Después de una larga ausencia por trabajo y de haber disfrutado del día de fiesta tirando la guía de cosas que tenía que hacer a la basura nada más levantarme, aquí aparezco (tarde, pero lo hago) para traer el siguiente capítulo de la historia que, aunque muchos ya la conocéis, hay otros que no.
DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí; cualquier parecido de todo aquello original con la obra tanto en texto como en dibujo de otra persona, estamos abiertas a leerlo en los comentarios así como de comparar lo que teníamos en mente a la hora de crear los personajes / el capítulo. Recordad que los reviews escritos con mala leche serán respondidos con la misma acidez, por lo que si no queréis que escueza, mejor callad.
A todos los que nos estáis siguiendo, dejando mensaje o no, mil gracias por leernos y personalmente siento mucho no poder actualizar con la misma regularidad que antes del verano, pero esto de trabajar sin tener ni idea del horario del día siguiente... En fin, que os dejo con el siguiente capítulo, que ya toca.
¡Un abrazo enorme para todos!
Capítulo 27: Uno se une y otro se va
—¿Qué ocurre? —preguntó William, acercándose a un cada vez más retrasado guerrero de la oscuridad.
—¿Sabéis quién es? —quiso saber Jeremy.
—Demasiado bien y todo —declaró Agunimon, dejando solo a Arbormon para soltar a los retenidos en el Lazo de santuario.
—¡AAAAAAAH! ¡DIOS MÍO, QUÉ HORROR! —chilló Bokomon.
—¿Nos lo presentáis o esperamos su tarjeta? —señaló Odd.
—Duskmon, el guerrero de la oscuridad —gruñó Lobomon caminando hacia su hermano.
—¿Pero no era Loewemon el guerrero de la oscuridad? ¿Cómo que hay dos? —preguntó Emily.
—Duskmon es la forma que toma el espíritu de la oscuridad cuando se corrompe —respondió Kazemon.
—No puede ser —susurró Aelita, aún aturdida por el golpe, sobre Gaogamon.
—Loewemon, no es tiempo para sorprenderse —le sacudió Lobomon —. Hay que moverse y ya —dijo mirando de reojo cómo aparecían monstruos de XANA y los demás clones.
—Pero ¿y si…?
—Nada de "y si" —le interrumpió —. Yo estoy contigo en esto. Al fin y al cabo, tampoco hay nadie mejor contra el que luchar por aquí.
—Muy gracioso, Lobomon. ¿Qué me dices de mi clon? —preguntó Agunimon, intentando levantar el ánimo del de la oscuridad mientras esquivaba el ataque que ya lanzaba su versión oscura.
—Parecéis entenderos muy bien vosotros dos —le respondió —. Vamos, Loewemon. Tómatelo como una forma de recriminarle lo ocurrido en el pasado.
—Lo intentaré —suspiró relajándose —. Vamos a por él, Lobomon.
Con los clones reteniendo a sus originales y los monstruos de XANA estorbando, los niños y sus digimons tuvieron que dejar de lado la torre parar liberarse de todos ellos. Aun así, la cantidad de enemigos en el lugar obligaron no sólo a Renamon y a Kitsumon a digievolucionar, sino también a todos a mantenerse alerta por la posible aparición de la Scyphozoa en el campo de batalla.
—Ese XANA ha logrado crear a Duskmon… ¡Pero él no es el verdadero guerrero de la oscuridad! —exclamó Bokomon.
—Pero está ahí, mirándonos —señaló Neemon.
—¡Huyamos! —chilló el cerdito blanco, tirando del pantalón del conejo y echando a correr.
—Tenemos que ayudares —se adelantó Lopmon. Patamon y Salamon enseguida salieron del escondite junto a él.
—¡¿Pero qué hacéis los tres?! ¡Sois la esperanza del Digimundo! ¡No podéis salir y morir así!
—Vamos a pelear, no a morir —habló Patamon.
—Ayudaremos a los niños… No. Ayudaremos a los Guardianes a defender este mundo otra vez —declaró Salamon antes de echar a correr con sus dos compañeros.
