¡Aloha a todos una semana más! Un día más, me paso por aquí para dejaros el nuevo capítulo con el que teneros entretenidos un rato. Y también como siempre que subo capítulo...

DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. Cualquier personaje original que tenga un 75% de parecido con el personaje de otra persona es una coincidencia de la que nos gustaría hablar con el autor de dicho personaje. La gran ida de olla que es la idea es totalmente nuestra, porque estamos así de majaretas, pero sabemos que posiblemente haya alguien que ha pensado en alguna de las escenas; también estaremos encantadas de hablar con dicha persona sobre cómo habría enfocado ese capítulo él/ella.

AVISO: a cualquier mentecatomon que se le ocurra dejar un review despectivo, si has llegado hasta aquí, que sepas que no es ni mi culpa ni la de Lily que no tengas nuestra imaginación o tu nivel de locura requiera de otro medidor. Aquí se aceptan críticas constructivas, no destructivas. Así que todo aquel libre de maldad es libre de dejar un comentario criticando negativamente siempre y cuando lo haga de forma correcta y educada (aka principalmente sin faltas de ortografía que dañan más que la locura que estáis leyendo).


Capítulo 38: Dónde

—Por cierto —dijo de pronto William —, ¿cómo es que Mikemon no ha digievolucionado hasta ahora?

—¿Has evolucionado? —preguntó Odd —. ¿Al fin?

—Era la única que aún no lo había hecho, ¿verdad? —preguntó Yumi.

—Porque Mikemon ya estaba en el nivel adulto, como pasa conmigo —respondió Gatomon —. Lo que ha hecho ha sido superdigievolucionar al cuerpo perfecto, que es un nivel mayor que el de las evoluciones de vuestros compañeros.

—¿Quieres decir que, todo este tiempo, Mikemon ha sido la digimon más poderosa del grupo? —preguntó Odd incrédulo.

—La de mayor nivel, no la más poderosa —corrigió —. Nosotras no tenemos ataques tan fuertes como los demás digimons de nivel campeón, pero somos ágiles y capaces de derrotar a la gran mayoría de digimons de nuestro nivel —explicó.

—Pero lo que a mí me extraña es que lo haya hecho ahora y no cuando luchamos en tu castillo —señaló William.

—Será por el temor que sentía Emily.

—¿Mi temor?

—¿A qué te refieres? —preguntó Ulrich.

—Las digievoluciones de digimons con compañero humano vienen dadas porque el humano está en peligro —empezó a decir la gata blanca —. La situación en la que se iba a encontrar Emily no era precisamente una que inspirase tranquilidad, así que quizás Mikemon ha digievolucionado para hacer sentir mejor a Emily.

—Es agotador —sonó Mikemon.

—Normal, pasa lo mismo con el cuerpo adulto aunque con mayor carga. Si no estás acostumbrado a mantener tu forma perfecta, pierdes esa evolución y retrocedes en etapa porque consumes mucha energía —rió Gatomon.

...

BlackRanamon estaba cansada de esperar órdenes en el más absoluto de los silencios. Como era de esperar, Duskmon se debía encontrar con Xana-Lucemon, informando y recibiendo órdenes que serían dadas a ella y por las que se tendría que mover al son del clon siniestro. Harta de eso, se levantó y abandonó la estancia en la que se encontraba para tomar rumbo al salón principal de la Rosa de las Estrellas. Se sentía rabiosa, aunque no era capaz de comprender del todo a qué esa explosión de sentimientos repentinos y ello la hacía pensar cada vez más que algo en ella no era correcto.

Sumida en sus pensamientos, llegó a la puerta del salón antes de lo imaginado. Alzó la mano para abrirla, pero se detuvo inconscientemente para escuchar lo que allí se decía sin ser vista por nadie.

—El comportamiento de BlackRanamon es extraño últimamente —oyó decir a Myotismon.

—Me he dado cuenta de ello —dijo Xana-Lucemon —. Parece ser que el programa que retoqué en ella está empezando a actuar erróneamente.

—¿Qué hacemos pues? —preguntó prudentemente el vampiro.

—No creo que sea un peligro como BlackKazemon, pero no estaría de más evitar que eso pueda ocurrir. Bastantes problemas hemos tenido por un clon defectuoso —dijo el ángel caído —. Duskmon, encárgate de eliminarla.

