Hola! Aquí dejo una nueva actualización de esta historia que tengo muy presente. Todavía no termino Esclava Sexual (otro longfic mío) pero ya entró a su recta final, así que espero tener más tiempo en el 2023 para continuar Piscópata de una manera más constante.

Aprovecharé de hacer un pequeño resumen de lo que pasó en el capítulo anterior. Yo tuve que releerlo porque apenas me acordaba de qué había escrito hace más de un año, así que ustedes menos se acordarán xD. Hinata y Sasuke se reunieron por primera vez para hacer su trabajo de Ética. Después que ambos se despiden, Sakura se la encuentra «accidentalmente» y le advierte a la Hyuga que no pose sus ojos en Sasuke porque le pertenece.

Por último, una vez más muchísimas gracias por todo el apoyo que este grandioso fandom siempre me da, ojalá disfuten la lectura :D


3


En la biblioteca de su universidad un par de jóvenes afinaban los detalles de su trabajo conjunto de Ética, específicamente en una mesa de la habitación asignada a labores grupales. A diferencia del inmenso salón subsiguiente que estaba destinado exclusivamente para lectura, aquí podían hablar sin preocuparse de tener que minimizar su voz.

—Supongo que ya practicaste la disertación —preguntó Sasuke con tono de exigencia—. No quiero que se te trabe la lengua por hablar en público.

—He estado entrenando, pero la verdad me sigo sintiendo media insegura todavía... —confesó ligeramente angustiada—. ¿Tú cómo lo haces para no ponerte nervioso?

—¿Nervioso por qué? Un león no se preocupa de lo que opinen las ovejas.

Hinata volvió a comprobar que Uchiha disponía de un tremendo ego, tanto como para verse a sí mismo como el rey de la sabana africana. Ella, en cambio, se sentía como una gacela a punto de ser cazada. No comulgaba con la altiveza, pero de todos modos le hubiese gustado mucho tener un pedacito de esa inflada autoestima que tanta seguridad le daba.

—Me encantaría ser una leona, pero no lo soy.

—Puedes convertirte en una si quieres —replicó al tiempo que hundía los codos en la mesa y entrelazaba sus dedos por debajo de la nariz—. Las personas tenemos la capacidad de evolucionar.

—E-es verdad —concordó enseguida, sus dedos jugueteando con la espiral de su cuaderno—. Trato de hacerlo según lo que voy estudiando, pero, por mientras, ¿no tienes algún consejo más apropiado para alguien tímida como yo?

Sasuke se tomó el mentón unos segundos, reflexionando. Sus ojos se esquinaron como consecuencia.

—Una vez alguien muy preciado me dijo que una manera de fortalecer tu carácter es teniendo éxitos en la vida. Eso te va dando la seguridad que necesitas para confiar más en ti mismo.

Hinata detuvo los movimientos de sus dedos sobre la espiral de alambre. Se miró sus uñas sin pintar mientras pensaba que su compañero había dado un gran consejo. Sin embargo...

—Tienes mucha razón —concordó sin alzar su vista—, pero ahí está el problema: yo he tenido más fracasos que éxitos en mi vida...

Él examinó el semblante femenino con curiosidad, notándola triste en sus últimas palabras. Sólo esperaba que no empezara a contarle algún drama, ya que si buscaba un confidente a modo de terapia barata se había equivocado de persona. En primer lugar su tacto era igual al de una serpiente y en segundo lugar no tenía el tiempo ni la disposición de escuchar problemas ajenos. Suficiente tenía lidiando con los suyos.

—Te recomiendo que mires un punto fijo en la pared del fondo —dijo volviendo de lleno al tema de la exposición—, así no te distraes con las caras de los demás estudiantes. Apréndete de memoria el texto para tener mayor seguridad. Sólo concéntrate en lo que debes decir y no mires al alumnado, no pienses en ellos, mantén la vista fija en la pared.

Tal como deseaba Sasuke siguieron hablando exclusivamente del trabajo de Ética hasta que, tras unos cuarenta minutos, cada minucia fue abordada. Había llegado la hora de marcharse, por lo menos para el pelinegro.

—Bien, me voy a comer algo —anunció a la vez que agarraba su maletín de cuero negro. Hinata alcanzó a echarle un rápido vistazo al interior, dándose cuenta de que todo estaba perfectamente organizado, la prolijidad propia de un futuro abogado. Sin embargo, la seguía contrariando que su cabello siempre estuviera tan desordenado. ¿Una forma de rebeldía subconsciente tal vez?—. Que tengas buen día —agregó él despidiéndose sin darle la mano, besarle la mejilla o esbozar una pequeña sonrisa de cortesía. A cualquiera le habría parecido una despedida muy fría, pero la verdad era que, en comparación al común «Adiós» que le dio en las tres ocasiones anteriores, hasta podía tomarse como una despedida «efusiva».

—E-esto... quisiera decirte algo más antes de que te vayas —dijo ella mientras sus manos se entrelazaban sobre la mesa en vez del cuaderno. Sus pulgares comenzaron a jugar nerviosamente el uno contra el otro.

Sasuke, quien ya se había levantado un poco, volvió a sentarse. La observó fijamente por varios segundos.

—Te veo inquieta —comentó al tiempo que su estómago reunía paciencia. No había comido en todo el día.

Hinata lo miró un poco sorprendida, percatándose de que era lo suficientemente perspicaz como para leer su lenguaje corporal. Hasta ahora lo había visto como alguien tan indiferente que pensaba que no ponía atención a detalles así.

—L-lo que pasa es que quería decirte algo. En realidad —se apresuró a corregir— me pidieron que te diera un recado.

Él le encajó sus ojos brunos de una manera más profunda, signo de que le había dado su entera atención.

—¿Quién? —cuestionó con cierta suspicacia. No tenía que devanarse los sesos para vislumbrar que debía tratarse de cierta chica de ojos como jade.

—Hace unos días se me acercó una pelirrosa llamada Sakura, dijo que era tu amiga.

