8 – Vayámonos
A pesar de todo lo que Lavinia imaginó, esa noche durmió en otra habitación; Lucy le explicó que tenía que descansar bien para reponer fuerzas, la joven recordó los días de encierro y aceptó, aunque ella hubiera querido dormir en esa cama antigua, olorosa a violetas y que se antojaba suave y cálida, sobre todo si Lucy estaba en ella, pero lo importante ahora era escapar, irse del pueblo lo más pronto posible.
Al día siguiente la casa estaba casi vacía, Lynn y Luan ya no estaban, y Lucy se escuchaba cantarina en la cocina, Lavinia escuchó que tocaban la puerta y saltó en la cama
— buenos días señorita... — era Perkins, ¿y cómo olvidarse del hombre que la salvó? —... la señora Lucy pregunta si va a bajar a desayunar —
Lavinia se levanta enfundada en una playera vieja y un pantalón deportivo recortado, y va a la puerta, la abre para ver a Perkins en una camisa de boliche y un pantalón de mezclilla; la jovencita no puede evitar reírse, está acostumbrada a verlo con la levita negra de mayordomo y esto es totalmente otra cosa
— jajajajajajajaja... per-perdón Perkins, jejeje... n-no esperaba verlo así, jejeje... estoy tan acostumbrada a verlo con el uniforme... —
— no se preocupe señorita, yo tampoco estoy acostumbrado, pero es mucho más cómodo; entonces, ¿qué le digo a la señora Lucy? —
— bajo en un momento, gracias —
Lavinia cierra la puerta y se vuelve para buscar algo que ponerse, no lleva ropa aparte de la muda que llevaba el día anterior y no tiene problemas en usarla de nuevo, pero recuerda que no hay ropa interior, por lo que se sienta en la cama, ¿tendrá que andar "a la francesa" de nuevo?; en una silla a un lado de la cama ve algo que le llama la atención, así que se acerca, y lo que encuentra la hace sonreír: una muda de ropa negra, pantys, bra, calcetas, una blusa a rayas negras y blancas, y vestido sin mangas negro, además de una notita encima de todo
"Niña mía:
Te dejo esta ropa, aunque he estado mirándote, no estoy muy segura, espero que te quede; lo siento, tendrás que seguir usando los tenis de ayer porque no tengo zapatos que te queden.
Lucy"
Lavinia se sonroja al pensar en que Lucy la haya estado observando, pero se quita la idea de la cabeza rápidamente y se viste; al final todo le ha quedado como anillo al dedo y pese a lo poco armónico que le parecen los tenis con respecto al resto del conjunto, se siente cómoda, tal vez demasiado; ella alza los hombros como restándole importancia al asunto y baja a la cocina.
Al entrar, se sorprende, seguro que estaba tan cansada en la noche que solo pensó en la comida y no vio nada más, pero ahora, con la luz del sol, se da cuenta de que es hermosa, de estilo vintage de antes de la segunda guerra y adornada con multitud de cosas, donde, además de las ollas y sartenes que cuelgan cerca de la estufa, están los muebles en los que seguramente se almacenan desde trastes hasta especias; Lavinia camina despacio mirándolo todo con detalle, sin darse cuenta de otra cosa hasta que se topa con Lucy, quien la deslumbra porque viste de nuevo un kimono de seda, solo que este es rojo y al parecer de nuevo no hay nada debajo, mil ideas corren por la cabeza de De la Mothe hasta que la voz de la pelinegra la hace saltar
— buen día mi niña, espero que tengas mucha hambre porque tengo una montaña de hot cakes para ti —
y le señala la mesa, la cual tiene ya el plato mencionado con una torre de hot cakes que humean, Lavinia sonríe mientras se ruboriza y va a la mesa dispuesta a no dejar nada de comida, se sirve unas cuantas piezas y las cubre con miel y mantequilla, y al probarlas casi siente que vuela, ¡están deliciosos!
