Las aventuras del tío alacrán
Capítulo II
By Sweet Viictory
—¡Ouch! -se quejó ante el tirón recibido por su larga cabellera- ¡Victoria, mi cabello! ¡Que eso duele!
La niña se quedó inmóvil, interrogando con sus enormes y curiosos ojos verdes si debía continuar su tarea o no. Pero el de Escorpio no podía resistirse mucho a esa adorable, redondita y angelical carita, por lo que inmediatamente le sonrió tiernamente para que continuara peinándolo.
—Procura tener más cuidado parlanchina, o terminarás dejando pelón al tío Milo. Fíjate como me peina tu hermana torbellina, con cariño, despacio…
Gloria, la gemelita aludida, asintió determinada. Ella estaba de lo más concentrada, encantada de jugar a la estilista con el tío Milo. Y es que su cabellera era tan preciosa, abundante ¡Y además azul! Su color favorito (en realidad, el que acababa de aprender). Muy distinta a los castaños cabellos de las gemelas, los cuales apenas llegaban a sus hombros debido a los rizos rebeldes. La pequeña Gloria sólo pensaba en como quería tener el cabello como su tío Milo, aunque fuera un pedacito.
—Acordamos que dejaría me peinaran si me dejaban como…
—¡Como una princesa! -animadamente soltaron al unísono con su infantil vocecilla-
—Exac… ¡¿Cómo?!
Las gemelitas lo miraron como si aquello fuera lo más gracioso del mundo, riendo con travesura. Y en un gesto idéntico, llevaron sus regordetas manitas a la boca, derritiéndole ipso facto el corazón al de Escorpio. Milo resopló su flequillo, "Ya valió mi fuerza de voluntad." pensó apesadumbrado, imaginando su futuro el día que tuviera hijos. Resignándose a dejar a las chiquillas embadurnarle gel en el cabello y concluir con la proeza de hacerle unas trenzas. O al menos eso era lo que intentaban, ya que no se podía esperar una obra de arte en el cabello a manos de unas crías de dos años.
Milo volvió a cerrar los ojos automáticamente cuando sintió otro tirón originado por la misma mini-estilista. A punto estaba de reprender a la pequeña a su derecha, cuando escuchó el rápido sonido de una tijera cerrarse peligrosamente junto a su oreja izquierda. Horrorizado al pensar que Gloria estuviera jugando con el afilado objeto, dirigió su mirada a ella. Gloria, con su mejor cara de inocencia, se limitó a encogerse de hombros y mirar al suelo, donde estaba un grueso mechón de su cabellera azulada.
—¡Mi precioso cabello!
Chilló, llevándose la mano al área de su cabellera, la cual ahora parecía le había mordido un burro. Antes de que el de Escorpio dijera más nada, resonó en el pequeño apartamento el sonido de unas llaves abriendo la puerta
—¡Ya llegué!
Y las gemelas corrieron emocionadas a recibir a su madre, aunque estas no contaban con que un desesperado santo dorado les rebasaría mismo corre caminos al grito de guerra de "¡Fuera de mi camino, pequeñas bribonas!" ganándoles de tal forma el abrazar primero a la dama.
—¡Milo! ¿Pero qué…?
Le dijo incrédula y con un tanto de dificultad al santo, pues este le sostenía con tal fuerza, que ella temía le rompiera las costillas. Poco le importó esto a Milo, pues él continuó sollozando al hombro de la joven tan lastimosamente, como quien accidentalmente tira un cono de helado recién comprado.
—¡Has vuelto! -Milo incluso se había tirado de rodillas teatralmente, aferrándose a las piernas de su amiga- ¡Benditos sean los dioses que has llegado!
—Milo, ya…
—¡Siento un nuevo y elevado respeto por todas las madres del mundo! -aseguró entre sollozos mientras ella a duras penas le ayudaba a incorporarse- ¡Son ellas las verdaderas guerreras de la humanidad! Prometo enviarte un regalo el día de las madres cada año, uno por cada cultura que celebre el día de las madres ¡Pero por lo que más quieras, jamás vuelvas a dejarme con este par de destroyers!
—Supongo que les fue bien entonces…
Obvió con sarcasmo la dama, llevándose a los brazos a la risueña Victoria; mientras Gloria, muy quitada de la pena después de haber trasquilado la radiante cabellera del de Escorpio, lo escrutaba con curiosidad cual bicho raro.
—¡Por Dios! -señaló asustada, apenas reparando en el aspecto del caballero- ¡¿Qué te pasó en el cabello?!
Milo se limitó a limpiar las lagrimillas de sus ojos, pero sin esconder su frustración o el tic que se había apoderado de su ojo. Le enseñó con mano temblorosa el mechón recién trasquilado por Gloria. La joven inmediatamente se enrojeció hasta la punta de los cabellos, comprendiendo inmediatamente que el look de "Tiger Lily revolcada" que traía el de Escorpio era obra del tremendo par de crías.
