¡Muy buenas a todos de nuevo!

Sí, vale, dije que subiría bien, sin retrasos ni nada, y ya en el segundo capítulo voy y me retraso, pero me encontraba mal y aunque encendí el ordenador, no quise acercarme a él. Así que antes de que decidáis empezar con la tomatina, os dejo con el segundo capítulo.

DISCLAIMER: Ni Code Lyoko ni Digimon Frontier nos pertenecen a raf-lily o a mí; sólo un % pequeño de personajes que en su momento ya aparecerán y la locura de idea sobre la que tira la historia. Dicho esto, a disfrutar del capi una semana más.


Capítulo 2: Dos grupos unidos

Sin separarse, el grupo siguió a Yumi hasta los ascensores de la derecha de la estación de Shibuya. Las dudas sobre quién estaría detrás de aquellos mensajes que los había llevado hasta allí seguían rondando sus mentes.

—Aquí es —dijo la japonesa —. ¿Ya es seguro hacer caso al mensaje?

—Yo no me fío mucho —dijo Jeremy —. Podría ser… "eso" —añadió mirando de reojo a Emily y Sissi.

—Jeremy, lo desconectamos —dijo rápidamente Aelita —. No hay por qué preocuparse.

—Existían más superordenadores —recordó volteando el rostro para evitar que las dos ajenas a la historia a la que hacía referencia le leyesen los labios.

—Todos eliminados —añadió Aelita —. No hay duda alguna sobre ello.

—Es verdad, Einstein —dijo Odd —. Yo digo que vayamos.

—Estoy con Odd —dijo William.

—Yo siento curiosidad por saber quién nos ha llamado y por qué —dijo Emily.

—Cierto. Si es una broma, voy a decirles cuatro cositas —secundó Sissi.

—¿Adelante pues? —preguntó Ulrich extendiendo una mano hacia el centro del círculo en el que se encontraban. Los demás no tardaron en unírsele, aunque Jeremy dudó un poco.

—Adelante —cedió ante la decisión en los rostros de los demás.

Sin dudarlo, Yumi llamó al ascensor para bajar y, en cuanto sus puertas se abrieron, entraron los ocho junto. La cabina empezó a bajar a un ritmo tranquilo, haciendo que los corazones de todos ellos fuesen acelerándose lentamente, ansiosos por que las puertas se abriesen para descubrir qué les esperaba. Pero el ascensor llegó al final del viaje y no se detuvo; siguió bajando, perdiéndose la luz de los botones en la pared sin numerar, acelerando su ritmo cada vez más, como si los cables que tiraban del cubículo se hubiesen roto y los dejase caer a una fosa profunda.

—¿Qué está pasando? —gritó Sissi, pegándose contra la pared con la mirada hacia el techo.

—No lo sé. ¡Pero esto no para! —gritó Emily.

Cuando todos pensaron que jamás se detendría, el ascensor se detuvo bruscamente, lanzándolos a todos al suelo. las puertas se abrieron como si nada, revelando una estación con techos muy altos. Varias vías ocupaban el espacio circular, pero sólo una contaba con un vehículo estacionado en ella. El grupo tardó varios segundos en abrir los ojos y mirar alrededor.

—¿Estamos vivos? —preguntó Odd, tocándose el cuerpo para asegurarse.

—¡Es algo imposible que hayamos sobrevivido a esto! —chilló Sissi.

—Pues la cabina está perfecta —dijo William, dándole unos golpecitos a la pared del ascensor.

—Como sea, estamos vivos, en la estación indicada —señaló Jeremy.

—¿Y ahora? —preguntó Aelita —. El mensaje decía que subiésemos al tren.

—Pues vamos. ¡Aún se nos escapará! —gritó Odd, echando a correr.

—¡Espera, hombre! —llamó Ulrich.

—Tan impaciente como siempre —rió Yumi.

—Ahora que lo pienso… ¿Qué pasará con la excursión? —preguntó Emily.