Uchiha había acertado de lleno. Estuvo a punto de poner la palabra «amiga» en duda, pero se contuvo. Después de todo, conocía a Haruno desde muchos años atrás como para venir a eliminar de cuajo la amistad que habían formado.

—¿Qué quería?

—Me contó que habían tenido una discusión. —Sin dudarlo, omitió el pequeño detalle de que ella la presenció involuntariamente—. Quería darte un mensaje a través de mí porque no le contestas el celular ni has revisado tus redes sociales.

La cara de fastidio en el estudiante de Derecho fue notoria. Poco después sus labios parecieron retorcerse un par de segundos.

—¿Qué mensaje te dio?

—Q-que deseaba juntarse contigo el sábado a las ocho de la tarde y en el lugar de siempre.

Sasuke hizo chasquear su lengua. No conforme, repitió el acto con más potencia. Después nada más dijo.

Hinata decidió hacerle una pregunta al presentir que Uchiha se iría sin más, ya que, descontando el día de la exposición, esta sería la última vez que hablarían. No obstante, quería tantear el terreno antes de lanzarse a contar que oyó a su amiga clamando por venganza y que, además, le advirtió que no posara sus ojos en él.

—Sakura es una buena chica, ¿verdad?

Al momento de la pregunta, Uchiha observaba la hora en el reloj que colgaba por encima de la puerta de entrada, dándole sólo su perfil izquierdo a Hinata, precisamente el que solía quedar cubierto por su cabello. En cuanto ella terminó de hablar se giró para encajarle la mirada de una manera tan vehemente que el mechón se apartó de su ojo.

—¿Te trató mal? —preguntó mientras su semblante se oscurecía. Su frente estaba comprimida y sus labios lucían más tensos que antes.

Hinata no tuvo que mirarlo más de dos segundos para saber que su compañero emprendería acciones si la respuesta era positiva. Se veía verdaderamente enfurruñado.

—N-no me trató mal.

—No me convence tu respuesta. Hablaré con Sakura para que no te moleste de nuevo.

—N-no, por favor. Ella no me trató mal en ningún momento, de verdad te lo digo.

—Por algo me preguntaste si es una buena persona.

—F-fue curiosidad.

—No me creo que esa clase de pregunta haya venido sólo por eso. Si te trató mal dímelo directamente —insistió a ceño fruncido—. No voy a permitir que pase de nuevo.

Hinata constató lo que ya suponía: Sasuke era muy impetuoso. Si no lo evitaba terminaría hablando con Sakura y, por ende, la pelirrosa se le volvería una enemiga que la tildaría de soplona. No deseaba tenerla en contra por nada del mundo, menos después de saber que practicaba artes marciales. De hecho, todavía le rondaba la cabeza eso de que pudiera darle una paliza.

—Te agradezco tu preocupación, pero en serio no me hizo nada malo. —Esta vez intentó verse y sonar más segura que antes.

—Tu tono sonó preocupado, no intentes negarlo —replicó sin dejarse engatusar por su nuevo semblante—. Entre ustedes pasó algo.

Hinata bajó la cabeza un poquito.

—Ay... —La interjección dada fue la señal previa de que terminaría rindiéndose ante su deducción—. Te juro que no quiero ofender a tu amiga, pero creo que es un poquito rara —lo dijo de la manera más sutil posible. Si no tuviese tanto tacto habría dicho que algo no parecía estar del todo bien en su cabeza.

—Eso no me sorprende —repuso enseguida—. Ella es rara de nacimiento, por algo tiene el pelo rosa.

Lo dicho no fue una broma, pero Hinata tuvo ganas de reírse.

—E-en fin, olvida lo que te dije por favor, sólo son ideas mías. Uno de mis defectos es darle vueltas a las cosas, pensarlas más de la cuenta.

—Estoy seguro de que fue antipática contigo —afirmó sin dudas.

—¿Por qué lo dices? ¿Es uno de sus defectos? —preguntó sin darse cuenta de que estaba cayendo en una indiscreción.

—Te contestaría, pero no acostumbro hablar a espaldas de nadie —necesitó precisar. Su hermano mayor, a quien amaba como nadie a pesar de estar separados hace años, siempre le había recalcado la importancia de no caer en habladurías.

—Oh, qué vergüenza siento ahora mismo —dijo sonrojándose instantáneamente. A Sasuke le pareció sorprendente que el color de su rostro pudiera cambiar de una forma tan veloz—. Perdóname por favor, créeme que yo siempre he tenido presente este lema: «Las mentes grandes hablan de ideas, las mentes medianas hablan de sucesos, y las mentes pequeñas hablan mal de otras personas» —mencionó aquella frase que había leído una vez entre libros. Se dio el tiempo de juguetear nerviosamente con su flequillo antes de proseguir—. Por eso te juro que no pretendía chismorrear con mala intención. Es sólo que, a decir verdad, hay algo en Sakura que me preocupa, pero si no quieres decirme nada está muy bien. Discúlpame por favor.

Uchiha se acarició la ceja izquierda. Primeramente a contrapelo y luego siguiendo la dirección natural del vello. No conocía la frase dicha por Hinata y le había gustado. No era la primera vez que ella lo sorprendía, pues se trataba de una chica evidentemente culta. Antes de entrar a la universidad suponía que habría mucha gente así, pero la verdad era que se había equivocado. La mayoría sólo se interesaba por cosas de su propia carrera y ya.

—¿Por qué te preocupa Sakura?

—Es que su actitud fue un poco... no sé cómo explicarlo, agresiva no es la palabra, pero fue ligeramente... intimidante. —Sus labios temblaron de un modo apenas perceptible y a Sasuke le pareció que tragó una pequeña porción de saliva—. Si hubieras visto de qué forma hablamos entenderías mejor por qué tengo curiosidad respecto a ella —añadió tratando de explicarse. Estuvo a un tris de contarle que Haruno le había advertido que no lo mirara con otros ojos, pero se aguantó las ganas. Entendía que fue una conversación de mujer a mujer que no debía ser revelada.

