9 – La resistencia

Lavinia despierta por el frío que le pica la nariz y las orejas; aunque la cabaña donde ella y Lucy viven es confortable y cómoda, es muy diferente a su casa en Royal Woods, además de que la reservación está en medio del campo, también influye el que el lago esté muy cerca, por lo que el viento helado que viene de ahí baja más la temperatura. La chica se revuelve debajo de los cobertores escondiendo la cara y empieza a quedarse dormida de nuevo cuando una voz ronca y bajita en su oído, la hace saltar

— alguien va a tener un salmón en su pijama si no se levanta justo ahora —

a Lavinia no le queda otro remedio que levantarse, no quiere sentir eso de nuevo; el frío la hace estremecer y de inmediato se cambia de ropa mientras Lucy la mira de reojo, le juró a Lupe que no la tocaría, y tanto Lynn como Lincoln le han preguntado qué pasa con ellas, pero es difícil aguantar cuando la fruta prohibida está frente a ti todo el tiempo. La joven De la Mothe no lo pasa mejor, tienen casi dos meses viviendo en la reservación, y aunque está descubriendo una nueva vida yendo a la escuela y trabajando junto a su adorada Lucy, no se ha atrevido a hacer algo.

Del lado americano, las cosas se han calmado mucho, la denuncia de desaparición de la jovencita sigue en pie, pero se enfría conforme van pasando los días; Michael De la Mothe trabaja y hace su vida social como si no pasara nada, pero su mujer va decayendo poco a poco; ella sigue pensando que lo que hizo su hija es malo, pero el que se haya ido de casa la dejó desolada, de verdad la quiere, es su única hija, solo que la educación rígida que llevó en el colegio de monjas la hizo dura y ahora se da cuenta de que pudo haberse mostrado más amable y tierna con ella.

Hace pocos días que tienen mayordomo de nuevo, un joven inglés de nombre algo gracioso: Hagan Porridge; es muy solícito y excelente cocinero, además de que sabe fabricar cerveza y licores; Michael quedó gratamente sorprendido con todo esto, ese tipo de mayordomos son raros en estos días, así que lo tomó de inmediato.

Esa noche, el matrimonio De la Mothe cena en silencio en el comedor, Porridge sirve rápido y ágilmente los platos que Michel devora con una sonrisa, pero Cecilia apenas los prueba, se le ve pálida y desmejorada, Michael la mira de reojo y pregunta

— Cecilia, querida, ¿de verdad no tienes hambre? Porridge se ha esmerado de verdad con este solomillo, ¡está delicioso!... — la señora De la Mothe solo levanta la mirada y él entiende —... vamos Cecilia, sabes que estoy haciendo todo lo que puedo, yo también extraño a nuestra hija, solo que... como decirlo, no puedo dejarme morir, si dejo de trabajar o de asistir a club la gente puede pensar que nosotros... pero te juro que voy a encontrarla, te lo juro —

Esto último esta dicho con un tono que no se sabe si es amargura o tristeza.

Porridge deja a los señores en el salón, donde Michael degusta uno de los licores que su mayordomo recién ha fabricado y Cecilia se sienta, mansa, a hojear sin ganas una revista; una vez seguro de que no lo necesitarán en un rato, el mayordomo sale al jardín trasero y enciende un cigarro mientras camina, luego saca un celular y marca; espera un momento escuchando el tono de espera y después de un rato, una voz contesta

— ¿clave? —

— cold porridge —

— reporte, Porridge —

— van decayendo, ella más que él, pero ambos sienten la pérdida, creo que ya es tiempo, ¿que dice "el mazo", hay algún indicio por su parte? —

— también reporta decaimiento en el ritmo de trabajo, daremos el reporte y posiblemente en 3 días termine la misión —

— Porridge fuera —

El mayordomo cuelga y se sonríe, es la misión más tonta que le han dado en la agencia; apaga el celular y después de darle la última fumada al cigarro, también lo apaga.

