Las aventuras del tío alacrán
Capítulo III: Daddy's home
By Sweet Viictory
¡Apenas daban las diez de la noche! Pero el día había sido interminable y extenuante para ambos jóvenes. Milo y su amiga sentían como si se hubieran trasnochado parrandeando por varios días. Aunque lejos estaba la verdadera razón de estar relacionada con fiesta, alcohol y rock n' roll, pues tenía que ver más con papillas, crayolas y reacciones alérgicas.
Sin embargo, estaban más tranquilos de contar con el apoyo del otro, aunque esto resultara ser por distintos motivos. Para el de Escorpio, esto significaba su libertad de cuidar niñas tremendas. Mientras tanto para la atareada madre de las gemelitas, esta meramente se daba por complacida sabiendo que sus crías habían sobrevivido sin ella. Al menos eso pensaba, porque no aún desconocía lo ocurrido durante su ausencia.
—Como no me vine a encontrar a Mu ese día en el café… -se le escapó decir en voz alta para el shock de un ofendido Milo-
—¡Óyeme, grosera! Todavía que me ofrezco a ayudarte y aún te atreves a preferir a Mu.
La joven, exhausta como estaba y sin ganas de dar explicaciones para disculparse, prefirió utilizar su mejor mirada pesarosa para excusarse con su invitado. La cual ni siquiera terminó necesitando ya que el gallardo griego poca atención le prestaba ya a la dama. Milo estaba tirado a sus anchas en el sofá de su estancia. Tan campante y cómodo que incluso daba la impresión de que caería rendido en los brazos de Morfeo en cualquier momento. Y a juzgar por la toalla enredada cual turbante en su cabeza (misma que a insistencia de la empecinada y avergonzada joven, serviría para reparar el daño en su frondosa cabellera.) Milo se sentía tan cómodo, que parecía fuera el amo y señor del diminuto apartamento.
—Debo admitirlo Milo, ACDC te va bien
Milo entornó los ojos para evitar ver el mohín adornando el usualmente agraciado rostro de la joven. Aunque agraciado, lo que se decía agraciado en esos momentos, definitivamente no se veía. Todo gracias a la mascarilla de papel blanca que llevaba puesta ella, la cual la asemejaba más a Michael Myers. He ahí porqué Milo evitaba a toda costa el contacto visual con la madre de las gemelas, pues de pronto la encontraba un tanto aterradora. Sin embargo, el glamur no sólo había sido arrojado por la ventana por ella, sino también por el de Escorpio. Pues una vez las gemelitas habían sido puestas a dormir, la madre de las niñas le facilitó un atuendo más cómodo; el cual constaba de una casual camiseta de la banda ACDC y unos jeans. O al menos a Milo le resultaba más confortable en comparación al formal y sofisticado traje sastre que eligió portar en su debut como niñero e inevitablemente sucumbió al par.
—De suerte tu esposo tenía la misma talla que yo… -dijo, revelando aprobar el atuendo, para inmediatamente recordar lo indignado que estaba por la pérdida de su traje- ¡Espero que sepas que mi traje era carísimo e irremplazable!
—No me digas que este era el traje que Afrodita te había hecho
Comentó ella fingiendo sorpresa, más para distraer al santo sobre la condición de su traje, a lo que Milo hizo un aspaviento confirmando las sospechas de la joven.
—¡Y no sabes cuanto trabajo me costó convencerlo para que lo diseñara y confeccionara! ¡Todo para que tus diablillas lo arruinaran! -la dama hizo una mueca de arrepentimiento e hizo una breve reverencia al caballero a modo de disculpa- Agradécele a Athena que soy un hombre misericordioso, de lo contrario hace mucho se me hubiera escapado una de mis agujas en tu contra! ¡Alma descarriada!
—Milito, no es que no aprecie el hecho de que no hayas acabado con mi vida desde la primera vez que fui altanera contigo, o que agradezca increíblemente el hecho de que ofrecieras voluntariamente tu tiempo para cuidar a mis hijas… Pero ¿Será que puedes recordar que yo claramente te mencioné el portar un atuendo cómodo y sobretodo práctico para el día hoy?
Milo se limitó a encogerse de hombros como quien no quiere la cosa, evadiendo convenientemente el rostro de la joven empleando todo el estoicismo que su categoría le permitía.
—Discúlpame entonces por haberles querido causar una buena impresión.
—Tienen tres años, sólo con verte quedaron impresionadas -y aquel comentario sincero le robó una sonrisa coqueta al de la octava casa-
—¿Puedes culparlas por ello? -para toda respuesta a la sonrisa petulante del de Escorpio, la joven se golpeó la frente con la mano y optó por ignorar el comentario-
—Como iba diciendo Milo, doy gracias a los dioses del Olimpo porque te presentaras en un traje y no en la armadura de Escorpio.
Sonrió infantilmente, sintiéndose pillado y un tanto avergonzado al recordar como durante sus primeros días de preparación, había cuestionado la posibilidad de cuidar a las gemelas portando su inmaculada protectora.
—Únicamente lo consideré para reiterarles a las tres que estarían seguras conmigo.
