Hazbin Hotel no me pertenece, es propiedad de Vivzie Pop (Vivienne Medrano), yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.
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La respiración entrecortada reemplazó el molesto zumbido estático en sus oídos, Alastor probó entonces el sabor metálico de su propia sangre en su lengua al limpiar el rastro del líquido que se deslizaba desde la cortada abierta en su ceja y bajaba por su mejilla.
—¿Eso es todo? —el ángel exterminador siseó con una voz distorsionada debido a su aparente emoción, sin tratar de enmascarar su sarcasmo y prepotencia—. La basura del infierno no es nada para nosotros… incluso tú —hundió aún más la punta de su lanza al costado del demonio—. Admito que has sido un pequeño percance en nuestra misión de exterminio, pero nada de lo que no podamos encargarnos. Esconderte como la escoria que eres no te ha servido de nada. —la expresión holográfica en la máscara de Lute parecía casi demencial.
Aún así, con el arma celestial incrustada en él, Alastor no apartó en ningún momento la mirada de su ejecutora ni borró su característica sonrisa del rostro. No le daría esa satisfacción ni le haría saber o pensar que era ella quien tenía el control en esa situación.
Internamente el demonio de la radio supo que no podría ganar esa batalla, a pesar de ser un Overlord, la escala de poder en cuanto a los celestiales eran considerablemente abismal… esos hijos de perra eran prácticamente una amenaza indestructible para sus existencias en el infierno. Ningún señor del inframundo en su sano juicio se atrevía a salir durante las exterminaciones anuales.
Entonces ¿Cómo fue que llegó a esa situación?
La respuesta más obvia fue… una cacería. O para ser más exactos, eso parecía un plan orquestado por alguien de ahí arriba con el único fin de darles caza a diestra y siniestra sin importar qué.
—¿Misión de exterminio? Oh, querida… esto es una cacería desvergonzada —a pesar de su malestar y agitación por el dolor punzante del arma en su carne, Alastor mantuvo ese tono confiado y casi juguetón de antaño al dirigirse a la infame criatura—. Supongo que el señor misericordioso, el responsable de todo esto… no es tan diferente de nosotros después de todo. En realidad… ninguno de ustedes lo son, pobres criaturas.
Los ojos de Lute se abrieron en incredulidad ante las palabras y el descaro de su presa, sabiendo a la perfección de quién estaba hablando el demonio. ¿Cómo se atrevía? Y en todo caso, lo que más la molestó fue esa comparación vil sobre la horrible naturaleza sanguinaria y detestable de los demonios con su deber divino y celestial.
—Deja de blasfemar —sacó su lanza de un solo movimiento del cuerpo de Alastor, provocando más desgarramiento en su carne y un gruñido contenido—. Pensaba darte una muerte rápida y misericordiosa, pero cambié de opinión… voy a arrancarte la lengua y a descuartizarte lentamente mientras gritas de agonía. —la sonrisa holográfica se ensanchó mientras levantaba su arma en señal de amenaza.
—A eso me refiero, encajarías perfectamente en este lugar —Alastor respiró hondo y satisfactoriamente después de soltar su afirmación. El ángel exterminador que se cernía sobre él lista para atravesarle el pecho y su marchito e inexistente corazón no lo hizo temblar.
Pero, sabía que el tiempo se le estaba acabando y tenía que salir de ahí antes de que sus poderes se agotaran por completo; esa perra celestial y loca lo había debilitado y necesitaba recuperarse de ese surrealista estado de mierda en el que lo dejó.
La única respuesta de Lute ante semejante atrevimiento fue un gruñido y la promesa tácita de una muerte inminente al empuñar con fuerza su arma totalmente lista para su ataque.
—¿Por qué carajos tardas tanto Lute? —Vaggie llamó desde la distancia a su comandante, dándole alcance rápidamente para comprobar lo que le estaba llevando demasiado tiempo.
