¡Saludos a todos! Después de unas semanas con dificultades laborales, aquí regreso con un capítulo nuevo, aunque como está siendo rutina últimamente, abreviaré todo lo que suelo decir.
DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí. Cualquier parecido con la obra de alguien, que nos pongan en contacto con ese alguien.
AVISO: ante todo, respeto para todos. Las críticas son bien recibidas si están bien hechas.
Capítulo 41: Misterios por resolver
A lo largo de las siguientes semanas, el grupo se vio en la obligación de turnarse para detener el avance de los clones y monstruos enviados por Xana-Lucemon, a plena luz del día, con Kadic entera como testigo. Asimismo, se habían visto forzados a buscar la forma de devolver a los seis pequeños digimons que habían liberado del control de XANA, ocultos en la fábrica junto a Bokomon, Neemon, Patamon, Lopmon y las dos clones.
Por unanimidad, Koichi cedió su móvil al grupo de digimons para mantener el contacto con ellos con más facilidad y comodidad que haciendo correr a Gatomon de un lado a otro. La gata solía vagar por el campus durante el día, moviéndose tranquilamente mientras vigilaba los alrededores, subiendo a los árboles y observando a los niños, repartidos en las aulas. Por las noches, abandonaba la habitación en la que se encontraba y solía recorrer el camino hacia la fábrica hasta que las clases emperazon a amanecer trastocadas: pizarras enteras llenas de dibujos a tiza, mesas amontonadas en un rincón, material de gimnasia dejado por todas partes…
—Esto me huele a digimon encerrado —dijo una mañana Gatomon, después de haber pasado la noche entera buscando sin éxito movimiento raro.
—¿Y qué vamos a hacer? —preguntó Sissi, mirando las pintadas en los espejos fingiendo que habían sido rotos.
—Vigilaré más a fondo todos los rincones —respondió la digimon.
Esa misma noche, tras la desaparición de Jim del pasillo de dormitorios, Gatomon salió sigilosa y se adentró en la oscuridad de la noche. Un par de horas más tarde, Chiaki se levantó para ir al baño, buscando alrededor a la digimon y suspirando al no encontrarla. Abrió la puerta y salió justo para toparse de frente con una criatura de enormes ojos que la miraba como hipnotizada.
—¿Salamon? ¿Pasa algo? —preguntó en susurros, mirando alrededor. Cuando bajó la vista, la digimon había desaparecido del lugar —. Qué raro…
...
Tras meses de esfuerzo sin descanso, una nueva digievolución se había dado en el cuartel de los Guardianes. Otro miembro más en su nivel supremo.
—¡Felicidades, Dianamon! —gritó una digimon parecida a una chica gato con dos colas lanzándose a abrazarla.
—El esfuerzo ha dado sus frutos —sonrió otra humanoide con una flor a su espalda.
—Gracias, Lilamon —dijo —. Persiamon, ya puedes soltarme.
—Ahora me podrás ayudar bien, ¿verdad? —preguntó la gata, aún sin soltarla.
—Sí, pero suéltame, que no me dejas mover —rió.
—Toc, toc, ¿se puede? —preguntó otra voz tras ellas. A una digimon sirena le seguían otras dos.
—Así que Gao decía la verdad y no se quedaba con nosotras. ¡Enhorabuena, Dianamon!
—Gracias, Sakuya —dijo.
—Sólo faltáis vosotras dos —dijo una de cabello arcoiris señalando a Persiamon y a Lilamon.
—¡También faltan chicos! —exclamó la floral.
—Sí, pero gracias a cierta apuesta, o ganamos o los tendremos pesados —suspiró la sirena.
—¡La apuesta! Casi la olvido —dijo Persiamon dándose una palmada en la frente que resonó en la sala e hizo reír a las otras —. Bueno, hoy es día de fiesta para celebrar la evolución de Dianamon. ¡Mañana me pondré seria!
—Pues si eres así de feliz y despistada por la evolución de los demás… ¿Qué pasará cuando evoluciones tú?
—No queramos saberlo, Diana, no queramos saberlo —rió Lilamon.
...
Aelita despertó muy animada. A los pies de su cama, Gatomon seguía durmiendo aprovechando la mañana de domingo, igual que hacían Emily y Mikemon en la otra cama. En silencio y con cuidado, la pelirrosa tomó su albornoz, su neceser, metió el D-Tector en el bolsillo y salió rumbo al lavabo y a las duchas. El pasillo estaba desierto aunque no era muy temprano; aun así, aceleró el paso hacia las duchas.
