¡Saludos a todos!

Como podéis ver, hoy sí estoy libre para subir capítulo. Gracias a todos los que seguís leyendo (si no habéis escapado) aun con las dificultades que me da mi trabajo para actualizar. Juro solemnemente que si algún día consigo mejorar mi vida social, vosotros estaréis entre las prioridades.

Bueno, creo que todos os lo sabéis de memoria, pero ahí va el DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí; el número de personajes originales se cuenta con las manos y cualquier parecido con la obra (tanto fic como art) de otra persona, estaremos encantadas en hablar con dicha persona e incluso intercambiar opiniones.

Como siempre también, AVISO a todo aquel que venga a malgastar su tiempo insultándonos: si no te gusta la historia, eres libre de cerrar la pestaña de tu navegador, de no seguirnos ni en esta ni en ninguna otra de nuestras historias e incluso eres libre de leer los fics de otros que consideres mejor que nosotras. Lo único que te pedimos es que te largues sin más, no es necesario que nos manifiestes tu malestar por haber tenido que leer este horror, como también pedimos que nos respetes a nosotras y a quienes sí nos leen y a demás les gusta la historia. Como se suele decir, "para gustos, los colores", así que si no tienes nada instructivo que decir, ahorra el tiempo y vete antes que te dé más dolor de cabeza nuestra historia.

Os dejo con el capítulo ya antes de que me enrolle demasiado y os larguéis.

¡A disfrutar!


Capítulo 31: Francia

Kadic nunca imaginó, dos semanas después del regreso de dos grupos de su viaje a Japón, que recibiría una llegada masiva de alumnos. Diez muchachos atravesaron las puertas juntos, hablando un extraño francés que incluso sorprendió a los que les conocían. Jim tuvo que alzar la voz más de una vez para que ocho habituales del centro no metiesen sus anécdotas en su guía por las instalaciones del campus.

—Bien, en cuanto a los dormitorios…

—Jim, perdona que te interrumpa —alzó la mano Yumi, hundiendo al profesor con chandal —. Mis primos se quedan en mi casa.

—Ah, sí, tus primos… gemelos —dijo mirando fijamente a los dos.

—¿Qué pasa? —preguntó Kouji.

—No pienso perderos de vista a ninguno de los dos. Que sepáis que no me vais a colar ninguna —señaló —. Vale, largaos los tres, Ishiyama. Los demás, conmigo. Aún os he de asignar dormitorio… ¡Y los que ya sabéis dónde dormís, mejor id a arreglar las habitaciones!

Entre risas, los que ya vivían allí echaron a correr hacia los dormitorios por delante de Jim y los otros ocho japoneses. Yumi y los gemelos no pudieron evitar reír ante la escena, negándose a abandonar el lugar hasta que el último de ellos se perdiese de vista dentro del edificio.

—Os voy a dejar algo bien clarito —dijo Jim —. A la hora de dormir, cada uno en su cuarto. No quiero chicos en el pasillo de las chicas ni chicas en el pasillo de los chicos. A quien pille fuera de la cama, dos horas de castigo en la biblioteca.

—Entendido —corearon los ocho con ese extraño acento.

—Vale… Tú y tú —dijo señalando a Teppei y Katsuharu —, tenéis cara de no hacer demasiadas trastadas juntos, así que vais en aquel cuarto.

—Qué mal ojo tiene pues —murmuró Tommy, haciendo reír a los otros.

—El pequeñín parlanchín —dijo haciendo saltar levemente al pequeño del grupo.

—Me llamo Tommy —dijo intentando calmarse.

—Bueno, como sea. Vas con el mayor porque así él te ayudará en lo que sea.

—Nos toca compartir, Tommy —dijo JP.

—Te toca cuidar que los franceses no se metan conmigo —dijo en japonés, para fastidio del profesor.

