Capítulo 7 – ¿Hay un mañana?
El escándalo en la oficina de la directora del "Instituto MacThomais" era tan fuerte, que los alumnos se amontonaban en el pasillo que daba a la misma; dos secretarias y otros maestros les impedían el paso mientras los arreaban hacia sus salones, lo cual era inútil, el chisme podía más en las mentes jóvenes que cualquier regaño o amenaza.
Los señores De la Mothe habían llegado temprano a la escuela y de inmediato pidieron ser llevados a la dirección, la señora lloraba mientras que su marido daba voces y hacía ademanes furiosos; en cuanto llegaron a la oficina principal, se lanzaron contra la directora, quien se vio sorprendida por un instante: no tenía ni idea de que hacían ahí y apenas entendía lo que la pareja gritaba, hubo de ponerse de pie y golpear con ambas manos su escritorio para que los padres de Lavinia se callaran un momento y les dijo
— señores, no sé por qué están aquí ni a qué vienen estos reclamos, pero si no se calman no podré atenderlos y tendré que llamar a la policía para que los desaloje —
La señora Cecilia se quedó en silencio y se sentó en un sillón mientras se limpiaba las lágrimas, pero el señor Michel siguió de pie, el ceño fruncido y los puños cerrados apoyados en el escritorio de la directora, quien se sentó y le hizo un señalamiento al señor De la Mothe para que hiciera lo mismo; este lo hizo de no muy buena gana y durante un momento, los tres estuvieron en silencio, luego, la directora les preguntó
— ¿entiendo entonces que vienen a reclamar algo? por favor no... — el señor De la Mothe se levantó de un salto, gritando de nuevo
— ¡ESTA ESCUELA SERÁ CERRADA, SEÑORA!, ¡SE LO ASEGURO POR EL MANCILLADO HONOR DE LOS DE LA MOTHE!, ¡TANTA PROCACIDAD NO PUEDE...! —
— ¡SEÑOR DE LA MOTHE, SI NO SE CALLA, HARÉ QUE LO ECHEN!... —
Michael y la Directora MacThomais se encaran por un momento y ella dice
—... este colegio tiene más de cien años, y jamás nadie había manchado mi nombre y el de mi familia de esa forma; por favor dígame de qué está hablando, pero necesito que se calme, gritando no va a solucionar nada —
Michael De la Mothe se sienta de nuevo, y después de respirar profundamente para calmarse, comienza el relato de lo que descubriera con su hija, la señora Cecilia complementa la historia con detalles sobre lo que decía y él finalizó haciendo el señalamiento de que su hija jamás mostró un comportamiento así hasta que asistió a la escuela
— ¡...a su escuela, señora!, alguna de sus alumnas corrompió a mi pobre hija y le ha llenado la cabeza de indecencia y podredumbre, y si no me dice en este momento quien es esa tal "Lucy", iré hasta donde sea necesario para que cierren este instituto —
MacThomais pidió de inmediato el registro no solo del salón, sino de todo el grado de Lavinia, pero no había ninguna Lucy, Lucille, Lucía o algún nombre parecido; se pidió registro de grados superiores, ya que abajo solo estaba la primaria y era muy atrevido pensar que alguna chica menor fuera siquiera sospechosa; el caso fue que se encontraron tres chicas cuyos nombres eran muy parecidos o directamente alguno cuyo diminutivo fuera "Lucy", las mandaron llamar de inmediato, pero ninguna de ellas conocía a Lavinia.Se investigó también a las maestras y trabajadoras del plantel, solo que ninguna se llamaba Lucy o algo semejante, la directora prometió que investigaría dentro del plantel por si se les había pasado algo, tal vez se trataba de un club clandestino o un grupo de chicas que...
