¡Saludos a todos!

Tengo la sensación de que, a partir de ahora y hasta nuevo aviso, mi día libre en el trabajo será el martes. Así que, para asegurar que hay capítulo cada semana, las actualizaciones serán ahora los martes (repito, hasta nuevo aviso). Por lo que, sin más, os voy a dejar con la lectura.

DISCLAIMER: Code Lyoko, Digimon Frontier y todo aquello que Moonscope y Toei crearon en ellas no nos pertenece ni a raf-lily ni a mí. Cualquier idea/personaje/cosa original de la historia que coincida con la obra de otra persona, mera coincidencia que estaremos encantadas de comentar con el autor original.

Recordad comentar sobre el capítulo (especialmente aquellos que ya conocíais la historia y ahora os encontráis los cambios). Hacedlo de forma correcta y educada, incluso si la historia os parece un desastre, horrible o algo que no merece la pena leer (que si has llegado hasta aquí, tan poca valía no debe tener).

¡Disfrutad del verano!


Capítulo 22: Enemigo inesperado

Xana-Lucemon estaba realmente enfadado. La fortaleza entera había sufrido los problemas causados por la falta de energía repentina que había atacado el lugar media docena de veces. A gritos, había hecho llamar a todos los soldados disponibles, monstruos y clones incluidos, y les había ordenado salir lo más rápido posible.

—Os arrepentiréis de haberme obligado a sacarle —murmuró —. Estúpidos niñatos de las narices…

Con BlackRanamon a la cabeza, el grupo de clones, digimons fantasmas y un poseído Lobomon avanzó a buen ritmo dispuestos a detener a los niños elegidos.

...

Sin los digimons zorros acompañándoles, el grupo tomó rumbo a la Rosa de las Estrellas, guiados esta vez con un mapa más completo que los dibujos de Bokomon en su libro. Al frente, Koichi llevaba su moto al límite, tomando curvas y esquivando todo cuanto aparecía en su camino de forma vertiginosa y preocupando a todos tras él.

—¡Enemigos a la vista! —exclamó Katsuharu. Sin esperar ni un segundo, sacó su D-Tector y evolucionó a Grumblemon justo cuando, por debajo, Koichi demostraba que su moto aún podía correr más —. ¿Por qué me esperaba que hiciese eso?

—No podemos dejarle atrás —negó Takuya, acelerando el mini.

Uno a uno, todos fueron evolucionando, algunos con más dificultad que otros al hacerlo mientras conducían y sin acompañante que tomase el mando del vehículo. Por delante, Loewemon había frenado su moto y buscaba entre los enemigos figuras nuevas.

—Cubos, Cucarachas, Avispones, Bakemons… —empezó a nombrar Jeremy.

—Unos tipos verdes muy feos… —señaló Sissi.

—Eso son Ogremons —informó Bokomon, sentado en el Kabutanque y con la vista fija en su libro.

—¿Hablas del de las cuchillas o del de garrote? —preguntó Odd.

—Creo que tiene más cara de Ogremon el del garrote —intentó no golpearle Sissi —. El otro ya lo hemos visto con la mujer araña aquella.

—Snimon —nombró el de faja rosa.

—Y también los inagotables clones —finalizó Jeremy —. Más de lo mismo de siempre.

—No veo ningún clon de la oscuridad, aunque todos son oscuros —dijo Dracomon.

—¡Ay, no! —exclamó Labramon.

—¿Qué?

—Pues que será difícil diferenciar a Loewemon de su clon… ¡No podremos ayudarle!

—Sí podréis —habló el guerrero de la oscuridad —. Algo me dice que mi clon será muy identificable.

—¿Será blanco? —preguntó Odd, pero nadie respondió a su pregunta —. Eh, responded…

—Mejor ponte a atacar antes que a tu clon le dé por adelantarse —le golpeó Ulrich al pasar por su lado.

Repartiéndose los digimons y monstruos los que aún no tenían clones, el lugar no tardó en ser destrozado por los ataques de un bando y otro. Kazemon había alzado el vuelo, dispuesta a pelear de nuevo contra su clon, pero para sorpresa suya, su oscura versión no estaba por ningún sitio. Sintiendo la rabia recorriendo sus venas, se volvió en busca de Loewemon, dispuesta a ayudarle y a no separarse de él en todo el combate. También Yumi intentó mantenerse todo lo cerca posible que su clon le permitía del guerrero de la oscuridad. Algo en su primo hacía que la preocupación por Kouji permaneciese en un segundo plano, si bien aún con fuerza e insistencia, para intentar averiguar a qué temía el gemelo que había quedado en el grupo.

...

En lo alto de un árbol apartado, BlackKazemon observaba fijamente al hada de viento y sus movimientos. Junto a ella, Lobomon también observaba al grupo, analizando y estudiando a todos.

—¿Qué te pasa? Creí que tenías ganas de pelear —comentó el lobo después de varios minutos observando.

—Y las tengo.

—¿Pero?

—¿Y si te pasa algo? ¿Y si te hacen daño? —preguntó, encogiéndose en la rama.

—Nada de eso pasará —aseguró volviendo a mirar a los combatientes —. ¿Necesitas una prueba o algo?

