Oh, yes

I'm The Great Pretender

Adrift in a world of my own

I play the game

But to my real shame

You've left me to dream all alone…


Las aventuras del tío alacrán.

Capítulo IV: The Great Pretender (Parte 1)

By Sweet Viictory


Milo sentía como sus parpados comenzaban a pesarle. Juraba que nunca había estado tan relajado en la vida, sobretodo ante una situación tan bizarra. Una la cual él en su vida hubiera imaginado. Prefirió dejarse llevar por el momento, acurrucándose un poco más en su cómoda posición, acomodando las suaves frazadas y asegurándose que acobijaran perfectamente a la cría recostada sobre su brazo.

—Chester mapache se detuvo a las afueras del bosque y lloró "No quiero ir a la escuela", dijo a su madre…

Tampoco le ayudaba a mantenerse despierto la arrulladora voz con la que la mujer les leía un cuento a las gemelas para ponerlas a dormir, una estrategia que su amiga había asegurado era por demás efectiva. Milo se había presentado nada menos que escéptico a la propuesta; sin embargo, atestiguando como las chiquillas comenzaban a adormecerse con la narración, y aunando a esto la música de piano al fondo…

—¿Era el tema de la Cenicienta? -Pensó contrariado el guerrero, sintiendo como se sumergía en una suave nube- ¿El de Pinoccio? ¿Y porqué yo habría de saber tal cosa?

Nuevamente se concentró en el momento, dejando escapar involuntariamente un bostezo en perfecta sincronía a la pequeña Victoria. Definitivamente el difusor de aceites esenciales era algo que replicaría en su propio recinto. Milo miró con interés como las gemelas, con sus caritas alegres, continuaban atentas al cuento.

—Chester secó sus lágrimas y la miró con interés. "¿Un secreto? ¿Qué clase de secreto?" "Un secreto muy antiguo," dijo la Señora Mapache. "Lo aprendí de mi madre, y ella lo aprendió de la suya.

—¿Qué secreto, mamá? -irrumpió curiosa Victoria-

—Si, ¿Qué secreto, mamá?

Secundó con travesura Milo, guiñándole un ojo a la parlanchina, quien le sonrió mostrando todos sus dientitos. Por su parte, y recostada junto a su madre, Gloria les pidió callar poniendo un dedo en su boca, observándolos con seriedad. La joven rio por lo bajo y negó, retomando su lectura.

—"Se llama un beso en mi mano." "¿Un beso en mi mano?" preguntó Chester. "¿Qué es eso?" "Te mostraré"

Y adelantándose a la curiosidad de las crías, la madre de las gemelas se inclinó hacia la niña en sus brazos, abrió la palma de su mano, separando sus pequeños dedos como si fuese un abanico. Se inclinó hacia adelante y besó a Gloria justo en el medio de su palma, causando que "Torbellina" le sonriera al instante. La acción iba a repetirse prontamente con Victoria, pero antes de que llegara a la chiquilla, esta ya tenía la manita extendida, lista para recibir el beso de mamá.

—Tío Milo también

Pidieron ambas gemelas para sorpresa de ambos adultos. Aunque Milo, siguiendo la petición de las niñas extendió la mano sin miramientos, mostrando su mejor rostro angelical. Quien no conociese la naturaleza del gallardo guerrero, se convencería de su actuación. La joven rodó los ojos al cielo cuando las niñas rieron viendo que su madre besaba la mano del tío alacrán, pasando completamente desapercibido el hecho de que un leve rubor adornó brevemente sus mejillas por el tierno gesto.

—"Cuando te sientas solo y necesites un poco de cariño como el que recibes en casa, sólo presiona tu mano sobre tu mejilla y piensa, 'Mami te ama. Mami te ama.' Y ese mismo beso saltará hacia tu cara y te llenará de cálidos y acogedores pensamientos…"

La joven continuó con el cuento hasta el final, dejando a sus hijas rendidas y roncando. Milo estaba verdaderamente entretenido, cavilando en lo conmovedor que aquello le había resultado.