Michael De la Mothe acudía a su oficina a las 9 en punto de lunes a sábado sin faltar jamás, solo la enfermedad y los estrictos días de guardar lo detenían porque al ser católico devoto, las fechas eran muy observadas, pero sus empleados si tenían que ir al despacho; uno de estos empleados era un joven latino, hijo de inmigrantes, se apellida Aguilar y es un estupendo abogado, entró a trabajar en ese despacho porque lo dejaban moverse sin tener título, una especie de picapleitos por debajo del agua que se ganaba su sueldo llevando casos sin importancia hasta que se topó con el "asunto Loud"; después de los regaños del jefe ya no estaba tan convencido de seguir trabajando para alguien que no apreciaba los esfuerzos de sus subalternos, solo que, justo en ese momento, le llegó una oferta que no podía rechazar, y esa oferta vino precisamente del enemigo.

Aguilar llegó a trabajar 5 minutos antes de la hora, como de costumbre, revisó los expedientes sobre su escritorio y dejó que el tiempo caminara despacio; dieron las 9 y no había señal de su jefe, lo cual era raro porque aquel jamás se atrasaba y no era día de guardar, tampoco estaba enfermo (al menos no que él lo supiera), así que se levantó discretamente de su lugar, enfiló rumbo a la puerta y bajó por el elevador hasta el estacionamiento del edificio. Aunque Michael De la Mothe era dueño del edificio, solo usaba dos pisos para la firma de abogados y rentaba las demás oficinas a compañías o personas prominentes, así obtenía un beneficio extra en dinero y prestigio. Aguilar llegó al estacionamiento y desde la puerta del ascensor buscó con los ojos hasta encontrar un elegante automóvil negro, donde su jefe estaba sentado en la obscuridad, mirando a la nada y con gesto ausente, el joven supo que el duro jefe estaba doblegándose.

Apenas al llegar a casa, el joven estudiante de leyes buscó el celular que le habían dado e hizo una llamada

— ¿clave? —

— mazo —

— reporte, mazo —

— ya está pasando, a veces llega tarde o se queda en el estacionamiento un rato, se le ve triste, yo creo que es tiempo —

— daremos parte, posiblemente en 3 días termine la misión; por cierto, la semana que viene recibirá el contrato ofrecido y gracias por su servicio —

— gracias a ustedes —

La llamada termina y Aguilar va a su refrigerador, saca una cerveza y la abre, está con la botella en la mano un rato y la levanta en el aire mientras sonríe, en ese momento se escucha la puerta y una voz femenina pregunta

hola mi amor, ¿qué celebramos? — (esto, en español)

La escuela en Canadá es algo extraña con el frío y sin las chicas de su pandilla, pero Lavinia ha hecho nuevos amigos entre los jóvenes Chippewa, por lo que tampoco es aburrida. Esa tarde, la chica llega a la cabaña que comparte con Lucy y encuentra la chimenea encendida, un agradable aroma de comida inunda el lugar y se escucha música de fondo, como si fuera una cena romántica

— ¡hola, pequeña!, buenas noticias, ¡dentro de poco volvemos a casa! —

Lavinia siente un golpecito en el estómago, no estaba preparada para eso, ¿volver a casa? ¿a cuál casa? ¡¿con sus padres?!

— ¿qué?, ¿p-pero cómo? ¿por qué? no entiendo Luce... yo-yo no tengo a donde regresar, ¿no quiero volver allá! ¡VAN A MATARME! ¡TÚ NO SABES DE LO QUE SON CAPACES!... yo... yo creí que me querías... (snif) (snif)... ¿por qué me haces esto? (snif)... (sob)... —

— ¡no, no!... — Lucy se apresura a calmar a la jovencita, quien llora mientras la mira con una expresión de desaliento absoluto —... niña mía, no llores... claro que te quiero, pero esto que estoy haciendo es un crimen, eres menor de edad y no solo te saqué de tu casa sin el consentimiento de tus padres, ¡te saqué del país!, me estoy enfrentando a una pena de mínimo 11 años hasta cadena perpetua, esto lo hice precisamente porque te quiero y sé que tu vida va a ser mejor después de esto. Mira, tengo algo que contarte... —

La mansión De la Mothe se siente más fría que de costumbre esa noche, la pareja cena en silencio mientras Porridge sirve y retira platos que apenas son tocados; llega un momento en que Cecilia se levanta de improviso y se retira mientras se le escapa un sollozo, Michael se levanta detrás de ella y la alcanza apenas al subir la escalera

— Cecilia, por favor, necesito que seas fuerte, y-yo tampoco estoy bien y si tú me fallas... si tú me fallas voy a derrumbarme... —

las grietas en el antes impenetrable señor De la Mothe son muy notorias ahora, su esposa lo abraza y se refugia en su pecho mientras llora ahogadamente y susurra el nombre de su hija; detrás del vano de la entrada al comedor, Porridge lo observa todo y se va a la cocina de inmediato a enviar un mensaje.

