¡Saludos a todos!

Como me toca decir últimamente, perdón por la ausencia. Realmente el trabajo asfixia, roba tiempo y el poco que tengo libre lo aprovecho para descansar, así que tengo algo olvidado absolutamente todo lo relacionado con los fics. A ver si soy capaz de montarme un "calendario" para no haceros esperar tanto sin capítulo en estos días.

Por otro lado, allá va el DISCLAIMER de siempre: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí. El número de personajes originales es mínimo, por lo que cualquier parecido con el personaje de otro, una coincidencia que estaremos encantadas de hablar con dicha persona. Aquellos a quienes no os esté gustando la historia, os recuerdo que no os estamos obligando a leerla, por lo que puedes marchar tranquilamente; no es necesario que nos dejes un review si lo que vas a escribir va a resultar ofensivo.

Dicho lo que se tenía que decir, os dejo el siguiente capítulo. Para quienes conozcáis la historia, os aviso que este capítulo es nuevo, así que yo de vosotros lo leería.

¡Que lo paséis bien!


Capítulo 30: Separados

Que la profesora Hertz estaba enfadada era algo evidente, tanto como que la rabia que mostraba Jim no era ni por asomo real.

—¿A dónde habéis ido vosotros ocho? —preguntó el profesor de gimnasia plantándose ante el grupo —. Eh, espera, aquí hay demasiados niños…

—Tranquilo, Jimbo, son amigos —sonrió Odd.

—¿Amigos?

—Llegáis tarde —interrumpió la profesora Hertz —. ¿Acaso nadie recuerda que hemos de tomar un avión y no simplemente viajar en el autobús escolar?

—Lo sentimos, profesora Hertz.

—Que no vuelva a ocurrir —dijo antes de mirar a Sissi —. Me sorprende que incluso tú llegues tarde, señorita Delmas.

—No volverá a ocurrir, profesora —respondió cabizbaja la chica.

—Despedíos de vuestros amigos y montad al autobús. No podremos hacer la parada grande que teníamos prevista gracias a vosotros, pero al menos aún llegaremos al avión.

—Pues aquí nos separamos —suspiró Aelita.

—No por mucho tiempo —guiñó Zoe —. Con lo que sea que ha hecho Jeremy, seguro que en unos días estaremos allí.

—Se me va a hacer eterna la espera —declaró Emily.

—Eh, sobre Renamon y Kitsumon… —empezó Yumi.

—Han pasado al dispositivo de Kouji —dijo la voz de Lunamon —. Podemos hacerlo.

—¿Por qué no lo dijisteis antes? —preguntó Odd.

—No lo pensamos —rió Labramon.

—A callar, que os descubrirán —susurró Jeremy.

—Estad tranquilos —dijo Kouji —. Cuidaremos bien de esos dos hasta que nos reunamos.

Con todo un grupo de estudiantes franceses observando con curiosidad y confusión, el grupo de ocho acomodó las pocas pertenencias que no habían quedado abandonadas en el Digimundo, tomaron los digimons de brazos de los demás y subieron al autobús.

—Esto va a ser duro —susurró Aelita, abrazando a Patamon con cuidado —. No estar todos juntos…

—Tranquila —susurró el digimon —. No pasará nada, te lo prometo.

...

Xana-Lucemon era el ser más feliz del Digimundo. Había enviado monstruos y digimons al hundido castillo de Ophanimon, rastreando el lugar y asustando a los dos digimons que se habían salvado. Los resultados obtenidos por ese grupo le alegraron el día, incluso cuando la otra cara de la moneda resultaba no muy satisfactoria.

BlackKazemon había desaparecido por completo de una forma demasiado misteriosa para el gusto del ángel caído. No era localizada por ningún rincón y, si bien eso podía decir que ese clon había muerto, la ausencia de sus datos preocupaba al soberano de la Rosa de las Estrellas.

En el exterior, Myotismon supervisaba el entrenamiento de algunos de aquellos digimons malignos, oculto en las sombras. La figura de Duskmon pasando ante una de las ventanas superiores le hizo apretar con rabia los puños. Aquella creación que aparentaba ser un digimon había pasado al frente de todo, dejando al digimon vampiro en un segundo plano que no gustaba en absoluto. Para él, el trabajo para dominar el Digimundo debía ser llevado a cabo por digimons reales, no por copias que podrían fallar, como había sido el caso de aquella versión oscura de la guerrera del viento.

