¡Saludos a todos!
Como creo que ya mencioné, eso del día de fiesta se ha acabado por el momento y nos lo han cambiado por medio día de fiesta que me apetece más pasar durmiendo que otra cosa. Así que no me voy a entretener mucho aquí hoy.
DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí, sólo un puñadito de personajes y la idea loca. Cualquier parecido con la obra de otro, coincidencia que estaremos encantadas de hablar de forma correcta y educada.
Gracias a todos por pasaros y leer. ¡Dejad review!
Capítulo 24: Libre
La noticia que había prácticamente chillado el pequeño V-mon le había enfurecido más que cualquier broma de mal gusto. Tomó sus armas y salió corriendo tras dar una orden que no era capaz de recordar. Otro digimon apareció tras él, esforzándose en seguir su ritmo listo para la acción. Sus oídos captaron ruido débil hacia su derecha; con un gesto, le indicó al otro hacia dónde debía ir.
El corazón le latía con demasiada fuerza, no sabía si por la situación o por estar exigiéndose más y más. Necesitaba ir más rápido, llegar lo antes posible. El ruido de ramas rompiéndose más adelante aún le incitó a correr más veloz. Pronto, al sonido de una voz desagradable se le unió la peor escena que imaginaba. Gruñó al ver el ataque ya en el aire, directo al objetivo. Con más rabia de la que había estado sintiendo por el camino, lanzó ambas espadas al tipo en el aire y corrió hasta interponerse entre el ataque y la víctima sin importarle la fuerza del golpe.
—¡GARURU, NO! —gritó Ancient Irismon. Su máscara medio rota le permitió ver al lobo el horror en su mirada.
—Mi plan ya está en marcha… ¡Volveremos a vernos, Guardianes! —rió la sombra en el aire mientras se alejaba.
—Maldito monstruo…
—Garuru, no tenías que haberlo hecho… —lloró Irismon.
—Debía hacerlo… No podía… dejar que te hi… hiriera, Iris… —dijo antes de ahogarse en su tos.
—¡Garuru! —chilló la digimon, alzando ambos brazos y sosteniéndole.
—Vaya… —su cuerpo empezó a descomponerse en datos mientras una oleada de dolor le sacudió e hizo caer casi sobre la otra.
—No, no, no… No te vayas, Garuru, por favor… —negó en susurros.
—Vuelve con ellos… Ese par… te esperan y… te necesitan…
—¡Tú también vas a volver! —chilló al borde de la histeria.
—No… puedo…
La vista se le nubló, la voz de la digimon le llegó como si estuviese hundido en un tanque de agua. Intuía que ella le estaba tocando, que buscaba retenerle entre sus brazos, pero ya no sentía nada.
...
Kouji despertó de golpe, sobresaltando a los que habían estado a su alrededor. Justo le vino para reconocer como su hermano al bulto que le atrapó en un abrazo asfixiante y que le tiró de nuevo sobre el nido que habían logrado hacer con hojas y algunas chaquetas.
—Jamás, óyeme bien, ¡jamás!, se te ocurra decirle a alguien que te ataque —dijo con rabia Koichi.
—Yo… Lo siento —logró decir.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Yumi.
—Bien… creo —respondió intentando moverse, pero Koichi seguía atrapándolo —. Tengo una laguna mental importante.
—Normal, has estado en cierto modo poseído —sonrió Lopmon a sus pies —. ¿Qué es lo último que recuerdas?
—Con claridad… Nada del presente —respondió con un resoplido —. Todo son imágenes algo distorsionadas y confusas…
—No te preocupes, no hace falta que las recuerdes —le dijo el pequeño digimon.
—¿Tienes fuerzas para moverte, primo? —preguntó Yumi.
—Con Koichi encima, no —dijo mirando de reojo la cabeza pegada a él —. Va, suéltame. Te prometo que no volveré a hacer nada como lo que sea que he hecho…
—Más te vale —respondió liberándole al fin. A Kouji no le pasaron por alto las marcas de cansancio en el rostro de su hermano.
—Por cierto, ¿dónde estamos?