El de pelo negro pareció prestar más atención que antes, lo corroboró el repentino alzamiento de la misma ceja que antes acarició.

—A decir verdad yo siempre he creído que no está bien de la cabeza —dijo sin coartarse esta vez, sintiendo que la rabia se le escapaba del pecho nuevamente.

La fémina entreabrió su boca. Un brillo de interés se apoderó de su carita un poco después.

—Ay, no quiero ser tomada por entrometida, así que no preguntaré nada mas —se dio un pequeño y gracioso coscorrón a modo de reprimenda.

Sasuke miró a Hinata con más interés que antes. Había algo en ella que la hacía lucir demasiado pura, ingenua inclusive, algo intangible que lo impulsaba a confiar en ella. Eso era extraño, dado que él era propenso a ser suspicaz con todos. Sopesó de qué manera proseguir hasta que lanzó una especie de propuesta.

—Pensándolo mejor, como eres estudiante de psicología quizá podrías ayudarme a que Sakura deje de fastidiarme. Y de todos modos lo que te voy a decir ya se lo he dicho a ella de frente, así que no creo que haya problema siempre y cuando no divulgues nada de lo que te diga.

—D-desde luego. Te prometo que yo soy tumba y que nada de lo que me digas saldrá de mi boca. Palabra de mujer y de futura psicóloga.

Sasuke asintió más que conforme.

—Te contaré afuera, eso sí. Esta sala no es para hablar asuntos personales.

—Oh, tienes mucha razón —dijo para luego mirar a un grupo de cuatro estudiantes, dos hombres y dos mujeres, que estaban parados esperando que alguna mesa se desocupara. Los llamó con un gesto de su mano y cuando estuvieron a su lado les dijo lo siguiente con esa amabilidad tan característica de ella—. Ocúpenla por favor. Nosotros ya nos vamos.

Ellos dieron su gratitud efusivamente y procedieron a sentarse mientras dejaban sus mochilas y apuntes sobre la mesa.

Nuestros protagonistas salieron de la biblioteca avanzando a través del amplio sendero rodeado de árboles a medio deshojar. Pronto llegaron a las consabidas escalinatas y se adentraron en la parte más hermosa del campus, aquella dónde habían numerosas estatuas, adornos e incluso un llamativo esqueleto de un Tyrannosaurus Rex, mismo que el departamento de Paleontología se había encargado de armar y exponer.

—Bien, dime, ¿qué quieres saber de Sakura? —tras su pregunta, le envió su bruna mirada unos segundos.

Mientras caminaba siguiendo el ritmo de él, Hinata escrutó su alrededor antes de contestar.

—¿Ustedes desde cuándo se conocen?

—Desde los nueve años. Y a partir de entonces Sakura ha tenido un tipo de obsesión conmigo.

—¿Obsesión? Quieres decir que tiene un interés amoroso en ti, ¿verdad? —Ya lo sabía perfectamente pues había sido testigo de ello, mas deseaba escucharlo desde la boca de él.

—Tiene carencias afectivas que la han hecho apegarse conmigo más de lo conveniente. Esa es mi apreciación.

Llegaron a otros peldaños que debían bajar y esta vez Hinata miró atentamente a fin de no tropezarse como le sucedió varios días atrás. No quería que Sasuke la tomara como una torpe sin remedio.

—Mil perdones de nuevo si me inmiscuyo más de la cuenta... —dijo una vez que ya estaba en suelo raso nuevamente—, ¿pero a qué clase de carencias afectivas te refieres?

—Cuando niña sufrió mucho bullying —dijo sin detallar que se debió a tener la frente amplia. Hinata tuvo curiosidad, pero no quiso ahondar más. Quizás fuera algo muy íntimo y no quería meterse tanto en una vida ajena—. Con sus padres nunca se ha llevado bien —continuó él—. Y también vivió un hecho muy trágico cuando cumplió once años. No te lo diré porque pertenece a su privacidad, pero sí te puedo contar que no se trata de ninguna violación o abuso sexual.

Hinata necesitó tomarse las largas patillas que hacían lucir su cara más estilizada. Enseguida empatizó con Haruno, puesto que ella, en su infancia, también fue molestada muchas veces por su extraño color de luceros. «Bruja», «Fenómeno» o «Genes locos» eran tres de los apodos que más recordaba. Asimismo rememoró que ella tampoco se llevó bien con su familia. Su padre solía minusvalorarla constantemente, su primo la odió durante muchos años y el resto de parientes no la veían con buenos ojos. Sólo su hermana menor la había tratado cariñosamente desde siempre.

Hundida en sus pensamientos y caminando sólo por inercia, no se dio cuenta cuando quedó frente al único restaurante que tenía autorización para estar dentro del campus universitario. Por ello sus ganancias se multiplicaban bastante al ser el preferido de muchos estudiantes. Las malas lenguas decían que el dueño era un pariente del rector, pero nada más lejos de la verdad: sólo fue un visionario que había invertido los ahorros de toda su vida en adquirir una licencia comercial al interior de la universidad y que, con mucho trabajo duro, había logrado convertir su local en uno de los más grandes de toda la ciudad.

Hinata observó el letrero de «Ichiraku» entendiendo que Sasuke se disponía a merendar allí.

—Esto... la verdad yo no soy de comer afuera y menos a estas horas —miró su reloj, el cual ya indicaba las cinco de la tarde—. He visto muchos reportajes en que la salubridad de estos locales no es buena. Además nada es mejor que la comida casera.

—Yo almuerzo aquí cuando no tengo ganas de cocinar. La comida es deliciosa y la preparan delante tuyo, así que puedes ver perfectamente cómo hacen todo.

—Eso le da un plus entonces —se sintió más segura de probar algún platillo—. Quizá me sirva algo, aunque no suelo comer a deshoras.

—Eso sí: si quieres comer yo no te invitaré. Lo que consumas te lo pagas tú.

—Oh, p-por supuesto. No estaba esperando que pagarás lo mío y menos si no me has invitado —dijo un poco agraviada—. Yo no soy así.

