¡Yoh! Kaotik de vuelta agitando bandera blanca (por si acaso). He estado trabajando, no he encontrado ningún hueco para avisaros y cuando lo he tenido, mi ordenador me ha boicoteado. Pero no pasa nada, aquí estoy de nuevo con un capítulo más.
Bueno, el disclaimer de toda la vida: Code Lyoko, Digimon Frontier y sus personajes no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. Lo único que se libra es la idea y algún que otro digimon que no os suene de nada (aka Kitsumon). Si alguien aún no lo tiene claro, sólo tiene que buscar en google a ver qué encuentra; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (y me encargaré de echarle un ojo para reconfirmároslo).
Dicho eso, disfrutad del capítulo y dejad review. Cada palabra bonita le levanta el ánimo a raf-lily más de lo que imagináis ;)
Capítulo 5: La primera noche
Dejando atrás los bosques, los elegidos empezaron a caminar en dirección a la Rosa de las Estrellas dispuestos a llegar cuanto antes para solucionar el problema y derrotar a Xana-Lucemon de una vez por todas. Mientras la gran mayoría conversaba tranquilamente entre ellos o con los digimons de la situación en la que se encontraban, Jeremy se interesó más por conocer todo lo que le rodeaba, ayudado por Gaomon y Bokomon, así como la clasificación de los digimons, sus diferentes etapas.
—¿Queda muy lejos de donde estamos esa Rosa de las Estrellas? —preguntó Sissi, empezando a sentirse cansada.
—Bastante. La podrás ver en aquella dirección —señaló Floramon.
—¿Esas nubes raras? —preguntó, entrecerrando los ojos para intentar identificar lo que la digimon señalaba —. No, espera, eso no parecen nubes… ¿Qué es aquello que se acerca volando?
—¡AH! ¡SON EVILMONS! —gritó Bokomon.
—¿Son amigos? —preguntó Odd.
—No. Son digimons malvados a los que les encanta molestar —respondió Labramon.
—¿Y son muy fuertes? —quiso saber Emily.
—Nivel campeón —respondió Mikemon.
—Bueno, entonces tampoco tenemos por qué ir todos a por ellos —dejó ir Takuya, sonriendo al ver a los guerreros de Lyoko tomando posiciones para luchar.
—¿Estás de guasa? ¡Debe haber una veintena! —señaló William.
—¡AH! ¡SON HORRIBLES! —chilló Sissi cuando logró verlos bien.
—Espíritu digital, ¡digievolución! —gritaron Kouji y Zoe.
—¡Kazemon!
—¡Lobomon!
—Guau —susurró Yumi ante las figuras del guerrero de la luz y la guerrera del viento.
—Venga, Gaomon, ayudémosles —dijo Jeremy.
—Dejádnoslo a nosotros dos solos —le detuvo Lobomon.
—¿En serio? ¿Vais a poder vosotros solos con ese montón de bichos? —preguntó Odd.
—¿De verdad no necesitáis ayuda? —añadió Ulrich. La pelea contra Kitsumon, aun sin ser un digimon de nivel campeón, había sido bastante reñida.
—No os preocupéis. Los mandaremos a volar —rió Kazemon.
Con un impulso, el hada digital alzó el vuelo mientras el lobo echó a correr, ambos al encuentro de los Evilmons que no dudaron en lanzarse al ataque. A base de patadas y brisas por parte de Kazemon y golpes de la espada láser de Lobomon, el grupo de Evilmons fue reduciéndose hasta no quedar ninguno. Los guerreros Lyoko no podían hacer otra cosa que mirar asombrados.
—Ha sido demasiado aburrido —dijo Kazemon haciendo aparecer su dispositivo en las manos.
—Tampoco podíamos pedirles algo más emocionante a esos enanos —le respondió Lobomon, imitándola.
En un instante, el digicódigo surgido de aquellas criaturas fue absorbido por ambos D-tectors segundos antes de que el cúmulo de datos los rodearan regresándolos a sus formas humanas.
—Pe… pero…
—Ya, Odd, cierra la boca o te entrarán moscas —se burló Takuya.
—Y… ¿todos lucháis así? —preguntó Yumi cuando alcanzó a Kouji.
—Cada cual con su elemento, pero sí —asintió.
—Y quieres que te enseñe a luchar, Tommy —suspiró volteándose hacia el pequeño del grupo. No tardó en oírse sus risas.