Pero se detuvo en seco cuando vio de qué se trataba.
—El demonio de la radio… —afirmó con evidente escepticismo y un tinte de confusión en su tono, tratando de dimensionar la situación en sí—. ¿Qué es lo que está sucediendo? Se supone que los Overlords son…
—Son demonios, soldado —Lute se volvió hacia su oficial con un tono y expresión estoico y autoritario, dejando muy en claro la escala de poder y el rango que ambas tenían—. Y nuestras órdenes… nuestra misión es clara ¿No es así?
Así era… esas fueron las órdenes que Adán les había dado desde el inicio de la misión… órdenes que venían incluso desde lo más alto. Aún así, Vaggie en algunas ocasiones consideró lo cuestionables que eran esos mandatos "divinos". Ahora más que nunca. Pero en el fondo sabía que a pesar de su libre albedrío había límites que no podía cruzar con sus acciones si no quería terminar como Lucifer.
—¿Esto no provocaría problemas con el infierno? —quiso saber Vaggie, no estaba del todo segura.
—¿Eso importa siquiera? —Lute se burló—. Son criaturas a las que debemos mantener bajo control… una plaga que tenemos que erradicar si se salen de control.
El rostro de Vaggie se contrajo ante la despectiva elección de palabras de su superior, las mismas con las que Adán solía referirse a la gente del infierno; como criaturas descarriadas sin salvación alguna… unos parias que no merecían una segunda oportunidad.
El silencio fue lo único que Lute recibió de su subordinada.
—Creo que tienen mucho de qué discutir, queridas —la voz de Alastor rompió el tenso silencio después de una fracción de segundo agonizante—. Afortunadamente mi transmisión ha llegado a su fin…
Lute apenas tuvo tiempo de volver nuevamente la mirada hacia su presa cuando ésta desapareció en una densa sombra negra a través de las grietas del suelo… el demonio de la radio escapó frente a sus narices. La ira creció entonces en su interior por su objetivo frustrado y rápidamente redirigió aquella molestia a la única culpable de su fracaso.
El sonido sordo de un golpe resonó en el aire cuando la palma de la mano de Lute impactó con violencia en la mejilla de Vaggie, mandando a volar incluso su máscara de exorcista muy lejos de ahí. La teniente no se contuvo en su ataque, dejando una evidente marca rojiza y un leve rasguño del que un hilillo de sangre comenzó a brotar.
—Recibirás tu escarmiento cuando retornemos al cielo, Vagatha y más te vale no seguir entorpeciendo nuestra preciada misión de nuevo. —desde su posición y sin su máscara, miró a Vaggie (quien cayó al suelo debido a la fuerza del impacto) con enervante enojo y superioridad para posteriormente pasar de ella y continuar con su masacre.
Por su parte, Vaggie siseó de dolor mientras se incorporaba, limpiando el rastro de sangre de su mejilla. Se suponía que no debía cuestionar y sólo limitarse a seguir órdenes de sus superiores ya que ese era su trabajo… entonces, ¿Por qué todo esto se sentía terriblemente mal?
Todo había terminado, o al menos eso fue lo que se dijo Charlie internamente después de anunciar el final del exterminio con los fuegos artificiales al aire. Y lo que hasta entonces continuaba repitiéndose como un silencioso mantra mientras caminaba por las caóticas calles manchadas con la sangre y los restos de su pueblo.
¿Hasta cuándo seguiría esa situación? ¿Por qué su padre e incluso su madre no parecían realmente preocupados o interesados por lo que le pasaba a su gente? La princesa del infierno habló o al menos trató de hablar con sus padres en innumerables ocasiones para que tomaran acciones sobre esto o que al menos llegaran a un acuerdo más civilizado con el cielo, pero nada funcionó. Entonces, Charlie decidió tomar el asunto en sus manos… si ellos no hacían nada por su pueblo, entonces ella lo haría.
Y tenía un plan.
