Oh yes, I'm the great pretender
Pretending that I'm doing well
My need is such, I pretend too much
I'm lonely but no one can tell…
Las aventuras del tío alacrán
Capitulo V: The Great Pretender (Parte II)
By Sweet Viictory
Kanon se postró frente a la cría y su mortificada madre. Curioso analizó el rostro de la chiquilla y observó enigmáticamente a la castaña, para luego esbozar una traviesa sonrisa.
—¿Estoy en cámara escondida?
Les cuestionó divertido el exgeneral marino, ya oteando el departamento para descubrir donde estaba el aparato que imaginaba.
—¿De que rayos hablas? –respondió más que confundido Milo-
—¡Como si no los conociera! Aún recuerdo lo mucho que les gusta embromar a los demás. ¡Especialmente a mi! Nunca pude quitarle los residuos de gelatina a mi casco, par de rufianes.
Renegó el gemelo menor, refiriéndose a una ocasión en donde el de la octava casa y su amiga habían formado equipo para atrapar el casco de su armadura dentro de un postre de gelatina de naranja. Los aludidos se miraron cómplices, mismos chiquillos traviesos.
—Eso fue divertido –aseguró sonriente la madre de la cría y Milo asintió risueño-
—Que buenos tiempos –terminó de concordar Milo, para drásticamente cambiar su tono a uno más severo al observar a Kanon- Pero eso no viene al caso ahora
—¿Ah no? Entonces cómo me explicas que esta niña es la viva ima-
Kanon se tuvo que interrumpir así mismo al llamarle la atención como la joven, asustada, imperceptiblemente le negó con la cabeza. Lo cual a Kanon poco le importaba, y pensando una de cal por las que van de arena, la miró con intensidad, sonriendo malicioso, y de igual manera negó a su silenciosa petición.
—¡KANANCIO, POR FAVOR TE LO PIDO! –chilló la joven, abrazando con más ganas a su pequeña y dejando a los dos caballeros más que extrañados- Antes de que digas cualquier es-fe-tu-fu-pi-fi-dez-fez.
—¿Por qué demonios hablas así? –y la joven señaló con la cabeza cautelosamente en dirección a la chiquilla-
—Así hablo cuando no quiero maldecir frente a las niñas.
—¿Com-fo-pren-fe-des-fes? –se adelantó más que listo el de la octava casa, evidentemente orgulloso de al fin poder dominar el nuevo lenguaje-
—¿Por qué mejor no nos ponemos al corriente un poco? ¡Mi amigo, mi casi hermano, mi mentor! –insistió la castaña de nueva cuenta, con evidente desespero- No nos hemos visto en tres años y te perdiste de algunos momentos memorables de mi vida ¿Quieres ver una foto de mi boda?
Soltó en retahíla ella, esperando a que Kanon mordiera el anzuelo. El aludido arqueó una ceja y adoptó una pose estoica, se acercó un poco más a la mujer, quien ya estaba sudando la gota gorda.
—Si crees que me vas a distraer, permíteme decirte… ¡Estás completamente en lo cierto! –soltó como colegiala el gemelo- ¡No puedo creer que te casaste! ¡Muéstrame esas fotos! ¿Qué esperas?
—¡Eso no es justo! –se quejó el tío alacrán, a la par que la dama corría a su habitación, para inmediatamente regresar a la sala y traer un álbum con ella- Conmigo ni te ofreciste a enseñarme las fotos. ¡Presta acá!
Sentenció Milo fingiendo enfado, arrebatándole el álbum de boda a la chica, e inmediatamente perdiéndolo cuando Kanon hizo lo mismo con él. El gemelo menor ojeó el album avidamente, ingeniando bromas prácticamente a competencia contra Milo sobre los detalles e invitados de la boda.
—¡Por eso mismo es que debiste habernos invitado a tu boda! -sentenció echándose un silbidito a modo de piropo- Era la ocasión perfecta para que me presentaras a tus amigas, como a la dama de honor. ¿Apoco no es una belleza, Milo?
—Ya la conoces -comentó áspero el de Escorpio y Kanon inspeccionó más de cerca la foto al ver que la castaña le asentía- Es Adrianne…
—Oooohhhh… -canturreó Kanon, esbozando una sonrisa ladina- tu amiga la fotógrafa -dijo guiñandole al de Escorpio, pero este simplemente ignoró el gesto para que la joven no le regañara-
Enseguida, Kanon paseó los ojos por una fotografía que capturaba uno de los momentos de la feliz pareja, e incrédulo miró a su compañero de armas, como para corroborar que sus ojos no le mentían. Y sin esperar un segundo a la reacción de Milo, comenzó a desbaratarse a carcajadas.
—¡Tú definitivamente sabes lo que te gusta! Aunque esta es una versión más madurita, ¿Pudiera tomarle una foto para mostrársela a el y que sepa como se verá cuando sea un anciano? –le dijo burlonamente Kanon ganándose una mirada reprobatoria de la mujer- Ok, ok... era un chiste. Linda boda, apropósito.
—Hubiera sido más linda de haber estado yo ahí –susurró el de Escorpio como quien no quiere la cosa- Pero bueno, supongo que no todos tienen buen gusto…
—Milo, te estoy escuchando y ya te dije que fue una boda muy inti-
—¡Yo soy casi como tu hermano! -le farfulló Milo respingando la nariz-
—¿Te ayudaría a disculparme si te paso el nuevo número de Adrianne?