Lavinia no puede creer lo que Lucy le dice

—... ¡imposible! ¿me estás diciendo que Cecilia Wilkes era una chica alocada y fiestera antes de ser la "honorable señora De la Mothe"?... no puedo creerlo... —

— así es querida niña, y puedo dar fe de ello porque fuimos compañeras y amigas en la secundaria, Luego tu madre se fue a una escuela de monjas y le perdí la pista, hasta ahora, ¿quién iba a decirme que mi amiga "Hécate" se transformaría en una señora de sociedad? —

Lavinia sigue sin creerlo del todo, su madre, esa persignada y puritana mujer que despotrica de todo y de todos, a quien tantas veces escuchó criticar eso que a su hija le gustaba tanto... al parecer sabía demasiado bien de lo que hablaba.

— vamos a regresar, niña mía... — la voz de Lucy la saca de sus pensamientos —... vamos a regresar porque no es justo que te arranque de la vida que apenas estabas empezando a disfrutar y porque necesito hacer unas cuantas visitas antes de solucionar este problema; pero no te preocupes, amorcito... — Lavinia mira a Lucy, quien le sonríe muy sospechosamente —... todo está perfectamente planeado, ahora por favor lávate las manos y ven a cenar, preparé algo muy especial para celebrar la victoria—

la chica no se lo hace repetir y va a hacer lo que le han indicado, después de este tiempo viviendo con ella, sabe que Lucy no bromea cuando promete algo.

Dos noches después, una pequeña camioneta se estaciona frente a la nueva casa Loud y de ella bajan dos mujeres, una adulta y una joven; la adulta va hacia atrás a bajar las maletas que traen y la otra corre a ayudar, después, ambas caminan hacia la entrada principal, donde otras mujeres ya las esperan, luego el grupo entra y la puerta se cierra.

Al día siguiente, una lánguida Cecilia de la Mothe mira extrañada a su mayordomo, quien le repite el anuncio

— ... Miss Lucille Marie Loud desea hablar con usted señora, ¿qué le digo? —

ese nombre, Cecilia comienza a reaccionar al sentir que sus recuerdos la golpean

— dile que pase, ¡ha-hazla pasar de inmediato, Porridge! a-al salón... no, no, al salón no; que pase a la "salita de té", prepara algún tentempié ligero y té, llévalo todo ahí y no nos molestes para nada —

la señora De la Mothe corre apresurada para arreglarse mientras piensa de dónde es que ese fantasma de su pasado viene ahora a hacerse presente. Cuando Cecilia entra a la salita, Lucy se levanta de inmediato y saluda

— Hola Cecilia, ¿o debo de decir "Hécate"? —

— nadie me ha dicho así en años, e-eso pasó hace mucho tiempo —

— sí, tal vez demasiado tiempo, tanto, que te olvidaste de nosotras, de Haiku, de Perséfone... de mí —

Cecilia deja de servir el té y levanta la vista para ver a su visita

— Lucy, fue algo que tuve que decidir sin demasiado tiempo, n-no podía decirle a nadie... yo n-no podía —

— siempre fuiste mi amiga, una de mis mejores amigas, pero te fuiste sin decir palabra; un día desapareciste y no supe de ti hasta que una noticia en la televisión me dijo que te casabas con Michael De la Mothe, un buen partido ¿no?; vengo para hablar de ti y de mí, de nosotras y de lo que fuimos, ¿de verdad todo eso se borró de tu memoria? ¿cuándo o por qué renunciaste a esa chica brillante y alegre que conocí? ¿cuándo renunciaste a mí?... éramos las mejores amigas ¿recuerdas? "muerte e infierno", "peste y carestía"... y de pronto la nada, te fuiste... —

— tenía que hacerlo Lucy, mi madre estaba muy enferma y solo me quedaba ir a ese colegio para poder ayudarla; justo había conocido a Michael en la iglesia a la que siempre iba con ella; él siempre fue amable y serio, todavía recuerdo cuando me dijo que estaba enamorado de mí, ¡incluso me pidió matrimonio a los 15 años!... —