— ¡sus amigas!... — la señora De la Mothe dijo en voz alta —... son unas chicas que de un día para otro se hicieron sus amigas y mi hija cambió mucho después de eso; ¡seguro que ellas lo saben! —
la señora Cecilia dio sus nombres y se les llamó de inmediato, pero en cuanto las tres estuvieron en la dirección, Michael comenzó a gritar y amenazarlas, de nuevo la directora amenazó con echarlo y tuvo que aplacar su ira; la señora MacThomais se acercó a ellas para calmarlas
— tranquilas niñas, los padres de Lavinia De la Mothe están aquí por un asunto muy delicado y necesitamos que nos digan todo lo que sepan acerca de... —
— falta una... — interrumpió la señora De la Mothe —... ¿Dónde está esa tal Lupe?... "Guadaloupe" Loud me parece que se llama —
— la señorita Santiago-Loud... — corrigió la directora —... tuvo que dejar el colegio por un problema familiar, pero eso sucedió hace ya varios meses y... —
— esos Louds no son de nuestra clase, mexicanos tenderos y restauranteros venidos a más, ella podría... —
decía la señora Cecilia con desprecio, como si nunca la hubiera recibido en su casa, pero su marido de inmediato la interrumpió, recordó todos los candados que había alrededor del asunto del intento de homicidio y lo peligroso que era hablar de eso
— bueno, bueno... pero ella se fue hace tiempo y lo nuestro está pasando ahora; por favor niñas... — se dirigió a las jovencitas, quienes lo miraban con algo de temor —... ustedes tienen que saber quién es esa tal "Lucy" que ha seducido a mi hija, ¡les exijo que hablen o si no...! —
— ¡es la última vez que se lo pido señor De la Mothe! si vuelve a gritar o amenazar a alguien, ¡lo echaré! —
Michael se calla y su lugar lo toma su mujer
— niñas, hijas, por favor ayúdenme a encontrar a esa delincuente, mi pobre hija está muy mal y alguien tiene que pagar por esto —
y luego llora unas lágrimas tan falsas, que las chicas tienen que esforzarse mucho para no reír, conocen esta faceta de la madre de Lavinia porque ella misma les platicó de sus chantajes y sus escándalos; pero a pesar de todo, su grupo tiene un código y será respetado: por Lupe, por Lavinia y por cada una de ellas, el secreto y el silencio se mantendrán.
La directora les pregunta ahora por algo que pueda ayudar a los señores, pero ellas de inmediato niegan saber algo, también llorarán con fingidos sollozos y unas lágrimas que compiten con las de la señora De la Mothe en lo falsas; total que no se sacará nada en claro de esta entrevista y el matrimonio se irá tan indignado o más de cómo llegaron.
Las chicas de inmediato ponen sobre aviso a Lupe y se dan a la tarea de investigar en dónde está Lavinia, llamadas a su celular y a su casa se topan con un silencio absoluto y sería demasiado temerario ir a su mansión, por lo que tendrán que arreglarse con haber negado toda información y andarse con mucho cuidado, pero una de ellas hará algo más: Candace, la hija del dueño del emporio de seguridad Pinkerman, llama a Lupe durante la noche y le pide permiso para algo muy arriesgado: buscar a Lucy y decirle lo que está pasando.
Lupe no solo dio el permiso (¿por qué me pide permiso? pensaba la chica Santiago), sino que además le proporcionó el teléfono y hasta la dirección del departamento donde Lucy vivía, sentía que Lavinia estaba en peligro, aunque no sabía hasta qué grado, y quería ayudarla; así fue que, con los datos obtenidos de la fuente más confiable, Candace Sandra Wendolyn Pinkerman salió de su casa apenas llegando de la escuela y subió a un auto de seguridad de la compañía para que la llevaran a un domicilio desconocido.
El auto se detuvo en la esquina de un edificio de apartamentos sencillo y de él bajó la jovencita, iba vestida de la manera menos común para ella y sus amigas: jeans viejos, una playera blanca y una chamarra negra que no hacía juego, tenis de lona desgastados y una gorra de camionero, el pelo atado en una simple cola de caballo y lentes obscuros de plástico; según ella era una chica cualquiera que no llamaba la atención y así entró al edificio, el encargado la miró con desgano y antes de que le preguntaran nada, Candace subió al elevador y de inmediato pulsó el botón del cabalístico número 13, el piso de Lucy; luego esperó hasta que la puerta se abriera de nuevo, y ya en el pasillo, buscó la puerta negra con un pentagrama dibujado en rojo (el detalle mencionado sobraba, nadie más tenía una puerta negra).
