¡Muy buenos días a todos! Aquí estamos una semana más con un nuevo capítulo de Code Frontier para todos vosotros.

Para todos aquellos que ya conocíais la historia, me gustaría decir que empezamos con unos... ¿dos o tres? Bueno, da igual. El caso es que aquí llega uno de los cambios más notorios que ha sufrido la historia en este lavado de cara. Espero que este nuevo capítulo sea de vuestro agrado y que dejéis en los comentarios vuestra opinión sobre el cambio.

Y a quienes no leyeron la historia antes, también podéis hacer comentario sobre qué os ha parecido el capítulo en sí.

Disclaimer: una vez más, ni Code Lyoko ni Digimon Frontier nos pertenecen (Moonscope y Toei son los culpables de su existencia). La idea loca y un par o tres de personajes sí, pero ya (y cualquier parecido con la obra de otro, es pura coincidencia, os lo aseguro 100%).


Capítulo 7: La primera batalla

—¿Qué demonios es eso? —chilló Sissi —. ¿Por qué sólo nos atacan bichos feos e insectos asquerosos?

—Ay, señor… Ésa es Arukenimon —informó Bokomon. Neemon estaba medio subido a él.

—¡Adelante, mis queridos soldados! ¡Destruidles! —chilló la digimon araña. A su orden, una gran variedad de digimons insecto llenaron el lugar.

—¿Qué demonios es todo esto? —preguntó Jeremy.

—Enemigos —respondió Takuya, D-tector en mano.

—¡Ay, ay, ay! Krabbymon, Honeybeemon, Flymon y Dokugumon… ¡Es todo un ejército de bichos! —exclamó el cerdito blanco.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Neemon.

—Tontomon, hay que luchar —dijo con seriedad —. Y nosotros dos, escondernos y animar. ¡Vamos, chicos! ¡Podéis con ellos!

Uno a uno, los diez guerreros legendarios fueron apareciendo en el claro, avanzándose junto a los digimons de los Lyoko, cuyas vestimentas fueron cambiando conforme activaban sus dispositivos. Los insectos no dudaron en lanzarse contra ellos, provocando fuertes risas en Arukenimon.

—Maldición, son demasiados… Así no lograremos ir en busca de esa mujer araña —dijo Aelita, incapaz de encontrar una forma de atacarle incluso volando.

—Será mejor que dejemos que se ocupen los más rápidos —avisó Yumi abriendo camino para Renamon —. Ulrich, ve tú también.

—De acuerdo. Vamos, Kitsumon —llamó.

—Os echamos una mano —dijo Kazemon.

Yumi parpadeó cuando una figura clara pasó por detrás del hada. Volteándose para observar mejor, descubrió a Lobomon disparando a todo aquel que intentaba cruzarse en el camino de Ulrich y los dos zorros. Pegado a él, Lowemon mantenía a ralla con la lanza.

—Gracias, chicos —sonrió la morena, volviendo a su objetivo.

—¿Pero qué creéis que hacéis, niños tontos? —rió de nuevo Arukenimon —. ¡Jamás podréis conmigo ni con mis refuerzos! —exclamó antes de que varias figuras demasiado veloces la adelantase.

—No… ¡Esto no! —chilló Renamon, deteniéndose completamente en el sitio.

—¿Qué ocurre? —llamó Yumi.

—Son habitantes de la aldea de Renamon —informó Kitsumon —. Podría decirse que son su familia.

—Oh, no… ¡Renamon! —llamó la geisha, pero la digimon no reaccionó.

—¡Vamos, mis queridos, atacadles! ¡Acabad con ellos! —ordenó la mujer araña.

Sin vaciar, aquel grupo de criaturas tan similares a Renamon pero con diferentes coloraciones se lanzó contra el grupo de los elegidos. Una de ellas, aprovechando que Renamon no se movía, adelantó el brazo dispuesta a tomarla del cuello.

—Déjala en paz —gruñó Kitsumon, atrapándola en el aire y lanzándola lejos de la otra.

—Apártate —dijo con la voz rasposa la digimon, poniéndose en pie.

—Eres una de las mayores de la aldea, no deberías haber caído en esta trampa —negó el digimon rojizo —. ¡Despierta!

—¡Da igual lo que intentes, tonto! ¡Nadie te hará caso! ¡El amo tiene el control absoluto sobre ellas! —rió Arukenimon.

—Maldición…

—Si no sirve hablar, habrá que luchar —dijo Lobomon, adelantándose en busca de Arukenimon, pero una de las digimons controladas se le cruzó.

—¡Lobomon! —Lowemon apartó con la lanza a un grupo de Flymons antes de lanzarse en busca de su hermano, pero otro digimon zorro le impidió avanzar.

Poco a poco, todos los que se intentaron acercar a Arukenimon fueron detenidos por los digimons zorros. La digimon araña rió maníacamente, disfrutando del espectáculo que se estaba dando ante ella.

Arrodillada en el suelo, Renamon era incapaz de moverse. Ver a todos aquellos digimons le traía a la mente recuerdos de cuando ella era una pequeña Viximon, correteando por el bosque en el que vivía, librándose de la vigilancia de los mayores para encontrarse con Kitmon, el pequeño digimon al que todos en la aldea ignoraban e incluso rechazaban. Alguna vez había discutido con ellos por ese hecho, como pasó el día que acabó marchando con Kitsumon de la aldea, enfadada porque habían vuelto a culpar al en ese momento recién evolucionado digimon de una desgracia sin fundamentos… Pero jamás imaginó que debería pelear realmente contra ese grupo de digimons de la forma que estaban haciéndolo.