—¿Qué más da eso ahora? ¡Esto es más emocionante y divertido! —exclamó Odd.

—Sal de tus videojuegos —negó Ulrich.

Con calma, y algunas dudas, el grupo subió al tren y se acomodó. Una vez sentados, el vehículo se puso en movimiento, llevando a todos a permanecer en silencio, con la vista puesta en las dos puertas del vagón. Prácticamente todos esperaban la aparición de un revisor, alguien que pidiese un pase o algo por el estilo. Pero lo único que les llegó fue una repentina sacudida que los hizo caer del asiento.

—¿Estáis todos bien? —preguntó Ulrich, intentando levantarse.

Las sacudidas siguieron por varios segundos más. Desde donde estaba, el castaño observó a sus compañeros, comprobando que todos estuviesen bien. Una extraña visión superpuesta a los demás, como un holograma con forma definida, le hizo parpadear varias veces. Supo que no había sido el único en ver aquello cuando tanto Yumi como Aelita le miraron con clara sorpresa en el rostro.

El tren se estabilizó, permitiéndoles a todos levantarse y calmar los nervios de aquel tramo del viaje. Ulrich estaba a punto de preguntarles a las otras dos chicas sobre lo que había visto cuando un fuerte silbido les obligó a taparse los oídos. La velocidad fue descendiendo hasta que el tren llegó a una estación, abriendo las puertas para que los ocho bajasen a tierra firme. Unas extrañas criaturas correteaban por allí, llamando la atención poderosamente y haciendo olvidar al chico la pregunta que quería hacerles a sus compañeros.

—Esto es… ¿Una broma? —preguntó Emily, algo extrañada.

—Sea lo que sea, no me está gustando —murmuró Jeremy. El móvil de Yumi sonó a su lado, indicando un nuevo mensaje.

Buscad a Bokomon y Neemon. Ellos os explicarán la situación.

—Bokomon y Neemon —murmuró William —. ¿Sería sensato preguntarles a esas cosas?

—No nos queda otra —dijo Sissi, andando hacia la más cercana —. ¡Eh, perdona! —una especie de pájaro rosa y azul muy grande se volteó hacia ella —. Oye, ¿nos dices…?

—¡AAAAAAAAAH! —gritó con estrellas en los ojos —. ¡NIÑOS HUMANOS!

Casi sin que ninguno pudiese evitarlo, una marabunta de extrañas criaturas les rodearon. Sin orden alguno, empezaron a preguntarles cosas sin sentido (para los chicos, claro), no dando tiempo a recibir respuesta antes de lanzar la siguiente pregunta.

—¡Ejem! —el corrillo calló y se volteó ante el sonido de una nueva voz —. ¿Se puede saber qué pasa aquí?

Ante la mirada de los ocho jóvenes, el grupo de extrañas criaturas se separó lo justo para crear un pasillito para otra criatura con forma de cerdito blanco vestido con una faja rosa. Tras él, un conejo amarillo de pantalones rojos le seguía con un aire algo despistado.

—¡Oh! Niños humanos… ¿Qué hacéis aquí? —preguntó el cerdito reparando en ellos.

—Bueno… Nos han llegado unos mensajes a los móviles que nos han traído hasta aquí… Ahora nos dicen que busquemos a Bokomon y Neemon —dijo Yumi, alzando su teléfono como intentando dar pruebas de su explicación.

—¿Seguro? —preguntó el de detrás.

Ayúdales. Los guerreros no tardarán en llegar —la extraña voz que habían estado oyendo salió de pronto del móvil de Aelita.

—¡Esa voz es la de la dama Ophanimon! —exclamó el cerdito —. Bueno, siendo así… No hay de qué preocuparse, chicos. Yo soy Bokomon y este de aquí es Neemon.

—¡Bien! ¡Un paso bien dado! —exclamó Sissi.