—Wow, no sé de lo que estás hablando -el de Escorpio le respondió fingiendo indiferencia- Pero digo… si me lo quieres pasar para redimir tu insolencia lo aceptaría. ¡Únicamente por que no soy rencoroso!
La mujer no pudo evitar el sonreír, y justo después de pasarle el número en un mensaje de texto, súbitamente regresó su atención al gemelo.
—Kanon, después de ver esta fotografía, ¿No tienes nada que decirme? -El aludido aguzó la mirada-
—De hecho, sí… ¿Cuando nos vas a presentar a tu señor esposo? –Milo comenzó a señalar frenéticamente hacia el gemelo, pidiéndole que se detuviera- Tengo algunas cosas que advertirle si quiere salir vivo de este matri-
—Mi esposo falleció, Kanon…
—Bien dicen que el matrimonio es una sentencia de muerte, pero no seas intensa. Prometo que estaré en mi mejor comportamiento cuando lo conozca
—¡Déjalo ir, zoquete! -soltó desesperado el de Escorpio al mismo tiempo que le asentaba un puñetazo al brazo- No está bromeando.
—Mi esposo murió hace un mes en un accidente.
Respondió sin miramientos la mujer, seria como estatua, causando que Kanon abriera sus ojos como de plato y Milo se pegara en la frente por su imprudencia. Un silencio incómodo se hizo presente, a la par que Kanon se tornaba prácticamente púrpura de la pura vergüenza. De pronto Milo rodeó con su brazo al cabizbajo exgeneral marino.
—Si gustas, te puedo otorgar a Antares, sería más misericordioso a que continúes muriéndote de la vergüenza aquí paradote.
—Tranquilo Kanancio, no te preocupes –le dijo reconfortante la chica al aún sonrojado gemelo- No había forma de que tú lo supieras. Hice prometer a Milo que no le dijera a nadie. Y seamos honestos, para empezar, me sorprende que Milo me haya guardado el secreto.
—¡Óyeme!
—¿Por qué mejor no me cuentas qué es lo que realmente estás haciendo aquí? –siguió la dama, haciendo caso omiso del ofendido Escorpio-
—Ah, eso. Vine a sacar a Milo de la cárcel
—¿¡DE DOOOOOOOOOOOOONDEEEEEEEEEEEEEEEEE!?
El repentino alarido de terror que soltó la mujer causó que Milo, Kanon e incluso la chiquilla cubrieran sus oídos.
—¿No te había contado ese pequeño detalle?
Dijo dubitativo el de Escorpio, tomando su prudente distancia de la castaña, pues ya lo estaba observando como Camus antes de ejecutar el rayo de Aurora.
—Si gustas te puedo otorgar la Explosión de Galaxias, -dijo socarronamente el gemelo- Sería más misericordioso a que continúes haciendo el ridículo
—Te juro que puedo explicarlo…
11:15 A.M. Escondidas
—¡Tu hermana se subió en el autobús, Victoria! ¡Tenemos que alcanzarla! ¡Con su permiso, señoritas!
—¡Oye, pero no nos dijiste ni tu nombre!
—¡Si es destinado a ser, las encontraré algún día! -se limitó a responder apresurado, posicionando a la gemela en sus hombros para dispararse cual flecha tras el autobús- ¡Adiós! ¡Sujétate fuerte, que el tío Milo va a correr!
—¡Arre caballito, arre! -demandó la pequeña, completamente emocionada y sujetándose de la cabellera del de Escorpio-
Milo se disparó como de rayo tras el autobús urbano. Y para suerte del caballero, ni siquiera requirió de utilizar de sus habilidades para poder alcanzarlo, pues en las siguientes dos cuadras había logrado detener al vehículo y rescatar a la pequeña heroicamente. Al menos, eso era lo que el tío alacrán contó, pues en realidad el autobús se había detenido en una luz roja, la cual utilizó Milo para prácticamente derribar la puerta del autobús.
—¡Alto en el nombre de la ley! -demandó Milo golpeteando la puerta-
—No pues así por las buenas me paro, ¿Cuál es el problema, oficial? –cuestionó el conductor, abriéndole al de Escorpio-
—El que hace las preguntas aquí soy yo, y con su permiso…
Sentenció el griego abriéndose camino bruscamente entre los pasajeros, considerando que técnicamente era un oficial… de Athena. Pero oficial, al fin y al cabo.
—¡Gloria! ¿¡Gloria!? ¡Oh por Athena, ahí estás! -soltó con alivio el de la octava casa al llegar rápidamente al fondo del bus, donde la cría aún divisaba curiosa el paisaje Ateniense a través de la gran ventana- Nunca te perderé de vista, tremenda.
Aseguró el caballero estrechando con alivio a ambas gemelas.
-II-
—A mi me va a dar algo -dijo la castaña abanicándose con su propia mano y dejándose caer teatralmente al sillón más cercano-
—Es que no me la creo, ¿Cómo lo fuiste a dejar a cargo de un par de niñas? Incluso yo estoy más capacitado para ello.
—¡¿Tú?! –hablaron en sincronía ambos jóvenes a la declaración de Kanon-
—Por supuesto, ¿Quién crees que cuidaba a este zoquete cuando era un crío?
