Hazbin Hotel no me pertenece, es propiedad de Vivzie Pop (Vivienne Medrano), yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~Caída al infierno.~

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Charlie jadeó ruidosamente ante la impresión, y sus labios se entreabrieron para dejar escapar una certera e inusitada maldición.

—¿Esas son…? —sus manos se alejaron rápidamente de la espalda de la misteriosa chica que encontraron en el camino de regreso, tal como si el sólo contacto quemara.

Todo había pasado demasiado rápido, pero la princesa agradeció que todos en el hotel tuvieran la disposición de ayudar en esta situación, incluso Angel, quien continuaba limpiando las heridas junto a Niffty. Husk por su parte se limitó a sostener una de las botellas de licor del bar y empañar la pila de trapos que necesitaran, quizá no fue lo mejor, pero era lo que tenían a disposición en ese momento. Alastor por su parte… se mantuvo al margen como un vil observador, sin apartar la vista de la infame criatura que yacía aparentemente inconsciente sobre la cama de una de las habitaciones vacías del hotel.

—No finjas que no sabes lo que son… o lo que eran —Angel resopló con sorna hacia Charlie—. Ahí deberían estar un par de alas, quien quiera que se metiera con esta pequeña y desafortunada perra, le dejó un recordatorio. —apartó a Charlie de un empujón y se dispuso a limpiar las heridas como si nada al notar la expresión de desconcierto y náuseas en la princesa.

A decir verdad, eran contadas las ocasiones en las que se podía apreciar el verdadero desconcierto o perturbación en Charlie, por lo general era esa actitud molestamente optimista y alegre lo que dominaba su actuar. Pero hubo situaciones en las que Charlie dejaba entrever esa vena de angustia o incluso sorpresa o desagrado. Angel no pudo evitar sentir una ligera punzada de malestar al ver a su "benefactora" de esa manera, aunque rápidamente se encargó de disipar ese sentimiento de su mente con la excusa de que en realidad poco debería importarle esa tonta soñadora empedernida.

—¿Dónde la encontraron? —Husker cuestionó, entrecerrando los ojos con desconfianza hacia la desconocida por un instante, y reconociendo que había algo perturbadoramente desconcertante en ella, como un inquietante presentimiento que no podía apartar de su interior desde el momento en el que Charlie y Angel atravesaron esa puerta con ella a cuestas.

No podía saber con exactitud qué era, pero ciertamente algo no estaba bien en toda esa repentina situación.

—La madre Teresa la encontró de camino a casa y como sabes, es imposible que deje a los desvalidos por su cuenta, así que decidió traerla al hotel para hacer su buena obra de caridad. —el sarcasmo goteó casi de inmediato en las palabras de Angel.

Husk sin embargo, decidió pasarlo por alto y centrarse en lo importante de sus palabras: habían traído al hotel a una completa desconocida. ¡Ni siquiera sabían qué tipo de demonio era! O si estaba envuelta en algún tipo de revuelta o conflicto que fácilmente podía acarrear hacia el hotel, ¿Estaban locos al recogerla tan precariamente sin medir las posibles consecuencias de todo eso? Idiotas. Aunque en algo debía darle la razón a Angel, la mocosa de Lucifer jamás le daría la espalda a cualquiera que necesitara de su ayuda (así la quisiera o no).

Casi por instinto, la mirada del demonio gato se volvió hacia su molesto "amo", notando a Alastor de pie, aparentemente imperturbable en uno de los rincones de la habitación. No se había molestado en intervenir o ayudar en algo, simplemente se limitó a permanecer como un observador (lo que incluso molestó un poco a Charlie al principio, pero después dejó pasar) disfrutando en silencio el caos de la situación. Sin embargo, conociéndolo como ya lo hacía, Husk supo mejor que nadie que detrás de esa estúpida (y aterradora sonrisa) se escondía algo más. El demonio de la radio le devolvió a Husker la mirada, ojos carmín como la sangre, fríos y afilados que escondían algo. Sólo eso bastó para dejarle en claro que ese maníaco controlador sabía algo que ellos no.

—Con eso servirá. —Charlie le dio una última mirada a la chica antes de agradecer a los demás por su ayuda. Ella esperaba que esa pobre criatura pudiera recuperarse pronto.