A ojos del vampiro, la pérdida de las torres, puntos de energía con los que su amo Xana-Lucemon se hacía más fuerte y se adueñaba de Digimundo, se debía única y exclusivamente al mal trabajo de criaturas poco fiables como los monstruos y los clones. Duskmon había permitido que el señor del Digimundo perdiese el control del área del castillo de Ophanimon y no fue castigado por ello. Sin embargo, cada vez que un digimon traía una noticia menor que no agradaba al ángel caído, éste se enrabiaba y amenazaba con destruir con un solo gesto a todos los allí presentes.

Myotismon estaba celoso por ello. Se sentía humillado, ninguneado, tratado como a un inferior. Sentía que no era valorado debidamente, después de todo lo que había hecho para ayudar a la causa de Xana-Lucemon. Aun con su veteranía y sus conocimientos, se había visto superado por un simple montón de datos reunidos. Le habían dejado como mensajero. Ni tan siquiera era convocado a misiones inferiores.

Por otro lado, BlackRanamon observaba el cielo cada día, entristecida por la monotonía y, especialmente, por no saber nada de BlackKazemon. La tierra se la había tragado para que nadie la encontrase, ni siquiera ella. Tenía ganas de verla, de hablar con ella. El silencio la estaba destrozando poco a poco, hundiéndola en una soledad que le llevó a entender cómo se había sentido el hada oscura en aquel sitio.

...

Koichi no pudo evitar echarse a reír al ver a Kitsumon convertido en Ulrich. Él y Renamon les habían contado que podían transformarse en quienquiera que fuese, imitar su voz e incluso hipnotizar a sus víctimas.

—En cuanto Jeremy nos dé el visto bueno, os transformáis y actuáis —dijo Takuya.

—Espero que funcione —dijo Zoe, balanceándose en el sitio y jugueteando con las manos.

—¿Qué es lo que puede fallar? —preguntó Kouji.

—Todo —le respondió.

—Eres de lo más optimista —negó —. Confiemos en lo que sea que haya hecho Jeremy con su portátil.

—¿Pero y si no lo hace? —preguntó Teppei —. Dudo mucho que mis padres me dejen ir a Francia así porque sí.

—Yo quizás sí podría ir —dijo Teruo, algo pensativo —. Pero dudo mucho que mis padres me dejasen llevar a nueve amigos de golpe.

—¿Por eso de que tienes familia francesa? —preguntó Katsuharu.

—Exacto —asintió sonriendo —. Pero no sé dónde viven exactamente…

—Mejor no le demos más vueltas —negó JP —. Regresemos a nuestras casas e intentemos esperar con calma hasta que sea el momento de marchar.

—Tengo muchas ganas de poder viajar —declaró Chiaki.

—Ya somos dos —rió Tommy —. Sólo espero que mis padres no pongan problemas.

—Creo que Jeremy dijo que había montado la excusa de un intercambio por un año o algo así —dijo Koichi —. Que funcione, por favor…

...

Odd se removió incómodo en su asiento en el avión. Después de tanto tiempo viajando por el Digimundo, durmiendo prácticamente en el suelo y sentándose en la primera roca plana que encontraban o en el mismísimo suelo, sentarse en algo cómodo como aquel asiento estaba resultándole raro.

A su alrededor, prácticamente todos los compañeros estaban dormidos, salvo el grupo de siete que le había acompañado. Se notaba que Yumi y Ulrich estaban inquietos, con las vistas bajas, posiblemente a los D-Tectors vacíos en sus manos, preocupados por los dos digimons que habían dejado atrás. En otro asiento, Emily también batallaba por poder dormir cómodamente, pegándole alguna patada a William por ello. El chico tampoco se podría decir que estuviese cómodo de primeras: remugaba e intentaba encontrar una posición cómoda alejado de las patadas de su compañera de asiento. Más adelante, Aelita luchaba por hacer que Jeremy no trabajase en su ordenador. No le pasó por alto que el cuerpo de ambos estaba hundido en los asientos, como si estuviesen fundiéndose con ellos.

Pero a quien no veía por ningún rincón era a Sissi. Supuso que la chica había tomado asiento junto a su padre, fuera de la visión del rubio. Le había extrañado que la chica se apartase del grupo y no aprovechase la oportunidad para hablar disimuladamente con Floramon. Suspiró cansado, pensando que posiblemente el no haber visto a su padre en todo aquel tiempo había llevado a que se separase de ellos y tomase asiento lejos. Se acomodó y cerró los ojos.