Al llegar, dudó un momento en tocar el timbre, pero ya estaba ahí e iba por una buena causa, así que estiró la mano y pulsó el botón; escuchó una campanilla cualquiera sonar y luego unos pasos que se acercaban, después un cerrojo y una chapa, para que finalmente la puerta se abriera y detrás de ella apareciera ante sus ojos una mujer alta y voluptuosa, con el pelo suelto y vestida con un kimono de seda negra que estaba cerrado al frente, pero que dejaba ver el nacimiento de sus grandes senos, sus ojos azules profundos dejaron por un momento sin habla a Candace, que salió de su turbación cuando escuchó a la mujer preguntar
— hola pequeña, ¿Qué deseas? —
— ¿Quién es, Luce? —
se escuchó otra voz femenina, aunque más fuerte, detrás de ella y apareció una mujer atlética un poco más baja de estatura, de pelo café hasta los hombros; estaba vestida con una bata minúscula que apenas le cubría debajo de la entrepierna e iba descalza; había un raro humor caliente que salía del lugar y la chiquilla estuvo a punto de salir corriendo
— espera un momento, ¿eres amiga de Lupe, verdad?... — dijo Lucy abriendo la puerta completamente y tomando a la niña por los hombros —... mi sobrina me habló del problema de mi niña, dime que ha sucedido, por favor, pero pasa, pasa... —
Candace entró al departamento para maravillarse, era como si hubiera retrocedido al menos dos siglos, muebles clásicos, lámparas y mesitas, incluso había "arañas" de cristal en el techo, iluminando todo con un aire que le recordaba la casa de su abuelo, a quien quería mucho; Lucy la condujo hasta la sala y la hizo sentarse, luego se acomodó a un lado mientras le decía a la otra mujer
— Lynnette, por favor ve a vestirte, necesito que escuches esto, tal vez puedas ayudarme —
— está bien, duquesa —
dijo la otra con un resoplido y se fue; la chica estaba convencida de haber llegado en un mal momento, pero le alegraba que Lucy estuviera tan dispuesta e interesada, así que, en cuanto la otra mujer regresó, vestida con un conjunto deportivo, y se sentó frente a ellas, Candace les contó lo que sabía.
Lynn rió divertida al escuchar todo esto, pero Lucy la hizo callar de inmediato
— esto no es un chiste Lynn, tú no sabes hasta dónde puede llegar esta gente tan cerrada... — Lucy se levantó del sillón y comenzó a caminar en círculos —... tenemos que averiguar si está en su casa o la llevaron a algún lugar, ¡pobre niña mía! —
— ¡diablos, Luce! suena s muy interesada en esa chiquilla... — dice la castaña levantándose y abrazando a la pelinegra —... ¿es algo por lo que Link o yo debamos preocuparnos? —
— me preocupa por es una niña como yo lo fui, pero ella no tiene a nadie, yo los tenía a ustedes... —
Candace está bastante incómoda con la imagen frente a ella, pero no dice nada; Lucy se da cuenta y se separa de la castaña mientras dice
— esperen un momento, iré a vestirme, luego saldremos a investigar —
mientras Lucy está ausente, Lynn se va a la cocina y Candace comienza a mandar mensajes para avisar a sus amigas, el primer paso era un éxito.
