¡Muy buenas a todos! Kaotik se reporta con un capítulo nuevo.
Como ando atareada escribiendo más capítulos, paso rápido al DISCLAIMER que ya conocéis (eso de que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily y a mí y que los personajes originales son nuestros y solo nuestros y que si se parecen a otros, comentaremos de forma civilizada con el dueño del personaje de la dimensión paralela) y el AVISO que quizás también os suena (aquello otro de que las cosas, civilizada y educadamente, son más bonitas que con faltas de ortografía e insultos).
Y venga, a leer que seguro tenéis ganas de ello.
Capítulo 43: Punto de partida al Digimundo
Teruo dejó a Takuya caminar en el puente a la fábrica. De ella ya empezaban a salir algunos, claramente alarmados. Aunque el que más, con diferencia, Jeremy.
—¿Qué parte de "secreto" no entendéis? —reclamó el informático.
—Ese Phantomon ha aparecido de la nada y se ha llevado a Leire. ¿Qué querías que hiciésemos? ¡No sabemos hacer hipnosis! —exclamó Teruo.
—Y tampoco es que pudiésemos hacer otra cosa que intentar escapar —dijo Takuya frotándose la cabeza.
—¿A nadie se le ha ocurrido enviarla a Kadic de nuevo? —señaló.
—¿Y atraer a más gente con…? —intentó rebatir Teruo.
—Eh, a mi hermana se la ha llevado una especie de fantasma con guadaña —intervino Neila —. ¿Esperas que me quede de brazos cruzados cuando Teruo no tenía intención siquiera de llevar a Takuya a la enfermería?
—Neila tiene razón —dijo Aelita interponiéndose entre la chica y el informático —. Si ni nosotros somos capaces de entender cómo ha podido ser, ¿qué esperas que pase si la dejamos ir a pedir ayuda a los adultos?
—¡Algo sabéis! —acusó la chica —. ¡Nadie actúa como han hecho Takuya y Teruo ante ese monstruo que parecía la Muerte!
—Los Phantomons son considerados la Muerte, la verdad… Y "digimon" viene de "monstruo digital" —habló Bokomon, sobresaltando a la muchacha.
—¡¿Qué eres tú?!
—Digimons, igual que la criatura que se ha llevado a tu hermana —respondió Gatomon, saltando al frente.
—Pero… si es la mascota de Kadic…
—No queda otra —suspiró la gata volviéndose a los otros.
—Está bien… Neila, te contaremos todo si prometes no decir nada a nadie —dijo Yumi.
—De acuerdo…
—Mejor entremos dentro con los demás —dijo Aelita, tirando de Jeremy.
—Sí, necesito una silla —asintió Takuya.
El silencio reinó entre ellos durante el trayecto hasta la nueva planta de la fábrica, donde más de uno alzó la voz al reparar en la presencia de Neila.
—Calma todos —alzó las manos Aelita —. Ya oísteis a Agunimon y a Mercurimon.
—Leire, la hermana de Neila, ha sido secuestrada por un Phantomon —dijo Teruo mientras dejaba a Takuya al cargo de JP —. Y ella es testigo de lo ocurrido.
—¿Cómo ha podido pasar? —preguntó Tommy.
—Ni idea, pero ha aparecido de repente y nos ha atacado —respondió Takuya —. Intenté distraerle para que Teruo pudiese llevarse a las Sunshine de allí, pero…
—De alguna forma, el Phantomon venía con la intención de capturar a alguien —siguió Teruo.
—Perdonad, pero… ¿Podéis empezar desde el principio? —pidió Neila —. Me habéis dicho que me lo contaríais todo si prometía no decir nada… Y lo que estáis diciendo está clarísimo que no es todo. Por no decir que aquí hay más criaturas extrañas —dijo señalando a los digimons.
—Está bien —suspiró Jeremy —. Las criaturas que ves aquí, el que se ha llevado a tu hermana y los monstruos que han atacado Kadic estas semanas son digimons.
—Incluida esta gatita tan mona —dijo Zoe alzando a la digimon —. Se llama Gatomon.
—Como pasa con las personas, no todos los digimons son criaturas malvadas —siguió Chiaki —. Los que ves aquí son de los buenos.
—Pero esos de ahí atacaron Kadic —dijo señalando al grupo de nivel infantil.
—¡Fuimos controlados por un ser malvado que nos envió aquí sin que pudiésemos evitarlo! —exclamó Agumon.
—Pero no somos para nada malos —siguió Gabumon.
—Así pues, vosotros… —señaló Neila.
