¡Aloha, mi gente! ¡Actualización puntual! Porque hoy sí tengo tiempo, básicamente...
Bueno, me alegra decir que aquí va el primer cambio significativo del lavado de cara de la historia. No es que sea la octava maravilla, pero espero que os guste y lo aceptéis como hicisteis con su "hermano mayor" en su momento.
¡DISCLAIMER! Porque aunque sea agotador, se ha de decir... De todo lo que estáis leyendo, sólo nos pertenece la idea loca por la que gira la historia y Kitsumon (y podría decirse que sólo el nombre, porque es una Renamon en tío y algo más grande...). Code Lyoko es de MoonScoop y Digimon Frontier es de Toei.
Capítulo 4: La aventura comienza
Renamon permanecía de pie, totalmente tranquila, como si no estuviese ocurriendo nada, junto a Kitsumon. El zorro rojo observaba detenidamente al frente a Yumi y Ulrich, estudiándolos atentamente.
—A ver qué tal lo hacen. Podremos aprender mucho de vosotros viendo cómo os movéis en una pelea —comentó Takuya.
—Ay, madre… ¿Es seguro que peleen? Quiero decir, nadie acabará desapareciendo en algún momento por derrota, ¿no? —se preocupó Jeremy.
—¿Desapareciendo? No, esto es diferente a Lyoko —negó Kouji.
—Como mucho, agotarán energías y acabarán tirados en el suelo —agregó Koichi.
—Eso tranquiliza mucho —ironizó Odd.
—Renamon y Kitsumon pertenecen a una clase de digimons muy orgullosos. Aun así, no atacarán a quien no pueda defenderse. Podéis estar tranquilos, si alguno de los dos pierde o se rinde, no le atacarán —dijo Patamon, acomodado sobre la cabeza de Kouji.
—¿Estáis preparados los cuatro? —preguntó Salamon, agitando una pata en brazos de Zoe.
—Por supuesto —asintió Kitsumon. Tanto él como Renamon adoptaron posiciones de ataque.
—Cuanto antes empecemos, antes acabaremos —dijo Yumi, también preparándose a la vez que Ulrich.
—Sabéis de sobras las reglas, así que… ¡Que empiece el combate! —exclamó Lopmon, agarrándose con las orejas a los hombros de Takuya mientras alzaba los dos puños al aire.
Al instante, Renamon desapareció del lugar mientras Kitsumon se lanzó en carrera contra los dos humanos. Sin esperárselo, Yumi se encontró a la digimon amarilla ante ella; con un único golpe en el pecho, la chica fue lanzada hacia atrás directa a una roca. Ulrich se encontró en un instante con Renamon a su lado y Kitsumon acercándose peligrosamente a él dispuesto a atacarle con todo cuanto tenía.
—Demasiado sencillo. Incluso aburrido —dijo Renamon, volteándose hacia Ulrich lista para entorpecerle.
No hubo dado ni dos pasos cuando algo golpeó su espalda. Sobresaltada, se giró para ver a Yumi recuperando dos abanicos bumerán. De una patada, Kitsumon apartó a Ulrich y volvió también la mirada hacia la otra chica.
—Se acabó el calentamiento. ¿Qué tal si pasamos a la diversión? —preguntó Yumi.
—Wow, está como si nada —señaló Katsuharu.
—Me da que Renamon se ha contenido un poco. ¡Menudo error! —se burló Odd.
—Es posible, sí. Al fin y al cabo, no conoce a su rival. Y tampoco es que busquen eliminarles —añadió Aelita.
—¿Y qué hay de Kitsumon? —señaló Jeremy.
—Renamon y Kitsumon tienen bases de ataque idénticas. Es posible que él haya preferido lanzarse de forma visible en vez de ir tan rápido como Renamon —dijo Lopmon.
—¡Vamos! ¡Bajadles los humos! —animó Emily.
—¡Demostrad lo que sabéis! —animó también Aelita.
—¡Yumi, ni se te ocurra dejarte ganar! —chilló Sissi.
—¿Desde cuándo ese afán por animar a Yumi? —preguntó William con diversión.
Ante el cambio de los acontecimientos, Renamon se volvió hacia Kitsumon; unos segundos después, ambos desaparecieron de sus posiciones. Los dos humanos caminaron cuidadosamente, vigilando todos los ángulos a su alrededor, mientras se acercaban dispuestos a quedar espalda contra espalda, pero los dos digimons aparecieron antes que eso pudiese pasar, golpeando velozmente e impidiendo el apoyo mutuo.