—¿Podemos enfocarnos en lo positivo de todo? ¡La recuperé! -insistió Milo con forzada sonrisa- Además, estuvo en ese bus menos de cinco minutos, yo corrí como velocista olímpico para alcanzarla en tiempo record y sin llamar la atención. Dudo que quede traumatizada por algo así.
Kanon rio burlonamente sin terminar de creer la inverosímil historia en la que uno de los Santos Dorados acabara como niñera de un par de chiquillas.
—Mamá -se escuchó una adormilada vocecilla al otro lado de la sala, atrapando la atención de los tres adultos, quienes ahora observaban con interés a Victoria- Gritas mucho
—Esa es tu madre, cariño. Vete acostumbrando -le respondió automáticamente Kanon a la chiquilla, quien ya estaba parada frente a él, observándolo con sus enormes ojos verdes.
—¿Quién eres? -cuestionó una curiosa Victoria, causando que el gallardo caballero se inclinara en su dirección y formalmente estirara su mano a modo de saludo-
—Kanon de Géminis, para servirle a Athena y usted, señorita.
La pequeña, sonriente, estiró su manita sin miramientos, muy para sorpresa y desapruebo de su madre.
—Vamos a tener que repasar la lección sobre no hablar con extraños, Victoria -sentenció apesadumbrada la mujer-
—Ah, vamos, no seas tan dura con ella. Después de todo no puedes culparla, las mujeres me aman desde temprana edad -abogó Kanon con petulante sonrisa, causando que la castaña rodara los ojos-
—Honestamente no tengo energía para lidiar contigo también, Kanon
—Totalmente de acuerdo. Es más, ni siquiera necesitas hacerlo. Sería mejor que las reservaras para la siguiente historia de Milo ¡Cuéntanos cómo acabaste en la cárcel!
Milo apretó los dientes a la par que ayudaba a Parlanchina a sentarse a su lado, pues a esas alturas ya no se atrevía a cruzar mirada con la mujer.
11:45 A.M. El museo
Después del tremendo susto que la gemela Torbellina le había metido a su tío alacrán, los tres caminaban por las atestadas calles de Atenas. Y pensando que las horas hasta que llegara la madre de las pequeñas se le harían eternas, Milo meditó en sus opciones para mantener al par entretenido. Al poner más atención a sus alrededores, descubrió la respuesta a sus plegarias a corta distancia: El museo del niño. Entretenido, educativo y seguro. Milo sonrió confiado, seguro de que nada podría salir mal.
—Vale niñas, tenemos que ayudarlas a que quemen toda esa energía que se cargan. ¡Al museo del niño!
—¡Yay! –corearon emocionadas las chiquillas-
—Muy bien, les propongo un trato. –dijo Milo, agachándose a la altura de las pequeñas- Si se portan como los angelitos que parecen… o mínimo como gente civilizada –musitó Escorpio volteando su cara a otro lado- tío Milo las llevará por helado ¿Trato hecho?
—¡YAAAAYYY! –festejó el par, pegando uno que otro brinquito y finalmente dirigiéndose al museo-
Al llegar al lugar los tres quedaron impresionados, incluso para sorpresa del Santo. El trío recorrió las galerías de arte y las exhibiciones de ciencia, jugando con todos los materiales didácticos que cada sala del museo ofrecía. Todo iba viento en popa y para satisfacción del caballero, incluso habían matado algo de tiempo. Aunque claro, todo habría de cambiar radicalmente cuando al tío alacrán se le ocurrió guardar el momento para la posteridad, fotografiando a las niñas en el bello jardín a la salida del museo.
—Ok diablillas, ahora una foto con los tulipanes.
Las chiquillas, fotogénicas por naturaleza y estando familiarizadas con las cámaras desde su nacimiento, se acercaron a las flores para retratar un lindo momento…
—¡SUELTA ESA LAGARTIJA!
—¡Mira que bonita! -dijo Victoria, ondeando la escurridiza lagartija para que Milo la fotografiara-
—¡NO, SUÉLTALA! ¡ESTÁS ASUSTANDO A TU HERMANA!
—¡Foto! -demandó Victoria sin dar su brazo a torcer-
—Ok, ya la tomé. ¡Ahora abraza a tu hermana, que esta foto es para tu madre! –pidió el Santo un tanto exasperado, ya sintiéndose fotógrafo profesional- Victoria, voy a ir primero contigo antes de que agarres otro animalejo. Ve a donde las margaritas, haz como que hueles la flor, ¿Ok?
La niña obedeció en el acto, percibiendo el agradable aroma de la pequeña margarita y Milo capturó el momento. Emocionado por lo que ya sentía era su nueva profesión, procedió a dirigir a Torbellina para la siguiente foto. Por su parte, Parlanchina permaneció observado la florecita, el perfume era tan dulce, que quiso inhalarlo una vez más, con más fuerza, como si fuera la enorme nariz que habían visto en la exhibición de anatomía humana.
—Vale niñas, ¿Les apetece ir por un helado?
Todo lo que necesitó decir para que las niñas corrieran presurosas hasta él, contagiándole una sonrisa. Fue entonces cuando Milo lo notó…
—¿Qué tienes en la nariz?
Soltó angustiado, acuclillándose a la altura de Victoria y alcanzando a observar un diminuto y delgado tallo verde saliendo de la nariz de la niña.
