo de dificultad —y-yo... — Lavinia recordó que no llevaba con ella el pañuelo —... yo no tengo su pañuelo...¡p-pero le juro que voy dárselo, sólo dígame dónde ir y-y yo...! —
—tranquila querida, tranquila; yo no tengo ninguna prisa en recuperar ese pañuelo, solo déjame pensar un poco... — Lucy comenzó un soliloquio mientras le daba la vuelta al exhibidor de discos y se colocaba junto a Lavinia, quien a estas alturas estaba ya a punto del desmayo —... me parece que podría invitarte a mi departamento; me gustaría invitarte a la casa, pero no es el mejor lugar con tantas mujeres locas entrando y saliendo, no; el departamento será mejor, aunque está un poco revuelto, podrías pensar que soy una persona desordenada o sucia... jejeje... quiero decir, si lo soy, pero no de esa manera —
— ¡y-yo jamás me atrevería a pensar e... ¿pep-perdón? —
De la Mothe abrió unos ojos enormes y su cara se ruborizó completamente, ¡eso era algo que ella no esperaba! y así, mientras hablaba, la mujer la rodeaba con un brazo y la jalaba hacia ella, haciéndola sentir gran parte de sus generosos atributos frontales con el riesgo de volverla loca; las otras chicas la miraban desde lejos y las sonrisas florecían en las bocas de cada una de ellas; Lavinia era demasiado penosa, pensaban divertidas.
Una vez concertada la cita y hecho unos generosos descuentos por parte de Lucy, quien curiosamente era socia de esa tienda, el grupito de amigas se marchó del local; las chicas continuaron su tour por el centro comercial, pero Lavinia iba en modo zombie, lo que acababa de pasarle superaba por mucho todo lo que ella hubiera pensado que sucedería esa tarde: encontrar a Lucy, poder "hablar" con ella (aquí la niña rabiaba pensando en lo que estaría pensando Lucy después de que ella no fue capaz de articular una frase sin tartamudear), escucharla decir esas cosas, ¡Que la abrazara! ella juraría que si hubiera estado unos segundos más pegada a sus... a esos... tan suaves ¡y tan grandes! por dios, sentirse tan bien y tan mal al mismo tiempo era... estaba feliz de haber concertado otra cita a la que no faltaría por nada del mundo.
Lavinia iba perdida en estos pensamientos cuando un perfume la hizo aterrizar de inmediato, volteó para todos lados buscando a la dueña de esa fragancia delicada y embriagadora que tan bien conocía, solo que no la vio por ningún lado, ¿estaría soñando?, de nuevo le llegó el perfume y de reojo vio una silueta entrando a un pequeño local, al cual se dirigió de inmediato. Cuando entró, se sintió transportada a otro tiempo, ya que todo era muy antiguo y formal: los mostradores de madera obscura con cristales grabados en blanco, estantes y cajoneras de suelo a techo con letreritos escritos a mano en tarjetas de papel ornamentado, morteros de porcelana blanquísima y básculas de pesos metálicos relucientes; era una especie de droguería-perfumería que apenas se notaba entre los grandes y coloridos locales que lo rodeaban; hacían remedios naturistas y herbolarios, además de vender esencias y perfumes naturales; Lavinia siguió con el olfato hasta llegar al mostrador, donde una mujer de mediana edad, vestida con una especie de cofia y bata blanca, la miraba sonriente
— veo que te gusta el perfume —
— eeeh... s-sí... digo, e-estoy buscando uno en específico, s-solo que no sé cómo se llama... ¿u-usted lo está usando? —
la voz de Lavinia denotaba cierta tristeza al darse cuenta de que seguía a la persona equivocada
— ¿te gusta? lo hacemos para una clienta muy especial—
Lavinia bajó la mirada mientras el rubor cubría sus mejillas, no quería que la mujer se diera cuenta; la dependienta se fue a la trastienda por un momento y regresó con un delicado envase de vidrio violeta
