¡Aloha!

Primeramente, perdón por haber descuidado un poco las últimas actualizaciones. He estado bastante liada con temas personales que me han robado tiempo y cuando lo he tenido, he priorizado otras cosas más importantes. Pero bueno, creo que vuelvo a tener una temporada tranquila, así que las actualizaciones irán saliendo semanalmente, entre jueves y sábado (el día que mejor me vaya, ese subiré).

Hoy viene otro capítulo con cambios minúsculos. Así que quien ya lo conoce, que refresque un poquitín la memoria y dé su opinión al respeto. Y los que no conocíais la historia, pues a disfrutar de un nuevo capítulo.

DISCLAIMER: en serio, el fic es larguísimo y ahora aún no me importa escribirlo, pero si alguien sigue sin saber que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily y a mí... Y cualquier parecido con la idea/concepto/personaje de X-autor, de primeras recordarles a todos que esta historia existe desde hace unos años, solo que en la cuenta de mi compañera y por temas personales de ambas se dejó de actualizar; y de segundas, no hay robo alguno, simplemente coincidencia de idea. A ese autor, le invito a ponerse en contacto con raf-lily o conmigo para hablar del tema si por un casual ocurriese dicha coincidencia.


Capítulo 10: Código Frontier

Aelita y Lunamon se despidieron de Terriermon en una aldea a lo lejos que el digimon aseguró ser un lugar seguro. Aun con sus palabras, ambas esperaron unos minutos, vigilando el caminar del digimon verdoso, antes de regresar de vuelta al campamento.

—Aelita, ¿podemos desviarnos un poco del camino? —preguntó la coneja.

—¿Ocurre algo?

—Verás, reconozco este lugar de mis paseos por el Digimundo antes de ser llamada por los tres ángeles para conocerte —dijo mirando en una dirección —. Quisiera enseñarte una cosa curiosa.

—¿Una cosa curiosa?

—Sí. Es un edificio que jamás había visto en mi vida. Hay quienes dicen que existen lugares en el Digimundo en los que aparecen cosas del mundo humano. Hasta ahora, todo lo que conocía del mundo humano eran las imágenes que aparecen en los árboles del bosque de televisores. Y ni en ellos he visto lo que quisiera enseñarte.

—Pero...

—No pasa nada, queda cerca del campamento —sonrió la digimon —. Sólo siento curiosidad. Regresaremos enseguida.

—Está bien —aceptó la pelirrosa —. Un vistazo y marchamos con los demás.

Conforme avanzaban, la chica pudo comprobar que, efectivamente, no se estaban desviando mucho del lugar en el que se encontraban los demás. Incluso podía ver la luz que desprendía la hoguera e incluso podría jurar que veía la silueta de alguno de sus compañeros.

—Aquí es —anunció Lunamon.

—¿Aquí? —preguntó Aelita, mirando a la digimon antes de alzar la vista al frente.

—He buscado muchas veces en los televisores, pero no hay nunca nada igual. ¿Qué es? —preguntó, topándose con el rostro cargado de horror de su compañera humana —. ¿Aelita? ¿Qué ocurre?

Lunamon no pudo evitar que la chica empezase a gritar. Su preocupación creció cuando la vio caer de rodillas, llevándose las manos a la cabeza mientras su cuerpo se sacudía presa de un miedo que la digimon no lograba entender.

—¡Aelita! —las voces de los demás llegaron hasta ellas.

—¡Por aquí! —les intentó guiar la digimon.

Pocos segundos después, prácticamente todos estaban allí, algunos más cansados que otros, como Chiaki, Katsuharu, Teppei y Teruo. Jeremy y Yumi fueron los primeros en agacharse junto a Aelita.

—¿Qué ha ocurrido, Aelita? —preguntó el informático.

—Una torre —susurró, señalando temblorosa al frente.

—¿Qué diablos hace esto aquí? —protestó Ulrich, apretando los puños con rabia.

—¿Pasa algo malo con esa torre? —preguntó Teruo.

—Eso es originario de Lyoko —informó William —. Controlándolas, XANA podía lanzar sus ataques a la Tierra, a demás de que en ellas hay una gran cantidad de información que, si os soy sincero, no tengo ni idea de qué es.

—Lo peor de todo es que está activada —informó Odd, señalando hacia lo más alto, al aura rojiza que rodeaba la parte superior de la construcción de XANA.

—¿Activada? ¿Como un aparato que puedes encender y apagar? —preguntó Tommy.

—Sí. XANA la debe de estar utilizando para vete tú a saber qué. Hay que desactivarla cuanto antes —decidió Jeremy.