— receta de familia, nena y lo siento, es un secreto que no puedo darte; pero puedes comer cuantos quieras mientras estés aquí... — la pelinegra le guiña un ojo —... por cierto, qué bien te queda mi ropa, aunque esos tenis... seguro que Lola tendrá algo de tu talla —
la chica solo asiente mientras sigue comiendo esas redondas glorias, esponjosas y dulces.
Después de desayunar, Lucy desapareció mientras Lavinia curioseaba por la casa, adornada con muy buen gusto y hasta diría que con sofisticación, y aunque no era la gran mansión como donde ella vivió hasta hace un día, se sentía demasiado cómoda aquí, tal vez porque nadie la trataba distinto o porque la habían ayudado, o porque estaba Lucy.
La jovencita recorrió todas y cada una de las habitaciones sorprendiéndose mucho en cada una: la primera a la que entró estaba vacía de ropa o muebles, solo una cortina oscura en la ventana y una cama corrida hasta la pared, el colchón desnudo y rayas en el suelo, como si fueran parte de un rito extraño... Lavinia se estremeció y salió de ahí; la segunda se veía muy sobria, y aunque se notaba que tampoco estaba ocupada, lucía ordenada y limpia; la tercera estaba llena de jaulas y carteles de animales, había un terrario vacío y un estante sobre este le llamó mucho la atención, había varios frascos de porcelana alineados, las tapas tenían forma de cabeza de animales: ranas, serpientes, un lagarto, varios perros y gatos, y cada una tenía nombre, supuso que serían mascotas, aunque los nombres escritos en los frascos eran algo raros: izzy, el diablo, hopps... prefirió salir de ahí también.
la de Lucy la alucinaba por el estilo, los libros y la cama, esa enorme cama donde estaba segura de que habían pasado tantas cosas... aquí ella suspiró un poco, el pensar que su amada tenía esas experiencias la desanimaba, prefirió salir de ahí y pasó a la siguiente, esta olía a encerrado y Lavinia fue a la ventana para abrirla, y lo que vio con la luz de sol la deslumbró, estaba llena de banderines y trofeos en estantes y vitrinas, había equipo deportivo algo viejo y desordenado en un rincón, y una foto enorme de Lynn con los trofeos del campeonato nacional de soccer femenil y de mejor jugadora del torneo, la chica salió de ahí admirada.
La siguiente habitación era donde había dormido y hasta ahora que regresaba de desayunar es que se daba cuenta de cómo era, muebles clásicos que reconocía como muy caros, una alfombra suave de color rosa claro, la cama grande y mullida, se respiraba un perfume caro y ella juró que sería un Chanel de los más costosos, escuchó un ruido que la asustó y se dirigió hacia un pequeño vestidor que estaba ahí, se asomó apenas y vio a Lucy esculcando en una zapatera que ocupaba la mitad del vestidor
—... tal vez estos o aquellos... — rumiaba la pelinegra con algo de fastidio, Lavinia carraspeó para hacerse notar y Lucy volteó a verla —... ven niña mía, necesito que te pruebes algunos de estos zapatos —
y sin decir más, la sentó en la butaca frente a ella y comenzó a ponerle y quitarle zapatos, varios eran deportivos, pero también los había casuales y algunos formales, aunque de tacón bajo, y casi todos un número más grande que su pie; pero la pelinegra no se rendía, luego comenzó a sacar algunas cajas del fondo, estaban algo polvosas, así que les sopló y Lavinia tosió, sofocada por el polvo
— oh, perdona mi niña... — dijo Lucy —... estos son un poco más viejos, pero están en muy buen estado y espero que alguno te quede —
de nuevo comenzó a probarse zapatos, solo que estos eran más pequeños y pronto se encontró con tres pares frente a ella
— escoge unos, estoy seguro de que Lola no protestará si te los quedas, ella tiene demasiados —
los zapatos en cuestión eran, unos deportivos blancos, unas botas que le recordaron a las que llevó a la escuela su primer día y unas zapatillas negras tipo mocasín casi sin tacón; Lavinia se decidió por estas últimas para combinarlas con el atuendo que llevaba, Lucy se sonrió y le guiñó un ojo
— si llevaras el pelo lacio, juraría que eres casi mi viva imagen a tu edad... — la sonrisa diabólica de la pelinegra se perfila en ese rostro —... salvo por dos detalles — y se señala el pecho, Lavinia se ruboriza y la risa que congela se escucha por toda la casa.