El tiempo pasaba terriblemente lento para todos, pero más para los cuatro combatientes, que no cesaron de lanzar golpes y esquivar ataques en todo momento.
—Yumi, tengo una idea. Apártalos —pidió Ulrich.
Sin perder ni un segundo, la chica lanzó ambos abanicos contra los digimons, obligándoles a retroceder.
—¡Triplicar!
—¡Hey! Eso mola —señaló Teppei ante la aparición de dos Ulrich más junto al original.
—Es una de las técnicas de Ulrich en Lyoko. Creo que no necesita explicación, ¿no? —comentó Jeremy.
Varios movimientos más tarde, Yumi logró juntar ambos zorros en un mismo punto. Sin dudarlo, Ulrich se lanzó hacia ellos. Los digimons observaron alrededor, siendo rápidamente distraídos por los abanicos de Yumi. Renamon logró saltarlo, esquivando al mismo tiempo a los tres Ulrich, pero Kitsumon no tuvo la misma suerte. Tras echarse a un lado para esquivar el arma voladora de la chica, se encontró prácticamente rodeado por el otro chico, que parecía correr en triángulo a su alrededor. Obligado a agacharse por otro abanico sobrevolando demasiado cerca de su cabeza, Kitsumon no pudo evitar el ataque de Ulrich.
—Uno menos —sonrió el chico cuando el zorro quedó tirado en el suelo.
—¡Koyosetsu! —gritó por encima suyo Renamon.
El samurai alzó la vista para encontrarse con la digimon ante la que flotaban un centenar de pequeños cristalitos brillantes. Sin tiempo a reacción, lanzó el ataque contra él.
—¡Cuidado, Ulrich! —chillaron algunos.
—¡Sal de ahí! —gritó Odd, tentado de saltar al campo de batalla y ayudar con su escudo.
Ante la visión de todos los cristales encima, Ulrich se cubrió el rostro con un brazo y cerró los ojos, listo para recibir aquel golpe y preguntándose cómo sería recibir tal ataque. No pasó nada. Poco a poco, abrió los ojos para encontrarse con los pequeños cristales inmóviles a escasos centímetros de él, con la diferencia que ahora tenían un aura rojiza. Automáticamente, se volvió hacia Yumi, comprendiendo lo que había pasado.
—¿Es normal que el ataque se detenga así? —preguntó Zoe.
—No. Ha sido cosa de Yumi —respondió William.
—¿Yumi? —preguntaron los que desconocían ese truco. Tanto Kouji como Koichi voltearon la vista para ver a su prima.
Desde su posición algo retirada, Yumi estaba rodeada por un aura blanca y rosada. Tenía un brazo extendido con la palma estirada hacia los cristales y parecía estar concentrándose con fuerza. Por varios segundos, nada cambió; a un gesto de su mano, los cristales volvieron a moverse, esta vez directos hacia Renamon. La digimon se encogió y cubrió con los brazos antes de recibir el impacto de su propio ataque y caer al suelo.
—Se acabó —suspiró Ulrich.
—Sí, eso parece —asintió Yumi, resoplando cansada.
Por desgracia, ambos digimons volvieron a ponerse en pie. Ulrich se alejó rápidamente del que tenía más cerca, retrasándose hasta quedar junto a Yumi. Sin embargo, los dos digimons simplemente sonrieron y alzaron los brazos en rendición. Los dos humanos se alegraron, agradecidos de que todo hubiese acabado. La chica fue la primera en caer inconsciente al suelo; Ulrich no tardó en dejarse caer.
—¡Chicos! —gritó Aelita. No tardaron en correr hacia ellos.
—Parece que necesitarán un buen descanso.
Cuando Ulrich despertó, no le sorprendió encontrarse tumbado en una cama con su aspecto normal. Miró alrededor en la habitación, encontrándola vacía.
—¿Ya despertaste? —preguntó una voz cerca.
Bajó la mirada justo para toparse con un pequeño digimon rojizo que recordaba a un zorrillo, mirándole con curiosidad y una sonrisilla.
—¿Quién eres tú? —preguntó.
—Soy Kitmon, tu compañero digimon —respondió dando un saltito.
—¿Kitmon? Tenía entendido que era Kitsumon…
—El combate ha sido agotador y he retrocedido a una etapa previa de evolución.
—Entonces… tú eres Kitsumon.
—Sí —respondió saltándole a los brazos —. Has luchado muy bien, de verdad.