Verla de esa manera tan desvalida le recordó por qué existía el hotel y cuál era su misión. ¿Cómo podían los exorcistas llegar a ese extremo de crueldad y salvajismo? Ellos no eran muy diferentes a la gente del infierno después de todo. Definitivamente necesitaba encontrar una oportunidad para hablar con ellos o llegar a un acuerdo… hablaría incluso con el mismo dios si fuese el caso para detener esa masacre.

—Ya era hora… muero de hambre. —Angel se quejó, arrojando todos los trapos manchados con la peculiar sangre al suelo. Lo que sin duda causó el ligero enojo de Niffty al ver el desastre de la habitación.

—¡Oh! Esa es una excelente idea… ¿Qué les parece si preparamos algo de comer? —Charlie propuso a manera de disipar el tenso ambiente que se había instalado entre ellos, ciertamente las miradas de sospecha y desconfianza no se hicieron esperar desde su llegada al hotel.

Quizá, trató ella de justificar, la presencia de alguien nuevo era inusual y no sabían cómo comportarse al respecto y siendo sincera, desde la "apertura" del hotel ni una sola alma se había presentado, pero dejando eso de lado, Charlie intuyó que la tensión se debía a las circunstancias que llevaron a esa chica al hotel. De todos, era Husk el que parecía más reacio a la nueva presencia a pesar de que no se negó a prestar su ayuda ante la situación.

—Lo que sea, menos Jambalaya. Admito que el guiso del señor sonrisas es bueno, pero este basurero necesita más variedad en el jodido menú. —Angel ignoró la mirada que el demonio de la radio le dio al despreciar su "sagrado manjar".

Charlie parecía no hartarse de la especialidad de ese pomposo de mierda aterrador (o de cualquier cosa que su espeluznante amorcito le preparara… idiotas enamorados) pero Angel iba a arrancarse la lengua si la cena de esa noche era nuevamente un absurdo plato culinario del demonio de la radio.

—Tienes suerte de probar ese delicioso manjar, una vieja receta de mamá —Alastor entrecerró ligeramente la mirada en el demonio araña ante su comentario—. Me desanima tu falta de excelente gusto culinario, mi afeminado amigo. Pero supongo que no todos tienen ese paladar exquisito para apreciar una buena comida sureña.

—La aprecié la primera vez… después de la milésima vez se volvió insípido. —se encogió de hombros.

Alastor miró al "insolente" e "inculto" demonio araña mientras una esquina de su labio se torcía levemente, volviendo su sonrisa un poco espeluznante y Charlie al notar eso optó por intervenir de inmediato para evitar cualquier masacre hacia su inquilino, sabía de sobra que su novio estaba considerando la opción de asesinato debido al insulto a su preciada comida. E internamente la princesa también consideró que Angel estaba exagerando, ella amaba el delicioso Jambalaya que Alastor preparaba… y en general casi cualquier cosa que él cocinara para ella o para los demás (especialmente para ella cuando tenía esos pequeños gestos románticos).

A pesar de esa oscura y "espeluznante" o cruel apariencia, Charlie sabía que en el fondo Alastor podía ser un amante dedicado e incluso detallista… aunque también bastante sobreprotector y a veces algo posesivo. Pero ella lo amaba y con el tiempo él se convirtió en su soporte y su compañero.

—¡Yo quiero cocinar! ¡Yo puedo cocinar! —Niffty chilló sacudiendo con urgencia los brazos para hacerse notar.

—¡Perfecto! Entonces esta noche Niffty será la encargada de la cena —Charlie concedió y agradeció silenciosamente que el ofrecimiento de la pequeña demonio hubiera roto el ambiente tenso que comenzaba a formarse nuevamente—. Bien, Angel y Husk pueden ayudar también mientras Alastor y yo nos quedamos vigilando a nuestra invitada. O también puede unirse a ustedes y yo me quedaré aquí velando por ella. —Rápidamente cambió de parecer al recordar que Alastor no parecía particularmente cooperativo o de acuerdo con la presencia de la chica malherida.

Sin borrar la sonrisa, él se acercó hacia Charlie y la atrajo para envolverla en un certero abrazo por los hombros, ignorando las miradas de los presentes.