—¿Cómo terminó esa flor ahí?
—La quería oler -contestó con toda naturalidad y Milo negó con la cabeza presa de la angustia-
—Victoria, quédate quieta para poder… ¡Me lleva…! -soltó frustrado el de Escorpio, accidentalmente empujado un poco más la flor- Olvídalo, me rindo. Esto está fuera de mis manos, vamos a tener que ir al hospital a que te quiten esa flor de la nariz.
—¡No!
—No estamos negociando señorita, usted viene conmigo, ¡Rápido!
Le refutó decidido, pescando la mano de la chiquilla, a la par maniobraba ágilmente para llevarse a la otra gemela, prácticamente como balón de fútbol americano. Pero estando Milo tan preocupado por llevar a Victoria al hospital lo más pronto posible, jamás se percató en el volumen de su voz, que estaba llamando la atención en un lugar muy público, o lo mal que se veía que un hombresote como él estuviera tratando de llevarse a una niña a la fuerza.
—¡Auxilio, policía, un secuestrador!
—¡¿Un secuestrador?! -cuestionó Escorpio, adoptando pose de héroe, listo a ayudar a los ciudadanos- ¿Dónde está el maleante?
—Aquí está el maleante -dijo una viejecita, arremetiéndole un bolsazo al reverso de la cabeza de Milo- ¡Ayuda policía, este hombre se quería robar a unas pequeñas!
—¡¿Qué yo qué?!
—¡Es cierto, es cierto! Yo lo vi todo con estos ojos que se habrán de comer los gusanos -dijo otro hombre de entre el gentío que se acumulaba, trayendo consigo a un oficial casi a rastras- Tome nota oficial, vi como este hombre trataba de llevarse a unas niñitas inocentes.
—Si Stavros, yo cubriré tu turno, no creo que pase nada grave en el museo del niño -farfulló el policía para sí mismo al llegar a la escena- ¿Qué es lo que ocurre?
—¡Este hombre raptó a dos niñas! -aseguró otra mujer- ¡Yo vi cómo se llevó a una de ellas cuando iba en el bus! ¡Se hizo pasar por un policía para detener el autobús y después se la llevó! ¡También arréstelo por eso!
—¡Pero si yo no…!
—¡Sí! -dijo el hombre que había traído al oficial- ¡Secuestró a un par de niñas, usurpó el rol de un oficial, y dejó que las cabritas del museo se escaparan!
—¡¿Cuáles cabras?! -soltó Milo al borde del colapso nervioso-
—Una granja local trajo algunos de sus animales para mostrarlos y una de las niñas abrió el corral de las cabras -le comentó un empleado del museo saliendo de quien sabe donde entre la muchedumbre- Tratamos de avisarle, pero usted estaba muy entretenido en la piscina de bolas
—Discúlpenme por asegurarme que el juego fuera seguro para los niños…
—Usted estaba fingiendo que se ahogaba en la piscina.
—¡Además es un ladrón, oficial!
—¡En la vida me he robado nada! -se defendió de otra contrincante entre la trifulca el ofendidisimo Escorpio-
—Claro que sí, se ha robado mi corazón ¡Guapote! -dijo la atrevida chica, haciendo como que le arrojaba un beso al caballero, quien ni tarde ni perezoso le respondió guiñandole el ojo-
—Suficiente, ya he escuchado bastante. -sentenció el policía en cuestión con suma seriedad, tomando al Santo del brazo- Me temo que tendrá que venir conmigo, joven.
—¡Yo no he hecho nada oficial! -dijo Milo, incrédulo de que lo estuvieran esposando- No golpees a ciudadanos indefensos, no golpees a ciudadanos indefensos -se recordó mentalmente el Santo- Ciertamente me permitirá explicarle…
—Deje sus explicaciones para cuando lleguemos a la comisaría, muchacho
—¿¡Y mis niñas qué!? ¡Tengo que encontrarlas!
—Una de ellas se fue corriendo en cuanto usted se distrajo con lo del secuestrador -aclaró el mismo empleado del museo- y la otra se fue a por ella en cuanto pudo. Parece que se dirigían a la Plaza Síntagma.
—Descuide señor secuestrador, enseguida enviamos una unidad para encontrarlas.
De pronto Milo se tornó más pálido que un fantasma, quedando paralizado.
—Con que así es como se siente que te de un infarto…
-X-
—Oye, ¿Te encuentras bien? -preguntó Kanon, limpiándose las lágrimas de tanto reír- Hace rato que no has hablado… o parpadeado… -le dijo a la mujer, quien veía férreamente al de Escorpio, aunque sin mover un músculo-
—Porque estoy tan enojada, que apenas y puedo escuchar a Milo hablar. Todo lo que puedo escuchar es como me zumban los oídos, como una tetera hirviendo; excepto en lugar de vapor, es pura ira.