— aquí está, se llama "suspiro negro", ella misma lo creó, pero la formula variaba hasta que vino con nosotros, ahora lo hacemos aquí y le damos un porcentaje de la venta; es nuestro perfume más caro, pero créeme, vale la pena —
en cuanto Lavinia se acercó al frasco, no tuvo dudas, era el perfume de Lucy
— ¿l-la señorita Loud lo hizo? —
— así es, Lucille Marie Loud es la creadora de esta genialidad, pero poca gente lo compra porque el precio es bastante alto, ella misma lo puso; supongo que espera que nadie más que ella lo use, yo tengo su permiso para usarlo aquí, pero no podría comprarlo jamás, ¿quieres una muestra? —
la chica asintió y la mujer abrió el frasco, el local se inundó de un delicado aroma a violetas que hizo volar la mente de Lavinia
— ¿e-es muy caro? —
— Bastante, déjame mostrarte... — y la dependienta puso tres frascos de igual belleza que el anterior —... estos son los perfumes, ya están reformulados para que el aroma sea más delicado, mira: este de 20 mililitros, cuesta 200 dólares; el de 50 mililitros cuesta 500 dólares y el de 100 mililitros cuesta 1000 dólares —
Lavinia casi se va de espaldas, este perfume era más caro que casi cualquiera de los que su madre tenía y era totalmente desconocido; definitivamente Lucy no quería que nadie más que ella lo usara, pero Lavinia llevaba ese dinero y un poco más, así que se armó de valor
— pues llevaré uno... uno pequeño... — dijo con resolución —... pero en cuanto pueda, vendré por el más grande —
la dependienta le sonrió y apartó el delicado envase violeta, luego guardó los demás y se dispuso a cobrar el importe; luego de un rato, las chicas vieron llegar a su amiga con una sonrisa en la boca
— ¿Dónde estabas "Lavs"?... sí, te perdiste de algo muy gracioso... unos chicos nos estaban hablando... no eran muy guapos... ¡cállate! uno de ellos si era lindo... —
las chicas parloteaban y Lavinia De la Mothe se unió al escándalo, su pequeño tesoro estaba bien resguardado dentro de una cajita marrón en su mochila escolar.
La tarde fue la mar de divertida y Lavinia llegó casi anocheciendo a su casa; aunque, apenas al entrar, se dio cuenta de que su madre no estaba, ella sabía que su padre llegaba tarde del trabajo, como de costumbre y Perkins ya se había ido, por lo que la casa era para ella sola; sabiéndose tan sola, la jovencita fue a la cocina y se llevó algo de comida y bebida a su recámara; estuvo un tiempo tirada en su sofá viendo la televisión, mientras comía, pero luego se aburrió y decidió darse un baño; estuvo un buen rato debajo de la regadera, relajando los músculos, que estaban algo cansados por tanto caminar en la plaza... la plaza, ese jugar que hasta antes de hoy podría ser cualquier cosa, pero había encontrado a Lucy, ella la había abrazado, tuvo sus senos contra su cuerpo... Lavinia sintió ese calorcito especial que salía de su centro y la invadía poco a poco; se sintió avergonzada por unos segundos, pero recordó que estaba sola; era ama y señora de su casa en ese momento y no lo dudó ni por un segundo.
La bata de baño voló hasta caer en el sofá de lectura mientras la piel blanca de Lavinia se erizaba al contacto con el aire de la noche, sus pezones rosas saltaron y se endurecieron mientras la chica sonreía sintiendo el escalofrío que la recorría, pero esto solo aumentó esa calentura adolescente que la había poseído en la ducha, cuando recordó su cercanía con la mujer que la hacía inundarse, y ya lo estaba de nuevo; se tiró en su cama sintiendo la suavidad del algodón en su espalda, y comenzaba a sentir la piel de su entrepierna, humedecida con algo más que agua, cuando recordó su tesoro y una sonrisa pícara le cruzó el rostro; si quería recordar a Lucy de esa manera ¿por qué no hacerlo en "Odorama"?(1); se levantó de un saltó y fue a buscar su mochila, la esculcó hasta encontrar el pequeño frasco que había comprado unas horas antes y regresó al lecho.