—No te ofendas —le dijo al captar su tono—, es sólo que me gusta dejar las cosas claras de antemano. Sakura, por ejemplo, tenía la idea de que el hombre siempre debía pagar todo. De hecho, una vez rechazó comer con un amigo porque a él le faltaba dinero para pagarle su parte. Tampoco le aceptó su propuesta de pagar mitad y mitad a pesar de que hacía mucho tiempo que no se veían. Qué gran amiga, ¿verdad? —terminó ironizando.

Hinata quedó atónita. Ella nunca se hizo ningún problema para invitar a Kiba cuando éste andaba con los bolsillos vacíos. Y él hacía lo mismo con ella cuando sucedía al revés.

—¿En serio hizo eso? —cuestionó en cuanto logró salir del pasmo que la subyugó. Simplemente no podía creerlo.

—Así es. Por eso cuando me acompañaba, por su propia cuenta por cierto, siempre le recalqué que yo no le iba a pagar nada. Y me da igual parecer tacaño, yo no soy chequera de nadie.

—Cl-claro, entiendo eso. El dinero no crece en los árboles.

Al parecer Hinata no era en absoluto interesada, algo que a Sasuke le gustó. Si la comparaba con Sakura la diferencia era evidente.

Entraron al enorme local y se sentaron en la mesa más alejada. Por la hora no había mucha gente, de modo que se podría decir que había cierto toque intimista. En las paredes de suave marrón yacían cuadros de bosques, montañas, lagos, el cielo nocturno, de la luna llena y otros de algunas criaturas fabulosas como los fénix, centauros, pegasos, unicornios. En resumidas cuentas era un lugar muy hermoso al que cualquiera querría volver aunque fuese de vez en cuando.

Apenas tomaron asiento llegó una moza que llevaba una alegre y amplia sonrisa. Si estaba fingiendo entonces era una actriz digna de un Óscar.

—Oh, joven Uchiha, hacía mucho tiempo que no venía por acá —dijo a la vez que le entregaba el menú. Luego miró a la acompañante—. Buenas tardes, señorita. Me parece que no la había visto antes por aquí. Si es así espero que le agrade mucho su visita a este local. —Dicho esto, le dejó otra carta a ella.

Tras corresponder el saludo y ordenar las comidas que más antojo les produjeron, se observaron unos pocos segundos. Hinata necesitó desviar sus luceros por causa de la timidez, pero podía sentir la mirada de Sasuke escrutándola sin tapujos. Por eso necesitó lanzar una pregunta antes de ponerse más nerviosa.

—¿Tú crees que Sakura tiene un trauma respecto a eso que le pasó? —se giró para darle el rostro por su educada costumbre de hacerlo al formular una pregunta—. ¿Crees que la haya desestabilizado mentalmente hasta ahora?

Sasuke se tomó el mentón de nuevo, meditabundo. Su mirada adquirió el típico cariz que daba la abstracción.

—Ciertamente le fue traumático —dijo mientras deshacía su gesto anterior—, pero a estas alturas es algo que ya debe haber superado.

—Esto..., los seres humanos tenemos distintos tiempos de sanación. Y algunos nunca sanan realmente, sólo tratan de ignorar a la herida que sigue sangrando.

—Todos tenemos traumas y debemos superarlos, no hay más alternativa que seguir adelante. —Mientras enviaba su mirada hacia la ventana silenció un suspiro, aunque Hinata lo notó porque su pecho se hinchó más de lo normal.

—Hay traumas de diversas índoles e intensidades. A veces cuesta mucho, tanto que se necesita ayuda profesional. Precisamente por eso estudio psicología: para ayudar a esas personas que sufren —afirmó ilusionada.

El varón envidió la pasión con la que Hinata hablaba de su carrera. Su cara se iluminaba cada vez que la mencionaba y su timidez parecía desaparecer como por arte de magia. En cambio a él le hastiaba Derecho, pero tenía una misión de vida muy importante que debía cumplir, una de la cual nunca renegaría pues involucraba a su ser más amado: su hermano mayor.

—¿Crees que Sakura necesita ayuda psicológica? —cuestionó dejando sus pensamientos fraternales a un lado.

Hinata dio un pequeño respingo en su asiento. Le sorprendió la pregunta.

—Oh, no, yo no me aventuraría a tanto todavía. T-tendría que hacerse una introspección sincera y después decidir por su propia cuenta si quiere ir a un psicólogo, pero dudo que desee acudir si aún no lo ha hecho. —Jaló aire al sentir que se le escapaba—. La gente suele ser orgullosa y valorar en exceso el salir de sus problemas por sí solos, pero pedir ayuda cuando se necesita también es un acto de madurez y de quererse a uno mismo. Otros no van simplemente porque no les alcanza el dinero y otros piensan que para ir a un psicólogo hay que estar loco —terminó riéndose inevitablemente.

Sasuke descubrió otra cosa que le gustó de ella: su risa. Era la primera vez que la escuchaba y le pareció suave, tierna. Después evocó a Sakura, cuya presencia en su mente le hizo guardar silencio al recordar algunas molestas escenas de celos que le había hecho.

—¿Qué tipo de relación tienen ustedes dos? —Hinata quiso indagar más aprovechando que el mutismo se había prolongado.

Él volvió desde su ensimismamiento dándole su morena mirada.

—Hemos tenido una relación de amistad con altibajos. A veces la soporto y otras veces se me hace inaguantable, sobre todo cuando empieza a comportarse como si todo de mí le agradara, halagándome como si fuese perfecto o concordando con todo lo que yo opine —chistó más que disgustado.

—E-espera un momento... —Pasó unos segundos organizando sus ideas—. ¿Ella anula su carácter frente a ti? ¿Acaso se vuelve sumisa contigo?

—Sí, por varios años así fue. Se comportaba de una manera muy dócil conmigo, aunque últimamente fue cambiando. A día de hoy peleamos mucho.

Hinata hizo una mueca extraña; quizás de sorpresa, a lo mejor de inquietud, tal vez de ambas cosas mezcladas.