—Sé que no tienes ningún tipo de habilidades como las de Argol… aún así voy a evitar hacer contacto visual contigo. Kanon, dependo de ti para que me digas si esto está funcionando… -dijo Milo, convenientemente mirando el techo a la par que mecía a Victoria, dormida otra vez plácidamente en sus brazos- Pero te recuerdo que ambas diablillas están sanas y salvas…
—Gracias a que alguien llegó a tu rescate a la comisaría. ¡Entra Kanon de Géminis! -Le recordó mordaz el menor de los gemelos-
-X-
3:00 P.M. La comisaría
Milo miraba su puño y la pared de su celda como si fuera juez de partido de tenis, calculando sus posibilidades. Bastaría con un simple toque de su puño para derribar la pared entera y liberarse; sin embargo, sus métodos convencionales no le servirían para salir de este embrollo. O al menos no si lo que quería evitar era el escarmiento más grande en la historia del Santuario por causar revuelo en la vida de los Atenienses. ¡De ninguna manera! Tendría que recurrir a alguno de sus compañeros para que lo sacara de tal lío. Lo único favorable de la situación era que el paradero de las gemelas ya no era un misterio, pues habían sido encontradas y estaban bajo el cuidado del departamento de servicios sociales de la ciudad. Sólo tenía que liberarse para recuperarlas. Pero ¿A quién podía llamarle y que pudiera manejar tal situación con absoluta discreción? Su instinto inmediato era llamar a Camus. No obstante, el caballero no sólo estaba indispuesto atendiendo otra misión, sino que sus propios compañeros imposibilitaba que Milo pasase desapercibido en lo que lo ataba ahí. ¡De pronto se hizo la luz! Sí había alguien quien definitivamente podría ayudarlo. Presuroso solicitó hacer su llamada, internamente rogando para que le contestaran al primer intento. Al otro lado de la línea, el teléfono sonó una, dos, tres veces…
—¡Hey! -soltó esperanzado, sintiendo que el peso del mundo se elevaba de sus hombros- Nunca me había alegrado tanto de escuchar tu voz… En fin, no tengo mucho tiempo… ¡Si, sólo escucha con atención…! Necesito que vengas a Atenas pero para ayer. ¡Hablo en serio, Kanon, deja de reírte! Además, me debes una, y sin preguntas… porque no puedo explicártelo por teléfono. ¡Sólo ven por mi a la comisaría! ¡No imbécil, no es como cabo Sunión!
A media hora de llamarle a Kanon, Milo escuchó pasos aproximándose. Para su sorpresa y alivio, justamente era su salvador, caminando casual y sonriente a la par de una mujer enfundada en impecable uniforme de policía.
—Le agradezco mucho su asistencia, comandante Papasifakis.
—No hay que agradecer, estamos para servirle -comentó la mujer, notoriamente deslumbrada por el gemelo-
—¡Que va! Sin duda es todo un ejemplo de liderazgo y servicio civil. -terminó de decir Kanon a la comandante, quien comenzaba a buscar la llave de la celda para esconder su sonrojo- Y además de humilde, hermosa… ¿Acaso dije hermosa? Discúlpeme, creo que pensé en voz alta.
—¿Qué está pasando? -cuestionó en un susurro Milo ante la bizarra escena-
—Te estoy sacando de aquí -refutó Kanon utilizando su cosmos- Cierra la boca y déjame manejar esto. Si me permite confesarlo algo, comandante, justo anoche soñé que una oficial me arrestaba y… bueno, quizá no deba contarle el resto o seré yo y no mi hermano quien esté tras las rejas. -la mujer sonrió picara, abriéndole la celda a un incrédulo Milo-
—¿Es usted géminis? -Kanon sonrió para toda respuesta-
—Apuesto a que usted es Capricornio…
—No
—¿Piscis?
—No
—¿Aries?
—¡Si!
—¡Ya lo sabía! -festejó el gemelo al igual que la embelesada comandante- ¿Sabe que Géminis y Aries tienen una química excelente?
—¡Eso no es cierto! -comentó con naturalidad el de Escorpio, ganándose la mirada de reprensión del gemelo-
—¿Porqué mejor no te adelantas, hermano? -insistió Kanon, empujando a Milo rumbo a la salida- Yo te alcanzo después, tengo algunos asuntos que resolver con la comandante.
Milo simplemente asintió, aun extrañado por la interacción que acababa de atestiguar. Se dio la media vuelta para salir lo más rápido de la comisaría y evitar un interrogatorio por parte del gemelo. Pero antes de que pusiera pies en pólvora, la demandante voz de la comandante le obligó a girar en redondo…
—No olvide recoger todas sus pertenencias. En el escritorio principal le ayudarán con todo.
-X-
—¿Es por eso por lo que desapareciste el resto de la tarde?
Kanon le guiñó el ojo a Milo y sonrió malicioso.
—Lo único que puedo decirte es que Krull el rey guerrero conquistó una nueva batalla.
—¡Kanon, por Dios! -se quejó la mujer, modulando inmediatamente su voz para no despertar a la pequeña dormida en su regazo- No puede ser que aún te refieras así de… Aguarda un momento, ¿Cómo recuperaste a las niñas, Milo? ¡¿Y el tallo en la nariz?! -cuestionó mortificada, tratando de inspeccionar el rostro de la niña desde su asiento, pues la chiquilla estaba frente a ella en los brazos del de Escorpio-
—Después de que la policía las encontrara en la plaza Síntagma, las dejaron bajo el cuidado del departamento de servicios sociales. Fueron ellos quienes se encargaron de llevarla al hospital y quitarle la flor de la nariz.
La mujer analizó el rostro del de Escorpio, fría y cuidadosamente.
—Pasó algo más, ¿No es así?
