¡Buenas a todos! Hoy tengo otro medio día de fiesta (que no sirven para nada, la verdad) y aún me quedan muchas cosas por hacer, así que una vez más, iré a lo rápido.
DISCLAIMER: Moonscope y Toei son los dueños de Code Lyoko y Digimon Frontier respectivamente; la idea loca y cuatro o cinco personajes contados son lo único que nos pertenece. Cualquier parecido en personaje, trama o detalle con la obra de otra persona, es una coincidencia que estaremos encantadas de hablar con el susodicho.
ADVERTENCIA: cualquier comentario que falte al respeto a las autoras, a la historia o a quienes la leen será respondido una única vez (por educación simplemente) en el tono en que creamos adecuado dependiendo de la gravedad del comentario. Aunque nos encanta recibir reviews, preferimos que se ahorren las molestias todos aquellos dispuestos a fastidiar el día.
Capítulo 26: El castillo de Ophanimon
Xana-Lucemon aún maldecía en todos los idiomas que sabía el error de BlackKazemon. Ante él, la figura siniestra que había ansiado obtener esperaba sus órdenes. Y tenía claro a qué daba prioridad en esos momentos.
—Como sabrás, perdimos al guerrero de la luz —dijo.
—Sí, amo —asintió sin mover ni un milímetro de su cuerpo.
—Tengo una primera misión para ti: elimina a la culpable de esa pérdida. Mata a BlackKazemon.
—¡Mi señor! ¡Mi señor! —gritó un Ogremon, irrumpiendo en la sala en una carrera torpe.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó con molestia el ángel caído.
—Mi señor, los niños elegidos se dirigen al castillo de Ophanimon —dijo.
—¡¿Qué?! Eso es imposible…
—¿Mi señor? ¿Ocurre algo? —preguntó Myotismon, apartado prudentemente en las sombras de la sala.
—No me interesa perder ese bastión… —confesó meditabundo —. El castillo está bien protegido, por ahora… —deteniéndose, volteó la vista al clon allí parado —. Deja la eliminación de BlackKazemon para después. Recoge al resto de clones, toma cuantos aliados creas necesario y dirígete inmediatamente al castillo de Ophanimon.
—Como ordene, amo —asintió el clon.
Tras una puerta, BlackRanamon empezó a correr de vuelta a la sala donde se suponía que debería estar esperando a aquel ser que se había convertido en su líder nada más llegar. Había escuchado absolutamente todas las palabras que se habían pronunciado en aquella sala y su corazón latía con demasiada fuerza. Le importaba bien poco haber perdido el mando del grupo, aunque sentía una molestia por ello. Pero le estaba molestando aún más la idea de perder a BlackKazemon, y eso la inquietaba más de lo que quería admitir.
...
Las palabras de alivio no tardaron en surgir en el grupo en cuanto Ulrich y Kitsumon abrieron los ojos. Aún con las mentes perdidas, ambos miraron alrededor.
—Menudo susto nos habéis dado —señaló Jeremy —. Menos mal que Yumi y Renamon aún no se habían alejado demasiado de vosotros.
—Ellas… —preguntó pasando la mirada a la chica junto a él.
—He tenido que usar la telekinesis para que no os mataseis… No vuelvas a quedarte dormido sobre la moto —pidió.
—No me he… dormido.
—¿Entonces? —preguntó Renamon.
—Creo que era un recuerdo —respondió Kitsumon, levantándose con la ayuda de la otra.
—¿Y por qué a nosotros no nos pasa eso? —preguntaron Takuya y Odd con fastidio.
—Salía este sitio —dijo Ulrich.
—Quizás el haber regresado aquí ha hecho que hayáis podido recordar algo del pasado relacionado con este lugar —comentó Bokomon desde el Kabutanque antes de sacar su inseparable libro.
—¿Y qué recuerdo era? —preguntó Aelita con curiosidad.
—Creo que era el final del zorro maldito…
—¿Es que no hay ningún recuerdo bonito? —preguntó Sissi alzando los brazos.
—He dicho "el final", no "la muerte" —matizó el chico —. El zorro maldito llegó aquí dispuesto a atacar el castillo de la dama Ophanimon, pero…
—¡Se encontró a Ancient Garurumon! —exclamó Salamon con una gran sonrisa.
—Eso es —asintió Kitsumon —. Después, pedí perdón y poder unirme a los Guardianes.
—Es el recuerdo más viejo de los que han ido saliendo —comentó Teruo.
—Lo que importa ahora es que ambos están bien y no ha pasado nada grave —dijo Chiaki —. Ah, así dan más ganas de recordar cosas —suspiró dejándose caer de espaldas sobre la nube.
—Date tiempo, Chiaki —rió Koichi.
—Aclarado todo esto, ¿qué tal si avanzamos? —preguntó JP.
