¡Saludos, terrícolas! Estoy muy aburrida. He pasado la semana enferma y ando con poca imaginación para intros.

DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí. Los personajes originales de esta historia que se parecen (en cualquier nivel del 1 al 10) al personaje de otra persona, pedimos que se hablen las cosas antes de criticar o acusar de robos y todo eso.

AVISO: a los haters que, por aburrimiento, hoy habéis caído aquí simplemente os recuerdo que quien siembra vientos, cosecha tempestades. Si no lo entendéis, os invito a usar Google.

Y bueno, vale, os dejo leer, que realmente no tengo coco para imaginar nada... ¡Que aproveche el capítulo, chicos!


Capítulo 45: Señuelo

Xana-Lucemon empezaba a desesperar. No entendía por qué aquellos niños humanos tardaban tanto en aparecer en el Digimundo en busca de aquella niña que tenía retenida. Empezaba a temer que el grupo no hubiese encontrado el vórtice, que se hubiesen olido la trampa e incluso, la que menos fuerza tenía pero igualmente empezaba a preocupar al ángel caído, que los Guardianes, por primera vez en su historia, decidiesen abandonar a una inocente a su suerte.

—¡Mi señor! —gritó un Devimon, entrando veloz a la sala —. ¡Los niños elegidos han aparecido!

—¡Por fin! —exclamó —. ¿Los habéis capturado junto a su amiguita?

—Verá, mi señor… Los niños no han aparecido en el calabozo…

—¿Qué quieres decir con que no han aparecido en el calabozo? ¡El vórtice lleva allí!

—Verá… Los niños están en el exterior —explicó el Devimon, ocultándose tras sus maltrechas alas —. Se dirigen a la torre activada aquí al lado —dijo cada vez más bajito.

—¡¿Qué?! ¿Cómo han podido aparecer fuera del calabozo? ¡No existe forma alguna de entrar a este mundo salvo el vórtice que les he creado expresamente! —gritó.

—Mi señor… los clones ya han ido tras ellos… —dijo Devimon, esperando satisfacer con esa iniciativa al señor oscuro.

—De acuerdo. Más les vale eliminarlos a todos… Puedes retirarte y unirte a la pelea, Devimon.

—Sí, mi señor…

El ángel caído estaba realmente molesto. No entendía cómo aquellos niños habían llegado al Digimundo sorteando todo lo que creía que había en su camino. Aun teniendo a los tres ángeles de su lado, sabía perfectamente que habían perdido todos sus poderes y eran inútiles en eso de abrir vórtices. De igual manera, toda vía de Trailmon que pudiese conectar con el mundo humano había sido destruida para evitar, precisamente, que ningún Trailmon decidiese saltar al mundo humano para traer de vuelta a los molestos niños.

—¡Mi señor! ¡Graves noticias! —exclamó un Ogremon, entrando a la carrera.

—¿Y ahora qué?

—Hay niños elegidos dentro de la Rosa de las Estrellas…

—¿Y eso es una grave noticia? Eso significa que, al menos, un grupo ha entrado por el vórtice que comunica los calabozos y ahora están siendo apresados —rió Lucemon.

—No, mi señor… En realidad…

—¿Qué? —preguntó deteniendo las risas y mirando fijamente al digimon verde.

—Los niños que se encuentran en el interior de la Rosa de las Estrellas han entrado por la puerta principal, no a través de los calabozos… Por allí no ha habido movimiento alguno aún…

—¡¿QUÉ?! ¡¿CÓMO ES ESO POSIBLE?! —chilló.

—No lo sé, mi señor… Entraron y se dirigen al calabozo, seguro para rescatar a la chica…

—¡DETENEDLES, MALDITA SEA! ¡¿A QUÉ ESPERÁIS?!

Asustado, el Ogremon abandonó la sala y corrió a avisar al resto de grupos dentro del castillo mientras Xana-Lucemon se volvía a sentar en su trono a pensar cómo aquellos niños habían logrado burlarse de él de aquella manera.

...

Patamon intentaba no reír ante los refunfuños de Gatomon. En cuanto el segundo grupo había empezado a moverse para entrar en la Rosa de las Estrellas, Tailmon se había escapado de su mirada y corrió tras BlackGatomon.