—Genial, no hay nadie —sonrió.
—¿Entonces puedo salir? —preguntó Lunamon.
—Mejor no. Las duchas tienen poco espacio —dijo pasando a una.
—¿Lo que hemos visto ha sido un recuerdo?
—Estoy segura que sí —asintió la chica, quitándose la ropa y dejándola apartada donde no se mojaran —. Ahora me dan ganas de regresar allí, con esa familia…
—A mí también me pasa, pero no porque eche de menos el Digimundo —reconoció la digimon—. Pero no puede ser. No se puede viajar al pasado.
—Lo sé… Lo más parecido fueron las vueltas al pasado. Pero jamás hicimos una de más de un día.
—Tu presencia en el pasado podría cambiar el futuro y todo cuanto ha sucedido desde entonces, podría no darse —comentó.
—Sí, lo sé… Perdona, Lunamon. Debo vivir en el presente.
—Tranquila, es normal que quieras estar en ese momento… ¡Incluso yo quiero! Solo de pensar que lo más seguro es que tuviésemos una enorme fiesta… —rió la digimon.
—Cierto, sería… ¡AAAAAAH!
—¡Aelita! ¿Qué ocurre? —preguntó saliendo del dispositivo y mirando alrededor, lista para atacar.
—Tranquila, ha sido el agua —dijo con la respiración acelerada —. Se ha puesto helada de repente —explicó moviendo la llave del agua caliente —. Qué raro…
—¿El qué?
—Para ducharme, he abierto la llave del agua caliente… Y ahora está cerrada —señaló antes de tomar la del agua fría —. Y ésta está abierta al máximo…
—¿Seguro que no te has equivocado?
—No habría salido agua caliente a la primera —negó.
—Pero estamos tú y yo solas… ¿No has visto nada?
—No —negó de nuevo.
—¿Y si es cosa del enemigo?
—¿XANA intenta matarme con una ducha de agua fría? —preguntó pensativa —. Bueno, casi mata congelada a Yumi un par de veces… Y también de calor, pero…
—¡Es muy tonto, sí! —exclamó antes de echarse a reír las dos.
La puerta del lavabo se abrió de golpe, silenciando las risas de tajo. Con cuidado, Lunamon se posicionó detrás de las piernas de Aelita, quedando empapada en el proceso. La pelirrosa, por otro lado, esperó en silencio intentando averiguar quién entraba al baño.
—¿Hola? —dijo.
—¡Hey, Aelita! —oyó responder a Zoe, así como sus pasos acelerado —. ¡Anda! ¡Pilladas! —rió señalando a Lunamon cuando se asomó a la ducha.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Chiaki, curioseando también —. Oh, Lunamon, buenos días a ti también.
—Buenos días, chicas —saludó la digimon —. Se os ve diferentes.
—Ah, sí, nos hemos puesto unos pantalones por si hay que salir corriendo otra vez gracias a nuestro amigo para nada querido —resopló.
—Porque nunca sabes de qué forma lograrás escapar de los monstruos —declaró Zoe.
—Buena idea —asintió Aelita —. Lunamon, regresa al D-Tector antes que entre alguien más.
—Enseguida —asintió.
Media hora más tarde, las chicas bajaron hasta el comedor, donde Aelita explicó el recuerdo así como el suceso en las duchas.
—¡A ti también te han hecho una broma! —señaló Odd.
—¿Qué te ha pasado?
—¡Ulrich me ha tirado hasta cubitos de hielo! —acusó.
—Te repito que no he sido yo. Y, de haber sido, he estado contigo todo el tiempo. ¿Cómo podría haber colado yo cubitos en el baño y habértelos tirado sin que nadie lo viese?
—¡El gracioso de las duchas has tenido que ser tú! —señaló.
—¿Y vas a decirme que también ha sido cosa mía lo de Aelita? —preguntó.
—Con la supervelocidad nadie te vería —dijo —. ¡Igual que has hecho conmigo!
—Ah, vale, que ahora resulta que me pongo el traje de samurai para gastar bromas con el peligro de que ciertas renacuajas me pillen. Y encima me sitúas también en el baño de las chicas. ¡Ya te vale!
—Hablando de bromas —intervino Tommy —, parece ser que a Jim también le han gastado una broma.