—Nos toca abandonar el camino si queremos avanzar sin peligro —dijo Takuya, mirando alrededor hasta dar con una zona boscosa —. Deberemos vigilar bien por dónde andamos.
—Habló Colón descubriendo las Américas —señaló Odd —. Todo el mundo sabe que es peligroso viajar de noche, especialmente por bosques.
—Odd, por favor, no le provoques. Saldrás perdiendo —pidió Labramon.
—Pero Kiwi, se cree el líder y no ha habido votación alguna que le nombrase así —protestó.
—Él estuvo aquí antes, sabe cómo es el lugar. Por favor, no quiero tener que enfrentarme al guerrero del fuego, de verdad. Y si discutes, saldremos abrasados… Y llámame Labramon. La-bra-mon.
La oscuridad de la noche les atrapó en mitad del bosque. Más agrupados, avanzaron en busca de un claro hasta que un brillo de interferencias en el tronco de los árboles llamó la atención de todos.
—¡Hey! Pero si estamos… —empezó Tommy.
—¡Los televisores! —dijo JP.
—¿Televisores? ¿Creéis que aún estamos a tiempo de ver el concurso que hacen a esta hora? —preguntó Emily.
—No esos televisores —negó Zoe, acercándose rápida a uno y observándolo varios segundos.
—Este es el Bosque de los Televisores. Los troncos reflejan el mundo humano —explicó Kouji.
—¿En serio? —preguntó Aelita, corriendo rápida hacia uno para observar.
—¡Hey! ¡Si son nuestros compañeros! —rió Odd —. Ellos ahí con los profes y nosotros aquí, totalmente libres.
—Pero… Eso es la plaza aquella en la que nos separamos —murmuró William.
—¡Tapirmon! ¿Estás por aquí? —empezó a chillar Takuya.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Jeremy.
—Se habrá dado un golpe en la cabeza.
—Tapirmon es el custodio de este lugar —explicó Tommy —. ¡Tapirmon, somos nosotros! ¡Sal, vamos!
Las tres lunas alzándose iluminaron el lugar, borrando las imágenes de los árboles. El sonido de hojas moviéndose hizo voltear la vista a todos hacia la extraña figura que apareció.
—¿Los guerreros legendarios? ¡Qué sorpresa veros por aquí! —exclamó.
—Hola, Tapirmon, ¿qué tal has estado? —preguntó Takuya.
—Muy bien. No me ha vuelto a ocurrir nada malo desde que Lobomon y Agunimon me salvaron —informó alegre —. Oh, qué descortés… Bienvenidos a todos, soy Tapirmon, el encargado de vigilar este bosque —saludó volviéndose a los desconocidos.
—Un placer conocerte —saludó Jeremy.
—Deberíais deteneros. No es seguro avanzar tan de noche y seguro estáis cansados. ¡Y hambrientos! —dijo dando media vuelta —. Tengo comida de sobras para todos. ¿Alguien me ayuda?
—¡Yo! —alzó la mano Tommy.
—¡Comida! —gritaron Takuya, Odd y Dracomon.
—Os recuerdo que los demás también queremos comer —advirtió Ulrich.
Para cuando Tommy y Tapirmon regresaron, el grupo ya tenía preparada una gran hoguera y el espacio listo para recibir los platos con comida. Los diez herederos de los guerreros legendarios no tardaron en relamerse ante las frutas y verduras que el digimon traía.
—Eso… ¿se come? —preguntó Sissi.
—Absolutamente todo tal cual —asintió Koichi —. Aunque las carnezazas hay que cocinarlas.
—¿Las qué?
—Esto —dijo tomando una y pinchándola en un palo para acercarla al fuego.
—¡Yo os puedo preparar una sopa de pera! —dijo Floramon con una gran sonrisa.
—¿Sopa? ¿De verdad? —la miró Sissi.
—Sí. Es uno de los platos estrella del Pueblo de la Brisa —dijo con orgullo.
—Se puede probar, por no comer solo las piezas tal cual —animó Emily.
—Oh, señor —susurró Zoe, llevándose una mano al rostro al recordar su experiencia.
Ante la mirada de todos, los pétalos sobre su cabeza se abrieron, tomó una pera, se la metió en la cabeza y empezó una especie de danza ritual antes de abocar el líquido en los cuencos que le habían pasado.
—Oh, vaya… Es una forma muy… original… de cocinar —sonrió Aelita.
—¡Comida, comida! —se alegró Dracomon intentando alcanzar otro plato.
—Eh, quédate tranquilo, por favor —pidió William.