Lucy asiente y toma té en silencio, es una historia que siempre quiso saber y ahora su "amiga" le cuenta todo

—... él no sabía quién era yo o lo que hacía, pero me amaba y me lo demostró muchas veces; el problema era que su familia era demasiado rígida y no aceptarían a una chica como yo, por eso él me ofreció pagar todo lo que mi madre necesitara: el hospital, el tratamiento y las operaciones, ¡todo!, yo solo tenía que entrar a ese colegio de monjas en Toledo y estudiar ahí hasta salir para casarme con él. Estuve enclaustrada cinco años, Lucy, ¡cinco años!... solo salía a ver a mi madre al hospital y a la iglesia los domingos, pero ya no tuve que preocuparme de nada más... salí de ahí apenas para casamos, y aunque finalmente mamá también murió, al menos estuvo bien sus últimos años, en un buen lugar donde la atendían y le ayudaban, y no en la pocilga sin calefacción donde vivíamos antes, muriendo de hambre y cáncer; ¿recuerdas donde vivía antes de eso Lucy?, mi familia nunca tuvo dinero y solo presumían un apellido viejo venido a menos... por eso fue que desaparecí, tenía que hacerlo por mi madre, pero no me arrepiento, pese a todo Michael ha sido un buen hombre todos estos años —

Lucy mira a su antigua amiga, su palidez y su tristeza que se deja ver en el gesto

— Cecilia, no te juzgo, entiendo que fuiste la mejor hija que tu madre pudo desear, siempre lo fuiste; pero perdiste algo en el camino, te volviste orgullosa, ambiciosa, tu religión y tu ansia de destacar en sociedad mataron a la chiquilla libre y alegre que yo conocí, ¿es por eso que tu hija escapó? —

Cecilia palidece aún más al escuchar esto, nadie dice nada de esto a los pocos lugares a los que va, sus visitas sociales se han reducido a las obras pías y de caridad, donde a nadie le importa un niño perdido más, aunque sea de la alta sociedad

¿c-cómo sabes de esto? ¿Viniste a burlarte de mí? ¿NO ES SUFICIENTE MI DOLOR Y MI...? —

— no Cecilia, no vine a burlarme de ti, al contrario, vengo a que me digas porqué pasó, ¿qué hizo tu hija que no hayas hecho tú a su edad, como para obligarla a irse de su hogar?, ¿de verdad fue algo tan malo? —

la mujer se queda en silencio pensando, pareciera que hace un recuento de su vida

— lo que hizo es algo que mi religión no permite, es algo que va en contra de la naturaleza y... —

Lucy la interrumpe mientras deja la taza en la mesita a su lado y toma una galleta —Cecilia, por favor ¿no recuerdas que nosotras...? —

¡no, espera un momento! ¡esas eran tonterías de chiquillas locas!... l-lo que tú y yo hicimos esa noche n-no fue igual... solo... solo estábamos jugando... tú... — la luz se hace en la mente de la señora De la Mothe y mira a su interlocutora con los ojos muy abiertos y cara de sorpresa — tú eres Lucy... ¡TÚ ERES ESA LUCY! ... ¡LA SUCIA MUJER QUE CORROMPIÓ A MI HIJA! ¿CÓMO TE ATREVISTE? ¿QUE TE HICE YO PARA...?

— ¡YO NO TE HICE NADA! ¡NI SIQUIERA CONOCIA A TU HIJA HASTA QUE UN DÍA FUI POR MI SOBRINA A SU ESCUELA!... ella fue quien me contó que tu hija estaba enamorada de mí, yo no le di motivos para nada porque estoy casada ¿sabes?... —