Una mano temblorosa se deslizaba despacio por entre los pliegues íntimos de la chica mientras la otra acariciaba los nacientes senos, un aroma a violetas inundaba la cama y suspiros apagados salían de su garganta; el solo perfume de Lucy bastaba para que Lavinia se excitara al máximo, era lo más cercano a ella y su imaginación volaba pensando que esas manos que le acariciaban las jóvenes turgencias eran las de aquella mujer; aumentó de velocidad rápidamente porque su exigencia y su placer crecían, urgiéndola a hacer más intenso el contacto; después de un rato, ya se clavaba los dedos delgados dentro del coñito inundado al tiempo que pellizcaba rudamente sus pezones, que estaban duros como piedras, de su garganta salían gemidos largos y unas palabras arrastradas mezcladas entre estos y resoplidos profundos
— ¡OH-P-POR DIOS LUCY!... ¡COMO TE A-AMO!... ¡MMMMMMHHHH!... ¡CÓ- CÓMEMEEEEHHH!... ¡AAAAHHH! ¡SÍÍÍÍÍ!... ¡E-E-ESO ES!.. ¡ASÍ!... ¡DA-DAME M-MÁS!... ¡LUCYYYYHHHHH!... —
y seguía sobándose mientras apretaba fuerte los músculos internos, sintiendo con las yemas cada rugosidad de su vagina y masajeando con furia un punto "G" que la mataba de gozo; pronto empezó a subir tanto el placer, que supo que se vendría y gritó, invocando el nombre de su amada, perdida en el éxtasis; en ese momento, se escuchó como la puerta de la habitación se abría violentamente azotando contra la pared, y ahí estaba su madre, el rostro desencajado y los ojos saliendo de sus órbitas, una expresión de asco y horror se mezclaban en ella, Lavinia supo que el infierno había llegado cuando la señora De la Mothe se lanzó sobre de ella hecha una furia gritando
— ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? ¿ACASO TE VOLVISTE LOCA?... ¡¿Y QUIEN ES ESA TAL LUCY?! —
y luego siguió un torbellino de golpes e insultos mientras Lavinia trataba de defenderse al tiempo que buscaba algo con que cubrir su desnudez, a tientas logró llegar al sillón donde agarró la bata y apenas pudo ponérsela cuando su madre la tomó por los cabellos y la arrastró por todo el piso hasta una habitación habilitada para huéspedes, donde la encerró en un pequeño closet y después estuvo gritándole e insultándola: pecadora, lesbiana, desviada, anormal; y además, le preguntó quién era esa Lucy, esa cerda que se le había arrebatado de los brazos para dejarla sin su adorada hija, porque Lavinia ya no era su hija, ella ya no tenía una hija; dios era testigo de que en ese momento había dejado de ser su hija, ahora era una enferma lujuriosa que abrazó al demonio y abandonó a su pobre y sufrida madre, que lo único para lo que vivía era para su bienestar, ahora sus padres la habían perdido y... Lavinia dejó de escuchar esa retahíla de quejas cuando pensó en su padre y ahí fue donde realmente perdió toda esperanza, si su madre fue violenta, su padre la mataría.
Lavinia estaba bastante lastimada por los golpes que su madre le diera, pero estaba más espantada pensando en Michael De la Mothe, su señor padre, a quien siempre le había escuchado palabras despectivas, cuando no insultos abiertos, hacia todo lo que "oliera" a homosexualidad, y sabía que todo eso era por la religión, que en su casa era el pilar sobre el cual se construían la "vida familiar" y la educación; la chica temblaba al solo pensar en lo que le diría y haría su padre al llegar a casa y lloraba desesperada, el closet era pequeño y no había forma de salir de ahí, no tuvo la suerte de que su madre la encerrara en un baño, donde había una ventana y un ducto de ventilación, no tenía su celular, y la puerta, a pesar de no ser muy fuerte, lo era lo suficiente como para resistir sus embates, así que estaba a merced de la furia de su padre.