—¡Al ataque! ¡Puaj! Esto es asqueroso —dijo Odd tras pegar un bocado a una carnezaza cruda.
—Idiota, han de cocinarse primero —rió Takuya atacando una col —. ¡Pizza!
—Eh, no se vale, ¡yo quiero eso! ¡Trae! —saltó Odd.
—¡Es mío!
—¡Comida! —se unió Dracomon.
—Madre mía, qué trío —suspiró Teppei.
—¡Parad ya o dejáis de cenar! —amenazó Katsuharu… pero le ignoraron.
—¡Dejadme! ¡Esta es mi pizza-col! —gritó Takuya, luchando para apartar al rubio y al digimon.
—¿Y qué te cuesta compartirla conmigo? ¡Me ha tocado una de espinacas! —protestó Odd.
—¡Yo me como lo que no os guste! —saltó el digimon dragón, atrapando la col de sabor a espinacas y devorándola.
—¡Dracomon, para! —intentó llamarle William, pero el digimon siguió cogiendo comida.
—Se acabó. Espíritu digital, ¡digievolución! ¡Lobomon! —el guerrero de la luz se puso en pie —. Teppei, échame una mano, por favor.
—Claro… Espíritu digital, ¡digievolución! ¡Arbormon! —el de la madera apareció, sorprendiendo a los que no lo habían visto jamás —. ¿Qué quieres hacer?
—Atrapemos primero a Dracomon. William, lo siento, pero te lo robo —dijo Lobomon, atrapando con facilidad al pequeño dragón y empotrándolo con suavidad contra un árbol —. Usa tu poder sobre la madera para retenerle.
—Eso está hecho —respondió el otro. A un gesto suyo, finas pero fuertes ramas empezaron a rodear a Dracomon hasta mantenerlo firme contra el tronco.
—Uno menos. Ahora… a por aquellos. ¡Se acabó la hora de juegos! —sentenció Lobomon. Sin aviso, atrapó a Takuya por debajo de los brazos, dejando a Odd en manos de Arbormon.
—¡Lobomon! ¡Suéltame! —chilló Takuya —. Con que esas tenemos, ¿eh? —sonrió sacando su D-tector.
—Ah, no, nada de eso —negó Lobomon robándole en un visto y no visto el objeto —. No te preocupes, nosotros te lo guardamos —dijo antes de lanzarlo por encima de su hombro directo a las manos de Koichi.
—¡Oye, bicho, déjame ir a comer! —ordenó Odd. El golpe que recibió Takuya al ser empujado contra el árbol le despistó lo suficiente como para que Arbormon le robase su dispositivo digital.
—Los demás también queremos comer —dijo Arbormon. Las ramas atraparon a los dos humanos, reteniéndoles contra los troncos al igual que había pasado con Dracomon —. Si comes tranquilamente, sin prisas, te sentará mejor la comida.
—¿Eh? ¿Y ahora por qué dices eso? —preguntó Odd extañado.
—Manías de Arbormon —respondió Takuya —. ¡Pero que sepas que ésta me la pagas, Lobomon! Atarme a un árbol, quitarme el D-tector, privarme de comer… Y todo junto a este…
—Calla o te pego un balazo en el estómago —amenazó el lobo apuntándole.
—No se vale… ¡Dadnos comida!
—Está bien —asintió Arbormon.
Tras sentarse, tomó una carnezaza y empezó a comérsela. Con la otra mano, tomó una col destrozada y extendió el brazo hacia los tres atados, dejándola a una distancia justa para que los tres pudiesen darle un mordisco pequeño a la pieza.
—¡Es poco! —protestaron los dos humanos.
—Mis tripitas rugen aún… —lloriqueó Dracomon.
—Agradeced que os dejo comer algo, así que nada de protestas —dijo el de la madera.
—Y ahora nosotros también podremos comer tranquilamente —suspiró Yumi.
—Sí, bueno, lo que no ha quedado tocado —dijo Tapirmon —. Permitidme que…
—Da igual —le detuvo Floramon —, comeremos lo que se pueda y, lo que no, podemos guardarlo para puré o sopas durante el viaje.
Por suerte para el grupo, el resto de la comida siguió con calma, con las ocasionales quejas de Takuya, Odd y Dracomon. Casi hasta la hora de dormir, Lobomon y Arbormon no permitieron al trío ser libres de las ataduras. Iban a mandarlos a hacer guardia cuando Tapirmon declaró que se encargaría él de esa misión.