Justo ahora pretendía tener una reunión sorpresa con su padre (al que por cierto no había visto en demasiado tiempo) para pedirle que le concediera una cita con uno de los productores del noticiario local para un anuncio importante. A pesar de tener todo prácticamente en contra, ella lucharía por poner en marcha su plan y si era la única oportunidad que tenía, entonces se aferraría a ésta con uñas y dientes.
Sin embargo, algo la detuvo y la desvió de su camino. Un quejido silencioso pero lastimero que provenía del oscuro callejón por el que pasó apenas una fracción de segundo atrás; Charlie se detuvo abruptamente y volvió sobre sus pasos hacia la fuente del sonido, escuchando lo cerca que estaba de lo que fuese que provocaba aquel quejido.
Sin dudar un instante, sus pasos la llevaron al interior de aquel callejón y su mirada entonces captó algo que sobresalía del prominente bote de basura que se encontraba en el lugar, la silueta de un par de piernas fue con lo que ella se encontró y acercándose aún más se dio cuenta de que se trataba de alguien tirado en el suelo y cubierto de sangre.
Rápidamente se acercó a él, arrodillándose a su lado, pero sin tocarlo aún mientras trataba de procesar lo que estaba sucediendo. A pesar de la oscuridad, Charlie pudo notar en completa perplejidad la silueta del demonio inconsciente y también su identidad.
—¿Radio Demon? —susurró con sorpresa e incredulidad.
Imposible. Nadie lo había visto desde hacía un par de años cuando de la noche a la mañana simplemente desapareció de la faz del infierno sin dejar rastro. Entonces ¿Qué hacía ahí? Y ¿Qué le sucedió?
Observándolo mejor, todo lo que su vista podía captar, Charlie se dio cuenta que estaba gravemente herido en el abdomen y estaba perdiendo mucha sangre. Estaba al borde de la muerte, pero ¿Cómo? Se suponía que el demonio de la radio era uno de los Overlords, alguien con mucho poder dentro de los círculos del infierno o que al menos se había ganado su infamia por su temible poder, era imposible que terminara de esa manera a menos que se enfrentara a alguien con un rango mucho mayor al suyo.
Entonces una idea vino a su mente y esclareció su panorama… el exterminio… los ángeles.
Su mirada recayó de nuevo en él, esta vez la incredulidad sólo creció. Un ángel jamás habría dejado a algún demonio con vida o en este caso, dejarlo a su suerte en su agonía para esperar su propia muerte, ellos mataban sin contemplación y sin excepción alguna. Charlie sabía de primera mano lo despiadados y crueles que eran durante el exterminio, pero… de alguna manera que ella todavía no podía comprender, él había escapado de las garras de los exorcistas.
Desde esta perspectiva él parecía… inofensivo y vulnerable… totalmente inconsciente de su presencia.
Charlie puso especial énfasis en su rostro, admitiendo internamente que era impresionante (por decirlo de algún modo) y que dejaría a cualquiera que se detuviera a mirarlo o a cruzarse en su camino, impresionado con su sola presencia. Sin embargo, la princesa también admitió que esa sonrisa aún plasmada en su rostro ( a pesar de su estado) le resultaba algo peculiar y un poco perturbadora… pero pasando de eso, él podría ser catalogado como un demonio impresionante con una cruda malicia encantadora.
Uno de sus mechones carmín estaba cubriendo su cansado y deteriorado rostro al caer sobre su frente y Charlie tuvo la imperiosa necesidad de apartarlo con su mano, lentamente y sin ser plenamente consciente de ello, su delicada mano se acercó a la cara del demonio para apartar su cabello, pero se detuvo de inmediato en cuanto se percató de su inadecuado e impulsivo actuar. Avergonzada, retrajo su mano y se la llevó al pecho para sostenerla con fuerza ¿Qué estaba haciendo? Este no era el momento para ese tipo de comportamiento.