—¡No puede ser con estas niñas! ¡Que vergüenza, Milo! -se disculpó la joven, acongojada a más no poder- ¡Victoria, Gloria, ahora sí se ganaron un buen pow-pow!
Aseveró la madre a la par que arremangaba su camisa y sacaba con la precisión de un ninja una sandalia de sabría Dios dónde.
—¡No! -rezongó Victoria- ¡No pow-pow!
—¡Oye, espera! -Milo, incrédulo, abrió grandemente sus ojos- ¡¿Qué piensas hacer con esa chancleta, salvaje?!
—Pues chancleármelas, se lo han ganado por hacerle travesuras al tío Milo...
Las niñas se abrazaron en el acto y vieron a su madre mismos cachorros de comercial de rescate animal; pero su madre ni así se ablandó, pues de sobra se sabía ese trillado cuento. Otra cosa era el tío Milo, él que era todo bondadoso inmediatamente salió al rescate, interponiéndose entre el tremendo par y su decidida madre. "Ahí te quiero ver cuando seas padre." Pensó la mujer, negando con la cabeza, adivinándose las intenciones de su amigo por solapar a las traviesas.
—¡Te quitas, o te nalgueo a ti también!
—Si de eso pides tu limosna, gatita
—¡MILO!
—¡No voy a permitir que nalguees a mis sobris! Y hazle como quieras, pero de aquí no me quito -Milo quiso sonar determinante, pero la fiereza con la que le vio su amiga por la inapropiada broma y por desafiar su autoridad ante sus hijas, le obligó a soltar una risita nerviosa- Digo… ¿No te parece un poquito exagerado querer disciplinarlas de tal forma por algo tan insignificante? Además, el cabello crece.
—Sólo recuerda decirles eso a cualquier amazona admiradora tuya que quiera venir a lincharme por tu nuevo look -Milo rodó los ojos al cielo y meneó una mano casualmente para restarle importancia al comentario-
—¡Eso jamás ocurriría! Ellas me aman tal y como soy…
El inesperado tono seductor con el que Milo dijo aquello causó que la joven rodara los ojos, para luego volver a abochornarse al recordar la situación en la que sus pequeñas habían metido al guardián del octavo templo.
—Por favor, discúlpanos por este accidente... ¡Prometo pagarte las extensiones de ese mechón!
—¡¿Cuáles extensiones?! -espetó en el acto indignadísimo- Es mi cabello natural, mujer. Me ha costado años mantenerlo en tan perfecto y envidiable estado. Y ahora… debo lucir como una abominación -soltó cabizbajo-
—No te preocupes Milito, yo misma te lavo el cabello y me encargo de encontrarte un nuevo estilo mientras te crece -el de Escorpio volteó a verla con ojitos esperanzados, y ella asintió para confortarlo en sus brazos, muy en su papel de mamá gallina- ¡Es más, de lejos ni se te nota!
—¿Tú crees eso?
Ella quiso reiterar que su cabello no lucía tan mal para animarlo, pero al revisar detenidamente el área afectada, no pudo más que sonreírle nerviosamente. Si, definitivamente era cuestión de tiempo hasta que una de las apasionadas fans del Escorpión terminara cobrando venganza ante tal crimen.
—¿Porqué mejor no me ayudas a acostar a las niñas? De paso te lavo y desenmaraño el cabello mientras me platicas como les fue hoy.
—Esto, como te explico…
—Milo de Escorpio, no me digas que pasó algo peor que lo del incidente con tu cabello porque…
Las palabras de la joven madre sonaban a más bien una amenaza, por lo que Milo pasó saliva y sintió encogerse súbitamente, ¿Cuándo su diminuta y delicada amiga había adquirido la habilidad para intimidarlo incluso peor que Shion cuando él se metía en líos?
—¡Momentito, momentito! Por supuesto que eso fue lo más grave que ocurrió. Yo mantuve absolutamente todo bajo control; sino compruébalo preguntándoles ¿Cierto niñas? -ante la plena seguridad de Milo, la joven entrecerró los ojos y volteó a ver a las risueñas gemelitas-
—¡Estoy viva, mami!
Anunció Gloria, orgullosa, estirando los brazos a su madre para que le izara en brazos, lo cual hizo la madre inmediatamente después de voltear a ver al caballero, completamente aterrorizada. Milo se pegó en la frente con la mano sin creerse el comentario de la chiquilla, ya que la "torbellina" (a comparación de su hermana "parlanchina,") apenas y hablaba. Eso sí, el caballero ya había comprobado que cuando Gloria abría su boquita, era para armar jaleo. Aunque lo que carecía ella de platicadora, lo compensaba en traviesa; por ende, el sobrenombre de "torbellina."