—Somos lo que Milly y Tamiya ha decidido nombrar "domadores de monstruos" —asintió Aelita —. Somos un grupo dedicado a proteger el Digimundo, el hogar de los digimons, del mal.
—Pues algo me dice que hacéis mal vuestro trabajo.
—Lo estábamos haciendo hasta que el tipo malo decidió devolvernos a nuestro mundo y ahora no hay manera de regresar para pararle los pies —dijo Sissi.
—¿Y cómo han venido ellos?
—A ellos los envía ese monstruo detrás de los ataques y el secuestro de tu hermana —dijo Ulrich —. No sabemos la forma en que lo hace, pero cuando los monstruos desaparecen, no queda puerta alguna por la que entrar tras ellos.
—Lo único que sabemos es que aquí hay una entrada —dijo Teppei señalando las vías de aquella sala —. Pero no tenemos ni idea de cómo abrir una puerta para llegar allí.
—¿Y qué pinta mi hermana en todo esto? ¡Ella no es de los vuestros! —exclamó.
—No sabemos por qué el Phantomon se la ha llevado —negó Aelita.
—Pero sí a dónde, ¿verdad?
—Al Digimundo —respondió Patamon —. Es el único lugar al que podría haber regresado el Phantomon cuando desapareció.
—Entonces dejadme ayudaros a encontrar la forma de ir y rescatarla.
...
—¡MALDITO PHANTOMON ESTÚPIDO! ¡ÉSA NO PERTENECE AL GRUPO DE LOS NIÑOS ELEGIDOS! —chilló Myotismon al ver la prisionera que le traía el Phantomon.
—Pero ella estaba con dos de esos niños… Pensé que…
—¿TAN DIFÍCIL ERA COGER A UNO DE ESOS CRIAJOS? ¡SI ERAN DOS, ESTABAN SOLOS Y NO PODRÍAN HACER NADA! ¡ÉSTA NO NOS VA A SERVIR DE NADA! —siguió gritando el vampiro.
Leire se hubiese frotado los ojos ante lo que veía de no haber sido por las fuertes cadenas inmovilizándola. Una extraña versión de Drácula le chillaba al fantasma que la había capturado, el cual intentaba disculparse por un error que no lograba comprender. Una puerta empezó a abrirse a espaldas del vampiro, haciendo que la chica centrase su atención en el ser que se asomó, aunque deseó no haberlo hecho. La criatura oscura con ojos en todo su cuerpo que había estado apareciendo en Kadic por varias semanas estaba allí, más imponente de lo que lo había visto en la escuela, a salvo a metros y metros de distancia.
—El amo quiere saber sobre la misión del Phantomon —dijo.
—Dile que hay un problema que estoy solucionando ahora mismo, Duskmon —le dijo Myotismon sin mirarle.
—Ha dicho que lo quiere ahora —insistió abriendo aún más la puerta y permitiendo que todos, tanto dentro como fuera, fuesen visibles.
—Está bien —se rindió el vampiro. Dio media vuelta y, con un gesto, el Phantomon tiró de la cadena de su prisionera.
Leire quería desaparecer de ese lugar. Aquel ser tan parecido a un adolescente de cabellos rubios no parecía estar allí para ayudarla a despertar de la pesadilla en la que había caído. Más bien al contrario; por algún motivo, el mero hecho de mirarle hacía saltar todas y cada una de las alarmas de "peligro" en su mente.
—¿Y bien? —preguntó Xana-Lucemon.
—Mi señor, aquí está la prisionera —habló el fantasma, dando un tirón a la cadena y obligando a Leire a pasar al frente de todos.
—Te dije "un niño elegido", Phantomon, no una vulgar chiquilla de la Tierra.
—Discúlpeme, mi señor, yo…
—No importa —interrumpió el ángel —. ¿Hay testigos? ¿Alguno de esos malditos elegidos?
—Sí, mi señor… Estoy seguro que, al menos, uno de ellos era un niño elegido —respondió rápidamente —. Me reconoció como un Phantomon. No hay duda que sabe sobre los digimons…
—Bien… No todo está perdido —asintió el del trono —. Llévala a los calabozos. Pronto esos niñatos vendrán a por ella…
...
El grupo seguía discutiendo ante la insistencia de Neila de intervenir. Por más que intentaban persuadirla, lo único que conseguían era que la chica insistiese aún más en ir donde fuera que los otros fuesen.
—Neila, es demasiado peligroso —negó Takuya —. Déjanoslo a nosotros.