—En un apartado dentro de una gruta creada por Gigasmon —respondió Lopmon —. Era más seguro esperar así que viajar contigo inconsciente.
—Oh, vaya…
Poco a poco, los tres niños y el digimon avanzaron por un pasillo iluminado con pequeños fuegos hasta un espacio más amplio donde esperaban algunos compañeros. Todas las conversaciones se silenciaron en cuanto entraron allí, dando paso a una serie de saludos y miles de preguntas atropelladas que pillaron descolocado al guerrero de la luz. Más aún cuando otro cuerpo chocó con él y amenazó con tirarle.
—¡Por fin has despertado! —exclamó Zoe, encerrándolo en un abrazo idéntico al de Koichi —. Temí haberme pasado… ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? Creo que deberías comer. Ven, debe de quedar algo por aquí… ¿Alguien puede ir a avisar a los demás?
—Zoe, Zoe, cálmate —rió Yumi.
—Es que…
—Estoy bien —dijo Kouji —. Muerto de hambre, pero bien. Lo único que necesito es que me contéis exactamente qué ha pasado porque no lo recuerdo del todo bien.
A más de uno se le escapó una risilla; Sissi y Chiaki lanzaban miradas que a Kouji le parecieron extrañas y preocuparon más de lo que ya estaba. ¿Qué había hecho realmente?
—Te lo puede ir contando Zoe —dijo Yumi —. Koichi, ayúdame a recoger lo que hemos dejado atrás.
—Vale —asintió rápidamente, alzando a Lopmon sobre sus hombros.
—Iré a buscar a los que están rondando, Yumi —dijo Renamon, levantándose de la esquina en la que había permanecido sentada.
—Ánimo con ello.
—Déjame a mí buscar a Odd, Renamon. Fijo él y Takuya están liándola —dijo Sissi, dando media vuelta y saliendo por otro pasillo. Floramon corrió tras ella.
—¡Te acompaño! —exclamó Chiaki —. Seguro te viene muy bien que les dé un remojón.
—Yo iré a avisar a Jeremy de que ya estás despierto, Kouji —dijo Gaomon —. Está con Bokomon enseñándole algo en el portátil… Muy aburrido.
—Nosotras también vamos —se apuntó rápidamente Aelita —. Ya ha pasado bastante rato delante de la pantalla. Es hora de descansar, ¿verdad, Lunamon?
—¡Sí!
—Yo me quedo fuera vigilando la entrada pues —señaló Teppei —. Si necesitáis algo, simplemente golpead la pared. Katsuharu se ha lucido con ese truco.
Demasiado rápido para el gusto de Kouji, la sala se quedó vacía a excepción de él y Zoe. La chica, que había estado fijándose más en lo que cogía que en lo que decían los otros, dejó ante él una cesta con comida y una botella con agua.
—Bueno, pues me tendrás que ir contando tú —se encogió de hombros el chico.
—¿Qué quieres saber primero?
—¿Estás bien? —preguntó tomando una lechuga y comiendo lentamente.
—Sí, claro…
—Lo digo por los… golpes —dijo sin mirarla —. Sé que te he atacado y…
—Te esquivé —interrumpió —. No atacabas igual de rápido que siempre, así que pude esquivarte y no recibir más que roces tontos.
—Pero al final…
—Ésa fue la copia tonta —dijo apretando los puños —. Estúpida tiparraca… No importa —negó rápidamente —. Por suerte o por desgracia, ella decidió que sería mejor que tú fueses mi rival, así que se dedicó a pulular por ahí haciendo el idiota dejándote a ti solo. Gracias al cielo, contaba con la ayuda de tu hermano… Y el escudo de Loewemon va genial, hay que admitirlo.
—Menos mal —suspiró —. Me siento más tranquilo sabiendo eso —asintió tomando la botella de agua —. Sé que hubo un momento en que logré ser medio consciente de lo que hacía, pero no recuerdo cómo lo logré… ¿Sabes algo?