Él necesitaba ayuda y otro quejido (casi gruñido) se lo recordó.
Como si hubiera despertado de un pequeño trance, Charlie sacudió la cabeza y se apresuró a quitarse la chaqueta que tenía consigo para llevarla hasta el cuerpo del demonio y presionarla directamente en la herida sangrante, tratando así de detener la hemorragia en tanto conseguía ayuda o una mejor atención.
Esto pareció traer ligeramente de la inconsciencia al demonio de la radio. Su mirada entonces se encontró con la de ella en un silencioso intercambio; Charlie quedó impresionada por la intensidad reflejada en sus ojos y la palabra "impresionante" no pudo alcanzar a describir la sensación que le provocó la mezcla de luz y oscuridad en aquella insondable y misteriosa mirada.
La conexión duró apenas una fracción de segundos antes de que se apagara de nuevo al caer en la oscura inconsciencia.
Charlie entonces tomó su decisión, ella era la princesa del infierno y como tal, nunca abandonaría a su pueblo.
Alastor abrió los ojos abruptamente, incorporándose de inmediato para escanear la decadente y oscura habitación en la que se encontraba, llegando a la conclusión de que no se trataba de su aislada torre de transmisión ¿En dónde demonios estaba? Bueno ¿Qué podría importar? Saldría de ese basurero cuanto antes ahora que sus heridas ya no estaban y su poder se había regenerado, rápidamente manifestó su micrófono en la palma de su mano.
—Me alegra ver que ya despertaste y estás mejor.
Antes de que pudiera marcharse, una alegre y entusiasmada voz llamó su atención desde el extremo de la habitación. La cabeza de Alastor giró hacia el sonido de dicha voz, torciendo ligeramente su cuello en un ángulo que para cualquiera sería doloroso, hizo un sonido en el fondo de su garganta y le lanzó una sonrisa torcida.
—Oh querida, supongo que tú eres mi salvadora —él infirió debido a su comentario—. Debo sentirme especialmente halagado por las atenciones de nada más y nada menos que la hija de Lucifer. —el demonio estrechó su mirada en la princesa con suspicacia, pero sin borrar su sonrisa torcida.
Las cejas de Charlie se juntaron en un pequeño ceño fruncido debido al reconocimiento adjudicado específicamente a su padre, no a ella como tal y ni siquiera a su título infernal.
—Charlie… soy Charlie.
Alastor la miró de arriba a abajo mientras se acercaba para tomar su mano y besar sus nudillos.
—Charlie —él se enderezó con total naturalidad, como si aquel gesto no fuese absolutamente nada, pero de igual manera saboreó el nombre en su boca—. Alastor, un placer, querida.
Aunque para la princesa fue algo completamente diferente, su pálido rostro se tiñó de un tono escarlata que fácilmente podría competir con la mirada del demonio de la radio. En un acto de pura vergüenza y quizá porque no supo cómo más actuar, Charlie se apartó un paso de él mientras se aclaraba la garganta con un carraspeo.
Inspeccionó a Alastor para comprobar que las heridas hubieran desaparecido por completo, al menos así fue desde su último "chequeo". En retrospectiva, Charlie no tuvo la voluntad de abandonar al demonio de la radio a su suerte en ese callejón y con ayuda de Dazzle y Razzle se lo llevó al edificio recién adquirido que en el futuro serviría para sus objetivos. La princesa dedicó una noche entera a limpiar y vendar cada una de las heridas de Radio Demon, permaneciendo a su lado para cambiar los vendajes y verificar su mejoría en los días posteriores al "incidente". Ahora, fue una grata sorpresa encontrarlo consciente y totalmente recuperado.
El silencio se cernió algo incómodo después de eso y Charlie no supo qué hacer o decir. Se movió de un pie a otro y observó al demonio, odiando que su mirada fuese atraída hacia él una y otra vez. Sabía de lo atroz y despiadado que solía ser, de las masacres que cometió en el pasado y eso debería ser suficiente para recordarle que su apariencia sólo era un bonito caparazón para ocultar los horrores que había dentro.