—Sólo un detallito más…
5:00 P.M. La heladería
El tintineo de las campanitas sonó armonioso, anunciando la presencia de clientes en la heladería. Los tres jovencitos atendiendo el establecimiento viraron su atención para dar en sincronía una trillada bienvenida; sin embargo, la sorpresa de ver entrar a un semidiós los dejó mudos y boquiabiertos.
Milo pasó la reacción de estupor de los empleados completamente desapercibido, centrándose en explorar la barra de helados con las gemelas. Estaba tan entusiasmado de haberlas recuperado en una pieza, que no se le ocurrió mejor forma de celebración que ir por un helado. Sin mencionar que ya se los había prometido, y el tío alacrán siempre cumplía sus promesas. Poco importaba que la madre de las niñas le hubiera prohibido llevarlas a comer helado, según ella explicándole que lo último que necesitaba el par era una dosis de azúcar.
—¿En qué puedo ayudarle?
Le preguntó una chica pelirroja, viendo con completo embobamiento a Milo. Tanto, que ni siquiera vio venir cuando otro jovencito la retiró del mostrador de un sutil, pero efectivo caderazo.
—Tu turno se acabó hace quince minutos, Fotoula. Yo me encargo -dijo decidido el jovencito, a la par que acomodaba coquetamente su magnífica cabellera-
Milo observó la escena, curioso, "con razón el patriarca no les permitía salir del Santuario tan seguido," pensó, convencido de que el mundo exterior no podía controlarse bajo sus encantos.
—¿Listo para ordenar? -comentó amablemente el chico-
—No lo sé, estamos algo indecisos, pero listos para explorar ¿A que si, niñas?
—¡Si! -festejaron dando aplausos, era el primer helado que probaban en la vida y Milo había hecho un excelente trabajo entusiasmándolas.
—¡Perfecto! Tenemos una selección de sabores artesanales bastante amplia, le sugiero que pruebe el sabor del mes.
Mencionó el jovencito a la par que le entregaba tres diminutas cucharas al de Escorpio. Milo hizo lo propio y se las pasó a las gemelas, quienes al probar el sabor del delicioso helado abrieron grandes los ojos.
—¿Qué tal, eh? -Milo preguntó, sonriendo por la reacción de alegría pura en las chiquillas-
—¡Rico! -dijo Victoria, y Gloria asintió convencida- ¡Quiero más… por favor!
—Muy bien, tenemos un ganador. Dos helados con el sabor del mes, por favor.
—¡A la orden! ¿Nada para ti?
Preguntó el chico, pasándole cuidadosamente el helado a cada una de las gemelas. Milo aún miraba la variedad de colores en la vitrina de helados, frotó curioso su barbilla y cuando volteó a ver a las gemelas se le escapó una sonrisa, pues ambas estaban sumamente concentradas devorando su helado de lo más campantes.
—Pica…
—No Victoria, el helado no es picante -corrigió distraído Milo, ahora leyendo detenidamente la pizarra que tenía todos los sabores- Pero ya que lo mencionas, uno de estos sabores se ve interesante. Deme el helado de ghost pepper, por favor.
—¡Oh por Dios! -gritó escandalizado el joven,
—Oiga, no es para tanto, simplemente me gusta el picante... -pero el joven empleado nego freneticamente, señalando a las pequeñas-
—¡¿Qué les pasa a las niñas?!
Milo rodó los ojos al cielo antes de voltear hacia ellas, creyendo que el chico podría referirse a que estuvieran ensuciando el piso. Grande fue su hallazgo al observar al par con sus caritas cubiertas de urticaria.
—¡Dame acá, Gloria! -Milo le arrebató el barquillo en el acto a la gemela y esta le frunció el entrecejo- ¡Victoria, tú también!
—Nop -respondió la niña, disfrutando de su postre y rascándose la enrojecida mejilla con la otra manita-
—¡¿Qué había en esos helados?! -el empleado se encogió de hombros bastante preocupado-
—Nada raro, leche de almendras, melocotones…
—¡Melocotones!
Milo se pegó en la frente con su mano. ¿¡Cómo no había recordado que las niñas eran alérgicas al melocotón!?
-X-
Inesperadamente la mujer interrumpió el relato, levantándose de su asiento con la niña en brazos; con la cabeza le señaló suavemente a Milo que la siguiera hasta la habitación de las gemelas y así pudieran recostarlas nuevamente. Milo miró a Kanon y este sólo se encogió de hombros y le animó a que siguiera a la joven.
—¡Te dije que eran alérgicas a los melocotones! -reclamó la mujer dificultosamente-
—Te aseguro que fue un descuido, pero no pasó a mayores, las llevé inmediatamente a una clínica veterinaria
—Oh Milo… -reprobó el menor de los gemelos al ver que la mujer había hundido el rostro en sus manos y comenzaba a gimotear-
—¿¡Porqué al veterinario!?
Volteó a verlo la consternada madre ya echa un mar de llanto. Milo se sintió tan culpable que sólo pudo acercarse a ella para reconfortarla.
—Porque entré en pánico y era lo más cercano a la heladería. ¡Además nos ayudaron tan rápido! -aseguró con voz suave, aventurandose a darle palmaditas en la espalda a la mujer- ¡Hasta nos dieron descuento del dos por uno! Tú has visto que ambas están bien. Lo siento, no era mi intención hacerte llorar…
—¡Milo estoy llorando porque estoy frustrada… y porque no puedo matarte con mis propias manos!