—Oye, Bokomon —se adelantó Aelita —. ¿Quién es la que nos ha llamado?

—La dama Ophanimon, uno de los tres grandes ángeles digimon —respondió.

—¿Digimon? ¿Qué es eso? —preguntó William perplejo.

—Los digimons somos criaturas hechas de datos digitales que vivimos en el Digimundo. Podéis decir que somos criaturas digitales —dijo Bokomon.

—Ah, como un videojuego —señaló Odd.

—¡Pues claro que no! —regañó el cerdito —. Somos seres vivos, no un videojuego.

—Interesante… —susurró Jeremy sacando su portátil —. ¿Puedes explicárnoslo mejor?

—¡Por supuesto que sí! Pero tendremos que ir a casa. Al fin y al cabo, debemos esperar a los demás —dijo Bokomon —. Vamos, Neemon —llamó. No tardó en voltear la vista al lado para descubrir al otro digimon dormido de pie. Sin aviso, le cogió de la goma del pantalón y lo soltó en un latigazo que despertó al conejo —. ¡Mentecatomon!

—¡Ay, ay, ay! Eres un bruto, Bokomon —lloriqueó Neemon.

—¡Y tú un idiotamon! —chilló —. Perdonadle. Siempre es así —se excusó ante los niños, todos observando con gotas en la cabeza —. Seguidme.

Ambos digimons echaron a andar, dejando atrás la estación y todas las criaturas que ya se reunían y cuchicheaban entre ellas. Varios minutos más tarde, el grupo entero llegó a una zona arbolada. Bokomon se detuvo ante un gran árbol con una puerta esculpida; la abrió e indicó al grupo que pasara al interior. Absolutamente todos se sorprendieron por la confortable casa que se encontraron allí.

—Aún no me habéis dicho quiénes sois —dijo Bokomon, cargando una bandeja con algo para que los chicos comiesen.

—Yo me llamo Jeremy. Ellos son mis amigos Aelita, Odd, Ulrich, Yumi, William, Sissi y Emily —presentó el de gafas —. Estábamos de excursión en Japón cuando nos han llegado los mensajes.

—¿No vivís allí?

—No. Somos franceses —respondió Aelita.

—Oh… Pues no son como los guerreros —murmuró. Antes de que cualquiera de ellos pudiese preguntar por la identidad de aquellos guerreros o cualquier otra cosa, Bokomon dio una sonora palmada —. Bueno, da igual. La dama Ophanimon quiere que os ayude, así que os contaré un poco la historia de este mundo para que entendáis lo que ella os quiera pedir.

Acomodándose en una silla, Bokomon empezó a narrarles lo sucedido desde que empezó la guerra entre digimons de tipo humano y de tipo animal. Esta a punto de iniciar el momento en que Kerpymon se corrompió cuando una voz llamando a gritos en el exterior le hizo guardar silencio.

—¡Bokomon! ¡Neemon! ¿Dónde estáis?

Los ojos del digimon blanco se iluminaron como cargados de miles de estrellas. Olvidándose por completo de los ocho chicos reunidos en la casa, salió corriendo como una exhalación, gritando con gran emoción palabras atropelladamente. Extrañados, el grupo entero le siguió al exterior justo para verle saltar a los brazos de un chico aparentemente de la edad de la mayoría allí reunida. Tras él, otros cinco se acercaban corriendo y riendo. Bokomon iba de uno a otro llorando de alegría mientras Neemon, más lentamente, también se acercaba a saludar.

—No es posible… —susurró de pronto Yumi. Los otros siete volvieron sus miradas a ella cuando empezó a avanzar lentamente —. ¿Kouji? ¿Koichi? —llamó. Dos cabezas se alzaron del otro grupo.

—¿Yumi? —preguntó perplejo el chico con pañoleta.

—¿En serio es Yumi? —preguntó su viva imagen, apartándose lentamente de Neemon.

