¡A las muy buenas a todos!

Aquí vengo una semana más para subir el capítulo de turno con el que entreteneros otra semana más. Y como siempre...

DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no son ni de raf-lily ni mío (como seguro de ninguno de vosotros). Los personajes originales se cuentan con las manos y cualquier parecido con la creación de otra persona es una coincidencia que esperamos poder hablar.

ATENCIÓN: cualquier comentario grosero hacia la historia, las autoras o los lectores será respondido con la educación equivalente. Yo me lo pensaría dos veces antes de decir una burrada.


Capítulo 37: El último piso

El señor Delmas contó hasta diez antes de seguir hablando. En todo el tiempo que llevaba como director, no recordaba haber tenido que enfrentarse a la situación que tenía en esos momentos ante su escritorio.

—Dumbar, Leduc, conocéis bastante bien las normas como para saber lo que está permitido y lo que no. Me sorprende especialmente que tú, Leduc, hayas cometido una falta —dijo.

—Lo sentimos, señor Delmas —corearon ambos.

—En cuanto a los demás… De acuerdo, sois nuevos y os habéis perdido al regresar a vuestras clases. Pero eso no significa que no podáis pedir ayuda en vez de aprovechar la situación para no regresar al aula. Perfectamente podéis interrumpir otra clase y pedirle al profesor que os guíe. Porque estoy seguro que vuestros problemas de orientación deben ser por la guía que os hizo Jim —murmuró.

—No volverá a ocurrir, señor Delmas…

—Bien. Por esta vez, no pasará nada. Pero espero no veros de nuevo por aquí, independientemente de la incidencia. No tendréis tanta suerte, ¿entendido?

—Sí, señor Delmas —corearon los seis jóvenes.

—Venga, salid ya.

Sin mediar palabra alguna, el grupo abandonó el despacho y caminó en silencio hasta el patio, en donde los demás esperaban con las mochilas.

—¿Qué castigo tenéis? —preguntó Aelita.

—Ninguno. Sermón, advertencia y circulando —respondió William.

—Pero a la próxima no nos perdonarán —suspiró Emily.

—Esto debe servirnos para ir más rápidos la próxima vez —dijo JP.

—Sí, claro —dejó ir Kouji —. La próxima vez, le enviaré una nota a XANA en la que ponga "vale, soy el guerrero de la luz, pero hasta yo tengo problemas con la velocidad, así que envía monstruos cuando no estemos en clase o, en su defecto, únicamente a uno por ataque. Muchas gracias por tu atención".

—Bueno, tampoco me refería a eso…

—Ya ha sido mala suerte que Jim os encontrara a los seis juntos —dijo Ulrich —. De no haber sido por eso, Kouji se habría salvado y no le tendrían fichado para la próxima.

—Dejemos eso a un lado —alzó la voz Jeremy —. Hay que aclarar unas cosas antes de repartir faena.

—¿Faena? ¡Estoy agotado! —protestó Takuya.

—Yo también —alzó un brazo Odd.

—Tú no has hecho nada —le golpeó Sissi.

—He acudido a clase, que no es poco.

—¿Podéis hacerme caso sin interrumpirme? —pidió Jeremy —. Hay que ir a investigar el lugar del que hablaba Kim en la fábrica, pero no podemos salir todos —dijo viendo las intenciones de más de uno de interrumpirle.

—¿Y qué vamos a hacer? —preguntó Yumi.

—Montemos un grupo reducido. ¿Quién quiere ir?

—Yo —alzó la mano Aelita.

—Yo también. Y pobre del que quiera impedírmelo —dijo Zoe.

—Y yo —se apuntó Chiaki.

—¿Sirve decir que lo hago para librarme de Herb? Está de un pesadito… —dijo Sissi.

—¿Algún chico, por favor? —pidió Jeremy, obteniendo las manos de los gemelos en alto —. Gracias… Por un momento, temí quedarme solo con todas ellas…

—¿Algún problema con ello? —preguntó Aelita.

—No, ninguno… Pero llamaría demasiado la atención… En fin, mejor marchemos antes que se nos haga tarde —dijo desviándose rápidamente hacia la entrada más cercana a los pasadizos.

Tras asegurar que nadie seguía al grupo, los que quedaban en Kadic fueron a buscar un banco.

—Qué raro que os hayáis quedado vosotras dos —señaló Teppei hacia Emily y Yumi.

—Aún ando cansada y con la cabeza ida en el recuerdo —comentó Emily.

—Y creo que, del mismo modo que tantas chicas con Jeremy parece raro, tanto chico alrededor de Emily es igual —se encogió de hombros Yumi.

—¿Qué clase de recuerdo has tenido? —preguntó Tommy.

—De cuando era una Mikemon todavía… Y jugaba con otras dos gatas… Y aparecía una Gatomon… Nos llamaba "hermanitas".

—¿Tienes hermanas? —preguntó Odd —. ¿Y una de ellas es una Gatomon?

—No una, sino Gatomon —negó la chica —. La que conocemos como la dama Ophanimon.

—¡¿QUÉ?!

—¿Estás segura? —preguntó William.

—¿Tan rara os parece la idea? —preguntó la voz de Gatomon por encima de ellos. Tumbada en una rama, la gata blanca observaba con una sonrisa.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Takuya, poniéndose alerta.

—No, nada —negó —. Simplemente, quería venir a hablar un poco con Emily —dijo saltando a los pies del grupo y permaneciendo cual auténtica gata entre ellos.

—Gatomon, ¿es en serio? —preguntó la voz de Mikemon —. ¿Realmente somos hermanas?