Las tres salieron del edificio y subieron a la camioneta de Lynn, Lucy sabía que no podían simplemente ir y tocar a la puerta de Lavinia y preguntar por ella, pero entonces ¿cómo saber qué pasaba en esa casa?; se estacionaron frente a la mansión Dela Mothe y estuvieron toda la tarde ahí, afortunadamente Lynn seguía siendo la misma devoradora de chatarra de toda la vida, por lo que mantenerse sin hambre o sed no fue un problema; ya anocheciendo, vieron una figura cansada salir de la casa, caminar hasta la calle al tiempo que se ponía un abrigo y enfilar hacia la avenida; Candace lo reconoció como el mayordomo de la familia y Lucy creyó que podrían averiguar algo si le llegaban al precio, entonces las mujeres bajaron del vehículo y le dijeron a la jovencita que no se dejara ver, por si llegaba alguien; ambas caminaron hasta alcanzar al sujeto quien al parecer esperaba un taxi
— hola, buenas noches... — saludó Lucy con un tono amistoso al hombre, que no era otro que Perkins, el mayordomo de los De la Mothe, este solo inclinó la cabeza sin apenas mirarla, se le veía cansado o triste, tal vez ambas, Lucy señaló la casa de la que el hombre saliera —... ¿usted podría decirme si esa es la mansión De la Mothe? —
— si señorita, pero tendrá que esperar hasta mañana, a esta hora, la señora ya no recibe a nadie y el señor no ha llegado... —
— ¿usted trabaja para ellos?... — el mayordomo solo asintió —... ¿p-podría informarme sobre...? — una voz joven la interrumpió
— hola, perdón por interrumpirlos; buenas noches, señor... — Lucy y Lynn se voltearon a mirar a Candace, quien se entrometió hasta quedar frente al mayordomo, quien la miró extrañado —... ¿usted podría informarme por qué la señorita Lavinia no fue hoy a la escuela? la estuve llamando y no me contestó —
— per-perdone señorita, n-no puedo ayudarla... —
Perkins intentó correr, pero unas fuertes manos lo tomaron de los hombros y lo hicieron girar en redondo, una voz algo rasposa le habló rudamente
— ¡contéstale a la niña, grosero! —
— e-es que ustedes no saben, yo po-podría perder mi trabajo y... — el hombre se quedó callado un momento y luego se soltó del agarre de la castaña —... no sé porque tengo miedo, esos avaros me pagan una miseria y tratan a todos como basura... — se arregló el abrigo y le dijo a la niña —... aunque no sé si esté bien que te diga esto frente a estas personas —
— no se preocupe, venimos juntas — dijo la voz segura de la castaña
— la señora encontró a la señorita Lavinia haciendo... a-algo indecente, pero lo grave es que decía el nombre de una tal "Lucy" mientras lo hacía... — la pelinegra se puso roja, pero nadie pudo verlo —... eso la volvió loca así que la golpeó y la encerró en una habitación, pero cuando llegó su padre, la llevó al sótano y ahí la tienen; hoy fueron a la escuela para averiguar quién esa tal "Lucy", aunque, al parecer, no dieron con ella; amenazaron con meter a la señorita en un convento en Canadá si no les decía, solo que ella no ha hablado, yo... yo debería decirle esto a la policía, pero le tengo miedo al señor De la Mothe, es un abogado terrible y es un homófobo de lo peor, no quisiera que me acusara de nada con respecto a su hija y... —
— no tiene usted que temer nada de ese hombre, nosotros podemos ayudarlo, pero la policía no hará nada contra él... — era Lucy la que hablaba —... si lo arrestan estará libre de inmediato y jamás volveremos a ver a Lavinia, tenemos que sacarla de ahí —
— en lo que pueda ayudarlas, cuenten conmigo, estoy cansado de que me traten como perro, solo tendré que buscar otro trabajo y... —
— mi padre puede darle uno, o el padre de algunas de mis amigas, o... —
— tranquila pequeña, no hagas ofertas que no puedas respaldar... — Lynn se acercó a ella, pasándole un brazo sobre el hombro —... pero los adultos si podemos hacerlo — y miró al hombre — si le interesa, yo o algunos de mis hermanos podemos ofrecerle varios trabajos, tanto aquí como en otras ciudades, usted solo ayúdenos y de su nuevo trabajo por hecho —
Perkins asintió y se fue con ellas hasta la camioneta, luego los cuatro subieron a ella y se alejaron de ahí.
Lavinia despertó a la misma lucecita mortecina y amarillenta del foco donde estaba, ¿cuántas horas pasarían desde que la encerraron? no tenía idea; la parte del sótano donde estaba no tenía ni un tragaluz, y sin ver otra luz que la del foco, no podía orientarse; apenas podía calcular el tiempo entre las dos o tres comidas que le habían llevado; al principio se negó a comer, pero después el hambre pudo más que ella y tuvo que rendirse, no era tan fuerte; esto la hizo llorar de rabia, estaba abandonada a su suerte, a la decisión mezquina de sus padres, todo por ser diferente, por amar a una mujer.