—¡Chicos! —sin esperar, Yumi echó a correr hacia ellos, atrapándolos en un abrazo que no dudaron en responderle.

—Me parece que nos hemos perdido algo aquí —dijo la chica rubia —. ¿Os conocéis?

—¡Por supuesto! —exclamó Koichi —. ¡Es nuestra prima!

—¿Que sois primos? —preguntó Sissi boquiabierta.

Tras varios minutos hablando animadamente entre ellos, Yumi, Kouji y Koichi se vieron en la obligación de explicar las dudas de sus compañeros, así como presentar a los demás. Bokomon, entre ellos, suspiraba emocionado ante el acontecimiento que estaba sucediendo allí mismo, frente a su casa. El sonido de los móviles obligó a todos a dejar de lado las charlas para atender al nuevo mensaje de la dama Ophanimon.

Chicos, dirigíos a la estación del bosque con Worm. Seraphimon, Kerpymon y yo os estaremos esperando.

—De acuerdo —asintió Takuya con el semblante serio —. Vámonos.

—Eh, eh, espera —llamó Odd, cruzándose en su camino —. ¿Y quién te ha dado a ti el mando?

—¡LA EXPERIENCIA Y LA DAMA OPHANIMON! —ante eso, Odd no pudo responder.

Boqueando como pez fuera del agua, vio pasar al grupo ante él. Sissi empezó a reírse de su cara, haciendo comentarios que llevaron a las risas de todos los demás.

—Vaya sorpresa para Kouji y Koichi encontrarse con su prima aquí, ¿no? —comentó Tommy.

—Hombre, siendo Yumi japonesa, habría visto normal que se encontrase con alguien en el viaje porque su familia vive aquí… Bueno, en Japón —dijo William —. Pero más que sorpresa, yo diría que vaya cosas encontrarte a la familia en otro mundo… Porque creo haber entendido que esto es otro mundo, ¿no? —preguntó.

—Efectivamente, sí señor —asintió Bokomon.

Un Trailmon rojizo se detuvo en la estación, abriendo las puertas para dejar pasar a sus pasajeros. Los cuatro no dudaron ni un segundo en dar un salto para salir de él, respirando el aire del Digimundo con una gran sonrisa en sus rostros.

—¡Hacía tiempo que no lo veíamos! —exclamó un chico de cabellos castaño claro.

—La verdad, está mucho mejor que cuando nos fuimos —reconoció un chico con gafas —. Me pregunto por qué nos han llamado… No pudimos hacer nada la otra vez.

—Cierto —dijo otro chico de cabello castaño, más bajo que el primero —. Tanto decir nosotros que ellos no tenían poder para hacer nada contra enemigos y, al final, éramos unos estorbos para ellos…

—Pues yo desearía volver a ver a Angemon —suspiró la única chica del grupo.

El grupo apretó el paso al grito de Takuya. Al ir en cabeza, fue el primero en doblar la esquina y ver los cuatro que acababan de llegar, aún ignorantes de su presencia allí.

—Pero si… ¿Katsuharu? —llamó Tommy, sorprendido como los otros que les conocían.

—¡Eh! ¡Es Tommy! —señaló Katsuharu, corriendo hacia él. Sus tres acompañantes le siguieron sin dudarlo.

—¿Qué hacéis aquí? —preguntó JP.

—No lo sabemos —respondió la chica alzando su móvil —. La dama Ophanimon nos ha enviado mensajes.

—¿A vosotros también? Qué raro… —comentó Koichi —. Aunque… quizás os ha llamado para ocupar los otros cuatro puestos —dijo, llamando la atención de todos.

—¿Otros cuatro puestos? ¿A qué te refieres? —preguntó el de gafas.

—Los cuatro guerreros que faltan —explicó el gemelo de cabello corto —. Si no es así, no lo entiendo.

—¿Les conocéis? —interrumpió Yumi.