—No, pero… —una sonrisa empezó a formarse en sus labios mientras una idea cruzaba su mente.

...

Ranamon también se había extrañado de la ausencia del clon del viento, aunque los continuos ataques de su propio clon la forzaron a centrarse en lo que tenía enfrente.

—¿Quieres una ayudita? —ofreció Beetlemon.

—Encantada —asintió.

La presencia del guerrero del trueno causó problemas al clon del agua. Cada vez que el combate con su igual parecía estar a favor suyo, un rayo del otro la hacía retroceder. Ranamon sonrió ante aquel avance en la pelea, aunque su alegría desapareció al identificar al hada oscura, descendiendo de un árbol.

—¡Kazemon, a tu derecha! —informó.

El hada de viento no tardó en volver la vista para encontrar a su clon. Con más rabia de la que ya cargaba, se lanzó en un vuelo rápido contra ella. Le quedaba un par de metros escasos cuando algo rozó su hombro provocándole una quemazón que la detuvo en sus pasos. Ante ella, BlackKazemon sonrió con suficiencia.

—¿Qué pasa? ¿No te la esperabas? ¡Niña tonta! —rió.

—¿Qué demonios has hecho? —preguntó con una mano al hombro.

—¡Kazemon, al suelo! —gritó Loewemon.

La nota de horror en la voz del guerrero de la oscuridad fue suficiente para Kazemon como para entender la situación. Sin dudarlo, se echó al suelo justo cuando un nuevo disparo pasó por donde había estado su otro brazo. Antes de que pudiese alzarse, Loewemon ya estaba ante ella, con el escudo alzado y la lanza lista en las manos. Algo más segura, Kazemon volvió a ponerse en pie y buscó al clon de la oscuridad. Por desgracia, sus ojos se fijaron en otra figura.

—Estúpido guerrero oscuro… ¡Estás fastidiándolo todo! —protestó el hada negra.

—No pasa nada, BlackKazemon. No podrá protegerla de los siguientes disparos —dijo Lobomon.

—Esto es una broma —intentó decir Kazemon.

—Es un clon —le dijo Loewemon.

—¿Qué os pasa? —preguntó BlackKazemon —. ¿Es que le tenéis miedo? ¡Deberíais, niños tontos! —rió maníacamente —. Lobomon, querido, ¿puedes ocuparte de ese guerrero entrometido?

—Será un placer —respondió el otro. Oscuridad y viento sintieron cómo todo el vello de sus cuerpos se erizaba.

—Es un clon… un clon —intentaba convencerse Loewemon.

No muy lejos, el destello de las espadas láser de Lobomon llamó la atención de Yumi. La geisha estalló en rabia, provocando que sus golpes contra su clon fueran más fuertes y certeros, aunque la Yumi oscura parecía no inmutarse ni estar sufriendo mayores daños.

—¡Ulrich! ¡William! ¡Loewemon necesita vuestra ayuda! —gritó la geisha.

—¿Crees que puedo largarme así de fácil? —preguntó Ulrich.

—Yo me ocuparé de tu clon. Confía en mí —se adelantó Bijugamon.

—¡No puedo dejar a Dracomon enfrentándose a mí mismo! —exclamó William.

—¡Kyubimon, ve tú! —ordenó Yumi. La digimon se lanzó directa contra el clon, derribándolo y apartándolo de William —. ¡Ya estáis libres! ¡Id a ayudar!

Cuando ambos se voltearon para localizar a Loewemon, por poco soltaron sus espadas al ver el rival del guerrero de la oscuridad. Esquivaron varias peleas, inclusive la de las dos hadas, con clara ventaja para la oscura, y cruzaron sus espadas con los sables de Lobomon. El digimon, en cuanto les vio, les dedicó la más siniestra de las sonrisas que ambos recordaron ver jamás.

—¿Acaso mi hermano no es capaz de hacer nada él solo? —preguntó Lobomon.

—¿También habla? —se sorprendió Ulrich.

—Y más cosas —respondió divertido el de la luz.

—¡Deja de burlarte usando el aspecto de mi hermano, XANA! —gritó Loewemon, empujando al lobo con su escudo entre ambos —. Destruiré este clon y todos los que hagas de él… Y después, te destruiré a ti también… ¡No dejaré ni un dato de ti!

—Eso es, hermano, déjate llevar por la ira y la destrucción —dijo Lobomon, sus espadas listas para golpear —. Vuélvete loco de rabia…

—No le sigas el juego a este clon, Loewemon —advirtió Ulrich, reteniendo con sus dos espadas una de las armas del lobo.

—Céntrate o acabaremos muy mal —pidió William al otro lado.

—¡Ilusos! —la risa de BlackKazemon les llegó alta y clara. Ulrich alzó la vista para verla acercarse por la espalda de William —. ¿Sabéis? Me dais pena.

—Estúpida copia barata —murmuró Kazemon, caída en el suelo con bastantes cortes.

—¿Acaso aún no os habéis dado cuenta? —preguntó el hada oscura, viendo los inútiles intentos de Kazemon de volver a ponerse en pie.

