¡Hola, chicos, y bienvenidos una vez más a esta locura! Aquí Lily, el gran fantasma de todo este drama, quitando al angeluchin del medio por un día. Espero que esteis listos para emociones fuertes, porque esto se vuelve un poco montaña rusa. Esperemos que nadie se maree o pierda la cuenta.
Como siempre, agradecer a todos los que leéis y los que comentáis; esperamos que os guste todo esto. Recordad que de aquí solo nos pertenece la idea del fic y poco más, el resto es de sus respectivas compañías.
¡Hasta otra!
Aquí "angeluchin", porque esta es mi cuenta y Lily es un fantasma que se puede colar de tanto en tanto... Simplemente quería añadir al recordatorio que podéis enviarle las críticas pesadas a ella directamente a su buzón (www. fanfiction u / 2895032 /raf-lily ) (recordad borrar los espacios para poder llegar a su página). Seguro que os responde con más amor que esta angelita que os está hablando ahora mismo, jujuju...
Capítulo 36: Ataque en la Tierra
—Déjanos algo… —susurró Emily abriendo los ojos lentamente.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Katsuharu.
—¿Eh? No, nada —respondió rápidamente, centrando la mirada en los que la rodeaban —. Era… creo que era un recuerdo…
—Emily, ¿estás bien? —preguntó Gatomon.
—Sí, lo estoy…
—Bien, porque no hay tiempo que perder —dijo mirando hacia el exterior —. De alguna forma, los clones de XANA están aquí, en la Tierra.
—¿Qué? ¿Cómo es eso posible? —preguntó Jeremy.
—No estamos del todo seguros, pero están cerca de la Ermita —respondió —. Patamon y Lopmon están intentando distraerles mientras Bokomon y Neemon llevan a Kim a la fábrica.
—¿Ellos solos? —preguntó Zoe, preocupada.
—Alumnos, vayan entrando a sus clases, por favor —llamó un profesor.
—Oh, no —susurró Chiaki —. Vete, Gatomon.
—Pero…
—Espera entre los arbustos —señaló Teruo. La gata asintió y, de un salto, se alejó —. Y ahora, nosotros.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Katsuharu.
—Deberíamos ir, pero no podemos salir todos —negó Yumi.
—Entonces, iremos unos cuantos. Lo siento, Em, pero vas a ser nuestra excusa —decidió William cargando a Emily en brazos —. ¡Profesor! —llamó.
—¿Qué ocurre, Dumbar?
—Profesor, Emily no se encuentra bien —dijo.
—¿Es eso cierto? —preguntó el adulto mirando a la chica.
—Estoy… mareada —respondió llevándose una mano a la cabeza.
—Voy a ayudar a sus compañeros a cargarla hasta la enfermería —dijo señalando a Katsuharu y Teruo.
—Está bien. Procurad no entreteneros después en regresar a vuestras clases —aceptó el profesor entrando en un aula.
—Si necesitáis ayuda, avisad enseguida —susurró Yumi, siguiendo al profesor al aula.
—Intentaremos escapar nosotros también —aseguró Jeremy.
Con Katsuharu y Teruo siguiéndole los pasos y Emily con su fingido mareo, William recorrió los pasillos en dirección a la enfermería hasta que encontró un pasillo vacío por el que desviarse. Acurrucada en un arbusto, Gatomon alzó la cabeza al verles llegar.
—¿Sólo estáis vosotros? —preguntó mientras corría junto a los cuatro.
—Creo que lo tienen chungo para escaparse de los profes —se disculpó Teruo.
—Y nosotros también como no vigilemos por dónde andamos —dijo Emily —. Para ir rápidos, hemos de pasar por una zona algo abierta a ojos curiosos.
—Pues corred con todas vuestras fuerzas —declaró William.
—¿Y si nos ven?
—Los habremos perdido para cuando salgan del aula —dijo.
Mirando de reojo hacia las ventanas cada dos por tres, el grupo siguió corriendo con Gatomon al frente, sus orejas moviéndose en busca de algún sonido que la guiase al problema. En cuanto pasaron la primera fila de árboles, los dispositivos de Emily y William brillaron, haciendo salir a Mikemon y a Dracomon.
—¡Es en esa dirección! —señaló la gata blanca.
—¿Cuántos son? —preguntó Teruo.
—Bastantes más de los que sois ahora —respondió con una mueca Gatomon.
—Entonces empecemos tendiéndoles una emboscada —decidió Katsuharu —. Espíritu digital animal, ¡digievolución! —de un salto, Gigasmon adelantó al grupo varios metros —. Vosotros atacad desde arriba y, cuando Patamon y Lopmon estén fuera de peligro, golpearé desde abajo. No se lo esperarán.
—Buena idea —asintió Gatomon —. Pero ten cuidado.