—Tú, ven aquí —dijo el de chándal señalando a Teruo y caminando hasta una puerta. Llamó y esperó hasta que se abrió.

—¿Ocurre algo, Jim? —preguntó Jeremy.

—Te traigo compañero de habitación. Así que ya estás haciendo sitio —dijo antes de volverse a Teruo —. Con un compañero de cuarto, seguro estás más controlado.

—Lo que tú digas —se encogió de hombros el informático —. Pasa, Teruo. En nada tendrás espacio para tus cosas.

—Gracias, Jeremy.

—Oh, vaya, olvidé que os conocíais… Da igual.

—¿Qué pasa conmigo? —preguntó Takuya señalándose.

—Tú tienes cara de gamberro… ¡Dunbar! —llamó aporreando otra puerta —. Sé que estás ahí, ¡abre!

—Ya va, ya va… ¿Qué pasa? —preguntó abriendo la puerta.

—Te traigo compañero de habitación —dijo.

—¿Compañero?

—¡Hola! Me he quedado solo —saludó Takuya arrastrando su maleta.

—Bien, a ser buenos amigos y a no liarla ninguno —dijo Jim —. Chicas, arriba, que este no es vuestro piso.

—¿A ser buenos amigos? ¿Acaso ha olvidado que nos conocemos? —preguntó William.

—También se ha olvidado de nosotros —habló Bokomon, dentro de aquella habitación ese día. Enseguida los dos chicos lo empujaron de vuelta adentro.

En el piso superior, Zoe y Chiaki esperaron pacientemente las indicaciones de Jim. El grandullón, sin embargo, se encaminó a una puerta y llamó con fuerza, haciendo salir a Emily algo asustada.

—Leduc, te mudas al cuarto de Stones. Las dos nuevas se quedarán en este —dijo —. Que te ayuden a trasladarte.

—Vale —sonrió sin apartarse de la puerta.

—Avisaré a Stones del cambio —dijo el profesor acercándose a otra puerta y golpeándola —. ¡Stones! ¡Hazle hueco a Leduc!

—Sí, vale —se oyó a la pelirrosa, moviéndose apresuradamente.

—Menuda pandilla… Fijo están tramando algo… ¡Y no me lo van a poder ocultar! —exclamó antes de abandonar el pasillo de las habitaciones.

—¿De qué habla? —preguntó Sissi, asomada en una esquina.

—Algo de que os va a pillar —se encogieron de hombros las japonesas.

—Movamos las cosas rápidas para que no pillen a Lopmon —susurró Emily, señalando el interior de su habitación.

...

Por las calles de la ciudad, Yumi respiró aliviada al ver aparecer a Renamon de nuevo en su D-Tector.

—¿Todo bien con ellos? —preguntó.

—Tendrías que haber visto las caras de tontos de los padres cuando vinieron a nuestras casas transformados en los profesores —dijo Koichi.

—Incluso mi padre ha caído hipnotizado y ha firmado absolutamente todo sin leer siquiera… Y ya conoces a mi padre —dijo Kouji.

—Que el tío Kousei firme algo sin leer es algo increíble… ¿Le grabaste?

—Pues claro. Esto es algo histórico —rieron los gemelos.

—Nunca le digáis que lo tenéis —rió la chica —. Ya hemos llegado. ¿Listos?

—Sí.

—Bien… Vamos allá —susurró abriendo la puerta —. ¡Hola a todos! ¡Traigo paquete! —llamó Yumi. La cabeza de Hiroki no tardó en asomarse por una puerta.

—¿Paquete? —preguntó, abriendo los ojos como platos al ver a los chicos —. ¡Papá, mamá! ¡Los primos!

—¿Kouji y Koichi? ¡Pero qué grandes estáis! —exclamó el padre de la geisha.

—Y qué guapos —comentó la madre, acercándose a ellos y dándoles un abrazo —. ¿Qué tal el viaje?

—Agotador —respondió Koichi, agradecido de que la familia decidiese hablarles en japonés.

