¡Hola a todos! Aquí vuelvo, el día de San Jorge, a regalaros otro capitulito después de una (para variar) lluviosa semana santa en la que he estado trabajando prácticamente todos los días.

Abreviando un poco porque a demás estoy medio lesionada, paso a los mensajes de siempre.

DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. La historia y un reducido número de personajes son lo único de lo que podemos decir que somos dueñas.

ADVERTENCIA: cualquier comentario despectivo y para nada constructivo será respondido educadamente pero no con caariño. Absteneros de malgastar vuestro tiempo ya directamente leyendo si luego vais a descargar basura inútil que molesta a los demás.

Y ahora sí, adelante con el capítulo.


Capítulo 40: A plena vista

—"Venid a la pista de atletismo" —leyó Odd —. ¿Acaso vamos a hacer ciencia corriendo?

—Quizás vamos a hacer un experimento metiéndote en una rueda y haciéndote correr cual hamster —dijo Takuya.

—Eh, cálmate, que ya no me he vuelto a meter con tu adorada Magna…

—Ni la nombres —amenazó.

—Vale…

Entre risas, el grupo volvió a las escaleras y bajó hacia el lugar indicado, donde encontraron a la profesora Hertz entre dos mesas.

—Bienvenidos, alumnos —saludó sonriente —. Hoy hace un día radiante, así que me he encargado de pedir esta zona para poder mostraros cómo funciona la energía solar. Acomodaos por el suelo como podáis, por favor… —dijo mientras tomaba un objeto de una mesa —. Bien, esto es una placa solar, a través de la cual absorberemos los rayos solares y obtendremos energía…

—Oh, no, el tostón en clase es más soportable… Aquí tienes todos los números de dormirte —protestó Odd.

—Pues yo estoy contento de estar aquí —sonrió Takuya.

—¿Por?

—No tengo a doña perfecta al lado quejándose de mis "defectos".

—¿Algo que decir a la clase, Kanbara? —preguntó de pronto la profesora.

—No, nada… Repetía lo que decía, profesora… —dijo rascándose la cabeza mientras los demás reían.

—Intente mentalizarlo en silencio la próxima vez. Como iba diciendo…

—Profesora Hertz —interrumpió de pronto Jim.

—¿Y ahora qué?

—Disculpa, pero el profesor de este grupo no ha podido venir… Como he visto que tienes aquí cosas montadas… ¿Te importaría vigilarles? Así aprenden también.

—Está bien —accedió —. Tomad asiento, va.

—Hola —saludó Chiaki sentándose con Zoe. Teruo, Teppei y Katsuharu se acomodaron con ellos chocando los cinco con los demás.

—Vuestra hora libre, al garete —corearon Odd y Takuya.

—Positivamente, estoy al aire libre y con mis amigos —sonrió.

La profesora Hertz esperó un minuto más hasta que todos los alumnos estuvieron sentados para continuar con su clase. Cinco minutos más tarde, todos tenían sus miradas fijas en los objetos encima de la mesa que la profesora estaba empezando a poner en marcha. Por ello, la presencia de BlackAllymon no fue percibida por quienes no tocaban. El clon de Ranamon había tomado prestada ropa del armario de la chica y miraba alrededor con cierto nerviosismo. Prácticamente todos miraron alrededor, buscando la forma de escapar.

—¡Profesora! —alzó la mano Jeremy —. ¿No está desenchufado ese cable? —preguntó.

—Oh, pues es cierto —asintió mientras se agachaba y daba la espalda a todos. El clon del agua aprovechó el momento para infiltrarse en el grupo.

—¿Qué ocurre, Yla? —preguntó Chiaki cuando ésta se sentó a su lado.

—Me duele un poco la cabeza —respondió —. Creo que hay problemas…

—¿En serio? —preguntó Ulrich con fastidio.

—¡Y así es como funciona la energía solar! —exclamó la profesora Hertz —. No os voy a contar nada sobre lo que estáis viendo. ¡Os lo dejo de deberes!

—Eso es peor que el aviso de Yla —dijo Odd.

—Estoy contigo —asintió Takuya.

—Como es un trabajo bastante complejo, os dejo el resto de la hora libre para que vayáis buscando ya… ¡Ah! —una pequeña descarga hizo saltar a la profesora, que enseguida sacudió la mano con alguna risilla —. Ya veis, hay corriente aun habiendo apagado la placa. ¡Por eso debéis tener cuidado al manipular objetos que no conocéis!

Volvió a estirar la mano, dispuesta a recoger los objetos, cuando un pequeño rayo impactó en la placa, destrozándola y provocando un pequeño fuego que alertó a todos.

—¿Qué diablos ha pasado? —preguntó la profesora —. ¿Cómo ha podido pasar algo así?