El silencio ayudó a Lavinia a calmarse un poco, pero la tristeza aun la invadía, ¿qué pasaría con ella? ¿de verdad la meterían a un convento?, ¿y Lupe y las demás?, ¿y Lucy?... escuchó pasos acercándose, calculó que era muy pronto para que le llevaran comida de nuevo y de inmediato se pegó a la pared con una sola idea, solo muerta la sacarían de ahí; escuchó la llave entrar y girar en la cerradura despacio, muy despacio, como si no quisieran hacer ruido, lo que la extrañó de sobremanera; la puerta se abrió apenas para que una voz, ligeramente susurrada, se escuchara clara
— ¿señorita? ¿está usted bien?... —
Lavinia estaba desconcertada, ¿era Perkins?, ella contestó
— ¡por favor, sáqueme de aquí! ¡le pagaré! ¡haré lo que sea p...! —
— ¡ssshhhhhh...! no haga ruido, vengo a sacarla de ahí, pero tiene que ser rápido, no tenemos mucho tiempo; tenga, vístase... —
voló hacia ella una muda consistente en unos jeans, una sudadera, y unos tenis; Lavinia seguía enredada en la bata de baño que logró ponerse el día que la encerraron y no tenía otra cosa debajo; pero no era momento para delicadeces, su futuro o hasta su vida dependían de... un momento ¿por qué el mayordomo la ayudaba? él era un sirviente de esa casa desde que ella recordaba, fiel a toda prueba y
— ¡señorita, por favor apúrese!, si su padre llega todo habrá sido en vano y... —
— ¿cómo sé que esto no es una trampa de ellos?, ¡¿Cuánto te están pagando por esto?!, ¡seguro quieren que me lleves fuera y en el camino te diga algo que termine de hundirme!; ¡no iré! ¿me oyes?... —
— ¡p-por dios, cállese!, su madre está dormida, pero aun con la ración extra de somníferos podría despertarse; puedo darle una prueba... u-una prueba de que estoy de su parte... — Lavinia se calla y el hombre le dice en voz baja —... ella está esperando que le devuelva su pañuelo... —
la jovencita ya no duda, solo una persona sabe esto y es la mismísima Lucy, entonces se viste de prisa y sale detrás del mayordomo, quien la guía despacio por la parte más alejada del salón, donde la señora De la Mothe ronca apagadamente; Lavinia se detiene un poco antes de llegar a la puerta y le dice a Perkins
—un momento...—
y para horror del hombre, se lanza en una carrera loca escaleras arriba, hasta llegar a su cuarto y tomar tres únicas cosas: un pequeño frasco de perfume, un pañuelo y una cajita de metal con sus ahorros; luego baja y sale corriendo por la puerta, que permanece providencialmente abierta, Perkins la sigue después de cerrar con todo cuidado y ambos van a escondidas por el jardín hasta llegar a la entrada; él le dice que vayan a la esquina, donde un auto clásico negro los espera, suben de prisa y el auto parte despacio, para no llamar la atención; justo en ese momento va llegando otro auto negro, mucho más nuevo, y entra a la mansión, sin que el ocupante se haya dado cuenta de nada.
Michael Dela Mothe entra a su casa después de un largo día de trabajo, está cansado y solo quiere cenar algo y dormir; se extraña de que Perkins no vaya a recibirlo, este no es día de salida y siempre está en la puerta esperando, seguramente Cecilia lo estará ocupando en alguna tontería; solo que después de no ver ni escuchar nada, se extraña; al pasar por el salón ve a su mujer recostada en uno de los sillones, dormida, truena la boca pensando en el pésimo gusto de su mujer para dormirse ahí y recorre la casa llamando al mayordomo, pero nadie acude a sus gritos; él regresa al salón donde intenta despertar a su mujer sin éxito, y al examinarla más de cerca, reconoce en sus ojos dilatados y perdidos, el exceso de droga que la ha noqueado, entonces, de inmediato le viene a la cabeza su hija
— ¡PERKINS!... ¡PERKINS!... —
grita inútilmente mientras corre por pasillos y escaleras hasta llegar a la habitación abierta y vacía del sótano donde estuvo Lavinia.