...

No podía dejar de protestar. La reunión urgente del grupo había resultado en una declaración de suicidio a su parecer. Ancient Wisemon había encontrado las almas de los otros cuatro y habían decidido que no les dejarían solo. A su parecer, aquellos dos digimons eran lo suficientemente poderosos como para defenderse y, en caso de encontrar a las otras dos descerebradas, protegerlas a ellas también… Aunque furiosas, no había quien las derrotase.

Todo para reencontrarse con ellos nuevamente.

Dividirse…. Dividirse… ¿Por qué dividirnos? ¿Tanto cuesta esperarles? Yo también les echo de menos y quiero verles, pero no tras la muerte… Seguro que ellos preferirían que nosotros viviésemos —remugó.

Dividir su alma en dos aprovechando el eclipse lunar. Así, se aseguraban llegar hasta los otros cuatro. Después de aquella decisión, cada uno abandonó el cuartel y se dirigió a la última ronda del Digimundo, prometiendo que se volverían a ver cuando el Digimundo decidiese que era el momento de reunirles de nuevo. Y a él no le quedaba otra que seguir sus pasos, porque según Wise, tardarían milenios en darse una ocasión como la de aquella noche.

Lo siento, chicos, pero no pienso renacer lejos de mi otra mitad susurró acabando su ronda y observando el cielo.

El eclipse lunar estaba iniciándose. El tiempo corría en contra de todos ellos, situados lejos los unos de los otros. Anubismon no iba a dejar "desprotegida" aquella mitad que desaparecería del Digimundo, pero no iba a decirlo nunca a nadie. Cerró los ojos y empezó a recitar las palabras que les había indicado a todos Ancient Wisemon.

Es la hora.

...

Odd no estaba seguro de si fue su propia mente o el aviso de que estaban aterrizando lo que le despertó. Miró alrededor, descubriendo a todos despiertos y hablando animados a su alrededor. Sus compañeros se movían entumecidos en sus butacas. También a él le había acabado sentando mal dormir en aquellas butacas.

—Ya estamos en París, chicos —anunció la profesora Hertz —. Por favor, estad atentos para bajar del avión todos juntos.

Una hora y media más tarde, el grupo se encontró al fin libre para moverse de un lado a otro. Odd no tardó ni tres segundos en contar todo lo que había recordado, ilusionado como un niño pequeño por haber conseguido aquello y ganándose risas por parte de todos.

—Yo no me he reído de los vuestros —señaló.

—Tampoco es que fuesen para reír mucho —comentó Jeremy —. Un par de platos olvidados y una paliza tremenda.

—Y todo doloroso —añadió Ulrich.

—Y los demás no tenemos nada —se encogió de hombros Emily.

—Ya, bueno, pero que no me reiré de vosotros cuando tengáis algo.

—¡Chicos! —llamó Sissi, corriendo hasta ellos.

—Tranquila, coge aire —la frenó Yumi.

—Chicos, mirad —dijo alzando el objeto que cargaba.

—Pero… ¿no es la bolsa que te dejaste en el castillo de Ophanimon? —preguntó sorprendido William.

—Cuando he dejado a los digimons en mi habitación, la he visto ahí… —explicó —. Y también hay cosas tuyas, Emily… y de Aelita… y de Odd… Todo lo que nos hemos dejado en el Digimundo.

—¿Cómo es posible? —preguntó Yumi.

—Tenemos que investigar —dijo Jeremy —. Hay que saber qué está pasando y avisar a los de Japón para que vengan cuanto antes.

Dando media vuelta, el grupo entero regresó a los dormitorios, donde encontraron a un digimon removiendo todo con curiosidad, otro dormido y tres en corrillo murmurando en voz baja.

...

Teruo no podía creerse lo que veían sus ojos. Encima de su cama, perfectamente colocada, estaba su mochila olvidada. La abrió, algo temeroso, y observó su contenido, confirmando que estaba absolutamente todo. Volvió la vista hacia la puerta del dormitorio, esperando encontrar a su madre con una sonrisa y algún comentario casual, pero no había nadie.

—Esto es demasiado extraño —murmuró.

Sin dudarlo, mandó algunos mensajes a los demás, recibiendo las respuestas imaginadas y la promesa de que investigarían esa aparición de las pertenencias en sus respectivas habitaciones.