—Sí —respondió tranquilamente la blanca —. Antes de ser reconocida como gran ángel, fui una simple Gatomon con tres hermanas demasiado juguetonas.

—¿Tres? —preguntó más de uno.

—Mikemon, a la que ya conocéis, BlackGatomon y Tailmon —nombró.

—Algo me dice que erais diferentes entre vosotras —dijo Ulrich.

—BlackGatomon es negra, con los guantes en púrpura y las marcas en rojo, a demás de no tener ningún anillo sagrado —dijo alzando su cola y moviéndola para que viesen el objeto dorado en ella —. Tailmon se parece a mí bastante, pero tiene una marquita roja en la frente, sus garras son más grandes, tiene un cascabel en una oreja y dos colas y el anillo lo lleva en plan bandolera.

—Así no habría problema en identificaros —rió Tommy.

—¿Qué fue de esas dos? BlackGatomon y Tailmon —quiso saber Yumi.

—La verdad, cuando me nombraron gran ángel junto a Patamon y a Lopmon, mis responsabilidades crecieron y me fue más difícil tenerlas localizadas —explicó —. A Mikemon fue a la que más tenía controlada porque entró a formar parte de los Guardianes. Pero las otras dos…

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Bokomon, Neemon y BlackTamekimon suspiraron aliviados al reconocer a quienes había en su interior.

—Por un momento, nos temíamos lo peor —reconoció el digimon con faja.

—¿Dónde están Patamon, Lopmon y Gatomon? —preguntó Koichi.

—Patamon y Lopmon están vigilando. Gatomon ha dicho que regresaba a Kadic a comprobar una cosita —respondió el cerdito.

—Espero que no les pille nadie —dijo Chiaki mirando hacia arriba.

—Rara vez se acerca alguien aquí, así que estarán bien —comentó Aelita.

—Y como no contamos con las cámaras de vigilancia conectadas al superordenador, porque está apagado y no pienso encenderlo nunca más, será mejor que nos pongamos a investigar el último piso cuanto antes —dijo Jeremy.

Los dos digimons y el clon entraron al ascensor, listos para descender. Una vez abajo, el grupo volvió a separarse por la estancia para intentar localizar algo inusual.

—La sala que queda encima es la de los escaners, ¿no? —preguntó Sissi.

—Exactamente.

—Kim, ¿fue por aquí por donde saliste? —preguntó Zoe a su clon.

—No… Aunque no había luz en ese lugar, recuerdo cómo era. Había un agujero en el suelo y me choqué con su pared… Y estaba a esta distancia del ascensor —dijo poniéndose sobre el sitio del que salía el superordenador.

—¿Y si era el agujero del ordenador? —preguntó Chiaki.

—Imposible —negó Jeremy —. Habría caído sobre el ordenador, no en un agujero tal cual.

—¡Nosotros podríamos ayudar! —exclamó la voz de Gaomon antes de salir del dispositivo. Lunamon y Floramon también aparecieron junto a él.

—Seguro que encontramos algo raro —dijo la conejita.

Repartiéndose el lugar nuevamente, el grupo volvió a revisar cada una de las esquinas en busca de cosas raras.

—¡Ay! —chilló Neemon.

—Tontomon, ¿se puede saber qué haces? —dijo Bokomon, los brazos cruzados y la mirada seria.

—He tropezado —respondió.

—Porque eres un torpe… ¡Sólo tú tropezarías con aire!

—No, no ha tropezado con aire —dijo Kouji, acercándose junto a su hermano al digimon caído.

—¿Qué ocurre? —preguntó Aelita.

—El suelo está levantado y sale algo de luz de la brecha —señaló Koichi.

—¿Luz? —preguntó extrañado Jeremy.

—Puedo investigar con mis raíces si queréis —ofreció Floramon.

—Adelante, hazlo —asintió Sissi.

—Veamos… —un minuto más tarde, Floramon alzó los brazos con alegría —. ¡Es una sala!

—¿Cómo va a ser una sala? —preguntó Jeremy —. Hemos estado aquí mucho tiempo y el ascensor jamás bajó más allá de este lugar.

—Quizás es que no hay ascensor que lleve allí —dijo Aelita.

—Sí lo hay —repuso Floramon —. En el mismo sitio que el que hemos usado.

—Así que hay otro piso… ¿Bajamos? —preguntó Chiaki.

—Pero ¿cómo? —preguntó Bokomon corriendo al ascensor y mirando la botonera —. Aquí no hay nada que ponga "más abajo".

—Quizás vaya con clave —pensó en voz alta Jeremy, acercándose al panel y pulsado algunos botones —. No, no funciona…

—¡Pon "Frontier"! —dijeron al mismo tiempo Aelita y los gemelos.

—Pero si el teclado sólo tiene números —observó Sissi.

—Se puede probar —asintió Jeremy.

—¿Podéis decirme cómo va a escribir Jeremy eso en un panel de números? —pidió Sissi.

—Quizás te resulta más fácil de ver con el móvil —indicó Aelita, esperando a que la hija del director de Kadic sacase de su bolsillo el teléfono —. Ahora, abre la llamada y pulsa las teclas que corresponden a las letras de "Frontier".

—Las teclas que corresponden a las letras… —susurró —. 3… 7… 6… 6… 8… 4… 3… y otra vez 7…

—Exactamente. 3-7-6-6-8-4-3-7 —dijo Jeremy acabando de teclear los números.

El ascensor empezó a emitir ruidos, provocando que todos en la sala corriesen hacia él y entrasen antes que la puerta se cerrara y la caja metálica empezara a descender

—Código aceptado. ¿Listos para conocer el último piso de nuestra fábrica?