—Es Xana-Lucemon —susurró Yla —. Están aquí…

—¿Con toda esta gente aquí? —preguntó preocupada Chiaki.

—Le interesa eliminarnos y hará lo que sea por lograrlo. Incluso poner en peligro a inocentes —dijo la clon.

—¡UN MONSTRUO! —gritó un compañero.

—Oh, oh… Gusanos —señaló Aelita.

—¿Son de Lyoko? —preguntó Zoe.

—Sí —asintió Jeremy.

—Aprovechemos que somos más para actuar —dijo Katsuharu.

—Pero… —empezó Sissi, mirando alrededor —. Hay mucha gente.

—Yo me adelantaré —dijo BlackAllymon —. Sólo he de salir de por allí y actuar.

—¿Estás segura? —preguntó Chiaki, reteniéndola de la manga de la chaqueta con la que se cubría.

—No llamará demasiado la atención. Mira —señaló Koichi.

—¡Llama bebé! —un pequeño dinosaurio anaranjado empezó a lanzar llamaradas de fuego hacia el grupo de alumnos.

—Y no viene solo —añadió Kouji con la vista al cielo.

—¡Fuego mágico! —un pájaro rosado también lanzaba un fuego verdoso contra la multitud de alumnos que huían.

—¡Mini trueno! —un insecto rojizo lanzó más rayos contra la mesa con la placa solar.

—Busquemos un sitio donde digievolucionar sin ser vistos —dijo Ulrich.

—¡Fuego azul! —otro digimon, amarillento con una piel a rayas cubriéndole, les obligó a retroceder.

—Maldita sea… ¡Separaos! —indicó Jeremy.

...

Con algo de dificultad, el grupo empezó a moverse a un lado y a otro, intentando esquivar a los pequeños digimons que les impedían avanzar y los rayos de los monstruos de XANA. La aparición de BlackRanamon abriéndose paso con una columna de agua ayudó al movimiento de los chicos.

Yumi le daba vueltas a su boli aburrida. William y JP, sentados varios asientos tras ella, hablaban ajenos al aburrimiento de la japonesa. Un ruido en la puerta acalló las palabras del profesor, que se dirigió a abrirla entre murmuros de los alumnos.

—¿Sí? —preguntó el adulto, topándose con nadie ante la puerta —. Ya están gastando bromas…

—¡Miaaaaaau! —sentada ante la puerta, una gatita blanca movía su patita arriba y abajo.

—¿Un gato en el centro?

—¡Ah! ¡Es la nueva mascota! —se levantó rápidamente Yumi —. Se habrá quedado sin agua y anda buscando quien le llene el cuenco.

—Cierto, he oído que el director ha aceptado un animal como mascota del centro… Aunque aún no sé cómo… Está bien, Ishiyama, ocúpate de ella —señaló.

—Gracias.

—¿Podemos acompañarla? —pidió JP.

—Es un gato, Ishiyama podrá ocuparse sin problema.

—Ven aquí, gatita linda —dijo Yumi como si hablase a un bebé —. ¿Te has quedado sin agua? Oh, es que hace tanto calor… Normal que te lo bebas todo y…

—Yumi, ya estamos lejos —susurró Gatomon.

—De mi clase, pero no de oídos indiscretos —rebatió —. ¿Qué ocurre?

—Xana-Lucemon ha lanzado un ataque… Han aparecido monstruos y digimons, y estoy segura que pronto aparecerán los clones.

—Pero yo sola…

—Tranquila, ya hay gente, pero también hay alumnos que podrían ser heridos —dijo.

—De acuerdo —asintió entrando en el lavabo y asegurando todas las puertas —. ¿Lista, Renamon?

—Cuando tú digas —respondió la digimon saliendo del dispositivo y siguiendo a la chica por la ventana.

—¡Código digital Lyoko, digievolución!

—¡Renamon digievoluciona en… Kyubimon!

...

BlackRanamon se convirtió en el objetivo de todos en cuanto apareció. Sonrió tranquila al ver a los niños elegidos logrando desaparecer del lugar, así como a los otros niños huyendo del lugar.

—¿Qué creéis que podéis hacer contra mí, pequeñajos? —retó BlackRanamon.

—¡Hiedra venenosa! —unos pequeños látigos verdosos empezaron a atrapar a la oscura guerrera del agua.

—Voy a salir, ya verás —dijo la del agua alzando los brazos justo cuando un abanico golpeó la hiedra.

—¿Necesitas una ayuda? —preguntó Kyubimon, saltando hasta quedar junto a ella, encarando a la digimon planta.

—Intentemos alejarlos de aquí —pidió Yumi —. No sé cuánto tardará alguien en reconocerme y esta vez no hay vuelta atrás que nos libre.