—Yo ni conocí a mi mamá -susurró afligido Milo, ganándose un "shh" de parte de su amiga-

Inmediatamente el Santo trató de disimular compostura, levantó sus vidriosos ojos, y discretamente aclaró su garganta. Fue en ese entonces, cuando se percató de un detalle en la habitación de las gemelas. Aguzó su mirada hacia el, un objeto que le pareció no sólo curioso, sino familiar. Lo había visto ya antes, estaba seguro, y no precisamente colgando descaradamente de una repisa en el cuarto de las niñas. Sin estar muy convencido de donde, Milo se levantó cautelosamente y así mismo, para que no se diera cuenta su amiga, tomó el objeto que llamaba su atención de un ágil movimiento. Cuidadosamente lo guardó en el bolsillo del pantalón, decidido a pedir explicaciones en el momento oportuno.

—¿Qué estás haciendo?

La femenina voz a sus espaldas lo sorprendió, haciéndole girar en redondo. Y para toda respuesta, Milo apresuró a su amiga a salir de la recamara prontamente.

—Sólo estaba apreciando los detalles de la habitación, eres buena decoradora de interiores. Al menos con la habitación de las niñas. Claramente el resto de tu apartamento necesita bastante trabajo. Pero si ese es tu potencial, siéntete libre para ir a decorar mi templo cuando quieras regresarme el favor. Aunque claro está, no es mi estilo el coleccionar reliquias…

—¿Reliquias? -la joven lo miró seriamente- ¿A qué te refieres? Si lo dices por la mecedora que tengo en la sala, esa era de mi abuelita, difícilmente califica como reliquia….

Milo tuvo que apretar los labios para no reír de la expresión contrariada de la castaña. Si jugaba bien sus cartas, podría distraerla y burlarse de ella en el proceso. Un escenario donde todos ganaban, para el criterio de Escorpio.

—Más bien me refería a algo de tu pasado, algo de tus días… pre-partum -la joven le asestó un golpecillo en el antebrazo para canalizar su frustración, a lo que Milo simplemente rió con ganas- ¿Ya sabes?

—¡Obvio no! -El de Escorpio torció los labios a modo de sonrisa y señaló con un dedo sus labios para que ella guardara silencio- Ya dímelo -murmuró-

—Vi el autógrafo que tienes de Golden Boy… Si te sientes nostálgica sólo dímelo y con gusto le envío tus saludos -aseguró guiñándole un ojo, deleitado en ver como la joven se enrojecía paulatinamente- Después de tanto tiempo y tú lo sigues guardando, si yo fuera Shaka me sentiría halagado. Piénsalo…

—Deja de decir tonterías, Milo. Simplemente lo conservo como un recuerdo de Gol- ¡El caballero de Virgo! ¿Y quieres dejar de hablar tan fuerte? -susurró de nueva cuenta la mujer para cambiar de tema a como fuera lugar- Las vas a despertar, y a la siguiente necesitaremos más que un cuento para ponerlas a dormir. Incluso tuvimos suerte de que durmieran tan pronto -la castaña pasó una mano por sus cabellos y suspiró- Mejor roguémos a los cielos para que no tengamos más incidentes por esta noche.

—Sí, supliquémosle a Athena porque así sea… -repitió el de Escorpio, aunque denotando angustia en la voz- ¿Qué no me ibas a ayudar a quitarme este desastre de mi cabello? Me voy a quedar pelón por tu culpa.

-Dos horas después, un nuevo visitante tocó la puerta a entradas horas de la noche-

—Milo… ¿Porqué presiento que tienes que ver con esto?

—¿Yo que voy a saber? Nadie como tú para confabular disparates.

—Milo…

—Está bien, está bien. Pero debería ser yo quien esté molesto contigo por no contármelo antes.

—¿E-el qué? -Soltó ella, temerosa de conocer ya la respuesta-

—¿Creías que no me daría cuenta?