En la tarde llegó Lynn de trabajar, haciendo escándalo mientras hablaba por teléfono, Lavinia estaba en la sala viendo televisión y corrió a la puerta para ver quien alborotaba de tal forma, aunque al ver a la castaña, se desconcertó un poco; esta solo le sonrió mientras colgaba, luego fue a la cocina y se puso a trastear dentro del refrigerador; Lucy bajó y también entró a la cocina, Lavinia regresó a la sala y se quedó metida en la televisión; en la cocina, las Loud hablaban de los pasos a seguir
—... entonces, ¿cuándo nos movemos, Luce? —
— estoy esperando una llamada, para movernos, necesitamos que el enemigo lo haga primero —
Lynn se alzó de hombros y sacó algunos recipientes para prepararse algo, en ese momento el celular de Lucy sueña
— ¿Aló?... ella habla... de verdad?... ¿Cómo lo averiguaron?... está bien, de todas formas estaba preparada; sí, mañana daremos el siguiente paso; gracias Wen o ¿debería decir Perséfone?... jajajajajajaja... ¿qué?... ¡no!... ¿por qué debería de avergonzarme?... de todas formas, muchas gracias amiga, adiós —
Lucy cuelga y se queda en silencio un rato, luego sale al descanso entre el comedor y la sala y grita
— ¡REUNIÓN DE EMERGENCIA! ¡REUNIÓN DE EMERGENCIA! ¡ARTHUR!, ¡LYNN!... ¡LOS ESPERO EN LA HABITACIÓN VACÍA! —
y sube las escaleras, a poco Lynn hace lo mismo con un gran emparedado y una soda grande y luego Perkins hará lo propio, Lavinia no sabe lo que ha pasado y resiste el impulso de subir ella misma, Lucy no la convocó y piensa que sería grosero asistir sin invitación, y mucho peor el espiar, así que se queda en la sala viendo televisión.
La reunión durará al menos dos horas y en ella están: Lucy, maestra de ceremonias y el cerebro del plan; Lynn, cómplice número uno para lo que la pelinegra diga; Arthur Perkins, ex-mayordomo de la familia De la Mothe, decidido a ayudar en lo que pueda; Luan Loud, participando desde Chicago vía remota y Lana Loud, vía remota desde el zoológico de Detroit, donde estaba atendiendo una emergencia veterinaria, pero afortunadamente el trabajo terminó y llegará en la noche.
Después de sesionar, todos se dispersaron dejando a Lucy darle los últimos detalles al plan; ella no era Lincoln y necesitaba trabajar mucho en este, así que se encerró en esa habitación y no salió hasta la hora de la cena. ya estaban en casa, Lana, Lola y Lynn; Perkins insistió en cocinar la cena y cuando Lucy bajó, un grato aroma la recibió al entrar al comedor; todos estaban a la mesa degustando el platillo que el ex mayordomo guisara, y por las caras felices, se notaba que estaba muy rico; Lavinia era la única que no comía, pero al verla, su cara se iluminó y le señaló la silla a su lado, Lucy caminó hasta allá y tomó asiento, y de inmediato Arthur llegó a servirle, la pelinegra le agradeció y de inmediato probó la vianda, lo que le hizo abrir los ojos grandes y sonreír
— ¡mmmmmm!... ¡esto es delicioso, Arthur!, de verdad cocinas muy bien —
—y que lo digas, Luce... — dijo Lana en voz alta, mientras levantaba su plato vacío — Arthur, ¿sería tan amable de servirme más de eso? —
el hombre sonrió y fue a cumplir el pedido de la rubia; Lola, quien estaba del otro lado de Lucy, le preguntó
— ¿por qué de pronto tenemos un criado, Luce? —
— no es nuestro criado, él nos ayudó a rescatar a mi niña de su casa, era su mayordomo, y nos va a ayudar a terminar el plan... — Lucy volteó a ver a Lavinia y le dijo —... hablando del plan, niña mía, cuando termines de cenar, sube a mi habitación, tenemos algunas cosas que hacer —
la chica asiente mientras come, le hace ilusión estar sentada junto a la mujer amada, poder mirarla de reojo, saber que está ahí, al alcance de la mano...