—Sí —dijo antes de lanzarse al suelo como si fuese una piscina y ocultarse bajo tierra.
—¡Espíritu digital, digievolución! ¡Mercurimon!
—¡Código digital Lyoko, digievolución! —exclamaron los otros dos.
—¿Tengo que digievolucionar? —preguntó Dracomon.
—Tiene razón, Coredramon es demasiado grande —recordó Mikemon.
—Es verdad —asintió el guerrero del metal —. Los ataques podrían llamar la atención de la gente y no dudarían en investigar…
—Por no hablar de la Ermita —recordó William —. Recordemos que es un lugar importante para Aelita… Y quizás, si la investigan, descubrirían la verdad sobre ella.
—Pero hay que hacer algo —negó Emily apretando con fuerza su D-Tector —. Si no actuamos… ¡Que sepan quién es Aelita será el menor de nuestros problemas! ¡Vamos, Mikemon!
Sin pararse a pensar, ambas se lanzaron hacia delante mientras el digicódigo envolvía a la digimon. Para cuando el brillo desapareció, la primera en moverse fue Gatomon con una sonrisa alegre.
—¿Mikemon acaba de digievolucionar? —preguntó William.
—Persiamon. Ahora está en el nivel perfecto —informó la gata blanca —. Con esto, posiblemente podamos aguantar más la presión de los clones.
—¡Yo también, Will! ¡Yo también digievolucionaré! —exclamó Dracomon, lanzándose tras las otras dos compañeras —. ¡Dracomon digievoluciona en… Coredramon!
—Vamos o el plan de Gigasmon será un fracaso —apremió Gatomon.
El grupo no tardó mucho en encontrar a Patamon y Lopmon, ambos saltando de árbol en árbol alejando a sus perseguidores de la Ermita y el colegio. En un abrir y cerrar de ojos, Mercurimon se teletransportó hasta ambos y se los llevó a un escondite tras una roca.
—¡Habéis llegado! —exclamó Patamon.
—¿Están Takuya, Kouji o Koichi con vosotros? —preguntó Lopmon.
—Lo sentimos, pero no han podido escapar —negó Mercurimon.
—Pero tenemos a Persiamon —sonrió Gatomon señalando a la digimon gatuna con forma humanoide —. Descansad mientras yo ayudo a los chicos.
—Tened cuidado, son muy fuertes —dijo Patamon.
La aparición de los niños elegidos llamó la atención de BlackRanamon. La clon del agua miró alrededor mientras esquivaba las primeras flechas de Emily.
—Los niños elegidos están aquí —dijo.
—Eliminadlos. Nos ocuparemos de BlackKazemon después —ordenó Duskmon.
—¡Intentadlo si sois capaces! —rió Persiamon antes de caer entre ambos y golpear con fuerza el suelo —. ¡Acabaremos con vosotros! —exclamó antes de saltar hacia un árbol —. ¡Ahora!
—¡Terremoto! —la tierra se sacudió bajo los pies de los clones al tiempo que Gigasmon salía del agujero abierto bajo ellos —. ¡Ja, ja! ¡No os esperabais esto!
—¡Buena, Gigasmon! ¡Están atascados! —sonrió Mercurimon, escudos listos para absorber ataques desesperados de los atrapados mientras Coredramon se lanzaba contra ellos con su gran tamaño.
—¡Gigasmon, cambio de digievolución a… Grumblemon! Vamos a repartir golpes —sonrió sacando del suelo sus martillos.
...
Koichi miraba de reojo varias mesas hacia atrás. Takuya había estado como un flan junto a la chica nueva hasta que la noticia de la aparición de los clones llegó a sus oídos. En tan solo unos segundos, la sonrisa dulce de la chica había pasado a una mirada de molestia y malestar, posiblemente fruto de alguna frase del chico. Una pequeña luz junto a él le hizo bajar la vista para ver la mano de su hermano cubriendo el bolsillo de su pantalón.
—¿Qué pasa? —susurró Zoe intentando observar, desde el asiento tras ellos.
—Mi D-Tector —respondió el de la luz.
—Te cubro —susurró Koichi.
—Kouji, necesitamos refuerzos —informó Grumblemon en la pantalla del dispositivo.
—¿Cuántos?
—Lo bonito sería muchos —respondió el otro —. Hemos logrado enterrar a varios clones y sólo estorban si pasamos junto a ellos, pero no hay manera de atrapar a Duskmon…
—Contad conmigo, pero no sé si alguien más podrá seguirme.
—Seguid el "rastro de destrucción". No tardéis, por favor —pidió.
—No me gusta cómo ha sonado eso —declaró Koichi.
—¿Qué hacemos? —preguntó Zoe.
—Voy a pedir ir al baño —dijo Kouji —. Pero yo solo no podré si aún hay otros incordiando.