Pero antes de que ella pudiera siquiera objetar, volvieron a tocar a la puerta y su corazón golpeó contra su pecho con más fuerza.

—Mi-Milo... por favor dime que quien está tocando la puerta no es...

—Efectivamente. Ni más ni menos que al verdadero padre de tus hijas

Ante lo dicho, la joven palideció a tal punto, que incluso el yogurt griego tenía más color que ella. Pero poca atención prestaba Milo al ataque de pánico de su amiga, pues el guerrero enfocaba a su vista a la puerta, como si con ello pudiera abrirla

—¡Anda, abre la puerta de una buena vez y velo por ti misma que algún día habrías de encararlo!

Exigió desesperado el de Escorpio, ni siquiera dándole oportunidad a que ella reaccionara o aclarara sus dudas, ya que él mismo guió a la chica hasta la puerta para abrirla y revelar quien se escondía tras ella.

Sin embargo no fue sino el propio Milo quien abrió la puerta, revelando al visitante. La joven, al verlo, sintió desfallecer y sus palabras quedaron atrapadas en su garganta. Simplemente no podía creer en la osadía del de Escorpio, ¡Mucho menos que él estuviera ahí! ¡Parado frente a ella! El gallardo hombre en cuestión mostró una deslumbrante sonrisa, como si con ello pudiera asegurarle que no se trataba de un espejismo.

—No tenías que buscar un apartamento en Atenas para vernos en privado, simplemente bastaba que te mudaras a la casa de Géminis conmigo, bebé.

—¡Kanon!

Fue lo único que alcanzó a decir la joven con un hilo de voz. La castaña parpadeó incrédula de tener a uno de los guerreros Atenienses más distinguidos justo en su puerta y se limitó a frotar sus ojos para corroborar que lo que veía era cierto. Para toda respuesta, y adorando la reacción que su presencia desataba, el menor de los gemelos le sonrió sincero, contagiándola en el acto. Tanto como para animarla a que la joven se lanzara a sus brazos.

—¡Oh Kanon! -soltó enfática, nuevamente arrojándose a los brazos del caballero con genuina sonrisa y evidente alivio en la voz- ¡Eres tú, Kanon! ¿Qué haces aquí?

—Digamos que un pajarillo por ahí me contó que necesitaba de mi ayuda…

Respondió separándose suavemente del abrazo de la chica. Habían pasado algunos años desde su último encuentro fortuito, por lo que su reacción al verla fue similar a la que tuvo con Milo aquel día en el café. Kanon dejó descansar sus manos en los hombros de ella para apreciarla mejor.

—¿Lo ves Milo? Te dije que sería una buena idea que nos reencontráramos, claramente está feliz de verme

—Sólo espérate a que te suelten el bombazo y veremos qué sigues pensando

Soltó entre dientes el de la octava casa, aunque lo suficientemente fuerte para que la mujer lo escuchara y se virara hacia él como de rayo, haciéndole gestos al de Escorpio para que guardara silencio.

—¿Qué dijiste Milo? -inquirió Kanon-

—Nada, ustedes disfruten del momento mientras puedan. -Kanon se encogió de hombros ignorando a su compañero-

—¿Cómo has estado, Kanon? -preguntó la chica de buena gana, pero el gemelo negó sonriendo-

—No, no. Primero cuéntame de ti, pequeña ninja, que temo parpadear y te desaparezcas.

—Había olvidado que te gustaba llamarme así -dijo entre risillas nerviosas la joven-

—¿Puedes culparme? La última vez que nos vimos lo volviste a hacer y te marchaste sin despedirte. Espero que sepas que me rompiste el corazón por segunda vez.

—Y presiento que hoy va a ser por tercera ocasión… -murmuró el de Escorpio como quien no quiere la cosa, fingiendo demencia cuando ambos le miraron extrañados-

—Pero ¿Porqué te veo distinta? -Kanon analizó a la joven cautelosamente y Milo ensanchó los ojos ante la escena frente a él, pensando que el de la tercera casa estaba a nada de descubrir su paternidad- ¡Ya lo sé!