Debía tener cuidado con él ahora que estaba completamente recuperado, no es que fuese incapaz de hacerle frente, sino que quería evitar caer en sus encantos.
—Pensamos que estabas muerto —ella al fin exteriorizó la duda que la carcomió desde el momento en el que lo encontró, la incertidumbre vibró en su cuerpo y la expectativa por una explicación lógica se hizo presente—. Dejaste de transmitir tus masacres por la radio de la noche a la mañana ¿Por cuánto? ¿Cuatro… cinco años?
El mismo tiempo en el que dejó de tener noticias de su propia madre, se recordó Charlie. Pero rápidamente desechó ese intrusivo pensamiento de su mente.
Alastor enarcó una ceja con intriga al caer en cuenta que las palabras de la princesa parecían más un reproche que una afirmación cualquiera.
Interesante.
Esa frágil e inocente criatura parecía genuinamente interesada en su paradero.
—Solamente me tomé un pequeño descanso, nada del otro mundo, linda. —él se encogió de hombros con elegante tranquilidad.
Totalmente alejado de la realidad, pero nadie debía saber la verdad tras su ausencia y mucho menos ella. Para Alastor toda esta situación se redujo a una hilarante ironía.
Si tan sólo ella supiera…
—Ahora dime, princesa… ¿Dónde se supone que estamos? —el demonio de la radio miró más allá de Charlie, al basurero que pretendía servir como una habitación. ¿A esto se redujo los dominios de Lucifer?
Por un momento la mirada de Charlie pareció adquirir un brillo renovado ante la cuestión, ansiosa por soltar lo que sea que estuviera conteniendo. Cambiando su estado de ánimo, la princesa adquirió una apariencia mucho más ¿Profesional? Y confiada, incluso entusiasta en todo caso, plasmando una dulce sonrisa en sus labios.
—Bienvenido al " Happy Hotel". —Charlie extendió los brazos hacia el espacio vacío para dar énfasis a su entusiasta bienvenida.
—¿"Happy… Hotel"?
Ella asintió con orgullo sin borrar esa deslumbrante sonrisa.
—La solución al exterminio, un lugar de redención para las almas que quieran una segunda oportunidad y un lugar en el cielo.
El sonido estático de grillos llenó el ambiente antes de que una risa estallara en el demonio de la radio. Alastor apenas contuvo sus carcajadas ante semejante fantasía de la princesa, considerando que la idea de redención para esas pobres almas en el infierno no tenía sentido alguno. Ellos estaban en ese lugar por un motivo y ella, una criatura nacida en el infierno parecía no entender la finalidad de sus dominios.
Definitivamente ella era una criatura fascinante.
—Querida, qué ideas tan soñadoras tienes por aquí —Alastor se limpió las lágrimas de diversión que claramente no tenía en los ojos mientras se recomponía de su arrebato de burla—. No me había divertido tanto desde la caída de la bolsa en 1929 —otra breve carcajada escapó de él—. Oh, los huérfanos…
Charlie no encontró humor alguno en su comentario bizarro así que le envió una mala mirada.
—Es mi más grande proyecto —se defendió, cruzándose de brazos y tratando de ignorar esa molesta sonrisa perpetua en el semblante de Radio Demon—. Presentaré esta propuesta apenas termine de remodelar el hotel e invitaré a todos aquellos que quieran unirse y buscar la redención. —reiteró con orgullo apenas contenido.
El demonio de la radio pudo notar la determinación inquebrantable en la princesa y lejos de causarle lástima, le pareció… interesante. Quizá podría sacar provecho de esta oportunidad tendida ante él en bandeja de oro.
Charlie encajaba perfectamente en sus planes.