—¿Es seguro que salgas tú? —preguntó BlackRanamon.

—No me queda otra, viendo cómo están las cosas —negó.

—Menos charlas y más movimiento —apareció Aldamon.

Tras él, Beowolfmon y Loewemon no tardaron en lanzarse contra los monstuos, empujando a los pequeños digimons para simplemente apartarlos. La llegada de Ulrich y el cuerpo de Bijugamon haciendo de barrera detrás del chico llamó la atención de Kyubimon, que no tardó en imitar al otro zorro para ayudar a ocultar las figuras de los dos chicos humanos.

—¿Cuántos somos? —preguntó Yumi.

—Olvida a Sissi y a Odd; Herb la ha atrapado y creo que no tenía ganas de soportarlo sola. Teppei y Katsuharu tampoco podrán ayudarnos por lo que he podido ver —empezó a nombrar Ulrich —. BlackKazemon ha aparecido y está hablando con Zoe, Chiaki, Teruo, Emily, Aelita y Jeremy.

—Bueno, no somos pocos —reconoció la geisha —. Nos vendrá bien para retener a esos —dijo señalando al grupo de clones que empezaban a acercarse a los edificios.

A una velocidad increíble, una figura blanca y rosa les avanzó seguida de un hada oscura. Extrañados, miraron hacia atrás, preocupados por estar siendo rodeados, sólo para toparse con Ranamon.

—¿Y los demás? —preguntó Yumi.

—Aelita, Emily, Jeremy y los digimons van a rodear el sitio por si tienen a la Scyphozoa por aquí —explicó.

—¿Y quién acaba de pasar ante nosotros? —preguntó Ulrich.

—Zoe ha hecho una doble digievolución —sonrió —. JetSilphymon, la híbrida del viento por la rabia de haberse quedado sin hora libre. ¿Vamos, Yla?

—Estoy contigo —asintió con una sonrisa algo siniestra su clon.

—¡Yumi! —sonó la voz de Mikemon —. ¡Yumi, responde!

—¿Qué ocurre? —preguntó sacando su D-Tector.

—Gatomon dice que no dañéis a esos digimons, que los conoce —explicó.

—Entendido —asintió —. Vamos a avisar a los demás.

Cerca de la línea de árboles, Duskmon no pudo evitar verse en apuros. Contaba con la presencia de Beowolfmon y Loewemon, pero no con la de aquella digimon que, supuso, era la guerrera del viento en una de sus evoluciones. Aquello era un contratiempo mayor en los planes de Xana-Lucemon. También suponía una molestia que las dos fugitivas estuviesen luchando a favor de aquellos niños, siendo cubiertas por los otros cuando un ataque iba a darles o cuando no eran capaces de escapar por sí mismas.

—Eh, Duskmon, céntrate en el combate —protestó Beowolfmon justo cuando Loewemon lo apartaba de una patada —. ¡Cazador helado!

En una de las ventanas, Milly sonreía ilusionada ante la escena que sucedía en el campus.

—Hay que entrevistarles —decidió.

—¡Milly! ¿Es que no ves que son monstruos? —preguntó Tamiya.

—Esos dos son humanos y no dan miedo, ¿verdad? —señaló —. Les preguntaremos a ellos.

—Creo que la Geisha y el Samurai van a tener problemas —susurró William mirando de reojo a las dos reporteras que seguían conversando.

—Al menos, parece que no saben quiénes son aún —respondió JP.

—Dracomon —susurró llevándose la mano al bolsillo —, en cuanto te diga, vuela al dispositivo de esos dos y avísales.

—Vale —respondió el digimon. Tanto William como JP miraron alrededor, confirmando que nadie había oído esa voz salida de la nada.

—Ojalá no hayan problemas…

En tierra, el ataque de XANA empezaba a perder fuerza. La aparición de Lekismon y Persiamon aligeró la faena del grupo rodeado por todos los clones que había logrado crear Xana-Lucemon, incluido el de Mercurimon. Los dos digimons zorro y las dos clones veían sus ataques siendo absorbidos con facilidad.

—No podemos confiar en que todos los ataques que nos devuelve caigan en los otros clones —negó Ulrich después de ver cómo su clon volvía a sufrir el rebote del ataque del clon del metal.

—Al menos, los pequeños y los monstruos están fuera de combate —señaló Lekismon.

—Ulrich, lánzate directo a por ese Mercurimon —indicó Yumi —. Puedo ocuparme de tu clon y el mío un rato.

—¿Segura?

—Es la única forma que tenemos para librarnos de él.

—Hazlo rápido —pidió Aldamon —. Así podré dejaros a cargo de mi clon.

—Voy.

El clon de Mercurimon alzó los escudos al instante, listo para absorber el impacto, pero ningún ataque entró en su superficie.