—Venga, Aelita, ya sabes lo que toca —animó Yumi, ayudándola a levantarse.

—¿Aelita? —preguntó Sissi.

—Ella es la única que puede hacerlo. En Lyoko, nuestra misión era protegerla de XANA y sus monstruos cada vez que se activaba una torre porque ella era la única que podía desactivarla —explicó Odd —. No era difícil, introducir el código y ya, pero esa siempre fue la misión de Aelita.

—La verdad, solía ser algo complicado —comentó Ulrich, mirando alrededor —. Aunque hoy parece demasiado sencillo...

—No perdamos más el tiempo —dijo Aelita, respirando profundamente y alzando la vista. No había acortado ni la mitad del recorrido cuando un disparo a sus pies la hizo retroceder —. Oh, vaya, tenemos compañía.

—¿Qué demonios son esas criaturas? —señaló Teppei.

—Algunos de los monstruos de XANA —informó Jeremy —. Los pequeños son Cucarachas y los cuadrados, Bloques.

—Nombres ingeniosos y facilitos, como a mí me gusta —ironizó Takuya.

—Son bastante sencillos de derrotar. ¿Veis esos ojos? Es el símbolo de XANA y su punto débil. Apuntad a esos ojos y los derrotaréis. Pero tened cuidado: en el caso de los bloques, es el punto desde el que atacan.

—Cuestión de puntería pues —declaró Katsuharu —. ¿Vamos allá?

—¡Espíritu digital, digievolución!

—¡Código digital Lyoko, digievolución!

—Tened todos mucho cuidado. No tengo ni idea de cómo atacarán.

—¿No sabíais todo de ellos? —preguntó Beetlemon.

—Yo siempre estuve ante el monitor del superordenador. Desde allí, vigilaba los puntos de vida de los demás y los de los enemigos, así como los posibles monstruos de refuerzo que pudiesen estar acercándose y desde dónde —respondió el informático —. Como imaginarás, ahora no cuento con ello y no puedo calcular el daño que causan con cada disparo. Así que tened todos mucho cuidado.

Para los guerreros Lyoko, luchar contra aquellos monstruos habría sido sencillo de no ser por la repentina "inteligencia" que mostraban, cubriendo su punto débil de manera más eficaz que en el mundo virtual del superordenador. Para los demás, pelear contra aquellos seres estaba resultando molesto al no tener ni idea siquiera de cómo podrían haber actuado en su mundo original sus rivales.

—Jeremy, ¿qué es eso que se acerca por ahí? —preguntó de pronto Agunimon.

—¡Un Megatanque! ¡Todos cubríos bien!

—Otra currada de nombre —sonrió el de fuego.

—¿Por qué no tiene ojos? —preguntó Kumamon, disparando a la bola oscura que se acercaba rodando sin detenerse.

—¡Está en su interior! —informó Ulrich, acabando con un Bloque y apartándose de la posible trayectoria del Megatanque.

—¿Es que esa cosa se abre? —preguntó Ranamon.

Justo a sus palabras, el monstruo circular se detuvo, surgiendo por su cuerpo una serie de ojos que no tardaron en recibir ataques.

—¡A esos no, bobo! —rió Odd al ver al de fuego disparar sin descanso.

—¡Kazemon, vigila! ¡El láser de un Megatanque es muy poderoso! ¡Apártate rápida!

Kazemon, que se las veía con un grupo de molestas Cucarachas, alzó un poco el vuelo y se volvió para ver cómo el Megatanque abría su cuerpo y disparaba su láser elíptico en su dirección.

—¡Aléjate de aquí ya! —le gritó Lobomon, cruzando sus espadas láser para retener el avance del rayo.

Aunque por varios segundos Lobomon pudo controlar la situación, el empuje del láser del Megatanque era más fuerte, haciéndole maldecir en su interior por estar usando el espíritu digital humano. Antes de que la lanza de Loewemon alcanzase su objetivo, el láser lo echó hacia atrás, enviándolo directo contra la torre.

El golpe en su espalda fue más fuerte de lo esperado. Algo aturdido, se incorporó y llevó la mano a la cabeza, descubriendo que había perdido la transformación. Repentinamente preocupado y asustado, alzó la vista, siendo recibido por una pared circular que le mantenía encerrado sobre una pasarela levemente iluminada. El silencio inundaba el lugar aunque estaba seguro que se encontraba al lado del campo de batalla. Chasqueó la lengua y cogió su D-Tector, dispuesto a digievolucionar otra vez sin éxito.

—Genial, sea lo que sea lo que ha pasado, ha dejado esto fuera de servicio... ¿Pero dónde estoy?