—¡Esperad ahí los tres! —gritó Bokomon, pero ya no les oía.
Esquivando monstruos y digimons, los tres se colaron en el campo de batalla hacia el frente al tiempo que los emblemas en las ropas de Agunimon, Lobomon y Kazemon empezaban a brillar.
—¡Lopmon digievoluciona en… Turuiemon!
—¡Patamon digievoluciona en… Angemon!
—¡Salamon digievoluciona en… Gatomon! —la gata blanca saltó sobre el hombro de Angemon e intentó no apretar las garras sobre el hombro del ángel por la rabia que la recorría —. Se arrepentirán de haber intentado apoderarse de mi castillo…
—¿Cómo lo hacemos? —preguntó Turuiemon.
—Ocupaos vosotros de alejar a Nefertimon y a Pegasusmon de la pelea contra Duskmon —señaló Angemon —. Yo ayudaré a Lobomon y a Loewemon.
—Los domaremos de nuevo —aseguró Turuiemon.
—Tened cuidado —pidió la gata.
Con un salto, pasó a los hombros de Turuiemon, dejando libre al ángel para volar en la dirección donde luchaban contra el clon corrupto de la oscuridad.
—¿Y esos tres? El conejo lila me recuerda a algo —se extrañó Odd.
—¡Aparta, Odd! —gritó Labramon, saltando sobre el clon y desviando la flecha dirigida a Odd.
—Perdón, Kiwi, ya sigo yo con él.
—¿Y ése ángel? —preguntó Emily.
—¡Son los tres ángeles! —exclamó Beetlemon —. Aunque, en estos momentos, sólo uno lo parece…
Duskmon alzó una mano llamando la atención de Pegasusmon y Nefertimon, pero ambos digimons se encontraron de pronto con un peso en el lomo, obligándolos a voltearse y encabritarse para sacarse de encima a los dos digimons que habían logrado sorprenderles.
—¿Qué tal una ayudita? —preguntó Angemon a los guerreros hermanos al llegar al tejado en el que se encontraban.
—Se agradecerá… —aseguró Lobomon.
—Aunque disculpa que no lo hagamos —siguió Loewemon, escudo en alto para cubrirse del ataque de su clon.
—¡Mano del destino! —atacó Angemon, pero Duskmon lo esquivó.
—Mi turno. ¡Mirada mortal! —los tres, demasiado cerca, no pudieron esquivar los rayos rojos de Duskmon.
—¡Chicos! —chilló Kumamon, dirigiendo sus pasos hacia ellos —. Maldito Duskmon… Esta nos la pagarás… ¡Bombardero de nieve!
—¡Gran martillo! —se unió Beetlemon.
—¿Estáis locos vosotros dos o qué? —chilló Agunimon, reteniendo a su clon por la espalda —. ¡Así no le haréis ni cosquillas si es como era!
—Gaogamon, ayúdales tú también —señaló Jeremy.
—Pero tú…
—Sólo es un clon —dijo atacando a su versión oscura —. Estaré bien.
—Kyubimon, arriba tú también —señaló Yumi.
—Bijugamon, ayúdales —indicó Ulrich.
—Aquí también necesitáis ayuda —negó el zorro rojo.
—Nos cubriremos las espaldas como siempre hemos hecho en Lyoko —aseguró Yumi —. Marchad ya y ayudad a los de arriba.
—En serio, ¡estáis locos! —insistió Agunimon, viendo cómo Grumblemon y Mercurimon también buscaban la forma de subir después de derribar varios monstruos de XANA.
En lo alto del tejado, Duskmon empezó a esquivar todos los ataques, moviéndose como si nada en el lugar para fastidio de los demás.
—Da igual cuántos vengáis. No lograréis nada —dijo el corrupto mostrando ambas espadas carmesí.
—Si pudiese hacer la doble digievolución… —murmuró Lobomon, fastidiado ante la idea de tener que regresar a su forma humana para ello.