Un Chevy Bel-Air negro casi centenario, rueda despacio por el pueblo hasta llegar a una casa clásica con porche y garaje, el cual está abierto e iluminado, con una persona parada a un lado de la puerta, quien parece esperar algo o a alguien; el Chevy entra al garaje con los faros ya apagados y la puerta se cierra de inmediato detrás de él, la luz se apaga y después un grupito de personas salen por un costado para entrar a la casa. Dentro todo es festejar y abrazarse, el plan salió bien y fue muy fácil, tal vez demasiado; Lavinia se siente totalmente perdida, entre gente que no conoce, bueno, conoce a Perkins, pero a la mujer de pelo castaño no, ni a... un momento, esa mujer de pelo castaño... ¿no es una de las que estaba con Lucy en el hospital? a la otra evidentemente no la conoce, pero tiene un aire demasiado familiar; Perkins se ve deshecho y solo está sentado a la mesa de esa cocina, pero las dos mujeres de pelo castaño están alegres y abren unas latas de cerveza, Lucy está con ellas un momento y después la mira y le sonríe de tal forma que le quita toda inseguridad
— ¡niña mía!... sabía que esto funcionaría... — la pelinegra se acerca y la abraza tan estrechamente que Lavinia se desmayaría si no fuera porque está entre esos brazos —... ¿estás bien? ¿no te lastimaron?, déjame verte... —
y se inclina para verla de frente: Lavinia Cecilia De la Mothe, pelo negro revuelto y estropajoso, una sudadera vieja donde aún se puede leer "Royal Woods High School", un pantalón de mezclilla despintado y con rasgaduras en las rodillas y unos tenis viejos un poco grandes para ella
— perdona por la ropa, pero fue lo primero que encontré y la verdad no recordaba muy bien tu cuerpo —
Lavinia no puede más, de pronto se rompe ante Lucy y cae al suelo ahogada en llanto, todas acuden a ella, consolándola, e incluso Perkins sale de su aturdimiento para verla; tardarán un rato en calmarla, ya que al parecer, ella aun no cree que estén a salvo; intenta hablar entre hipos y sollozos, pero no se entiende nada hasta que Lucy de nuevo la acoge en su seno y la apacigua poco a poco. Lavinia les da las gracias por sacarla de su prisión, pero también les dice que tienen que irse de ahí, su padre las buscará de inmediato y si las encuentra, quien sabe que pueda hacerles, ella se sorprende de verlas tan tranquilas y hasta sonrientes, Lucy le guiña un ojo y le dice
— no te preocupes, tenemos al menos dos días de ventaja y los usaremos para tranquilizarnos —
la chica parece no entender, pero posiblemente nada de lo que diga logrará que estas mujeres hagan algo más que tomar cerveza y sonreírle, entonces toma el asunto con filosofía y decide obedecer, así que intentará relajarse y descansar; de pronto, un rugido bajito sale de su estómago y Lucy la mira de reojo
— al parecer alguien no cenó... — la amplia sonrisa de la pelinegra se ve brillar —... ¿acaso no le llevaste la cena a la señorita, Perkins? —
— l-lo siento, e-estaba tan nervioso por el plan, que solo esperé a que la señora Cecilia se durmiera e hice todo lo más rápido que pude y... —
una carcajada lo interrumpe y las castañas lo abrazan mientras él se sonríe desorientado por la broma
— vamos Arthur, estamos bromeando; gracias a ti es que esto salió tan bien... — le dice la mujer de largo pelo café e impresionante cuerpo —... y para celebrar este "secuestro", ¡Lynn pagará la pizza! —
— ¡Luan!... está bien, pero que sea una monstruo especial receta Loud —
— ¡yo la pido!... — dice Lucy sin soltar a Lavinia y luego mira a la jovencita —... ya verás que maravilla —
y aprieta un botón del marcado rápido de su celular mientras le guiña un ojo, luego da instrucciones sobre la entrega y cuelga
— Lavinia, niña mía, creo que tendremos que darte un baño después de cenar; disculpa que te lo diga, pero hueles a mugre de días —
la pequeña baja la cara muy avergonzada —l-lo siento, e-estuve encerrada dos días en el sótano y no había más que humedad y un cubo p-para ha-hacer... —
la jovencita siente ganas de llorar de nuevo, pero las mujeres se acercan para consolarla y la abrazan entre las tres
— este no es un abrazo grupal tan fuerte como los que solíamos hacer en familia, pero tiene una ventaja: hay más carne, jajajajajajaja, ¿ent... —
— te lo juro Luan, si vuelves a hacer un chiste de estos, tendrás que visitar al dentista — amenaza la castaña bajita, pero, para sorpresa de todas, una risita se escucha en medio de ellas
— jijiji... jejejeje... jajajajajajaja... ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!... m-más car-carne... ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA...! —
Lavinia ríe y se retuerce por el chiste de Luan mientras sigue apretujada entre las tres mujeres, esa risa liberadora de tensiones y de horrores contagia a las demás, quienes también reirán; mientras, Arthur Perkins las mira con una sonrisa en los labios.