Dijo solemne, incluso convincente… de no ser por que la joven ya conocía la naturaleza ladina del caballero. No obstante, ella negó cerrando los ojos, cansada de darle tantas vueltas al asunto.
—Te pagaré tu atuendo con mi siguiente paga, ¿De acuerdo?
Milo se limitó a hacer una mueca, como si con ello diera a entender que dudaba de que aquella promesa si quiera fuera a concretarse en futuro; y derrotado, echó la cabeza para atrás.
Después de unos minutos de silencio entre ambos, aún descansando en la pequeña estancia, la joven reflexionó cuidadosamente. Quizá no habría mejor oportunidad que esa para disipar la tensión del ambiente. Sin duda alguna, esa era su oportunidad por saciar aquello que anhelaba después de un día tan estresante. Además, hacía ya tanto tiempo que se reprimía tal gusto. ¡Que a esas alturas su cuerpo se lo exigía! Miró nuevamente a su visitante, nadie mejor que el gallardo Milo de Escorpio para ser su cómplice en su irrefrenable antojo.
A esas alturas, el griego ya había notado que su amiga se hallaba concentrada en sus cavilaciones y esto inmediatamente llamó su atención, pues los momentos en los cuales la joven permanecía callada sólo podían indicarle que algo tramaba… y eso usualmente significaba problemas. Milo le regresó la mirada, observándola curioso, casi como si pudiera leerle sus traviesos pensamientos. ¡Al diablo entonces lo que pensara Milo! ¡Ambos eran adultos y bien podían manejarlo! Además, después de semejante día, segura estaba ella que sólo eso los reconfortaría. Sin más remedio que sucumbir a sus instintos, se levantó de un brinco para rodear la mesita de café que les separaba de un sillón a otro, sentarse en ella y encarar de tal modo al intrigado caballero.
—Espero que no me juzgues, porque te invitaré a hacer algo que verdaderamente necesito y no hago en mucho tiempo…
Y con ello el aludido se inclinó para acercársele, sonriéndole coqueto de medio lado, respondió con voz profunda y seductora…
—Me la estás poniendo bien difícil con esa mascarilla de asesino serial que traes puesta... -nótese que la joven se despojó de la maldita mascarilla como si esta de pronto le quemara- Pero mentiría si te dijera que no lo he pensado yo mismo. Y te entiendo, soy irresistible. Pero trata de esforzarte por reprimir esos deseos carnales que te inspiro, mujer, sobretodo porque estaría mal. Aunque muy bien… -completó guiñándole- Pero mal, al fin y al cabo.
La madre de las gemelas manoteó bruscamente para deshacerse del agarre con el que Milo acunaba comprensivamente sus manos, entendiendo en qué dirección se habían desviado sus malos pensamientos.
—En primer lugar, si tus erróneas conjeturas fueran el caso, permíteme decirte que sería fantástico -corrigió confiada, asestándole una palmada al poderoso brazo del sorprendido- Y no me estaba refiriendo a eso, Milo….
Espetó la irritada joven, observando con incredulidad al ocurrente Escorpio, quien no pudo más que reaccionar carcajeándose de su irritada expresión.
—Me refería a que voy a servirme un poco de vino… ¡Zoquete!
Pero Milo continuaba de lo más divertido, llevándose instintivamente su mano a cubrir sus labios y así acallar sus risas. Más por miedo a terminar despertando a las tremendas gemelitas, que por apaciguar a su amiga, cabe aclarar.
—¡Era broma! ¡Lo decía para reiterar la clase de amigazo solidario que soy!
Respondió sin pena, llevándose una mano al pecho y con evidente orgullo en la voz. Ella sólo entornó los ojos y negó con la cabeza.
—Muy bien. Síguete riendo de mi, Milo. Supongo que yo seré la única en disfrutar de ese vinito.
—¿Mamá va a tomar en casa, con sus pequeñas durmiendo tranquilamente en el cuarto de al lado? -dijo el de Escorpio fingiendo escandalizarse-
—¡Pobre de ti te atrevas a juzgarme!
—¿Juzgarte? ¡Qué va! -Milo se incorporó un tanto de su asiento para volverse a sentar propiamente- Si lo que yo quiero es un poco, ¡Venga ya, mujer! Que también me lo merezco ¡Llénale esa copa con el dulce néctar de Dionisio al buen tío alacrán!
Canturreó reanimado y la joven le sonrió, accediendo a la petición del Escorpión Dorado. Una vez había tomado la botella de vino, la cual escondía meticulosamente en el estante más alto de la alacena. Procedió a servir dos copas de vino tinto. Milo continuó hablando justo después de dar su primer trago, claramente confiado como para retomar el último tema abordado.
—Además no lo decía por ofenderte, pero como que se te nota estás en temporada de sequía, gatita.
Y gatita se atragantó con el primer trago que daba, enrojeciéndose en el acto por la suposición (apropósito cierta,) del de la octava casa.
—¡Por Dios, Milo! ¡Estás hablándole a una viuda!
Le respondió con la voz entrecortada, aún recuperándose del atragantamiento, pues muy para su pesar, las ocurrencias del de Escorpio sí le habían robado una risita.