—¡Dichosa Tailmon! ¡Se las huele todas! —protestó —. Siempre, siempre me ha esquivado cuando he querido regañarla…

—No seas tan dura con ella —rió Lopmon —. Quizás no quería dejar a BurninGreymon después de tanto tiempo sin verle…

—Que no sea dura va y me dice… A ti tu hermano te ha dicho siempre dónde se encuentra y qué hace, pero a mí… Ni me dijo que conocía lo que habían hecho los Guardianes ni que iba a dividir ella también su alma para reencontrarse con AncientGreymon —dijo mirando con cierto enojo —. ¿Sabes la preocupación que he tenido en el cuerpo todo este tiempo por no saber de ella?

—Lo podemos imaginar, pero por mucho que la regañes, no cambiarás el hecho de que dividió su alma y… —empezó Patamon.

—Me sirve a mí para desahogarme —interrumpió.

—No sé si es bueno ahora —carraspeó Agumon —, pero creo que nosotros iremos a recopilar información, como en los viejos tiempos.

—Si esas torres son tan importantes para Xana-Lucemon como para enviar a tantos a evitar que las desactiven, entonces las buscaremos para los niños —dijo Tentomon.

—¡Como cuando buscábamos torres de oscuridad! —exclamó Palmon.

—Pero chicos, no sabemos cuándo regresarán los demás —dijo Bokomon —. Y hay muchas torres por el mundo…

—No hay problema —habló el digimon encapuchado —. Con que se pongan al final de una vía de Trailmon y pidan con fuerzas un portal para llegar a donde los niños, será suficiente.

—¿Quieres decir que tienen que chillar? —preguntó Neemon.

—No es necesario tanto —rió.

—Lo haremos —aseguró Gabumon —. Vamos. Cuanto antes vayamos, antes tendremos nuevos datos.

—Id con cuidado y no os precipitéis en la búsqueda de información —pidió Lopmon.

—Somos muy cuidadosos —respondió Gomamon.

—Despedíos de los niños por nosotros —pidió Biyomon antes de alzar el vuelo.

Con un mero gesto entre ellos, los seis se alejaron tomando diferentes direcciones. Las dos clones fueron las primeras en romper el silencio con resoplidos.

—Esto es aburrido… —protestó BlackAllymon.

—Sí… Aunque es cierto que mejor no pelear… No sabemos qué nos podría pasar —dijo BlackTamekimon.

—Si éste hace algo, podéis actuar libremente —señaló Bokomon al encapuchado. Enseguida se oyeron sus risas.

—¿Qué pasa? Eres muy sospechoso aunque no sienta ninguna maldad en ti —acusó Gatomon.

—Perdón, perdón —intentó calmar las risas.

—Si te quitases la capucha, sería mejor para todos. Confiaríamos más —comentó Patamon.

—Mejor no.

—¿Por qué? —preguntó Lopmon —. ¿Eres un bicho raro?

—Soy un digimon, como vosotros. Pero estamos demasiado cerca del territorio enemigo. Mejor que no se enteren de que estoy aquí o se les acabó la oportunidad a los niños para moverse entre ambos mundos.

—Tú abres portales dimensionales —susurró Patamon, ganando un asentimiento del digimon —. ¿Y tu compañera?

—No, ella no —negó —. Ella prefiere no perder el tiempo… —añadió antes de estallar en carcajadas.

—¿Y ahora por qué ríe? —preguntó Neemon.

—Perdón, sólo que me habría ganado un puñetazo por la frase.

—Esto huele demasiado a digimon encerrado —murmuró Gatomon, mirando fijamente al encapuchado e intentando averiguar la identidad de los dos digimons.

...

Jeremy sonrió levemente, montado sobre Gaogamon, al ver que todos los clones estaban siguiéndoles. Intentó no reír al ver la inconfundible figura de Duskmon, al frente del grupo.

—¡A pelear! —anunció.

—¿Nos ha tocado el gordo? —preguntó Odd volteándose —. ¡Sí!

—¿Hablas de mi otro yo? —preguntó Loewemon —. Pues sí… Se va a enterar de quién es el original aquí.

El grupo se detuvo en seco, volteándose para encarar a los clones sin que estos pudiesen preverlo. Antes incluso de que hubiesen acomodado posiciones en ambos lados, Loewemon pasó entre todos y se lanzó directo contra Duskmon.

—Aelita, dejamos en tus manos desactivar la torre —indicó Jeremy preparándose para atacar a su clon.