—Entre todos lo lograremos, Lobomon —se le acercó Loewemon —. Deja esa idea como último recurso. De ser necesaria, seré tu escudo y te cubriré el tiempo que necesites para digievolucionar a Beowolfmon.
—Está bien —aceptó, algo a regañadientes.
Desde el suelo, Arbormon logró atrapar a Nefertimon y a Pegasusmon, atándolos y permitiendo que Gatomon y Turuiemon marchasen rumbo a la pelea contra Duskmon. Aquel clon oscuro tan siniestro provocaba una extraña sensación de miedo en el guerrero de la madera que no lograba acabar de entender. Dejó inconscientes a ambos digimons cuadrúpedos y recorrió el lugar ayudando a los que aún quedaban en tierra.
—¡Esto ya es insufrible! —protestó Odd —. ¡Todos estos bichos parecen estar saliendo del suelo como setas!
—Y lo peor es que el clon vigilante sigue ahí arriba, de pie —señaló Sissi.
—Quizás si nuestros digimons alcanzasen un nuevo nivel… —murmuró Emily.
—Ahora sólo pueden cubrirnos las espadas —siguió William, golpeando al clon y viendo cómo lo esquivaba convirtiéndose en humo —. Maldita sea…
—¿Qué sigues haciendo aquí abajo, Arbormon? —preguntó Aelita —. Sube y ayuda allí arriba.
—Ahora voy —asintió el digimon, buscando un agarradero para subir.
—¡Aparta, Aelita! —chilló Lunamon, pero la pelirrosa no se movió lo suficientemente rápida para esquivar por completo el ataque perdido lanzado desde el tejado.
—¡Me voy a ayudarles! —estalló Labramon, echando a correr hacia la torre sobre la que los demás peleaban.
—Pero Kiwi, tú… —empezó a decir Odd, callándose al notar el brillo en su D-Tector.
—¡Labramon digievoluciona en… Dobermon!
—¡Mi Kiwi ha digievolucionado! —exclamó dando varios saltitos. Una flecha láser le rozó un brazo —. ¡Oye! ¿Quién te ha dado permiso para interrumpir un momento tan bonito y alegre? ¡Flecha láser!
—Genial, así alcanzaré antes el tejado —sonrió Dobermon.
—¡Yo también voy! —dijo Mikemon.
—¿Así? —preguntó Emily.
—Los ángeles están peleando. No me voy a quedar atrás —dijo enrabiada antes de empezar a trepar detrás del perro negro.
—¡Espera, Mikemon! —llamó Floramon —. Yo también voy ahí arriba —decidió mientras el D-Tector de Sissi brillaba —. ¡Floramon digievoluciona en… Togemon!
—¡Eh, esperadme a mí también! —pidió Dracomon, alzando ligeramente el vuelo.
—¡No puedes llegar ahí arriba tú solo! —le atrapó William.
—¡Voy a luchar yo también para protegeros a todos! —pataleó el digimon —. ¡No esperes que me quede aquí quieto, Will!
—Está bien —aceptó lanzándolo todo lo fuerte que pudo antes que su clon les alcanzase —. Cuento contigo para frenar al tipo de los ojos —señaló con su D-Tector brillando a la cintura.
—Déjalo en mis garras, compañero —sonrió —. ¡Dracomon digievoluciona en… Coredramon!
—Guay, ahora es más grande —silbó Odd.
—Espero que no tropiece —comentó William, sonriéndole al gran dragón azul.
Esquivando a Lunamon, el grupo volvió a centrarse en sus clones. La digimon coneja corrió hacia Aelita, encontrándola tirada en el suelo tras haber recibido un golpe muy fuerte. Por encima de ella, la versión oscura de la chica se preparaba para atacar.
—Ni se te ocurra pensar que te dejaré atacarle, clon de XANA —se interpuso —. Protegeré a Aelita aunque sea en este nivel. ¡Garra oscura! —sin dudarlo, se lanzó contra el clon incansable —. ¡No escaparás!