—¿Qué? Es verdad, yo sólo lo digo por tu bien. No es que pretenda inmiscuirme en asuntos privados, pero no puedo evitar imaginar lo difícil que debe ser el estar con un hombre como nosotros -dijo esto señalándose con expresión petulante, tal como si estuviera a punto de posar para una escultura del mismísimo Miguel Ángel- no sólo somos excelentes guerreros, sino todos unos sementales. ¿Apoco no?
La mujer hundía su rostro entre sus manos y negó con la cabeza, todo con tal de evitar que su entrañable, ingenioso y nada prudente amigo atestiguara que a esas alturas ya parecía un vil tomate. La dama optó por darle un buen trago a su vino para toda respuesta, e inmediatamente después, (quizá por efecto del agridulce licor en su estómago vacío.) una memoria en específico se agolpó en su mente, causándole esbozar una sonrisa soñadora y pícara.
—Ya que estamos en confianza debo confesar que hay algunas cosas que extraño…
Lo inesperado del comentario desató en Milo una carcajada limpia al ver la expresión soñadora de su hermosa amiga, imaginándose a la perfección a lo que se refería la muy pilla, quien rápidamente negó con la cabeza como para espantarse los traviesos recuerdos que atravesaban su mente.
—¡Suficiente de distracciones, tío alacrán! -demandó con mejillas sonrojadas- No podrás distraerme toda la noche, cuéntame qué fue lo que pasó durante el día.
—¿Estás segura de que no quieres tomarte otro vinito primero? Digo, como para anestesiarte para lo que sigue.
—¡¿Qué sigue?!
—Ay si así te pusiste sólo con decirte esa parte…
—¡Dímelo de una vez que estoy comenzando a alterarme!
—¿Comenzando? Ni me quiero imaginar como te pondrías cuando te cuente todo. Mejor me regreso al Santuario que seguro hago falta ya, con tu permiso...
—¡Milo Papaloukas regresa acá, que si no me dices de una buena vez…!
—De acuerdo, de acuerdo. Tampoco hay necesidad de utilizar mi ilustre nombre o el tonito con el que me reprendía mi madrecita, ya te cuento. No te me exaltes mujer, te van a salir arrugas y mira que a tu edad ya estás muy cerca de necesitar…
—¡MILO!
El regente del octavo templo se encogió de hombros como niño regañado ante la exasperación de la mujer. Y habiendo fracasado al encontrar el coraje para encarar a su amiga, quien ya lo escrutaba como si estuviera más que lista para ajusticiárselo a chancletazos, se decidió a proseguir. "Athena ampárame," se dijo mentalmente Milo, a la par que inconscientemente oteaba el lugar como de rayo para verificar que no hubiera objetos punzocortantes cerca de la madre de las gemelas.
—Todo comenzó cuando llegó la hora de despertar a Parlanchina y Torbellina
—¡¿Así apodaste a mis hijas?!
—Pues sí, que van con su personalidad. Además la culpa es tuya por ponerles nombres tan anticuados -la joven reprimió un grito y se llevó una mano al pecho. Pero haciendo caso omiso de la ofendida madre, Milo prosiguió- De haber sido yo, les hubiera puesto un nombre más épico.
—Veremos pues, señor Escorpio, ¿Cómo le pondría usted a su hijo? -le retó la escéptica, sonriéndole de medio lado, pensando que esta vez si atrapaba al guerrero desprevenido-
—Aiden -respondió sin miramientos, tal como si dijera "jacque mate"-
—Vaya, es un nombre muy bonito, he de admitirlo. Incluso suena al nombre de alguna estrella de rock
—¡¿Verdad que sí?! ¡Era justo lo que…!
—¡Ya! ¡Basta de interrupciones y termina de contarme lo que sucedió!
—Así por las buenas ni quien se niegue…
7:00 A.M., El Incidente del Vestuario
Milo suspiró, ansioso, dirigiéndose lentamente a la alcoba de las niñas para despertarlas y darles de desayunar. Personalmente le parecía un tanto temprano el levantar a las crías a esa hora, pero su madre había explicado claramente en su horario que ellas habían de despertar a tal hora y así continuar con su estructurada agenda de actividades, las cuales el Escorpión Dorado había seguido en sus días de entrenamiento metodológicamente.
—Tranquilo Milo, tranquilo. -murmuraba para si cuidadoso- Estás entrenado para peores situaciones que esta. Si puedes contra amenazas mundiales, puedes cuidar a un par de niñitas. Calma, inhala la flor…. Exhala la vela…
Era el mantra que se repetía el guerrero, respirando de tal modo para tranquilizarse a la par que caminaba de puntillas en dirección a la habitación. Ya no había excusas para comprarse un poco más de tiempo. Por lo que, una vez detenido en la puerta de la colorida habitación, (decorada tiernamente con un mural de animales tocando diferentes instrumentos musicales en lo que parecía ser un desfile de los mismos.) el de Escorpio se permitió observar a las niñas descansar apaciblemente.
El griego se acercó unos pasos más a las camitas para apreciar mejor la escena frente a él, pues ambas gemelitas dormían. Tan campantes, que prácticamente les faltaba el set de alas y halos para acabar de parecer unos preciosos querubines. Querubines una vez despertaran le recordarían al tío alacrán que sus traviesos rostros no sólo decían que "no podían romper un plato, ¡sino la vajilla entera!"