—¡VAS A MORIR! —la voz de Arukenimon la hizo reaccionar.

A varios metros, Kitsumon había logrado alcanzar a la araña, pero era evidente que la digimon tenía ventaja sobre él. De un golpe, derribó al digimon zorro y se preparó para darle el golpe de gracia.

—Ni se te ocurra tocarlo —gruñó Renamon, derribándola y alejándola del otro —. No vas a tocar a nadie más de los míos. ¡Ésta me la vas a pagar! —el digicódigo la cubrió por completo al tiempo que el D-tector de Yumi brillaba con fuerza, llamando la atención de la chica —. ¡Renamon digievoluciona en… Kyubimon! —un gran zorro amarillo de nueve colas apareció ante Arukenimon.

—¡Ja! Aunque hayas evolucionado, no será suficiente para vencerme —señaló Arukenimon, preparándose para lanzarse al combate contra la digimon amarilla.

—¡Yumi! Voy a necesitar tu ayuda —llamó.

—Enseguida, compañera —asintió la geisha. Cubierta por los que peleaban a su alrededor, no tardó en alcanzar a la digimon —. Aquí estoy.

—Vamos allá —indicó Kyubimon, dando un salto —. ¡Koenryu!

Arukenimon se preparó para esquivar la técnica de la digimon zorro, pero dos abanicos, más grandes de lo que había estado viendo hasta ese momento, le cortaron cualquier vía de escape. El ataque la golpeó de lleno con gran fuerza, provocando la aparición de su digicódigo.

—¡Atrapa los datos! —oyó gritar Yumi a sus espaldas.

—Pero… —algo dudosa, corrió al cúmulo de datos y extendió el D-tector —. Espíritu que vives en la oscuridad, la fuerza del zorro sagrado te purificará. ¡Digicódigo, captura!

La silueta de Arukenimon desapareció, dejando en su lugar un digihuevo que se elevó en el cielo, alejándose. Prácticamente todos los digimons de tipo insecto y los monstruos de XANA abandonaron el lugar todo lo rápidos que podían, dejando atrás los digimons zorros, que cayeron al suelo mientras una sombra extraña se separaba de sus cuerpos y desvanecía en el aire.

—¿Qué… qué ha pasado? —preguntó una Renamon en un tono rojo fuego.

—¿Dónde estamos? —preguntó otra, de un tono similar, mirando alrededor.

—¡La aldea! —exclamó un macho, buscando alrededor tan bruscamente que cayó de rodillas mareado.

—Tranquilos —se acercó Yumi, arrodillándose junto a una grisácea y ayudándola a levantarse lentamente.

—Eres… una humana.

Como hipnotizados, los zorros fijaron la vista en los ocho niños humanos y el grupo de digimons que les acompañaban. Un leve brillo obligó a muchos a volver la vista para ver a Kyubimon, agachada junto a Kitsumon.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el zorro rojo, levantándose lentamente con la ayuda de Kyubimon.

—Hemos vencido —respondió la de nueve colas.

—No puede ser… —exclamó uno de los zorros amarillentos.

—¿No es esa la pequeña Viximon? —preguntó otro zorro, de color azulado, levantándose tambaleante.

—¡Sí lo es! —exclamó otra, en un tono verdoso, logrando ponerse en pie y avanzando lentamente.

—¡Espera! —llamó Kyubimon, saltando hacia ella y ofreciéndose para que la otra apoyara el peso.

—Madre mía, ¡qué grande estás, muchacha! —exclamó, aprovechando la proximidad para obligarla a mover la cabeza para verle por todos los ángulos.

Poco a poco, todos los digimons zorro se levantaron y acercaron a Kyubimon, saludándola con cariño y diciéndole mil cosas. Apartado del grupo, Kitsumon se dio la vuelta y caminó hasta el árbol más alejado, siendo rápidamente seguido por Ulrich.

—Hey, ¿qué te ocurre? —preguntó el humano.

—Nada —negó desviando la mirada.

—¿Seguro?

Ulrich no recibió respuesta. Volvió la vista a donde estaba Kyubimon, aún apartada de los demás. La digimon parecía feliz de ver a todos bien, pero al mismo tiempo incómoda.

—Deberías venir a la aldea para que te vea la anciana —comentó uno de los digimons. A los niños ya les costaba saber quién hablaba en aquel grupo.

—Me encantaría, pero tengo una misión —se excusó la digimon, intentando encontrar con la mirada alguien que la ayudase.

Por desgracia para la digimon, Yumi quedaba fuera de su visión, oculta por el mar de pelaje de colores. De entre los guerreros legendarios, atinó a ver alguno en actitud pensativa; esperaba que encontrasen una forma de rescatarla de aquello. Por otro lado, Kitsumon estaba lejos, sin mirarla siquiera.

—Entonces podéis venir todos —convino un digimon de pelaje azul pálido, volteándose hacia los demás —. A la anciana seguro que le gustará conocer a estos humanos.

—Cierto —asintió la verdosa.

—Pero…

—Kyubimon no puede ir con vosotros, chicos —dijo una voz por encima de todos.