Todas van dejando el comedor después de cenar y se desperdigan por la casa, la mayoría a la sala a ver televisión y solo Lucy sube a su habitación; a los pocos minutos, se escucha tocar a la puerta
— adelante... — dice la pelinegra con voz ausente, y la puerta se abre, dejando ver la cara seria pero sonrojada de Lavinia —... pasa niña mía, tenemos mucho que hacer para mañana y apenas hay tiempo —
la jovencita entra y cierra la puerta detrás de sí, entonces La pelinegra le hace una seña de que se acerque al escritorio donde la mayor se encuentra de pie, revisando y haciendo notas, lo que ella hace de inmediato; Lucy se acerca a la chica, la mira de arriba abajo una o dos veces y regresa a la mesa; Lavinia no sabe qué hacer hasta que aquella le da una orden desconcertante
— desnúdate, por favor... —
— ¿qu-qué?... —
Lavinia está estupefacta, ¿Qué pasa?, ¿acaso es que...? no, no puede ser, no así; ella que siempre imaginó este momento de otra forma, algo muy romántico y...
— venga, no tenemos tiempo que perder —
le dice Lucy al tiempo que se gira para intentar levantarle el vestido, Lavinia lucha espantada mientras tartamudea
— ¡n-no, no!... ¡po-por favor!... no quie-quiero que sea así se-señorita Lucy... yo... —
la pelinegra se detiene y la mira sin entender de qué habla, pero de inmediato cambia su expresión desconcertada por otra diabólica y suena una carcajada casi demoníaca
— JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... no, no... espera... ¿de verdad pensabas que yo...? JAJAJAJAJAJAJAJAJA... —
Lavinia se rinde, ya no sabe qué pasa en ese momento, así que no reacciona cuando Lucy la abraza
— no pequeña, no tienes que asustarte, estoy tan concentrada en el plan que... perdóname; necesito que te desnudes para ver qué tan difícil es disfrazarte —
Lavinia obedece mecánicamente a lo que apenas entiende porque su mente aún está perdida por el shock de hace un momento, así que el vestido y la blusa se van y ella queda en paños menores frente a una Lucy que la mira de un lado y del otro, la hace levantar los brazos, y para gran turbación de la chica, le tienta apenas los crecientes senos; luego le toma algunos rizos del pelo y los estira
— es una pena, pero estos rizos tendrán que irse, no te preocupes, no voy a cortarlo, solo lo alaciaremos —
ante la mirada perdida de la chica, Lucy sonríe
— creo que debería contarte el plan primero; mira... —
A la mañana siguiente, en casa de las Loud hay un pequeño mitin; de a poco han ido juntándose las mujeres que viven ahí, más las amigas de Lavinia, salvo Lupe; Lucy y Luan están en la escalera subidas tres escalones y mirando al grupo, que se encuentra un poco apretado en el recibidor de la casa
—... ¿entonces, todos entendieron sus instrucciones?, los informes nos dicen que ya se tendió un cerco así que va a ser un poco más difícil, pero tenemos la ayuda de la gente de Pinkerman para movernos, muchas gracias Candy querida... — dice Lucy volteando a Candace, quien está con las demás chicas —... por lo demás, solo hay que apegarnos al plan y no pasará nada; Arthur... — la pelinegra ahora mira al ex mayordomo —... por favor vaya a la dirección que le di y espere mi llamado; señoras: ¡a la carga! —
y después de este pequeño discurso, van saliendo en parejas: una mayor y una menor, y se van, cada par en un auto y en direcciones distintas, las últimas en salir son Lucy y Lavinia.