Lentamente, se levantó y caminó hasta el borde de la plataforma para echar un vistazo al fondo. No tardó en alejarse rápidamente, temiendo la caída hacia aquel pozo sin fondo. Viendo imposible inspeccionar la parte inferior, alzó la vista, caminando inconscientemente hacia el centro de la plataforma, hasta topar con otra plataforma por encima.

—¿Y cómo se sube ahí?

Sin bajar la vista, caminó hasta el punto central de la plataforma, con la mente aún trabajando en encontrar una solución a su problema. Un leve tirón en todo su cuerpo le hizo bajar la vista para encontrarse flotando hacia arriba, como si se encontrase en un ascensor pero de paredes invisibles. Pocos segundos después, sus pies tocaron la plataforma superior.

—Vale, no ha estado mal... Estoy arriba. ¿Y ahora qué?

Volvió la vista hacia arriba, encontrando nada por encima suyo. Miró alrededor, a las paredes cargadas de movimiento brillante. Con un par de pasos, se separó del borde y de cualquier posible caída desde aquella altura. Una pantalla azul apareció ante él sin previo aviso. Apoyó la mano, más para comprobar su solidez que por otra cosa, sorprendiéndose cuando, al apartarla, permaneció su huella parpadeando antes de aparecer su nombre en su lugar.

—¿Código? —preguntó al ver aparecer la palabra —. ¿Qué significa esto?

Por varios segundos, Kouji permaneció cruzado de brazos con los ojos cerrados. Recordaba la historia de los guerreros Lyoko casi por completo. Sonrió levemente al dar con el punto exacto en sus recuerdos y extendió la mano, dispuesto a teclear en aquella pantalla la palabra clave, pero su mano se quedó paralizada a medio camino. Una pequeña duda asaltó su mente y le obligó a abandonar su principal idea.

—Allá vamos —se dijo mientras guiaba a sus manos sobre otras letras.

El ruido y un cambio en la atmósfera del lugar fueron suficientes para hacerle mirar alrededor, a la espera del resultado final.

Kazemon había olvidado cómo volar; corría desesperada hacia la torre por cuya pared había desaparecido Lobomon. Muy angustiada, imaginándose escenas horribles derivadas del impacto recibido por el ataque del Megatanque y con el recuerdo de Ancient Irismon aún demasiado fresco en su memoria, se abrió paso en la pelea, ignorando los gritos de advertencia de todos y esquivando ataques que podría recibir casi por milagro. Sus manos tocaron y atravesaron la pared de la torre justo cuando el aura rojiza que la envolvía se apagó.

Los pasos de la guerrera del viento se detuvieron unos segundos al sentir cómo se desvanecía su evolución, volviendo a su indefensa forma humana. Cuando alzó de nuevo la vista, tras comprobar que su dispositivo y los espíritus del viento seguían con ella, lo primero que vio fue a Kouji descendiendo de a saber dónde hacia el centro de la plataforma en la que se encontraba.

—¡Kouji! —gritó, lanzándose sin dudarlo a abrazarlo —. ¿Estás bien? ¿Alguna herida? Oh, menos mal que no te ha pasado nada...

—Tranquila, tranquila —intentó calmarla —. ¿Cómo has entrado aquí?

—No estoy segura —respondió volteándose —. Me lancé por el mismo sitio por el que tú desapareciste y... Aquí estoy.

—Imagino que esa será la salida también. ¿Vamos?

Uno al lado del otro y bien separados del borde, ambos caminaron por el tramo estrecho de la plataforma hasta la pared. Algo dubitativos, siguieron caminando hasta atravesarla de vuelta al exterior. Lo primero que les llamó la atención fue la ausencia de monstruos.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el de la luz.

—¿Cómo que qué ha pasado? La pregunta es ¿qué has hecho? —rebatió Jeremy señalando lo más alto de la torre.

—¿No era rojo antes? —cuestionó Zoe.

—¿Cómo habéis desactivado la torre? —preguntó Odd.

—Ahora vengo —Aelita corrió hacia la torre, atravesándola por el mismo punto por el que Kouji y Zoe habían aparecido.

—Chicos, ¿qué ha pasado en la torre? —preguntó Jeremy, sacando de su bolsa su portátil.

—Era extraño —empezó el chico —. Perdí la digievolución y no pude realizarla de nuevo. Al no ver salida, caminé un poco por esa plataforma.

—¿Has subido a otra plafatorma, varios pisos por encima de la primera?

—¡Sí! Apareció una pantalla, la toqué y salió mi nombre.

—Y supongo que después de eso, te ha pedido un código —dijo el de las gafas.