—Entonces si de eso se trata ¿Qué tal si te ofrezco un trato, dulzura? —la sonrisa y su semblante adquirieron un tinte mucho más siniestro y calculador que a Charlie puso en alerta. Su mano iridiscente con su magia vudú se acercó lentamente a ella con la intención de instarla a acceder a su oferta.
Y ella supo leer sus intenciones a la perfección, recordando el consejo de su padre sobre no aceptar mierda de otros demonios. A esto se refería ella con no dejarse llevar por el encanto del demonio de la radio. Charlie se apartó un par de pasos más de él, totalmente a la defensiva.
—Nop… nop... nop… nada de tratos —y reafirmó su postura con un gesto de negación de sus brazos—. Puedes unirte o no al proyecto —¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo conseguiría que otros se unieran a su causa con esa actitud? Pero de nuevo, ella se recordó quién era él en realidad—. Pero definitivamente jamás haré un trato contigo, Alastor. Aún así las puertas del hotel estarán siempre abiertas para tí si deseas una segunda oportunidad.
A pesar de la negativa, la sonrisa del demonio no se extinguió, pero retrajo su mano y regresó a su apariencia habitual y serena. Detrás de esa dulce e inocente apariencia, la princesa era un hueso duro de roer, aunque claro, ella era justo lo que él necesitaba y no dejaría pasar esta oportunidad.
—Qué amable de tu parte, princesa… y te tomo la palabra, considérame a partir de ahora como tu socio.
El alivio en Charlie se desvaneció lentamente para ser reemplazada por la más pura incredulidad y al mirarlo una vez más, ella supo que él había tomado una decisión.
—Entonces ¿Crees que esto es posible? La redención de las almas…
La esperanza brilló en los ojos de Charlie considerando que, si logró convencer al demonio de la radio con su causa, entonces podría hacerlo con el resto de su pueblo.
—¡Ja, ja, ja! Oh no, querida… por supuesto que no creo en ese sin sentido. —Alastor de nuevo desestimó con humor.
Las esperanzas entonces se vinieron abajo ¿Qué pretendía?
—¿Por qué quieres ser mi socio entonces? —ella quiso saber. Nada de eso tenía sentido alguno.
—Por el simple placer de divertirme al ver a los pecadores intentarlo y fracasar… han sido cinco años muy aburridos, dulzura.
Charlie parpadeó un par de veces para disipar su incredulidad, ella no podía comprender el descaro de este demonio.
—¿Crees que esto funcionará Al? —Charlie miró con preocupación y nerviosismo a Alastor, pidiendo silenciosamente que él le dijera palabras que la hicieran tranquilizar.
El demonio de la radio se limitó a acomodar la pajarilla en el nuevo traje de la princesa sin dejar de mirarla a los ojos. Tarareando una sutil melodía que ella conocía a la perfección.
—Impresiónalos, querida. Dales el show de sus vidas.
Esas simples palabras parecieron bastar para apaciguar el corazón de Charlie, quien, ante el último llamado del personal de la televisora, se apresuró a tomar de las solapas a Alastor para robarle un fugaz beso en los labios y abrazarlo antes de salir corriendo para anunciar su ambicioso proyecto en el espacio que Katie Killjoy le había cedido de mala gana.
Alastor se quedó unos minutos más de pie en el pasillo del estudio, observando a su entusiasmada princesa comenzar con su entrevista. La sonrisa se ensanchó aún más en su semblante cuando ella comenzó con su pequeño e improvisado número musical, ¿Quién diría que ella tenía esa voz angelical y el carisma necesario para ganarse a las masas? O al menos a él y a un par de neófitos más.
Charlie de alguna manera le hizo desistir parcialmente de sus planes, o al menos dar un pequeño giro a sus ideales. Si bien ella fue al principio un medio para sus fines, ahora, después de un año y con una relación establecida, la princesa se convirtió en algo importante para él y que no dejaría ir fácilmente.