—Así lo haré.

Totalmente sorprendida, BlackRanamon sólo pudo pensar en correr cuanto sus piernas le permitieron. Debía escapar de aquel lugar antes que el guerrero de la oscuridad la atrapase, porque temía que esa armadura llena de ojos ya se hubiese movido y la tuviese localizada.

Corrió lo que le pareció una eternidad, con la respiración agitada por el cansancio pero negándose a detenerse. Necesitaba abrir distancia entre ella y la Rosa de las Estrellas a toda costa, ya no le importaba ni la dirección ni a quién pudiese encontrarse. Sus pies tropezaron de pronto con una vía de Trailmon. Fatigada, se puso en pie y la siguió directa a un extraño bosque que, por un momento, no le resultó familiar. Negándose a separar sus pasos de la vía, siguió corriendo, notando por primera vez en su existencia algo parecido al agotamiento. Sólo dejó de correr cuando la vía desapareció ante sus ojos en mitad del bosque.

—Qué raro… que acabe aquí —dijo observando el último tablón.

Miró alrededor, intentando localizarse. No se encontraba en ninguna estación ni aquel lugar tenía pinta de ser un cementerio de Trailmons, motivo por el que ya no habría vía alguna. Resoplando, empezó a moverse de nuevo, negándose a regresar hacia atrás por nada del mundo. Un chasquido a su espalda la hizo ponerse en tensión. Lentamente, sintiendo lágrimas en sus ojos, se volvió para encontrarse que no había nadie.

—¿Qué…?

Un extraño velo apareció de repente donde se había detenido, moviéndose como si el viento lo estuviese meciendo. Se acercó lentamente, con mucho cuidado, y esperó.

—Está claro que es una vía de Trailmon —escuchó decir a una voz masculina. Asustada, miró alrededor.

—Se parece a las de la estación subterránea de Shibuya —acordó una chica. Nuevamente, BlackRanamon buscó la procedencia de la voz.

—¿Es este el lugar por el que viniste, Kim? —preguntó otra voz femenina.

—¡Sí, es aquí! ¡Aquí aparecí cuando escapé del mundo digital! —respondió otra voz, vagamente familiar.

Sus ojos se posaron de nuevo en el velo, abiertos por la sorpresa. BlackRanamon se acabó de acercar aún más y apretó los puños. Lentamente, estiró los brazos dispuesta a atravesar aquel velo, sintiendo que todo cambiaba a su alrededor y que las voces que había estado oyendo se hacían más claras.

—¡Cuidado! —oyó. Se obligó a no inmutarse.

—¿Un vórtice interdimensional? —preguntó otra voz.

—¡BlackAllymon! —exclamó la voz que le sonaba tanto.

—¿Qué…? —preguntó extrañada cuando la luz a su alrededor se suavizó. El clon de la guerrera del agua miró el lugar donde se encontraba, la gente que había allí, los digimons y, por último, a sí misma.

Aunque seguía teniendo el mismo tono pálido característico de los clones, el resto en ella había cambiado. En lugar del bañador, llevaba un top de manga larga abierta y unas mallas piratas decoradas con una especie de cinturón en forma de cadena de lágrimas de cristal en un sucio azul oscuro.

—¿Cómo he llegado aquí? —preguntó extrañada mientras el otro clon en la sala se lanzaba a abrazarla.

—Tú sabrás, eres la que ha sido enviada —señaló Floramon.

—No… no me ha enviado nadie… ¿Estoy… en el mundo humano?

—¡Sí! —exclamó BlackTamekimon.

—Estás bien… Estás viva… ¿Cómo es posible?

—¡Estoy con ellos! —dijo feliz apartándose y mirándola de arriba abajo —. ¿Sabes? Ese peinado de moñitos te sienta bien —rió.

—Deberías alejarte de ella, Kim. Es peligroso —dijo Lunamon, acercándose junto a los otros dos digimons para apartarla.

—¿Kim? —preguntó la del agua.

—Así me llaman —respondió antes de que la conejita la apartase de la otra.

—Deberíamos aprovechar que sólo es una para atacar —convino Gaomon.

—¡No lo hagáis! —pidió el clon del viento —. Por favor, no la eliminéis… ¡Es mi amiga!

—Es nuestra enemiga —negó Jeremy —. Si está aquí, es seguro que los demás no tardarán en llegar.