Victoria, alias Parlanchina, dormía a sus anchas, extendiendo su diminuto cuerpo por toda la cama como si fuera una equis, con la boquita un tanto abierta y el rizado cabello alborotado esparcido por la almohada. Victoria era la mayor del par, aunque esto sólo por poco menos de dos minutos. Infernales dos minutos si le preguntaban a su pobre madre durante el parto; pero los suficientes como para situarla no sólo como la mayor del par en nacimiento, sino hasta en signo zodiacal. Pues al haber nacido ella minutos antes que el reloj de la media noche indicara veintidós de junio, su signo regente era curiosamente Géminis. Victoria era también la más platicadora del par, incluso un tanto elocuente para su efímera edad. Milo inmediatamente identificó esa cualidad con la madre de la niña. Por ende, acabó nombrándola de tal forma.
Su hermana menor Gloria, alias Torbellina, aunque más callada, era la más traviesa del par. Y habiendo esta nacido ya en las primeras horas del veintidós de junio, su regente era Cáncer. Dato que hizo involuntariamente temblar al de pronto supersticioso tío alacrán, "¿Porque no empiezan así las películas de terror?" cuestionó cuando lo supo a la madre fingiendo naturalidad, antes de que ella la arremetiera un golpecito detrás de la cabeza por atreverse a sugerir que su inocente criatura guardara semejanza con el tétrico guardián del cuarto templo. Sin embargo, Milo se convenció de no tener nada de que preocuparse al ver a la niñita dormir tan pacíficamente, abrazando protectoramente un esponjoso patito de felpa.
—Señor Cuaqui
Se recordó mentalmente Milo. No fuera a ser que desatara el llanto en la chiquilla si volvía a cambiarle de nombre al adoradísimo amigo por uno más familiar, como lo hizo al llamarle Don Hyoga.
Sonrió divertido por lo infantil del lío y se enfocó en apreciar el angelical rostro de las gemelas. Ambas se veían tan frágiles y tiernas a la vez, que incluso el santo dorado consideró en tomarles una foto para recordarse porqué motivo peleaba al sacrificar su vida. O ya para no ser tan melodramático, bien podría utilizar la foto para algún día, cuando las gemelas crecieran, mostrárselas y avergonzarlas. De pronto, Milo reparó en lo familiar que le parecía tal escena. No en sí porque alguna vez hubiera cuidado de ellas, o porque ya hubiera estado en ese lugar… sino porque de pronto las chiquillas le recordaban a alguien. Aguzó la vista como para esforzar su memoria. Esos rizos castaños, sus mejillas regordetas y apiñonadas… ¿A quién demonios le recordaban? Encogió los hombros rindiéndose al fin.
—¡Que pereza, si no me acuerdo ahora, ya nunca me voy a acordar!
Milo se convenció de simplemente estar comparándolas con su madre.
—¡Buenos días solecitos! -saludó amoroso y enérgico, un tono que le sorprendió al propio guerrero pues disimulaba estupendamente su ansiedad de hacía sólo unos momentos- Que buen padre voy a ser…
Triunfal se aseguró mentalmente a la par que abría de golpe las cortinas que obscurecían la habitación de las niñas y de paso las dejaba sin corneas por lo repentino que ahora entraba la luz del astro rey. Las niñas se removieron en sus camitas y mientras Victoria se incorporó como pudo, Gloria simplemente se hizo ovillo para bloquearse de la intensa luz diurna que cubría al completo su habitación.
—¡Vamos chiquillas, despierten! Hoy tendremos un día muy divertido con el tío Milo porque mamá no está…
—¿Porqué mamá no está? -inquirió Victoria, traspasando con sus infantiles e inmensos ojos verdes a Milo, quien de pronto se sintió contrariado por la sincera inquietud en su vocecita- ¡¿Mamá se murió?! ¡Mamá se murió de ebola!
—¡¿Que se murió?!
Sólo alcanzó a repetir un sorprendido Milo, casi como si creyera la propia afirmación de la niñita, aunque por otro lado también, se quería reír porque ¿de dónde sacaba esta criatura tal razón? Sin embargo; al provocar que Gloria se levantara asustada de su camita como resorte, con los cabellos revueltos y los ojos llorosos, se mordió los labios para retomar la compostura.
—¡Es decir, no! ¡Nadie se ha muerto, Victoria! ¿De dónde sacas eso?
—Papá
Fue lo único que necesitó decir Gloria para que Milo abriera los ojos más de la cuenta, recordando la tragedia que había pasado la familia al inesperadamente perder al padre en un accidente automovilístico.
—Empezando con el pie derecho, MiloMu-se reprendió mentalmente- Niñas, lo que quise decir es que mamá hoy estará ocupada con el trabajo, pero yo le ayudaré a cuidarlas y tendremos un día muy divertido. ¿De acuerdo?
Las gemelitas intercambiaron una mirada para inmediatamente observar igual de serias al único adulto en la habitación.