—¡Si! -secundó animada Victoria, jalando levemente el pantalón del de Escorpio y consiguiendo que también la levantara en brazos ¡Ella también quería ser alta como su hermana!- ¡Tío Milo nos dio esto! -dijo, ondeando un billetito-
—¡Milo! ¿Le diste dinero a las niñas para que no me contaran qué pasó?
—¡Yo jamás haría tal cosa! -respondió convincente, al tiempo que rápidamente le quitaba el billete de diez euros a la parlanchina que llevaba en brazos- Claramente aún no saben como funcionan los sobornos -masculló, evitándole la mirada a su amiga-
—No sé si quiero escuchar esto… -masajeó sus cienes, preocupada- cuéntame de una vez que fue lo que pasó
—De acuerdo, todo comenzó cuando…
-Flashback-
Milo se sentía lo suficiente listo como para completar victoriosamente la misión a la que se había voluntariado. A pesar de que los últimos días habían sido arduos, seguro estaba de que solamente su condición como santo dorado le había ayudado a sobrevivir tales faenas. Y después de haber tenido un riguroso e intensivo entrenamiento en el arte de… cuidar infantes, simplemente no concebía como simples mortales podían continuar engendrando criaturas sin morir en el intento. Sin embargo, sólo con recordar los preciosos y adorables rostros de las gemelitas, quienes tan pronto como le conocieron robaron su corazón, le bastaba al de Escorpio para aventurarse a continuar con su intento por ser un niñero a la altura. Y finalmente, el día acordado estaba a la vuelta de la esquina, únicamente le quedaba un detalle, aunque por demás crucial por completar.
—Vamos, eres el santo dorado de Escorpio ¡Tú puedes hacer esto sencillamente! -se repitió mentalmente para infundirse motivación, encaminándose a paso lento pero determinante en dirección al recinto en específico- Sólo informas que necesitas un día para ir a Atenas por motivos personales, ¡Y listo! Pan comido, entrada por salida. Shion no es ningún curioso, dudo que siquiera indague en el asunto…
Milo continuó repitiéndose mentalmente y suspiró con fuerza antes de abrir las inmensas puertas de la sala patriarcal. Pero cuando abrió estas abruptamente, volviéndose inevitablemente el centro de atención de los tres santos dorados presentes, supo que su cometido quizás no resultaría tan sencillo como había imaginado.
—Buenas tardes, patriarca
Saludó escuetamente, fingiendo naturalidad; aunque ya comenzaba a sentir un calor tremendo recorrerle el cuerpo. No contaba con que Shion tuviera compañía, pues el de Escorpio había solicitado una reunión privada con el antiguo guardián de Aries. Aún así, Milo consideró la lógica posibilidad de que Shion estuviera ocupado, discutiendo asuntos con alguno de sus compañeros... ¡Excepto ellos tres! ¡Y mucho menos al mismo tiempo!
"¡Maldita sea mi suerte! Y yo que lo tenía todo fríamente calculado." Se reprochó mentalmente el de Escorpio, tensando la mandíbula.
—Camus, Aioria, Aioros…
Dijo inclinando la cabeza a modo de saludo, y dado a la inusual formalidad con la que habló, aquel gesto les pareció por demás raro a los presentes.
—Milo, disculpa la inconveniencia. Sé que esperabas que nuestra junta fuera privada, pero se nos ha presentado un asunto significativo que teníamos que discutir lo antes posible y nos hemos extendido.
—Ningún problema, entonces regresaré enseguida.
—No hay necesidad de retirarte -comentó Shion, deteniendo en el acto el andar del de la octava casa. Este pasó saliva dificultosamente, antes de dar media vuelta lentamente para encarar al patriarca otra vez- Casi terminamos, por favor aguarda un poco.
—Por supuesto, su Ilustrísima…
—¿Su Ilustrísima…? -susurró extrañado el santo- ¿Qué le ocurre al bicho?
Para inconveniencia del intrigado caballero de Leo, Camus se limitó a encogerse de hombros e izar una ceja a modo de respuesta. Aioria chasqueó los dientes, insatisfecho. No tuvo más remedio que redirigir su atención a Shion al recibir un leve codazo por parte de Aioros, quien discreta pero severamente le indicó con la mirada que se callara de una buena vez. El León dorado rodó los ojos, convirtiéndose inmediatamente en un crio regañado.
—Como les decía caballeros, tendrán que permanecer en el pueblo algunos días, hasta que sea confirmada la seguridad para sus habitantes. Por lo tanto, partirán mañana mismo a Turquía
—¡NO! -la reacción horrorizada del Escorpión causó que lo tres santos dorados voltearan inmediatamente a verle, como si este trajera monos en la cara-
—¿Disculpa, Milo?