—No, no, no, yo me quedaré velando a nuestra inesperada invitada y tú, cariño, puedes ir a descansar o unirte a Niffty y los demás en la cocina. —él propuso con toda la intención de sacar a Charlie de esa habitación.

—No lo sé, Al…

—¡Tonterías! No tienes nada de qué preocuparte mi amor… ve con esos neófitos a la cocina, no me comeré a esta criatura si es lo que te preocupa. —quiso darle ese toque de broma a la última frase, pero por la expresión de Charlie supo que de una u otra manera ella estaba considerando ahora esa opción. ¡ja! Ella era tan adorable a su parecer.

Charlie vaciló ligeramente, tomándose un momento para tomar las palabras de su novio como la broma que se suponía que debía ser. Una ligera risa nerviosa escapó de sus labios después de unos segundos y se dijo que la sola idea era absurda, podía confiar en él.

Con la decisión tomada, la princesa le dio una última mirada a Alastor y le pidió que no dudara en llamarla si la chica despertaba o si alguna complicación surgía. La habitación se vació y el demonio de la radio supo que esta era su oportunidad.


—Sólo estamos tú y yo en esta habitación, puedes dejar de fingir, querida. —Alastor siseó hacia el ángel exorcista que en todo ese tiempo no hizo más que fingir inconsciencia, pero no hubo respuesta de ella. bien, podría jugar un poco si eso era lo que le apetecía—. Qué descortés de tu parte, linda, pero está bien si prefieres esta charla de la manera difícil.

Silencio aún. Vaggatha todavía se encontraba recostada sobre la cama dándole la espalda.

Oh, él reconoció que esto era un poco desesperante y molesto. Sin otra palabra de por medio y dejando esa fachada de caballero, con un simple movimiento de su mano enguantada, Alastor invocó a uno de sus tentáculos para sacar al ángel caído de la cama cuando éste se enrolló y la aprisionó del tobillo y posteriormente la arrojó con brusquedad al frío suelo de mármol de la habitación. Un chillido de dolor no se hizo esperar y él se sirvió satisfactoriamente de ese sonido para aplacar brevemente su molestia por el insulto de su anterior descortesía al ignorarlo adrede.

Una mueca se instaló en el semblante de Vaggie ante el dolor que invadía cada parte de su ser, pero siguiendo su instinto de supervivencia trató de ignorar el malestar y encarar al demonio que tenía frente a ella. Ella lo reconoció casi al instante, el mismo demonio que Lute alguna vez se empecinó en aniquilar pero que por un descuido suyo logró escapar de las garras de su comandante… el mismo por el que se ganó un doloroso escarmiento que la dejó fuera de servicio por un par de semanas.

—Radio Demon. —Vaggie dejó escapar en un tembloroso susurro.

—Veo que me recuerdas —la sonrisa de Alastor sólo creció al ver la expresión en el rostro del ahora indefenso y patético exorcista—. Qué pequeño es el infierno ¿No lo crees, querida? —él se burló—. Aunque ahora creo que los papales se han invertido… qué gracioso.

Vaggie apretó brevemente los labios ante su comentario, a estas alturas suponía que ese infame demonio ya sabía lo que estaba pasando con ella, después de todo, la ausencia de sus alas y su deplorable estado eran las señales contundentes de su actual condición.

Un ángel caído, eso es lo que era ahora.

Lute la había desterrado cruelmente de su estatus cuando ella se negó a asesinar a uno de los demonios de Canibal Town… un niño nada menos. ¿Cómo podía ella cometer tal barbaridad? Aún si ante los ojos del cielo representaba a una amenaza potencial, todavía se trataba de un alma… todas sus víctimas a lo largo de esos años lo eran y ella, tan cegada por las órdenes y el peso de Lute y Adán a cuestas no se detuvo a pensar en eso.

La compasión por esas almas fue su ruina y su caída, una muestra de debilidad ante los ojos de sus superiores y algo intolerable para el cielo.

El reconocimiento brilló en los ojos del demonio de la radio con peligrosa amenaza, él lo sabía y ella estaba indefensa ante este monstruo. Como un vago instinto, Vaggie palpó el suelo en busca de algo, pero no lo encontró.