—Eh… bueno… —empezó a balbucear Zoe. Diez segundos después, se tiró de un par de mechones de pelo y obligó a calmarse —. Te besé —dijo sin mirar al chico —. Me fastidiaba un montón que esa Kazemon de mercadillo te tuviese a su lado como un perrito faldero. ¡Por el amor del cielo, no eres un chucho lameculos y ella te trataba casi como a uno! —exclamó —. Daba igual lo que hiciésemos, siempre tenías la guardia alta y estabas pendiente de lo que le pudiese pasar a esa bazofia despreciable que, cuando la pille, se va a quedar calva… —siguió diciendo, dando un puñetazo en la mesa de piedra y sacudiendo la mano por el dolor.
—Me temo que tu relación con tu clon no se me ha olvidado —dijo Kouji sonriendo antes de seguir con su comida.
—Ah, sí… —susurró avergonzada —. El caso es… Por mucho que te atacásemos, tú te cerrabas y bloqueabas todo al instante… Y no queríamos arriesgarnos a que decidieses digievolucionar más, como nos habías demostrado que podías hacer.
—¿He… digievolucionado a Beowolfmon?
—No, sólo a KendoGarurumon —respondió. Kouji suspiró aliviado —. Imaginé que, si de pronto me ponía a atacar a la tonta del bote, lograría despistarte y Loewemon podría atacarte y así fue… Hasta que el clon de Agunimon decidió darte apoyo. Me quedé sola contra ti y yo no podía hacer mucho a corta distancia sin arriesgarme, así que pensé que podría descolocarte de alguna otra forma… Y pensé en besarte. Las veces que hiciese falta —dijo rápidamente —. Me gustas, Kouji… Y me dolía creer que te había perdido para siempre por culpa de un clon.
—Gracias, por hacerme volver —dijo simplemente Kouji.
Zoe volvió a asentir con la vista a sus manos. Se sentía tonta, con unas ganas horribles de llorar por haber confesado sus sentimientos y no haber oído nada por parte de Kouji. Estaba a punto de levantarse cuando sintió que tiraban de su barbilla y la obligaban a alzar la vista sólo para toparse con Kouji a escasos centímetros de ella.
—Te prometo que no volverá a ocurrir nada como esto —dijo antes de besarla.
En el pasillo a espaldas de ambos, Yumi mantenía ambas manos sobre la boca de Koichi, impidiéndole pronunciar sonido alguno. El primero en interrumpir en el lugar fue Lopmon, sólo cuando la geisha le soltó la oreja que le había pisado para retenerle.
—Kouji, tengo una preguntita —dijo frotándose la oreja. Intentó no reír al ver a Zoe apartándose rápidamente del chico —. ¿Cómo sabías qué te pasaba? Por lo que nos contaron a Patamon, a Salamon y a mí los demás, le dijiste a Kazemon que debía atacarte.
—Oh, eso… —dijo adoptando una pose pensativa —. Todo este tiempo, mi mente ha estado como prisionera y ha dejado que el espíritu de Lobomon tomase el control —explicó—. En ningún momento he dedigievolucionado.
—De ahí que no fuese una posesión propiamente dicha —comentó Zoe, intentando calmar su aún permanente sonrojo.
—Hasta que no digievolucioné para intentar escapar, no me di cuenta de la trampa. Había revisado el D-Tector, asegurando que estaban los dos espíritus y que no había problema alguno con evolucionar a Beowolfmon —explicó.
—¿Y no viste nada raro?
—Les pregunté incluso cómo estaban y me aseguraron que estaban bien —se encogió de hombros —. Pero tras evolucionar, me quedé relegado a un segundo plano y la idea de proteger a BlackKazemon era todo cuanto resonaba.
—¡Sabía que era culpa de esa… esa… malnacida! —chilló Zoe, dando otro golpe en la piedra —. Ay…
—Deberías dejar de hacer eso —negó Kouji. Justo en ese momento, Yumi y Koichi decidieron salir de las sombras.
—¿Todo en orden? —preguntó Yumi con una gran sonrisa.
—Estaba explicándole a Lopmon lo que sé de lo que me ha ocurrido —respondió el de la luz. Casi como por arte de magia, todo el mundo empezó a llegar a la gruta.
—¡Kouji! —saludó Patamon, volando hasta su cabeza —. ¿Ya estás mejor?