—Ah, perdonad —sonrió Tommy —. Ellos son Katsuharu, Teppei, Teruo y Chiaki —presentó.

—¿A todos vosotros también os ha llamado la dama Ophanimon? —se interesó Chiaki.

—Sí —asintió Takuya —. Aunque a nosotros nos ha llamado usando las palabras "guerreros legendarios".

—Eso da igual ahora —intervino JP, pasando entre todos hacia las vías —. La dama Ophanimon nos lo explicará cuando lleguemos. Y no deberíamos hacerles esperar. ¡Disculpa! Esto…

—Soy Franken. ¿Qué pasa? —preguntó el Trailmon.

—¿Sabes dónde está Worm? Nos ha de llevar a la estación del bosque.

—Ha ido a dar la vuelta —explicó empezando a ponerse en marcha —. Las vías no estaban cambiadas y ha tenido que moverse para que no le arrollase. ¡Enseguida regresará!

Todos se quedaron observando cómo Franken abandonaba la estación, dejándolos allí tirados sin más. Para diez, aquello era lo más normal del mundo; para los otros ocho, aquello era algo demasiado surrealista y les creaba ciertas dudas.

—Pues nada, a esperar —suspiró Takuya —. ¿Alguien cuenta una historia con la que pasar el tiempo? Si tenemos que esperar a Worm…

—Yo les he estado explicando la historia del Digimundo a estos niños —dijo Bokomon señalando al grupo que había acogido —. Pero no sé nada de ellos…

—Ah, no hay nada interesante en nosotros —sonrió forzadamente Odd.

—¡Venga ya! Todos estamos en el mismo bando —sonrió Teppei.

—En nuestro caso, sabemos por lo que ellos han pasado —dijo Teruo señalando a Takuya —. Y nosotros hemos vivido bastante aquí como para saber también cosas. Pero vosotros sois desconocidos.

—Y si la dama Ophanimon os ha llamado, algún motivo ha de tener. Algo tenéis que os hace interesantes —añadió Koichi.

—Bueno… quizás sea aquello —aventuró Aelita, mirando a Jeremy con temor de hablar de más.

—¿Aquello? ¿De qué hablas? —preguntó Sissi.

—¿Es que no habéis estado juntos vosotros tampoco? —se extrañó Kouji.

—En realidad… Sissi y Emily no saben nada —confesó Yumi, dudando al hablar. Era como si temiese decir algo demasiado importante.

—Tranquilos, podéis contarlo. Sabemos guardar un secreto —guiñó Zoe.

—¿Qué hacemos? —preguntó Ulrich, acercándose a los otros —. ¿Lo decimos?

—Como han dicho, estamos todos en esto —susurro Jeremy —. Y si esta historia es vital para entender qué hacemos aquí…

Los seis guerreros Lyoko se agruparon un par de minutos más, dejando a Sissi y Emily a la espera junto a los otros diez chicos. Cuando al fin se decidieron, Jeremy les reveló el mayor secreto que habían estado guardando durante tanto tiempo. Sissi se sentía satisfecha por, al fin, conocer lo que aquel grupo tramaba siempre; tanto ella como Emily empezaron a entender mejor el comportamiento de los seis durante todo aquél tiempo, los motivos de sus extrañas actuaciones. Para los seis guerreros legendarios y los otros cuatro jóvenes, las palabras XANA, Lyoko, torres, sectores y virtualización sonaban extrañas, pero al mismo tiempo emocionantes.

—Así que ése era vuestro gran secreto —sonrió Sissi al final de la historia —. De ahí que siempre que intentaba haceros algo, vosotros os adelantabais y lo esquivabais, como si conocieseis el futuro… ¡Ya lo habíais vivido todo una vez! Vuestra vuelta al pasado os libraba de cualquier plan que yo tramase.

—Lo sentimos, Sissi, pero seguro que preferirías vivir una segunda oportunidad fallida antes que tener dolor de cabeza por golpes o problemas respiratorios cortesía de un ataque de XANA.