—Lo dudo —dijo la recién aparecida —. Estaba escapando de ellos y sus intenciones de eliminarme cuando he atravesado un velo salido de la nada que no se parecía en nada a la forma en la que Xana-Lucemon nos ha enviado antes a la Tierra.

—¿Escapar? No vamos a creernos eso —señaló Sissi.

—No estás herida, como le pasó a Kim —indicó Floramon.

—Porque lo he oído y he salido corriendo antes de que Duskmon…

—Ya, claro —asintió Lunamon —, por casualidad han dicho que te van a eliminar y has salido corriendo. Y ahora estás aquí.

—¿Por qué no nos cuentas cuál es el problema para que te estén persiguiendo? —pidió Chiaki, sorprendiendo a los tres digimons y sus respectivos compañeros humanos.

—¡Chiaki! ¡Se trata de un enemigo creado a partir de tus datos! ¿No te preocupa qué pueda estar tramando? —preguntó Jeremy.

—Vosotros tres no estaréis de su lado, ¿no? —preguntó Sissi mirando a Zoe y a los gemelos.

—Bueno… —empezó Zoe.

—Mejor dejémosla hablar y después juzgaremos si dice o no la verdad —dijo Koichi.

—Habla. ¿Qué has hecho para que, supuestamente, te persigan? —preguntó Kouji.

—Parece ser que el programa que introdujeron en mí para controlar a BlackKazemon está dando problemas y errores… El amo ha dicho que no tengo por qué actuar como hizo ella, pero que prefiere asegurarse eliminándome directamente…

—¿Problemas y errores? —preguntó Zoe —. Al contrario que BlackKazemon, tú siempre has atacado sin pensar en tu orgullo o ese tipo de cosas.

—¡Pero es que hay errores! —exclamó —. Hay algo en mi interior que me lleva a querer golpear incluso a mis compañeros… Y hay veces que siento dolor cuando hablan de BlackKazemon…

—Eso son sentimientos y emociones —rió Chiaki —. Cuando algo no te gusta, te sientes enfadada. Y ese dolor que sientes es tristeza.

—Es lo que me pasaba a mí —dijo BlackTamekimon —. El error con el que nací se llama sentimientos.

—Bueno, lo suyo era a nivel exagerado —murmuró Kouji.

—¿Y os lo vais a creer? —preguntó Aelita —. XANA sabe perfectamente cómo engañarnos.

—No hace falta que me creáis si no queréis —dijo la clon acuática —. Yo simplemente quiero esconderme de Duskmon, aunque es algo complicado…

—Y piensas esconderte en algún sitio que nosotros conozcamos para que puedan tendernos una emboscada, ¿no? —preguntó Floramon.

—No negaré que a Xana-Lucemon le interesa recopilar los datos de absolutamente todos vosotros. A estas alturas, estoy segura que el clon del último que la Scyphozoa capturó esta mañana ya está creado —dijo —. De querer tenderos una emboscada, no os habría dicho todo esto, aunque estoy segura que ya habíais llegado a esa conclusión cuando empezó a tomar a los que se convierten en digimons.

—¿Esta mañana has dicho? —preguntó de pronto Jeremy, abriendo su portátil —. ¿Acaso las líneas temporales se han establecido?

—¿El qué? —preguntó más de uno.

—Cuando caímos desde el mundo digital al nuestro, el tiempo no había pasado apenas. En cambio, si lo que está diciendo ella es cierto, allí debe ser por la tarde. Es decir, el tiempo está en movimiento sincronizado en ambos lugares. Las horas son las mismas aquí y allí —explicó.

—En pocas palabras: el tiempo se está moviendo en ambos mundos a la vez —resumió Aelita.

—¿Cómo es posible eso? —preguntó Koichi, pensativo.

—Ni idea —reconoció Jeremy, tecleando en el portátil.

—¿Sabes cuál es el próximo objetivo de Xana-Lucemon? —preguntó Chiaki, acercándose a su clon oscura.

—Sólo sé que, por ahora, está centrado en obtener los datos de los guerreros legendarios. No sé cómo, pero conoce a los digimons. Sin embargo, desconoce por completo a los que forman el grupo de los diez legendarios.

—¿Cómo puede conocernos a nosotros? —preguntó Gaomon.