El clon de Aelita se vio obligado a apartarse, olvidándose por un momento de su objetivo principal. Aunque la pequeña digimon no le tocaba, la insistencia y la fuerza con la que golpeaba el aire cada vez eran mayores. El brillo del D-Tector fue lo que despertó a Aelita justo para ver a su digimon envuelta en datos.
—¡Lunamon digievoluciona en… Lekismon! —la digimon encajó un puñetazo en el clon, apartándola bastante más de lo esperado por ambas.
—¿Qué…? ¿Lunamon? —llamó Aelita.
—¡He digievolucionado, Aelita! —exclamó alegre, bajando hasta ella y ayudándola a ponerse en pie —. ¿Qué te parezco?
—Eres muy guapa —sonrió.
—Gracias —rió dando una vuelta sobre sí misma —. No pierdas el tiempo y ve a la torre. Yo me ocuparé de tu clon y te cubriré hasta arriba —dijo volviéndose hacia su rival —. ¡Flecha de hielo!
Sin dudarlo, Aelita extendió algo cansada sus alas y alzó el vuelo, con Lunamon a pocos metros haciéndole de escudo tanto de su clon como de cualquier ataque perdido que pudiese alcanzarla. La sonrisa victoriosa de Lekismon no pasó por alto a Duskmon. El clon oscuro, después de haber esquivado el ataque de todos los digimons que habían subido hasta el tejado, había logrado derribar a algunos con un solo ataque, pero había sido demasiado lento y la pelirrosa había entrado en la torre antes que él pudiese hacer nada. Sin mostrar emoción alguna, ordenó la retirada y se esfumó del castillo.
En el suelo, BlackRanamon oyó la orden y echó a correr lejos de Ranamon. Tomó del brazo a BlackKazemon y la alejó del combate que mantenía con la guerrera del viento.
—¿Qué crees que haces? Esa haducha y yo estábamos teniendo una seria "charla"…
—No es el momento de tus estupideces —dijo empujándola —. Tienes que largarte ahora mismo.
—Es lo que normalmente significa "retirada".
—No, no me refiero a eso —se apresuró la del agua, mirando alrededor nerviosa —. Tienes que marchar donde nadie pueda encontrarte.
—¿Qué?
—Oí al amo mandarle a Duskmon que te destruyese. De no haber venido los niños elegidos aquí, ya te habría matado. Has de escapar, BlackKazemon. Cuando regresemos, el amo le mandará a Duskmon eliminarte, ¿entiendes?
—Pero… ¿por qué me dices todo esto? —se extrañó.
—Porque no quiero que te hagan más daño —respondió, ocultando la sorpresa por sus propias palabras a su compañera —. No quiero que te maten. No quiero verte sufrir más. Así que huye, ¡rápida! Yo no te he visto marchar —dijo empujándola aún más antes de salir corriendo hacia el resto de clones.
Aún con dudas, BlackKazemon empezó a correr en busca de un escondite. Corrió con todas sus fuerzas hasta estar segura que nadie la vería volar; voló mirando alrededor, no encontrando nada útil. El temor por las palabras de BlackRanamon se vio mezclado con el de ser encontrada por los niños elegidos, haciéndola avanzar más rápida. Unos disparos a ambos lados la golpearon e hicieron perder el vuelo.
—¿Los niños? —preguntó volteándose y buscando —. Oh, no… No, no, no… ¡Maldición! —exclamó al reconocer los avispones persiguiéndola.
Poco a poco, su avance la llevó a un bosque, dificultándole el volar, pero también causando molestia en sus perseguidores. Bajó al suelo y empezó a correr sintiendo nuevos ataques sobre ella que procedían de un grupo de Bakemons.
Cada vez más cansada, BlackKazemon siguió avanzando hasta detectar una cueva. Sabía que los demás no tardarían en alcanzarla, que entrarían allí, pero ya no podía más. Con las últimas fuerzas que fue capaz de sacar, aceleró el paso y atravesó la extraña telilla que cubría la entrada de la cueva, alejándola de sus perseguidores y del peligro.