—¿Tienen los mismos gustos? ¿Les gustan las mismas cosas?

—Sí. Coincidimos en eso.

—¿Cuando se conocieron concordaban también?

Uchiha miró al techo y se masajeó la frente unos pocos segundos.

—Según recuerdo teníamos intereses muy diferentes en un principio. Fue después cuando a ella le empezaron a gustar cosas que a mí también.

Dentro de su boca cerrada Hyuga movió su lengua, pasándola por el filo de sus dientes incisivos varias veces.

—¿Crees que ella actúa diferente con el resto que contigo? —se animó a preguntar tras un lapso.

—Ahora que lo dices me parece que sí —se masajeó el mentón, pensativo—. Sakura tiene un carácter muy fuerte, me han llegado rumores de que sus compañeros dicen eso constantemente, pero conmigo siempre actuó de una manera sumisa. Eso sí, como te dije antes hemos discutimos bastante en el último par de meses —necesitó puntualizarlo de nuevo.

A la chica no le dio buena espina lo dicho por Sasuke. Mientras más escuchaba sobre la pelirrosa, más inquietud le generaba.

—¿A qué viene ese semblante de preocupación? —preguntó él.

Hyuga volvió a sorprenderse con lo bien que Sasuke leía el lenguaje no verbal.

—Ay..., no es algo relacionado directamente con Sakura. Es sólo que me acordé de algo llamado «Mirroring».

—Explícame. Me gusta aprender de todo.

A Hinata le gustaba eso; no era la primera vez que Sasuke mostraba una sed insaciable de conocimiento. No había tema del que no quisiera informarse. También sintió cierta alegría, ya que por fin podría lucirse al mostrar un desplante de mayor seguridad. El siguiente asunto lo manejaba perfectamente.

Justo cuando empezaría a explicarse llegó la mesera con la bandeja que traía sus respectivos platillos y zumos. Los dejó habilidosamente sobre la mesa junto a los condimentos y un servilletero. Luego se despidió derrochando afabilidad.

—Me gusta comer en silencio, de modo que después continuaremos la plática pendiente.

—Cl-claro.

Hicieron una pausa para «almorzar» y curiosamente terminaron de vaciar sus platos al mismo tiempo. Fue entonces que ambos, por inercia, movieron sus manos para sacar una servilleta, lo que provocó que la diestra de Hinata tocara la zurda de Sasuke.

—¡Oh, p-perdón! —dijo retirando la mano enseguida, sintiendo una vergüenza mayúscula que no tardó en colorearle las mejillas. —T-te juro que no me fijé.

A Sasuke le pareció curioso que reaccionara así por un simple toque de manos accidental, comprobando una vez más cuán tímida era. Más curioso le fue que su cerebro le susurrara que esa chica debía ser virgen aún, quizá de aquellas especies en extinción que esperaban al vínculo matrimonial para tener sexo. Se sintió raro al tratar de adivinar si Hinata era casta, pues a él no le interesaba en lo más mínimo ese tipo de datos. De hecho siempre le pareció algo ridículo y propio de otros tiempos. ¿Entonces por qué con ella le había surgido tal curiosidad?

—No hay problema, no te preocupes —desdeñó el toque de manos tras unos segundos. Sacó su servilleta y se la pasó por la boca sin más.

La estudiante de psicología agradeció que Kiba no estuviera presente o seguramente disfrutaría molestándola hasta que acabara el día. Tratando de eliminar el calor en su faz volvió a retomar el tema que había quedado aplazado.

—Al Mirroring que te mencioné antes también se le llama Comportamiento Espejo o Efecto Reflejo.

—¿Y en qué consiste? —demandó pronta respuesta.

—Hay personas que, cuando quieren agradarle a alguien, adoptan los gustos del otro y minimizan las diferencias. Es algo que por lo general se da de forma inconsciente, pero hay gente que lo hace adrede para conquistar al otro, para ligar a la persona que le gusta. Esa gente copia a su objeto de deseo para enamorarlo de un modo más fácil; imitan su forma de pensar, sus gustos musicales, de lectura, de cine, etcétera. —Se dio una necesaria pausa a la vez que se tocaba el pequeño aro en forma de flor que llevaba en su oreja derecha. Luego continuó explicando—. Entonces la persona deseada siente que ha encontrado a su alma gemela, a su media naranja, pero en el fondo se termina enamorando de una copia suya, de algo falsamente armado a través de una máscara. Por eso si alguien tiene tus mismos gustos y no te contradice en nada hay que ponerse alertas. Es posible que esté actuando para conquistarte.

—Ya veo —dijo Sasuke mientras recordaba el comportamiento de Sakura. No tuvo dudas de que mucho de lo manifestado armonizaba con el comportamiento de ella a través de los años. Muchas veces coincidió con sus gustos de una manera llamativa, prácticamente artificial.

—También anulan su personalidad con el fin de atrapar a su presa. Sólo una vez que conquistan al otro dejan salir su verdadero yo y ahí empiezan los problemas. Es lo típico que sucede cuando recién estás conociendo a alguien: la mayoría muestra su mejor cara y oculta sus defectos, y por eso tantas parejas fallan al estar juntos por más tiempo o al contraer matrimonio, porque sólo después muestran sus defectos, su verdadera cara. El mirroring tiene cierto parecido, pero lleva eso a un nivel patológico.

A lo dicho, Sasuke siguió dándole vueltas al proceder de Haruno. Ahora que lo recordaba la personalidad de Sakura por muchos años pareció anularse ante la suya. Su amiga era de un modo con otros y de un modo totalmente distinto con él, cosa a la cual no le había dado mayor importancia hasta ahora.

Mientras tanto Hinata quedó mirando a Sasuke, quien se había perdido en sus reflexiones. Decidió no interrumpirlo y ella misma cayó en una deducción inesperada que se atrevió a decir sólo en su mente. «Por eso me agrada lo natural que has sido conmigo. Tú en ningún momento has tratado de esconder tus defectos. Tu actitud es arisca, orgullosa, insociable, pero eso me genera mucha confianza porque te muestras tal como eres. Puedes caer mal en un principio, mas tienes la virtud de ser alguien muy auténtico y eso es difícil de hallar».