—No… sabía de esta misión, patriarca
Le respondió a Shion fingiendo naturalidad, e incluso atreviéndose a sonreír de lo más casual. Aunque por dentro, se reprochó así mismo al permitir que su nerviosismo le traicionara. Pero es que le había sorprendido a sobremanera que precisamente esos tres fueran a ser enviados al mismo país, y en el mismo día, en el que su amiga estaría por esos precisos rumbos. Y con lo ansiosa que ella se había puesto al mencionar el Santuario, específicamente evitando hablar de cierto santo dorado entre el trío, seguro estaba el de Escorpio que ella preferiría no toparse con ninguno de ellos durante su viaje. Valía más preguntar, sin levantar sospecha, a donde iban sus compañeros y así evitar una desgracia.
—¿Y a qué parte de Turquía es que se dirigen? Digo, ya que estoy presente de una vez enterarse de todo, en caso de que necesiten refuerzos.
—Gracias por tu ofrecimiento, Milo. Nos dirigimos a Gebze -Milo soltó un suspiro de alivio ante la respuesta del de Sagitario-
—¡Oh, Gebze! ¡No Estambul! -Shion asintió lentamente, entrecerrando los ojos sospechando la confusa actitud del octavo guardián- ¡Menos mal! Es que me han dicho que en estas épocas la ciudad está de lo más atiborrada, ya me estaba preocupando por Camus, ¿Ya saben? El pobre batalla para establecer interacciones sociales. No vaya a ser que los deje en vergüenza por aquellos rumbos estando sin mi
—¿¡Pero qué dices!?
—No es como que vamos de vacaciones…
Murmuró el de Leo, mirando al cielo, conteniéndose las ganas de reír; más por miedo a que el arquero le asestara otro codazo a que por ser prudente.
—Yo sólo hacía una observación. Por favor, continúen -apremió, ignorando magnánimo el reclamo del galo- No los interrumpiré más.
—Pues gracias, pero eso era todo. Si nos permiten, caballeros. Milo y yo tenemos algunos asuntos que discutir.
Y de tal forma los tres caballeros presentes se retiraron estoicamente a la orden de Shion, con ello levantando un peso tremendo de los hombros de Milo. Al parecer no habría riesgo de que cruzaran sus caminos. El momento de la verdad había llegado, el patriarca estaba listo para darle su entera atención al de Escorpio en cualquier asunto que quisiera exponerle. Tal como lo había ensayado, su petición había sido concedida sin siquiera tener que mentirle al patriarca sobre la razón de su ausencia, pues el superior de la orden no se molestó en indagar.
Claro está, Shion no era el único que podía indagar en el asunto.
—¡¿Qué estás tramando, bicho?!
Milo pegó un brinco y se sostuvo el pecho, pues no se esperaba que Aioria estuviera esperándole justo detrás de la puerta, y mucho menos que este fuera a asustarle como si fuera un niño travieso. Al ver al de Leo reírse burlonamente por conseguir espantarlo, Milo rodó los ojos, un tanto molesto. Más valía que pensara en una excusa para distraer al curioso León dorado ¡y pronto! algo sutil y astuto bastaría para quitárselo de encima...
—¡Qué te importa, gato! ¡Tengo derecho a tener una vida privada fuera de este Santuario!
Y bajo el escrutinio de sus tres compañeros de armas, se disparó misma flecha fugitiva de vuelta a su recinto.
—Así te contestan por andar de chismoso -le reprendió Aioros a su hermano menor-
-Fin del flashback-
—Me refería a que me contaras sobre lo que ocurrió hoy, Milo.
—¡A eso voy, a eso voy! Pensé que te gustaría escuchar un poco del trasfondo, con lo que te gusta contar historias…
Milo suspiró hondamente para envalentonarse. A esas alturas, ambos ya habían dormido a las gemelitas, así que no había riesgo de que atestiguaran una escena trágica; en caso de que su madre se volviera loca y quisiera asesinarlo por todos los líos que habían ocurrido. A su mente se le agolparon recuerdos de vestuarios fallidos, un retrete tapado, la popularidad exorbitante que le trajo su condición de "papá soltero," al igual que las inesperadas visitas a un hospital, una tienda de mascotas, la heladería, ¡Y hasta la cárcel!
—Que Athena me ampare… -suplicó mentalmente el de Escorpio antes de iniciar-
Continuará...
Hola queridos lectores! Qué tal la entrega del segundo capítulo de este fic? Originalmente pensaba que concluiría con el segundo capítulo, pero las aventuras del tío alacrán me dan para un poco más.
Alguien quiere enviarle algún remedio casero a Milo para que le crezca su cabello más rápido?
¡Gracias por leer!