Charlie le daría la libertad que tanto anhelaba… en más de un sentido. Ella era la llave que necesitaba y su futura reina.
—Definitivamente fue un show que nadie podrá olvidar. —Alastor se río entre dientes, pero sin una pisca de la malicia de antaño que solía utilizar con Charlie en sus primeros fracasos.
El sonido de su risa atravesó a Charlie y se instaló cálidamente en su interior, sabía perfectamente que él no estaba burlándose de ella a costa de su desgracia en la estación de tv.
—Fue un desastre, Al… —se encogió en su asiento, hundiendo su rostro en el brazo del demonio de la radio.
Alastor por su parte dejó a la princesa restregar su rostro y abrazarse a él en busca de algo de consuelo, un gesto al que ya se había acostumbrado y que ya no le parecía tan desagradable. Con el tiempo y la convivencia, Charlie logró romper esa barrera entre ambos.
Le dio los pocos segundos que necesitaba para borrar cualquier emoción negativa de su rostro y después tomar la barbilla de Charlie entre sus afilados dedos con tal delicadeza reservada únicamente para ella. Su mirada carmín se detuvo en la boca de Charlie momentáneamente cuando la vio morderse ligeramente el labio inferior en señal de nerviosismo. Oh, ella era tan tentadoramente dulce…
—Uhg… consíganse una jodida habitación y dejen esta mierda sentimental a un lado, me pudrirán los dientes —ángel resopló desde su asiento al otro lado del auto—. No sé qué me sorprende más… si estas cursis muestras de afecto que presumen tú y el señor "sonrisas" o el hecho de escucharlos coger cada cierto tiempo de la manera más insana posible… quien diría que la dulce princesita de Apple Daddy fuese una masoquista. —una sonrisa de mierda se patentó en el semblante de Angel.
El rostro de Charlie se calentó ante el comentario fuera de lugar de su amigo e inquilino más reciente en el hotel después de abrir oficialmente sus puertas un par de meses atrás. Pero conociendo la naturaleza de Angel Dust como ahora lo hacía, ciertamente Charlie ya debería estar acostumbrada a estos derroches de obscena sinceridad. El actor porno no tenía filtro alguno en su afilada lengua.
—Además… —Angel prosiguió—. No fuiste la única que jodió esa presentación, tetas pequeñas, tu retorcido amante también tuvo mucho que ver en el fiasco televisivo. —la mirada del demonio araña se ensanchó en Radio Demon con evidente acusación, como retándole a negar dicha afirmación.
Si, bueno… Alastor admitió que no se resistió a un par de decapitaciones y a provocar combustión espontánea a aquellos que se atrevieron a llamar "perra" o a criticar el número musical de su princesa.
—¿Y no fuiste tú el causante directo en primer lugar? —Alastor le recordó a Angel.
Después de todo, fue el demonio araña quien inició la caída de la presentación de Charlie con esa transmisión de la absurda batalla territorial junto a Cherry.
—No pueden culparme por buscar algo de diversión, Husk sigue enojado conmigo por una estupidez sin sentido, y pasar tiempo con Niffty viendo cómo tortura a las cucarachas de la cocina no puede catalogarse como algo entretenido o incluso divertido. —se defendió, hundiéndose de mala gana en su enorme asiento.
Charlie estuvo a punto de replicar, pero las palabras murieron en su boca cuando el auto se detuvo abruptamente en medio del camino.
—¡Oye imbécil! ¿Puedes manejar con más precaución? ¡Este culo vale más de lo que la princesita te paga! —Angel se quejó al levantarse del suelo.
Alastor por su parte, sostuvo a Charlie para evitar que se golpeara la cabeza en el vidrio polarizado que los dividía de la cabina del conductor. Sin esperar un segundo más, ella se apresuró a salir del auto para saber lo que había sucedido y con el temor de que hubieran arrollado a alguien.
Y su preocupación se hizo real y palpable cuando se percató de la chica herida que trataba de levantarse del suelo, muy cerca de su auto.