—¿Un aviso falso del FBI para que colabore en un caso ultra importante de espionaje y que ha de mantener en absoluto silencio pero él lo deja caer? —preguntó William.
—No. Alguien ha golpeado a su ventana —empezó a decir —. Al abrirla para gritarle al gamberro de turno, se ha encontrado la calavera del maniquí de clase de biología en el alféizar de la ventana.
—Pues vaya… ¿A eso le llamáis broma? —preguntó Odd —. Es una bobada…
—La cosa es que la calavera se movía —finalizó el pequeño del grupo —. Se le acercaba dando botes en el alféizar.
—¡Eso suena bien para un documental del gran Odd! —sonrió —. "El ataque de las calaveras vivientes".
—Menuda broma de mal gusto… ¿Seguro que no era un robot? —preguntó Sissi.
—Imposible, le hemos visto llevarla después al laboratorio de nuevo y no había cabeza alguna allí —respondió Tommy, ganando un chillido de la chica.
—A mí me parece que el esqueleto era de un vagabundo y su fantasma sale por las noches a vengarse por las bromas que hemos gastado usando sus huesos.
—Y por eso, ataca a Jim y usando sólo la cabeza —señaló Takuya.
—Eh, no tiene ojos, no sabe ni dónde está ni a quién ha de atacar.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAH!
—¿Ese grito no es de Rosa? —preguntó William.
—No parece nada bueno.
Abriéndose paso entre otros alumnos, algunos lograron colarse en las cocinas para ver el caos que reinaba en aquel lugar: una olla hirviendo, el grifo abierto al máximo, sartenes tiradas por todas partes, el rodillo de amasar a los pies de la cocinera y ella misma tirada en el suelo completamente blanca de harina.
No tardaron en oírse las voces pidiendo un profesor, así como preguntas por lo que había pasado en la cocina hasta que un nuevo grito de una chica, al acercarse al fregadero, hizo que más de uno se acercara para descubrir un pez de rostro horrible, de gran tamaño y abiertas sus tripas.
Sobre un árbol, dos figuras observaban la escena con actitudes diferentes. Una permanecía en silencio; la otra intentaba no reír.
—Eso del rodillo sobraba —preguntó la voz más calmada.
—Y tu pez también —respondió la otra —. A demás, la he cogido antes de que se cayese y golpease —se defendió.
—Por eso te libras.
—Oh, venga, tú eres macabro… ¡Sacarle las tripas al pescado! ¡Es asqueroso! —acusó entre risas por los gritos que llegaban hasta ellos.
—Insististe en que colaborase —dijo antes de dar media vuelta y marchar.
—A provocar gritos, no vómitos —susurró antes de seguirlo.
...
Xana-Lucemon estaba furioso. Por más veces que enviase un ataque a la Tierra, su grupo regresaba con un fracaso. Ni las traidoras eran eliminadas ni la Scyphozoa lograba acercarse a ninguno de ellos para robarles los datos. Daba igual el momento, los niños siempre parecían adelantarse a sus pasos y salían al encuentro antes incluso de que Duskmon se hubiese posicionado.
—Mi señor —la voz de Myotismon le devolvió al Digimundo —, llevamos varios días sin atacar. ¿Ocurre algo?
—No, Myotismon —respondió tranquilamente el ángel caído. Tras varios segundos de silencio, se volvió hacia el vampiro —. Necesito entregarle una misión a un Phantomon. Haz venir a uno.
—Como ordene, mi señor —asintió Myotismon con una reverencia. Salió de la sala y empezó a caminar a paso ligero —. Un Phantomon para una misión… ¿Y yo qué? ¿De mensajero nada más? —protestó avanzando por los eliminadas ni la Scyphozoa lograba acercarse a ninguno de ellos para robarles los datos. Daba igual el momento, los niños siempre parecían adelantarse a sus pasos y salían al encuentro antes incluso de que Duskmon se hubiese posicionado.
—Mi señor —la voz de Myotismon le devolvió al Digimundo —, llevamos varios días sin atacar. ¿Ocurre algo?
—No, Myotismon —respondió tranquilamente el ángel caído. Tras varios segundos de silencio, se volvió hacia el vampiro —. Necesito entregarle una misión a un Phantomon. Haz venir a uno.
—Como ordene, mi señor —asintió Myotismon con una reverencia. Salió de la sala y empezó a caminar a paso ligero —. Un Phantomon para una misión… ¿Y yo qué? ¿De mensajero nada más? —protestó avanzando por los pasillos.