—¿De lo pesados que sois los clones? —preguntó Ulrich —. Creía que los que hablabais seríais más entretenidos, pero sois incluso peores.

—Idiotas —rió Lobomon, librándose de los tres y apartándose varios pasos. BlackKazemon voló hasta quedar a su lado.

—Creo que están siendo demasiado molestos, querido. Digievoluciona y acaba con ellos de un golpe —señaló.

—Con mucho gusto —asintió Lobomon.

—No… no puede ser —susurró Ulrich mientras el digicódigo le envolvía.

—¡¿Cómo puede hacer eso?! —preguntó William.

—Porque no estáis enfrentándoos a un clon. ¡Es el auténtico guerrero de la luz! —exclamó alzando los brazos BlackKazemon mientras KendoGarurumon aparecía en el lugar.

—No… Imposible —susurró Kazemon, viendo cómo la bestia de la luz aullaba y se preparaba para golpear a los otros tres.

—¿Hermano? —intentó llamar Loewemon —. ¿Por qué…? ¿Cómo ha ocurrido esto?

—Da igual lo que intentes, no te hará caso —sonrió BlackKazemon antes de dirigir su mirada al hada tirada en el suelo —. ¿Qué te parece? Vais a ser eliminados por alguien que conocéis y queréis… ¡Y cómo lo voy a disfrutar!

Prácticamente todos en el lugar habían dejado de atacar. Aelita, que tenía un campo de energía entre las manos, pasaba la mirada de la bestia de la luz a su clon, detenido en el aire con la vista en ella pero sin atacar. A su alrededor, el resto de clones también habían dejado de atacar a sus muy sorprendidos rivales, aunque sus vistas no se apartaban de ellos. La única cuya mirada seguía la de todos era la de BlackRanamon.

—¡Digievolucionad! —gritó Agunimon, olvidándose por completo de su clon y lanzándose envuelto en un cúmulo de datos contra KendoGarurumon.

—Muy lento —se burló la bestia blanca, esquivando a BurninGreymon con facilidad y arrastrando consigo al hada oscura —. Mantente apartada; esto será peligroso.

—No hace falta que me lo digas dos veces —rió antes de darle un beso que aún erizó más a Loewemon y a Kazemon.

La superioridad de KendoGarurumon fue evidente cuando siete bestias se lanzaron contra él con todo lo que tenían y absolutamente nada le dio. Él, en cambio, sí logró encajar varios golpes en algunos de ellos.

—¿Eso es todo? —preguntó BlackKazemon, cómodamente sentada en un tronco caído —. ¡Qué aburrido!

—Maldita sea… ¿Es que no vamos a poder hacer nada? —preguntó Mercurimon. El hecho de no poder atraer a la bestia de la luz a su interior le había obligado a retroceder de nuevo al cuerpo humano a la espera de ser capaz de aguantar cualquier ataque recibido.

—¡Hay que marchar! —decidió Jeremy.

—¿Retirarnos? —preguntó Odd —. ¡Imposible con él aquí!

—Si tan solo fuéramos más fuertes… —protestó Floramon.

—Si digievolucionáramos, podríamos ayudarles —se unió Labramon.

—Seríamos más fuertes —asintió Dracomon.

—¡Retirada! —repitió Jeremy —. ¡Por el amor del cielo, larguémonos de aquí!

—¿Creéis que podéis escapar así como así? —rió KendoGarurumon.

—¡Loewemon, tienes que luchar! —llamó Gigasmon.

—Vamos, ¡devuélvele la deuda de cuando él te salvó! —intentó incitarle Korikakumon.

—¡Kazemon, muévete! —gritó Calmaramon —. ¡Entre todos, podremos hacerlo!

Los dos guerreros siguieron donde estaban, Loewemon con la vista baja y Kazemon bocabajo en el suelo, hundida física y emocionalmente. BlackKazemon, a poca distancia, sonrió con malicia ante el golpe que su original había recibido.

—¡Láser solar!

—¡Esquivad todos! —ordenó BurninGreymon.

—¡Marchemos de aquí ya! —gritó Aelita. Su clon no se había movido, al igual que el resto de monstruos y digimons de tipo virus —. ¡Es nuestra oportunidad!

—Pero… —empezó MetalKabuterimon.

—¡Escapad como ratas cobardes! —rió el hada oscura —. Pero da igual cuánto corráis… ¡Os atraparemos a todos!

—Está bien. Vámonos —aceptó BurninGreymon —. ¡Desintegrador corona!

—¡Tinta ácida!

—¡Ciclón de hojas!

—¡Destructor de campo!

—Aprovechemos ahora —anunció Mercurimon, lanzándose hacia Kazemon y alzándola.

—Marchemos ahora que podemos —dijo Korikakumon cargando a Loewemon.

Todo lo rápidos que pudieron, el grupo entero se las ingenió para salir de allí. Algunos corriendo y otros aprovechando los guerreros en sus formas bestia para ser usados de transporte, lo que importaba para la gran mayoría era salir de allí antes que KendoGarurumon volviese a atacar. Las risas de BlackKazemon fueron lo último que oyeron de los enemigos.