—Gracias. Aunque tampoco me lo has puesto fácil —admitió acariciándole.
Aún algo adormecido, se levantó, tomó al digimon en brazos y salió de la habitación. No tardó en localizar a los demás, siguiendo el sonido de sus voces. Casi todo el grupo entero estaba en una sala, sentados alrededor de una enorme mesa llena de comida, supuso cortesía de los tres grandes ángeles, mientras conversaban, principalmente de la peleíta y de los alimentos allí servidos.
—Hey —saludó.
—¡Ulrich! ¿Estás mejor? —preguntó Emily.
—Sí, sí, ya estoy más descansado —aseguró —. ¿Y Yumi?
—Aún duerme —respondió Odd.
—¿Y ese digimon? —señaló Sissi.
—Es Kitmon —presentó Ulrich —. La etapa previa de Kitsumon.
—Hey, ¿cómo es posible que aún esté durmiendo? —preguntó Takuya.
—La telekinesis es bastante agotadora. Normalmente, cuando los chicos se desvirtualizaban por perder los puntos de vida, llegaban agotados. En el caso de Yumi, si había usado la telekinesis, acababa más cansada que los demás. Y era algo que usaba muy a menudo contra los monstruos que esquivaban sus abanicos —explicó Jeremy.
—Aun así, es increíble cómo han luchado ambos —dijo Tommy muy animado.
—Es cierto. Yumi es muy ágil y esquivaba bien los ataques de Renamon. Y tú, Ulrich, eres muy rápido, aunque no te sabría decir el nivel —dijo Zoe —. Jamás habíamos visto pelear humanos.
—¿Y vosotros? —preguntó Jeremy.
—Nosotros nos convertimos en digimons —respondió JP —. Luchamos con ataques propios de un digimon.
—Pero a veces, cuando la situación es desesperada, se utilizan los puños. El estilo de lucha humano, por así decirlo —continuó Tommy.
—Para nosotros, que usamos la fuerza de los digimons, nos es más cómodo pelear con ataques propios de un digimon. Aunque creo que, de todos nosotros, yo soy la que golpea más como una humana —dijo Zoe, mirando a los otros tres.
—Sí, tienes razón. Pegas muchas patadas —rió Tommy.
—Y también caderazos —rió Takuya con cara maliciosa.
—¡Eh! ¿Estás siendo un pervertido? —le chilló Zoe.
Bastante rato más tarde, la puerta volvió a abrirse, dejando pasar a Aelita, Yumi y los gemelos. El grupo entero se volvió hacia ellos, algunos suspirando aliviados por el aspecto más descansado de la japonesa.
—¡Yumi! ¿Cómo te encuentras? —preguntó Jeremy.
—Bien… supongo. Ya estoy mucho mejor.
—Me alegra que sea así —sonó una voz por detrás de ella. Los que habían estado en la sala observaron la criatura amarilla que saltó hacia la mesa en el punto en que la chica se sentaba, lista para comer.
—¿Quién… eres tú? —preguntó Odd.
—Soy Viximon —saludó la digimon —. Soy la forma in-training de Renamon.
—¿In-training? —preguntó Jeremy.
—Por así decirlo, un nivel inferior al de Renamon —indicó Takuya.
—Así que es como… ¿Kitmon? —preguntó Sissi, señalando al otro zorrillo.
—¡Sí! —exclamó el rojizo, saltando al encuentro de la otra.
—Me lo he pasado genial luchando, Yumi —declaró Viximon —. ¡Te lo digo de verdad! Y he decidido que seremos compañeras.
—Oh, vamos, ¡estaba claro que ibas a aceptar, Viximon! Recuerda que tanto tú como Kitsumon habéis admitido la derrota —señaló Takuya, provocando risas.
—Oye, Yumi, ¿me enseñarás a pelear así? —pidió Tommy.
—¿Eh?
—Yo también quiero esquivar los golpes y ser muy rápido. ¿Me enseñaréis? Por fa, por fa, di que sí —pidió nuevamente.
—Si insistes tanto, no veo por qué no —respondió la joven antes de voltearse hacia Ulrich —. ¿Cómo estás?
—Mejor. ¿Seguro que estás bien?
—Sí, sí… Nunca imaginé que necesitaría dormir medio día para reponerme.
—Esto no es como Lyoko. No bastan unos minutos tras desvirtualizar —comentó Jeremy —. Y tampoco habéis desaparecido por pérdida de puntos o energía…
—Las cosas aquí funcionan diferente —extendió ambas manos Takuya.