—Posiblemente, lo que le tiene desconcertado es que los diez guerreros legendarios son humanos que digievolucionan con la ayuda de un espíritu digital —empezó a decir Kouji —. Necesita datos para entender cómo ocurre eso y de qué forma puede frenarlo, porque no es una digievolución natural como vosotros, los digimons nacidos de digihuevos.

—A demás, si está creando clones, seguro que es para ponernos las cosas más difíciles… Y los necesita a todos para ello —dijo Aelita.

—En otras palabras, que quien no haya sido víctima de la Scyphozoa debe vigilar bien sus espaldas —dijo Koichi.

—Por si Duskmon no fuese suficiente estorbo —suspiró su gemelo.

El tono de un móvil empezó a sonar en el lugar, asustando a todos y haciendo que la clon del agua mirase alrededor con evidente preocupación y temor.

—Perdón —rió nervioso Koichi descolgando —. ¿Diga? Ah, Takuya… Sí, sí, está bien… No tardamos —colgó y miró a los demás —. Parece ser que Jim está rondando en busca de caras ausentes… Y precisamente, mi hermano y yo somos todavía demasiado llamativos.

—No soy una atracción de feria —protestó el otro.

—Marchemos antes que las cosas empeoren —decidió Jeremy.

—¿Y qué hay de mí? —preguntó la clon de agua.

...

Gatomon asomó la cabeza por encima del respaldo del banco, murmurando en voz baja varias cosas que el grupo no alcanzó a entender.

—Oye, Gatomon, ¿qué nos puedes decir de tus otras hermanas? Antes parecía que querías decir algo pero te callaste —comentó Yumi.

—Ah, bueno… Es que hace bastante que no sé de ellas.

—Quizás las capturó Xana-Lucemon —dijo Odd —. Se enteró de quiénes eran esas dos gatas y, para hacer daño o que la dama Ophanimon cediese a sus peticiones, las tiene atrapadas.

—Lo dudo —negó la gata —. Tailmon se convirtió en una Magnadramon con un carácter muy fuerte. Aunque ante mí, siguió siendo muy tierna.

—¿Y BlackGatomon? —preguntó Ulrich.

—Me visitaba de tanto en tanto colándose en mi balcón —dijo —. Aparecía de la nada y se quedaba quieta y en silencio hasta que la veía. Entonces, hablábamos con normalidad de cómo estaba… Aunque jamás me comentó dónde estaba exactamente o lo que hacía cuando marchaba…

—Ojalá pudiese recordarlas —dijo la voz de Mikemon. Emily dejó el D-Tector sobre las piernas.

—Lo harás, lo harás —rió Gatomon —. Era muy normal que Magnadramon se dejase caer más veces por el cuartel de los Guardianes que por mi castillo.

—¿Y eso? ¿Tenía problemas? —preguntó Teppei.

—Dudo que sea eso. ¿No has oído que tenía un carácter muy fuerte? —señaló Takuya.

—¿Entonces?

—Oh, bueno, un buen día se le declaró AncientGreymon y, después de venir hecha un manojo de nervios a decirme que había huido sin responderle porque no sabía cómo decirle que sí… Bueno, que no sé cómo acabó diciéndole que sí, pero lo hizo.

Absolutamente todos los ojos cayeron sobre Takuya, que miraba sorprendido a la gata blanca. Más de una sonrisa picarona asomó en los rostros que le rodeaban.

—Ah, claro… Creo que ahora me cuadra qué pinta una Magnadramon en mi recuerdo recuperado —dejó ir con una risilla nerviosa.

—Así que recordaste a mi hermana… ¿Y no te diste cuenta que era tu novia? —preguntó risueña Gatomon.

—Bueno, no tenía tantos datos como para llamarla algo más que una amiga —se defendió el chico.

—Me partes el corazón con esas palabras —dramatizó la gata.

—Aunque… —susurró Takuya antes de quedarse pensativo, intentando rememorar el recuerdo.

—Así que Tailmon pasó a ser la novia del alocado este —dijo Yumi señalando con el pulgar al aún pensativo Takuya —. ¿Y BlackGatomon?

—La última vez que la vi fue poco después de que los Guardianes dividiesen su alma… Me dijo que nuestras hermanas debían estar muy lejos porque ninguna contestaba. Le expliqué lo de Mikemon, que había dividido su alma y una parte estaba en el mundo humano. Pero en cuanto a la dragona rosada… Ninguna de las dos sabíamos nada.