—Entendido —asintió extendiendo las alas y alzándose por encima de todos.

—Dejadme a mí al clon de Agunimon —dijo Ranamon desde su nube —. Es hora de poner en práctica mi técnica favorita. ¡Corriente de lluvia! —desde la nube, una gran cantidad de agua empezó a caer sobre el clon oscuro del fuego, haciéndole hincar la rodilla —. No dejéis nunca una hoguera encendida, chicos, podríais provocar un incendio.

—¡No me quites las frases, Ranamon! —gritó Arbormon, ocupado reteniendo al clon de Mercurimon.

—¡Destructor de campo! —le atacó MetalKabuterimon —. ¡Maldición!

—El tío lo ha absorbido… Perdona, no he logrado retenerle bien —se disculpó el de la madera mientras el clon se apartaba.

—¡Que te lo has creído! ¡Arpones de hielo! —el ataque de Korikakumon golpeó de lleno al clon del metal.

—¡Bien hecho! —felicitó Arbormon.

—Dejad las palabras bonitas para más tarde. Es complicado luchar contra los clones de los que faltan —sermoneó Sissi apartando con sus látigos a su versión oscura.

—¡Todos al suelo! —chilló Togemon —. ¡Ataque de espinas!

—¡Eh, que algunos no podemos agacharnos! —gritó MetalKabuterimon.

—Por eso eres un buen escudo —corearon Korikakumon y Arbormon.

—¿Qué tal una ayudita en vez de tanto jugueteo? —regañó Ranamon, esquivando al clon de Yumi —. ¡Vapor oscuro! ¡Y ni se te ocurra intentar nada hasta que estés bien deshecha, monada —dijo.

—Será mejor que no la enfademos —rió nervioso el guerrero de la madera.

Loewemon ignoró por completo a todos cuanto estaban allí salvo a Duskmon. Pelear contra su versión corrupta resultaba agotador, imaginaba que más aún al estar al lado de la fortaleza enemiga, con aquella gran cantidad de energía maligna emanando de todos lados. La desventaja de luchar uno contra uno le llevó a caer al suelo más de una vez, rodando para esquivar todos los ataques. Miró rápidamente alrededor, intentando encontrar a alguien capaz de ayudarle, pero los movimientos de Duskmon le obligaban a estar totalmente centrado.

—¡Que alguien me ayude! —pidió esquivando por enésima vez las espadas carmesís de Duskmon.

—¡Vapor oscuro! —atacó Ranamon, tirando de él para levantarlo —. Estupendo, es tan oscuro que no veo si hace efecto.

—Por lo menos, se ha apartado —agradeció —. Será mejor cambiar de digievolución. ¿Lo ves posible?

—Claro que sí.

—¡Loewemon, cambio de digievolución…!

—¡Ranamon, cambio de digievolución…!

—No tan fácilmente —dijo Duskmon —. ¡Mirada mor…!

—¡Destructor de campo!

—¡Flechas láser! ¡Ja! ¡No creas que te vamos a dejar interrumpir digievoluciones, clon de segunda categoría! —señaló Odd.

—Antes te las tendrás que ver con nosotros —declaró MetalKabuterimon.

—Gracias por el apoyo, chicos. Seguimos nosotros —sonó la voz del guerrero de la oscuridad tras ellos.

—Oye, ¿no se supone que habíais cambiado de digievolución? —preguntó Odd, señalándoles.

—¿Qué? —preguntó extrañado antes de mirar a la digimon a su lado.

—Tienes las mismas pintas que Beowolfmon solo que a tu estilo —señaló Odd —. Pero ella…

—¿La doble digievolución, tal vez? —preguntó encogiéndose de hombros la del agua.

—Estúpidos niños… —interrumpió Duskmon.

—No es momento para hablar ahora. Debemos atacar —declaró con molestia la sirena avanzándose —. ¡Bombardero del Norte!

—¡Bastón de la oscuridad!

—Para mí que esto es una fusión entre ambos o algo por el estilo… Hasta donde yo sé, la guerrera del agua debería ser azulada, no negra… Y eso del estilo pirata es muy de oscuridad… —meditó Odd.

—¡Odd! ¡Ayúdame contigo mismo! —pidió Dobermon forcejando con el clon del chico-gato.

—Ya voy, ya voy.