—¡Ni tan siquiera podéis entrar en ese supuesto mundo donde está retenida mi hermana! —chilló acercándose a él —. ¡Si todo esto es cierto, para cuando logréis entrar, mi hermana podría estar muerta!
—No creo que la maten —negó Lopmon —. Lo más probable es que la usen de cebo para atraer a todos a una trampa.
—¡Razón de más para que os ayude a encontrar una forma de evitarla! —intentó seguir Neila.
—¿Tienes conocimientos de relatividad? ¿Sabes cómo crear un campo dimensional? ¿Tienes idea acaso de cómo vencer a un digimon? —preguntó Jeremy.
—Yo… Quizás no sepa nada de nada, pero quiero ayudar. Es mi hermana, no pienso quedarme en el banquillo esperando sin hacer nada.
Tras aquellas palabras, un brillo oscuro apareció ante ella tomando la forma de un D-Tector que empezó a emitir una señal a la que le siguió un ruido por encima de sus cabezas.
—¡Hay alguien ahí! —señaló Piyomon.
—Dejádmelo a mí —dijo Gatomon saltando hacia las vigas superiores —. ¡Abajo!
—¡No, espera! —pidieron dos voces antes de caer entre maullidos, perseguidas por la gata blanca.
—¿Digimons? —preguntó Katsuharu.
—Clones os puedo decir que no son —aseguró BlackAllymon.
—¿Son enemigos? —preguntó Emily mientras la gata blanca seguía acercándose, esta vez apoyada por Patamon y Lopmon.
—¡No, por favor, espera, Gatomon! —pidió una de ellas alzando las garras bajo la capa.
—Esos guantes —murmuró la gata acercándose de un salto y retirando la tela —. ¿BlackGatomon?
—Hola…
—Entonces, tú… —dijo volviéndose al otro bulto y quitándole la tela —. Tailmon.
—Esto no es como tú dijiste, Black —dijo la otra gata blanca.
—¿Como dijiste? —preguntó mirando alternativamente a ambas —. ¿Se puede saber qué hacéis aquí?
—Vinimos huyendo…
—¿Qué es esto? ¿Un éxodo masivo del Digimundo? —preguntó JP alzando los brazos.
—Seguíamos el rastro de Mikemon —dijo BlackGatomon. A la mención de su nombre, la gata atigrada surgió del D-Tector de Emily.
—¡Mike! —chilló Tailmon lanzándose a abrazar a la otra gata.
—Esto… siento ser quien rompa la magia del momento, pero… ¿Qué tal si me explicáis qué está pasando ahora aquí? —preguntó Neila agitando su D-Tector.
—Ya lo hago yo misma —suspiró BlackGatomon —. Cuando mi hermana Ophanimon me confirmó lo que yo suponía, que Magnadramon había desaparecido, y que RowPersiamon y sus compañeros habían tomado la decisión de dividir sus almas para llegar al mundo humano, fui en busca de la dragona "no aviso a nadie" —dijo remarcando el sobrenombre y mirando a la de dos colas.
—¿Y qué pasó? —preguntó Takuya.
—Eché mano de mis contactos y me dijeron que había decidido seguir a su corazón. Y como tanto Magna como Row podían ser unas cabezas locas, decidí imitar sus pasos yo también para tenerlas controladas.
—¿Seguir su corazón? ¿Imitar sus pasos? —preguntó William.
—No me digas… —susurró Gatomon antes de endurecer la mirada —. ¿Dividisteis vuestras almas vosotras dos también?
—Pues sí —se encogieron ambas.
—¡¿Estáis locas?!
—Calma, Gatomon —pidió Patamon —. Así pues, si vosotras habéis despertado de nuevo es porque también lo ha hecho vuestra otra mitad, ¿no?
—Exactamente —asintió la gata negra —. Cuando desperté, lo primero que hice fue intentar dar con todas… Oí que tú seguías siendo un gran ángel —dijo mirando a Gatomon —. Como me habían comentado que Row aparecería cuando apareciesen los demás, estuve atenta a cualquier mención de los Guardianes —dijo sonriéndole a Mikemon —. Así que me centré en dar con Tailmon.
—Y la encontraste —dijo Lopmon.
—Y la encontré —asintió —. Y cuando encontramos la vía para llegar a este mundo, al mundo humano, decidimos buscar la otra mitad de nosotras.
—Y eso significa… —pidió Tommy.
—Que esta chica de aquí es mi otra mitad —dijo caminando hasta Neila.
—¿Soy qué? —preguntó con los ojos muy abiertos.
—Tranquila. Es chocante y seguro que no entiendes nada, pero con tiempo lo comprenderás —aseguró.