La pizza llegó antes de media hora y se terminó casi igual de rápido, Lavinia alucinaba por la delicia que le iba llenando el estómago conforme la devoraba y las hermanas comían a más y mejor, incluso Arthur comió con bastante apetito, platicando con ellas y riendo de las tonterías que Luan contaba. Una vez terminada la cena, Luan y Lynn dieron las buenas noches a todos y subieron para dormir, Lynn tenía trabajo al día siguiente y Luan tomaría un tren por la mañana; Perkins hizo lo mismo y caminó hacia la puerta debajo del descanso de la escalera, al cuarto de huéspedes que estaba ahí y solo quedaron Luan y Lavinia en la cocina.
En cuanto se quedan solas, la incomodidad de la chica se hace presente de nuevo, pero Lucy la tranquiliza de inmediato
— sé que tienes miedo de tus padres, pero créeme, lo pensaran dos veces antes de avisar a la policía; además, no saben dónde estás y no saben quién soy... afortunadamente nadie sabe quién soy, así que no podrán delatarme y... —
Lavinia interrumpió a la mujer que aun la acunaba en sus brazos
— m-mis amigas, e-ellas saben quién es... quién eres... —
— ¿crees que ellas te traicionarían? que mal las juzgas; ellas fueron las que me avisaron de lo que pasaba y estoy segura de que ninguna dirá nada; de todas formas, Arthur nos ha dado su palabra de que contará todo lo que te han hecho si fuera necesario y nuestra abogada ya tiene un plan para protegerlo — Lucy mira a los ojos a Lavinia y le recuerda — y ahora, niña mía, ¡a bañarse! —
Subieron para cumplir con esta última parte y Lucy la condujo a su alcoba, ella siempre tuvo una en esa casa, al igual que Luan y otras de sus hermanas (1), y al entrar, Lavinia pensó que soñaba: todo era antiguo, obscuro, lleno de libros y cosas tenebrosas; incluso había una chimenea con su correspondiente olla colgando dentro del hogar y una enorme cama con baldaquino y columnas de cariátides de rostro muy serio, casi se diría triste; Lucy la dejó que curioseara libremente mientras abría un armario de donde salió un perfume que ella bien conocía
— c-compré uno... —dijo apenas en un susurro
— ¿perdón? — dijo Lucy sacando la cabeza del armario —... ¿decías algo, mi niña? —
— e-el perfume, compré uno el vi-viernes, antes de... de que mi madre me sorprendiera... —
Lucy se acercó con una bata de baño púrpura y una toalla
— ¿de dónde sacaste tanto dinero? aun el más pequeño es costoso —
— soy... quiero decir, era rica; mi familia tiene dinero y ahorré, antes no salía y no tenía en que gastar mi dinero, al menos pude darme ese pequeño lujo... —
— mi amor, yo te habría regalado el más grande si me lo hubieras pedido, ¿sabes? —
mi amor... ¿mi amor?, ¡MI AMOR!... al escuchar esto, Lavinia siente que su corazón se cae al estómago salpicando todo de sangre a su alrededor, se siente tan bonito...