—Pues si esa era la estrategia de Sakura para enamorarme, ha fallado miserablemente —sentenció al volver en sí—. Además todo eso de conquistar al otro me parece una tontería. El amor no se conquista, nace. No soy psicólogo, pero se deduce por simple lógica.

—Es verdad —sonrió ella—. Quien te ama te amará tal cual eres, aceptando tus defectos y tus virtudes. A partir de esa base nacerá una relación sincera y duradera.

A Sasuke le gustó su manera de explicarse. Empleaba un tranquilo tono pedagógico y sus ojos de tono lunar brillaban al hacerlo. Tenía una especie de delicadeza inmanente a ella. A su pesar, empezaba a considerla una chica interesante.

—Además yo busco en otra persona lo que me falta a mí —señaló al dejar atrás sus pensamientos sobre su compañera de luceros blanquinosos—. Es bueno tener cosas en común, por supuesto, pero no me gustaría estar con una mujer que tuviese la misma personalidad que yo. No nos aguantaríamos ni un día.

Hinata sonrió instantáneamente y tuvo que hacer un esfuerzo para evitar una risotada. De pronto, como por arte de magia y sin que se dieran cuenta, la conversación olvidó completamente a Sakura. Se centraron en cosas que les fueron más atrayentes hasta que Sasuke se percató de la hora al mirar un reloj que yacía en la pared. El tiempo había pasado volando.

Pidieron la cuenta, cada uno sacó sus respectivas billeteras y se despidieron de la animosa mesera de largos cabellos castaños. A Hinata, por cierto, le sorprendió que Sasuke le dejase una suculenta propina tomando en cuenta que antes parecía tener mucho cuidado con no despilfarrar el dinero.

En cuanto tocaron la vereda se percataron de que el sol ya tenía ese característico color que le brindaba el crepúsculo. Uchiha le dijo a Hinata que conversaría con Sakura, aunque sin mencionar lo que habían hablado hoy. Luego se despidieron sin caer en afectuosidades, aunque él sintió, por primera vez en demasiado tiempo, que no era tan malo comer acompañado. La merienda incluso le supo mejor gracias a la dulce compañía de esa joven.

Por su parte Hinata comenzaba a sentir cierta atracción por el futuro abogado. Era un hombre muy particular y esa seguridad que exhalaba tanto al hablar como al caminar se le hacía seductora. Definitivamente había algo en él que lo hacía especial.

«Es una lástima que después del trabajo no hablemos más», pensaron los dos al mismo tiempo mientras se alejaban por senderos opuestos.


A las cinco de la tarde del día siguiente Sakura había terminado una exhaustiva clase de Farmacología, sintiéndose sumamente agotada tras una larga jornada. Ser el mejor estudiante de su generación no era gratis y necesitaba imperiosamente distraer su mente un rato.

Caminó por las calles que circundaban la universidad. Aquellas albergaban locales de comidas y bares en los que, curiosamente, los universitarios eran una minoría. Los que sí concurrían en gran cantidad eran punks, metaleros, adolescentes, skaters, ciclistas, motociclistas. Si alguien quería ver la fauna citadina en toda su variedad, este era el mejor lugar para conseguirlo. Y que además fuese el aniversario de la ciudad lo hacía todavía más propicio.

Siguió avanzando hacia el centro de la urbe, dispuesta a realizar unas compras en su supermercado favorito. El trayecto era largo, pero, como su tiempo estaba completamente copado por sus estudios, caminar harto era el único ejercicio que realizaba actualmente. Echaba mucho de menos sus clases de artes marciales, mismas que solía tomar junto a Sasuke, pero los deberes estudiantiles los obligó a ambos a postergarlas. Convertirse en profesional requería sacrificios como esos, lamentablemente.

Esperando pagar sus cosas en la fila del supermercado había visto una pareja muy mimosa delante suyo, generándole incomodidad. Habría pasado como un hecho cotidiano más de no ser porque después, ya yendo de vuelta por las mismas calles anteriores, fue fijándose en los novios que iban apareciendo por las veredas, pubs y restaurantes. De reojo se enfocó especialmente en un par de enamorados, de unos veinte años cada uno, quienes estaban sentados y tomados de la mano mientras se reían conversando. Las risas pronto dieron paso a unos fogosos y desvergonzados besos que le produjeron una sensación extraña.

¿Era San Valentín y no le habían avisado? A menos que estuviera muy perdida con las fechas, cosa imposible por su exhaustivo calentario de estudios que tenía organizado al dedillo, aún faltaban varios meses para que el día de los enamorados llegara.

¿Entonces por qué veía tantos novios? No, no es que hubiesen más circulando por las calles, es que ahora, por las extrañas punzadas que generaban en su pecho, les estaba poniendo más atención que antes.

—Esto parece una invasión de parejas felices. Están por todos lados los condenados. Sólo falta que vengan a decirme «lero lero, tengo un novio que me ama de verdad y tú nada, fracasada» —se quejó disgustada y formando una mueca pesarosa.

Suspiró y siguió caminando mientras rumiaba entredientes esa maldita felicidad que veía por doquier.

De pronto otras risas la sacaron de sus amargos pensamientos. Sentados en las mesas que un elegante restaurante tenía al aire libre, específicamente en plena vereda, dos jóvenes, hombre y mujer, se comían un helado de tres sabores en una copa gigante que estaban compartiendo. Desde el interior del local venía, a volumen moderado, una canción romántica que estaba muy de moda últimamente. Nada podría asegurar que esos jóvenes fueran, en efecto, una pareja. No estaban tomados de la mano, no estaban besándose, no se mimaban amorosamente, pero la alegría con la que hablaban, la mirada brillante que lucían sus ojos, el cariño de sus gestos, le hizo saber a Haruno que ellos estaban enamorados. Esa complicidad sólo podía ser fabricada por el amor; amor que estaba negado para ella.