—Venga, no os quedéis en la puerta. Pasad y dejad las maletas ahí, ya las subiréis —dijo el hombre.

—Cuando Yumi nos dijo que vendríais a Kadic, no dudamos en hacer sitio en una habitación para vosotros.

—Gracias por dejarnos estar aquí, tíos —dijeron ambos.

—No hay de qué, chicos.

—Mamá, quizás sería mejor que subiesen a ordenar sus cosas —dijo Yumi —. No les han dejado un día libre por ser recién llegados. Y seguro que se quieren estirar un rato en las camas.

—Oh, bueno… Pero bajad a merendar, ¿entendido?

—Sí, tía.

Con Yumi por delante guiándoles, el trío subió las escaleras al segundo piso, hacia la habitación que compartirían los gemelos.

—Ahora que me fijo… Koichi, ¿no era esa chaqueta la que te dejaste allí? —preguntó Yumi.

—La encontré ayer entre la ropa sucia —comentó quitándosela y mostrándola —. Pero sí, es la misma.

—Así que a ti también te han aparecido cosas…

—Esto sólo significa que debemos permanecer alerta a cualquier cosa rara —dijo Kouji, arrastrando su maleta hasta una de las dos camas.

—Por ahora, lo que hay que vigilar es a mi hermano —suspiró la chica —. Le encanta meter las narices donde no le llaman… Y ahora que estáis aquí, aún las querrá meter más.

—Vosotros lograsteis esquivarle siempre, ¿no? Pues ahora también lo haremos —le dijo el de cabello corto alzando el pulgar.

—Si tan fácil lo ves, todo tuyo, primito.

...

El reloj marcaba las cinco de la tarde cuando un gran grupo de estudiantes empezó a caminar por el patio de Kadic sin rumbo aparente. De tanto en tanto, sin embargo, alzaban la mirada hacia las puertas del campus.

—Pues sí que tardan esos tres…

—Le estarán dando esquinazo a Hiroki, el hermano de Yumi —dejó ir Odd —. Seguro está mirando a ver si ellos dos pueden confirmarle al fin si nuestra geisha tiene un samurai oficialmente protegiéndola —sonrió mirando a Ulrich.

—Déjate de historietas, sabes perfectamente…

—Sí, sí, sí, Ulrich, sabemos perfectamente que no hay nada, no nos lo repitas.

—Seguro que más bien es dar esquinazo a Hiroki —dijo Aelita —. Ya sabéis, él no debe saber el camino a la fábrica…

—Por eso hemos mirado mil veces a todos lados cuando hemos enviado a los digimons por ese túnel de las calderas, ¿no? —preguntó Zoe.

—Exacto.

—¡Chicos! —la voz de Yumi hizo voltear a la mayoría de las cabezas allí reunidas —. Perdonad el retraso. Hiroki no nos dejaba tranquilos.

—Era de imaginar —se encogió de hombros William.

—No paraba de hacernos preguntas y de intentar sonsacar información, según él, de vital importancia sobre su hermana —dijo Koichi.

—¿Qué será, será? —canturreó Odd.

—Nada que él deba saber, seguro —respondió Ulrich avanzando —. ¿Vamos? Aún nos encontrará Hiroki aquí parados.


Por si hay alguien nuevo extrañado por mis avisos (y para quienes no sois tan nuevos), ya nos pasó en la versión 1.0 de la historia que alguien se dedicó a dañarnos con sus faltas de ortografía (porque lo que es otro daño...). Y como el que avisa no es traidor, que todo el mundo sepa qué pensamos de los "haters" (que yo más bien califico a esa gente como "pobres aburridos con la vida que no saben qué hacer").

Siento haber tardado 31 capítulos en decirlo (los 30 anteriores o he tenido poco tiempo o más cosas por hacer).

¡Nos leemos pronto! (O eso esperamos...)