—Ya veo… ¿Cuánto has dormido tú, Ulrich?
—Pues… Llevo bastante despierto… Unas horas nada más —respondió.
—Será cosa de haber sido la primera vez —comentó Aelita.
—Como sea, vas a tener que reducir el uso de la telekinesis de ahora en adelante, Yumi —informó Jeremy.
Bokomon gritando cada vez más cerca de donde se encontraban hizo que todos en el salón dejasen de hablar y mirasen por donde llegaba el cerdito blanco.
—¡Chicos, es urgente! —gritó.
—¿Qué ocurre? —preguntó Takuya.
—Los tres grandes ángeles os esperan a todos; los demás ya están allí. ¡Tenéis que ir rápido!
Sin perder el tiempo, el grupo salió del lugar, Yumi y Ulrich cargando en brazos con los dos pequeños digimons, siguiendo las indicaciones de Bokomon hasta una sala en la que, tres años atrás, cinco de los chicos conocieron a Seraphimon.
—¿Pasa algo? —preguntó Takuya en cuanto comprobó que estaban todos allí.
—Chicos, el mal ha vuelto a atacar de nuevo —informó Kerpymon.
—¿El mal? ¿Quién?
—XANA —respondió Ophanimon —. No sabemos exactamente cómo, pero ha llegado a este mundo y se ha apoderado de Lucemon. En estos momentos, está dirigiéndose a este castillo acompañado de un ejército de digimons a sus órdenes.
—¿Qué? —se sobresaltaron todos.
—Está bien. Si ese tal Lucemon está siendo controlado por XANA, le liberamos y listo —dijo Odd.
—No te confíes. Lucemon es perverso y aunque parezca un ángel, no lo es —le detuvo JP —. Liberarle no servirá de nada.
—Bueno, quitando a XANA, se quita la maldad. Al menos, por lo que ellos han contado, así funcionaban las cosas en el pasado —dijo Sissi señalando a los guerreros Lyoko.
—Lucemon es un digimon malvado. Hay que eliminarlo —sentenció Kouji.
—Exactamente —apoyó Takuya —. No perdamos el tiempo y vayamos a por él antes que se haga con este lugar.
—Takuya, no conoces el poder del enemigo —alzó una mano Ophanimon —. Os daremos tiempo para que marchéis. Xana-Lucemon aún no sabe que estáis aquí, lo que resulta una ventaja para vosoros.
—¡Pero no podemos dejaros solos aquí contra ellos! —exclamó Teppei.
—No estamos solos. Los Caballeros Reales nos esperan para luchar, así como todo un grupo de digimons dispuestos a frenarles los pies cuanto sea necesario —dijo Kerpymon.
—¿Incluso LordKnightmon y Dynasmon? —preguntó incrédula Zoe.
—Recibieron su castigo en su momento y, al renacer, recapacitaron. A demás, no son los únicos que existen —dijo Seraphimon —. Marchad y entrenaos. No os hemos llamado para haceros saltar a una gran batalla sin preparación ni sin saber cómo moveros.
—Está bien —dijo Takuya, apretando los puños con rabia —. Nos marcharemos. Pero tened por seguro que no descansaremos hasta devolver la paz al Digimundo.
Socerymon, Wizardmon y Witchmon llevaron a los chicos por un túnel subterráneo hasta la estación. Allí, se despidieron de ellos y, dando media vuelta, regresaron hacia el castillo dispuestos a unirse al ejército que empezaba a verse movilizándose para luchar contra Xana-Lucemon.
Una hora más tarde, el grupo decidió detenerse en un pequeño bosque para recuperar el aliento.
—Rayos, teníamos que habernos quedado a luchar —dijo Takuya dando un puñetazo a un árbol —. Al menos, nosotros seis.
—¿Y dejar que los demás marchasen por su cuenta, con el riesgo de ser atrapados sin posibilidad de defenderse porque no saben? —negó Zoe.
—Es cierto. Lo que debemos hacer es mejorar, volvernos más fuertes —dijo Aelita —. No deberíamos desperdiciar la oportunidad que nos están dando los ángeles y todos los demás.
—Aelita tiene razón —señaló Koichi.
—Nos esforzaremos para mejorar y acabar con Xana-Lucemon —dijo William.
—¡Y yo podré escribir esta nueva historia del Digimundo! —exclamó Bokomon, extrayendo un libro de su faja y empezando a anotar en la primera página.
—Venga, pongámonos en marcha.