—¿Ella tampoco? —preguntó Emily.

—Parecía asustada cuando mencioné el mundo humano. Comentó algo de que Mikemon era una tonta y se fue diciendo que iría a sacar de su agujero a Tailmon —dijo antes de bajar la vista —. Pero no volví a verla nunca más… Y aunque lo intenté, tampoco encontré a Magnadramon.

Todos permanecieron en silencio, quebrado por alguna palabra en japonés de Takuya, aún metido en sus pensamientos. La llegada de los otros hizo que todos, salvo el guerrero del fuego, se volviesen para recibirles.

—¿Quién es ésa? —preguntó William señalando a la criatura de piel pálida que acompañaba al grupo. Al tiempo que todos se movían para cubrir a Gatomon.

—La pregunta más bien es por qué está Gatomon tan a la vista —señaló Zoe.

—¡Shhhh! —gesticuló Katsuharu.

—Nada de "shhh" —negó Chiaki —. Y a vuestra pregunta, Yla ha llegado desde el mundo digital huyendo.

—¿Yla?

—Bueno, BlackAllymon, como la ha llamado Kim cuando ha aparecido —se encogió de hombros. Tras ella, el clon se escondió un poco más.

—Estás diciendo que ésa es… ¡¿BlackRanamon?! —se alarmaron todos.

—¡SHHHH! Bajad la voz, idiotas —indicó Sissi.

—Lo siento…

—¿Pero cómo que ha llegado huyendo? ¿Y por qué tiene esa forma? —preguntó Teruo.

—Al parecer, ella también tiene sentimientos y emociones, cosa que no le gusta a Xana-Lucemon. La iban a eliminar antes que se convirtiese en una segunda BlackKazemon, así que ha huido para evitar eso —respondió Chiaki.

—¿Alguien más cree que eso es una trola? —preguntó Ulrich.

—Realmente no parecía querer atacarnos —dijo Zoe —. A demás, me he fijado en que se la veía feliz porque Kim está bien.

—Y, a demás de creer que dice la verdad, la traéis a la mismísima escuela —señaló JP negando con la cabeza —. ¿En qué pensáis?

—Por si acaso, hoy se quedará en mi habitación y ya veremos qué pasa, porque según parece, puede detectar a los otros clones —dijo Chiaki.

—¿Y vosotros qué hacéis hablando con Gatomon a la vista de cualquiera? —cuestionó Kouji.

—Nosotros fingimos hablar entre nosotros dejando que un gato se nos acerque —dijo Odd.

—Claro, porque todos los gatos en París llevan guantes y tienen anillos en sus colas. Por no decir que en Kadic están prohibidas las mascotas —recordó Sissi —. Tú, que toda la vida has tenido a Labramon, deberías saberlo mejor que nadie que incluso cuando lo sacabas a hacer sus cosas debías hacerlo a escondidas.

—¿Y si le pedimos al profesor que nos deje tenerla? —preguntó de pronto Aelita.

—Dudo que lo consigamos —suspiró Sissi —. ¿Tienes respuestas a cómo piensas cuidarla? Porque estaremos en clase y mi padre dudo que vaya a hacerse cargo de ella.

—Se puede intentar —dijo Yumi poniéndose en pie —. Si no se prueba, no lo sabremos jamás. ¿Vamos?

—Sí, pero… ¿Qué le pasa a Takuya? —preguntó Koichi.

—Ah, seguro que sigue con la mente perdida en su novia —rió Gatomon.

—¿Habláis de la chica nueva que se sienta junto a él? —preguntó intentando no reír Kouji.

—No, de una hermana mía —dijo Emily.

—¿Tienes hermanas? —preguntó Zoe.

—Por parte de Mikemon —asintió —. Esta Gatomon es mi hermana mayor. Y luego estaban BlackGatomon y Tailmon… Y justamente Tailmon, que digievolucionó a Magnadramon, fue novia de AncientGreymon.

Las risas fueron las responsables del regreso a la realidad de Takuya. Después de captar por qué los que no había visto llegar se reían, empezó a protestar al tiempo que el grupo cargaba con Gatomon en brazos y la llevaba al despacho del director.