—Tiempo muerto —pidió Odd —. Tú eres la hermana de Gatomon… Y ella también… Y también sois hermanas de Mikemon… Y dices que Neila es como nosotros… ¿Cómo has llegado hasta aquí?
—Llegamos por aquí —dijo Tailmon, señalando el trozo de vía del lugar —. BlackGatomon me dijo que, en vistas de la situación en el Digimundo, sería mejor buscar nuestra otra mitad. Así que buscamos la forma de llegar al mundo humano.
—¿Y la encontrasteis? —preguntó Jeremy, medio alterado, medio esperanzado por obtener, al fin, la solución al problema que tenían entre manos.
—Sí —asintieron ambas —. Por un vórtice dimensional que apareció de repente.
...
Leire se frotó los brazos adoloridos. No tenía ni idea de qué eran aquellos seres que merodeaban por el lugar, pero tenía claro que ninguno iba a ayudarla. En el poco tiempo que llevaba allí, había visto seres imposibles, sacados de las peores pesadillas, y por desgracia no estaba soñando. Y, por supuesto, tampoco se había quedado dormida.
—Dios, si estás ahí, por favor, líbrame… Sácame de aquí —imploró lo más bajo que pudo, diciendo lo primero que le cruzó la mente.
Aun habiéndose asegurado que sus palabras apenas sonaban, unas risas cercanas la sobresaltaron y obligaron a mirar alrededor. Aquel Drácula, como le llamaba para diferenciarlo de los demás, sonreía divertido ante sus plegarias, negando con la cabeza como si con ese gesto quisiera decirle a la chica que todos sus esfuerzos eran en vano, que nadie la salvaría.
Bastantes salas más lejos, Xana-Lucemon caminaba nervioso de un lado a otro. Entendía que los críos, tras lo ocurrido, necesitaban un tiempo para reunirse, entender qué había sucedido y descubrir el vórtice que les había abierto cerca de donde habían visto aparecer a los dos pequeños digimons del trío angelical. Contaba con que cualquiera de los digimons, e incluso posiblemente las dos traidoras, lo sintiesen y guiasen a los niños hasta él, asegurándoles que era un paso al Digimundo. Y esperaba y deseaba que lo atravesasen, atrayéndolos directamente a las mazmorras de la Rosa de las Estrellas de donde no debían volver a salir jamás. Pero, por alguna extraña razón, la noticia tan esperada de su victoria tardaba en llegar.
—Esto es increíble —dijo deteniéndose en seco —. ¿Es que acaso esos humanos están dando pelea ya y nadie tiene la sensatez de venir a decírmelo?
Medio preocupado, dejó aparcada su ira y caminó hacia la puerta. Se presentaría él mismo para confirmar sus dudas y, de estar los niños allí, se enfrentaría a ellos directamente, aprovechando el caos y la confusión ante su presencia.
—¿Cómo es que no hay informe? —preguntó a uno de los digimons que hacían guardia en la puerta.
—Amo, los niños y los digimons aún no han aparecido —respondió temeroso un Phantomon.
—¿Qué? ¡Tenemos retenida a su amiguita! ¿Qué hacen que no vienen aún? —preguntó apretando un puño.
—¿Quiere que sigamos vigilando, amo? —preguntó un Bakemon.
—¡POR SUPUESTO QUE SÍ! —chilló con rabia antes de dar media vuelta y abandonar el lugar —. No es posible que esos críos no se presenten… ¡Ese orgullo e ideal de justicia de los Guardianes no les permitiría abandonar a esa chiquilla a su suerte! —exclamó —. ¿Por qué tardáis tanto en venir a vuestro final?
...
—¡Debería estar abierto! —chilló Tailmon mirando a su hermana más oscura.
—¿Acaso habéis hecho algo vosotros? —preguntó BlackGatomon mirando al grupo.
—Nosotras también llegamos a través de un portal por aquí mientras huíamos —señaló BlackAllymon. BlackTamekimon asintió a su lado —. Pero, nada más poner los dos pies aquí, se cerró.
—Es cierto —defendió el clon del viento.
—¡Pero debería reaccionar a nuestras necesidades! —exclamó la gata negra —. Apareció cuando ellas huían… Apareció cuando nosotras lo necesitamos… ¡Ahora también lo necesitamos para ir al Digimundo!
—Se dice que las vías de Trailmon logran conectar ambos mundos —dijo Tailmon, intentando sonar más calmada que su hermana.
—Entonces, ¿por qué no se abre la puerta? —preguntó Takuya.
—Porque os falta una llave —declaró una voz masculina pero claramente infantil.