El de Escorpio se alejó inmediatamente de la chica ante lo dicho.
—¿Fue por los melocotones que pensaste que yo era el padre de las gemelas?
Se animó a cuestionar Kanon, quien hasta ese entonces había atestiguado toda la escena en completo silencio. A lo que los otros dos jóvenes le observan con incredulidad.
—¿Qué? Yo todavía tengo la duda de donde sacaste tal idea.
—Bueno, sí… y tú también eres alérgico. Sin mencionar el hecho de que son gemelas, como tú.
—Eso es absurdo Milo -respondió la mujer, limpiándose la mancha de delineador bajo sus ojos- Yo tambien soy alérgica al melocoton. Ademas, jamás me acosté con Kanon
—¿Y eso de quién es la culpa, eh? Athena sabe que yo siempre me ofrecí -refunfuñó reclamando el de Géminis y la castaña rodó los ojos- Ya me tienen harto y así no vamos a llegar a ningún lado. Mujer, lo único que conseguirás en un intento por matar a Milo es dejar a las gemelas huérfanas. Sin embargo, si lo que quieres es causar verdadero daño…
—Aguarda, aguarda, aguarda… ¡No le des ideas, Kanon!
—Interesante -dijo curiosa la mujer, mirando maliciosa al de Escorpio- tienes toda mi atención
Kanon aprovechó ese momento para con parsimonioso andar rodear a la joven, pararse tras ella e inclinarse para susurrarle al oído como si fuese la voz de su conciencia.
—Tú no podrías lograr nada, eso está más que claro. Aunque si, por otra parte, dejas saber de todo el jaleo que armó Milo a otra persona que pueda ayudarte, alguien más fuerte, más heroico y legendario como… -Kanon hizo una pausa teatral y le asintió al otro caballero indicando que hablaran en perfecta sincronía-
—¡Hércules!
—¡Rambo!
Lastima que nunca concordaron en el héroe a quien se referían.
—¿Cómo que Rambo? -cuestionó frustrado el de Escorpio, casi jalándose los cabellos-
—Nadie es más heroico y legendario que Rambo -aclaró Kanon, como si fuera lo más obvio del mundo-
—¡El punto era que entendiera la referencia, y ella le decía Hércules! ¿Cierto?
De pronto, Milo se dirigió a la castaña y extendió su mano, revelándo que el contenido en ella no era más que una cinta roja. La mujer pasó saliva dificultosamente y se llevó una mano al pecho como si quisiera tranquilizar su acelerada respiración y sus temblorosas manos.
—Pues ya que están recordando héroes míticos, permítanme recordarles quien asesinó a su esposa Megara y sus hijos… -dijo la joven con voz entrecortada- ¡Heracles!
—¡Tomaré eso como un sí! -señaló Milo- ¡El que no lo niega, lo confirma! Aioros es el padre de las gemelas -pero ella volvió a negar con la cabeza testarudamente-
—Ustedes sí que tienen una imaginación bien desarrollada -rió ella, evidentemente nerviosa- Ese listón rojo no quiere decir nada.
—Lo encontré adornando el cuarto de las niñas…
—¿Y eso qué? -refutó con seriedad- Vas a dejar que un simple listón te haga pensar semejante tontería…
—Ninguna tontería -refutó Milo, decidido a escuchar la verdad por parte de la joven- Victoria me dijo que era su papá cuando le mostré una foto de Aioros
—¡No! ¡Sigue sin probar nada! Probablemente pensó que le mostraste una foto de Vinicius, ustedes mismos vieron cuánto se parecen.
—¿Y yo ya te conté que los vi perderse aquella noche, hace tres años, en Tokio? -secundó con suficiencia Kanon- ¿O que yo crecí con el arquero y sólo me tomó de un minuto para notar lo idénticas que son a él?
La mujer observó a Kanon, agobiada, y Milo dejó caer su mandíbula.
—¡Y yo los descubrí dándole duro contra el muro cuando se escondieron en un armario durante una sesión de fotos! -dijo Milo emocionado, como si acabara de averiguar que tenía los números de la lotería- ¡Los tiempos cuadran a la perfección! ¡Escándalo!
—¡Ay no! -renegó la mujer sintiéndose acorralada por el par, comenzando ya a hiperventilar- Ustedes no entienden, las niñas no pueden ser sus hijas. ¡Un santo dorado no puede tener hijos!
Ambos hombres intercambiaron miradas, y consternados se encogieron de hombros.
—Tranquila, Amelia. -le dijo Kanon, sentándose al lado de la castaña- Te estás poniendo muy dramática y eso únicamente me hace pensar que lo quieres encubrir.
—Además, ¿Qué quieres decir con un santo dorado no puede tener hijos? Porque estoy seguro de que Kanon al menos tiene un par de hijos bastardos corriendo por el mundo ¿O acaso sabes de alguien en específico dentro de la orden? -inquirió curioso Milo, ignorando magistralmente el repudio con el que lo fulminaba el gemelo menor- Es Máscara Mortal, ¿Cierto? Me sospecho que no le sirve el…
—¡Milo! Me refiero a que un santo dorado no puede atenerse al mismo estilo de vida de cualquier otro individuo…
—¿Me estás insinuando que no me puedo casar? -preguntó, cruzándose de brazos sin esconder su genuina desilusión- En ese caso, Afrodita va a estar devastado al saber que no podrá planear la boda a la mitad del Santuario. Aguarda, ¿Qué te ocurre?