— muy bien, vamos a la ducha —
dice la pelinegra con un gesto pícaro que asusta a la jovencita, ¡¿v-va-vamos?!... ¿E-ELLA Y Y-YO?... Lucy la mira dudar y la toma de la mano, y así la llevará hasta el final del pasillo, hasta llegar al baño; una vez ahí, abre y enciende la luz, luego la hace entrar y se sienta en el inodoro, usándolo como silla; Lavinia se queda ahí, frente a ella, sin saber qué hacer, Lucy la jala hacia ella y la besa, nada demasiado invasivo, apenas un besito sobre los labios, pero para la chica es demasiado ¡LUCY LA BESÓ, LA BESÓÓÓÓÓÓ!
Lavinia Cecilia de la Mothe está totalmente perdida, suda a mares y sus ojos están vidriosos, sus labios formas una sonrisita boba y se ríe bajito; Lucy la mira divertida, pero ya es tiempo de que se bañe, entonces abre la llave del lavabo, mete la mano en el chorro de agua y luego salpica la cara de Lavinia, quien regresa al mundo con un salto; Lucy se levanta y comienza a abrir su blusa, de donde dos grandes melones luchan por salir, la jovencita abre los ojos como platos y se pone rígida
— ¿Qué, no me acompañas? —
la chica sigue quieta sin saber qué hacer y solo mira los ojos de Lucy y sus tetas, alternativamente; la pelinegra suelta una muy sonora carcajada
— JAJAJAJAJAJA... ok, ok, solo quería ver hasta donde llegabas, no eres una Loud después de todo jajajajajajajajaja... no te preocupes, no voy a mirarte —
se abrocha la blusa y sale del baño todavía riendo bajito.
Lavinia estaba a medio baño cuando escuchó la puerta abrirse y dio un grito, y otro grito contestó desde una de las habitaciones
— ¡Lucy, deja a esa niña en paz! —
se escuchó la risita ahogada de la mencionada y después le dijo en voz baja
— no te espantes, solo vengo a platicar, me aburría en mi habitación... —
la chica detrás de la cortina soltó un suspiro de alivio, no es que no la quisiera ahí, pero en este momento, a esa hora... ¿Qué diablos estaba pensando?
— no entiendo a tus padres, eres una niña muy linda y muy lista, sé que no vas mal en la escuela y eres muy divertida, al menos es lo que Lupe y la otra chica me dijeron; yo era como tú ¿sabes?... bueno, no exactamente como tú; aunque, desde que me acuerdo, me gustaron las cosas obscuras; siempre pude ser yo libremente; pero en mi familia éramos tantos que tenías que valerte por ti misma en cuanto caminaras; seguro que a mis hermanas mayores les fue mejor, aunque eso de que cada año llegara un nuevo bebé a casa... pero me hubiera perdido si mi familia no me hubiera apoyado; si Lynn, Lincoln y Luan no me hubieran sostenido y acompañado, jamás hubiera logrado sobrevivir como lo que soy... entiendo que tus padres son muy conservadores, ¿pero llegar al grado de encerrarte en un sótano? Arthur nos dijo que te mandarían a un convento ¿eso es cierto?, eso ya nadie lo hace, es tan del siglo XVIII, creo que son muy cerrados —
— no tienes idea...— dijo Lavinia mientras se enjuagaba — pero ahora no sé qué voy a hacer: estoy sola y fuera de casa; tengo algo de dinero, aunque no sé cuánto podré sobrevivir y... —
— espera un momento, ¿crees que te sacamos de ahí para lanzarte a la calle? no niña mía, entre diablos nos entendemos, y tú, Lavinia Cecilia De la Mothe, eres una de nosotros —
.
.
.
.
Notas:
1-No es la Casa Loud donde vivían de niños, sino la Casa Loud 2. Referencia al "El cómo y el por qué", fanfic de mi autoría y de donde saqué el tema para esta historia.
.
.
.
.
Hasta aquí el nuevo capítulo de este fanfic, espero lo sigan leyendo
Por favor comenten, sus comentarios me nutren
¡COMENTEN! ¡POR PIEDAAAAAD!...