Como hipnotizada por una fuerza desconocida, se quedó parada frente a ese establecimiento dejando que su mirada jade viajara sin vergüenza por el panorama que se le extendía por delante. Y lo que empezó como un buen día de estudio terminó transformándose en tristeza.

Qué fácil parecía, para los otros, ser felices. Y para ella, en cambio...

—¿Por qué me has rechazado tantas veces, Sasuke? —preguntó tan dolida como si lo tuviera enfrente, su diestra cerrándose fuertemente en el asa de la bolsa—. ¿Tanto asco te da la idea de estar conmigo?

Se tocó el cintillo que solía sujetar su cabello en la parte alta de su cabeza, reacomodándolo pese a no ser necesario. Buscando cómo disimular su envidia le echó una mirada a su reloj de pulsera plateado, aunque le dio la impresión de que ellos no la iban a notar aunque pasara una hora observándolos. Se veían tan enfocados el uno en el otro, encerrados en su burbuja de amor exclusiva, que llegó a pensar que podría pasar un alienígena cantando por la calle y no se darían cuenta.

Siguió regodeándose en su propia miseria al imaginarse con Sasuke compartiendo una velada así, con miradas cómplices, sonriéndose el uno al otro, viviendo profundamente la felicidad de estar enamorados, pero lo único que siempre obtenía era ser rechazada por quien tanto amaba una y otra vez, siempre sufriendo por él. De pronto notó que su visión se nublaba por la aparición de nacientes lágrimas. Apretó sus párpados y se los refregó con la intención de hacerlas desaparecer antes de que empezaran un viaje por sus mejillas.

Ellos lucían tan felices y ella tan triste. Las dos caras opuestas del amor expresadas en la misma calle, a tan solo unos pasos. Sin poder aguantar más la escena delante de sus ojos, cerró la mano a fin de agarrar con más fuerza el tirante de su bolsa de compras. No iba a humillarse llorando en la calle, eso sí que no. Lo había hecho antes, pero se juró que ya nunca más le sucedería y estaba muy dispuesta a cumplirlo.

Respiró profundo y continuó su camino hacia su hogar reuniendo la esperanza de que sus padres no la molestaran al llegar. Le eran demasiado fastidiosos. Su papá, por ejemplo, era un tipo sin más aspiraciones que vivir el día a día. A su parecer era un don nadie del que muchas veces sentía vergüenza. Sin embargo, era a su madre a la que realmente no toleraba; siempre criticándola por A o por B, o corrigiéndola como si todavía fuese una niña. Como si fuera poco, desde pequeña tuvo la impresión de que amaba más a su esposo que a su propia hija. ¿No que los hijos siempre deben estar en primer lugar? Pues no parecía ser el caso de su progenitora.

El solo hecho de estar obligada a verles la cara la ponía de mal humor. Una prueba de eso era que más de una vez había deseado que ellos desaparecieran, o, en su defecto, irse a otra dimensión en que no tuviera que soportar sus presencias. Por suerte tenía el pequeño consuelo de que ambos se irían de vacaciones las próximas semanas; aunque, de todos modos, su verdadero anhelo era terminar sus estudios lo antes posible y tener la independencia ecónomica que le permitiera largarse de esa casa definitivamente.

Perdida entre sus diversos pensamientos terminó llegando a su hogar casi sin darse cuenta, de hecho se pasó un par de pasos de la entrada, por lo que tuvo retroceder un poco. Apenas tocó la reja de bienvenida suspiró resentida contra Sasuke, contra sus padres, contra el mundo entero.

Se adentró al jardín, sacó sus llaves, abrió la puerta y la cerró tras ella. El hogar estaba en penumbras, dado que la noche ya se había apoderado del cielo.

—¿Papá? ¿Mamá?

Sólo ante la ausencia de respuesta recordó que le habían avisado que hoy saldrían a comprar cosas para el viaje y que no llegarían hasta tarde. Mejor para ella.

Sin ganas de prender la luz, dejó la bolsa en la alfombra de linóleo con figuras egipcias y se fue al enorme sofá de la sala, arrojándose boca arriba mientras entrelazaba sus manos por detrás de su cabeza a modo de almohada. Suspiró con desgano y decidió perder su mirada en el oscuro techo. Tras unos minutos necesitó golpearse la frente con su palma repetidas veces, intentando de alguna manera desechar los pensamientos negativos que la abordaban.

—No sé qué me pasa. Pese a todo amo a mis padres y amo a Sasuke también. Entonces, ¿por qué hoy siento tanto odio contra ellos?

Inquieta, se dirigió hacia su cuarto sin deshacerse de la oscuridad. Se distraería viendo alguna película que, evidentemente, sería de todo menos romántica. Una en que murieran todos los protagonistas vendría acorde a su ánimo.

Entró a sus aposentos y cerró con llave, costumbre que había adoptado desde la adolescencia para que sus padres no husmearan en sus cosas. Esta vez sí prendió la luz y, un poco antes de lanzarse sobre su cómodo lecho, notó algo que hizo respingar sus luceros. En el marco de madera del gran espejo había una fotografía que tenía clavada un cuchillo en su centro, justo en el corazón de quien allí aparecía.

Sakura no tuvo que esperar más de un segundo para sentir una corriente helada deslizándose rápidamente por su espina dorsal. Se refregó los ojos como si no pudiera creer la información que estaba recibiendo.

—¿En qué momento clavé esto aquí? —se preguntó más que alarmada.

Fue abrazada por un sólido pasmo hasta que finalmente, llegando desde lo más profundo de su mente, apareció un recuerdo entre crasos nubarrones. Por un momento, le pareció que eso lo hizo otra persona que utilizó su cuerpo mientras ella miraba desde un sitio que estaba alejado a varios metros. Quizás era algo parecido a lo que contaban los que habían estado clínicamente muertos un par de minutos: ver tu cuerpo desde las alturas al tiempo que los médicos trataban de reanimar el corazón.