Milo, emocionado por ser oficialmente en el primero de la orden dorada en saber que era tío, se llevó una mano al pecho, seguro de que el momento de la verdad estaba por revelarse ante sus ojos y habría de presenciar el reencuentro de una familia separada por la crueldad del destino y… ¿Y dónde estaba su cámara cuando la necesitaba? Renegó mentalmente el de Escorpio por no ir bien preparado.

—Lo tengo, es que es tan obvio…

En un desglose de galantería por demás propia del exgeneral marino, paseó uno de sus dedos por la oreja de la joven para acomodarle un fugitivo mechón. Milo observaba la escena intrigado a lo que estaba apunto de ocurrir; sin embargo, a juzgar por la coquetería de Kanon hacia la dama, al igual que lo embelesada que ella se notaba por el chico, pues la cosa pintaba incluso prometedora. "Incluso hasta termino organizándoles la boda" pensó entusiasmado el de la octava casa.

Aunque Milo completamente ignoraba el hecho de que si la joven estaba tan atontada por el flirteo del de Geminis poco tenía que ver con la química entre ambos, y más con el hecho de que la joven era una mamá soltera de tiempo completo, quien ya hasta se le había olvidado lo que se sentía algo tan simple como que le coquetearan.

—Te has cortado el cabello

—¡Oh por Athena! -soltó exasperado Escorpio- Tienes que estar de broma, Kanon

—No, de hecho sí me corté el cabello ¡Al fin alguien lo notó! -dijo la castaña, con renovada energía meneando su corta melena- Tú siempre tan observador Kanancio

—Cuando se trata de ti, siempre.

—¡Suficiente! -espetó Milo ya sin paciencia- Y tú tampoco le sigas la corriente a Kanon. Mejor dile ya la verdad. ¿Saben qué? Yo lo hago de una vez porque tú ya tuviste tu oportunidad y la dejaste ir

—¿De que estás hablando? -cuestionó el confundido par, Milo suspiró para envalentonarse-

—Kanon, la razón por la cual te llamé aquí es porque debes saber que si no se han visto en precisamente tres años es porque un par de cosas han cambiado en la vida de nuestra amiga, un par de cosas tremendas, cabe mencionar.

Y como acto reflejo Kanon paseó su curiosa mirada ligeramente al sur del mentón de la chica. Obligando que esta le levantara la barbilla inmediatamente.

—¡Mis ojos están acá arriba, Kanon! Ahí no hay nada que ver -farfulló cubriéndose el área de su pecho inconscientemente-

—Me temo que voy a necesitar pruebas de ello -comentó seriamente Kanon-

—No me refería a ese par de cosas

—Entonces… ¿Quieres dejar de hablar en acertijos, bicho?

Milo observó a la mujer, quien continuaba negando con la cabeza con una ensanchada mirada que no reflejaban más que terror y suplicaba por su silencio. Pero él no entendía la mortificación de su amiga, pues a su juicio, las cosas se facilitaría exponencialmente al incluir al padre de las niñas en su vida. Sobretodo si se trataba de un padre que pudiera protegerlas de cualquier peligro habido y por haber en la historia de la humanidad. "Más aún si se trataba de un par de criaturas tan escurridizas y traviesas," recordó Milo sus infortunios, sintiendo un escalofrío sacudirlo.

—Me refiero a que si no las has visto en tanto tiempo, es porque la dejaste preñada con… ¡No una, sino dos niñas! Que la verdad son unas demonias, pero no me extraña siendo tus hijas, bien dicen que de tal palo tal astilla mi estimado. En fin, ¡Felicidades papá!

—¡Milo! -le reprochó la mujer al guerrero en un grito atronador- No prestes atención a lo que dice, Kanon… ¿Kanon?