—Eso mismo.

—¿Qué has escrito?

—Como habéis dicho que esto pertenece a Lyoko, hice memoria sobre lo que nos contasteis. Estaba a punto de escribir "Lyoko", pero al final me he decantado por "Frontier".

—¿Frontier? —se extrañó por detrás Yumi —. Aelita siempre ha escrito "Lyoko" en las torres.

—Y para eliminar los sectores, XANA nos hacía escribir su nombre —recordó William —. No sabía que existiesen más códigos.

—Quizás se deba a que las cosas aquí son diferentes —habló Aelita, saliendo de la torre y caminando hacia Jeremy, dispuesta a quitarle el portátil.

—¿Qué has averiguado allí dentro? —preguntó Lunamon.

—La torre no sólo está desactivada, sino también sellada —respondió.

—¿Sellada? —preguntaron todos.

—XANA no podrá volver a utilizarla nunca más —explicó mientras empezaba a teclear en el portátil —. A demás...

—¿Qué más hay? —preguntó Jeremy.

—Mirad allí arriba —dijo señalando hacia la torre.

—¡El emblema de la luz! —identificó Zoe —. ¿Qué hace ese símbolo en una construcción de XANA?

—Así que ése es su significado —susurró Aelita —. He usado el ordenador de la torre y, curiosamente, ese símbolo estaba en una esquina de la pantalla permanentemente, aunque antes de poder acceder a la información de la misma, han aparecido otros tres símbolos más.

—¿Tres más? —preguntó Ulrich.

—Al parecer, existen cuatro tipos diferentes de llave para sellar las torres de XANA. El símbolo que veis en ésta es una de ellas.

—¿El emblema de Lobomon? —preguntó Kouji, volviéndose hacia la pelirrosa.

—Los otros tres son estos —dijo volteando el portátil para que los demás viesen lo que había dibujado.

—¡Hey! Ese es el de Loewemon. ¡El emblema de la oscuridad! —señaló Koichi.

—¿Y esa luna y la huella? ¿También es algo que os suene a vosotros? —preguntó Sissi.

—Más bien, me recuerdan a Lunamon y a Mikemon —respondió Tommy.

—¡Ay! —el gritito de Dracomon llamó la atención de todos.

—¿Estás bien? —preguntó William, acercándose a él y alzándolo en brazos —. ¿Qué intentabas hacer?

—Quería entrar en la torre, como han hecho ellos. Pero me he chocado —señaló, frotándose la cabeza.

—Quizás al estar sellada no deja entrar a nadie —comentó JP.

—Zoe entró en el momento del cambio y Aelita bastante más tarde —señaló Yumi.

—Nada, esta pared no se puede atravesar —declaró Bokomon, dando golpecitos a la pared mientras Neemon miraba de atravesar por cualquier lado.

—Nosotras tampoco podemos hacer nada —corearon Lunamon y Mikemon, intentando pasar por el mismo sitio que había hecho Aelita.

—Quizás por otro lado... —intentó también Gaomon.

—Quizás Aelita ha tocado algo y ha cerrado la puerta... ¿Es posible? —preguntó Koichi, apoyando la mano. Casi al instante, empezó a ser engullido hacia su interior —. ¡Ayuda!

—¡Te tenemos! —Zoe y Chiaki tiraron de él hasta casi caer los tres al suelo.

—Será que solo los humanos pueden atravesar la pared de la torre. Recordad, en Lyoko los monstruos también se chocaban contra ellas, no podían entrar —dijo Yumi.

—Entonces, la huella y la luna nos señalan a Emily y a mí —finalizó Aelita.

—Por lo que vosotros cuatro desactiváis y selláis torres —señaló Sissi —. Todos los demás, a luchar.

—Eso parece...

—Pues, viendo el panorama, deberíamos seguir avanzando —dijo William —. Dudo que esta sea la única torre que existe en el Digimundo por culpa de XANA...

—He logrado descargar un mapa de la torre y lo he enviado a tu ordenador, Jeremy —informó Aelita —. Hay marcadas algunas torres que parecen conectadas entre sí y a un único punto.

—Gracias. Lo investigaré cuando nos detengamos durante el viaje —aseguró el informático.

—Pues pongámonos en marcha, que nadie va a caminar por nosotros —dejó ir Odd.

—Cierto, aunque... ¿A alguien le apetece ir motorizado? —preguntó con una pícara sonrisa Jeremy mientras pulsaba una tecla en su ordenador.

Unos cuerpos empezaron a digitalizarse ante ellos, atrayendo la atención de todos y provocando grandes sonrisas en los guerreros Lyoko.