—¿Buscas esto? —Alastor resopló y segundos después su espesa sombra negra se materializó junto a él para entregarle algo en sus manos, y una vez que el demonio tuvo el objeto la sombra desapareció de nuevo—. Espero no te moleste que la tomara, la encontramos tirada muy cerca de donde estabas y fue una suerte que no cayera en manos equivocadas. —su sonrisa creció con descaro y diversión.

El tráfico ilegal de armas celestiales iba en aumento y Carmilla Carmine era la cabeza principal detrás del turbulento y exclusivo negocio, los exterminadores eran tan tontos y descuidados al dejar sus letales armas en el infierno después de la constante masacre y Carmine vio en ese error una posibilidad. A lo largo de todos esos años la Overlord consiguió monopolizar la recolección de esas armas y generar una red de negocios a lo largo de los nueve círculos sólo con compradores potenciales.

La cruda emoción de lo que le esperaba la abrumó, sabía lo que él iba a hacer con ella.

—Si vas a matarme sólo hazlo de una vez. —era todo, de nada serviría pelear y mucho menos en su deplorable estado, pues sabía que no podría escapar.

Vaggie aún estaba confundida o al menos no sabía cómo tomar la aparente "hospitalidad" de los demonios que la llevaron a ese desconocido lugar, pero de algo estaba absolutamente segura y eso era que el tipo que tenía frente a ella era de cuidado y un despiadado asesino.

Alastor soltó una siniestra y divertida carcajada por la lastimera actitud del ángel, había esperado un poco más de lucha de su parte y no esa patética resignación. Bueno, al menos sabía que lo que tenía en mente no sería tan difícil.

—Oh, querida… si hubiera querido matarte —él se acercó a ella y se inclinó peligrosamente hacia su rostro cambiando su semblante pacífico a uno más aterrador en su forma más demoníaca—. Créeme que ya lo habría hecho.

Vaggie repudió casi de inmediato esa cercanía y se alejó de él con evidente desagrado y una pizca minúscula de ¿Temor? Con dificultad logró ponerse de pie y sostenerse firmemente en la cama para evitar volver a caer. Alastor por su parte regresó a su forma convencional y se apartó sólo un paso de ella, desapareciendo el arma celestial en su sombra.

—No voy a matarte, al menos no, todavía —su sonrisa se ensanchó ante la amenaza que flotó en el aire—. Y me ofende que pienses eso, después de todo, esto es como una especie de agradecimiento por ayudarme a escapar de esa perra loca en esa ocasión —el demonio se justificó mientras se alejaba paseando por la habitación—. Más bien, tengo un trato para tí.

Vaggie lo miró con incredulidad y duda por lo que acaba de decir o más bien proponer. ¿Un trato? El demonio de la radio estaba ofreciéndole un jodido trato. Eso no tenía ni un gramo de sentido.

—Yo nunca haría un trato con un demonio. —espetó ella con tal convicción o al menos la poca que le quedaba.

—Es una lástima, ese trato pudo haberte salvado la vida y verás… nos hubiera beneficiado a ambas partes, dándote incluso una oportunidad para vengarte de aquellos que te desterraron.

La última frase en el discurso de Alastor logró llamar la atención de Vaggie, cuestionándose internamente a qué se refería exactamente con eso. ¿Oportunidad de venganza hacia quienes la desterraron? La imagen de Lute y Adán vinieron a la mente del ángel en ese instante, si bien fue Lute quien le arrancó las alas y la desterró, Adán en ningún momento se opuso a la decisión de su comandante e incluso pareció disfrutar cuando esa perra sanguinaria le sacó el ojo. Ambos eran unos bastardos cegados por el poder y que disfrutaban del sufrimiento de sus víctimas.

—¿A qué te refieres? —ella quiso saber, hubo algo en esa oferta que comenzaba a intrigarle, las palabras del demonio de la radio parecían significar más de lo que querían dar a entender.

No podía saberlo con exactitud, pero era como si él supiera algo más, de hecho, Vaggie recordó ese breve encuentro del pasado cuando Lute lo tenía acorralado y ella le cuestionó a su comandante su deliberado actuar; Lute simplemente se escudó bajo la excusa de su deber divino más nunca le dio una explicación o respuesta genuina tras esa masacre que como Adán y ella afirmaban, venía desde los altos mandos por órdenes absolutas de Sera… incluso de… Dios.