Sí, recordaba vagamente haber clavado ese cuchillo allí. Entre espesas nieblas, pero lo recordaba. Ocurrió ese mismo día en que Sasuke le había dicho que no iría a su cumpleaños, tratándola pésimamente además. Al llegar a casa tuvo tanta rabia que agarró el portarretratos de su velador, sacó su foto favorita —una en que abrazaba a Uchiha cariñosamente— y le clavó el cuchillo justo en la zona del corazón.

—Sí que exageré —dijo lamentando el hecho de haber dañado uno de sus objetos más queridos. Era muy difícil que su amado se dejara abrazar, pues era de esas personas a las que les molestaba bastante ser invadidos en su espacio personal. Obtener ese recuerdo le costó un mundo y ahora lo había arruinado.

Sintiéndose culpable por su impulsividad, removió el cuchillo tomándolo desde la empuñadura. Le costó más de lo que pensó, dándose cuenta de que la hoja se había hundido bastante en el marco de ébano del espejo.

Puso atención a la fotografía otra vez; decir que la había visto cientos de veces no era una exageración, y decir miles tampoco quedaría lejos de la verdad. En la imagen ella tenía una sonrisa de oreja a oreja, su cabeza apegada al hombro del Uchiha y sus manos firmementes agarradas a su brazo. Si alguien desconocido viera la foto supondría que ambos eran novios. Sin embargo, al observar con más cuidado cualquiera se percataría de una cosa crucial: él no lucía la alegría que ella sí. Su negra mirada era apática y un gesto de fastidio se colaba por su rostro. En realidad si se miraba más allá de la aparente, lo que se veía era patético, triste.

—¿Por qué nunca sonríes conmigo, Sasuke? Si lo hicieras una sola vez me harías tan feliz...

De pronto, desde la nada, le llegó un pensamiento que le oscureció las facciones inmediatamente: a él sonriendo junto a Hinata. El alma le ardió como fuego del averno. Era raro pues Uchiha tenía muchas admiradoras, pero era la primera vez que una chica comenzaba a preocuparla en serio. ¿Sería por el distanciamiento que se había hecho entre ellos? No lo sabía, pero sí tenía claro que si veía a Sasuke dándole a otra la sonrisa que ella se merecía, no se iba a quedar de manos quietas.

Le resultó curioso: era la mejor alumna de medicina y se sabía envidiada por muchos compañeros, pero se sentía más sola y vacía que nunca a pesar de su éxito. Le pareció triste tenerlo todo por el lado profesional y nada por el lado amoroso.

—Ya no resisto esta maldita soledad, Sasuke, este vacío de mierda que me calcina por dentro —se quejó agarrándose el centro izquierdo del pecho, en donde se suponía que estaba ese órgano maldito que ahora mismo se empeñaba en palpitar sólo sufrimiento.

De súbito notó como el cuchillo, mismo que antes colgaba de un modo flojo en su diestra, ahora estaba firmemente sujeto entre ambas manos, tal como si fuera a apuñalar a alguien con todas sus fuerzas. Se preocupó al tomar conciencia de cuantá furia le provocaba la soledad. Enseguida fue hacia la cocina y dejó el afilado objeto en uno de los cajones, mirándolo con recelo, quizás incluso destilando una dosis de miedo.

—Son nada más que enojos que me vienen de vez en cuando. Nada por lo que valga preocuparme —se dijo mientras volvía a su habitación.

Guardó la fotografía perforada en el cajón de su velador. A pesar de que estaba arruinada no deseaba botarla a la basura, ya que la acompañó durante muchos años. Luego se miró al espejo y, paulatinamente, sus ojos verdosos fueron adoptando un cariz extraño, casi ausente.

»No son sólo enojos puntuales. Recuerda que Sasuke debe pagar por todo el daño que te ha hecho.

—No. No. —Necesitó repetir lo dicho al sentir que la primera negación no fue lo suficientemente tajante—. Lo que pretendes es ir muy lejos.

»¿Ir muy lejos por qué? ¿Por querer algo de respeto? ¿Por querer la felicidad que me merezco?

—Es que es demasiado lo que pretendes hacer. Quizás... quizás debería olvidarme de Sasuke. Tratar de reparar mi corazón en lugar de querer hacerle daño.

»¿No lo entiendes, tonta? Hacerle daño es la forma de sanar tu corazón, hacerle pagar por lo que te ha hecho es lo que te devolverá la dignidad.

—No. Hay más formas.

»Une lo que dijiste y tendrás la verdadera respuesta.

Se hizo un silencio profundo y que duró minutos enteros. Sakura permaneció de pie sin inmutarse, como si no fuera capaz de sentir ningún tipo de cansancio en sus piernas.

—¿Estás segura de lo que pretendes hacer? —cuestionó finalmente, su frente comprimida marcando una arruga.

»Totalmente segura.

—Yo preferiría tratar de conquistarlo. Sasuke es como un demonio al que debo domar.

»Eres muy ilusa. Esa mosca muerta llamada Hinata te lo va a quitar. Las tímidas son las peores, ¿o no lo sabes? Quizá se está encamando con él ahora mismo.

—¡Cállate! —La furia le hizo apretar intensamente ambos puños. Su aliento se alteró como sufriendo una inyección de adrenalina—. Por si no lo sabes tengo planeado algo infalible, algo que hará caer a Sasuke rendido a mis pies. Será mío o de nadie.

»Recuerda que él no es como la mayoría de hombres, terminará humillándote de nuevo porque lo que pretendes hacer va a molestarle bastante.

—Puede ser..., pero sólo sabré su reacción si lo hago. Recuerda esto: cuando una ama nada es demasiado.

»Yo prefiero este lema: cuando uno odia nada es demasiado...

Nuevos minutos sumergida en un perturbador silencio. De pronto Sakura empezó a sonreír lentamente, aunque sólo la mitad derecha de su boca lo hizo. La parte izquierda trató de curvarse hacia abajo como intentando expresar tristeza, pero permaneció en una línea recta que se volvió inamovible.

«Alguien» estaba ganando dentro de ella...


Continuará.