Un sueño espeso e intranquilo es cortado de repente cuando la voz de la madre se escucha de nuevo, la jovencita tiene los nervios de punta y de nuevo la invade el terror: todo ese escándalo solo puede significar que su padre ha llegado. Lavinia quisiera hacerse invisible o desaparecer, morir antes de que esas voces lleguen a su improvisada prisión, pero todo es inútil, ella escucha como la puerta se abre y es casi arrancada del marco por el jalón tan violento que la hace crujir; la luz la ciega por un momento y cuando abre los ojos, frente a ella está un ser que apenas reconoce como su padre: el rostro rojo por la ira, el ceño fruncido, el cuerpo temblando y la mirada fija en ella, y los gritos y regaños recomienzan
— ¡¿EN QUÉ DEMONIOS PENSABAS?! ¡ERES SOLO UNA NIÑA! ¡por esto no queríamos que fueras a la escuela!... ¡esos sitios de depravación y pecado!... ¡Y LO PEOR ES HACES ESAS OBSCENIDADES INVOCANDO EL NOMBRE DE UNA MUJER!... ¡ME VAS A DECIR EN ESTE MISMO INSTANTE, QUIEN TE HA PERVERTIDO DE ESA MANERA! —
el padre entra por ella y la saca arrastrando, la pobre chica solo puede llorar mientras intenta taparse lo mejor que puede, la madre recomienza el castigo físico pero el padre la detiene
— ¡¿ESTÁS LOCA CECILIA?! ¡LOS GOLPES SOLO HARÁN QUE PUEDA DEMANDARNOS!, SU CASTIGO TIENE QUE SER EJEMPLAR, TIENE QUE ENTENDER QUE UN DE LA MOTHE NO PUEDE HACER ESE TIPO DE PORQUERÍAS ¡JAMÁS!, ¡TIENES UN DEBER ANTE DIOS Y LA SOCIEDAD!... ¡¿POR QUÉ CARAJO TENÍAS QUE SALIR TÚ ASÍ?!... EL HIJO DE ARTHUR JOHN ES IMBÉCIL, PERO ES NORMAL ASU MANERA; LA HIJA DE ERNESTINE ES UNA PUTA, PERO CUMPLE SUS DEBERES DENTRO DEL MATRIMONIO Y YA VA PARA SU SEGUNDO HIJO, PERO YO... ¡YO TENGO QUE SOPORTAR ESTE CASTIGO!... SOLO TE ADVIERTO UNA COSA, LAVINIA; SI NO ME DICES QUIEN ES LA HIJA DE PERRA QUE TE METIÓ TODA ESTA SUCIEDAD A LA CABEZA, TE METERÉ A UN CONVENTO Y TE QUEDARÁS AHÍ EL RESTO DE TU VIDA ¿ME ENTIENDES? ¡EL RESTO DE TU VIDA! — (2)
Así la llevan hasta su habitación, la hacen a vestirse y después la bajan al sótano, ahí estará encerrada mientras esperan a que hable.
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Notas:
1- Odorama: sistema "cinematográfico" inventado por el director John Waters, que consistía en darle al espectador una planilla numerada, en cada escena salía un número en una esquina de la pantalla y el espectador tenía que rascar y oler ese número de la planilla para "saber a qué olía" lo que estaba pasando en la película; basado en sistemas similares del director William Castle, como "Smell-O-Vision" y "AromaRama" de los años sesentas del siglo pasado.
2- No sé si en Estados Unidos y Canadá todavía funcionan los conventos como lo hacían antes, cuando eran una especie de reclusorios forzados por algunos padres que se sentían deshonrados por sus hijas; supongo que Lavinia podría escapar del convento legalmente, pero para una niña de su edad, una amenaza así sería bastante efectiva, sobre todo tomando en cuenta que su familia es católica muy tradicional y cerrada.
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Hasta aquí el nuevo capítulo de esta historia.
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