Pero el de Géminis ya no estaba, pues justo cuando escuchó la palabra embarazada este había puesto pies en pólvora, no sin antes exclamar (por fuerza de sus hábitos de Casanova) algo parecido a "¡Jamás he visto a esta mujer en mi vida!"

—Pues eso salió bien -soltó sarcástica la mujer, azotando la puerta tras de sí y encarando a un boquiabierto Milo- ¿Me quieres explicar que rayos estabas pensando? ¿Qué esperabas que ocurriera, bicho?

Milo permaneció en silencio. Tomó un poco más de tiempo para parpadear, procesando así todo aquello que se había salido de sus manos. Lejos estaba del resultado que esperaba. Sintió entonces sus mejillas arder y unas ganas tremendas por evadir la mirada de la chica frente a él.

—No una boda… o que me nombraras padrino de las gemelas -respondió finalmente con el tono más convincente que pudo, la chica suspiró cansada-

—Mama…

Se escuchó apenas una vocecita adormilada, y ambos se giraron a la pequeña Gloria, quien caminaba por el pasillo en dirección a su madre a la par que se frotaba uno de sus ojos. La joven inmediatamente se acuclilló a la altura de su hija para tomarla en brazos, sabiendo que al espantarle el sueño de tal forma únicamente se confortaría en sus brazos.

—¿Te despertó el ruido, torbellina?

Preguntó quedamente Milo, acercándose a ambas y frotando la espaldita de la niña para reconfortarla. La niña lo vio con sus enormes ojos verdes, reflejando un poco de la aflicción que experimentaba por haber sido bruscamente despertada y asintió una vez.

—Lo siento, torbellina. -la niña estiró su mano regordeta y la posó en la mejilla del tío alacrán- Gracias, tomaré eso a que has aceptado mi disculpa. Mamá y yo no haremos más ruido.

Y para toda respuesta la cría cerró involuntariamente los ojos, calmándose bajo el reconfortante y protector abrazo de su madre.

—Vamos a dormirnos otra vez, todo está bien…

Le aseguró serena su madre, dándole un beso en la cabeza, frotando rítmicamente la espalda de Gloria. Entonces la mujer regresó su atención a Milo.

—¿Tú que tanto me miras?

—¿Cómo supiste que era Gloria? -inquirió sin esconder su asombro, arrancándole una sonrisa de satisfacción al de Escorpio-

—¿Qué puedo decirte? Soy un natural… además, de haber sido Victoria, ya nos hubiera hecho saber exactamente que la hizo despertarse y seguiría parloteando.

La chica le sonrió complacida al caballero, y más complacida se sintió al ver que la criatura volvía a dormirse. De pronto la puerta sonó de nueva cuenta, aunque con más fuerza, haciendo respingar drásticamente a la cría. La madre trató de tranquilizarla haciendo sonidos y esta vez, un irritado Milo se dirigió inmediatamente a atender a la puerta bastante irritado.

—Sencillamente es imposible que yo sea el padre… -soltó Kanon, adentrándose al apartamento como Pedro por su casa- No sé de dónde sacaste esa idea bichejo…

Justo en ese entonces Kanon salió de su ensimismamiento, percatándose de la nueva integrante en la sala del apartamento. Kanon ensanchó su mirada, enfocándola en la madre y la chiquilla que llevaba en brazos.

—Lo veo y no lo creo… -dijo en shock, dirigiéndose a la madre y cría para verlas mejor- Por un momento pensé que me estaban tomando el pelo, pero no estaban mintiendo.

Dijo Kanon, observando curioso a la pequeña y causando que la joven cambiara su expresión a una de mortificación.

Continuará...


N.d.A: Hola queridos lectores, ya hacía bastante tiempo que no actualizaba este fic, que descaro el mío. Quiero agradecer a mis fieles amigas Silentforce666 y Florecerlo por siempre estar ahí para mi, sea como un par de ojos frescos, o para darme su crítica constructiva :) Y bueno, si llegaron hasta acá, les agradezco muchísimo y deseo que en estos tiempos tan dificiles se cuiden mucho. Hasta luego!