—Tenemos que ayudarla, está herida… nosotros… nosotros la atropellamos. —Charlie vociferó para llamar la atención de Angel y su novio.
Charlie corrió en auxilio de la desconocida y la ayudó a mantenerse en pie, pronto se dio cuenta de que ella estaba sangrando y que parecía demasiado débil, a punto casi de desmayarse.
—Angel… Al… por favor súbanla al auto, la llevaremos al hotel para atender sus heridas.
De los dos, fue Angel quien acató de mala gana la petición de Charlie.
Alastor por su parte miró con intriga a la inoportuna desconocida que se había cruzado en su camino y la reconoció, no tenía la menor duda de quién se trataba, era ese ángel exterminador que una vez le sirvió de distracción para su huida de las garras de la comandante celestial.
"Vaggie" o ese fue el nombre que escucho de la tal Lute en esa ocasión.
¿Qué demonios hacía de nuevo en el infierno? El exterminio había terminado un par de días atrás. Además, la infame criatura estaba herida, algo por demás imposible a manos de un habitante de los círculos del infierno (a excepción de Lucifer, claro).
—Al… sube ya, no tenemos tiempo que perder. —Charlie lo llamó desde el interior de la limosina, apremiándolo.
Alastor regresó junto a Charlie y lo que encontró no le agradó… su querida princesa acunando con cuidado a uno de esos infames asesinos y los causantes de su constante preocupación.
—Querida ¿Sabes siquiera quién es esta criatura? —Alastor inquirió con cautela.
—¿Importa eso ahora, Al? Es alguien que necesita nuestra ayuda y tú sabes que no puedo dejarla a su suerte. —Charlie replicó rotundamente.
Oh, por supuesto, esa actitud de servicio y empatía que poseía le impediría actuar de otra manera.
—La llevarás al hotel sin importar lo que te diga ¿No es así, cariño? —Una silenciosa afirmación fue lo único que ella dignificó hacia él. Suspirando con resignación, Alastor decidió dejarla ser en esta ocasión—. De acuerdo, pero tú y yo tendremos una charla más tarde.
Charlie no entendió la actitud de Alastor en ese momento, pero decidió pasarlo por alto y hablar con él más tarde tal como había pedido.
Durante todo el trayecto, Alastor no apartó la vista del ángel caído, porque es lo que era ahora y la ausencia de sus alas era la prueba inequívoca de su condición. Bueno ¿Quién lo diría?
De repente una idea retorcida vino a su mente, ese ángel caído podría ser una herramienta útil para sus planes y por supuesto, para cumplir el pequeño capricho de su princesa.
Él haría cualquier cosa por ella, incluso ocultar la identidad de esa infame criatura y usarla en beneficio de ambos. Pero… no dudaría en deshacerse de ella si ponía en peligro sus planes y su futuro con Charlie. Mantendría a Vaggie como la mascota de Charlie el tiempo necesario, sólo hasta que recuperara su libertad de las garras de Lilith y comenzara su verdadero plan de derrocamiento hacia Lucifer.
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N/A:
Bueno, esta es una idea que tenía rondando por mi mente después de ver el capítulo 6 de la serie… un "what if" del encuentro de Charlie y Alastor, algo medianamente parecido a cómo fue con Vaggie…
Oh y también aclaro que no estoy muy al tanto del lore de Hazbin y pido una disculpa si algo de aquí no tiene mucho sentido… hace un par de años que no me asomo por aquí uwu pero joder… los momentos Charlastor en la serie encendieron de nuevo las llamas de mi amors por la shipp… lo amé n.n
Y pues nada, de nuevo disculpen si esto no tiene mucho sentido y si encuentran también algún error ortográfico o de redacción 0.0
También quiero agradecer a las personitas que se tomen el tiempo de leer esto y a las que me dejen saber su opinión al respecto n.n
Hasta la próxima…