—¿Por qué tienes tanto miedo? -cuestionó Kanon al ver que la mujer estaba al borde de sufrir un ataque de pánico-
—No puedo perderlas -respondió finalmente con aire entrecortado- ¿Y si quieren quitarmelas? -Milo abrazó a la joven sin inmediatamente poder encontrar una respuesta a sus preocupaciones-
—Nadie te arrebatará a tus hijas
—No hagas promesas que no puedes cumplir -sugirió Kanon con su cosmos para no alterar más a la mujer- Independientemente de lo que pueda ocurrir, sabes que Aioros tiene derecho a saber de su existencia.
La castaña asintió con ojos vidriosos.
—Lo sé, y lo sabrá. Sólo es cuestión de que las gemelas cumplan dieciocho años y ellas mismas se presenten a su padre…
—¡Tienes que estar bromeando! -soltaron al unísono los hombres, casi yéndose de espaldas por la ocurrencia de la mujer-
—No pretenderás que te guardemos el secretito por tanto tiempo, si me guardo esto en mi pecho por un minuto más corro el riesgo de explotar en combustión espontánea.
—Te equivocas, porque los dos vamos a acabar con una flecha en el trasero cuando el arquero sepa que tuvimos algo que ver en todo esto.
—No es necesario -mencionó cabizbaja la castaña- en realidad pensaba buscarlo para decirle yo misma. Y si vale la pena mencionarlo, a las niñas siempre les he hablado de su padre, de ambos. Claro que para excusar su ausencia puede que les haya dicho que es un... espía astronauta...
—¿Un qué?
—Oh sí, porque seguramente ustedes se dedican a ser bomberos -refutó instantáneamente la madre, súbitamente siendo presa de una sonrisa pícara- Aunque definitivamente se verían bien en el uniforme…
—Por Dios, dime algo que no sepa -Milo respondió echándose la cabellera hacia atrás-
—¡Enfócate mujer! Nada nos garantiza que en realidad lo vayas a hacer -dijo Kanon escuetamente- ¿Porqué habría de ser diferente esta vez?
—Hay algo más que deben de saber… -la mujer suspiró con pesadez- Neetflix está por estrenar un documental sobre ustedes basado en todo lo que pudieron grabar de mis entrevistas, su participación en la semana de la moda y quién sabe que más tengan bajo la manga. Pero antes de que se emocionen por ser famosos -interrumpió al ver que Kanon ya se visualizaba firmando autógrafos- A mi me entrevistaron para ese documental bajo el pretexto de ser una entrevista de trabajo… Y por lo que he investigado, me temo que la intención sea desprestigiarlos. Por eso tengo que decirle yo misma, antes de que se transmita por un documental. Agradecería que simplemente me dieran la oportunidad y un poco más de tiempo para hacérselo saber personalmente y afrontar lo que tenga que ocurrir…
Ambos santos parpadearon un par de veces, como si con ello pudieran procesar la vertiginosa cantidad de información recibida. Decir que todo lo ocurrido resultaba insólito, era quedarse corto. A pesar de ello, Milo sabía que a esas alturas sólo le quedaba sincerarse.
—Ya que estamos siendo completamente honestos, tengo que decirte que todo lo que te dije que ocurrió, no es del todo cierto.
—¿Qué rayos estás diciendo?
—Sólo uno de los incidentes pasó en realidad.
—Queríamos que nos aclararas la sospecha que teníamos sobre el padre de las gemelas y pensamos que alterando un poco la realidad del asunto te motivaría a contarnos. -dijo Milo-
—¿De modo que me manipularon?
—Manipular suena tan hostil… -corrigió prontamente Kanon- llamémosle incentivar. Aunque nadie le dijo a Milo que fuera tan catastrófico en sus historias...
—¡No me lo puedo creer! Milo, dime qué fue lo que sí les ocurrió a las gemelas
—En un mundo ideal, te contaría todo en este momento; sin embargo, en un mundo ideal también Aioros hubiera conocido a sus hijas desde hace tres años... Te propongo un trato. Mientras más pronto le cuentes a Aioros sobre ellas, más pronto te contaré cuál de los incidentes sí pasó, ¿Te parece? Después de todo, te prometí que las niñas estarían bien, lo cual cumplí. Y si te pones a pensarlo detenidamente Drew, tú pretendiste hacernos creer una farsa, pero te olvidaste completamente de que yo puedo ser aún mejor pretendiendo.
¿Fin?
N.d.A: Si llegaron hasta el final después de tanto enredo, reciban por favor mi mas sincero agradecimiento. Este fic comenzó en el 2018, simplemente como una idea para conectar a otra historia y celebrar mi aniversario escribiendo en la FF (you guessed it "the men, the myth, the legend"). Jamas pense que se extenderia tanto o que se me dificultara como lo hizo. Pero confieso que fue divertido y desafiante escribirla, así que espero humildemente que les haya gustado y esperaré ansiosa sus comentarios para aquellos ángeles que deseen hacermelo saber.
N.d.A 2: El personaje de Adrianne le pertenece a Silentforce666 :)
¡Hasta pronto!