—Ok… -dijo acompañado de una risilla nerviosa- Entusiasmo Milo, ¡Entusiasmo! Quizá son como tú cuando no has tomado tu primera taza de café por la mañana… ¡¿Quién quiere desayunar?! -cuestionó con nuevos brios, logrando que las gemelas se vieran un poco más animadas- Un pajarito por ahí me dijo que a ustedes dos les gustan los panqueques y resulta que su tío alacrán es un maestro en hacer panqueques en forma de su caricatura favorita. ¿¡Quien dijo yo!?
—¡YOOOOOO! -vitorearon las chiquillas, brincando de emoción en sus pequeñas camas y arrancándole una sonrisa al guerrero-
—Muy bien, pero primero hemos de vernos presentable. -comentó Milo a la par que les daba la espalda a las gemelas para abrir las puertas de su closet y encontrar los atuendos que había dejado su madre- Ningún niño bajo mi cuidado va a verse como pordiosero… ¡No que ustedes se vean así! -y volteó de inmediato a ver al par para corregirse- ¡Si hasta parecen muñequitas… de vudú! Aunque muñequitas, al fin y al cabo. Pero eso lo arreglamos en un santiamén.
Milo dio un brinco para acercarse a las crías y juguetonamente enmarañarles el cabello aún más a cada una y hacerlas reír en el proceso. Luego de despeinar a las gemelitas, quienes parecían estar ya más entusiasmadas con lo que parecía un juego antes de ir a desayunar, regresó a su misión por encontrar sus atuendos del día.
—Esta mujer me quiere sabotear el día…
Espetó, observando incrédulo el set de ropa idéntico que la madre preparó para las gemelas. Unos overoles rojos con sus respectivas camisetas en color azul cielo. Milo de por si tenía problemas recordando quien de las niñas era quién; pero si acababa por vestirlas igual, ahora sí que tendría que marcarles la frente con su inicial para diferenciarlas. De pronto Milo sintió como si una idea le esclareciera sus pensamientos.
—¿Quién quiere escoger su ropa el día de hoy? -preguntó Milo a las gemelas con sumo interés, y para toda respuesta, a las chiquillas se les iluminó el rostro pues por primera vez serían capaces de elegir sus atuendos- ¡Muy bien, tomaré eso como un sí! Esto es lo que vamos a hacer, presten atención. Victoria, Gloria, ustedes van a buscar un bonito conjunto que ponerse; mientras tanto, el tío Milo les preparará el desayuno, ¿De acuerdo?
—¡Si! -concordaron las despeinadas y emocionadas niñas, saliendo a prisa de sus camas-
—Entonces veamos quien de las dos es más veloz y puede cambiarse antes de que yo termine de cocinar… ¡Rápido, rápido, rápido!
Y así fueron las niñas incentivadas a salir de sus camitas como balas y en dirección a donde según ellas se guardaba su ropa. Claro está que Milo poca atención ponía al desastre que las gemelas armaban en su habitación, al estar ya activo en su rol como chef, como chef y cantante, cabe mencionar…
—Si yo te bajara el sol quemadota que te dabas, Si te bajara la luna como diablos la cargabas…
¡Pum! ¡Tras! ¡Pow!
Milo acalló su alegre canturreo enseguida al escuchar el trastabilleo de quien se le unía en la cocina. Se giró presuroso para descubrir en la mesa, perfectamente sentadito en su asiento y con utensilios en ambas manitas, a un pollito de grandes ojos verdes mirándole curioso.
—¡Torbellina!
Milo le sonrió enternecido y un tanto satisfecho por reconocer a la niña. A pesar de que el secreto de la identidad en ese caso lo había otorgado su fiel acompañante, Señor Cuaqui, sentado justo al lado de la Torbellina y al igual que ella, con sus utensilios frente al patito de felpa.
—Creo que ganaste la carrera -Gloria sonrió triunfal-
—¡Espérenme!
Interrumpió demandante la vocecita de Victoria, también a apresurado andar hasta llegar a la mesa. Y si Milo no estaba preparado para ver a una de las gemelas vestida de patito, cuando vio a la otra llegar con toda confianza en su atuendo, el guerrero sintió que se iba de espaldas al ver el elaborado (pero mal puesto.) disfraz de la niña.
—¡Wow! -dijo asombrado, agachándose a la altura de Victoria y agarrándole las largas y puntiagudas orejas que salían de la capucha que llevaba puesta- ¡Un disfraz del antiguo maestro Dohko!
—¡Soy Yoda! -Corrigió exasperada por la ignorancia de su tío-
—¡Oh, lo siento! Tu disfraz es genial. Claro que eres Do… digo, ¡Yoda!
—¡Clarísimo!
—Aún así Victoria, la ganadora sería quien se vistiera primero, y esa fue tu hermana ¿Cierto, Gloria?
La aludida respondió chocando su manita contra la de Milo a modo de felicitaciones y después sacándole la lengua a su gemela, haciéndola fruncir el entrecejo de una forma chistosa.
—Ahora si, ¡A comer, pequeñas! Y como diría Camus bon appétit -con la gracia de un mesero de restaurante de cinco estrellas posicionó los platos frente a las gemelas- ¿Qué te pasa Torbellina, no vas a probar tu desayuno?
