-o-

Y el fuerte grito de guerra dio inicio al combate. Los cinco maestros cargaron de frente contra el semidiós. No sentían temor, miedo, odio, o enojo. Pero no dudarían en acabar con su oponente. Los maestros del Kung Fu enfrentaron a Sun Wukong en una "dispareja" batalla de cinco contra uno, pero para el Rey Mono esto no era más que un juego de niños.

Grulla fue el primero en atacar en pleno vuelo, usando sus afiladas garras de metal para desgarrar a su oponente, pero Sun Wukong no le costó mucho esfuerzo esquivarlo tras acertar un potente golpe con la punta de su báculo al maestro. Grulla cayó a sus espaldas, con un fuerte dolor en el pecho, lo que hizo arder la sangre de Mono y Tigresa.

El dúo de maestros fueron con todo. Las ágiles espadas Han Jian propiciaban una lluvia de ataques por parte de la maestra Tigresa, acompañada de potentes cortes y estocadas que Mono ejercía con la antigua espada del tirano Shen.

El pulso de Sun Wukong no temblaba ante el peligro. Su enorme báculo le daba ventaja tanto en combate cercano cómo a distancia, manteniendo a raya a los maestros mientras se abalanzaba sobre este intentando romper su formación. Al poco tiempo, Víbora se unió al combate mientras Po revisaba al Grulla, el cuál parecía recuperarse sin problemas.

Víbora se escabulló sutilmente entre los rápidos pies de los maestros y saltó sobre el Rey Mono. El ataque lo tomó de imprevisto, pero sus reflejos estaban a un nivel superior. Víbora intentó atacarlo con la espada Dao adjuntada a su cola, pero el Rey Mono pudo echar atrás su rostro antes que el filo de la espada lo tocara. Sun Wukong vió en cámara lenta su rostro reflejado sobre la hoja de la espada Dao, y con un súbito giro, golpeó la espada de Víbora y la hizo retroceder.

Finalmente, Po y Grulla se unieron al resto, y los cinco atacaron en conjunto al semidiós. Pero Sun Wukong estaba a la altura del desafío. El Rey Mono lograba bloquear y esquivar cada uno de los ataques de los maestros, y cuando menos se lo esperaba, Po se acercó a él y blandió la afilada Espada de los Héroes en un corte vertical. Parecía que podía derrotarlo, pero lo que ocurrió después era imposible de creer.

La legendaria espada, que supuestamente podía cortarlo todo, fue detenida por el báculo mágico Ruyi Jingu Bang. Sun Wukong estaba arrodillado, sosteniendo el báculo con sus dos manos sobre su cabeza y una enigmática sonrisa dibujada en su rostro. La fricción entre el fijo de la Espada de los Héroes y el eje del báculo generaba constantes chispas, mostrando la inmensa presión que ambas armas estaban sosteniendo.

El resto de maestros vió una oportunidad de atacar a Sun Wukong, el cual estaba arrodillado e incapaz de moverse. Víbora, Tigresa, Mono y Grulla atacaron de frente, con la intención de atravesar el cuerpo del semidiós con sus armas, pero un acto de frenesí, el Rey Mono soltó el báculo con su mano izquierda, haciendo que la espada de Po se desviara en ese sentido. Po perdió el equilibrio, lo que permitió a Sun Wukong ponerse de pie y girar bruscamente sobre su eje.

Para sorpresa de todos, el báculo mágico de Sun Wukong se estiró a más de cinco metros y los tomó por sorpresa. Ninguno de los maestros pudo evitar ser golpeado con fuerza, salvo Po, quién aún no se había levantado. Pero antes que pudiera reincorporarse, Sun Wukong redujo su báculo y le propició un potente golpe en el mentón que hizo que el panda retrocediera con un fuerte mareo.

Po retrocedió hasta que su propio cuerpo desorientado cayó sobre su espalda a varios metros de dónde se encontraba Sun Wukong. Al verlo, el resto de maestros hizo su mayor esfuerzo para incorporarse y correr a ayudarlo.

Sun Wukong apoyó su báculo contra el suelo y se apoyó sobre él manteniendo un perfecto equilibrio. Mostrando cualquier tipo de indiferencia hacia los maestros. Pues a decir verdad, el Rey Mono no sentía ninguna amenaza por parte de ellos.

Sun Wukong: - Esto es bastante aburrido, panda. A decir verdad, esperaba mucho más del Guerrero Dragón y su séquito. -

Po lograba reincorporarse, pero su cuerpo estaba bastante adolorido. Y no sólo él. Todos los maestros estaban al límite. Los potentes golpes del Rey Mono hacían que sus armaduras parecieran inútiles. Incluso Grulla y Mono parecía tener una o dos costillas rotas. Tigresa tuvo que soltar una de sus espadas, pues al parecer, el último ataque de Sun Wukong le fracturó la muñeca izquierda. Víbora parecía quejarse de un dolor que sentía en medio de su cuerpo. Ella intentaba ocultarlo, pero era evidente que fue golpeada por ese lugar. Y el mismo Po se sentía muy aturdido, y su mentón dolía como nunca antes.

Sun Wukong no se veía muy contento. En efecto, parecía estar al desilusionado. Pensaba que la batalla iba a ser más emocionante, pero al entender que era un semidiós, no esperaba mucho más. El Rey Mono bajó de su báculo, y los miró con un indiferente rostro.