—Te dejo vivir a cambio de cierta información… Ese es el trato, querida —Alastor se acercó nuevamente a ella dejando la oferta muy en claro.

Información ¿Qué clase de información? Y lo más importante ¿Para qué quería el demonio de la radio esa información? ¿Qué estaba tramando? ¿Podría confiar en él?... Esa avalancha de preguntas invadió y sofocó a Vaggie en ese instante. No le temía a la muerte, pero la intriga comenzó a instalarse poco a poco en su ser y a calar hondo en su mente, entonces una nueva cuestión se hizo presente y con más peso que las anteriores.

—Si hago el trato contigo, entonces ¿Tendré que darte mi alma? —Lo perturbador de la premisa debió mostrarse en su rostro en ese momento porque eso sólo alimentó la siniestra sonrisa del demonio.

—¡Pero por supuesto! ¿No es ese el encanto de los tratos con los demonios? Los de tu clase deben saberlo mejor que nadie —Alastor canturreó animosamente su explicación—. Tu alma y tu vida me pertenecerán… permanecerás con vida debido a mi voluntad, querida. Me darás la información que yo necesite y podrás obtener tu venganza cuando el momento llegue.

El significado implícito en las palabras y la sonrisa del demonio hizo que se le revolviera el estómago a Vaggie. Ella lo observó y consideró que a pesar de la naturaleza embaucadora de las criaturas del infierno, él no parecía estar mintiendo, o al menos ella pudo apreciar que había algo de genuino en lo que estaba ofreciéndole… la oportunidad de llegar a la verdad sobre algo y… ¿Venganza?

No, sacudió la cabeza ante ese pensamiento repentino. Vaggie nunca se guió por el instinto del rencor o la venganza como Lute lo hacía, no formaba parte de su naturaleza después de todo.

Pero algo dentro de ella le dijo que había algo más detrás de todo esto, algo que definitivamente quería saber. Siempre lo supo, que nada de eso se sentía bien, a pesar de la aparente perfección y paz utópica algo estaba muy mal en el cielo.

¿Podría ella tomar esta oportunidad para descubrir qué era? ¿Lo haría? ¿Vendería su alma a este demonio para llegar a la verdad? No había seguridad en nada y esa era su única certeza en ese momento y una parte de ella estaba gritando que desistiera de aquella oferta y aceptara la muerte de una vez por todas. Pero, otra parte, la parte que aún seguía herida por su caída le decía que no dejara pasar esta oportunidad.

—¿Qué pasa con los demás? Es obvio que van a asesinarme cuando se enteren que soy un ángel exterminador. —Ese era otro de los inconvenientes.

Esos demonios la habían ayudado y acogido sin saber su verdadera naturaleza, no dudarían en poner fin a su existencia cuando se enteraran de que sus manos estaban manchadas de sangre y que por años fue ella quien contribuyó a dicho genocidio.

—Ellos no tienen porqué saberlo ¿O sí? —el rostro de Alastor se endureció durante un breve instante como una señal de advertencia—. Mi hermoso e inocente corderito no sabe lo que eres, y sin lugar a dudas ella ya te ha aceptado en este lugar, mi amada Charlie tiene este pequeño complejo de benevolencia… y yo no me preocuparía tampoco por los demás.

Aún en su inconsciencia Vaggie pudo constatar dichas palabras, esa chica demonio, la que ella al menos ubicaba como la hija de Lucifer ni siquiera dudó un instante en darle ayuda, y con la influencia de ella, los demás tampoco.

Pero aún así no sabía qué esperar de todo esto.

—Entonces ¿Tenemos un trato? —él extendió su mano hacia Vaggie para instarla a aceptar su oferta.

Y ella lo pensó por un momento más, contemplando cada pro y contra de ese maldito trato, había mucho en juego después de todo.

Tras un segundo que se sintió más como una eternidad, Vaggie tomó al fin su decisión.

—Trato. —ella alcanzó la mano de Alastor para sellar el infernal acuerdo.