Pero la pequeña se limitó a empujar su plato al frente y cubrirle los ojos a su patito de felpa. Victoria y Milo se impulsaron sobre el plato con panqueques y al verlos, la boquita de Victoria se abrió en una perfecta "O"
—Creo que tiene miedo
—¿Miedo? -cuestionó extrañadísimo- ¿Pero porqué tendría mie...?
—Pues están feos, tío -soltó la niña como si fuera la más obvio del mundo-
—Pero si tu mamá me dijo que a Gloria le gustaban los payasos -inquirió Milo nuevamente, tomando el plato para observar mejor su creación, unos panqueques a lo que su criterio dictaba era en forma de un payasito feliz-
—Pero parece un zombie
Aclaró Victoria casualmente y Gloria reiteró la afirmación de su hermana asintiendo enfática. Por su parte Milo, viendo los ojitos de espanto no tuvo más remedio que retirarle el plato.
—Te haré unos panqueques normales y yo me como estos, ¿Qué hay de ti Parlan..?
No hubo necesidad de acabar la pregunta, pues la gemela disfrazada de Yoda disfrutaba alegre de su desayuno.
—Me gustan mis panqueques de monstruo -le sonrió tierna después refrescarse al dar un trago a su vaso de leche-
—Se suponía era una princesa -aclaró el tío alacrán algo derrotado-
11:00 A.M., Escondidas
Al terminar el desayuno, Milo decidió optar por lo práctico, eligiendo el idéntico atuendo para las gemelas. Si bien los atuendos no le ayudarían a distinguirlas, el de la Octava casa improvisó sus habilidades como estilista, de pronto recordando todas las horas invertidas en su propia cabellera cuando de niños, un testarudo Afrodita de Piscis solía peinarles. Por lo que su estrategia para diferenciar al par fueron las dos colitas en Torbellina y el moño rojo que adornaba la cola de caballo que portaba Victoria. Y jurando volverse loco o destruir el apartamento si veían otro episodio más de Rora la buscadora, (o como sea que se llamara la dichosa caricatura.) decidió llevar a las niñas al parque.
Por suerte, una simple caminata bastaría para llegar al parque más cercano del vecindario. El día era sencillamente hermoso y el clima estaba a su favor, las gemelitas lucían como todas unas muñequitas (y no precisamente de vudú), y por supuesto, el tío alacrán salía también echando tiros, pues parecía que iba listo para una pasarela, enfundado en su moderno traje color marrón obscuro. Cosa que por supuesto robaba la atención de cuanta mujer se cruzara por el camino del trío, muy para deleite del de Escorpio.
—¿Por qué me hiciste tan irresistible, Athena?
—¡Mi zapato!
Fueron las palabras que sacaron a Milo de sus profundas reflexiones, cuando de lo más casual llevaba a cada gemela tomada por la mano. En el acto se detuvo para dirigir su atención a la pequeña.
—¿Te ayudo con las agujetas, Victoria?
—Sipis, no me quiero caer. -Milo sonrió por la respuesta de la niña y se arrodilló a la altura de ella para abrochar las agujetas-
—Pero si quieres que te ayude debes decir las palabras mágicas. ¿Cuáles son las palabras mágicas? -cuestionó animado a Torbellina, pero esta simplemente se encogió de hombros- Ok…. ¿Sabes cuales son las palabras mágicas, Parlanchina?
—¡Sip! -respondió con un fuerte asentimiento de cabeza-
—Entonces, dime las palabras mágicas -pidió amable-
—¡Las palabras mágicas!
—¡No, Victoria! ¡Las palabras mágicas son, por favor!
—¡Yo ya sabía! -canturreó ella con gran sonrisa- ¿Me ayudas por favor? -Y el aludido no pudo negarse a la adorable vocecita de la pequeña, y claro que él no fue el único en encontrar encantadora la escena-
—Tu hija si que es linda…
Milo, aún arrodillado, elevó su mirada lentamente hasta toparse con la dueña de la voz: una rubia noventa-sesenta-revienta. La rubia era acompañada de una morenaza de fuego que causaron al de Escorpio ponerse de pie de un brinco. Victoria por su parte observó a su tío alacrán extrañada, pues ahora le parecía que se comportaba como un cachorrito.
—Buenas las tengan, ¡Es decir! Buenos días, señoritas.
Ambas damas rieron juguetonas, disfrutando del tacazo de ojo que se daban con el guardián de la octava casa-
—Buenos días -respondió la morenaza de fuego- mi amiga tiene razón, yo le dije que seguro la niña heredaba lo bella de su mamá… Es decir, ¿Su esposa?
Para toda respuesta, Milo hizo desglose de una arrebatadora sonrisa, capaz de aflojarle las rodillas a cualquiera. Incluyendo las dos chicas en cuestión. Bien sabía él a donde se dirigían con tales preguntas, pero de igual manera seguiría el juego. Negó con la cabeza inquietándolas aún más.
—¿Su novia?
—¡Oigan! ¡El no…!
Pero antes de que la irritada Victoria dijera más nada, en un rapidísimo movimiento Milo la levantó en brazos y con una mano tapó su boquita. Milo rio una vez la tenía en brazos, sin aparentar el perder la compostura.