—¡Cambio! —gritó Aldamon, corriendo hacia donde peleaban contra Duskmon.

—¡Estoy hasta las narices de este tipo! —gritó JetSilphymon —. ¡Echaos a un lado! Voy a acabar con esto ahora mismo.

—Oh, vaya… Alguien está muy enfadada —rió Lowemon.

—Seré un buen niño ahora y siempre —rió Aldamon —. Y a ti te iría bien no olvidar ninguna fecha de parejitas, Beowolfmon.

—Deja las bromas para más tarde —señaló el guerrero de la luz —. Estoy contigo, Jet. Acabemos con esto… ¡Cazador helado!

—¡Cuchilla de viento!

—¡Destructor solar! —se unió Aldamon.

Ante la cantidad de energía reunida demasiado cerca, Loewemon se echó hacia atrás y extendió su escudo ante Yumi y Ulrich. No tardó nada en alzarse una nube de polvo que cubrió todo, preocupando a los dos humanos y haciendo que los cuatro digimons y las dos clones se posicionaran alrededor de ellos para cubrirles de cualquier ataque sorpresa. Cuando el polvo se asentó, sólo quedaban los tres híbridos más avanzados.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el digimon insecto.

—¿Dónde estamos? —preguntó el dinosaurio.

—Eso no está en ningún sitio de camino a la Estación del fuego —observó el pájaro rosado.

—Ni la Isla de Goma…

—¡Eh! ¿Estáis bien? —preguntó Lekismon, acercándose al grupo. Yumi la siguió rápidamente.

—¡Una humana! —señaló el que se cubría con una piel a rallas.

—Tranquilos, no os haremos nada —dijo Ulrich.

—Lo sabemos —asintió el dinosaurio con una gran sonrisa.

—Chicos, habéis de escapar —sonó la voz de Dracomon. Ulrich sacó el D-Tector y mostró la pantalla —. Will dice que estáis en peligro.

—¿En peligro? —preguntó Aldamon.

—¡Eh! ¡Vosotros! —la voz alegre, aunque asfixiada por haber estado corriendo, de Milly provocó escalofríos en los dos humanos.

—Oh, oh… Geisha, Samurai, la prensa viene a por vosotros —señaló Loewemon.

—Maldita sea… Vámonos de aquí —señaló Yumi.

—¡Montad! —se agacharon Kyubimon y Bijugamon.

—Vosotros también, arriba —indicó JetSilphymon alzando al ave rosada.

En cuanto Yumi y Ulrich estuvieron sentados a lomos de sus respectivos digimons, los otros ocho tomaron a los pequeños digimons y se adentraron tras ellos en el bosque.

—¡Esperad! ¡Esperad! —pidió Milly —. Tamiya, si no corres, se nos escaparán.

—Ya lo intento, Milly…

—¡Chicos, esperad! ¡Quiero haceros unas preguntas! —chilló de nuevo —. ¿Cómo os llamáis? ¿De dónde sois? ¿Qué hacéis aquí? Maldita sea… los hemos perdido…

—¿Y ahora? —preguntó Tamiya.

—Pues nada, a sacar de lo que tenemos —se resignó la pelirroja —. Algo nos sacaremos para llenar los huecos, como sus nombres… ¿Habrá algún libro en la biblioteca con nombres de samurais?

—¡Buena idea! ¡Vamos a buscar! —exclamó la otra, cerrando su cámara y echando a correr de vuelta al centro.

—Mala idea —dijo con una mueca Odd.

—Sin vuestra famosa vuelta al pasado, esto será un problema mayúsculo —dijo Sissi, mirando de reojo a Herb —. Aunque aun con ella, no me libro de éste…

—Como les dé a esas dos por hilar fino en las descripciones, Geisha y Samurai tendrán nombre y apellido demasiado conocidos —declaró Teppei.

—¡Chicos! —llamó Jeremy, acercándose junto a Emily, Aelita y Teruo —. ¿Y los otros?

—Salvando la vida —respondió Katsuharu —. ¿No os lo han dicho… los otros?

—Aún no han regresado —susurró Aelita.

—Pues vamos a tener que hablar seriamente —suspiró Odd —. Porque como se les ocurra caer, nosotros vamos detrás.

—¿Qué queréis decir? —preguntó Emily.

—Las reporteras pequeñas —suspiró Teppei.

—Oh, oh —susurró Teruo.

—Por eso, mejor vamos a ver dónde están los demás —dijo Sissi.

—Iré yo —susurró Gatomon, en sus brazos —. En teoría, yo debería estar con Yumi. Aunque como soy una gata, puedo estar en cualquier sitio que me dé la gana.

—Ten cuidado —pidió Aelita.