Sun Wukong: - Terminemos con es... -

-o-

-o-

Sun Wukong fue interrumpido cuando la tierra comenzó a temblar. Los cinco maestros y el Rey Mono quedaron confundidos ante tal acontecimiento, pues ninguno de ellos era el responsable. Levantaron la mirada y vieron una enorme cortina de humo que se alzaba por el camino que llegaba al Valle de la Paz. Y a medida que se acercaban, la sorpresa invadió el rostro de todos.

Un numeroso ejército de mil soldados de infantería se acercaba a gran velocidad hacia donde ellos estaban. Cada uno de ellos portaba una ligera armadura y cargaban en sus manos lanzas, espadas, hachas y cualquier tipo de arma de la época. Y a la cabeza de tal numeroso ejército, se encontraban los nuevos Cinco Furiosos.

Jian, Lain, Bian Zao y Jing Mei estaban a la cabeza de cuatro inmensos pelotones de aproximadamente doscientos cincuenta efectivos cada uno. Cada uno de ellos portaba una armadura mejor lograda, con varios detalles y adornos. Y a la cabeza de todos, iba Peng, portando una brillante armadura plateada con detalles grabados que heredó de su tío Tai Lung, en su mano derecha, se balanceaba una enorme lanza Dao, y a su espalda se agitaba una vigorosa capa roja.

Ante tal escenario, Sun Wukong no pudo evitar mostrar su emoción y ansias de batalla, pero los maestros, en cambio, estaban sumamente preocupados.

Peng: - Maestro, estamos aquí para ayudar. -

Po: - Peng. ¿¡Qué están haciendo!? ¡Regresen al palacio de Jade de inmediato! ¡Es una orden! -

Peng: - Pero maestro... -

Tigresa: - Escucha a tu maestro, joven. Esta no es una batalla que debas luchar. -

Peng: - Pero... pero -

Víbora: - Escuchar al maestro es la obligación de un alumno. - Le decía mientras se acercaba lentamente al joven leopardo de las nieve. - Debes continuar con el legado del Kung Fu. Todos ustedes. - Les dijo a sus estudiantes.

Peng: - Pero... yo... no quiero perderlos. -

Grulla: - Es mejor así, créeme. -

Mono: - Tranquilo muchacho, iremos detrás de ti. -

Mono le dijo con una sonrisa en su rostro para intentar aplacar el temor y la desesperación en el corazón del impulsivo felino, pero eso no evitaría que el dolor aplastara los corazones de los estudiantes. Sun Wukong esperó paciente, mirando con cierta indiferencia lo sucedido, después de todo, él tenía todo el tiempo del mundo. Pero tras unos segundos de absoluto silencio, en el cuál sólo se escuchaba el batir del viento, una voz se alzó entre los estudiantes. Una voz que nadie creyó oír de primera.

Jian: - No. - Todos miraron con asombro al supuestamente indeciso ganso. - No retrocederemos. Si aquí es donde debemos luchar que así sea. Si aquí es donde debemos probarnos a nosotros mismos... -

Jian y algunos: - ¡Qué así sea! -

Jian: - Si aquí es donde debemos morir... -

Jian y la mitad de los estudiantes: - ¡Qué así sea! -

Jian: - Si aquí es donde debe morir el Kung Fu... -

Todos los estudiantes: - ¡QUÉ ASÍ SEA! -

Las más de mil voces retumbaron en el panorama. La tierra tembló, y los cielos se agitaron ante el coraje que ebullía de sus corazones. Y tras varios vítores de guerra, Peng le dirigió la palabra al maestro Po.

Peng: - Maestro. El Ejército de Jade... espera sus órdenes. -

Po y los otros maestros no tuvieron más opción que aceptar la voluntad de los miles de estudiantes que corrieron en su ayuda. La preocupación era notables en sus ojos, pero una fuerte chispa de orgullo hizo latir con fuerza los corazones de Po y Víbora.

Po: - ¡Ejército de Jade! ¡Listo para la batalla! -

Tras las palabras de Po, los más de mil estudiantes gritaron con fuerza, imponiendo una fuerte presencia en el campo de batalla. Aquellos que estaban al frente, pudieron ver a Sun Wukong con su mirada perdida en el suelo. Pensaron que algo le pasaba al Rey Mono, tal vez se sentía derrotado ante tal número. Pero la realidad era todo lo contrario.

Sun Wukong alzó su mirada mostrando una enorme sonrisa de satisfacción. Su rostro no mostraba miedo o enojo, tan sólo su felicidad y la emoción que avivaba su incansable chispa por la batalla.

Sun Wukong: - ¡Siiiiii! - Gritó emocionado. - Así me gusta, Panda. La mejor parte es que yo también tengo mi propio ejército.

-o-

-o-

El viento golpeó el rostro del Rey Mono, el cuál comenzó a arrancarse algunos pelos del rostro y de su nuca, y cuando tuvo un gran puñado en su mano, los sopló hacia los cielos. Los pelos de Sun Wukong alzaron vuelo y comenzaron a dispersarse por el campo de batalla a sus espaldas.

Cada pelo de Sun Wukong comenzó a brillar y en pocos segundos se transformaron en una copia del propio Sun Wukong. Las copias eran de un color grisáceo, similares al mármol, pero su superficie era áspera y mucha más dura que este. Sun Wukong se da vuelta, y mira algo decepcionado su propio ejército de apenas doscientas copias de sí mismo.

Sun Wukong: - Parece que aún no me he recuperado de todo. -

Sun Wukong se dió vuelta e intercambió miradas con Po. El Rey Mono mostraba una pícara sonrisa en su rostro. Y tras unos largos segundos de tensión, el Ejército de Jade y los clones del Rey Mono cargaron de frente ante la orden de sus líderes.