En la central de autobuses de Pontiac, Michigan, hay poco tránsito de pasajeros a media tarde y los policías están algo soñolientos, pero uno de ellos ve algo que le hace pensar por un momento y se mueve hacia un tablón de avisos, revisa bien los datos y el retrato, y prende el radio
— reportando, 45-38, menor reportada como secuestrada: tez blanca, cabello negro, conjunto deportivo gris; va acompañada por una mujer adulta, tez blanca cabello rubio, también de conjunto deportivo color gris y porta una mochila negra; voy tras ellas, repito, voy tras ellas... —
Al mismo tiempo, en la estación de tren de Detroit, cerca del túnel para pasar a Canadá, se hacía un reporte similar al de la estación de autobuses, pero las señaladas visten de azul, y lo mismo pasaba en el aeropuerto metropolitano en Wayne County, Detroit, el detalle: la menor y la mujer que la acompaña van vestidas de rojo.
La policía se acerca a las respectivas parejas de sospechosas y la detienen, cuando las interrogan se hace el reconocimiento facial para encontrarse con que la menor es muy parecida, pero no es la chica del cartel, la policía se disculpa por el error cometido y las mujeres se van libres, cada pareja aborda su respectivo auto y enfilan de nuevo hacia Royal Woods.
Está anocheciendo cuando una mujer Chippewa(1) y su hija muestran sus papeles en el norteño paso fronterizo entre Port Huron y Sarnia; no hay nada que llame la atención: ambas visten de negro, con el pelo trenzado; la madre explica medio en inglés, medio en francés y otro poco en "dialecto", que vienen de un funeral del lado americano y el guardia las deja pasar sin mayor trámite; una vez del otro lado, la mujer ríe al escuchar que la chica suelta un largo suspiro
— jejejeje, tranquila niña mía, nada iba a salir mal —
—... ¡uuffff!... p-pensé que podría pasar algo y... —
— mientras tú no dijeras nada, no tendríamos problema alguno —
— ¿y-y dónde aprendió a hablar el "dialecto" señorita Lucy? —
— primero que nada, se acabó eso de señorita Lucy; si quieres llegar al menos a segunda base, ese formalismo sobra, dime Lucy o Luce, como hace mi familia... — todo esto mientras le guiña un ojo, lo que hace que Lavinia se ponga muy roja, cosa que apenas se nota debajo del maquillaje —... en cuanto al idioma, lo aprendí con unos amigos en la reserva a donde vamos; te gustará estar en contacto con la naturaleza —
Después del día tan ajetreado que pasaron, las parejas se reunieron al anochecer en la casa Loud 2, todos esperaron hasta que al celular de Luan llegó un mensaje que solo decía un parco — hola — por parte de Lucy, entonces todos supieron que habían tenido éxito y se lanzaron pelucas negras rizadas al aire entre gritos de alegría; las jovencitas se desmaquillaron mientras las hermanas Loud se felicitaban, luego celebraron con pizza y bebidas, cervezas para las mayores y sodas para las chicas. Luego Lana llevó a las chicas a sus respectivas casas y regresó para dormir, estaba cansada y tenía mucho trabajo al día siguiente.
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nota:
1- los Chippewa son la tribu nativa del estado de Michigan y los territorios canadienses con los que tiene frontera.
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Hasta aquí el nuevo capítulo de este fanfic, espero lo sigan leyendo
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