La noche era fría, y ella lo sentía más que todos dado a que era un reptil. Todos dormían profundamente y no se escuchaba absolutamente nada salvo el batir de las ramas de los árboles por el viento. Víbora pensó que Po había ido al durazno solitario para calmarse un poco, pero el calor dejado por sus huellas que ella podía ver se dirigían hacia otro lado.(*) Además, su aroma se disipaba en esa misma dirección.
Las huellas de Po se dirigían al interior del palacio. Por la pronunciada separación que habían entre estas, Víbora pudo determinar que el panda tenía mucha prisa. Así que debía apresurarse si no quería perder su rastro.
Víbora accedió al lateral del edificio central y pasó por los pasillos aledaños al Salón de los Héroes. El rastro de Po la condujo hacia la biblioteca, dónde estaban los miles de rollos y pergaminos que contenían los registros y memorias de los antepasados. Muchos de ellos, escritos por el mismo Maestro Oogway. Pero Po no estaba allí.
El rastro de Po se desviaba un poco y parecía desaparecer detrás de una extraña pared de madera. O eso era lo que aparentaba ser. Tan solo Po, Víbora y el resto de los antiguos Cinco Furiosos sabían que esa era una entrada secreta a un lugar oculto dentro del palacio, un lugar escondido de cualquier mirada curiosa e inexperta, un lugar que contenían historias antiguas y secretos oscuros.
Víbora deslizó la puerta oculta y la volvió a cerrar delicadamente. Detrás de esta, se encontraba un pequeño pasadizo que conducía a una estrecha escalera de caracol que se adentraba en la profundidad de la montaña. Víbora bajó por los escalones procurando hacer el menor ruido posible, hasta llegar finalmente a otra puerta de madera entreabierta de la cual se podía apreciar la luz de un farolillo del otro lado.
Víbora abrió la puerta y ahí estaba, su amado Po estaba sentado sobre una silla de espalda a la entrada. En el pequeño lugar había decenas de pergaminos que no debían ser leídos a menos que fuese indispensable. Víbora lo sabía, y sabía que Po era consciente de eso. Así que si el panda tuvo que acudir a ellos, algo grave estaba ocurriendo.
Víbora sintió un nudo en la garganta, pero mantenerse en silencio no iba a darle respuestas. Se acercó lentamente sin hacer ruido, Po estaba tan concentrado que no se percataba de su presencia. Víbora sabía que su amado le estaba ocultando algo, pero no le iba a decir abiertamente, así que intentó trepar por la silla con mucha cautela y pudo ver que Po estaba leyendo un pergamino muy antiguo. Tan antiguo que parecía ser incluso anterior a Oogway.
La luz no era muy fuerte, además que el enorme cuerpo de Po no la dejaba ver mucho, salvo unos pocos caracteres y un extraño dibujo de un guerrero mono.
Víbora: - ¿Quién es ese? - Víbora dijo inconscientemente en voz alta, lo que le sacó un buen susto a Po quién no se esperaba que ella pudiese estar ahí.
Po: - Uff. ¿Cuánto tiempo llevas ahí? - Dijo tras poder recobrar el aliento
Víbora: - No mucho. Mi amor. Necesito que me digas la verdad. ¿Qué está pasando? -
Po: - ¿A qué te refieres? Nada... No está pasando nada. - Dijo con su mala habilidad para mentir.
Víbora: - Por favor... no me ocultes más la verdad. -
Po: - Te juro que no te estoy ocultando na... -
Víbora: - ¡Basta! - Lo interrumpió muy disgustada. - No me mientas más. Te conozco lo suficiente para saberlo. - Una lágrima comenzó a brotar del ojo derecho de Víbora. - Hace días tienes pesadillas horribles. Tus gritos y gestos bruscos durante la noche me aprietan el corazón. Tus párpados están desgastados por el cansancio. Estás distante. Vienes en mitad de la noche al salón prohibido a escondidas. Pero lo que más me duele es que no me quieras decir qué ocurre qué ocurre en realidad. -
Víbora no pudo contener sus emociones y estalló en un profundo llanto. Sus lágrimas salían descontroladamente de sus ojos, y su respiración se agitó un poco. Po sabía que ya no podía esconderse más, al menos no en ese punto. Con una sonrisa inconsciente; producto a un pequeño rayo de felicidad que le producía la preocupación de su amada, Po agarró a Víbora, enrolló su cuerpo y lo sujetó con sus manos mientras apoyaba la cabeza de la serpiente sobre sus hombros.
Po: - Perdóname. Yo tan solo... no quería preocuparte. -
Víbora: - Soy tu esposa. - Dijo mientras intentaba calmarse un poco al sentir el calor del cuerpo de Po. - Me duele que me ocultes cosas sobre todo si te causan tanto dolor. -
Po escuchó pacientemente las palabras de Víbora y tomó unos segundos para pensarlo mientras ambos permanecían en silencio. Po miró hacia arriba y suspiró profundamente, pero no pudo controlar una pequeña lágrima que corrió por su mejilla.
Víbora se percató de esto y levantó su cabeza mientras veía como Po intentaba contener su dolor con la mirada perdida en el techo del local. La serpiente se apoyó sobre el cuerpo de Po y alzó su cabeza lo suficiente para ver su rostro, el cual presentaba unos ojos llorosos a punto de romper en llanto. Finalmente, Víbora descendió tranquilamente y le dió un apasionado beso en los labios a Po.
Este evento fue la gota que derramó el vaso. Po correspondió el beso, pero apenas pudo separar sus labios de los de Víbora y comenzó con un descontrolado llanto. Un llanto reprimido desde hace mucho.
Víbora se enrolló alrededor de Po todo lo que pudo y apoyó su cabeza sobre la de Po. Y con una voz dulce y melodiosa, comenzó a tararear una suave melodía que a Po le gustaba oír.
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A los pocos minutos Po logró calmarse. Suspiró profundamente y agradeció a Víbora por todo el apoyo que le brindaba. Y ahora, confiando plenamente en su pareja, Po le contó a Víbora todo lo sucedido desde el primer sueño que tuvo. Sin omitir ningún detalle.
(*) Eh... si. Las serpientes tienen visión térmica.