—Intentaré llamar la atención de Takuya para que te acompañe —dijo Zoe, arrancando un trozo de papel y escribiendo en él —. ¿Me cubrís?
—Aprovecha mi jaleo —susurró Kouji alzando la mano —. Disculpe, profesor, ¿puedo ir al lavabo?
—Sí, claro…
Unas mesas más atrás, Takuya observó confundido a su compañero hasta que unos gestos de Zoe le hicieron bajar la vista hacia el papel en sus manos. Sonrió divertido al ver los kanjis japoneses con los que la chica había escrito el mensaje.
—Podría haber usado la excusa del baño hace rato —murmuró mientras veía al gemelo de cabello largo pasando tranquilamente hacia la puerta.
—Deja de remugar —susurró Leire a su lado —. Llevas desde que hemos empezado la clase haciendo ruido.
—Usted perdone, doña perfecta —respondió con burla.
—Ya me has despistado —declaró con fastidio la chica —. ¿Qué tal si te quedas en silencio?
—Tú también estás hablando —dijo. La mirada de molestia y la vuelta al silencio pusieron nervioso a Takuya. Desesperado, miró alrededor hasta dar con algo que sirviera para proporcionarle una vía de escape —. Eh, no te pases de los límites establecidos para una convivencia pacífica —dijo de pronto.
—¿Que no me qué? —preguntó la chica, mirándolo como si de repente le hubiese salido otra cabeza.
—¡Tus cosas están pasando a mi mitad de mesa! —señaló.
—¿Pero de qué hablas? Estás loco…
—¿Loco? —preguntó, aprovechando el insulto para alzar la voz —. ¿A santo de qué me insultas tú ahora?
—¡Kanbara! —gritó el profesor —. ¿Se puede saber qué ocurre?
—¡Ella es lo que ocurre! —exclamó, poniéndose en pie y señalando a Leire.
—¡Lo que me faltaba! —exclamó la chica.
—Al despacho del director ahora mismo, Kanbara. Y le explicas tu problema —señaló el profesor.
—¿Pero qué hace? —oyó preguntar en susurros a Jeremy.
Cabizbajo y murmurando en japonés, salió del aula y cerró la puerta. Una mano en su hombro le hizo cambiar la actitud al instante.
—Te ha costado lo tuyo, y eso que tenemos bastantes problemas —le regañó Kouji.
—Perdón, perdón, la excusa del baño no iba a ser creíble —rió nervioso.
—Ahora estarás castigado —negó con la cabeza el otro.
—Soy alumno nuevo, no he tenido tiempo de memorizar todas las normas… Y también soy despistado y no me acabo de aprender los pasillos. Así que quizás se me olvida que tengo que ir al despacho del director más tarde —señaló.
—Mejor salgamos corriendo ya.
Vigilando bien los pasillos, ambos atravesaron el centro hasta la salida más cercana, esquivando puertas, ventanas y cualquier alumno que pudiese haber en el campus en ese momento.
—¿Sabes dónde están? —preguntó Takuya.
—Grumblemon me ha comentado que siga el rastro de destrucción —respondió Kouji.
—Ay, no, destrucción —dijo con fastidio —. ¡Ya los veo!
—¡Espíritu digital, doble digievolución!
—¡Aldamon!
—¡Beowolfmon!
—Creo que tendremos que tirar árboles o incendiaré Kadic —dijo Aldamon antes de alzar el vuelo.
—Céntrate en el objetivo y procuremos no causar destrozos mayores —respondió el otro preparando su espada.
...
Aunque el grupo tenía la situación bastante controlada, estaba claro que no tenían la victoria asegurada ni por obra de un milagro. Coredramon se había dedicado a aplastar a todo atrapado que se intentaba librar de sus prisiones de tierra mientras mantenía a raya al clon de Agunimon al tiempo que Persiamon saltaba de aquí para allá haciendo que los ataques de BlackRanamon golpeasen a los aliados de la clon. William y Emily, por su parte, se las veían con los clones humanos, agradecidos al menos de que el de Aelita y el de Ulrich fuesen dos de los atrapados y de que Gatomon y unos recuperados Patamon y Lopmon ponían en problemas a los demás. Grumblemon y Mercurimon, sin embargo, empezaban a tener problemas con su pelea contra Duskmon.
—Como siga atacando con esa intensidad, mis escudos se romperán —informó el del metal.
—Y no logro conectar ningún golpe con mi martillo —protestó el de la tierra.
—¿Eso es todo lo que tenéis? ¿Habéis acabado? —preguntó Duskmon con calma, como si no hubiese estado peleando en absoluto.
—¡Encima se está burlando de nosotros! Esto ya es demasiado… ¡Ruptura de ojos de serpiente!
—¡Espejo generoso!
—Demasiado lentos… ¡Mirada mortal!
—¡Chicos, detrás de vosotros! —gritó Coredramon.