—Sí, Patamon —asintió dándole unas caricias.
—Nos preocupaste con esos datos raros —dijo Salamon —. Suerte que, al ser de Kazemon, fue sencillo quitártelos.
—¿Eran tuyos? —preguntó Kouji, extrañado, mirando a Zoe.
—Al parecer, sí.
—Dejadme a mí, creo que al fin tengo una explicación sencilla para eso —dijo Jeremy.
—Mejor lo hago yo, que soy más breve —intervino Aelita —. Al parecer, habían insertado en ti datos de Kazemon. Seguramente los tendrían de cuando la cogió la Scyphozoa. ¿Por qué de ella? Quizás porque ha demostrado estar loquita por ti y a Xana-Lucemon le ha dado por ser cariñoso por una vez en su vida.
—¿A eso llamas amor? Yo lo veo más una obsesión —señaló Takuya, acercándose a Kouji y dándole una palmada en la espalda —. Bienvenido al grupo —susurró.
—Bueno, vale, quizás porque estaba obsesionada y a XANA le ha dado por ser obsesivo también —rodó los ojos la pelirrosa —. La cosa es, esos datos te ligaban a BlackKazemon, por lo que hacías lo que ella quería.
—Pero Zoe logró bloquearle, bastante efectivamente —dijo Chiaki intentando no reír ante la mirada avergonzada y molesta de la rubia —. ¿Era porque los datos de BlackKazemon son originarios de Kazemon y, por ende, de Zoe?
—Sí —asintió —. Aunque aún hay unos puntos que sigo sin acabar de pillar sobre esa efectividad, la verdad… ¡Y Jeremy tampoco los pilla! —dijo rápidamente, echándole una mirada significativa al informático.
—Vale, vale, me callo —suspiró rendido.
Las risas inundaron la gruta largo rato. Cuando al fin se calmaron, y tras asegurarse que Kouji estaba en perfectas condiciones para moverse, el grupo entero abandonó la gruta y volvió a ponerse en movimiento.
...
BlackKazemon seguía llorando mientras Xana-Lucemon maldecía el error que había cometido al dejar escapar a Lobomon de aquella forma tan tonta. Myotismon sonreía satisfecho en otra sala; ya se esperaba un golpe así desde que aquel clon había demostrado ir a su aire, aunque también le extrañaba que algo tan absurdo hubiese logrado acabar con el control sobre el guerrero de la luz. Sólo esperaba que ese fracaso llevase al ángel caído a reflexionar un poco sobre todas esas opciones que había dejado caer sobre que los clones se ocupasen del trabajo que podría hacer un digimon real.
—¡Tenías que vigilarle y controlarle! ¿Acaso no era lo más importante para ti? ¿Tu amado Lobomon? ¡A quien deseabas con tanta fuerza! —gritó Xana-Lucemon —. ¿Qué hacías para permitir que te lo robasen? —el hada siguió sin responder, llorando agachada sin prestar demasiada atención a los gritos —. ¡Lárgate! ¡Largaos todos de mi vista ahora mismo! —exclamó señalando hacia la puerta.
—Como vos ordenéis, amo —respondió prudentemente BlackRanamon.
Sin perder el tiempo, tiró de BlackKazemon en dirección a la puerta a la vez que hacía una señal a los demás clones para que la siguieran. Abrió la puerta e hizo salir al hada, volteándose para ver a los demás. De un tirón, BlackKazemon se libró del agarre de su compañera y salió corriendo lejos de ella. BlackRanamon señaló a los demás la dirección hacia donde tenían que ir y se apresuró a seguir a la otra. Recorrió varios pasillos, divisando al hada oscura girando las esquinas. Cuando al fin la alcanzó, la alada estaba en el suelo a los pies de la siniestra figura oscura con la que ya se había topado.
—Has fallado —habló aquel ser siniestro, helando la sangre de las dos clones —. Le has dejado ir.
—¡¿Quién te crees que eres para acusarme?!
—BlackKazemon, cállate —ordenó BlackRanamon, levantándola y volviendo a tirar de ella, lejos que aquel ser que estaba poniéndola nerviosa.