esto deja en silencio a Cecilia De la Mothe, quien se sienta de nuevo

—... no sé qué te hizo cambiar tanto, pero mientras pienses así, ella no va a regresar ¿entiendes?... — la asombrada madre de Lavinia mira a Lucy sin entender del todo —... yo la saqué de aquí porque ustedes iban a matarla o a destrozarle la vida... ¡A UNA NIÑA! ¿ENTIENDES LO QUE ES ESO CECILIA? ¡A UNA NIÑA!... ¿cuánto más ibas a golpearla?, ¿sabes lo que le harían las monjas con tu permiso para "enderezarla"?, eso no es una enfermedad o un vicio... es solo amor Cecilia... solo amor... — Lucy se acerca a su "amiga", quien la mira con temor —... ella está bien y a salvo, pero mientras ustedes no garanticen su seguridad e integridad, no regresará, y cuidado si hacen una denuncia o intentan algo contra mí o alguien más de quien sospechen, porque tengo testigos directos de su trato con Lavinia: los golpes, los insultos, las amenazas... todo está escrito y grabado, y en manos de un abogado que actuará de inmediato, yo no te pido dinero ni nada más que amor para tu hija, Cecilia, y es algo que no debería costarte nada —

Lucy se despide en voz baja y sale de la mansión, dejando a una mujer destrozada y muy culpable.

La visita a Michael De la Mothe fue todo menos tranquila, Lucy ya iba predispuesta a pelear y no se guardó nada, Michael la amenazó con todo el material que creía en su poder, pero las acusaciones que ella esgrimió lo congelaron, eran cargos muy serios contra una menor de edad; la mujer le dejó muy en claro que ella se podía ir a la cárcel, pero que entonces no solo perderían dinero y prestigio e incluso la libertad, también perderían a su hija para siempre.

Ya muy tarde, Michael De la Mothe llega a su casa, camina despacio, en silencio y va con la mirada baja, se le mira triste, como si su vida llegara a su final; su mujer sale a su encuentro con el nerviosismo de decirle lo que pasó en la tarde, pero él la sorprende cuando le dice

— estamos acabados Cecilia... — y antes de que ella diga nada, él continúa —... en la tarde me visitó una mujer, me dijo que venía de aquí y que te conocía... tiene a nuestra hija... ¡TIENE A NUESTRA HIJA!... YO NO PODÍA CREER TODO LO QUE ME DIJO, SABE LO QUE PASÓ AQUÍ Y ME AMENAZÓ... — su voz disminuye hasta ser apenas audible —... ¿qué pasó con Lavinia?, ¿acaso no la queríamos lo suficiente? ¿y la escuela tan cara? ¿y su ropa? ¿acaso no es una muestra de nuestro amor el cumplirle ese capricho de los libros o que la hayamos dejado ir a una escuela? ¡¿qué más necesita una niña a su edad?!... ¡¿CÓMO...?! —

— ¡CÁLLATE!... ¿ESTAS ESCUCHANDO LAS ESTUPIDECES QUE DICES?, ¿QUÉ IMPORTABA SI IBA A UNA ESCUELA PRIVADA O SI SU ROPA ERA COSTOSA?, ¿DE DONDE SACASTE QUE LA LECTURA ES UN CAPRICHO PARA UNA NIÑA?... — Michael mira a su mujer y no la reconoce, gesticula mientras grita y se acerca retadora e incluso intimidante —... ¿ES QUE SER TU HIJA NO ERA SUFICIENTE?, ¿ACASO TENÍAS QUE PROBAR ANTE ALGUIEN QUE ERAS UN BUEN PADRE?... ¿te-teníamos que probarlo ante alguien?... — la voz de Cecilia se quiebra de pronto —... ella tiene razón, ¿cómo va a volver si solo es un objeto de estatus para nosotros?... (snif)... (snif)... ¿c-cómo voy a tener a mi niña de regreso si nos tiene miedo? ¿s-si piensa que la odiamos?... Michael... e-ella nos odia.. ¡nos odia!... buuuuuuaaaaahhh... ¡quiero a mi niña, Michel!... —

Michael se da cuenta de que su mujer tiene razón, él siempre pensó en su hija como alguien para sentirse orgulloso y para presumirla en las reuniones familiares, en donde lo miraban mal por haberse casado con Cecilia, y aunque él la amaba de verdad, ese desprecio, más su trabajo y su ambición, se lo fueron comiendo de a poco.

Cuando logró que su tía Lavinia le dejara su herencia, pensó que había logrado su objetivo, al fin tenía el dinero que lo ayudaría a estar a la par de sus primos, quienes constantemente se burlaban de él por ser de la parte poco afortunada de la familia, por eso es que había estudiado leyes, por eso trabajó incansablemente, él quería darle lo mejor a su mujer y a su hija recién nacida, pero ese ánimo de competir con los otros se volvió una obsesión.