La habitación entera se iluminó con un fantasmagórico y espectral destello verdoso proveniente de los símbolos que comenzaron a formarse alrededor de ellos, la mano de Vaggie ardió ligeramente cuando el demonio de la radio realizó un ligero corte en su palma que rápidamente volvió a sellarse, dejando en su piel una cicatriz luminiscente que poco a poco se fue desvaneciendo hasta perderse por completo. Sin embargo, la sensación de ardor permaneció en esa área como un recordatorio de su infame decisión y ahora su destino.

El trato estaba hecho, ahora su alma le pertenecía al Radio Demon.


Husk definitivamente no se había equivocado con ese jodido hijo de puta de Alastor y tampoco con la extraña chica, ninguno de los pareció darse cuenta de su presencia afuera de esa habitación, ni de que ahora sabía sobre el infame contrato que esa pobre tonta hizo con ese monstruo.

¡Un ángel! Una maldita amenaza para sus existencias estaba dentro del hotel. Charlie Morningstar, la autoproclamada salvadora de las almas descarriadas del infierno salvó a una de esas criaturas a las que consideraba unos monstruos sin corazón. Qué ironía. Pero no podía culparla después de todo, ya que ella ignoraba por completo la identidad de esa chica.

Pero no podía justificar al cabrón de Alastor quien supo todo el tiempo de quién se trataba, nada más y nada menos que la misma exterminadora que por desgracia le salvó el trasero en esa ocasión. Husk no pudo más que soltar mil y un blasfemias por la buena suerte (muy mala, pésima suerte para el demonio gato) que le salvó la vida al Demonio de la radio.

Si tan sólo esa exorcista no hubiera intervenido, quizá ahora él y Niffty serían libres de las ataduras de su contrato con Alastor.

Puta suerte de mierda.

Ahora bien, el dilema ahora era si mantener la boca cerrada o contarle a Charlie lo que estaba pasando. Eso no se trataba de términos de lealtad sino de la oportunidad para recuperar su libertad.

Además en el fondo, Husk reconoció que con el tiempo y a pesar de lo molesta que esa chiquilla podría llegar a ser con sus absurdos ideales y optimismo, él llegó a apreciarla un poco.

Nunca estuvo seguro sobre los sentimientos que Alastor decía profesar por ella, pero conociendo a Alastor como lo hacía, Husk sabía que él no amaba a Charlie… el demonio de la radio no podía tener esa capacidad, la de amar a alguien que no fuese él mismo ¡Por favor! Todo era una simple y descarada actuación para sacar provecho de esa pobre criatura necesitada de afecto.

La distancia con Lucifer, la falta de apoyo y credibilidad en su proyecto… Alastor sólo estaba tomando esas inseguridades para acercarse a ella y tenerla en la palma de su mano como el hijo de puta manipulador que era… él podía estar seguro de eso.

No había manera en el infierno que Alastor realmente la amara como decía hacerlo, ella era la única oportunidad que Radio Demon tenía y estaba moviendo sus piezas de ajedrez para obtener lo que quería.

Y ese pensamiento bastó para tomar la decisión de terminar con esa absurda farsa de una vez por todas.

—¿Vas a algún lado, mi querido amigo peludo? —Alastor se materializó de la nada al salir de las sombras del pasillo, obstruyéndole así el paso.

Y la mirada del infame demonio le dió a entender que él sabía todo el tiempo de su presencia.

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N/A:

A final de cuentas y gracias a sus comentarios (de verdad fueron muy lindos y alentadores) decidí continuar con esta historia :3 y bueno también porque una querida amiga mía me lo pidió.

Tengo una breve idea de a dónde va esta historia pero veré cómo avanza, esto después de todo es un "What If" y se puede jugar con muchas posibilidades 7u7, también para reinventar el cómo me hubiera gustado que se desarrollara el Charlastor en la serie (mis sueños Guajiros con la shipp uwu)

No sé cada cuándo habrá actualización pero trataré de no demorar demasiado n.n

Y de nuevo agradezco a las personitas que le dieron una oportunidad a esta historia y me dejaron saber sus opiniones al respecto, sus comentarios son siempre bienvenidos y eso ayuda muchísimo!

Disculpen los posibles errores ortográficos y de redacción que esto pueda tener 0.0

¡¡Hasta la próxima!!