—Eso, eso, que ya pasa de la hora de comer —señaló Odd.
—No tienen vergüenza… Hacer que perdamos una hora tan importante… —negó Takuya.
—Los que no tienen vergüenza son ellos —señaló Katsuharu —. Piensan con el estómago incluso cuando un compañero podría haberse roto algo…
Con alguna risa, todos volvieron a montar en sus vehículos y pusieron rumbo nuevamente al castillo sin más contratiempos. A poca distancia, dos figuras en lo alto de una de las torres alzaron el vuelo llamando la atención de todos.
—¡Mirad ahí! —señaló Odd.
—Ésa es Nefertimon —respondió Salamon, señalando a la digimon blanca —. Yo le encargué la vigilancia de este lugar.
—¿Es la misma? —preguntó Zoe.
—Renació, sí —sonrió orgullosa la pequeña digimon.
—¿Y el otro? —preguntó William.
—Pegasusmon —respondió Lopmon —. Habrá venido a ayudarla y hacerle compañía, ¿no crees, Salamon?
—Muy posiblemente —asintió la otra.
—¡Piedra roseta! —atacó Nefertimon sin previo aviso.
—¡Creo que nos han confundido con el enemigo! —exclamó Sissi, haciendo maniobras para esquivar los ataques.
—¡Lluvia de estrellas! —atacó también Pegasusmon.
—¡Mikemon, salta! —indicó Emily —. ¡No voy a poder esquivar todo eso!
—Lista —aseguró la gatita atigrada.
—¡Joyas del Nilo! —siguieron atacando los guardianes del castillo, forzando a Emily y a Mikemon, sin vehículo, a retroceder corriendo.
—¡Nefertimon, detente! —gritó Salamon —. ¡No les ataquéis! ¡Son los Guardianes!
—Creo que no te reconocen —aventuró Jeremy.
—¿Pero por qué atacan a Emily? ¡Ella no es una amenaza! ¡Y menos sin digievolucionar! —gritó Mikemon.
—¿Podría ser XANA?
—Pues a buscar la torre —aceptó Koichi.
—¡Ya la veo! —gritó Patamon —. ¡Está en lo más alto del castillo! ¡Detrás de aquella torre!
—¿Alguien sin vértigo nos hace el honor de subir y desactivar eso? —pidió Odd.
—Distraeremos encantados a estos dos —señaló Takuya.
—¡No dañéis a Nefertimon ni a Pegasusmon! Son digimons sagrados… ¡Ellos nunca atacarían a quien no fuese una amenaza! —pidió Salamon.
—Sabemos lo que debemos hacer —aseguró Teruo.
—¡Código digital Lyoko, digievolución!
—¡Espíritu digital, digievolución!
—¡Gaomon digievoluciona en… Gaogamon!
—Renamon, mejor no digievoluciones —alzó una garra Kitsumon —. Así somos más ágiles. Al fin y al cabo, sólo tenemos que darle tiempo a quien suba.
—Está bien —aceptó la digimon.
—Aelita, te cedo el turno —observó Emily —. Seré representada por la huella de un gato, pero aún no sé trepar como ellos.
—Dejádmelo a mí —asintió extendiendo sus alas —. ¡No tardaré!
Sin decir nada más, Lobomon y Loewemon se lanzaron sin dudarlo contra los dos digimons cuadrúpedos a gran velocidad. Tras ellos, el resto de compañeros se lanzaron a cubrir cualquier vía de escape de los dos digimons, tanto por tierra como por aire, haciendo de escudos para Aelita.
—¡Cuidado! —chillaron los tres ángeles cuando ambos empezaron a volar fuera del alcance de los de tierra.
—¿Qué ocurre? —preguntó Yumi.
—¡Lazo de santuario! —de los cascos de ambos surgió una cadena dorada que les unió.
—¡Salid de su camino ahora mismo! —gritó Bokomon.
—¿Cómo lo han hecho? —preguntó Odd, viendo cómo todos los voladores acababan atrapados en la cadena dorada.
—¡Se dirigen hacia Aelita! —señaló Agunimon.
—Pues hora de lanzaros por los aires —declaró Grumblemon, preparando el martillo dispuesto a usarlo para lanzar a los demás.
—¡AAAAAAAHHH! —la voz de Aelita resonó por todo el terreno. No tardaron en verla caer de espaldas sin sus alas.
—¡Gaogamon, atrápala! —gritó Jeremy.
—No creo que Nefertimon y Pegasusmon hayan lanzado ese ataque desde donde están… —comentó Ulrich.
—¿Y quién ha podido hacerlo? —preguntó Ranamon.
—Ahí arriba tienes la respuesta —señaló Mercurimon.
—Oh, no… Él no… —pidió Loewemon, retrocediendo entre sorprendido y horrorizado.