—¡Aparta, Grumblemon! —gritó Mercurimon antes de desaparecer de su posición.
El guerrero de la tierra se volteó justo para encontrarse los tentáculos de la Scyphozoa a un metro escaso de él. Alzó uno de sus martillos, aunque intuía que no lograría golpearla a tiempo, justo cuando Mercurimon apareció a su lado y lo empujó, haciendo que los tentáculos le atrapasen a él.
—¡No! Maldita bicharraca… ¡Suelta a mi amigo! —exclamó Grumblemon, martillo en alto para atacar a la medusa, pero éste no lograba descender.
—Tu rival soy yo —sonó la voz de Duskmon por detrás. El de la tierra alzó la vista para ver al clon oscuro reteniendo su martillo.
—No…
—¡Infierno de plasma! —el ataque de fuego golpeó a la Scyphozoa, quemándole los tentáculos y forzándola a soltar a Mercurimon —. ¡Lo siento! Los profesores son peores que mil clones —rió Aldamon.
—¡Al fin la caballería! —exclamó William.
—¿Os parece bonito hacernos esperar? —preguntó Grumblemon. Su martillo se vio atraído por la gravedad de golpe, llamándole la atención.
—No importa cuántos seáis, el resultado será el mismo —dijo Duskmon, lanzándose sin dudarlo contra el híbrido de fuego.
—Eh, eh, tranquilito. Tampoco te vengas tan arriba —dijo el de fuego esquivándolo y alejándolo de los demás.
—¿Estás bien, Mercurimon? —preguntó Grumblemon, agachándose junto al otro.
—Algo mareado…
—Descansa, nosotros seguimos. ¡Lopmon digievoluciona en… Turuiemon!
—¡Patamon digievoluciona en… Angemon! —el ángel alzó el vuelo por encima de ellos antes de lanzarse contra el digimon oscuro —. Ahora sí podemos pelear como es debido.
—¡BlackRanamon, no permitas que nadie escape! —ordenó Duskmon.
—Ni te pienses que podrás atraparnos en más piscinas… ¡Cuchillas rápidas! —atacó Turuiemon, saltando veloz hasta el clon y tirándola —. ¡Corre, Mercurimon!
—Malditos niños…
—Duskmon, céntrate, por favor —se burló Aldamon antes de golpearle.
Vigilando alrededor, Aldamon se las ingenió para seguir esquivando las espadas de Duskmon mientras el resto se hacía cargo de las molestias. En poco tiempo, el clon oscuro regresó al centro de la batalla, chocando con la espalda de una sorprendida BlackRanamon.
—¡Apartaos todos! —ordenó Aldamon preparándose para atacar —. Vuestra estancia en la Tierra se acabó, Duskmon.
—¿Es lo que crees? —preguntó sin inmutarse.
—Sí. Esto es por hacer que me envíen al despacho del director… ¡Destructor solar!
—Demasiado predecible —dejó ir Duskmon, listo para contraatacar, aunque el golpe de BlackRanamon en su espalda y otra voz le desequilibraron ligeramente.
—¡Cazador helado!
Incapaz de escapar por la presencia de los demás clones, Duskmon vio cómo ambos ataques le alcanzaban sin que pudiese evitarlo. Ante la mirada de los elegidos, el grupo de clones empezó a desaparecer entre interferencias.
—¿No hay digicódigo? —preguntó Grumblemon.
—Será como cuando XANA enviaba monstruos aquí, a la Tierra —comentó William.
—¿Cómo te ha ido, Beowolfmon? —preguntó Aldamon.
—A la Scyphozoa le ha pasado lo mismo que a estos —respondió señalando el boquete provocado por el ataque.
—Vosotros dos… —empezó a decir Emily.
—Son las formas híbridas del fuego y la luz —dijo Angemon —. En otras palabras, una evolución más de Takuya y Kouji.
—Chicos… —llamó Teruo, apoyado al tronco de un árbol.
—¿Te encuentras bien? —Persiamon saltó junto a él, ofreciéndose de apoyo para el chico.
—Sí, pero deberíamos regresar.
—Cierto. Me voy a ganar unas buenas bromas si sigo tardando demasiado en regresar del baño.
—¡Ay, no! ¡Que yo tenía que ir al despacho del director! —chilló Aldamon antes de dedigievolucionar y echar a correr.
—¡Espéranos, bobo! —gritó Grumblemon, dedigievolucionando también y siguiéndole.
—Nos va a caer una bien gorda —suspiró William.
—¿Qué hacemos nosotros? —preguntó Gatomon.
—Id a la fábrica con Bokomon, Neemon y Kim —señaló Beowolfmon antes de que los datos le envolvieran —. De una forma u otra, iremos más tarde. Escondeos o salid huyendo si veis peligro.
—Así lo haremos —aseguró Turuiemon antes que él y Angemon volviesen a sus etapas previas.