—Igualmente, ¿por qué no lo contasteis? —preguntó Emily.

—¿Cómo les explicas a los mayores que existe un mundo virtual que puede poner en peligro el mundo real en cualquier momento? —respondió William con otra pregunta.

—Así pues —habló JP —, luchasteis por salvar un mundo adentrándoos en él cada vez que ocurría algo.

—Eso mismo —asintió Jeremy —. En mi dormitorio tenía un ordenador con el que vigilaba los movimientos de XANA por Lyoko.

—¿Y Odd y Aelita no son primos? —preguntó Sissi, señalando al par.

—Eso fue una tapadera para poder ocultar la aparición de Aelita, una chica que debería tener 24 años, pero que por haber estado encerrada en un ordenador con un mundo alternativo seguía aparentando 14. Ah, y que su padre era un antiguo profesor del colegio —respondió Ulrich.

—Igual que cuando yo estuve tan raro —alzó la mano William —. En realidad, yo estaba poseído por XANA, encerrado en Lyoko. Para cubrir mi ausencia, Jeremy creó un clon polimórfico con mi apariencia para sustituirme.

—Pues entonces ya sabemos la razón por la que os han llamado —sonrió Takuya.

—¿En serio? —se sorprendió la pelirrosa.

—Vosotros habéis luchado para salvar un mundo. Tenéis experiencia en eso del combate —asintió.

—¿Y qué hay de Emily y yo? Nosotras jamás hemos estado en Loko o Lyko o como se llame —protestó Sissi.

—A mí también me extraña —dijo Yumi —. Bien es cierto que Sissi nos ha espiado en busca de nuestro secreto, pero sin éxito… Y Jeremy no es que tenga experiencia de combate.

—Preguntémosle personalmente a los tres grandes ángeles —propuso Kouji señalando hacia las vías.

Worm, el Trailmon marrón de cuatro ojos, llegó a la estación silbando felizmente. Cuando al fin detuvo su marcha, una gran nube de polvo inundó el andén donde esperaban todos.

—¡Bienvenidos al mundo digital, niños elegidos! —saludó —. Perdonad mi retraso, las vías están muy concurridas y es difícil dar una vuelta rápida. Pero ya estoy listo para llevaros a la estación del bosque.

—¡En marcha pues! —gritó Takuya.

—En serio, ¿tenemos que estar bajo su liderazgo? —preguntó Odd. A su lado, Ulrich se echó a reír.

—¡Nosotros os acompañamos! —chilló Bokomon.

—¿En serio tenemos que ir? —preguntó Neemon.

—Tontomon… Hala, ¡estirón para ti! —dijo tirando fuerte del pantalón. El latigazo resonó por toda la estación —. Yo también quiero saber por qué la dama Ophanimon ha llamado a niños humanos nuevos —explicó.

—Pero Bokomon…

—A demás, si empiezan una nueva aventura… ¡YO QUIERO SER TESTIGO DE ELLA UNA VEZ MÁS! —exclamó con lágrimas en los ojos —. ¡LO ESCRIBIRÉ TODO NUEVAMENTE! ¡UNA NUEVA HISTORIA VA A NACER!

—Otra vez su deber de escribir la historia del Digimundo —rieron Tommy y Katsuharu.

—Aunque… —del rostro de Bokomon desaparecieron todas las lágrimas de golpe, dando paso a una mirada seria —. Me apetece ver a mi hijito-hijita. Quiero saber si se está cuidando, si come bien…

—¡Bokomon, que tu hijito-hijita es demasiado mayor para que le vayas gritando "papa-mamá te cuidará"! —exclamó Zoe ante el comentario tan "materno" del de faja.

Con las risas de todos y el lloriqueo de Neemon, el grupo entero montó en Worm y se acomodaron en los asientos a la espera de alcanzar la estación de los bosques nuevamente para reunirse con quienes ya esperaban.