—Lo que mi pequeña quería decir es que no… tengo esposa o novia. Estoy completamente solterito y disponible, en caso de que alguna de ustedes sepa de alguien interesada en un hombre sincero, comprometido y sobretodo leal. ¡Auch! -soltó el de Escorpio cuando la niña le mordió la mano para que al fin dejara de cubrirle la boca- ¡Muy mal hecho, Victoria!
—Parece que no le gustó lo que dijiste. -comentó la rubia- Quizá es celosa con su papá…
—Pero si…
—¡Pero si no saben cuanto la consiento!
Se adelantó a interrumpirla Milo, sofocando las palabras de la gemelita a punto de desmentirlo. Suerte que había llegado un autobús a donde estaban, ya que así su vocecita también se había ahogado con el ruido proveniente del vehículo.
—Y entonces ¿Dónde está la madre de las niñas?
Milo observó a las damas de una forma indescifrable, a la par que una idea iluminaba su mente. Quizá se iría al tártaro por utilizar esta idea, pero también quizá valía la pena. Calculó sus posibilidades para elaborar la historia y no alterar a la niña en el proceso.
—Desafortunadamente… soy viudo
Un extendido y empático ¡AWWWWW! Proveniente de las damas se escuchó al unísono, a la vez que ambas ladeaban su cabeza y se llevaban una mano al pecho, sintiendo así que la desgracia del viudo guapetón les partía el alma.
—Lo siento mucho
Se adelantó la morenaza de fuego, y Milo ondeó una mano para restarle importancia, esquivándole la mirada, como si con ello pudiera retener sus lagrimas de cocodrilo. De más está decir que tal actuación se ganaba una nominación al Oscar. Victoria vio extrañada a su tío, y este le guiñó sin que las chicas se dieran cuenta. Victoria ahora estaba más confundida que antes.
—Debe ser tan difícil cuidar de tu hija completamente solo… -Milo afirmó con expresión compungida-
—Y son dos
—¿Dos? -repitieron a coro, sorprendidas y un tanto confundidas-
Fue casualmente en ese preciso momento, quizá como una jugarreta del universo para recordar que uno es sencillamente un mortal y siempre puede asombrarse con las vueltas de la vida, incluso más cuando se cree que todo va viento en popa, cuando el celular de Milo comenzó a sonar en su bolsillo.
—Permítanme, señoritas… ¿Aló? -respondió, confirmando así sus sospechas de quien estaba al otro lado de la línea-
—¡Milo! -la voz se percibía un tanto angustiada- ¿Cómo están las niñas?
—Yo estoy de las mil maravillas, muchas gracias por preguntar.
—¡Deja de hacerte el gracioso! Sólo quería asegurarme que está saliendo bien.
—¿Quieres dejar de preocuparte? Por supuesto que todo ha salido bien. Hemos tenido una mañana muy tranquila.
—¡Que alivio! Mil gracias de nuevo por ayudarme, no sabes cuanto lo aprecio -Milo tuvo que pegar un poco más la bocina del celular a su oreja en un esfuerzo por escucharla mejor contra el ruido que había en la calle- Escucha, sólo quería hacerte saber…
—¿Puedes hablar un poco más fuerte? Acaba de irse un autobús y no tuve oportunidad de escucharte.
—¿Qué hacen en una parada de autobuses? -sintiéndose pillado, el de Escorpio hizo una mueca de arrepentimiento y se golpeó la frente con la mano- Eso no estaba en el horario de actividades…
—Lo sé, pero no te preocupes, mujer. Sólo estamos improvisando un par de actividades extra. Además, sólo vamos al parque, les hará bien a sus pulmones. En fin, ¿Qué me querías decir?
—Por favor no se vayan muy lejos del vecindario… -la voz de la mujer suplicó, dejando escapar un suspiro- Al parecer regresaré a casa un poco más tarde, según el itinerario...
—¡Adiós!
Se despidió alegre Victoria, llamando inmediatamente la atención del tío alacrán y siguiendo este la manita que ondeaba en dirección al autobús, cuando lo notó al fin. ¡Gloria no estaba a su lado! Sintió palidecer mismo fantasma y no pudo reprimir un auténtico grito de angustia.
—¡Oh por todos los Dioses! ¡¿Dónde estás Gloria?!
—¡¿QUÉ HAS DICHO MILOOOOOO!? -rugió del otro lado del teléfono la mujer, obligando al guerrero a alejarse el aparato de su oído o perder el tímpano en el proceso-
—N-no es nada… -Milo movió sus ojos de un lado a otro, como si con ello pudiera maquinar alguna excusa con más agilidad- Lo que pasa es que… -chasqueó sus dedos, triunfal- estamos jugando a las escondidillas y a Gloria le encanta cuando soy dramático. ¿Dónde estará esta niña?
Canturreó para esconder su ansiedad, y como si le hubiese escuchado, de la ventana trasera del autobús (que ya estaba a al menos dos cuadras de distancia.) la Torbellina se asomó para ver el paisaje de lo más animada. La quijada de Milo prácticamente se estrello contra el piso, tenía que actuar rápido para recuperar a la traviesa.