Michael miró a su esposa, él la hizo lo que era ahora, la metió en la escuela de monjas para que su pasado se olvidara y su familia no lo molestara por casarse con una chica pobre de la que de verdad estaba enamorado; también fue él quien la hizo interesarse por encajar en la alta sociedad del lugar, para poner su nombre en alto y recuperar lo que "por derecho" les pertenecía a ambas familias... ahora se daba cuenta de que ya nada de eso valía la pena, su mujer estaba vacía y destrozada y su hija había escapado de casa por su actitud absurda y sin ellas, su trabajo era estéril, se olvidó de cuanto las quería y de que todo lo hizo por su familia, entonces se acercó a Cecilia y la abrazó.

Un par de días después, dos mujeres esperaban en la sala de la familia De la Mothe, una era Lucille Marie Loud y la otra Carol Pingrey, esperaban a que Cecilia De la Mothe bajara para hablar con ella, pero la madre de Lavinia no se decidía, prefirió llamar a su esposo y bajar hasta que él llegara. Media hora después se presentó Michael De la Mothe y se le miraba muy incómodo, y no era para menos, tener al enemigo en tu propia casa era una derrota moral muy dolorosa

— buenas tardes... — saludó él con un tono seco —... disculpen por la tardanza, mi mujer ha estado algo indispuesta en estos días y no se siente con la fuerza para tratar este asunto, ¿hablaremos de la situación de mi hija Lavinia, verdad? —

— así es, señor De la Mothe... — dijo Carol, con tono calmado —... creo que no hay demasiado que decirle sobre el caso, dado que usted es abogado y la situación está muy clara; vengo en nombre de ella y de Lucille Loud, aquí presente, para entregarle esta circular, no sé si gusta leerla o si prefiere que yo la lea... — Michael duda entre si tomar el sobre que la mujer le tiende, pero a último momento desiste —... bien, leeré el contenido... —

la circular informaba al señor y la señora De la Mothe, que su hija había pedido protección al estado por el caso de violencia doméstica sucedido en su contra, además de que acusaba a sus padres de discriminación de género, privación de la libertad y de intento de reclusión en contra de su voluntad en un colegio /internado/convento en el extranjero; se informaba que la menor estaba bajo custodia de una familia que ella había escogido y que había una orden de restricción de 1km de distancia del lugar de residencia y escolar, en la calle no podían estar a menos de 100 metros de distancia de ella so pena de incurrir en un desacato al mandato establecido, lo que los haría acreedores a una multa dictaminada por el juez en su oportunidad y si había reincidencia, esto podría hacer que los arrestaran de 24 hasta 72 horas. Si después de un periodo de prueba ellos respetaban lo antes mencionado, podían solicitar una entrevista con la menor, quien, de acuerdo con un terapeuta, podría o no dar su anuencia para la misma.

Michael estaba desolado, no tenía nada que oponer a esto, por lo que asintió y firmó la circular, dándose por notificado de la misma.

— Muchas gracias por su tiempo... — dijo Carol Poniéndose de pie, siendo imitada de inmediato por Lucy —... me disculpo por las molestias que le haya causado nuestra presencia y créame que siento mucho lo sucedido —

Dicho esto, ambas mujeres salieron de la casa, escoltadas por el mayordomo.

Cecilia bajó de inmediato, había seguido toda la entrevista desde el descanso de la escalera sin atreverse a ir más allá, pero escuchó todo

— ¿por qué no les dijiste nada? ¿por qué no peleaste por nuestra hija?... ¡Michael!, ¡MICHAEL!... —

— Lo siento Cecilia, no había nada que hacer, Lavinia es la acusadora y los cargos son graves, no solo perderíamos lo material, podríamos ir a la cárcel, además de que la perderíamos a ella, es mejor respetar la restricción y pedir la audiencia; por ahora solo podemos ser pacientes, querida, pero no te preocupes, la recuperaremos, solo necesito que me ayudes teniendo paciencia —

La mujer llora y se deja caer en un sillón en tanto que Michael se vuelve hacia la ventana, no quiere que ella vea que unas lágrimas corren por sus mejillas.

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