—¿Estás seguro de que es sólo eso? Porque si necesitas que yo regrese antes…
—¡Segurísimo! ¡Adiós! -y sin más colgó el teléfono- ¡Tu hermana se subió en el autobús, Victoria! ¡Tenemos que alcanzarla! ¡Con su permiso, señoritas!
—¡Oye, pero no nos dijiste ni tu nombre!
—¡Si es destinado a ser, las encontraré algún día! -se limitó a responder, posicionando a la gemela en sus hombros para dispararse cual flecha tras el autobús- ¡Adiós! ¡Sujétate fuerte que el tío Milo va a correr!
—¡Arre caballito, arre! -demandó la pequeña completamente emocionada y sujetandose de la cabellera del de Escorpio-
II
—¡¿Con que eso fue lo que pasó cuando te llamé?! ¡¿Perdiste a una de mis hijas en un autobús urbano?! ¿Tienes idea de que lo que pudo haberle ocurrido? ¡Milo te juro que podría matarte…!
—Mujer, tranquilízate al mil porciento -le aconsejó de lo más fresco, a la par que con un dedo se limpiaba de debajo del ojo un poco de la saliva que le había caído accidentalmente cuando su descontrolada amiga le gritaba- Déjame acabar, ¿Quieres?
—De acuerdo -respondió sumando toda la paciencia que le quedaba- Prosigue Milo
—De pura casualidad y sin absolutamente nada de conexión con lo que tengo que decirte ¿Será que tienes un chaleco antibalas que me prestes? Y no te preocupes por tu escopeta, ya me deshice de ella
—¡¿Cómo sabes que tengo una…?! Aguarda un momento ¿¡Que hiciste qué!?
—Por Athena, que tienes dos crías en la casa ¡Y unas muy traviesas! Fácilmente la encontrarían y podría ocurrir una tragedia
—¡Milo, estaba escondida! Además, sólo la tenía por protección ¡Espero que sepas que habrás de reponérmela! Si no es esa al menos una de las armas de Dohko,
—Estás pero bien loca si crees que podría hacer tal cosa
—Aunque sea una lanza. Acabas de decir que te deshiciste de mi escopeta y no me puedes dejar desarmada.
El enardecido debate continuaba, poniendo en pausa las aventuras del día de acuerdo al tío alacrán, cuando de pronto llamaron a la puerta enérgicamente.
—¿Quién podría ser a esta hora? -inquirió la mujer un poco nerviosa, pues no solía recibir visitas tan tarde-
—Entonces… ¿En qué quedamos con lo del chaleco antibalas? -preguntó un poco más nervioso ahora el guerrero, convenientemente evadiendo la pregunta de la joven- Estoy seguro tienes alguna otra arma por ahí -murmuró desconfiado-
—Milo… ¿Porqué presiento que tienes que ver con esto?
—¿Yo que voy a saber? Nadie como tú para confabular disparates.
—Milo…
—Está bien, está bien. Pero debería ser yo quien esté molesto contigo por no contármelo antes.
—¿E-el qué? -Soltó ella, temerosa de conocer ya la respuesta-
—¿Creías que no me daría cuenta?
Pero antes de que ella puediera siquiera objetar algo, volvieron a tocar a la puerta y su corazón golpeó contra su pecho con más fuerza.
—Mi-Milo... por favor dime que quien está tocando la puerta no es...
—Efectivamente. Ni más ni menos que al verdadero padre de tus hijas -ante lo dicho, la joven palideció a tal punto, que incluso el yogurt griego tenía más color que ella. Pero poca atención prestaba Milo al ataque de pánico de su amiga, pues el enfocaba a su vista a la puerta, como si con ello pudier abrirla- ¡Anda, abre la puerta de una buena vez y velo por ti misma que algún día habrías de encararlo!
Exigió desesperado el de Escorpio, ni siquiera dándole oportunidad a que ella reaccionara o aclarara sus dudas pues él mismo guio a la chica hasta la puerta para abrirla y revelar a quien se escondía tras ella.
Fue el propio Milo quien abrió la puerta, revelando al visitante. La joven, al verlo, sintió desfallecer y sus palabras quedaron atrapadas en su garganta. Simplemente no podía creer en la osadía del de Escorpio, ¡Mucho menos que él estuviera ahí! ¡Parado frente a ella! El gallardo hombre en cuestión mostró una deslumbrante sonrisa, como si con ello pudiera asegurarle que no se trataba de un espejismo.
—No tenías que buscar un apartamento en Atenas para verte en privado conmigo, simplemente bastaba que te mudaras a la casa de Géminis conmigo, bebé.
—¡Kanon!
Fue lo único que alcanzó a decir la joven con un hilo de voz.
Continuará…
Hola estimados lectores! Primero que nada una disculpa por el largo retraso en esta actualización. Sólo tengo que decir que la escuela me complicó un poquito más las cosas, pero estoy complacida en hacerles saber que al fin he terminado y ya pueden llamarme Master Sweet Viictory :P (Es broma!)
Honestamente se me complicó un poco retomar este fic, pero va con mucho cariño y esfuerzo. Espero lo hayan disfrutado! Mil gracias por su apoyo y por leer :)
